martes, 30 de octubre de 2018
La lejana tierra.
Hay gente que piensa que la ecología es lamentarse por por pobres perros perdidos y hacer huertas orgánicas en la casa. No digo que esté mal. Digo que es una decisión personal: hay gente (mi madre está entre ellas) a quienes los perros no le agradan especialmente y de todas maneras son muy buenas personas. En los últimos días vi publicado que Bolsonaro, el presidente electo del Brasil, va a sacar todo tipo de restricciones para arrasar con la Amazonia. Es un desastre ecológico. La Amazonia, como los bosques de la India y del Africa, son los pulmones del mundo. Sin árboles, no hay vida. Cómo sin agua no hay vida. Cómo sin abejas no hay vida. Hasta las serpientes venenosas son necesarias, aunque los humanos queramos creer que no. Hay un equilibro ecológico que cuando se rompe, es casi imposible de restaurar. En realidad, los humanos estamos locos: estamos criando chanchos alimentados con soja transgénica envenenada con glifosato, pollos engordados con maíz también transgénico, verduras y frutas rociadas con veneno, y compramos en el supermercado leche y yogurt que no sabemos muy bien que tiene. Y después dicen cómo hay tanto cáncer. Básicamente, nos estamos envenenando a nosotros mismos. Se pueden hacer miles de fundaciones contra el cáncer infantil, pero si se sigue vertiendo veneno en los ríos y se lo esparce en los cultivos, los chicos, los adultos y los viejos van a seguir muriendo de cáncer. El capitalismo es esto: no le importa arrasar con la vida humana ni tampoco con la animal ni con la vegetal, con tal de vendernos algo. No seremos más felices por comer sushi, ni seremos más inteligentes por manejar un Iphone, ni seremos más creativo por ir a Harvard. El capitalismo sabe vender muy bien la ilusión de la felicidad: ser adulto es aceptar que no vamos a ser felices y vivir con eso. Resolveremos tus problemas, dice esta especie de Brave New World. No resuelve ninguno: solo crea problemas nuevos. En esta entrada quiero agradecer especialmente a Soledad Barruti, que con su libro Malcomidos y su página de Facebook plantea muy bien esta problemática: nos preocupamos tanto por nuestro auto, nuestro celular y nuestra ropa de marca que olvidamos de preocuparnos por cómo nos alimentamos. Damos por sentado que las multinacionales son bondadosas porque tienen sonrisas en el empaque. Obviamente, no es así. Ningún holding es bondadoso, quiere maximixar su ganancia. El sistema capitalista es terrible porque es impersonal; no es una persona, ni siquiera un grupo de personas. Hay que luchar y luchar de en serio para que no se sigan cortando árboles, ni destruyendo ecosistemas ni vertiendo veneno en el agua y en la comida que bebemos y comemos todos los días. Y dejar de creer en la propaganda de los diarios. sobre todo con respecto a la comida y a la salud: la propaganda sostiene a los diarios, no al revés.
Jurar y perjurar
Generalmente la visión de la mayoría de los hombres y mujeres acerca de Dios es cómoda: si creo en Dios, me salvaré. En la mayoría de las religiones está el cómodo rezo y la cómoda ofrenda. El Dios de la mayor parte de las personas (salvo honrosas excepciones) es algo así como un cuñado que tiene un puesto alto en el gobierno; nos burlamos de él en las reuniones familiares, cuando no está, pero cuando lo necesitamos realmente lo llamamos por teléfono para que nos consiga un crédito hipotecario o una changuita para un sobrino. Soy atea, por lo tanto no creo en la existencia de Dios, pero me interesan demasiado las cuestiones teológicas para no avisarle a los desprevenidos que, si Dios realmente existe, en realidad nuestra existencia no es demasiado importante para él. El universo es infinito y está en constante expansión. Si Dios existe, para él nosotros somos cómo una célula minúscula, algo que vive un ínfimo instante, cumple su función y luego desaparece. Te lo juro por Dios es una de las frases preferidas de los mentirosos; si Dios existe ese perjurio no importa, porque Dios sabe que están mintiendo. Juro que no volveré a hacerlo, dicen muchos arrepentidos; si Dios existe, en general, se ríe del arrepentimiento, porque sabe que lo volverá a hacer. Dios te va a castigar, imaginan muchos que pueden maldecir a otros, Dios no castiga, porque es Dios. Si no castigó a los nazis cuando gasearon a los judíos en Auschwitz, no castiga a nadie. Dios es el responsable del universo, pero no es responsable de los hombres que supuestamente creen en él. Lo del libre albeldrío, el decidir cada uno su propio destino, es desgraciadamente cierto; cada uno cava, de alguna manera, su propia tumba. Cada persona es su propio cielo y su propio infierno, y a la hora de la muerte irá al lugar que haya elegido ir durante toda su vida. Si una persona eligió siempre ser mala persona, probablemente en vida ya no haya muchas personas que la quieran, que se alejarán de ella, que la rechazarán. Y los que se quedarán con esa persona será por obligación, pero esperando que la carga pesada de soportar a una persona malvada en su vida termine pronto. Y morirá solo; en realidad todos morimos solos, pero esa morirá más sola que nadie, porque durante toda su vida imaginó que la maldad, de alguna manera, le retribuiría algo. Y que jurando por Dios, rezando y pagando para construir una catedral o una sinagoga o una mezquita alcanzaría. Si Dios existe, los sacrificios en dinero o en arrepentimiento o en rezos no son importantes. Si Dios no existe, como yo creo fervientemente desde hace muchos años, son una mascarada. Una forma de creer que se podrá dormir tranquilo de noche después de haber delatado, asesinado o robado a alguien. Mucha gente se ilusiona, a veces, también, después de conque si no pueden salvarse pueden venderle el alma el diablo. Lamento decírselos; no pueden vendersela. Ya no tienen alma. Hay cierta clase de personas que ni siquiera Lucifer, que es siempre neutral, ni siquiera acepta en el infierno.
lunes, 29 de octubre de 2018
Un aire de familia. 21 parte
Cuando Samuel salió al aire y a la luz de París, incluso bajo la lluvia, se sintió perdido. Pero no tan perdido cómo lo había estado en los meses anteriores. Algo en las palabras de Hertz había despertado algo que él creía perdido: un cierto ánimo combativo, que por cierto nunca había tenido. "Si soy capaz" pensó "de golpear a un nazi o ex nazi, soy capaz de volver con Hannah y con Judith. Y quizás defenderlas". Se tomó un café en uno bar mientras barruntaba, con un coraje para si mismo desconocido, las posibilidades de unirse a Hoffmann, de pasar de ajedrecista a judío que luchaba contra el nazismo, de inclusive empuñar un arma en el peor (o mejor, no sabía aún) de los casos.
Lo sacaron de esas ensoñaciones revolucionarias los gritos de unos hombres. Distribuían panfletos entre las mesas del café. Loa panfletos decían claramente: Muerte a los judíos comunistas. Muerte al sionismo. Muerte a los extranjeros infiltrados en Francia. Samuel tomó uno de los panfletos que se había caído al piso. Estaba muy mal escrito, pero decía claramente que los judíos sionistas, los comunistas y los extranjeros estaban socavando la hermosa Francia, patria entre las patrias, país de Napoleón y de Descartes, y lo estaban llevando a la ruina. Hagamos como Alemania o como España, decía al final, donde hombres valientes están volviendo a plantar las banderas que quieren cambiar estos monstruos humanos. Después de leerlo, casi sonrió: ese panfleto antijudío casi lo había convencido a él.
