jueves, 28 de julio de 2016
Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia
Diario de Germán.
La Peco lloró tanto, pero tanto tanto que al final entre Julián y yo (hasta Juancito ayudó un poco) la trajimos a mi departamento y nos quedamos a dormir en el living. El único que no durmió, obviamente, fue Juancito que aprovechó nuestra siesta nocturna para vaciar la heladera de postres Danette y Serenito. Nos despertaron a las ocho de la mañana el portero eléctrico.
- ¿Quién es?
- Soy yo- dice Patricia.- Abrime por favor.
Le abro.
- No la quiero ni ver- dice la Peco- Karen, Amalia y ella son unas forras. Siempre la cubrieron a Karen, siempre, siempre...- Y vuelve a llorar.
Con Julián nos miramos. ¿Qué hacemos? La Patri ya bajó del ascensor y está tocando la puerta.
- Salgo yo y hablo con ella- les digo.
- Germán- me dice Patricia- Amalia hoy no pudo ir al trabajo porque no pudo pegar un ojo en toda la noche. Yo tuve que mentir en la gerencia, matar a un abuelo que ojalá tuviera para que me dieran el día y venir acá para hablar con la Peco. No sé que historia se come esta boluda, pero Karen no salía con Gretel cuando estaba con ella, y nosotras no la cubrimos. La hemos cubrido en otras, pero en esta no.
- ¿Y Karen sabe como está la Peco?
Patricia me mira de arriba a abajo.
- Si. Sabe. Y está con Gretel. Y está de deprimida. Y encima Gretel en cualquier momento usa el vestido de novia que le quedó de su frustrado casamiento para casarse con ella.
- ¿Para tanto?- le digo yo.- ¿Tan pronto?
- Uy, me olvidaba. No, bueno.
- No- le contesto yo.- Entiendo. Entiendo perfectamente. Karen y Gretel son la nueva pareja top de Los Cardales. Encima Gretel tiene una boutique y a Karen le encanta el fashion emergency.
- Si- dice la Patri- en unos años las vamos a ver con tres niñitos rubios en algún evento. Pero el problema es La Peco y que Amalia y yo queremos que se convenza de que nosotras no tuvimos nada que ver. Que fue mala suerte, o bueno, si no se hubiera interpuesto Julián en el medio... Que se yo.
- Ahora imposible. Hasta Juancito le tuvo que decir tía Andre dejá de llorar.
- No, si la entiendo. La entiendo pero...
- Bueno, se sabe, la vida de las mujeres es complicada.
- No saben la suerte que tienen ustedes- me dice la Patri- Si se pelean se agarran a piñas.
- Yo no soy de esos.- le digo- Mi mamá nunca me dejó.
- Bueno, por un lado mejor.
- No sé- le contesto yo- En el colegio me decían el cobarde.
- Y, sí, viste como es el colegio. A mi me decían la dientona.
- ¿Y después?
- Después me crecieron las tetas, Germán, y ya no tuve tantos problemas con los ataques, si no con los elogios.
- Entiendo- le contesto yo.
- ¿No es triste que entendamos?
De la legalización de las drogas y otras yerbas.
Fui criada en una familia donde la mayor aspiración era la casita propia y el asfalto en la cuadra. Y el asado de los domingos para discutir de política. Mi viejo y mi vieja, que tienen muchos defectos, tuvieron una sola virtud: siempre desconfiaron de la gente que triunfaba demasiado pronto. Del tipo o la tipa que de la noche a la mañana tenían una mansión, tres autos y un caniche toy, sin haber trabajado nunca. Esos en algo raro andan, decían, y yo los escuchaba. Mi papá y mi mamá siempre trabajaron, mi abuela siempre trabajo, mi hermano y yo empezamos a trabajar apenas pudimos, y además estudiábamos. Ellos, mi papá y mi mamá, además, siempre militaron: uno de los mejores recuerdos que tengo de mi infancia es de mi mamá yendo a militar a las villas miseria, enseñándoles a los chicos a leer y a escribir. Los ochenta fueron una de las décadas más violentas para vivir la infancia: guerra de Malvinas, fin de la dictadura militar, Alfonsín, Plan Austral, Semana Santa del 87, Ley de Obediencia Debida, hiperinflación, saqueos, Menem, Cavallo, la convertibilidad y entonces las cosas se aquietaron por un tiempo, casi una década, hasta que la fantasía del 1 a 1 estalló (la gente que sabía de economía realmente sabía que la burbuja de la convertibilidad estallaría eventualmente. Es imposible para cualquier país tener disponibilidad de dólares para siempre, salvo que seas EE.UU.) En los 90 lo que se veía era mucha gente que se hacía rica muy rápido; demasiado rápido. Demasiados shoppings, demasiados viajes al exterior. Todo era muy extraño, si uno no quería darse cuenta. Todo demasiado claro, si uno tenía dos dedos de frente. Demasiados countries, además. Como dirían los Redondos: muy mucha merca, poco bongó.
Y ahora voy a hablar a título personal, sin dar nombres. Mi primer contacto con las drogas fueron mi madre, que tenía problemas depresivos desde siempre. Ahora, mi segundo contacto con las drogas fue un poco más tenebroso: una compañera mía de secundaria le robaba los Lexotanil al padre para tomar sol. Para quedarse dormida mientras tomaba sol. El padre era psicólogo, obviamente tenía Lexotanil para recetárselos a sus pacientes cincuentones o treintones con problemas de la mediana edad. Pero ella tenía mi edad. No tenía problemas. Era una chica de quince años, como yo. Ese fue mi primer contacto real con las drogas.
Después empecé a salir al mundo exterior y las drogas en el mundo adolescente de los noventa no eran la excepción, eran la regla. No había casi nadie que no fumara, ni que no tomara, ni que no se empastillara. Y muchas veces eso era bien visto por los padres, que de alguna manera revivían su juventud setentista en nosotros. Por suerte, mis padres no. Yo nunca vi a mi mamá más enfurecida que una vez que volví con olor a alcohol a mi casa. Y eso que yo había hecho muchas cosas aparentemente más graves que emborracharme: pero ese día mi mamá era una fiera. Se enojó con mi papá y conmigo; más de veintitres años después se lo agradezco. Es decir, le agradezco a mi madre no haber sido como las otras madres, no haber dicho total la nena puede ir a un centro de rehabilitación dentro de unos años. Mi mamá no me habló por unos cuantos días, y eso me marcó para siempre. Nunca más volví a emborracharme después de eso. El único vicio que nunca pude dejar del todo fue el cigarrillo, pero después de ese día incluso fumé menos. Me di cuenta ese día que para mi mamá, una mujer aparentemente todopoderosa, el límite era yo. La hija, su única hija mujer. A veces es bueno saber que los padres no son tan buenos como nosotros creemos que lo son. Al poco tiempo mi madre tuvo una operación grande, tuve que cuidarla y un poco terminé siendo su madre, esas inversiones de roles que a veces ocurren en esta vida y que nos hacen valorar más a la gente que tenemos al lado. Entendí más su amargura cuando las cosas salían mal durante mi infancia, su tristeza cuando la plata no alcanzaba, cuando los amigos se iban, cuando los velorios había que hacerlos con tres mangos porque no había plata ni para el cajón.
Un tiempo después quedé embarazada. Mi mamá se enojó muchísimo conmigo. Tenía mucha razón; estaba cerca de llegar a un título universitario, el sueño de su juventud. Y sin embargo me entendió cuando le dije que iba a tener a mi hijo. Yo sabía que en el fondo iba a ser así. Incluso me entendió cuando le dije (sin decirle) que no iba a llevar a mi hijo a conocer al padre, incluso cuando naciera. Me entendió, porque solamente ella me entendía: porque ella era mi madre. Después conseguí un trabajo y seguí viviendo y seguí estudiando, con un chico a cuestas: una historia para nada heroica, la historia de tantas chicas en la Argentina. En realidad, la historia de mi madre. Incluso ahora que tiene casi setenta sigue estudiando e intentando progresar. Eso siempre es admirable.
Yo pienso que está bien que las drogas se legalizen, y al mismo tiempo pienso lo que pensé esa mañana cuando mi compañerita de quince me contó que tomaba Lexotanil para tomar sol: que no es la edad. Que a los quince años, por más que el rock, el marketing y hasta Alejandra Pizarnik te lo quieran vender no tenés ningún tipo de problemás, salvo el compañerito de banco que te gusta y no te da pelota. Y yo lo sabía a los quince años porque mi mamá era una mujer de cuarenta con problemas reales, que hacía lo posible todos los días para sacar adelante una familia. Si tu ambición es estar bronceada para el verano, no tenés nada que reclamarle a la vida. Si el chico que te gusta no te da bola, nena, tenés quince: las mujeres de cuarenta mataríamos por volver a tener quince años. Que si tu vestido de graduación no fué lo suficientemente lindo, ya te podrás comprar otro mejor cuando trabajes. Que si tu mejor amiga se peleó con vos por unos días, a los cuarenta van a seguir siendo las mejores amigas del mundo porque la vida es así, una a los quince se pelea por boludeces y a los cuarenta se mata de la risa de todos los quilombos en que se metió a los dieciséis o diecisiete, y le regalas cosas a la hija de tu mejor amiga para el día del Niño. Que los problemas reales de los adultos son problemas reales porque muchas veces, ni siquiera tienen solución. Porque tus padres envejecen, porque tus hijos crecen, porque tus abuelos se mueren, Porque a una nena de tres la podés entretener con un libro de Maria Elena Walsh, pero a una adolescente de diecisiete ya no; ya empieza a preguntar otras cosas y tenés que contestarselas y muchas veces no tenés la respuesta. Esa mañana yo entendí a mi madre como a nadie. Es terrible ser madre de un adolescente: son bombas de tiempo que ya piensan por si mismos y que ya -y esto es lo peor, lo que más nos duele, la estocada final- no piensan como nosotros.
Y ahora voy a hablar a título personal, sin dar nombres. Mi primer contacto con las drogas fueron mi madre, que tenía problemas depresivos desde siempre. Ahora, mi segundo contacto con las drogas fue un poco más tenebroso: una compañera mía de secundaria le robaba los Lexotanil al padre para tomar sol. Para quedarse dormida mientras tomaba sol. El padre era psicólogo, obviamente tenía Lexotanil para recetárselos a sus pacientes cincuentones o treintones con problemas de la mediana edad. Pero ella tenía mi edad. No tenía problemas. Era una chica de quince años, como yo. Ese fue mi primer contacto real con las drogas.
Después empecé a salir al mundo exterior y las drogas en el mundo adolescente de los noventa no eran la excepción, eran la regla. No había casi nadie que no fumara, ni que no tomara, ni que no se empastillara. Y muchas veces eso era bien visto por los padres, que de alguna manera revivían su juventud setentista en nosotros. Por suerte, mis padres no. Yo nunca vi a mi mamá más enfurecida que una vez que volví con olor a alcohol a mi casa. Y eso que yo había hecho muchas cosas aparentemente más graves que emborracharme: pero ese día mi mamá era una fiera. Se enojó con mi papá y conmigo; más de veintitres años después se lo agradezco. Es decir, le agradezco a mi madre no haber sido como las otras madres, no haber dicho total la nena puede ir a un centro de rehabilitación dentro de unos años. Mi mamá no me habló por unos cuantos días, y eso me marcó para siempre. Nunca más volví a emborracharme después de eso. El único vicio que nunca pude dejar del todo fue el cigarrillo, pero después de ese día incluso fumé menos. Me di cuenta ese día que para mi mamá, una mujer aparentemente todopoderosa, el límite era yo. La hija, su única hija mujer. A veces es bueno saber que los padres no son tan buenos como nosotros creemos que lo son. Al poco tiempo mi madre tuvo una operación grande, tuve que cuidarla y un poco terminé siendo su madre, esas inversiones de roles que a veces ocurren en esta vida y que nos hacen valorar más a la gente que tenemos al lado. Entendí más su amargura cuando las cosas salían mal durante mi infancia, su tristeza cuando la plata no alcanzaba, cuando los amigos se iban, cuando los velorios había que hacerlos con tres mangos porque no había plata ni para el cajón.
Un tiempo después quedé embarazada. Mi mamá se enojó muchísimo conmigo. Tenía mucha razón; estaba cerca de llegar a un título universitario, el sueño de su juventud. Y sin embargo me entendió cuando le dije que iba a tener a mi hijo. Yo sabía que en el fondo iba a ser así. Incluso me entendió cuando le dije (sin decirle) que no iba a llevar a mi hijo a conocer al padre, incluso cuando naciera. Me entendió, porque solamente ella me entendía: porque ella era mi madre. Después conseguí un trabajo y seguí viviendo y seguí estudiando, con un chico a cuestas: una historia para nada heroica, la historia de tantas chicas en la Argentina. En realidad, la historia de mi madre. Incluso ahora que tiene casi setenta sigue estudiando e intentando progresar. Eso siempre es admirable.
Yo pienso que está bien que las drogas se legalizen, y al mismo tiempo pienso lo que pensé esa mañana cuando mi compañerita de quince me contó que tomaba Lexotanil para tomar sol: que no es la edad. Que a los quince años, por más que el rock, el marketing y hasta Alejandra Pizarnik te lo quieran vender no tenés ningún tipo de problemás, salvo el compañerito de banco que te gusta y no te da pelota. Y yo lo sabía a los quince años porque mi mamá era una mujer de cuarenta con problemas reales, que hacía lo posible todos los días para sacar adelante una familia. Si tu ambición es estar bronceada para el verano, no tenés nada que reclamarle a la vida. Si el chico que te gusta no te da bola, nena, tenés quince: las mujeres de cuarenta mataríamos por volver a tener quince años. Que si tu vestido de graduación no fué lo suficientemente lindo, ya te podrás comprar otro mejor cuando trabajes. Que si tu mejor amiga se peleó con vos por unos días, a los cuarenta van a seguir siendo las mejores amigas del mundo porque la vida es así, una a los quince se pelea por boludeces y a los cuarenta se mata de la risa de todos los quilombos en que se metió a los dieciséis o diecisiete, y le regalas cosas a la hija de tu mejor amiga para el día del Niño. Que los problemas reales de los adultos son problemas reales porque muchas veces, ni siquiera tienen solución. Porque tus padres envejecen, porque tus hijos crecen, porque tus abuelos se mueren, Porque a una nena de tres la podés entretener con un libro de Maria Elena Walsh, pero a una adolescente de diecisiete ya no; ya empieza a preguntar otras cosas y tenés que contestarselas y muchas veces no tenés la respuesta. Esa mañana yo entendí a mi madre como a nadie. Es terrible ser madre de un adolescente: son bombas de tiempo que ya piensan por si mismos y que ya -y esto es lo peor, lo que más nos duele, la estocada final- no piensan como nosotros.
miércoles, 27 de julio de 2016
De como los mass media son ahora la arena de la justicia.
A nadie le gusta que le roben. Mucho menos que le maten un pariente o un amigo. Un secuestro es algo terrible. Que tu hija o tu tío mueran por negligencia médica es terrible. Que tu casa se derrumbe por el ingeniero o el arquitecto que la diseñó es un desastre. Ahora, una vez que esas cosas pasan, y pasan muchas veces, lo verdaderamente difícil es saber que hacer ante la tragedia.
Últimamente las cosas se solucionan muy fácilmente. Se llama a las cámaras de televisión, se va a los programas de televisión. A veces también -pero cada vez menos- con los diarios, con las radios. Se expone el caso. La opinión pública decide. Como siempre es The Ring and The Book: media Roma opina una cosa, media Roma opina otra. Todo eso antes de que el caso llegue a la justicia y hay buenas razones para esto: la justicia argentina es invariablemente kafkiana. Un crimen vinculado con el narcotráfico (hay tantos) no se sabe bien si lo tiene que investigar la justicia provincial o la justicia federal. O ambas. La mayoría de los fiscales están mal pagos y tienen pocos recursos y muchas causas inútiles. Si una persona no tiene plata para un abogado defensor, le dan un defensor de oficio que está lleno de casos terribles y apenas tiene tiempo. El juez de instrucción está tapado de trabajo, como todos los jueces, o la mayoría de ellos. No me tienen que contar la situación porque trabajo en la burocracia educativa argentina y es así: una caja, una resma de papel, tres viromes son un triunfo. No me quiero imaginar lo que debe ser para los fiscales conseguir un ADN, un perito grafólogo. Es lógico, entonces, que la gente, incluso la gente de plata, opte por ir a los programas de televisión.
