Si hubiera sido una película o un cuento, pensaría después Adrián, Francesca hubiera aparecido de noche, y hubiera interrumpido la tensa calma de sus cenas. Pero Francesca aparecio de pronto, arrastrando una valija diminuta, transpirando y matando mosquitos con unas manos toscas que lo asombraron. Claro que cuando la vió no supo que era Francesca, creyó que era una vecina extraviada en el country. Ella se paró al lado del tilo, mirando la pileta y la escena de las dos mujeres leyendo y los cuatro hombres comiendo vacío lentamente; por un momento pareció ensimismada.
- Hola, Facundo. Hola, Martin, hola, Ismael- dijo de pronto.
Facundo palideció.
- Hola, Francesca.
- ¿Quienes son estas mujeres?
Facundo quiso abrir la boca para responder, pero Perséfone se levantó antes de que el dijera nada.
- Yo soy Perséfone y ella es Danáe. Mi hermana. Somos primas de Facundo.
Y entonces ocurrió algo extraño. Francesca tragó saliva y se quedó mirando a Perséfone fijamente.
- Claro- dijo después de unos minutos- claro, recuerdo, sus primas. Conocí a su madre y a su abuela y sus tíos.
Miró el libro que estaban leyendo.
- El progreso del peregrino, de Bunyam. Lees eso.
Aunque Adrian estaba un poco sorprendido, quienes realmente lucían desorientados eran Martin e Ismael. Se miraban entre ellos y miraban a Adrián como diciendo, es cierto, nosotros desconfiando y en realidad son primas lejanas, hicimos mal en prejuzgar. Son mujeres reales, otra mujer las conoce.
- Facundo, por favor- dijo de pronto Francesca.- Vamos a la sala de estar a hablar.
El la miró mal. Había una cierta rabia en su cara que Adrián nunca había visto, ni siquiera cuando perdían partidos de tenis en el último segundo. Pero fue con ella y cerraron la puerta de vidrio doble que franqueaba el paso entre la sala de estar y la cocina. La puerta no se abrió en un buen rato. Adrián asumía que cuando se abriera alguno de los dos saldría llorando o furioso o ambas cosas y que Francesca volvería a Europa con su valija negra.
Pero cuando la puerta se abrió salió Francesca primero y luego Facundo y el anunció con voz algo monótona que ella se quedaría allí unos días.
- ¿Por qué?- preguntó Ismael. El sí parecía furioso.
- Porque va a quedarse.
- Queres todo, vos también- tronó la voz del boxeador.- Me tenés harto.
- No tiene nada que ver con lo nuestro- dijo Facundo- Francesca, por favor.
- No tiene nada que ver con lo de ustedes- dijo Francesca.- Necesito quedarme unos días, estoy cansada, y este lugar me va a ayudar.
- No te creo- dijo Ismael.
- Mirá, Ismael- dijo de pronto Facundo- No se trata de creer o no. Además, Francesca se casó ya con otro hombre. No hagas una escena de celos.
- Yo tampoco le creo- dijo de pronto Danáe, y ante su voz la cara de Francesca pareció transformarse- habla de mi madre, de mi abuela y de mis tíos como si los hubiera conocido. Para mi que es una mentirosa. Martin ¿no crees que es una mentirosa?- se acercó a su amante.- O por ahí lo dice para dejar tranquilo a Ismael.
- Por favor, Danae- dijo Facundo.
- Por favor, Danae- se burló ella, imitando el tono de voz.- Me voy a dormir. Demasiado drama para hoy.
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