Si me quedo aquí, en eso tiene razón Hertz, seré solo un mártir, pensó. Y ni siquiera un mártir famoso.
Esa noche no jugó al ajedrez. En el café que más frecuentaba cenó una boullabaise, bastante mal hecha (le hacía recordar al guefilte fish de una de sus cuñadas, que vivía en un pueblo costero). Mientras tomaba un café, que apenas olía a café y era probablemente solo agua, un muchacho se le acercó. Tenía un sombrero ladeado, una flor en la solapa y los ojoz azules. Era absurdamente joven.
- ¿Usted es Samuel, verdad?- le preguntó en un francés impecable.
- Si- respondió Samuel.
- Mucho gusto, mi nombre es Eduardo Larramburu. Soy argentino. De Argentina. Me gustaría jugar ajedrez con usted.
- Esta noche no. No estoy de humor.
- Oh, entiendo- respondió el muchacho.- Pasa que me aburro mucho aquí.
- ¿Le resulta aburrido Paris?
- Oh, si- dijo Eduardo- Quiero volver a Argentina, donde están padre y madre y mis amigos. Mis padres me enviaron aquí para que absorbiera la cultura europea. Pero inevitablemente me aburro. Mi sueño es ser escritor, en realidad. Padre quiere que me dedique a la política. madre insiste con la medicina. Algunos de mis amigos son escritores y, aunque usted no lo crea, son buena gente.
Esa frase hizo reir a Samuel por primera vez en meses. El muchacho lo miró algo espantado.
.- No te asustes, me río porque uno de mis mejores amigos era o es poeta. Y también es un buen hombre.
- Entonces usted me entiende.
- Yo nunca he querido ser escritor- dijo Samuel- Y no entiendo del todo a los poetas.
- Oh, yo tampoco. He ido varias veces a la casa de los Ocampo, donde van muchos poetas y escritores. Son gente rara. Pero quiero escribir y si no, jugar al ajedrez, como usted. Vuelvo a Buenos Aires en un par de semanas.
- ¿A Buenos Aires? ¿Vives ahí?
- Claro- dijo Eduardo.- Es una ciudad hermosa. Mucho más linda que París.
Lo sacaron de esas ensoñaciones revolucionarias los gritos de unos hombres. Distribuían panfletos entre las mesas del café. Loa panfletos decían claramente: Muerte a los judíos comunistas. Muerte al sionismo. Muerte a los extranjeros infiltrados en Francia. Samuel tomó uno de los panfletos que se había caído al piso. Estaba muy mal escrito, pero decía claramente que los judíos sionistas, los comunistas y los extranjeros estaban socavando la hermosa Francia, patria entre las patrias, país de Napoleón y de Descartes, y lo estaban llevando a la ruina. Hagamos como Alemania o como España, decía al final, donde hombres valientes están volviendo a plantar las banderas que quieren cambiar estos monstruos humanos. Después de leerlo, casi sonrió: ese panfleto antijudío casi lo había convencido a él.
Si me quedo aquí, en eso tiene razón Hertz, seré solo un mártir, pensó. Y ni siquiera un mártir famoso.
Esa noche no jugó al ajedrez. En el café que más frecuentaba cenó una boullabaise, bastante mal hecha (le hacía recordar al guefilte fish de una de sus cuñadas, que vivía en un pueblo costero). Mientras tomaba un café, que apenas olía a café y era probablemente solo agua, un muchacho se le acercó. Tenía un sombrero ladeado, una flor en la solapa y los ojoz azules. Era absurdamente joven.
- ¿Usted es Samuel, verdad?- le preguntó en un francés impecable.
- Si- respondió Samuel.
- Mucho gusto, mi nombre es Eduardo Larramburu. Soy argentino. De Argentina. Me gustaría jugar ajedrez con usted.
- Esta noche no. No estoy de humor.
- Oh, entiendo- respondió el muchacho.- Pasa que me aburro mucho aquí.
- ¿Le resulta aburrido Paris?
- Oh, si- dijo Eduardo- Quiero volver a Argentina, donde están padre y madre y mis amigos. Mis padres me enviaron aquí para que absorbiera la cultura europea. Pero inevitablemente me aburro. Mi sueño es ser escritor, en realidad. Padre quiere que me dedique a la política. madre insiste con la medicina. Algunos de mis amigos son escritores y, aunque usted no lo crea, son buena gente.
Esa frase hizo reir a Samuel por primera vez en meses. El muchacho lo miró algo espantado.
.- No te asustes, me río porque uno de mis mejores amigos era o es poeta. Y también es un buen hombre.
- Entonces usted me entiende.
- Yo nunca he querido ser escritor- dijo Samuel- Y no entiendo del todo a los poetas.
- Oh, yo tampoco. He ido varias veces a la casa de los Ocampo, donde van muchos poetas y escritores. Son gente rara. Pero quiero escribir y si no, jugar al ajedrez, como usted. Vuelvo a Buenos Aires en un par de semanas.
- ¿A Buenos Aires? ¿Vives ahí?
- Claro- dijo Eduardo.- Es una ciudad hermosa. Mucho más linda que París.
Silent Hill
Las casas embrujadas son una tradición dentro de la literatura de terror: desde la de Hansel y Gretel, pasando por las mansiones de Poe y Lovecraft, y llegando al hotel de El Resplandor, todas ellas representan el mal en una casa. La serie de Netflix sobre Silent Hill, basada en la novela de Shirley Jackson es excelente: no sólo está grandiosamente actuada (están allí Timotty Hutton y Carla Gugino, pero los otros actores, más jóvenes y con menos experiencia, están también impecables, especialmente la que hace la hermana menor, Ness, el disparador de la tragedia en la actualidad). Quizás lo mejor de la adaptación sea cómo se sobrevive a una tragedia familiar, más allá del elemento fantástico: la mayor parte de las películas de terror termina o con el triunfo del terror o con algunos pocos que escapan y sobreviven. Esta adaptación hace algo interesante: muestra cómo se adapta la gente que sobrevivió al terror a esa memoria. Algunos no pueden, otros lo niegan, otros intentan ese mito norteamericano tan de moda que es el Superalo, que suena muy fácil decir pero que en realidad olvida que la memoria es un arma de doble filo. Los fantasmas, la culpa y el miedo, se dice en un momento magistral en Silent Hill, nos atan por más paredes que construyamos, por más guantes que usemos al momento de tocar a los muertos y a los vivos.