Y aquí tengo que usar un concepto de Beatriz Sarlo: la televisión parece solucionarlo todo enseguida. Hay un crimen, entonces el asesino es malo y el muerto era bueno. Una mujer trafica marihuana; por supuesto es una mala mujer. Un hombre le roba un celular a otro: el ladrón era un malvado, el robado es automáticamente un santo. Y después aparece otro caso, y otro, y otro. Es la era de la liquidez: incluso los divorcios se deciden en cámara, como si una separación de bienes no fuera lo más difícil de hacer. Los tiempos de la justicia son otros: son lentos, hay que presentar pruebas, hay que acusar, hay que evaluar los daños y perjuicios. Por ejemplo: un raterito que roba un celular Samsung 5S no tiene evidentemente la misma capacidad de daño que un chico que juega a las picadas con sus amigos en la avenida Rondeau y mata a un chico. Y sin embargo es mucho más probable que el raterito termine preso (y no me parece mal) y que el chico que juega a las picadas salga libre, encima porque el juez considera que estar bajo sustancias psicotrópicas es un atenuante. En cualquier lugar del mundo que no sea Argentina eso es un agravante, no es un atenuante. O sea, además de ser un irresponsable que consume sustancias psicotrópicas juega a las picadas con los amiguitos. Y los padres los dejan. El chico es evidentemente un psicótico, pero la capacidad negadora de sus papás es infinita. Y encima si le sacan el carnet de conducir de por vida es capaz de quejarse. Es decir, nene, gracias que no te moriste en la cárcel. Es obvio para cualquiera de que no sos capaz de manejar ni un triciclo. Y no hay atenuantes.
No me parece mal que los casos se mediaticen. Ahora, los medios tienen que tener la suficiente autoconciencia (es dificilísimo) para saber que ellos no deciden nada. Que los tiempos de la justicia son más lentos porque son los correctos. Porque en todo crimen hay atenuantes y en toda negligencia hay circunstancias que la causaron. Es triste, pero es así: dura lex sed lex.
Últimamente las cosas se solucionan muy fácilmente. Se llama a las cámaras de televisión, se va a los programas de televisión. A veces también -pero cada vez menos- con los diarios, con las radios. Se expone el caso. La opinión pública decide. Como siempre es The Ring and The Book: media Roma opina una cosa, media Roma opina otra. Todo eso antes de que el caso llegue a la justicia y hay buenas razones para esto: la justicia argentina es invariablemente kafkiana. Un crimen vinculado con el narcotráfico (hay tantos) no se sabe bien si lo tiene que investigar la justicia provincial o la justicia federal. O ambas. La mayoría de los fiscales están mal pagos y tienen pocos recursos y muchas causas inútiles. Si una persona no tiene plata para un abogado defensor, le dan un defensor de oficio que está lleno de casos terribles y apenas tiene tiempo. El juez de instrucción está tapado de trabajo, como todos los jueces, o la mayoría de ellos. No me tienen que contar la situación porque trabajo en la burocracia educativa argentina y es así: una caja, una resma de papel, tres viromes son un triunfo. No me quiero imaginar lo que debe ser para los fiscales conseguir un ADN, un perito grafólogo. Es lógico, entonces, que la gente, incluso la gente de plata, opte por ir a los programas de televisión.
Y aquí tengo que usar un concepto de Beatriz Sarlo: la televisión parece solucionarlo todo enseguida. Hay un crimen, entonces el asesino es malo y el muerto era bueno. Una mujer trafica marihuana; por supuesto es una mala mujer. Un hombre le roba un celular a otro: el ladrón era un malvado, el robado es automáticamente un santo. Y después aparece otro caso, y otro, y otro. Es la era de la liquidez: incluso los divorcios se deciden en cámara, como si una separación de bienes no fuera lo más difícil de hacer. Los tiempos de la justicia son otros: son lentos, hay que presentar pruebas, hay que acusar, hay que evaluar los daños y perjuicios. Por ejemplo: un raterito que roba un celular Samsung 5S no tiene evidentemente la misma capacidad de daño que un chico que juega a las picadas con sus amigos en la avenida Rondeau y mata a un chico. Y sin embargo es mucho más probable que el raterito termine preso (y no me parece mal) y que el chico que juega a las picadas salga libre, encima porque el juez considera que estar bajo sustancias psicotrópicas es un atenuante. En cualquier lugar del mundo que no sea Argentina eso es un agravante, no es un atenuante. O sea, además de ser un irresponsable que consume sustancias psicotrópicas juega a las picadas con los amiguitos. Y los padres los dejan. El chico es evidentemente un psicótico, pero la capacidad negadora de sus papás es infinita. Y encima si le sacan el carnet de conducir de por vida es capaz de quejarse. Es decir, nene, gracias que no te moriste en la cárcel. Es obvio para cualquiera de que no sos capaz de manejar ni un triciclo. Y no hay atenuantes.
No me parece mal que los casos se mediaticen. Ahora, los medios tienen que tener la suficiente autoconciencia (es dificilísimo) para saber que ellos no deciden nada. Que los tiempos de la justicia son más lentos porque son los correctos. Porque en todo crimen hay atenuantes y en toda negligencia hay circunstancias que la causaron. Es triste, pero es así: dura lex sed lex.
martes, 26 de julio de 2016
Porque prefiero a Dorian Gray a Safo de Lesbos.
Me encanta leer relatos eróticos. No solamente porque son eróticos, sino porque también son historias de amor. Y de ellos siempre prefiero los homosexuales a los heterosexuales, que son bastante interesados y show de tres de la madrugada. Y de entre los relatos eróticos prefiero las historias de amor gay masculinas a las lésbicas: raro en una chica.
Las lesbianas son una telenovela de las tres de la tarde. Entre que se deciden a conseguir una novia, y consiguen una novia y se acuestan con esa novia y después deciden salir del closet y después se pelean con toda la familia y después se deciden a inseminarse artificialmente o a adoptar y a formar una familia feliz ya se divorciaron. Me parece que tendrían que aceptarse con más facilidad, sobre todo en el siglo XXI: si ya te acostaste con tres mujeres y te encantó y no podés dejar de pensar en mujeres todos el día, si, nena, sos torta.
Los hombres no. Los hombres una vez que se decidieron a ser gays van por todo. Dejan atrás todos los complejos: vuelven locos a todos los hombres, casados y solteros. Se necesita mucho coraje para decir que sos homosexual, sobre todo si sos varón. Lo primero que preguntan es si sos activo o pasivo. O sea.. Es un poco raro defender el amor homosexual masculino siendo una una mujer heterosexual común y corriente como hay tantas en el mundo y sobre todo no teniendo el típico mejor amigo gay que aparentemente toda mujer necesita para sentirse divina. ¿Porqué las mujeres siempre necesitamos que un hombre nos diga que somos divinas? Generalmente no lo somos. Pero lo que me gusta de los gays es justamente eso: su coraje de ser en un mundo donde ser algo es siempre solamente un tag, un twitter, un tinder.
Las lesbianas son una telenovela de las tres de la tarde. Entre que se deciden a conseguir una novia, y consiguen una novia y se acuestan con esa novia y después deciden salir del closet y después se pelean con toda la familia y después se deciden a inseminarse artificialmente o a adoptar y a formar una familia feliz ya se divorciaron. Me parece que tendrían que aceptarse con más facilidad, sobre todo en el siglo XXI: si ya te acostaste con tres mujeres y te encantó y no podés dejar de pensar en mujeres todos el día, si, nena, sos torta.
Los hombres no. Los hombres una vez que se decidieron a ser gays van por todo. Dejan atrás todos los complejos: vuelven locos a todos los hombres, casados y solteros. Se necesita mucho coraje para decir que sos homosexual, sobre todo si sos varón. Lo primero que preguntan es si sos activo o pasivo. O sea.. Es un poco raro defender el amor homosexual masculino siendo una una mujer heterosexual común y corriente como hay tantas en el mundo y sobre todo no teniendo el típico mejor amigo gay que aparentemente toda mujer necesita para sentirse divina. ¿Porqué las mujeres siempre necesitamos que un hombre nos diga que somos divinas? Generalmente no lo somos. Pero lo que me gusta de los gays es justamente eso: su coraje de ser en un mundo donde ser algo es siempre solamente un tag, un twitter, un tinder.
Fauna vernácula a la criolla.
En otros países los ídolos son David Letterman o Jay Lennon o Jerry Seinfeld o Chris Rock. Acá no.
Acá los ídolos masculinos son, en orden jerárquico: Marcelo Tinelli, Mario Pergolini, Gustavo Sofovich (aunque ya murió), Alejandro Fantino, Eduardo Feinmann, Baby Etchecopar, etc, etc. O sea, una oda al porque no soy torta. Habiendo tanta chica buena y linda y que le gusta el chocolate por ahí, porque, porque... Uno peor que el otro. Tendrían que filmarse por tres días completos, oir lo que dicen ante cámara y entonces por ahí los hombres del país por ahí se darían cuenta: ah, por eso hay cada vez más lesbianas y bisexuales y por eso mi mujer me dejó por mi personal trainer. No, pero no lo son, son los ídolos. A mí personalmente cada vez que escucho hablar a uno de esos personajones me dan ganas de hacerme traficante de alfajores jorgitos solamente para que me metan en una cárcel de mujeres y encontrar alguna chica buena y esforzada, que no faltan en este país. Pero, claro, la segunda opción es buscar una chica. Y tampoco...
Las mujeres acá son Susana Gimenez, o Moria Casán o Graciela Alfano. Aunque tengan quince años. Son ellas. Son las ídolas nacionales. Pueden ser heterosexuales, bisexuales, lesbianas o plurisexuales, pero todas son en el fondo Silvina Bullrich. (Buscar la anécdota de lo que le contestó Mujica Lainez a la Silvina cuando ella lo acusó de llegar tarde para llamar la atención. Vale la pena la respuesta. Está en Descanso de caminantes, de Adolfo Bioy Casares). La mujer argentina puede ser de todo menos dos cosas: virgen (es rara) o callada (es una zorra). La mujer argentina tiene que hablar del tamaño, de la cantidad, de la calidad, del color, del olor de sus amantes y sobre todo del nombre. Si sus amantes son el albañil de la vuelta no vale para nada. La mujer argentina tiene que acostarse con Al Pacino y con Sonia Braga y con los dos mejor. Somos así, no hay vuelta que darle.
El único que la tiene clara en esta es Roberto Pettinatto. Es el David Letterman argentino. Dice con todas las letras: la mujer más deseada por los argentinos es Florencia de la Vega. Y eso no es problema de Florencia de la Vega. Es problema de los argentinos. Somos la Gata Flora, los reyes de la histeria, los campeones del no sé porque vivo acá. Por eso no nos aguantan en ningún lado. Un beso, Petti, acertás siempre.
Acá los ídolos masculinos son, en orden jerárquico: Marcelo Tinelli, Mario Pergolini, Gustavo Sofovich (aunque ya murió), Alejandro Fantino, Eduardo Feinmann, Baby Etchecopar, etc, etc. O sea, una oda al porque no soy torta. Habiendo tanta chica buena y linda y que le gusta el chocolate por ahí, porque, porque... Uno peor que el otro. Tendrían que filmarse por tres días completos, oir lo que dicen ante cámara y entonces por ahí los hombres del país por ahí se darían cuenta: ah, por eso hay cada vez más lesbianas y bisexuales y por eso mi mujer me dejó por mi personal trainer. No, pero no lo son, son los ídolos. A mí personalmente cada vez que escucho hablar a uno de esos personajones me dan ganas de hacerme traficante de alfajores jorgitos solamente para que me metan en una cárcel de mujeres y encontrar alguna chica buena y esforzada, que no faltan en este país. Pero, claro, la segunda opción es buscar una chica. Y tampoco...
Las mujeres acá son Susana Gimenez, o Moria Casán o Graciela Alfano. Aunque tengan quince años. Son ellas. Son las ídolas nacionales. Pueden ser heterosexuales, bisexuales, lesbianas o plurisexuales, pero todas son en el fondo Silvina Bullrich. (Buscar la anécdota de lo que le contestó Mujica Lainez a la Silvina cuando ella lo acusó de llegar tarde para llamar la atención. Vale la pena la respuesta. Está en Descanso de caminantes, de Adolfo Bioy Casares). La mujer argentina puede ser de todo menos dos cosas: virgen (es rara) o callada (es una zorra). La mujer argentina tiene que hablar del tamaño, de la cantidad, de la calidad, del color, del olor de sus amantes y sobre todo del nombre. Si sus amantes son el albañil de la vuelta no vale para nada. La mujer argentina tiene que acostarse con Al Pacino y con Sonia Braga y con los dos mejor. Somos así, no hay vuelta que darle.
El único que la tiene clara en esta es Roberto Pettinatto. Es el David Letterman argentino. Dice con todas las letras: la mujer más deseada por los argentinos es Florencia de la Vega. Y eso no es problema de Florencia de la Vega. Es problema de los argentinos. Somos la Gata Flora, los reyes de la histeria, los campeones del no sé porque vivo acá. Por eso no nos aguantan en ningún lado. Un beso, Petti, acertás siempre.
Mother in thousand of years
Me gustaría que mi madre fuera mi heroína.
No lo es y no lo será nunca.
Fue la sombra que me cobijaba,
la que bordaba sábanas y lavaba los pañales,
la que cantaba canciones quedas como modinhas,
la que se burlaba
suavemente
de mis ansias de ser Scherezade
o Tom Sawyer
o D'artagnan.
La que rechazaba con suave burla a todos mis pretendientes
cómo diciéndoles
no se dan cuenta de que la nena es trotskista
y que las trotskistas no se casan
porque no hay nadie que haya leído
durante horas interminables
el origen de la familia,
la propiedad privada
y el Estado
de Engels
para luego claudicar ante un anillo de brillantes
o ante una mansión en Hollywood.
La que más se enojó cuando supo que iba a ser madre
la que más se enfurece cuando alguien habla
mal de su nieto
que para ella
obviamente
es sagrado
como todos los nietos lo son
para las abuelas
sobre todo las que se llaman Ana.
Mi madre es aún hermosa
tiene el cabello oscuro y los ojos son pura sombra
y tiene la sonrisa más luminosa del mundo
y para Ezequiel
es su madre de reemplazo
la que a está
cuando yo no estoy
cuando tengo que irme
cuando regresar es demasiado complejo.
No lo es y no lo será nunca.
Fue la sombra que me cobijaba,
la que bordaba sábanas y lavaba los pañales,
la que cantaba canciones quedas como modinhas,
la que se burlaba
suavemente
de mis ansias de ser Scherezade
o Tom Sawyer
o D'artagnan.
La que rechazaba con suave burla a todos mis pretendientes
cómo diciéndoles
no se dan cuenta de que la nena es trotskista
y que las trotskistas no se casan
porque no hay nadie que haya leído
durante horas interminables
el origen de la familia,
la propiedad privada
y el Estado
de Engels
para luego claudicar ante un anillo de brillantes
o ante una mansión en Hollywood.
La que más se enojó cuando supo que iba a ser madre
la que más se enfurece cuando alguien habla
mal de su nieto
que para ella
obviamente
es sagrado
como todos los nietos lo son
para las abuelas
sobre todo las que se llaman Ana.
Mi madre es aún hermosa
tiene el cabello oscuro y los ojos son pura sombra
y tiene la sonrisa más luminosa del mundo
y para Ezequiel
es su madre de reemplazo
la que a está
cuando yo no estoy
cuando tengo que irme
cuando regresar es demasiado complejo.
Extraña reivindicación de Massera: de la hija de un monstruo.
Massera fue un monstruo. Eso a que dudarlo. Jamás podría decir otra cosa: fue un asesino, alguien que pertenece al séptimo circulo. Y sin embargo...
Massera nunca fué un traidor, como muchos otros. De los tres de la Junta Militar, Massera fué el único que la tenía clara. Lo hacía por la patria, sin mayúsculas. Había que torturar a mujeres, desaparecer monjas, arrasar con la resistencia montonera. Massera lo hacía. No le importaba ser un monstruo. No le importaba ser un asesino. Que el cielo exista, pensaba Massera, aunque nuestro lugar sea el infierno. Arrasemos con Cartago, sembremos de sal sus tierras, matemos a su cría. En los anales de la historia seremos los asesinos. No nos importa. Massera era muchas cosas, pero nunca fue un cobarde. Nunca dijo que él no había dado la orden. Siempre se hizo cargo de las cosas que había hecho. Eso es admirable, aún en un hijo de puta. De todos los militares de los setenta, él es mi único héroe.
La gente de izquierda puede reclamar, claro, que lo hacía por malas razones. Pero en los setenta hubo mucha gente que hizo cosas muy terribles por razones aparentemente buenas.
