jueves, 15 de noviembre de 2018
La construcción del enemigo y del deseo en el capitalismo
El otro día oí un editorial de Alejandro Bercovich que era muy bueno y tenía como título: pobres contra pobres, tomando como ejemplo la pelea entre los taxistas y los conductores de Uber. Pobres contra pobres es una frase que se utiliza mucho y no está muy bien utilizada. En realidad, quiero revisar un poco el concepto de pobreza, que para estadísticos y economistas es un decil o una cierta cantidad de consumo de algo. Pero el consumo en el capitalismo siempre está directamente asociado al deseo y el deseo en el capitalismo es todo. Y cuando digo todo digo todo. No hay objeto en el mundo capitalista que no sea transaccionable. No hay persona que no tenga un precio. Un precio contante y sonante, concreto, un millón de dólares, veinte millones de dólares. Vamos, cuando vemos a Bill Gates no vemos a Bill Gates: vemos sus cincuenta mil millones de dólares en varios bancos. Una persona es útil dentro del sistema capitalista siempre que sea un consumidor o un creador de objetos de consumo, y ha exacerbado en los últimos años el individualismo social. Yo no soy una persona: soy un engranaje dentro de una máquina que decide si soy importante, o no. El capitalismo tritura lentamente, no solo a los pobres, sino a la clase media y a la clase alta, porque en cada linaje el deterioro ejerce su dominio. A los cincuenta, sesenta años, cuando antes Cicerón escribía sobre la vejez, son jubilados que se pasaron toda su vida buscando cosas que no se sabía bien que eran pero las buscaron igual porque aparecían propagandas en la televisión y en Facebook sus amigos las compartían y en Instagram la posteban famosos. Ya ni siquiera existe el malestar en la cultura: es todo puro malestar en el consumo. Nunca es suficiente en el mundo capitalista, porque lo único que el capitalismo no puede soportar es la nada. Es decir, la ausencia de deseo. El enemigo en el sistema capitalista no es solamente el pobre: es el otro. El otro es algo raro: es alguien que no es uno. Y por eso es nuestro enemigo natural en este sistema, porque los deseos del otro son siempre, desde afuera, mejores que los de uno. Sus triunfos siempre son más brillantes. Su vida es más exitosa. O al menos eso intenta mostrar, so pena de que el sistema capitalista encuentre que en su engranaje hay alguien que no quiere consumir nada. Ni siquiera libros de Osho. Lo cual es puro grupo marketinero, porque, como dijo Cortázar en Rayuela ¿que vida no es trajedia? Vivir es terrible. Nacemos sabiendo que vamos a morir. La vida es esto, y si antes se intentaba superar esto mediante religión, filosofía o poniendo un almacén de ramos generales, ahí están ahora Samsung, Microsoft, Apple, Google y demás para velar nuestros sueños diurnos. Seremos ganadores o perdedores en la gran timba de las apuestas de Wall Street o no seremos nada.
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