domingo, 28 de octubre de 2018
El arte de narrar en radio
Leo hoy en un reportaje radial a Hector Larrea, que sabe más por viejo que por diablo, que se ha perdido en gran parte el arte de narrar en radio. Es desgraciadamente cierto. La mayor parte de los periodistas radiales buscan el cross en la mandíbula, olvidando que para lograr el cross en la mandíbula hace falta noventa y nueve por ciento de transpiración. Es terrible que un comunicador social sea inculto, peor aún es que se jacte de su falta de cultura y piense que el oyente quiere escuchar cosas simples, como por ejemplo "Acá lo que hace falta es mano dura" o "Baradel es un gordo vago". La mayor parte de los periodistas radiales de hoy en día y también los televisivos no interpelan al oyente; lo dan por sentado. Hay muy honrosas excepciones como Lalo Mir, Hector Larrea, Victor Hugo Morales, Eduardo Aliverti, Alejandro Dolina, Reynaldo Sietecase; el resto es pura espuma radial y televisiva. La noticia de que en Santiago del Estero quemaron vivo a un campesino aparece convenientemente diluida detrás de alguna barbaridad que dijo Elisa Carrió o que twitteo Victoria Donda. O sea, el twitter y el facebook antes que un hombre asesinado. Los medios periodísticos que realmente se la juegan (La Garganta Poderosa, por ejemplo, gran ejemplo de que con nada de guita podés hacer muy buen periodismo) son ninguneados por Mitre, Vorterix, Mega, Radio con Vos, Latina, etc, etc. Cómo dijo una persona muy inteligentemente el año pasado, si no tienen nada que decir, si van a seguir reproduciendo lo que dicen los medios hegemónicos como loros barranqueros, pasen música. Es mucho más subversiva y mucho más inteligente una canción de Seru Girán y más actual, que esa cosa de estar repitiendo noticias de los diarios sin ningún tipo de reflexión y descontextualizando absolutamente lo que pasa. La mass media, que es gigantesca, tira data todo el tiempo, pero esa data se disuelve en el aire a los tres días. Carrió se pelea con Macri, Carrió se amiga con Macri, Macri se lleva bien con Christine Lagarde, Christine Lagarde dice que los viejos viven demasiado y son un problema (ella es vieja también, quizás también sea un problema). Es espuma de lavarropas. Lo que está ocurriendo en nuestro país y en el resto de los países de Latinoamérica es demasiado grave cómo para que la gente que se dice periodista no lo plantee como algo que puede llevarnos a la catástrofe. El crecimiento del neofascismo y del neonazismo en Europa es el espejo donde no debemos mirarnos: Europa hace décadas que es un corpus académico, económico, político, cultural que se empecina en negar y destruir al diferente. Le tienen horror a los "bárbaros": sus palacios y sus universidades están construidas con sangre, huesos y oro extraído a esos "bárbaros". Convenientemente lo olvidan. Ahora el miedo es el senegalés, el turco, el libanés, el peruano, el venenzolano. Y lo hacen, y esto es lo de temer, con justificaciones de posmodernidad y posverdad. Lamento decirles que Marx murió, pero no murió la lucha de clases: esta mas viva que nunca, en cada fabrica cerrada, en cada campesino muerto, en cada escuela rural que se cierra, en cada chico que no recibe su asignacion familiar, en cada hospital que desmantelan.
sábado, 27 de octubre de 2018
Spike Lee
Me encanta el cine de Spike Lee, porque es político en el mejor sentido de la palabra. El problema de la lectura que hacen los críticos de sus películas es que se encandilan con el tono de piel del director y se les escapa algo que está a la vista: Spike Lee generalmente tiene razón. En Jungle Fever lo aparentemente escandaloso era la relación entre una mujer blanca y un hombre negro. Eran los 90 ya y eso no era ningún escándalo ya. La matriz de Jungle Fever es el hombre devorado por el crack, esa droga que destruye a una persona saludable en menos de dos años. La tragedia de Jungle Fever es esa; el hombre termina siendo asesinado por su padre. Y la visión que se sigue teniendo de los africanos es esa: como son de piel negra, son una raza peligrosa y primitiva. Tendrían que explicarnos los apologistas de la piel blanca porque Hitler era blanco o porque Charles Manson era blanco. En Norteamérica o acá o en Brasil, cuando un asesino es de piel negra es un monstruo a causa de su "raza"; cuando el asesino es de piel blanca es un monstruo a pesar de su "raza". Lo cual no solo es una barbarie sino que además es falso: la gente que realmente se dedica a estudiar el comportamiento de los asesinos en serie sabe que, generalmente, son hombres y de raza caucásica. Son aparentemente personas comunes, que parecen vecinos normales: no desentonan en ningún lado. Por eso me gusta Spike Lee: pone en juego nuestro propio concepto de "normalidad". Un país que acepta que el crack, el Oxicodon y la heroína destruya a las personas que viven allí, es cualquier cosa, menos un país normal. Los centros de rehabilitación parecen geniales, es cierto, pero en principio en un país normal la gente no necesitaría drogarse para vivir. Un país que jerarquiza a las personas en base a su color de piel no es un país normal, no es una democracia: es cierto que puede haber leyes que lo impiden, pero sutilmente los medios masivos de comunicación y muchos políticos aprovechan el odio que subyace en muchas personas para que parezca normal que veamos a las personas diferentes como enemigos y no como iguales.
La asignacion universal por hijo
Es muy cómodo decirse apolítico. Es la postura política preferida de muchos argentinos: yo, a los políticos esos no los paso, y mirá Alfonsín y mirá Menem y mirá el Congreso. La Yegua de Cristina y los K y Macri Gato, y los zurditos esos en trapo rojo. Yo, argentino. Pero que no me toquen el dólar, ni la casita de countrie o la casita en Ramos Mejía, y que el chico que me lava el autito me lo lave bien por veinte pesos y que a la mucama ni se le ocurra quedarse embarazada porque la despido, quién se cree que es, yo no voy a mantener vagos. Lamento decirles que no son apolíticos: son cómodos. Así nos va como nos va. Elegimos malos gobiernos basados en campañas políticas paupérrimas, basadas más en el odio a las otras personas que en el bien común. Un desastre. Después, cuando no hay trabajo y crecen los robos a mano armada, los secuestros, el narcotráfico y los asesinatos nos quejamos de la imseguridad. Si vos cuando votaste pensaste votando en vos mismo, no te quejés. La idea de la democracia es la idea de un estado fuerte, no un Gran Hermano, sino un estado fuerte donde la justicia, el congreso, los ministerios y el poder ejecutivo funcionen. Y funcionen correctamente: que los jueces sean imparciales y capacitados, que los diputados y los senadores presenten buenos proyectos de ley, que se discuta correctamente, que los ministros sepan de cada tema y de que el presidente haga, en lo posible, un buen mandato.
Un ejemplo claro de esta desidia a la hora de ser ciudadano es la estigmatización que se hace sobre las personas que cobran la asignación universal por hijo. Es una medida política excelente: es una medida que garantiza el futuro de nuestro país, en gran parte. Obviamente, tiene que estar acompañada de un gran gasto en educación y en salud, que, mal que les pese a muchos foristas de Twitter y de Facebook, son en lo que más tiene que gastar el estado, si queremos algún día ser algo más que un país tercermundista (porque Argentina, por más abuelos españoles, alemanes, rusos e ingleses que tengamos y por más que el champagne francés esté re barato, es un país tercermundista). Una medida que asegura que la gente más pobre tenga asegurado un plato de comida, y que los obliga a vacunar a sus hijos y a enviarlos a las escuelas. Así se garantiza que un país salga adelante. No digo que toda la gente pobre sea buena: hay gente pobre buena y hay gente pobre mala, como hay gente rica buena y hay gente rica mala. Pero a los chicos, de los que tanto nos llenamos la boca para defenderlos cuando son los nuestros y a los que volvemos invisibles cuando son pobres, hay que protegerlos. Vacunarlos y escolarizarlos es un paso gigantesco. Y tienen que estar vacunados, con todas las vacunas necesarias, para que no se mueran de enfermedades evitables, y tienen que ir a la escuela, porque así el día de mañana irán a la secundaria y así puedan llegar a ser médicos cardiólogos o técnicos electricistas, no pibes chorros que matan a tus hijos por un celular Samsung. Y tienen que comer todos los días, buena comida, no restos o sobras de Mc Donalds. Si no, volvamos a la época de las cavernas; eso sí, querido argentino apolítico: desprendete de tu celular Samsung, de tu cocina a gas, de tu heladera, de tu título secundario o universitario, de tu cartera de cuero y de tu ropa de marca, porque todas esas son gracias a la civilización. Y la base de la civilización es la política, que a vos aparentemente te molesta tanto.