Massera nunca fué un traidor, como muchos otros. De los tres de la Junta Militar, Massera fué el único que la tenía clara. Lo hacía por la patria, sin mayúsculas. Había que torturar a mujeres, desaparecer monjas, arrasar con la resistencia montonera. Massera lo hacía. No le importaba ser un monstruo. No le importaba ser un asesino. Que el cielo exista, pensaba Massera, aunque nuestro lugar sea el infierno. Arrasemos con Cartago, sembremos de sal sus tierras, matemos a su cría. En los anales de la historia seremos los asesinos. No nos importa. Massera era muchas cosas, pero nunca fue un cobarde. Nunca dijo que él no había dado la orden. Siempre se hizo cargo de las cosas que había hecho. Eso es admirable, aún en un hijo de puta. De todos los militares de los setenta, él es mi único héroe.
La gente de izquierda puede reclamar, claro, que lo hacía por malas razones. Pero en los setenta hubo mucha gente que hizo cosas muy terribles por razones aparentemente buenas.
Tributo al Magic Number (uno más, como si hiciera falta)
Cuando yo nací los Beatles eran cosa del pasado pero John Lennon aún estaba vivo. Pero los Beatles eran ya el pasado: pertenecían a una era dorada, los sesenta, donde la revolución aún era posible, aún en la Argentina, aún en Inglaterra, aún en Italia. Después Mark Chapman mató a Lennon en la puerta del Dakota y el sueño terminó para siempre. No me enteré de esa muerte: en esos años la masacre en Argentina era tan espantosa que un rockero muerto más o menos no significaba nada. Vi años más tarde la película Imagine en la televisión, una recopilación de lo que Lennon había filmado y amado durante los pocos años en que había vivido. Y ví otras películas: películas donde se hablaba del amor a Los Beatles desde el lado de los fans, ese amor tan ménade, tan adolescente, tan puro. Los Beatles, la discografía de los Beatles es un travelling desde la adolescencia más básica en el Love me Do hasta la complejidad adultísima de Abbey Road. (Disgresión personal: no dudo que el disco Let it Be, tocado al revés en lenta dice Paul is Dead. Es una broma inglesa muy típica hecha por un genio como Lennon). La muerte de los Beatles significó la muerte del rock and pop como sueño puro, la muerte del mayo francés, la muerte de la primavera de Praga. Y además la bestia compleja de George Harrison, el autor de Something, el único guitarrista que podría competir con Eric Clapton y ganarle. Y sin embargo mi Beatle favorito, for ever, and for ever, es Ringo, el protagonista real de las películas de los Beatles, el que empieza en la banda porque el baterista que tienen es espantoso y no saben como sacárselo de encima y hay un tipo en otra banda que toca la batería bastante bien y lo invitan a tocar con ellos. Y entonces el cuarteto está listo y van a ser los Beatles para siempre y unos años más tarde Ringo va a cantar "With a Little Help from my Friends" desafinando un poco.
Joseph Conrad
Amo el siglo XIX. El siglo XX fué el triunfo desgraciado de la razón, el siglo XIX era cuando aún se podía soñar con algún tipo de utopía. Y lo mejor del siglo XIX fue su literatura, porque esos eran realmente escritores: Victor Hugo escribiendo en una Francia incendiada, Tolstoi recogiendo lo mejor de la memoria de sus antepasados para escribir La Guerra y La Paz, incluso José Martí, poeta cubano y libertario. Ahora la literatura transcurre entre cómodos congresos y lo peor que le puede pasar a un escritor es recibir una mala review en The New Yorker. Y eso por más que nos esforcemos. Yo vivo en el supuestamente barrio más peligroso de la ciudad más peligrosa de la muy peligrosa República Argentina desde hace cuarenta años. Y aquí estoy, escribiendo. He intentado arriesgar aún más mi vida yendo a visitar a mis parientes a la zona oeste. Pasan muchas motos a alta velocidad y algún tiroteo. Pero más allá de eso, nada. Las grandes historias pertenecen a otra época, indudablemente. Por eso me encanta Joseph Conrad, conde polaco que escribía en inglés: su cuento Juventud es sin duda el mejor retrato de la nostalgia de la juventud que se escribió nunca. Y la otra maravilla es The Heart of Darkness, El corazón de las tinieblas, la novela en la que se basó Francis Ford Coppola para filmar Apocalipsis Now, probablemente el mejor manifiesto antibélico de la historia del cine. El horror, el horror, dice el Coronel Kurtz al final y en ese momento el Coronel Kurtz es el Kafka de la Metamorfosis, el exacto momento en que nos damos cuenta que el insecto montruoso y Gregorio Samsa son, esencialmente, la misma persona y que ya no hay manera de que pueda redimirse porque no hay expiación posible en esa pesadilla.
El Tata Cedrón o como uno quiere a gente que no conoce de la manera más inverosímil.
Jamás me hubiera animado a amar el tango si no hubiera sido por Julio Cortázar. Para nuestra generación, el tango siempre fue la música de los viejos. Nuestra música era el Rock. Seru Giran, Sumo, Divididos, hasta Los Auténticos Decadentes. El tango era eso que se cantaba en el programa Grandes Valores: los temas eran buenos, nadie lo negaba, pero eran de nuestros padres, como el folklore y el Cuarteto Zupay. Y entonces una lee un libro de Córtazar que se llama Un tal Lucas y en ese lugar aparece una familia misteriosa que vive en París y se llama Cedrón y una se sorprnede de que esa familia, que vive en la lejanísima París quince años antes de la lectura del libro sea igual a la de una. Los chicos que se tiran en kamikaze desde los modulares mientras la familia come empanadas de procedencia dudosa. Pero, una tiene ganas de decir, eso somos nosotros. Cortázar, sos un chorro. Ya te moriste, sino te cobrábamos derechos de autor. Y entonces se llega a la conclusión de que todas las familias argentinas son exactamente iguales y le entra una especie de amor extraño por esos desconocidos y es algo tan raro querer tanto a gente que una no conoce para nada, pero es como si fueran nuestros vecinos de al lado o nuestros primos lejanos.Y una empieza a amar el tango por exactamente esas cosas.
Tute
Tute es bueno. Es muy bueno. Pero para mí Tute es el hijo de Caloi. Y Caloi no era bueno ni muy bueno: Caloi era un genio. He visto originales de Caloi y su capacidad como colorista era absolutamente envidiable. Cada historieta de Caloi era una absoluta maravilla, Clemente quizás un poco repetitivo pero divertido siempre y las dominicales que eran un juego de luces y de humor que ya hubieran querido para sí muchos acuarelistas. La acuarela y la tinta son de los métodos más desprestigiados en el arte actual, cuando son los más difíciles que existen: para ser un gran acuarelista tenés que ser por lo menos Turner o Delacroix, si no sos pésimo. Tute tiene un control excelente de la línea simple, un manejo perfecto del chiste. Lo único que le falta, pero le sobra el tiempo para eso, es jugar un poco más con el color.
Santoral personal.
Para ser una atea devota y militante, tengo solamente dos santos a los que les rindo devoción: el primero es San Roque, santo patrono de los animales, que se salvó por los lengüetazos de un perro cuando estaba refugiado en un bosque. Gran santo, si uno lo piensa bien. Pura fe en los milagros.
El segundo santo al que le rindo culto sin ningún tipo de vergüenza no pertenece al catolicismo, sino al candoblé. Es Exú, el diablillo de los dioses del sincretismo africano, devoto de la cachaza y de las putas y de los ladrones, el protector de los oprimidos. El Tulkas del santoral africano, si uno lo piensa bien. Si es lenta la furia de Exú, es tremenda su furia; Exú avanza riendo, arrasando con lo que han arrasado a su costa. Algún día él reclamará mi alma, lo sé, y no tengo problemas en devolvérsela.
El segundo santo al que le rindo culto sin ningún tipo de vergüenza no pertenece al catolicismo, sino al candoblé. Es Exú, el diablillo de los dioses del sincretismo africano, devoto de la cachaza y de las putas y de los ladrones, el protector de los oprimidos. El Tulkas del santoral africano, si uno lo piensa bien. Si es lenta la furia de Exú, es tremenda su furia; Exú avanza riendo, arrasando con lo que han arrasado a su costa. Algún día él reclamará mi alma, lo sé, y no tengo problemas en devolvérsela.
lunes, 25 de julio de 2016
Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia.
Diario de Amalia.
Doce y media de la noche. Durmiendo como una santa, feliz, mañana no tengo que hacer casi nada salvo deslomarme en el trabajo. Y suena el bendito celular.
- ¿Vos sabías?- me dice una voz llorosa.
- Yo... Para un poco. ¿Quién sos?
- Soy yo, yo. La Peco. Me dice Germán que te contó. ¿Cómo no me dijiste nada? Karen está con Gretel y vos no me dijiste nada, hija de puta.
Germán y la reputísima madre que te reparió. Sos un estómago resfriado del orto.
- Bueno, si, no, Peco, cálmate un poco. Si, si, el me contó, pero obvio que no te iba a decir nada para no lastimarte. Solamente por eso.
- Andate a la puta que te parió Amalia. Vos, Patricia y Karen se pueden ir a la concha de su madre. Seguro que Karen se está encontrando con Gretel desde antes de que yo quedara embarazada y las tres se están cagando de risa de mí. Y encima ahora me las voy a tener que cruzar todos los días, besándose y abrazándose en la puerta de mi casa.
Hay un montón de sonidos lluviosos y llorosos del otro lado del teléfono y se corta la comunicación. Me siento re culpable. Es cierto, por ahí le tendría que haber contado. Me siento re mal. Soy muy mala amiga. La llamo a Karen. Me atiende (que suerte que tengo) Gretel.
- Hello, hello, Es la casa de Karen y Gretel, el hogar feliz.
Ah, bueno. La chica paso de odiar el lesbianismo a volverse la torta del año.
- Hola, soy Amalia. ¿Me darías con Karen?
- ¿Por qué?- me dice Gretel.- Está durmiendo.
- Tengo que hablar con ella.
- Ahora la despierto. Karinita, te llama Amalita, my love.
- ¿Qué pasa, Amalia?
- Pasa que te estás curtiendo a Gretel y que la Peco se enteró y que me llamó a mí para reprocharmelo, la pelotuda de tu ex mujer.
- ¿Cómo ya se enteró? ¿Y vos cómo te enteraste?
- ¿Cómo te pensás que me enteré, boba? Germán.
- Uy, que boluda. Pasa que nos agarró justo, y yo no pude disimular mucho. Viste, es medio boludón, pero hasta él se dió cuenta.
- Karen...
- ¿Qué?
- Vos estás re contenta con Gretel. Yo te mato.
- ¿Por qué?
- De todas las pendejitas calentonas y tilingas del país te tenías que enamorar de la ex de Germán y de la que la Peco siempre odió porque sospechó que pasaba algo.
- Bueno- me contesta Karen- la verdad es que, pobre Peco, algo de razón tenía. A mi Gretel me encantaba, pero estaba con ella y no podía hacer nada. Ahora que ella se fué con Julián y me dejó el campo orégano...
- Y vos aprovechás cada oportunidad. Por qué sos así, Karen, por qué. Es muy difícil defenderte cuando hacés esas cosas.
- Bueno- dice ella- no me defiendas. Gretel, dejá de besarme, me hacés cosquillas.
- Juro por Dios que nunca te voy a volver a hablar- le digo yo pero Karen ya cortó la comunicación. Es evidente que ser medio judía nunca le ha traído un ápice de culpa. Pero yo si me siento re culpable. ¿Qué hago para recuperar la amistad de la Peco? ¿Algún cidi de Arjona? ¿Entradas para ver a Sandra Mihanovich? ¿Algo para Bernardita?
Pensar que dormía tan tranquila.
Doce y media de la noche. Durmiendo como una santa, feliz, mañana no tengo que hacer casi nada salvo deslomarme en el trabajo. Y suena el bendito celular.
- ¿Vos sabías?- me dice una voz llorosa.
- Yo... Para un poco. ¿Quién sos?
- Soy yo, yo. La Peco. Me dice Germán que te contó. ¿Cómo no me dijiste nada? Karen está con Gretel y vos no me dijiste nada, hija de puta.
Germán y la reputísima madre que te reparió. Sos un estómago resfriado del orto.
- Bueno, si, no, Peco, cálmate un poco. Si, si, el me contó, pero obvio que no te iba a decir nada para no lastimarte. Solamente por eso.
- Andate a la puta que te parió Amalia. Vos, Patricia y Karen se pueden ir a la concha de su madre. Seguro que Karen se está encontrando con Gretel desde antes de que yo quedara embarazada y las tres se están cagando de risa de mí. Y encima ahora me las voy a tener que cruzar todos los días, besándose y abrazándose en la puerta de mi casa.
Hay un montón de sonidos lluviosos y llorosos del otro lado del teléfono y se corta la comunicación. Me siento re culpable. Es cierto, por ahí le tendría que haber contado. Me siento re mal. Soy muy mala amiga. La llamo a Karen. Me atiende (que suerte que tengo) Gretel.
- Hello, hello, Es la casa de Karen y Gretel, el hogar feliz.
Ah, bueno. La chica paso de odiar el lesbianismo a volverse la torta del año.
- Hola, soy Amalia. ¿Me darías con Karen?
- ¿Por qué?- me dice Gretel.- Está durmiendo.
- Tengo que hablar con ella.
- Ahora la despierto. Karinita, te llama Amalita, my love.
- ¿Qué pasa, Amalia?
- Pasa que te estás curtiendo a Gretel y que la Peco se enteró y que me llamó a mí para reprocharmelo, la pelotuda de tu ex mujer.
- ¿Cómo ya se enteró? ¿Y vos cómo te enteraste?
- ¿Cómo te pensás que me enteré, boba? Germán.
- Uy, que boluda. Pasa que nos agarró justo, y yo no pude disimular mucho. Viste, es medio boludón, pero hasta él se dió cuenta.
- Karen...
- ¿Qué?
- Vos estás re contenta con Gretel. Yo te mato.
- ¿Por qué?
- De todas las pendejitas calentonas y tilingas del país te tenías que enamorar de la ex de Germán y de la que la Peco siempre odió porque sospechó que pasaba algo.
- Bueno- me contesta Karen- la verdad es que, pobre Peco, algo de razón tenía. A mi Gretel me encantaba, pero estaba con ella y no podía hacer nada. Ahora que ella se fué con Julián y me dejó el campo orégano...
- Y vos aprovechás cada oportunidad. Por qué sos así, Karen, por qué. Es muy difícil defenderte cuando hacés esas cosas.
- Bueno- dice ella- no me defiendas. Gretel, dejá de besarme, me hacés cosquillas.
- Juro por Dios que nunca te voy a volver a hablar- le digo yo pero Karen ya cortó la comunicación. Es evidente que ser medio judía nunca le ha traído un ápice de culpa. Pero yo si me siento re culpable. ¿Qué hago para recuperar la amistad de la Peco? ¿Algún cidi de Arjona? ¿Entradas para ver a Sandra Mihanovich? ¿Algo para Bernardita?
Pensar que dormía tan tranquila.
Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia
Diario de Germán
Después de tres horas en Mundo Cartoon Network y de ver Tinkerbell contra los Piratas o algo así (la verdad me dormí en la mitad de la película) vamos con Juancito a comer un carlitos y dos cocas en el bar de la esquina. Ya sé que no es alimentación saludable, pero cada vez que intenté llevar a mi sobrinito a Delicias Naturales, termina escupiendo toda la comida en el piso, al grito de "Tío, tío, esto es una porquería". Y justo la buena suerte de que en una mesita en la esquina están la Peco y Julián.
- ¿Cómo está el chico más lindo del mundo?- dice la Peco.
- Hola, tía Andre- dice Juancito- Quiero helado.
- Juancito- le digo yo- No seas maleducado.
Juancito se larga a llorar.
- Mirá que sos malo, Germán- me reta la Peco- Lo hiciste llorar al pobrecito. Es malo el tío Germán , ¿no cierto, Juancito?
- Malo, malo- dice Juancito- Me reta siempre. Y no me quiso comprar el monstruo verde de Hulk.
- Malo, malo. Ahora te llevo a comprar un helado- y la Peco lo agarra y lo lleva a la heladeria de al lado.
- Menos mal que nos quedamos solos- me dice Julián- porque te tengo que preguntar algo. Medio que estoy en la duda, pero me parece que vi salir a Gretel un par de veces de la casa de Karen. Y me pareció medio raro... ¿Vos sabés algo?
Dudo si contestar o hacerme el boludo, pero prefiero la primera opción porque es la menos complicada.
- Si, como que caí en casa de Karen el otro día y...
- No.- me dice Julian.- No puede ser.
- Y bueno,- le contesto yo- viste como son las cosas. Según Karen, Gretel siempre le tiró onda.
- Que hija de puta. Si salía con vos.
- Si, y me metió los cuernos con vos.
- Y ahora anda con Karen. No te lo puedo creer. ¿Cómo se lo digo a la Peco?
- Qué sé yo, yo también pienso lo mismo.
- Decíselo vos, se va a enojar conmigo.
- ¿Yo? ¿Por qué yo?
