I try to discover
a little something to make me swetter
Erasure
Ron Vermin, Turin, 2021
Me he cansado, pensó Ron, de diseñar drogas de diseño. Cada vez las quieren más espectaculares y más raras. Yo las pruebo y son espectaculares y son raras. Y abren las puertas de la percepción, a lo Huxley. Y detras de ellas no hay nada. Oh, pienso que debería dedicarme a la literatura, si ser narcotraficante no fuera tan provechoso.
He ganado demasiado dinero para arrepentirme.
De todas maneras, detesto a mis clientes. Son como yo. Versiones femeninas, masculinas, anoréxicas o glotonas, algunas andróginas, algunos casi pobres y otros definitivamente ricos. Pero son como yo. Me aman por mis vestimentas decadentes y por el desprecio que les tengo. Aman ser odiados.
Le gustaba Turin y le gustaba especialmente esa casa. Hacia años que estaba abandonada.
Pero ahora habia voces dentro.
Una mujer.
No estoy lo suficientemente drogado.
Para dejar a esta cocina en condiciones necesito cloro. Mucho cloro y después detergente, decía la mujer.
Jorginho, dijo una voz de hombre viejo, anota por favor.
Y no pueden seguirse alimentando con papas fritas y hamburguesas y coca cola. Por favor. ¿No saben lo que eso le hace a sus arterias? Sin contar con la diabetes. Morirán en dos años si siguen así.
Entendemos, Lermoune, dijo otra voz de hombre.
Estamos en Turín. Por Dios. Consigan aceite de oliva en algún lado y huevos orgánicos. Me extraña especialmente de ti, Will ¿tu mujer nunca te decía que tenías que alimentarte bien?
Todos los días.
¿Y por qué no escuchaste sus consejos?
Porque soy un hombre necio, Lermoune.
Si van a buscar verduras, por favor traigánlas del mercado. No de ningún supermercado. Y ni se les ocurra volver a traer galletas Quaker, las detesto.
¿Algún consejo más?
Tendrían que hacer más ejercicio.
Te tenemos secuestrada.
Eso no es excusa. Están alejados de Turín, rodeados de bosques. ¿Qué tienen miedo, que los árboles los delaten?
No, definitivamente no es la droga. pensó Ron.
Es un secuestro.
Puedo llamar a la policía, pero soy narcotraficante. Pequeño problema.
Pobre mujer. O pobres secuestradores.
Tu me preocupas especialmente, Henry. Tienes que cuidarte. Te he oído toser. ¿No quieres que cambie las sábanas de tu cama y airee un poco la habitación? Está llena de hongos.
Mujeres, murmuró otra voz de hombre. Eres peor que mi tía.
Y tu eres peor que cualquiera. Tanto lo quieres a Henry y ni siquiera le cambias las sábanas, dijo la mujer
¿Quieres pelear conmigo? respondió el hombre.
Jorginho, basta. Ve a cambiar las sábanas y déjate de hacer el hombre recio. Lermoune Filland tiene razón.
Ya era hora de que me dieran la razón. Son buenos hombres, en el fondo. Mejor que el sommelier de mi restaurant, en todo caso.
Ron estaba por irse, sonriendo ante el derrotero de la discusión, cuando sintió un cañón helado en la nuca. Un brazo férreo le atenazó el antebrazo en la espalda y una voz murmuró cosas extrañas en portugués.
Tenemos una rata aquí afuera, dijo Lermoune. Contra lo que decía su voz, era muy bonita.
Otro más, murmuró Will. Supongo que me lo merezco.
¿Qué haremos con él? preguntó Jorginho. Hay lugar de sobra para enterrarlo.
Coincido contigo, dijo Lermoune Filland.
Ante la inminencia de la muerte, los métodos de defensa de Ron se desvanecieron.
Soy narcotraficante de drogas de diseño. Moriré tarde y temprano. Matenme y entierrenme.
¿Drogas de diseño? preguntó Will. Me interesa el concepto.
Suenas como un viejo idiota, dijo el hombre bajo.
Cállate por Dios, Henry, respondió Will, riendo. Todo esto, en el fondo, es culpa tuya.
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