Un ejemplo claro de esta desidia a la hora de ser ciudadano es la estigmatización que se hace sobre las personas que cobran la asignación universal por hijo. Es una medida política excelente: es una medida que garantiza el futuro de nuestro país, en gran parte. Obviamente, tiene que estar acompañada de un gran gasto en educación y en salud, que, mal que les pese a muchos foristas de Twitter y de Facebook, son en lo que más tiene que gastar el estado, si queremos algún día ser algo más que un país tercermundista (porque Argentina, por más abuelos españoles, alemanes, rusos e ingleses que tengamos y por más que el champagne francés esté re barato, es un país tercermundista). Una medida que asegura que la gente más pobre tenga asegurado un plato de comida, y que los obliga a vacunar a sus hijos y a enviarlos a las escuelas. Así se garantiza que un país salga adelante. No digo que toda la gente pobre sea buena: hay gente pobre buena y hay gente pobre mala, como hay gente rica buena y hay gente rica mala. Pero a los chicos, de los que tanto nos llenamos la boca para defenderlos cuando son los nuestros y a los que volvemos invisibles cuando son pobres, hay que protegerlos. Vacunarlos y escolarizarlos es un paso gigantesco. Y tienen que estar vacunados, con todas las vacunas necesarias, para que no se mueran de enfermedades evitables, y tienen que ir a la escuela, porque así el día de mañana irán a la secundaria y así puedan llegar a ser médicos cardiólogos o técnicos electricistas, no pibes chorros que matan a tus hijos por un celular Samsung. Y tienen que comer todos los días, buena comida, no restos o sobras de Mc Donalds. Si no, volvamos a la época de las cavernas; eso sí, querido argentino apolítico: desprendete de tu celular Samsung, de tu cocina a gas, de tu heladera, de tu título secundario o universitario, de tu cartera de cuero y de tu ropa de marca, porque todas esas son gracias a la civilización. Y la base de la civilización es la política, que a vos aparentemente te molesta tanto.
viernes, 26 de octubre de 2018
Niñas muertas
Hemos asistidos en las últimas dos semanas al espectáculo televisado de dos niñas muertas. No entiendo, en principio, porque los medios exhiben fotos de ellas. Son menores de edad, y aunque estén muertas, siguen siendo menores de edad. Pero quizá esto tenga que ver con la idealización de la infancia y de la adolescencia que se hace permanentemente en la televisión, en la radio, en las redes sociales y en los medios gráficos. Insistimos en hablar de los niños como si realmente pudiéramos hablar por los niños; insistimos en hablar de los adolescentes como si nosotros pudiéramos hablar por ellos. Esa idealización de la infancia y de la adolescencia nos está llevando a la catástrofe. Si somos realmente adultos sabemos que ser niño es, básicamente, terrible y que ser adolescente también. Ser niño es depender de tus padres y si tus padres son gente que se guía básicamente por el principio del placer ¿cómo puede ese niño crecer? Si tu padre es una persona que abandona un trabajo tras otro porque ninguno es lo suficiente bueno ¿cómo el hijo no va a hacer un capricho en una juguetería por un Max Steel de 2000 pesos? Si tu madre es una persona que participa en un grupo de Wasapp de madres de la escuela para burlarse de otras madres y de la maestra ¿cómo se pretende que el hijo quiera aprender a leer y a hacer cuentas? Hemos abandonado totalmente el rol materno y paterno en estos días; nuestros hijos están ahí, son cosas que crecen, les compramos los celulares más caros para que no nos molesten, les damos dinero a mansalva los fines de semana para que "la pasen bien", si terminan la secundaria bien y si no, que se le va a hacer. Y después cuando aparece un adolescente o una adolescente muerta, un niño o una niña muerta hacemos un escándalo. Este mundo, decimos. Esta sociedad, decimos. La sociedad somos nosotros. Los padres de esos chicos que mueren no se sabe muy bien por qué somos nosotros. Nuestros hijos no son monitos que nos agradan mientras juegan pero a los que después, cuando crecen y empiezan a cuestionarnos, dejamos de criar porque con estos chicos no se puede, porque mirá la junta que tienen, porque mirá la música que escuchan. Si tenés hijos, tenés que criarlos y criarlos bien. Tratar de no exponerlos tanto en las redes sociales, donde hay mucho loco suelto. Mandarlos a la escuela, y escuchar lo que dice la maestra, que lo observa desde afuera, y ve cosas que uno no ve. Intentar que sean respetuosos, que en lo posible no sean violentos, que nunca naturalizen las cosas peligrosas, como la droga, la prostitución, el robo. El problema es que a nosotros nos cuesta mucho no naturalizar la droga, la prostitución, el robo. Cuando uno escucha la frase "A los putos hay que matarlos a todos", o "A los de la Cámpora hay que matarlos a todos, yo inevitablemente pienso: ¿Y esta gente tiene hijos? ¿Qué tipo de educación le puede dar? Ninguna, obviamente, porque para una persona que piensa así un hijo no es un hijo: es un clon. Muchas veces he visto padres y madres que usan la humillación y la negación para criar a sus hijos. A un hijo no se lo humilla nunca y jamás se lo niega: si no lo querés, si después de haberlo tenido te diste cuenta de que en realidad lo que querías era una mascota, comprate un perrito caniche y dejá a tu hijo en algún orfanato. Que lo críe el estado, del que seguramente te vas a quejar. Por lo menos, estarás impidiendo que el día de mañana tu hijo o hija sean una mala persona.
Una adolescencia traumatizada.
Fui una niña y una adolescente muy traumatizada. Mis padres no se separaron. Mientras yo veía que otros niños y niñas tenían un padre por un lado y una madre por el otro, y la madre los cuidaba mientras les hablaba mal del padre y el padre los sacaba los fines de semana y les compraba juguetes y los llevaba a comer hamburguesas, en mi casa no. Yo siempre quise ser hija de padres separados: escuchar a mi padre quejarse de mi madre en algún bar al lado del Laguito, escuchar a mi madre protestar sobre el padre de sus hijos en mi casa, como corresponde. Y que las reuniones navideñas fueran por separado. Pero no. No me dieron el gusto. Se peleaban en mi casa y había que tomar partido. Diálogo típico en mi infancia:
- Papá, dice mamá que sos un amarrete.
- Hija, decile a tu mamá- mi mamá estaba al lado- que yo tengo dos trabajos y le doy todo lo que gano para la comida-
- Hija, decile a tu padre que yo también trabajo. Y además vengo acá y los cuido a ustedes. Y el mira todo el día la televisión.
- Decile a tu mamá que ya me tiene podrido.
- Decile a tu papá que podría ayudar un poco en casa, no.
- Decile a tu mamá que se deje de joder.
Una infancia y una adolescencia así. Años, años, años. Mis compañeras de facultad me hablaban mal del padre que las había abandonado en la infancia porque se habían ido con una mujer más joven. Yo las miraba con un poco de envidia. No saben lo que es tener a tu papá y a tu mamá en casa, los dos juntitos, quejándose uno del otro, tenía ganas de decirles. Lo del matrimonio para toda la vida es una farsa, tenía ganas de decirle. No se casen nunca, intentaba decirles a algunas que querían casarse: el matrimonio no solo implica un marido e hijos (un montòn), sino una suegra, cuñados, concuñados, tíos postizos y un montón de agregados. Si de casualidad uno se lleva bien con uno y a sus hijos los quiere porque son los hijos ¿porque agregar un montón de familiares extra a los que probablemente les guste la empanada de mondongo, Maluma y encima por ahí escuchen a Baby Etchecopar? Lo peor de todo es que mi madre y mi tía se emperraban con el tema del casamiento o aunque sea del novio. ¿Para que quiero un novio? tenía ganas de decirles. ¿Para después andarme quejando de que se sabe completa la formación de Boca o de que llenan de barro el piso del comedor? Para eso me conseguía un perro: son cuquis, dóciles y están siempre contentos cuando una llega a casa. Y si una los reta, no se ofenden: te miran con carita de pobrecito yo, que anduve abandonado y con sarnita hasta que me rescataste. Por eso, sé que el mejor estado civil de un persona es: felizmente separado o separada.