- Sos amigo de ella. Yo solamente soy Julián. La nueva pareja por la cual abandonó al amor de su vida y ahora perdió todas las esperanzas de reconquistarla.
- Me va a matar.
- Y bueno...
- Julián- le digo yo a punto de estallar- perdoname pero sos un piola bárbaro. Me hacés cornudo y no conforme con eso ahora querés que me pelee con la Peco.
- Bueno, está bien- me contesta él- Se lo decimos entre los dos. Si vuelan los vasos, salimos corriendo.
- Bueno- le digo yo. - Prepáremonos. Ahi viene, re contenta, comiéndose un helado de chocolate y pistacho.
Después de tres horas en Mundo Cartoon Network y de ver Tinkerbell contra los Piratas o algo así (la verdad me dormí en la mitad de la película) vamos con Juancito a comer un carlitos y dos cocas en el bar de la esquina. Ya sé que no es alimentación saludable, pero cada vez que intenté llevar a mi sobrinito a Delicias Naturales, termina escupiendo toda la comida en el piso, al grito de "Tío, tío, esto es una porquería". Y justo la buena suerte de que en una mesita en la esquina están la Peco y Julián.
- ¿Cómo está el chico más lindo del mundo?- dice la Peco.
- Hola, tía Andre- dice Juancito- Quiero helado.
- Juancito- le digo yo- No seas maleducado.
Juancito se larga a llorar.
- Mirá que sos malo, Germán- me reta la Peco- Lo hiciste llorar al pobrecito. Es malo el tío Germán , ¿no cierto, Juancito?
- Malo, malo- dice Juancito- Me reta siempre. Y no me quiso comprar el monstruo verde de Hulk.
- Malo, malo. Ahora te llevo a comprar un helado- y la Peco lo agarra y lo lleva a la heladeria de al lado.
- Menos mal que nos quedamos solos- me dice Julián- porque te tengo que preguntar algo. Medio que estoy en la duda, pero me parece que vi salir a Gretel un par de veces de la casa de Karen. Y me pareció medio raro... ¿Vos sabés algo?
Dudo si contestar o hacerme el boludo, pero prefiero la primera opción porque es la menos complicada.
- Si, como que caí en casa de Karen el otro día y...
- No.- me dice Julian.- No puede ser.
- Y bueno,- le contesto yo- viste como son las cosas. Según Karen, Gretel siempre le tiró onda.
- Que hija de puta. Si salía con vos.
- Si, y me metió los cuernos con vos.
- Y ahora anda con Karen. No te lo puedo creer. ¿Cómo se lo digo a la Peco?
- Qué sé yo, yo también pienso lo mismo.
- Decíselo vos, se va a enojar conmigo.
- ¿Yo? ¿Por qué yo?
- Sos amigo de ella. Yo solamente soy Julián. La nueva pareja por la cual abandonó al amor de su vida y ahora perdió todas las esperanzas de reconquistarla.
- Me va a matar.
- Y bueno...
- Julián- le digo yo a punto de estallar- perdoname pero sos un piola bárbaro. Me hacés cornudo y no conforme con eso ahora querés que me pelee con la Peco.
- Bueno, está bien- me contesta él- Se lo decimos entre los dos. Si vuelan los vasos, salimos corriendo.
- Bueno- le digo yo. - Prepáremonos. Ahi viene, re contenta, comiéndose un helado de chocolate y pistacho.
domingo, 24 de julio de 2016
Daniel Barenboim
No conocí a Daniel Barenboim por su formidable capacidad como director de orquesta, sino por una excelente película donde se cuenta la vida de Jacquelin Du Pré, su primera mujer, una de las mejores cellistas de la historia. Mi relación con el violoncello siempre fué sagrada: lo he tocado muy poco, pero me parece el mejor instrumento del mundo. Prefiero la guitarra, que es más portatil, más cargable, menos solitaria. Por eso admiro sin dudar a las grandes y los grandes violoncellistas, como Yo Yo Ma; sé que tocar bien ese instrumento es casi tan díficil como cantar una aria de ópera de Puccini. Me parece excelente el trabajo que hace Barenboim con la orquesta palestina israelí; es un trabajo minucioso, porque además las culturas que se aíslan en sí mismas (y el judaísmo, desgraciadamente, tiene una cierta tendencia a aislarse en sí mismo) son las más vulnerables. Si algo admiro del judaísmo no es, para nada, su creencia en un Dios único, sino su fé inquebrantable en la palabra y en el estudio y en la disciplina.
sábado, 23 de julio de 2016
Elogio a la masculinidad.
Ni la fuerza física, que es envidiable, ni la voluntad que muchas veces muestran tener a prueba de muchas cosas. Lo que más valoro de los hombres es que son más buenos que nosotras, las mujeres. No sé porqué, es algo inexplicable, pero es raro encontrar un hombre realmente malo: la mayoría tienen un costado infantil que es un salvoconducto, que los salva de ser monstruosos. Pero chicos, no se duerman en los laureles: ustedes son así porque nosotras trabajamos todo el día. Si tuvieran que hacer la mitad de las cosas que las mujeres hacemos durante el día, la mayoría de ustedes se retirarían de la femineidad al anochecer. Las mujeres tenemos que hacer cosas desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, y generalmente nos acostamos pensando en los problemas que hay que resolver al otro día. Comprendanos un poco.
German Daffunchio
Es el autor, nada más y nada menos, que de la letra de Persiana Americana, temazo de Soda Stereo. Fue parte de Sumo y ahora tiene ese gran grupo que es Las Pelotas. Tiene una onda genial a carpintero o a artesano que me encanta. Es uno de mis mejores amigos. En realidad, es el mejor de todos. Me avergüenza mucho decirlo, pero si algún día me decido a pedirle matrimonio a un hombre, con flores y todo, va a ser a German Daffunchio.
Modern Family
La mejor serie sobre la familia moderna, ensamblada, compleja es sin duda Modern Family, una comedia sin nada de drama, el equivalente a Los Simpsom en carne y hueso. Todos los que actúan allí son increíblemente cómicos, pero mis favoritos (de lejos) son la pareja gay con una hija y de ellos mi favorito es el tímido abogado pelirrojo que en un momento dado dice: estoy planeando maneras en que pueda morir Dora la exploradora. Preferentemente ahogada y con la mochila llena de piedras. Niños de mi familia, tapénse los oídos: nunca me sentí más identificada.
lunes, 18 de julio de 2016
Los Di Tella
La fauna burguesa nacional es pródiga y diversa, como la Argentina. Hay gente a la cual sus empleados les importan bastante poco, total son mano de obra barata, y hay gente como por ejemplo Eduardo Constantini, el dueño de Nordelta y el creador del Malba, uno de los mejores museos argentinos. Pero yo creo que los que marcaron punta en la burguesía de buen desarrollo en la Argentina fueron los Di Tella. Una heladera Siam Di Tella es una heladera Siam Di Tella; no se rompe nunca. Mejor que eso solamente la Antártida. Y fueron los creadores del Instituto Di Tella, la vanguardia de la vanguardia en los sesenta, de donde surgieron tantos, pero además donde reinaba, como un duque exigente, Jorge Romero Brest, probablemente el mejor crítico de arte que en la Argentina existió nunca. Una vez en una clase de Teoria de la Forma que dictaba Cali Esquivel nos mostraba pinturas y obras de la década del sesenta argentinos y nos decía: fue la única vez que en plástica la Argentina se puso los pantalones largos. Si una ve las obras de esa década es imposible no darle la razón. Después de esa década el Arte Argentino volvió a ser una feria de vanidades, comandado por Amalita Fortabat, que probablemente no sabía una palabra de francés. Y el mejor expositor de eso es Arte Ba, lugar donde las performances, los happenings y los ready made siguen siendo lo último de lo último. Un siglo después. Mientras tanto, hoy murió Carlos Nine, uno de los mejores dibujantes que ha dado la Argentina, junto con Fati y Marcelo Castaño.
Hector Oesterheld.
No es por el Eternauta que lo reivindico ni por sus muchas historietas geniales, como por ejemplo Mort Cinder, maravilla que hizo junto al Viejo Breccia. Es indudable que Oesterheld es un genio (me cuesta mucho hablar de él en pasado) pero si lo reivindico es por sus cuentos para niños. Yo aprendí a leer con sus cuentos. Sus cuentos fueron mi infancia. Son fábulas sin moraleja, puro juego, pura imaginación. Gallinas, leones y zorros que no se portan como tienen que portarse. Pollitos traviesos como chicos. Jirafas perezosas. Leer un cuento para chicos de Oesterheld es como vivir en el Strawberry Field de Los Beatles.
domingo, 17 de julio de 2016
Poetas
in memorian JDMorrison y Lou Reed
Lo que más construye es la palabra
Lo que más destruye es el verso
Seamos poetas, entonces.
Lo que más construye es la palabra
Lo que más destruye es el verso
Seamos poetas, entonces.
Vecina
Por suerte por el Radar pude leer acerca de Vecina, uno de los mejores dúos femeninos que ha dado el folklore pop de los últimos años. Me encanta además como planifican sus conciertos: se corta la calle, salen a tocar las dos y los vecinos las escuchan. Eso es realmente autogestión; eso es no depender de intermediarios, ni de productores, ni de Sadaic. El sueño dorado de la independencia, que a la mayoría de los rockeros y poperos les cuesta el alma. Puro amor a la música, al viejo Do re mi fa sol la si, pura excusa de hacerlo porque una tiene ganas. Solamente porque me piace, como en el proverbio italiano. Eso es ser un artista.
La universidad pública y gratuita.
La verdad, cada sistema universitario tiene sus propias reglas y yo no voy a ser quién para pensar cuál es el mejor o el peor sistema. Lo maravilloso que tenemos en la Argentina es que desde hace casi cien años tenemos gratuidad del sistema universitario, lo cuál le abre las puertas a cualquiera. Un chico que vive en la villa del Retiro puede ir a estudiar medicina a la UBA y recibirse de médico. Un chico del barrio La Tablada puede estudiar licenciatura en Letras en la UNR y ser profesor de literatura. Una chica de Ituzáingo puede ir a la Universidad de San Martín a ser periodista y ser una futura gran fotógrafa. Un pibe chorro criado en la calle puede ir a estudiar teatro a un taller barrial y a partir de ahí transformarse en un gran actor. Hasta Diego Maradona pudo ir a una técnica y si no se recibió es porque es Diego Maradona. Lo único que me preocupa del sistema universitario argentino es cierta dejadez que noto últimamente, como diciéndoles, aprobémoslo porque total. En la facultad donde trabajo no es grave, nadie va a ir preso si no distingue a Marx y a Kant, pero en el campo de la medicina y de las ciencias duras, es gravísimo. Un ingeniero tiene que saber como se construye un puente, un médico cirujano tiene que saber hacer una operación de corazón, una enfermera tiene que saber salvar a un bebé con tos convulsa. Hasta un farmacéutico tiene que saber lo básico de farmacia, no comprar el título: solamente por amor propio, por decir esto lo pude hacer yo, este fue mi logro. Es el problema de la Argentina: todos somos ingenieros, abogados, escritores, artistas, periodistas. En el fondo no somos nada de eso. Somos opinólogos. Hablamos de lo que no conocemos muy bien y por eso cuando vamos a restaurants y al mecánico (uno de los oficios más difíciles del mundo) nos estafan.
Vecinos invasores.
El delivery y el auto son los peores inventos de la Humanidad. No porque en sí sean malos, sino porque es mucho más fácil pedir delivery de lo que sea y andar en auto que ir a pie. Llegamos al Brave New World demasiado pronto: en el siglo XXI solo hace falta apretar dos teclas para conseguir una pizza, un combo Mac Frito, una película, una amante, un novio, un desayuno. Hasta tenemos gente que planifica casamientos, como si antes no fuera de lo más entretenido planificar un casamiento. Y ni hablar del auto, porque como cada uno tiene uno, los embotellamientos son astronómicos y terminamos como en monstruos como la ciudad de Sao Paulo, donde los realmente ricos se trasladan en helicóptero, porque es imposible trasladarse por las calles a una velocidad normal. Toda esa conjunción de factores nos ha transformado en obesos. Ya no sabemos lo que queremos: solamente sabemos lo que tiene el vecino o la estrella de Hollywood. Y queremos eso, aunque en realidad eso es solamente algo que hace feliz a nuestro vecino o a la estrella de Hollywood, pero a nosotros no. Yo les propondría a la gente que realmente quiere adelgazar (no es mi meta, para nada) que piensen por una semana que son el mejor nadador/a del mundo. Que no piensen tanto en el vecino: si el vecino critica o se ríe es simplemente porque no tiene vida propia, porque se ha pasado toda su vida encerrado entre cuatro paredes y nunca ha madurado para enfrentarse al mundo exterior. Una semana así. Después, si quieren, pueden volver a comer lo que quieran. En cuanto a los chicos, la verdad es que el ejemplo horrible de como comemos lo damos los adultos. No nos quejemos si ni siquiera saben que el tomate es una fruta.
sábado, 16 de julio de 2016
Por qué no me casé con Roberto Pettinatto, el verdadero hombre de mi vida.
Además que su frase para levantarme fue histórica y quedara para siempre en el manual de lo que no hay que hacer si querés conseguir a una mujer que es, básicamente, el tateti, ahora que lo pienso tuve una suerte bárbara. Ahora tendría veinte hijos, como mínimo, trescientos hijastros y nada para comer porque si para algo tiene Pettinatto habilidad es para que lo echen de todos lados. Encima vive de tocar el saxofon y de haber compuesto La rubia tarada. Y ahora SADAIC no paga nada. Petti, no te preocupes, estamos mejor así. Eso nos pasa por ser tan accesibles, tan enfermeros, tan buenas personas. Anytime, my love.
jueves, 14 de julio de 2016
Una verdadera amistad.
Uno de mis mejores amigos, si no el mejor, es profesor de Filosofía. Que ganas, che. Enseña filosofia antigua y medieval en la facultad donde trabajo. Es una de las personas más lindas del mundo, por dentro y por fuera. Ha leído tantos libros que mi pequeña capacidad lectora se siente humillada: se especializa en Spinoza, al que supongo bastante denso. Digo supongo porque jamás leí un libro de Spinoza. Le gusta el chocolate. Tiene dos hijos ya, y eso está bueno. Les regaló a sus hijos el libro que mi hijo escribió, lo cuál agradezco infinitamente, aunque desde que ganó el concurso no hay manera de convencer a mi hijo de que no es un genio genial de toda genialidad. Insoportable. Menos mal que las amigas de él se burlan llamándole el Chino. A veces este amigo mío me pide ayuda con las actas o los éxamenes. No hace falta que lo pida tan amablemente. Desde que lo conocí a él aprendí que ser buena persona tiene recompensa.
Mañana en la Tablada.
El sol asoma de a poco
y Shiki
quiere salir a pasear
y los muchachos
de la metálurgica
compran facturas en la panadería
y los chicos
del secundario
se enamoran,
se besan, se pelean
y se amigan.
Las hojas caen
sobre las primeras flores
del fin del invierno.
y Shiki
quiere salir a pasear
y los muchachos
de la metálurgica
compran facturas en la panadería
y los chicos
del secundario
se enamoran,
se besan, se pelean
y se amigan.
Las hojas caen
sobre las primeras flores
del fin del invierno.
martes, 12 de julio de 2016
La Celeste
A los cuarenta años he logrado el sueño de mi vida: que mi vida sea como una canción de Celeste Carballo, "Es la vida que me alcanza". Desde que era chica quise ser como ella, mucho más que como Sandra Mihanovich, contra la que no tengo nada salvo Puerto Pollensa. La canción de amor más hermosa que hay es Cuatro brazos, cuatro piernas. Cuando dice: ya te vas y me siento destrozada, sen que me equivoque, ya no entiendo nada, si soy una mujer dueña de su tinta y dueña de su papel. Y a último momento un fax de Europa avisa que cerramos el año en la jungla latina. Ya me puse curitas en los pies porque otra vez voy a salir de gira. Espero que algún día encuentres al amor de tu vida, querida hermana mayor.
Enrique Pereyra
Siempre fue mi profesor favorito de historia del arte. Era muy bajo y muy débil y en sus últimos años andaba en silla de ruedas, pero todos sus alumnos lo adoraban. Un día vino el cafetero a quejarse del otro cafetero y nosotros dos nos matamos de la risa. El arte de perder. Lo extraño muchísimo: de todas las alimañas del desierto, era mi preferida.
El verdadero problema de la maternidad (consejo para madres primerizas)
Ni el ajuar ni la mamadera. Ni la ropita. Ni el sexo. Ni siquiera el coeficiente intelectual. El verdadero problema de la maternidad es el nombre que le vas a poner a tu bebé. Ya el ecógrafo te desilusionó diciéndote que es un varón, así que a dejar de atrás Abril, Lila, Violeta u otra posibilidades preciosas. No solo eso; ya te privó también de una fiesta de quince, de un casamiento, de miles de salida al shopping, Resignación. Un poco de rencor, Y después pensar, por lo menos que odie el fútbol. Ezequiel es lindo nombre. Suena a profeta; bah, es el nombre de un profeta. Ya habrá tiempo de arrepentirse en la sala de partos. Y entonces nace. Y es Ezequiel, no puede tener otro nombre. Agustín de segundo nombre por las dudas. Y el apellido de una, por supuesto. Al principio no son tan lindos y duermen todo el día. Es raro. Después empiezan a gatear y a hacer quilombo y una, invitablemente, se encariña. Se encariña tanto que cuando ya tienen dieciséis y ya para ellos somos los padres, nosotros seguimos viendo, inevitablemente, a ese bebé. Es algo complejo la maternidad: es difícil de entender como algo que estuvo durante nueve meses dentro de nosotras de pronto es un casi adulto, que va a emprender su propio camino. Que no es el nuestro. Que cometerá nuestros mismos errores. Y algunos diferentes. Y algunos quizás terribles. Nos empezamos a equivocar desde que nacemos.
Cecilia Roth
Algo de bueno tiene ser muy cinéfila. Ves películas que otros, por snobismo o capricho, no ven. Yo debo de ser de las pocas argentinas que recuerdan que vio "No toquen a la nena", una película quizás menor de Juan José Jusid, encantadora, donde aparece Cecilia Roth en una papel secundario. Y está muy linda. Después vi las primeras películas de Almodovar, que son muy pero muy malas (son, básicamente, artefactos kistch) que ella protagonizaba. Hay un quiebre en el medio que es terrible: la chica hermosa de No toquen a la nena desapareció, como por arte de encanto. Después la vi en películas buenas, muy buenas, mas o menos: por ejemplo en Martin H, que no me pareció una gran película. Cecilia Roth debe ser una de las mejores actrices argentinas, pero más allá de eso hay un coraje y una fuerza que siempre es admirable en una chica rubia. Sobre todo en este país.
Amistad.
Voy a hablar de uno de mis mejores amigos. Fue durante cuatro años, con una paciencia digna de mejores causas, secretario estudiantil del lugar donde trabajo. Ahora trabaja como no docente. Le deja su teléfono a todo el mundo, cosa que nunca debe hacerse y en algún momento, en algún rincón luna mía rendirá la bendita tesina de Bellas Artes. Y se recibirá de Artista, sin h. Después no sé que hará de su vida, porque la verdad, la verdad, un título de licenciado en Bellas Artes no sirve de mucho. Nunca me mostró ninguno de sus trabajos, que yo recuerde. Diseñó para nuestra oficina un armatoste de cinco metros que es una real invitación al alpinismo. Y nos compró una cafetera eléctrica. Lo cual agradecemos mucho. Son esos pequeños detalles los que hacen la verdadera amistad. Es de River y yo de Central. Lo acompaño en el sentimiento.
Catherine Keener
Es indudable que Catherine Keener es una de las más lindas de Hollywood, con una sonrisa espléndida, ojos brillantes y probablemente el cabello más hermoso del mundo. Pero yo tengo un pequeño problema: odio a Catherine Keener, a una pobre mujer que no me ha hecho nada. Catherine Keener puede actuar bajo la órbita de los mejores directores, ponerse vestidos bohemios, ser lesbiana u heterosexual, defender causas nobles, reciclar, etc, etc. Yo voy a seguir odiándola como una colegiala consentida. Una spoiled bitch. Pobre mujer: desde que me enteré que estuvo casada con River Phoenix, el único y verdadero amor de mi vida, no puedo reprimir cada vez que la veo ganas de decirle: si me hubiera conocido a mi, te lo habría sacado. No sé que le viste a esa chica, River, sinceramente. Lástima que nunca tuve tu número de teléfono.
lunes, 11 de julio de 2016
Dos o tres razones para amar a los irlandeses.
Primero de todo, tienen un vicio secreto: la poesía, el mejor de los vicios, mejor que el alcohol y las metaanfetaminas. Y aman la música.
Segundo: inventaron casi todas las bebidas alcoholicas existentes.
Tercero: su escudo nacional es un trébol.
Segundo: inventaron casi todas las bebidas alcoholicas existentes.
Tercero: su escudo nacional es un trébol.
Silvia Iparraguirre
Para la mayor parte de los argentinos que son bastante machistas - tanto que hasta ahora no hay ni un solo jugador de futbol gay- Silvia Iparraguirre es la mujer de Abelardo Castillo. Yo, como mujer, y poniéndome como dice Maitena en rebelde sin causa, pienso que Abelardo Castillo es el esposo de Silvia Iparraguirre, una de las mejores escritoras argentinas, autora de textos bellísimos. He leído solo dos o tres de ellos, pero son excelentes. No hay peor oficio que el de la escritura y las mujeres que lo hacemos lo sabemos bien: el mundo no nos comprende. Somos inentendibles. La escritura, que parece uno de los oficios más fáciles del mundo, es complejísimo. Solamente los que lo intentamos todos los días lo sabemos. A veces nos equivocamos en un personaje, en una situación, en un concepto, en una trama y hay que empezar todo de vuelta. Por suerte Argentina tiene una tradición de mujeres escritoras que lleva más de doscientos años, fácilmente. Entre esas grandes esta Silvia Iparraguirre.
Europa
Hablemos desde lejos sobre nuestros lejanos padres, los europeos. Una de las cosas más preocupantes de los últimos años es el recrudecimiento del racismo en los países europeos, paises a los cuales les costó tanto liberarse del nazismo, el fascismo, el franquismo, el stalinismo y otros ismos varios. Es inevitable que uno piense que la culpa de todo la tiene el vecino de al lado. Uno siempre piensa eso. Los niños muertos de Biafra le importan a muy poca gente, en realidad. Salen en la foto, uno dice que barbaridad, pero es muy difícil viajar a Biafra. El problema es la gente que tenés al lado: tus vecinos, tu almacenero, los taxistas, los colectiveros, los vendedores ambulantes, los kioskeros, Esa gente no piensa como vos, le gusta otra música, otra comida, tienen otra religión, algunos otra orientación sexual; algunos son extremadamente liberales y otros son extremadamente conservadores. Si uno lo piensa bien, el aparato propagandístico del nazismo fué perfecto: convenció al pueblo alemán hambreado de que la culpa la tenían los judíos del ghetto. No la Primera Guerra Mundial. No se preocupen, alemanes. A nosotros los argentinos también nos taparon la dictadura con un Mundial de futbol. O sea, a una persona le lleva más o menos cuarenta años darse cuenta que el arte de la política es el arte de lo posible. La idea de la felicidad es un poco compleja, porque en realidad cada cual es feliz a su manera. Lo que se le debe garantizar a las personas son los derechos humanos básicos, sobre todo no morirse: de hambre, de frío, de sueño, de una bala en la cabeza, atropellado por un colectivo o por una bicicleta, ser pisoteado por caballos o por tanques. El resto es siempre discutible, es siempre argumentativo y cada pueblo tiene su propia manera de hacerlo.
Isak Dinesen.
MI heroe literario es Isak Dinesen y lo es por La fiesta de Babette. Es uno de los mejores cuentos de la historia mundial, solo comparable a Encender un fuego de Jack London o Un dia de estos de Gabriel Garcia Marquez. Cuando alguien lee La fiesta de Babette tiene ganas de estar allí, de conocer a todas esas personas, a todos los increíbles personajes que allí se retratan, sobre todo a Babette. la cocinera que fue a refugiarse a una estoica comunidad protestante porque participó en La Comuna de París y su esposo y su hijo murieron allí. Y gasta su fortuna en una cena, porque ella añora la época en que era una gran cocinera, aunque odiaba a la gente a la que servía. Cuando leo La Fiesta de Babette me dan ganas de ser jurado en Top Chef, magnífico programa donde Tom Colicchio es casi siempre un juez justo y sus participantes dan los mejor para ganar. Es hermoso verlos calculando, pesando, peleándose, discutiendo, asumiendo retos casi imposibles, defendiendo cada uno su punto de vista: el fanático de la cocina saludable, el inevitable cocinero oriental paciente, el latino charlatán, la ama de casa especializada en confort food, la pastelera estrictísima, el francés carnivoro, el red neck especializado en barbacoas, el cocinero rockero al cual le encantan los food trucks. Y si está Anthony Bourdain mejor que mejor, porque les toma el pelo a casi todos. Yo, si algun día muero y existe la reencarnación, quiero reencarnar en jurado de Top Chef.
200 años de independencia.
Lo mejor que tiene Argentina es la tradición librepensadora. Esa tradición ha generado los mejores políticos de nuestra historia, desde Castelli, Moreno, Sarmiento, Alberdi, Saenz Peña, Yrigoyen, Roberto Arlt, Arturo Jauretche, Milcíades Peña, Horacio Gonzalez, Roberto Carri, Rodolfo Puigross, Jose Pablo Feinmann, Ernesto Laclau, sobre todo este último que estudio seriamente lo que es el populismo, sobre todo en Posmarxismo sin pedido de disculpas. A mi, sinceramente, no me molesta que en los actos patrios se reivindique la bandera argentina, el himno, etc, etc. Ahora, de ahí a pensar que eso solo es la patria, es ser muy ingenuo. Recuerdo una anécdota de Osvaldo Soriano apenas terminó la dictadura: en un cine pusieron el Himno y todos lo cantaron, menos dos o tres muchachos se negaron a cantarlo, asqueados por el uso que la dictadura le había dado a los símbolos patrios. La misma gente los empezó a abuchear y llamó a la policía, para que los llevaran preso. Solo por no haber cantado el himno. Me parece que a nosotros después de la dictadura nos pasó lo mismo que a los alemanes cuando terminó la Segunda Guerra Mundial. Dijimos: nosotros no hicimos nada, nosotros no tuvimos nada que ver. Me incluyo, aunque era chica, porque uno siempre está inmerso en la historia, inevitablemente. En realidad, es justificable. El terror fue tan grande que recién ahora, después de treinta y tres años de democracia volvemos a respirar algo parecido a un clima democrático. La única verdad, como decía Perón, a quién no aprecio para nada, es la realidad: la gente rica ganó fortunas con la dictadura, los pobres fueron no solo diezmados sin también hambreados vergonzosamente y la clase media se calló la boca, un poco por miedo, pero también porque sacó su pequeño rédito. Los viajes a Miami, las cosas importadas baratas, el dolar regalado no son gratis: son a costa de desocupación, y la desocupación inevitablemente trae hambre y no solo trae hambre sino que trae lumpenaje. Gente que sale a traficar o a prostituirse o a secuestrar para ganar plata. Por que no hay otra manera de ganar plata si no hay trabajo. Entonces, pensemos, aunque este momento sea recesivo, por ahí el celular S4 no es tan importante, la Barbie importada es un detalle menor en la vida de nuestros hijos, la 4 x 4 la podemos cambiar por un Duna 2000 usado y no vamos a estar tan mal. Si hay trabajo, si tenés un sueldo diario, no vas a estar tan mal. Hay que defender la democracia, porque es lo único que tenemos. Me parecen terribles las notas catastrofistas que aparecen en algunos diarios sobre el futuro económico del país: primero de todo el futuro no existe. El dia de mañana no existe. Lo unico que cada uno tiene es el dia de hoy. Y segundo, y esto es muy importante, si la gente que está en el gobierno está capacitada, y me parece que por los pergaminos que tienen la mayoría lo está, salvo dos o tres casos puntuales, de sus temas puntuales saben. Un economista sabe de economía como un plomero gasista sabe de Orbis Calorama: son expertos porque se pasaron toda su vida estudiando eso y si llegaron a los puestos gerenciales de una empresa multinacional, es porque saben muchísimo de economía. Si no te echan al tercer día. Eso es lógica política básica.
domingo, 10 de julio de 2016
Las máquinas y las ciencias mágicas. El monte. 1
que la belleza sea en mi
canción de los sioux
La madre le había dicho que cuidara a su hermano. Aún no le habían puesto nombre, pero ella y su madre le decían Curataí Guirá, el pequeño niño. Tenía que buscar las moras salvajes que crecían cerca del arroyo, pero por ahí moraba el yaguareté. Pero su madre le había dicho que si no juntaban una cierta cantidad de moras todos los días, no podrían pasar el invierno, que siempre era muy crudo. Su padre, Atalaya Porá, estaba cazando mulitas que luego secarían y salarian; la sal la traían los capauque, que vivían cerca del mar. La niña alzó a su hermano y se dirigió al arroyo del sur. Allí encontró al muchacho que casi se había ahogado.
canción de los sioux
La madre le había dicho que cuidara a su hermano. Aún no le habían puesto nombre, pero ella y su madre le decían Curataí Guirá, el pequeño niño. Tenía que buscar las moras salvajes que crecían cerca del arroyo, pero por ahí moraba el yaguareté. Pero su madre le había dicho que si no juntaban una cierta cantidad de moras todos los días, no podrían pasar el invierno, que siempre era muy crudo. Su padre, Atalaya Porá, estaba cazando mulitas que luego secarían y salarian; la sal la traían los capauque, que vivían cerca del mar. La niña alzó a su hermano y se dirigió al arroyo del sur. Allí encontró al muchacho que casi se había ahogado.
sábado, 9 de julio de 2016
Inferno
Yo también merezco
el infierno de los traidores
pertenezco al noveno círculo
pero al menos
no soy desagradecida.
Tengo un hijo
de ojos de perro y pelo
de pájaro
que ya está enamorado
perdidamente
Algo es algo.
el infierno de los traidores
pertenezco al noveno círculo
pero al menos
no soy desagradecida.
Tengo un hijo
de ojos de perro y pelo
de pájaro
que ya está enamorado
perdidamente
Algo es algo.
Alejandro Dolina.
Una sola frase: la venganza será terrible o en inglés: the revenge will be horrible. La guerra está declarada.
El señor K
Alguien le pregunto al señor K si habia un Dios. El señor K le respondió: te contesto que pienses atentamente como sería tu conducta si Dios existiera. Si tu conducta no variaria, no tiene sentido que te la responda. Si tu conducta variaria, debo responderte que tu mismo te has contestado. Necesitas un Dios. La Gloria sea con aquel que no Muere.
Bertolt Bretch.
Bertolt Bretch.
Los hilos de la virgen
Los hilos de la virgen
son tambien
las babas del diablo
ojo por ojo
diente por diente sangre por sangre
cerdo por cerdo
aquel que compartió el asado
con el amigo
y la sal
y el pan y luego lo traicionó
será maldito para siempre
aquel angel que se hizo
pasar por frágil
y luego se rindió
ante los navios
sera sodomizado por perros
aquel capitan que torturo
a sus soldados
sera negado tres veces por sus hijos
aquel que apago las luces en un pueblo
para matar a sus entenados
morirá en el desierto.
Santa Tejerina
protegenos.
Solo se salvara el que haya hecho algo bueno.
Aquellos imbeciles
que sacrificaron niños
para conjurar al diablo
no se preocupen
el diablo los espera
ansiosamente
para abrazarlos
en la hoguera
de las vanidades.
son tambien
las babas del diablo
ojo por ojo
diente por diente sangre por sangre
cerdo por cerdo
aquel que compartió el asado
con el amigo
y la sal
y el pan y luego lo traicionó
será maldito para siempre
aquel angel que se hizo
pasar por frágil
y luego se rindió
ante los navios
sera sodomizado por perros
aquel capitan que torturo
a sus soldados
sera negado tres veces por sus hijos
aquel que apago las luces en un pueblo
para matar a sus entenados
morirá en el desierto.
Santa Tejerina
protegenos.
Solo se salvara el que haya hecho algo bueno.
Aquellos imbeciles
que sacrificaron niños
para conjurar al diablo
no se preocupen
el diablo los espera
ansiosamente
para abrazarlos
en la hoguera
de las vanidades.
Milan Kundera
A mi mamá le encantaba Milan Kundera y por eso, cuando era muy chica, me llevó a ver La insoportable levedad del ser. La película es hermosa y el casting es perfecto, sobre todo Daniel Day Lewis en ese protagonista bondadoso y enamoradizo. Después leí el libro y es uno de los más perfectos de la historia de la literatura: ese final, tan triste y tan bello al mismo tiempo. Pero el mejor momento de la película "La insoportable levedad del ser" es cuando Sabina le cuenta a Tomás de su nuevo amante, un hombre bondadoso y grande y fuerte y de pronto le dice: tiene un pequeño problema. No le gusta mi sombrero. Casi toda la sintesis de lo que es el amor y de lo que no es el amor está allí, en esa pequeña frase.