- Papá, dice mamá que sos un amarrete.
- Hija, decile a tu mamá- mi mamá estaba al lado- que yo tengo dos trabajos y le doy todo lo que gano para la comida-
- Hija, decile a tu padre que yo también trabajo. Y además vengo acá y los cuido a ustedes. Y el mira todo el día la televisión.
- Decile a tu mamá que ya me tiene podrido.
- Decile a tu papá que podría ayudar un poco en casa, no.
- Decile a tu mamá que se deje de joder.
Una infancia y una adolescencia así. Años, años, años. Mis compañeras de facultad me hablaban mal del padre que las había abandonado en la infancia porque se habían ido con una mujer más joven. Yo las miraba con un poco de envidia. No saben lo que es tener a tu papá y a tu mamá en casa, los dos juntitos, quejándose uno del otro, tenía ganas de decirles. Lo del matrimonio para toda la vida es una farsa, tenía ganas de decirle. No se casen nunca, intentaba decirles a algunas que querían casarse: el matrimonio no solo implica un marido e hijos (un montòn), sino una suegra, cuñados, concuñados, tíos postizos y un montón de agregados. Si de casualidad uno se lleva bien con uno y a sus hijos los quiere porque son los hijos ¿porque agregar un montón de familiares extra a los que probablemente les guste la empanada de mondongo, Maluma y encima por ahí escuchen a Baby Etchecopar? Lo peor de todo es que mi madre y mi tía se emperraban con el tema del casamiento o aunque sea del novio. ¿Para que quiero un novio? tenía ganas de decirles. ¿Para después andarme quejando de que se sabe completa la formación de Boca o de que llenan de barro el piso del comedor? Para eso me conseguía un perro: son cuquis, dóciles y están siempre contentos cuando una llega a casa. Y si una los reta, no se ofenden: te miran con carita de pobrecito yo, que anduve abandonado y con sarnita hasta que me rescataste. Por eso, sé que el mejor estado civil de un persona es: felizmente separado o separada.
jueves, 25 de octubre de 2018
El presupuesto nacional 2019
Los seres humanos tendemos a creer ciegamente en la palabra escrita; creemos en los contratos comerciales, creemos en las leyes civiles, creemos en los planes de estudio de las carreras. Y, es cierto, la palabra escrita supuestamente garantiza que algo pase, pero después viene la dura realidad. Es muy lindo leer en un programa de estudios, por ejemplo, de Literatura Argentina II, que uno va a aprender todo o casi todo sobre la literatura argentina del siglo XX, pero después hay que leerse a los teóricos y críticos, a Noe Jitrik y a Adolfo Prieto y a las discusiones entre Cesar Aira y Ricardo Piglia y afuera el día está soleado. La verdad, da más para tomarse unos mates en la terraza. Lo mismo pasa con los presupuestos nacionales: son una carta de buenas intenciones en general, o, cómo el de este año, una carta de ajustarse el bolsillo al mango. Lástima que se murió Alvaro Alsogaray, sino podríamos ponerlo en la tele a decirnos hay que pasar la primavera, el verano, el otoño, el invierno y de vuelta en la primavera estaremos comiendo restos de pan duro porque los argentinos somos malos y derrochones y nos gusta el vino y el choripán. Lo que quiero decir es que un presupuesto nunca es una cosa real y concreta; como un programa de estudios nunca es una cosa tan real y tan concreta. Si uno quiere saber realmente de la literatura argentina del siglo XX y del siglo XXI puede leer los libros que le gustan en la terraza de su casa, tomando mates. Hasta puede saber también de la literatura europea y china con ese método tan poco académico. Hay que pensar dos cosas con respecto al presupuesto: primero que nada, el año que viene hay elecciones, lo que no es menor; después, que la economía, que es la base de cualquier presupuesto, es una de las ciencias humanas más complicadas de la historia universal. Hay gente que vive en lugares remotos del trueque, todavía; hay gente en mi ciudad que ante la falta de trabajo y de dinero ha vuelto al trueque, cocinan tortas fritas o hacen souvenires y los cambian por ropa para sus hijos. Entonces, un presupuesto, aún el más generoso, aún el más restrictivo, es básicamente una carta de buenas intenciones que inevitablemente se topa con la realidad y la realidad es siempre muy compleja: mucho más compleja que el programa de Literatura Argentina II, por cierto. Entonces, dejemos de hacer tremendismo: que el presupuesto se vote y, si sale aprobado no digamos que Argentina se va a hundir en el pozo de las desgracias humanas. Es un presupuesto solamente; algo que quizás pueda aplicarse y quizás no, y además, con las elecciones del año que viene, quizás cambie la propuesta política del ejecutivo argentino. Es claro que lo que nos gobiernan tienen como horizonte económico el neoliberalismo de la escuela de Chicago; lo que francamente me preocupa es que no sean tan liberales con las libertades civiles de las personas, con su derecho a opinar distinto a otros, a manifestarse, a tener una identidad sexual o de género distinta o a las mujeres a unirse como un colectivo y pedir Ni una menos, y decir que eso es feminazismo. Las posturas ultraconservadoras de mucha gente de este gobierno ante la gente que reclama ser respetada por pensar y actuar diferente me parece gravísimo; porque si uno es liberal en economía, tiene que serlo también en su casa, en la calle y respetar a los otros. Sino el liberalismo es puro verso.
miércoles, 24 de octubre de 2018
La casa al final
Al final de la calle Rueda, casi llegando a Convención, hay una casa que desde hace mucho tiempo está ahí. Me contaba mi abuela que ella iba allí de chica a visitar a una de las comadres de su padre; su padre, según las fotos, era serio, viejo y con algo de cacique. Mi abuela de chica era muy bonita; una belleza criolla, bastante gordita y de pelo renegrido y largo. Creo que más de un muchacho de el barrio debe haber alzado su sombrero cuando ella pasaba, pero mi abuela era de las que no usaban pintura de uñas ni andaban con muchachos desconocidos. Además, empezó a trabajar de mucama a los trece años, así que su juventud fue breve. Me contaba mi abuela que atrás de la casa había una huerta y un gallinero, y atrás de todo un pozo. En esa época la gente tenía muchos hijos y los hijos andaban por todas partes e iban a las casas de los vecinos y la manera que tenía la madre de recolectarlos era el famoso aullido maternal: "Pedro, Juan, Horacio, vengan acá enseguida porque si no lo reviento a sopapos" (si la madre era española el aullido era con acento gallego). Debo decir que he oído ese aullido muchas veces en mi infancia proferido por diversas madres y realmente es de temer, así que Pedro, Juan y Horacio volvían a su casa tranquilitos y transpirados y se tomaban la sopa y se iban a la cama. Así que mi abuela jugaba con sus hermanos más chicos y con los hijos de la comadre de su padre y se contaban historias. La historia preferida era la del pozo. En el pozo, decía uno de los chicos, moraba un monstruo que se llevaba a los niños desobedientes. El pozo devoraba huesitos de niños, de niños pequeñitos. Nadie se creía del todo la historia (ya no eran tan chicos) pero por las dudas nadie se quedaba solo al lado del pozo cuando oscurecía. Había algo tenebroso allí y ninguno de ellos podía explicarlo. Después mi abuela empezó a trabajar de mucama y se hizo adulta y tuvo hijos y olvidó el pozo y el miedo, porque ser adulto es olvidarse de tener miedo.