Steven Spielberg
Mi primer contacto con Spielberg fue, por supuesto, ET. Tenía cuatro años. No entendí nada. Me gustó la película, pero no entendí nada. Después mis padres me torturaron con Bertolucci, Saura; en realidad mi único descanso era ver películas de Sandrini con mi abuela. Y cuando tenía dieciocho años vi "La lista de Schindler". Y me encantó. Me encantó el momento en que Schindler llora porque con uno de sus relojes podría haber comprado una vida más. Me pareció uno de los momentos más bellos de la historia del cine, uno de esos momentos en los cuales uno dice: para esto lo inventaron los Lumiere. Para esto se inventaron las butacas, el proyector y hasta los nachos con queso y la Coca Cola. Debo confesar que no lloré con "La lista de Schindler", no por falta de sensibilidad -lloré como una perra con Las aventuras de Chatran, película japonesa a la que le debo los momentos mas amargos de mi infancia- sino porque me pareció una de las películas más esperanzadoras del mundo. Spielberg es el Michelangelo del siglo XXI. Los de mi generación le debemos todo, o casi todo, a él.
Leo Garcia
Probablemente uno de los poetas más grandes del rock nacional haya sido Federico Moura, el cantante de Virus, que con unos pocos años y un puñadito de discos consiguió lo que otros ni con cien discográficas atrás consiguen. El único que es parecido a él en ese sentido es Leo García: las canciones de Leo García son livianas, irónicas y al mismo tiempo densisimas, casi como un romance trágico. Pero casi. Los videos de Leo Garcia son puro juego de luces, puro peluson of milk, como los del Flaco Spinetta. No hay canción mas linda que Romance, más liviana, más player en el mejor sentido de la palabra. Felicitaciones.
Shakespeare es Maquiavelo.
Nunca leí el Principe, de Maquiavelo, pero si leí libros que comentaban de su influencia en la época del Renacimiento. Y donde más obviamente se nota la influencia de Maquiavelo es en Shakespeare. Tomemos por ejemplo Macbeth. Ya dijo Victor Hugo en el siglo XIX que la tragedia de Macbeth no es la tragedia de la ambición: es la tragedia del hambre. Y que hambre. Macbeth comete todos los actos malvados porque cree en un destino prefijado, incluso en el de su muerte. Macbeth ambiciona lo que las parcas le predicen; ser un rey, aún a costa de ser un asesino y un traidor. Si uno lee los libros de historia, están llenos de gente así, hombres y mujeres. Hamlet es diferente, es el gran quiebre, porque Hamlet se pregunta si tiene que vengarse o no. Vengar a su padre significa matar a su madre y a su padrastro; pero también puede olvidarlo todo, marcharse. Elije la venganza y con eso termina destrozando todo lo que ama, incluso a su prometida y a su hermano. Y termina muriendo. De casos así también está lleno los libros de historia y las crónicas policiales. Pero en realidad ¿quien no conoce a un Otelo, a un Yago, a un Rey Lear, a un Laertes, a una Julieta, a un Mercucio? ¿Quién no conoce a un Julio César, admirado y odiado al mismo tiempo, al cual la mayoría quiere pero una minoría desprecia y teme, y planifica asesinarlo? Lo magistral de Shakespeare es darle a la política, al complejo arte de la política, una dimensión humana: ningun personaje shakespeareano ambiciona lo que ambiciona o ama lo que ama o muere porque si. Detrás de cada personaje shakespeareano, incluso del más secundario, como Falstaff, rocambolesco bufón, hay un hombre o una mujer. Hay un pensamiento, un desarrollo deliberado. En eso consiste su genialidad: en darse cuenta que detrás de cada actor (digo actor porque en la época de Shakespeare no se podía ser actriz) hay un personaje y detrás de un personaje hay una persona y que esa persona es, en parte, él.
viernes, 8 de julio de 2016
Hebe de Bonafini
Lei el libro autobiografico de Hebe de Bonafini cuando tenia trece años. Algo de bueno tiene ser muy lectora: podés enfrentarte a realidades terribles sin que te tiemble tanto el pulso. Pero lo que más me conmovió de ese libro es que la vida que contaba Hebe de Bonafini era igual a la vida que había tenido mi abuela: dura, trabajadora, tratando de hacer lo posible para sacar la familia adelante, haciendo una pequeña cosa cada día. Mi mamá tuvo que salir a trabajar para darme de comer y fué mi abuela quién se ocupó de mi, de lavarme, de vestirme, de peinarme, de malcriarme (porque yo soy muy malcriada, obviamente). Cuando leí ese libro entendía lo dura que debe haber sido para mi abuela la década del setenta y por eso, cada vez que alguien me hablaba mal de ella, por lo que fuera, me enojaba. Y mucho. Y murió hace trece años y me sigo enojando si alguien dice algo malo de ella. Para casi todas las otras personas, por ahí mi abuela no era tan buena: pero fue ella la que me crió así que exijo que cada vez que alguien hable de ella la respete, por lo menos.
jueves, 7 de julio de 2016
Leo Ricciardino
Hablemos de amores imposibles. Desde hace dos o tres años estoy enamorada de Leo Ricciardino. Primer punto a favor; es gordito. Yo prefiero los hombres que dicen vamos a comer un asado a la parrilla que los que dicen vamos a correr para bajar las medialunas. Segundo, es morochón, tiene pinta de camionero. Tercer punto, es peronista y aunque soy trotskista siempre preferí los peronistas a los radicales. Además se viste bien pero sin exagerar. Cuarto y esto es un halago que yo sé que les va a caer mal a varios: es el mejor periodista rosarino. Cuando leo una nota de Leo Ricciardino pienso que lindo que escribe. Cuando lo escucho hablar en la televisión pienso que bien, cuanta razón tiene, que inteligente que es. Es divertido e inteligente, y ese es un combo casi imposible de conseguir (si lo sabré por dura experiencia; mejor que no abra el placard de los ex porque en cualquier momento me vienen a reclamar no sé que; que vayan a la Corte Suprema de Justicia y sino apelen al Tribunal de la Haya y de última vayan ante el Papa Franciso y si no, no sé, solo les queda un ashram, ser testigos de Jehova, volverse judíos, en fin, ya no sé que pensar de mis ex. En argentino: que le reclamen a Magoya, a mi que me dejen de romper las pelotas, que estoy laburando para criar a un chico de dieciseis años. Como dice Capusotto: ya era hora.). Un beso grande, Leo, y seguí escribiendo en Rosario 12 que te voy a seguir leyendo.
miércoles, 6 de julio de 2016
El chino Dracarys.
Es mi gato preferido. Me lo dió un cartonero. Lo críe a mamadera. No hay manera de convencerlo de que no soy la mamá. Come lo que yo como, duerme donde yo duermo. Me parece que estoy más encariñada con él que con mi hijo, que cuando los amigos lo llaman sale corriendo. Lo único que trato es de no fumar mucho al lado de él, y que ande un poco por la terrazita, para que ande mejor. Es el gato más lindo del mundo y en este caso no acepto opiniones de terceros.
Cinco razones por las que sigo soltera a los cuarenta y contando, che...(como que se me pasó el cuarto de hora)
1. Primer novio: me pedía plata prestada para comprarse cerveza.
2. Segundo novio: me pedía plata prestada para comprarse marihuana.
3. Apenas conseguí un trabajo, me di cuenta que un novio es algo totalmente innecesario.
4. Apenas tuve un hijo y un trabajo me di cuenta que no solamente un novio era algo innecesario, sino algo totalmente hinchapelotas, casi como un marido.
5. Como ama de casa soy un desastre. Esa es la verdadera razón. Mamá, por eso estoy soltera.
2. Segundo novio: me pedía plata prestada para comprarse marihuana.
3. Apenas conseguí un trabajo, me di cuenta que un novio es algo totalmente innecesario.
4. Apenas tuve un hijo y un trabajo me di cuenta que no solamente un novio era algo innecesario, sino algo totalmente hinchapelotas, casi como un marido.
5. Como ama de casa soy un desastre. Esa es la verdadera razón. Mamá, por eso estoy soltera.
Maternidad y paternidad queer.
Las peores frases contra la paternidad gay las he escuchado decir de mujeres. Y lo que es peor, de mujeres tan open minded que aceptan la posibilidad de ser bisexuales. Y el argumento es genial, es histórico: al nene o a la nena le va a hacer falta una mamá.
Pensemos un poco ¿las mamás somos siempre buenas? ¿No conoce todo el mundo dos o tres mujeres espantosas, que no se entiende bien por qué quisieron ser madres, salvo para salir en la foto? Todo el mundo conoce mujeres así, mujeres para quienes la maternidad es una carga y no una responsabilidad. No está mal pensar así. Pero si estás segura que sos más feliz de mochilera o en París, fumando y comiendo croissants y disfrutando de la vida que en tu casa, con tus hijos, no tengas hijos. Eventualmente tendrás sobrinos, sobrinos nietos, primos, vos vas a estar chocha y tu familia se agarrará la cabeza, que le vamos a hacer. Y quizás en algún momento de tu vida quieras ser madre y tampoco está tan mal. Pero cuando quieras ser madre olvidate de la mochila, olvidate de Paris, olvidate de los viajes al exterior, olvidate de todo eso. Ser madre y padre es full time. No tenés descanso, prácticamente. Hasta los quince o dieciséis años, es full time.
El argumento contra la maternidad lésbica es un poco más compleja y un poco de razón tienen. No me mate nadie. Las mujeres tendemos a sobreproteger demasiado a nuestros hijos. Dos madres es mucho peor que dos padres: el nene o la nena sale tan consentido que no lo aguanta nadie. Un espanto de criatura, de esas que lloran si no le comprás la Barbie último modelo. Para vos, una ternura, pero obviamente nadie lo aguanta. Ahora, chicas, si quieren criar un hijo o una hija así, criénlo pero no se quejen si llega a los cuarenta y todas las parejas lo devuelven.
Pensemos un poco ¿las mamás somos siempre buenas? ¿No conoce todo el mundo dos o tres mujeres espantosas, que no se entiende bien por qué quisieron ser madres, salvo para salir en la foto? Todo el mundo conoce mujeres así, mujeres para quienes la maternidad es una carga y no una responsabilidad. No está mal pensar así. Pero si estás segura que sos más feliz de mochilera o en París, fumando y comiendo croissants y disfrutando de la vida que en tu casa, con tus hijos, no tengas hijos. Eventualmente tendrás sobrinos, sobrinos nietos, primos, vos vas a estar chocha y tu familia se agarrará la cabeza, que le vamos a hacer. Y quizás en algún momento de tu vida quieras ser madre y tampoco está tan mal. Pero cuando quieras ser madre olvidate de la mochila, olvidate de Paris, olvidate de los viajes al exterior, olvidate de todo eso. Ser madre y padre es full time. No tenés descanso, prácticamente. Hasta los quince o dieciséis años, es full time.
El argumento contra la maternidad lésbica es un poco más compleja y un poco de razón tienen. No me mate nadie. Las mujeres tendemos a sobreproteger demasiado a nuestros hijos. Dos madres es mucho peor que dos padres: el nene o la nena sale tan consentido que no lo aguanta nadie. Un espanto de criatura, de esas que lloran si no le comprás la Barbie último modelo. Para vos, una ternura, pero obviamente nadie lo aguanta. Ahora, chicas, si quieren criar un hijo o una hija así, criénlo pero no se quejen si llega a los cuarenta y todas las parejas lo devuelven.
Elisa Carrio y Cristina Fernandez
Las dos mujeres más odiadas del país, por diversas razones. El único que tuvo un punto sobre ambas, cuando compitieron en las presidenciales del 2007, fue Ernesto Tenembaunn, que dijo: hay un solo argumento que no soporto cuando me hablan de ella y es, a esa mina no me la banco. Porque esa mina no está ahí para bancársela. Esas minas (si vamos a ponernos coloquiales) son abogadas, son políticas, son cancilleres, son diputadas, son senadoras, son ministras, son presidentes. A los hombres le alcanza con ser Miguel del Sel o Carlos Reutemann para ser gobernadores. Las mujeres, para ser políticas, tienen que tener el triple de capacidad y el triple de voluntad. Si no ver los comentarios sobre Victoria Donda, que parece que lo peor que ha hecho en su vida es usar un escote y casarse con el pelado de Barcelona. Y tener un hijo y darle la teta en el Senado Un escándalo, che. Tapemos los pezones con tiritas negras. Terrible. Como se atreve a tener un hijo y llevarlo al Congreso, al lugar donde estuvieron Carlos Menem, Carlos Ruckauf, Luis Barrionuevo. Por esas razones no me dedico a la política: porque, como dijo Julio Cesar, una mujer no solo debe ser decente, sino también parecerlo.
Jorge Lanata.
No lo defiendo acá por Periodismo para Todos. Jorge Lanata es grandecito ya, cruza la calle solito y sabrá lo que hace. Lo defiendo acá por Página 12.
Pagina 12 sigue saliendo. Es, junto con La Nación, el mejor diario argentino. No tiene erratas, no tiene operaciones políticas porque sí, la mayoría de sus periodistas son además grandes escritores. Eso parece fácil, pero es difícilisimo. Ahora bien, el que tuvo las pelotas en 1987 para crearlo fue Jorge Lanata. No Horacio Verbitsky, no Miguel Bonasso, no Eduardo Galeano, no Juan Gelman, no Osvaldo Bayer no Osvaldo Soriano. Todos ellos pertenecían a la generación anterior. Fue Jorge Lanata el que dijo: vamos a crear un diario parecido a los diarios de antes. Y se la bancó durante todos los años del alfonsimismo y del menemismo. Y después siguió. En televisión. Compitiendo contra Tinelli, contra el grado de infantilización de Tinelli con notas aburridísimas de Horacio Verbitsky (porque Verbitsky es como De la Rua, pero peronista). Y después del 2001, cuando todo se fue al carajo, siguió. Creo diarios, programas de televisión. programas de radio. Es un poco pavo real, pero si yo hubiera creado Página 12 también sería una pava real. Tuvo el coraje de defender a Fernando Peña ante los dueños del canal donde trabajaba, que lo acusaban no se sabe bien de que: de ser gay, de ser rico, de ser artista, de... De gente que da discursos admonitorios sobre la vida de otros el país está lleno; ahora es más difícil que esa misma gente no se enoje con el chico de cinco años que le abre la puerta del taxi y le pide dos pesos. Por ese coraje, admiro a Jorge Lanata. Hay que tener mucho coraje para pelear con el enemigo. Se necesita el triple de coraje para pelearte con todos tus amigos.
Pagina 12 sigue saliendo. Es, junto con La Nación, el mejor diario argentino. No tiene erratas, no tiene operaciones políticas porque sí, la mayoría de sus periodistas son además grandes escritores. Eso parece fácil, pero es difícilisimo. Ahora bien, el que tuvo las pelotas en 1987 para crearlo fue Jorge Lanata. No Horacio Verbitsky, no Miguel Bonasso, no Eduardo Galeano, no Juan Gelman, no Osvaldo Bayer no Osvaldo Soriano. Todos ellos pertenecían a la generación anterior. Fue Jorge Lanata el que dijo: vamos a crear un diario parecido a los diarios de antes. Y se la bancó durante todos los años del alfonsimismo y del menemismo. Y después siguió. En televisión. Compitiendo contra Tinelli, contra el grado de infantilización de Tinelli con notas aburridísimas de Horacio Verbitsky (porque Verbitsky es como De la Rua, pero peronista). Y después del 2001, cuando todo se fue al carajo, siguió. Creo diarios, programas de televisión. programas de radio. Es un poco pavo real, pero si yo hubiera creado Página 12 también sería una pava real. Tuvo el coraje de defender a Fernando Peña ante los dueños del canal donde trabajaba, que lo acusaban no se sabe bien de que: de ser gay, de ser rico, de ser artista, de... De gente que da discursos admonitorios sobre la vida de otros el país está lleno; ahora es más difícil que esa misma gente no se enoje con el chico de cinco años que le abre la puerta del taxi y le pide dos pesos. Por ese coraje, admiro a Jorge Lanata. Hay que tener mucho coraje para pelear con el enemigo. Se necesita el triple de coraje para pelearte con todos tus amigos.
Omar Chaban.