Hasta que un día, por casualidad, mientras hablaba con su hermana menor (que no había conocido el pozo ni la casa al final) le contó la historia. Y su hermana, que era maestra, el orgullo de la familia y devoradora de novelas policiales le dijo "¿Rueda y Convención? pero ¿no sabes lo que pasó? Hace como diez años, salió en todos los diarios" Y ahí, estoy casi segura, mi abuela resopló, porque su hermana sería muy maestra pero no sabía lo que era criar dos chicos prácticamente sola, como si a ella le quedar tiempo para leer los diarios. "No, no sé lo que pasó" le dijo "Cuando construyeron una casa ahí cerca tuvieron que remover el terreno del pozo. Y encontraron huesos. Huesos humanos. Y era un vecino, prácticamente un linyera, al que todos lo tenían por una persona buena y callada, el Gumbi le decían porque le gustaba comer caramelos Gumbi. El había matado a los chicos y los había tirado al pozo. Creo que se ahorcó en la carcel". "No sabía" dijo mi abuela. "Que desastre". Y se quedó pensando y esto me lo contó a mi sola, muchos años atrás, porque en el momento la marca de caramelos Gumbi le había sonado, pero había pasado tanto tiempo, ¿no?, quién se iba a acordar de la marca de caramelos pero cuando ya era vieja se acordaba de que había sido chica y entonces una tarde me contó la historia. "Creo que una vez lo vi a ese Gumbi" me dijo "yo estaba en la casa de la comadre de mi padre y lo ví. Era muy fofo y raro y se asomaba al pozo. Y en un momento dado levantó la vista y me miró. Creo que me miró o si no me miró miraba otra cosa. Que al final, que cosa, lo que decíamos de chicos era verdad: ese pozo de la casa al final de la calle Rueda guardaba algo oscuro".
Hasta que un día, por casualidad, mientras hablaba con su hermana menor (que no había conocido el pozo ni la casa al final) le contó la historia. Y su hermana, que era maestra, el orgullo de la familia y devoradora de novelas policiales le dijo "¿Rueda y Convención? pero ¿no sabes lo que pasó? Hace como diez años, salió en todos los diarios" Y ahí, estoy casi segura, mi abuela resopló, porque su hermana sería muy maestra pero no sabía lo que era criar dos chicos prácticamente sola, como si a ella le quedar tiempo para leer los diarios. "No, no sé lo que pasó" le dijo "Cuando construyeron una casa ahí cerca tuvieron que remover el terreno del pozo. Y encontraron huesos. Huesos humanos. Y era un vecino, prácticamente un linyera, al que todos lo tenían por una persona buena y callada, el Gumbi le decían porque le gustaba comer caramelos Gumbi. El había matado a los chicos y los había tirado al pozo. Creo que se ahorcó en la carcel". "No sabía" dijo mi abuela. "Que desastre". Y se quedó pensando y esto me lo contó a mi sola, muchos años atrás, porque en el momento la marca de caramelos Gumbi le había sonado, pero había pasado tanto tiempo, ¿no?, quién se iba a acordar de la marca de caramelos pero cuando ya era vieja se acordaba de que había sido chica y entonces una tarde me contó la historia. "Creo que una vez lo vi a ese Gumbi" me dijo "yo estaba en la casa de la comadre de mi padre y lo ví. Era muy fofo y raro y se asomaba al pozo. Y en un momento dado levantó la vista y me miró. Creo que me miró o si no me miró miraba otra cosa. Que al final, que cosa, lo que decíamos de chicos era verdad: ese pozo de la casa al final de la calle Rueda guardaba algo oscuro".
Carolina Fal
Actuó en una de las películas emblemáticas de los 90, "El caso Maria Soledad" y hacía una villana genial en "La Banda del Golden Rocket". Después no la ví mucho más en televisión ni en cine, pero me sigue pareciendo una de las mejores actrices argentinas. Recuerdo que discutí con mis compañeros de 3° año de secundario a causa de ella; a mí me parecía muy linda, ellos me decían que era horrible. Yo, indudablemente, tenía razón: Carolina Fal era y sigue siendo muy linda, pero su personaje en "La Banda del Golden Rocket" era tan malo que mis compañeros de curso estaban convencidos de que era un monstruo. Eso es ser una buena actriz: poder ser Medea o Marilyn Monroe o Viola. Es una lástima que no haya más ficción nacional en la televisión abierta y que lo único que se plantee como espectáculo audiovisual para el público más mayor (el que por cuestiones tecnológicas no puede acceder a Netflix ni a Untref) sean repetitivos programas de panelistas y envasados de otros países (sin contar que muchas veces esos programas de panelistas traspasan totalmente los límites de lo que se puede hablar en los horarios de protección al menor). En Argentina tenemos grandes actores, grandes directores y grandes guionistas; no es tan caro hacer buena ficción hoy en día y la buena ficción se vende a otros países. Los canales de aire parecen desesperados por el rating: hoy en día el rating ya no existe. Peter Capusotto y Hola, soy Germán, son buena prueba de ello. Dentro de diez años los canales de aire, si siguen así, van a tener que cerrar, porque la generación que se crió con el televisor y la radio y el diario cómo última verdad revelada va a desaparecer. Nosotros fuimos bastante escépticos; nuestros hijos directamente ni los oyen. Para ellos parte de su mundo es virtual, y en ese mundo virtual saben diferenciar al adulto que les dice cualquier barbaridad con tono de mono sabio y al que, por lo menos, para un poco la oreja y escucha lo que están diciendo. Realmente, dejemos de decir "Los jóvenes de hoy en día" cómo en la canción de Les Luthiers, sonamos patéticos. No son como nosotros, eso es definitivamente cierto, pero ninguno de nosotros erámos ejemplares a esa edad y muchos no lo seguimos siendo ahora.
martes, 23 de octubre de 2018
Una batalla perdida.
Le decían Filipin porque era pequeño y delgado y escurridizo. A veces era lustrabotas, a veces ladrón; lo que viniera, decía su hermano, que era ladrón declarado ya y orgulloso de su oficio de carterista. A él no le gustaba andar en el centro, donde la gente generalmente lo trataba mal, si lo veía, porque la especialidad de Filipin era ser invisible. En la casa de su mamá (que había muerto) había tenido una gallina tuerta a la que amaba especialmente. Ahora estaría muerta, pensaba, los vecinos la habrían hecho puchero. El único que lo cuidaba era su hermano y el viejo andalus del bar donde a veces iba a lustrar zapatos. Era un orgullo para el lustrar zapatos. Robar le gustaba también pero ya no tanto, porque tenía miedo de que lo atraparan. Ese día había andado todo el día por el centro y estaba cansado, pero algo de plata había hecho. Se compró un alfajor en un quiosco, el quiosquero casi no le había querido vender y lo había echado, pero el le mostró que tenía toda la plata y se lo vendió igual. Se comió el alfajor en el tren y llegó a su casa en la villa; no estaba tan mal construida, su hermano había puesto unos mangos y aunque faltaba el baño y parte de un techo se podía vivir. La mujer de su hermano, que era gorda y rezongona pero en el fondo buena, estaba preparando mate cocido con azúcar y tortas fritas para merendar. ¿Hiciste algo hoy? le preguntó, y él le mostró los billetes arrugados. En la televisión hablaban de un combate. "¿Es una película de guerra?" le preguntó a su tía, y ella le dijo no, no, parece que hay un lío en Monte Chingolo, ya sabés, esos guerrilleros de mierda. El se quedó mirando la televisión, los estruendos y los tiros. Su tía le dió una torta frita y una taza de mate cocido. "No nos alcanza la plata para nada" dijo y él se arrepintió de no haberle robado a esa señora que tenía una cartera muy fina y que olía a perfume, pero que lo había mirado como desde arriba y se había quejado al viejo andalus de que ese chico estuviera en el bar con su equipaje de lustrabotas, si a esa hora no había nadie con botas ni con zapatos para lustrar. El andalus solamente la había mirado, sin contestarle. La señora se había ido, un poco ofendida y con aire de que nunca más piso este antro. "Seguro que debe ser cornuda" le dijo por lo bajo el andalus a él mientras ella se iba y el se rió un buen rato. Ahora en la televisión hablaban de otras cosas y cómo su tía parecía muy preocupada por los precios de las cosas, pensó que era una buena historia para contarle. A su tía también le pareció muy divertida y se puso a ver la novela con él; dentro de un rato, le dijo, empiezo a picar las cebollas para el guiso.
Educación sexual integral
No entiendo porque hay padres y madres que se oponen a que a sus hijos les enseñen Educación Sexual Integral. Para mí fué un alivio. No hay momento más incómodo en la vida de una madre que cuando tiene que explicarle algo de sexo a un hijo, sobre todo porque tu pobre hijo te mira con una cara de espanto peor que si le estuvieras contando una de terror. Una intenta seguir los consejos de psicólogos y psicopedagogos, pero en realidad el pobre chico está un poco espantado y una también quiere salir corriendo. Todos los conflictos freudianos del Edipo aparecen ahí, así que después de dos o tres intentos lo que una termina eligiendo que le expliquen los profesores del secundario, por favor, que para eso le pagan el sueldo y una generosamente le compra los preservativos e intenta no preguntarle demasiado acerca de sus amigas, con la esperanza de algún día tener nietos. Esto es ser una madre moderna: nene, por favor, salí con el saquito y el preservativo.
Conor Oberest
El mejor poeta en inglés que ha dado el rock en muchos, muchos años (por lo menos desde los sesenta) es un muchachito delgado y tímido, de ojos brillantes como el nombre de su banda y que se llama Conor Oberest. Hace rato que no escuchaba canciones tan realmente hermosas, en el verdadero sentido de la palabra, como "First Day of My Life" o "We are Nowhere and It´s Now". Defender la belleza de la poesía ante el embate de los wasapp que aullan, de los anuncios de Google o de Cheetos, de los autos que chirrían y de los hombres y mujeres que buscan vanamente triunfar en oficinas vacías. Ser feliz, dice Oberest, es un poco tener suerte y ser libre. Y a veces admitir que vamos a perder. Bueno, si vamos a perder, al menos no perdamos la poesía y la música. Gracias, Conor Oberest.
Bolsa de Jose Pedroni
Dicen que el hombre es malo.
Te digo que no es cierto.
He dado la vuelta al mundo.
Esta es mi bolsa y la vuelco.
Aquí está la cadena
de los marcados a fuego,
la lámpara que quedó encendida
en la frente del minero,
el látigo del castigador de esclavos,
el hacha ensangrentada de Euno. (1)Pero también las alas
que hizo para sí mismo Dédalo, (2)y las de mariposa,
con que mandó su hijo al cielo.
También el yunque que derrama estrellas
de Vulcano, el feo; (3)
el bastón de Moisés,
liberador de pueblos;
la flauta del pastor
debajo del cedro.
Me alejé seis mil años
por el borde del tiempo.
Estuve en las canteras del Nilo, (4)
y más allá, con Prometeo. (5)
Ven a mirar el tallo de cicuta
con que nos trajo el fuego.
Llegué hasta la mujer que con una espina y otra espina
peinaba su pelo;
hasta el hombre que para enamorarla
labraba un ala, el remo.
El espejo de Eva
lo hizo Adán, su compañero;
de obsidiana lo hizo, (6)y vio que era bueno,
porque Eva le sonreía
a la otra Eva del espejo.
Aquí lo traigo con la aguja
de pasar los inviernos,
con el dedal de las esperas,
sombrerito del dedo.
En la casa del artesano
estuve un día entero.
Vi girar la tierra
en su rueda de alfarero.
La rueda hacía cántaros para samaritanas, (7)
ánforas bailarinas de largo cuello.
Este es el vaso
que dio de beber al sediento.
Entré a la tienda de Anaximandro. (8)
Lo hallé de cera y sin sueño.
Había hecho el Gnomon para indagar la sombra. (9)
Estaba trazando el mapa de los marineros.
Se decía a sí mismo:
“La tierra es el centro del universo”.
Teodoro de Samos (10)
estaba bronceado y sediento.
Tenía el sol en su casa.
Me dijo: “Lo estoy fundiendo.
Lo fundo para el hombre.
Estoy contento”.
La llave, la escuadra, la regla, el nivel,
brillaban en el suelo.
El nivel de Teodoro
tenía su lágrima adentro.
Era oscura pero luminosa
la cueva de Cleanto, jornalero. (11)
había en ella un banquito de tres patas,
uno sólo, me acuerdo.
Aquí lo traigo con su cubo de agua,
que está vacío pero lleno.
Para volver a nuestros días
di un salto en el tiempo
_se me llenaban los brazos
de panes buenos_,
desde las Tablas de la Ley (12)a las tres sillas del acuerdo, (13)
cuando el enemigo del hombre
se hundía en su infierno;
desde la aguja de marear (14)
que descubría un mundo nuevo,
a la escudilla de madame Curie, (15)
vacía y con lucero;
desde la cruz al casco blanco
de Schweitzer, enfermero, (16)
y a las gafas de alambre
de Gandhi el sereno, (17)
y a las botas con tierra de Juan XXIII (18)
cuando era sargento,
y al cartel de Russel sentado en la calle ((19)
con la palabra quiero.
De vidrio verde
era el tintero de Sarmiento. (20)
También lo traigo aquí.