Si algo detesto de la Argentina es el que va chache. Ese espiritu nacional que nos hace corrernos a un lado cuando se caen los edificios. Por suerte, no fuimos nosotros. Y la mayor expresion de ese que vachache es la demonizacion de Omar Chaban, una de las personas mas generosas que tuvo este pais. El gestor de Cemento, del Parakultural, apenas ocurrio lo de Cromañon fue tratado como un monstruo. El pobre tipo que se habia parado adelante de los pibes y les habia dicho: no tiren bengalas, no sean boludos, es un lugar cerrado. Se van a morir quemados. Como murieron doscientos chicos. Y despues el tuvo la culpa. No los padres, no los chicos, no los inspectores, no el grupo, no. El. El unico que habia sido sensato. Tuvo que pasar sus ultimos años en la carcel. El. Generación mas joven: aprendan. Ser joven no es maravilloso, como les quieren vender. Es terrible. Es estar desamparado y solo tenes a los de tu propia generación para defenderte. El rock no es la rebeldía: el rock es un negocio, como todo o casi todo. Las drogas no son geniales: a la larga o a la corta, y generalmente mas a la corta que a la larga, te moris. Y tus padres no lo saben todo: tus padres saben lo poco que saben y lo poco que saben lo aprendieron a los golpes, y el que tiene cuarenta, cincuenta o sesenta y cree que se las sabe todas, no se las sabe todas. Es un pelotudo de cuarenta, cincuenta o sesenta años y si fuera tu compañero de banco o de facultad te cagarías de la risa de él y le tirarías papelitos. Es ese triste muchacho al que la novia le mete los cuernos con todos los conocidos y el sigue pensando en casarse o ese estúpido que le roba la tarjeta de crédito a la mamá para comprarse jueguitos de Play. Con cincuenta años, pero la misma mentalidad. Traten de ser un poco mejores que nosotros: la única manera de que el mundo o por lo menos la Argentina o por lo menos Rosario sea un lugar mejor es que ustedes sean mejores que nosotros: que tengan menos prejuicios, que defiendan con más fuerza sus causas. Aun a costa de pelearse con sus padres y con sus abuelos. Ellos se enojarán, pero cuando ustedes tengan hijos, se lo van a agradecer. Aprovecho esta breve nota para mandarle un beso grande a Katja Alemann, que defendió a Omar Chaban ante las cámaras de televisión.
martes, 5 de julio de 2016
Responsabilidad empresarial argentina.
El año pasado fui a Costa Salguero, a la Comic Con. Hacia un calor de órdago adentro y obviamente, la mayoria estaban disfrazados. La Comic Con estuvo buena: lo vi a Theon Greyjoy, en persona, al elenco de Kriptonita (gran libro, gran película). Conseguí un poster autografiado de Gonzalo Kenny, genio absoluto. Me compré Watchmen con ahora 12. Para comer había que hacer una cola bárbara, pero igual me las ingenié. Y hacía un calor de órdago.
No tengo nada contra las fiestas electrónicas. Cada uno disfruta su fin de semana como quiere, para eso están los fines de semana. Ahora, yo pienso como madre y ahora si voy a levantar el dedo admonitorio, que hacer una fiesta electrónica en ese lugar y cerrar las canillas para vender agua y cobrar el agua carísima y encima saber que en las fiestas va a correr metaanfetaminas, es ser un criminal. No hay otra palabra para eso. Es que no te importe un carajo si se mueren o no se mueren cinco, cuatro o diez chicos. Fueron cinco solamente, pero para sus familias fueron sus hijos, sus hermanos, sus primos. Para sus amigos fueron sus amigos. Un caso similar pasó a fin de año en una quinta. Una chica murio ahogada en una casaquinta. ¿Nadie se dió cuenta? Mentira: nadie quiso darse cuenta, total, total solamente se había muerto una chica. Lo peor de todo es que para evitar la cárcel la gente que hace esas cosas se ampara en todos los subterfugios legales posibles: yo no vendía las metaanfetaminas, fué un árabe, un ruso o un colombiano. No, no vendías las metaanfetaminas, pero hiciste una fiesta electrónica en un lugar caluroso y dejaste a la gente que iba ahí sin acceso al agua, que es el derecho más básico de un ser humano. Es obvio que tu negocito no eran las metaanfetaminas, eso es para la gilada. Tu negocio es vender botellas de agua. A cien pesos la botella, cuando en cualquier kiosko se compra a veinte pesos. O sea, no seas chanta. Sos culpable de la muerte de esos cinco pibes, que podrían haber sido veinte, treinta o cuarenta, por lo que a vos te importa. Y encima la justicia dice que es homicidio culposo. ¿De en serio? ¿Si yo encierro a un gato en un horno encendido sin abrirle la puerta es gaticidio culposo? Ahí hay alevosía, hay preterintencionalidad desde donde se lo mire. Y lo peor de todo es que lo hiciste para ganar unos manguitos. Ojalá que los juicios civiles que se traguen estos giles que piensan que saben algo de derecho los dejen sin nada. Nunca hay que desearle el mal a nadie, y no les deseo la muerte: si la pobreza más absoluta.
No tengo nada contra las fiestas electrónicas. Cada uno disfruta su fin de semana como quiere, para eso están los fines de semana. Ahora, yo pienso como madre y ahora si voy a levantar el dedo admonitorio, que hacer una fiesta electrónica en ese lugar y cerrar las canillas para vender agua y cobrar el agua carísima y encima saber que en las fiestas va a correr metaanfetaminas, es ser un criminal. No hay otra palabra para eso. Es que no te importe un carajo si se mueren o no se mueren cinco, cuatro o diez chicos. Fueron cinco solamente, pero para sus familias fueron sus hijos, sus hermanos, sus primos. Para sus amigos fueron sus amigos. Un caso similar pasó a fin de año en una quinta. Una chica murio ahogada en una casaquinta. ¿Nadie se dió cuenta? Mentira: nadie quiso darse cuenta, total, total solamente se había muerto una chica. Lo peor de todo es que para evitar la cárcel la gente que hace esas cosas se ampara en todos los subterfugios legales posibles: yo no vendía las metaanfetaminas, fué un árabe, un ruso o un colombiano. No, no vendías las metaanfetaminas, pero hiciste una fiesta electrónica en un lugar caluroso y dejaste a la gente que iba ahí sin acceso al agua, que es el derecho más básico de un ser humano. Es obvio que tu negocito no eran las metaanfetaminas, eso es para la gilada. Tu negocio es vender botellas de agua. A cien pesos la botella, cuando en cualquier kiosko se compra a veinte pesos. O sea, no seas chanta. Sos culpable de la muerte de esos cinco pibes, que podrían haber sido veinte, treinta o cuarenta, por lo que a vos te importa. Y encima la justicia dice que es homicidio culposo. ¿De en serio? ¿Si yo encierro a un gato en un horno encendido sin abrirle la puerta es gaticidio culposo? Ahí hay alevosía, hay preterintencionalidad desde donde se lo mire. Y lo peor de todo es que lo hiciste para ganar unos manguitos. Ojalá que los juicios civiles que se traguen estos giles que piensan que saben algo de derecho los dejen sin nada. Nunca hay que desearle el mal a nadie, y no les deseo la muerte: si la pobreza más absoluta.
Delegada gremial en época de guerra.
Che, pedazo de hijo de puta, a mi me eligieron delegada, que te pensás. ¿No me querés atender? ¿Me cerrás la puerta? Es un aumento lo único que queremos, la guita no nos alcanza para nada, de pedo que llegamos a fin de mes. Voy a hablar con los otros de la redacción, pero todos te tienen un cagazo. ¿Que querés? Yo tengo que comprar fideos, aceite, y libros, porque mi viejo no me los presta nunca, el amarrete de miércoles. Toda la bibliotequita impecable: estoy entre comprarme el Libro de Manuel o La Patagonia Rebelde, porque me dijeron que está buena, El pelotudo de mi viejo me reta porque rompo todos los libros y los subrayo: él, todo ordenadito, todo Borges y Milcíades Peña y La Odisea, que no sé porque mierda la lee mientras explotan las bombas. Que tipo denso que me tocó de padre, che. Hasta para escribir es aburrido. Vos sos otro denso como él: abrime la puerta ya mismo o empiezo a reventarla a patadas. Te pensás que yo tiemblo ante un telegrama de despido, fucking idiot.
Bioy Casares.
Preferir a Bioy Casares antes que a Borges y a Silvina Ocampo es una jugada arriesgada: a Borges lo amparan los pergaminos, a Silvina Ocampo el feminismo mal entendido. Pero para mi siempre Bioy fue el mejor de los tres: fue el que los sobrevivió, el que cuidó de los dos, el que mejor entendió que la gloria literaria es nada o casi nada. Tuvo la generosidad de ser feliz hasta el último instante de su vida y esa generosidad se destila en sus cuentos, que se burlan de las mujeres, de las guerras perdidas de los hombres ante sus mujeres, del fin del mundo, de la aristocracia argentina, siempre tan gaucha e inglesa, de los peronistas, de los radicales, básicamente de él mismo. Desde que leí Antología de la Literatura Fantástica, siempre quise ser como él: tener ese amor por las cosas que solo despierta la verdadera lucidez, la que sabe que el verdadero egoísmo de la vida está en quienes buscan la aventura a cualquier precio, aún a costa de su propia sangre. Las mujeres podríamos reprocharle sus muchas infidelidades, pero por algo Silvina Ocampo nunca lo abandonó: además Bioy Casares amó mucho más a la mayoría de sus amantes que ellas a él, las entendió mucho más, las admiró mucho más. Todas las mujeres literarias de Bioy son épicas: desde Milena, llena de mataduras y de reproches, hasta Leda, que quizás vuelve o no vuelve en El lado de la sombra.
Filosofia y Letras.
La mayor parte de los grandes escritores de finales del siglo XX y principios de este siglo salieron de universidades. Lo cual no quiere decir que ir a la universidad te convierta en un gran escritor. Lo que natura non da, Salamanca non presta, dice el adagio español. Si alguien quiere ser escritor, si siente realmente vocación literaria, solo le daría dos consejos. El primero es que lea, que lea, que lea. Lo que le interese y lo que no le interese también. Periódicos de barrio y diarios internacionales, Cien años de Soledad y Heliconia, Boccanera y Rimbaud, Soriano y Carrére; que lea los libros que le gusten, no hay ninguno que este tan mal escrito. El segundo consejo es que se fije en los detalles diarios, en esos que le pasan desapercibidos a la mayoría: un gato que salta por un tapial, una santa rita trepando una pared, un grupo de chicos que vuelven de jugar al futbol y se hacen bromas entre ellos, una viejita arrastrando el changuito de compras. Después de cumplir esas dos tareas, se puede empezar a escribir y no se preocupen por escribir libros malos: se han publicado libros malos desde siempre y el mundo sigue girando. Es mucho peor el libro inexistente.
lunes, 4 de julio de 2016
Los noventa en primera persona.
Hablar a título personal. Después de los años noventa se mataron tres amigos míos. Tres. No uno, ni dos. Tres. Eran los tres excelentes chicos, dos eran hombres, uno era mujer. No voy a hablar de ellos, porque sería una falta de respeto, a ellos y a su familia.
La maravillosa década del noventa, la meca dorada de la clase media argentina. Primero de todo: merca, mucha merca, merca por todas partes. Casi que con un poco de ánimo se compraba un kilo de pan con un gramo de merca. Los más inocentes fumaban marihuana. Así quedaban. Desocupación: nadie conseguía trabajo, y si conseguías un trabajo eras un ídolo y tenías que trabajar en condiciones stajanovistas. Educación: las escuelas se venían abajo y los pobres docentes hacían lo que podían. Salud: no había ni una curita en los hospitales. Infraestructura, obra pública: el empresariado nacional construía edificios espantosos, donde hasta las ratas protestaban de lo malos que eran y los cobraban como si fueran la Torre Eiffel. Y después, la frutillita del postre: atentados. La Embajada de Israel, la AMIA, que para nuestra generación fueron terribles porque nos demostraron hasta que punto eran inútiles los que nos gobernaban. Hasta que punto los servicios de inteligencia estaban infiltrados, seguían infiltrados por lo peorcito de la dictadura. Hasta que punto la justicia argentina, cuando no quiere investigar, no investiga. Era patético realmete ver la gente entre los escombros, tratando de ver si había sobrevivientes y a su vez ver a los fiscales, los jueces de instrucción cajoneando todo total, ¿quién había muerto? Un montón de judíos. Y un par de personas que habían tenido la mala fortuna de pasar por allá. Eso es la justicia argentina, desgraciadamente: si Nazarena Velez llora en cámara se mueve enseguida, pero si mueren casi cien argentinos en un atentado, es una desgracia que algún día investigaremos cuando tengamos tiempo y siempre y cuando no tengamos que pagar impuesto a las Ganancias.
La maravillosa década del noventa, la meca dorada de la clase media argentina. Primero de todo: merca, mucha merca, merca por todas partes. Casi que con un poco de ánimo se compraba un kilo de pan con un gramo de merca. Los más inocentes fumaban marihuana. Así quedaban. Desocupación: nadie conseguía trabajo, y si conseguías un trabajo eras un ídolo y tenías que trabajar en condiciones stajanovistas. Educación: las escuelas se venían abajo y los pobres docentes hacían lo que podían. Salud: no había ni una curita en los hospitales. Infraestructura, obra pública: el empresariado nacional construía edificios espantosos, donde hasta las ratas protestaban de lo malos que eran y los cobraban como si fueran la Torre Eiffel. Y después, la frutillita del postre: atentados. La Embajada de Israel, la AMIA, que para nuestra generación fueron terribles porque nos demostraron hasta que punto eran inútiles los que nos gobernaban. Hasta que punto los servicios de inteligencia estaban infiltrados, seguían infiltrados por lo peorcito de la dictadura. Hasta que punto la justicia argentina, cuando no quiere investigar, no investiga. Era patético realmete ver la gente entre los escombros, tratando de ver si había sobrevivientes y a su vez ver a los fiscales, los jueces de instrucción cajoneando todo total, ¿quién había muerto? Un montón de judíos. Y un par de personas que habían tenido la mala fortuna de pasar por allá. Eso es la justicia argentina, desgraciadamente: si Nazarena Velez llora en cámara se mueve enseguida, pero si mueren casi cien argentinos en un atentado, es una desgracia que algún día investigaremos cuando tengamos tiempo y siempre y cuando no tengamos que pagar impuesto a las Ganancias.
Alan Pauls
Alan Pauls es francés. Es un pornógrafo de la vida. Su novela El Pasado es érotica sin dejar de ser nunca terrible. Es nuestro Proust, nuestro Faulkner. A la Argentina, por supuesto. Es insoportable como todos los argentinos: lo sabe todo sobre todos, cine, literatura, comida, política, obviamente sexo, bicicletas. Probablemente en Francia no lo dejan entrar fácilmente, porque los europeos son así: para ellos nosotros vamos a ser siempre los indios americanos, que solamente tienen quinientos años de historia. C' est la vie, lovely Alan.
Seamos machos y hablemos de periodismo.
Empecemos por lo básico. Robert Fisk es periodista. Va a las guerras y cuenta sobre ellas. Eso es ser periodista. Si escribís columnas de opinión en un diario, no sos periodista. Das tu opinión sobre algo. No es lo mismo, no es comparable para nada. A Robert Fisk lo pueden matar en cualquier momento, a vos no porque tu opinión - mal que te pese- es tan válida como la del almacenero de la esquina. Eso para empezar.
Para seguir, veo que en el periodismo últimamente hay un amor por los rumores que son dignos de un programa de chimentos -todo el mundo los disfruta, no seamos hipócritas. El periodismo no se basa en rumores. Se basa en hechos. Se basa en un crimen, en un ataque patotero, en una coima, en un arrebato callejero, hasta en un bache. Eso es ser periodista. Investigar algo que ya ocurrió.
Tercero, y esto es lo más importante de todo: el periodista tiene que ser el personaje más ético de todos, si quiere ser creíble. No revelar fuentes, si sus fuentes corren peligro. Jamás usar métodos de espionaje, porque son totalmente antiéticos. Jamás argumentar sobre la vida privada de las personas a las que se refiere, porque es espantoso y además porque el que responde puede decir: estás violando mi derecho a la privacidad, amparada en el artículo 14 de la Constitución Nacional. Te puedo hacer un juicio por eso y te lo gano. No solamente te lo gano, me lleno de plata. Toda la plata que tenés, toda esa guita que a vos te importa tanto para hablar boludeces sobre mí, va a ser mía. Porque vos abriste la boca y yo no. Obviamente nadie lo hace, porque la justicia argentina es kafkiana. No, yo creo que es al revés, Kafka inventó la justicia argentina. Pero si usás todos esos métodos, no sos periodista. A lo sumo, tenés una columna de opinión.
Para seguir, veo que en el periodismo últimamente hay un amor por los rumores que son dignos de un programa de chimentos -todo el mundo los disfruta, no seamos hipócritas. El periodismo no se basa en rumores. Se basa en hechos. Se basa en un crimen, en un ataque patotero, en una coima, en un arrebato callejero, hasta en un bache. Eso es ser periodista. Investigar algo que ya ocurrió.
Tercero, y esto es lo más importante de todo: el periodista tiene que ser el personaje más ético de todos, si quiere ser creíble. No revelar fuentes, si sus fuentes corren peligro. Jamás usar métodos de espionaje, porque son totalmente antiéticos. Jamás argumentar sobre la vida privada de las personas a las que se refiere, porque es espantoso y además porque el que responde puede decir: estás violando mi derecho a la privacidad, amparada en el artículo 14 de la Constitución Nacional. Te puedo hacer un juicio por eso y te lo gano. No solamente te lo gano, me lleno de plata. Toda la plata que tenés, toda esa guita que a vos te importa tanto para hablar boludeces sobre mí, va a ser mía. Porque vos abriste la boca y yo no. Obviamente nadie lo hace, porque la justicia argentina es kafkiana. No, yo creo que es al revés, Kafka inventó la justicia argentina. Pero si usás todos esos métodos, no sos periodista. A lo sumo, tenés una columna de opinión.
El mal posmoderno
No me voy a detener acá a discutir si la tortura es mala o es buena, porque es obvio que es mala, primero para el torturado pero también para el torturador. En ese siglo tan decontracté, ya no se discute eso, además: solo se discute en que casos usarla. Entonces, si vamos a ponernos posmo y a hablar sobre el sexo de los ángeles, yo voy a argumentar en contra usando como base a Umberto Eco: la tortura no sirve para sacar información porque el torturado, pasado ciertos umbrales de dolor intolerables, empieza a delirar. Ya no distingue realidad y fantasia. Empieza a contar no solamente las cosas malas que hizo, sino también las cosas malas que querría hacer si pudiera. Y después el que extrajo información de esa manera (nótese el lenguaje técnico que utilizo) tiene que seguir las pistas del delirio paranoico de un quebrado, que obviamente son delirantes. Tan delirantes como muchas de las cosas que se repiten por los medios de comunicación masivos. Y después se preguntan porque ocurren masacres como las de Columbine. Primero de todo: dos adolescentes de quince y diecisés años, la edad más niesztchiana, más oscura, con acceso a armas de repetición. Con acceso a armas de repetición, con la cual podés matar a tres personas en un segundo. Segundo: una institución educativa, la escuela, que evidentemente en EEUU está pensada más como negocio de lucro que como educación verdadera, con valores. Lo único que hace el sistema educativo norteamericano, mal que le pese a todos los norteamericanos, es cobrar la cuota. ¿Que clase de profesor de Highschool le dice a sus alumnos vos no llegarás a nada, sos un perdedor y vos, porque tenés un padre abogado, sos un triunfador? Uno pésimo. Hay que echarlo a un profesor que dice eso, porque tendrá todos los pergaminos que quiera mostrar, pero es bruto. Muy bruto. Tercero y esto no le va a gustar a nadie. El mensaje de los medios. El medio es el mensaje. Una chica hermosa como Charlize Teron es igual al J'Adore de Lancome, que cuesta unos cuantos dólares. La única manera de triunfar en la vida es siendo hermosos, ricos, inteligentes, y sobre todo, consumidores activos. De todo. Hasta de cocaína y de marihuana. Hasta de éxtasis. Negarnos a fracasar. No hay humano que aguante eso dos días. No hay ser humano al que no le duela la espalda, que no odie un poco a sus padres por haberlo traído a este mundo, que no dude sobre la existencia de Dios, que quiera a sus hijos y a la vez los deteste un poco porque por culpa de ellos ya no puede irse a París en vacaciones, como cuando era soltero. El ser humano es un error de Dios, exista o no. Y es un error de Dios porque, justamente, puede negarlo. Es el único animal que lo hace. En eso consiste la humanidad.
domingo, 3 de julio de 2016
Belleza y felicidad.
Es mucho mejor ser fea que ser linda. Es un secreto que solo sabemos algunas mujeres: la mayoría se desviven buscando ser perfectas y llega un punto que no hay dieta de la luna, ni crema anti age, ni cirujano plástico ni photoshop que alcance. ¿Por qué es mejor ser fea que ser linda? Porque dejás de preocuparte, justamente, por ser linda y empezás a preocuparte por otras cosas. A darte cuenta que tu cerebro da para más que para conseguir un tipo con plata, ver como entrás en un talle XS, ver como no te arrugás, ver como no se te caen los pechos, ver como quedás después del embarazo. A propósito, es la frase más chota que existe: quedó re bien después del embarazo. O quedó re mal después del embarazo. De cuerpo. Si tuviste un hijo o una hija, como quede tu cuerpo es lo de menos. Es lo menos importante que hay. Tuviste un hijo/a: eso es importante. Si engordás, si adelgazás, problema tuyo, que los demás no te vengan a decir nada con respecto a eso. Y si te vienen a decir algo, deciles: teneme al bebé dos horas todos los días y yo voy al gimnasio esas dos horas. Vas a ver como la mayoría salen corriendo. Porque la maternidad parece hermosa de afuera, pero es durísima por dentro. De afuera es el bebé, el nenito o la nenita bien vestido. Los que somos madres y padres sabemos que ese nenito bien vestido, adorable, es un ser al que hay que criar y en lo posible criarlo bien y en lo posible que no se enferme y en lo posible que no sufra accidentes tontos y en lo posible que en la escuela lo molesten lo menos posibles. Es difícilisimo darle todas las armas a un hijo para que pueda defenderse en un mundo tan caótico como el actual, donde parece que la vida de Kim Kardashian es más importante que los ataques de ISIS. Y además tenés que confiar en otra gente: en los maestros, en los profesores, en la psicopedagoga, en la nutricionista, en el pediatra. No hay nada más difícil que criar un hijo, en realidad. Porque nunca lo criás del todo. Porque llegan a una edad en que no es igual a vos, como era de chiquito, sino que empieza a ser igual a sus amigos y amigas. Y empieza a burlarse un poco de vos. Creo que con los años se les pasa, pero todavía no llegué a esa etapa, Ya llegará, como todo en esta vida.
Delincuencia juvenil.
Es un poco triste escribir esto y darle la razón al troesma Capussotto; los jóvenes están cada vez peor. Me preocupa mucho que los chicos que viven en las villas miserias, y que la mayoría tienen hijos chicos, se posteen en Facebook con sus armas. No por una cuestión moral. Por realismo. Ese arma, esa Beretta, ese Colt, ese Magnum que exhibís con tanta despreocupación en tu perfil, le puede causar mucho daño a tus hijos. No a vos. Vos probablemente la sabés usar. Tus hijos no. Tus hijos piensan que es un juguete, porque vos la usás como un juguete. Un día la pueden agarrar y dispararle al hermanito. Y lo matan. Y entonces ¿quién tiene la culpa? ¿El Estado, la Iglesia, la sociedad? No. Vos, porque le enseñaste a tu hijo que un arma, que tiene que usarse para casos extremos, es tu juguete favorito. Y tu hijo de seis años terminó matando a su hermanita de dos años por lo que vos le enseñaste. Y no le eches la culpa a la sociedad, porque vos elegiste ser así.
El miedo a peniques.
Lo mejor de la serie Penny Dreadful es que conjuga una época espantos en Inglaterra, la era victoriana, donde la hipocresía llegó al máximo de enjuiciar a Oscar Wilde por ser homosexual con las leyendas de terror escritas en esa época. Para apreciar en su totalidad la hipocresía de la sociedad victoriana en su conjunto hay que leer el libro The American, de Henry James: todos los aristócratas europeos que aparecen allí son monstruos del egoísmo y de la codicia, del engaño y del subterfugio. Un poco como en La Edad de la Inocencia, de Edith Warthon, que como bien dijo Socorsesse cuando la llevó al cine: es lo más violento que existe. En The American el único héroe es el americano, que no pertenece a ese mundo, y que cuando tiene la oportunidad de vengarse, elije no hacerlo, marcharse, olvidar todo eso para siempre. En la Inglaterra victoriana se conjugaban Jack el destripador, los fumaderos de opio, la mendicidad, la suciedad, los asilos. Y sin embargo, en esa Inglaterra tan decadente nace Charles Chaplin, que daría muchas de las mejores películas del siglo XX. Los únicos que veían con claridad el desastre que era esa sociedad donde los ricos gastaban miles de libras esterlinas en un baile y los pobres eran encerrados por mendigar, eran los escritores. Por eso la mayoría de las mejores obras inglesas del siglo XIX son de terror: porque el terror era la única manera de conjurar el espanto de un imperio en decadencia.
sábado, 2 de julio de 2016
Porque las reinas no deberían tener hijos ni hijas
Cuando leo la historia de Europa siempre me impresionan las reinas. Los reyes no: son como casi todos los hombres, básicos, les gusta el combate, las putas, el alcohol y el aire libre. En cambio el destino de casi todas las reinas es casi siempre tan trágico, desde Agripina que fue ahogada por su propio hijo Nerón hasta la princesa Diana que murió por ser perseguida por paparazzis, después de un divorcio aparentemente escandaloso, pero en realidad tan normal como son casi todos los divorcios. Después de muchos años yo pienso ¿era algo tan grave lo que había pasado? El príncipe Carlos estaba enamorado de otra mujer desde su juventud, pero lo casaron con Diana porque era lo mejor para la Corona. Y Diana cuando se dió cuenta de que su marido seguía enamorado de la otra mujer le dió el divorcio. Actúo bien. Actúo como una dama. Y se consiguió otro novio, porque ella tampoco estaba muerta, tenía que seguir viviendo. ¿Por qué tenían que perseguirla los paparazzi y por qué se filtraron los audios? Todos habían actuado como personas adultas: el marido, la mujer, la Reina Madre. Actuaron como personas adultas. El mismo día, justo, murió la madre Teresa. La madre Teresa que actuaba la caridad: lavaba la llagas de los enfermos, en vez de darles penicilina. Y los medios de comunicación querían hacer pasar eso como la dialéctica de la vida: murió la madre Teresa que era tan buena y murió Diana, que era una cualquiera. ¿Es una broma? ¿Por qué era una cualquiera la princesa Diana? Se había separado de su marido, porque su marido estaba enamorado de otra. No hay nada más noble que eso. Es decir: es mucho más noble apreciar al padre de tus hijos hasta el punto de dejarlo libre para que sea feliz que lavarle los pies a un leproso en vez de darle los medicamentos correspondientes. Y después dicen que somos personas normales. Es casi como cuando vas a la verdulería y la verdulera te dice: Nicolás Cabré es re mal tipo porque la dejó a Eugenia Tobal. ? Nicolas Cabré no la dejó a Eugenia Tobal, se separaron. Los dos. O cuando dicen, y esta es peor, mucho peor: la mujer de Vicentico tuvo que dejar Escenas de la vida conyugal porque se enamoró de Darín y no lo quería dañar al marido. Eso ya es ser canalla. O sea, te estás metiendo en la vida de dos parejas bien constituidas, con hijos adultos, basándote ¿en qué? ¿En tu sabiduría de chusma de barrio? Es como decía Roberto Arlt, las mujeres que viven la vida encerrada en sus casas lo saben todo de las otras vidas, menos de su propia vida. Después dicen: mis hijos no me quieren. Y, no sé, si tu hijo no te quiere, tu hijo, por algo será. Mi marido me dejó por una pendeja de veinte años: no, querida, tu marido no te dejó por una pendeja de veinte años. Tu marido te dejó. A vos. Mi hermana es una bruja, nunca viene a visitarme. Por algo será. Mis nietos son unos desagradecidos, nunca vienen a verme. No, tus nietos no te aguantan. Y encima tienen el tupé de decir que las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo son unas viejas locas. Nena, tenés sesenta años, largá en algún momento la Para Ti. Los argentinos no somos derechos y humanos. Somos buena gente, por eso este pais sobrevivió: porque la gente es buena. Porque acá estuvieron y están mucha gente que es excelente, que se la bancó, como Graciela Daleo, como Albertina Carri, como Beatriz Sarlo, como Martin Prieto, como Horacio Verbitsky, como Martin Caparrós, como Anguita, como mi viejo y como mi vieja, que cuando en mi casa no había un mango en los noventa la apechugaron. ¿De qué te quejás? ¿De qué nadie te quiere? ¿De que ni tu hija te quiere mucho? ¿Qué le dijiste a tu hija cuando era chica? ¿Que no engordara, porque si engordaba nadie la iba a querer? ¿Que tuviera cuidado con los hombres, porque solo quieren tu virginidad y después te abandonan? ¿Que salieras con hombres con auto Mercedes Benz? ¿Que jamás, pero jamás, se enamorara de su compañerita de la escuela porque iba a ser una lesbiana y eso es lo más terrible que le puede pasar a una mujer? ¿Que cuando alguien derrapa es mala persona y cuando alguien es exitoso es buena persona? Y, ese es el éxito que se obtiene en la vida cuando una sueña con ser Sissi emperatriz: cuando tenés sesenta años a tu hijo lo matan en un atentado anarquista y empieza la Gran Guerra.
viernes, 1 de julio de 2016
Mi madre es una nerd o todo sobre yo como madre.
Siempre me pregunté como me vería mi hijo como madre. Una vez le dije en broma a Leandro Arteaga, un día mi hijo va a escribir el libro: mi madre es una nerd. Y sí, entre llevarlo al fútbol o a la plazita, lo normal que hacen las madres los fines de semana, yo lo llevaba al cine: Hulk, Spiderman, La Guerra de las Galaxias, todas las de Disney, Harry Potter, la Era del Hielo, Shrek, Wolverine, los X Man. El primer regalo del día del Niño no fué un sonajero (el pobre chico tenía cuatro meses). Fue un libro. Para bebés. Ahora el chume es capaz de pedirme el libro Under the Dome o Fatherland y decirme si le pareció bueno o malo, y casi siempre tiene más razón que yo. Creo que el tiempo me dió la razón en esta crianza tan sui generis, tan sin Osho, ni Bucay, ni Coelho, ni Freud ni Lacan. Mi hijo me salió zen. Es zen: es imposible discutirle. Tiene razón en todo. Una le pregunta ¿que querés comer esta noche? ¿Pollo, pescado o ensalada? Las tres opciones me agradan, contesta. Si se cae de una escalera, no llora. Dice: me ha ocurrido un accidente. Si una chica que le gusta no le hace caso, no hace nada. Nada. No habla mal de ella, no se me queja, no me dice esa chica mala no me da pelota. Sigue siendo su amigo. O sea, ¿que se hace con un hijo así? Algo, por favor, un poco de dramatismo, de mamá te necesito, de mamá preparame una torta. No. Por eso siempre le hago caso: Ezequiel siempre tiene razón.
Albertina Carri y los rubios.
No vi toda la filmografía de Albertina Carri. Solamente vi Los Rubios, y es un documental excelente, que mecha la ficcion con la realidad. Y mi parte preferida de Los Rubios es cuando una de las amigas de su madre desaparecida le cuenta a Albertina, que apenas la conoció: tu mamá era de esas personas que se enfurecían e incluso lavando los platos nos explicaba porque tal o cual en el gobierno era un hijo de puta. Eso me llegó al corazón, porque mi vieja es así, exactamente. Me peleo con ella todo el tiempo. Me peleo con ella desde que nací. Mi vida, en realidad, lo que es mi vida es el resultado de las interminables peleas con mi madre. Pero la verdad todo lo que soy, todo lo poco o mucho que he llegado a ser se lo debo a ella, más que a mi padre, porque si por el fuera yo podría ser la mujer de Goebbels, para citar un caso extremo, y seguiría siendo la nena. Después que me hablen del complejo de Electra. Soy casi un espejo de ella y ella es casi un espejo mío y ahora, que ha empezado a envejecer me siento yo cada vez más vieja. Supongo que la vida es eso, en realidad: ver morir a los padres, quedarse huérfano para siempre. Así que le agradezco mucho Los Rubios a Carri, le mando un abrazo y un beso a su pareja y a su hijo Furio; a propósito, hermoso nombre para un varón.
Quique Pessoa
El que más me gusta de todos los periodistas radiales del país, mi verdadero héroe radial es Quique Pessoa. Tuve la fortuna de ser compañera de banco de su hija Celeste Pessoa en el Nacional 1 y era una chica encantadora, a la cual le mando un beso grande, a pesar de la distancia y los años, que no vienen solos. Me encanta Pessoa porque es coloquial sin ser desagradable: cuando algo sale mal en la trasmisión radial, en vez de quejarse, invoca al maestro Pugliese. Recuerdo en los noventa, cuando el cigarrillo de marihuana se había vuelto casi un hábito en los recitales de rock, una de las mejores amigas de Celeste nos contó que él le había hablado a ella sobre la droga, no con la voz admonitoria de No te drogues o Winners don´t use drugs, que estaba de moda en esa época, sino explicándole con serenidad que era malo para ella. La conversación exacta no la sé, porque nunca la escuché. Si escuché a la amiga de Celeste diciendo: me gustaría que mi papá fuera así. Eso se me quedó grabado. A veces, como dicen las abuelas, mejor que estar declamando y discurseando, es mejor educar con el ejemplo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)