Me lo dio de recuerdo.
lunes, 22 de octubre de 2018
Vacas sagradas
Voy a ser muy dura con monstruos sagrados argentinos: Juan Gelman, Rodolfo Walsh, Paco Urondo, Haroldo Conti, Julio Cortázar, Horacio González. Son buenos o grandes escritores argentinos, pero la canonización de Walsh, de Paco Urondo y de Haroldo Conti como mártires por haber sido desaparecidos o masacrados durante la dictadura militar es una de las estupideces mas grandes de nuestro canon literario. Todos ellos (todos ellos) eran adultos en el momento en que Montoneros, ERP, las Far, las Fal, los Tacuara y etc. empezaron a poner bombas en supermercados, asesinar soldados para conseguir armas y secuestrar empresarios para financiar a la guerrilla. Se entusiasmaron con la juventud, se enamoraron de la juventud; les pareció maravilloso algo que inevitablemente terminó llevando a nuestro país al desastre. No se dieron cuenta nunca de que esa juventud era en su mayoría pura clase media espumosa, que se dedicaba a la guerrilla como podía dedicarse al opio o a pintar cuadros surrealistas. Lo de Rodolfo Walsh siempre me pareció lo peor de todo; escribió primero de todo Operación Masacre, un buen libro de investigación. Después siguió con El caso Stanovsky, con Quién mató a Rosendo. Perdón que me meta con una de las vacas sagradas de Argentina; pero las conclusiones en mucho de esos libros parece ser que los políticos y sindicalistas que no actúan sino bajo una idea policial de la política son burocráticos y tibios y traidores. Una barbaridad desde todo punto de vista. Y los niños de clase media entusiasmados y enamorados del Che Guevara, tomaron las armas para no quedar out, ¿vistes? Y mataron a Aramburu, y después mataron a Rucci e inventaron una consigna tan hermosa como "Cinco por uno no quedará ninguno". Y después obviamente andaban con el revolver en la cintura y la pastilla de cianuro en el bolsillo ¿quién les iba a dar refugio? La consigna "Bajar a las bases, proletarizarse" es de lumpen de clase media, de nene que va a la Facultad de Filosofía y Letras y está en el PO y nunca en su vida pisó una villa miseria, y obviamente piensa que todos los que allí viven son santos porque son pobres. Se vio muy claro en el debate sobre el aborto legal: las chicas de clase media defendiendo su derecho a abortar con misoprostol como si fuera una especie de épica feminista -en realidad no usaste profiláctico o te olvidaste de tomar la pastilla anticonceptiva o te falló el DIU- y la gente que realmente vive en las villas diciendo "Mirá, yo no quiero que mi hija quede embarazada a los dieciséis como yo y vaya a un hospital a abortar, por más gratis que sea. Quiero que mi hija sea una persona como esa chica de clase media, que termine el secundario, que vaya a la universidad, que se reciba y que si quiere tener hijos lo haga porque quiere, no porque quedó embarazada a los diecisés, porque yo sé que eso significa que va a tener que sacrificar su futuro porque eso me pasó a mí." Ni Paco Urondo, ni Juan Gelman, ni Haroldo Conti, que aparentemente eran grandes humanistas, hicieron nada para parar a esa juventud delirante y totalitaria. La glorificaron, la siguieron. Sus hijos eran héroes que caían. ¿Que tipo de padre quiere que su hijo se muera? Propusieron el suicidio de una generación como una gesta heroica, y me voy a detener especialmente en Walsh porque siempre me pareció el peor de todos: su glorificación del suicidio generoso de su hija es una canallada. Si mi hijo se suicida yo me voy a sentir una porquería de persona. Inevitablemente. María Victoria Walsh no se suicidó porque era una persona buena y generosa; se suicidó porque no quería vivir, no quería aceptar la derrota, no quería aceptar que Montoneros desde el principio fué un capricho de chicos de la Acción Católica, no un partido político real. Porque cuando volvió Perón, con el que tanto insistían, quisieron seguir jugando a la toma del palacio de Invierno. Una bestialidad. Y lo peor de todo es que nadie (nadie) los paró. Nadie dijo, chicos, miren, dejénse de joder, vayanse a tomar una cerveza a un bar, estudien algo, sean médicos o dediquense al budismo, ya Perón volvió, con Isabelita y Lopez Rega, sí, pero bueno, algo es algo. En un par de años el viejo se muere y volvemos a votar. Ya está. No. La maravillosa juventud de los años 70 era maravillosa porque era maravillosa. Así les fue. Terminaron muertos o desaparecidos o exiliados. Y cuando volvieron del exilio (los que volvieron del exilio) quisieron explicarles a los que se habían quedado que eran gente excelente y que los militares eran malísimos. Y que todos los que se habían quedado en el pais durante la dictadura eran traidores a la gran causa revolucionaria y cómplices de los milicos. De vuelta eran tibios. Tendrían que haberse dejado de joder ahí. Desaparecieron probablemente 30000 personas, el país fué un desastre, estuvo la guerra de Malvinas, cayó el gobierno y vos volvés de Mexico o de Suecia, donde segurito no la pasaste tan mal y ¿sos un mártir revolucionario? Te hubiera quedado acá, de última, te hubiera proletarizado de en serio, te hubieras buscado un trabajito en un super o en una metalúrgica. Pero no. Yo sufrí mucho la dictadura en Suecia y escribo un libro testimonial de mis gloriosos años 70. Y en los 90 viene Menem y viste el Turco que hijo de puta, anda con todas las minas, no sabe hablar, que vergüenza pero bien que lo votamos porque Brasil está barato. Y después votamos a De La Rua y nos burlamos de él porque es medio lento para hablar y ¿sabés qué? somos unos vivos bárbaros. Le pedimos plata al FMI por centicuagésima vez en treinta años. Y se vota la reforma laboral y no se sabe bien cómo se vota, pero se vota igual, pero vos sabés bien cómo es este país, acá al que se duerme lo velan. Y en un momento dado el FMI no nos presta más guita y no hay con qué pagar los sueldos, y hay que confiscar los ahorros en dólares atesorados. Uy, que lío ¿no? Que malos que son los políticos y los economistas. Y ahí explota todo, muere gente en Plaza de Mayo y en mi ciudad, pero después de dos o tres meses lo único que importa es si nos van a devolver los dólares o no. Que dilema moral. Parece que no nos devuelven los dólares. Entonces no sabemos si volver a votar al Turco (que lindo, volver a Brasil barato) o votarlo a un tal Kirchner que no lo conoce nadie. Y por default termina ganando Kirchner, con el cuál estamos bien un rato pero jode mucho con eso de los derechos humanos y después votamos a Cristina Fernández pero bien que nos reímos de ella cuando en Showmatch la imitan (by the way, lo único que el mejor imitador de Showmatch puede imitar de Cristina son las extensiones y la forma de hablar; Cristina diciendole al billete de $500 "yaguarete mimoso" es mucha mejor humorista que Tinelli) y después como jode mucho con eso de Futbol para Todos y las netbooks para todos los alumnos del secundario lo votamos a Macri porque es de Boca y hace chistes de fútbol. Y ahora por ahí lo votamos a Tinelli o sino por ahí a Mario Pergolini; la diferencia sería exactamente que con Tinelli tendríamos de ministras a Florencia Peña y a Pampita y con Mario Pergolini a la Negra Vernaci y a Eduardo de la Puente. O sea, gente que no tiene la más mínima idea de política; que se guía por la cara de la persona, que nunca jamás en su vida militó, ni abrió un libro de economía, ni de filosofía política, y que en el fondo lo que le interesa es que su quintita esté bien cuidada. Todo bien, todo bien con todo el mundo, pero que no me aumenten el dólar porque no puedo traer a Myke Tyson o no puedo hacer el festival de Lollapalloza. Y acá no estoy hablando contra Marcelo Tinelli ni contra Mario Pergolini: pero la insistencia argentina en entronizar a Marcelo Tinelli, cuyo mayor mérito es hacer que dos mujeres se agarren de las mechas en cámara, o a Mario Pergolini, que después de treinta y cinco años en la radio sigue teniendo la peor dicción del inglés de la historia argentina e insiste en decir que odia a los franceses porque no entiende el frances (me imagino que en Francia deben estar considerando cambiar el idioma nacional) es una muestra de lo paupérrimo que es nuestro pensamiento político. Tenemos que empezar a pensarnos como país, no como nenitos rebeldes que son del PO y escuchan Los Redondos porque el papito y la mamita (que todavía te pasan plata los fines de semana) son unos burgueses que viven en una casa de dos plantas y yo quiero ser diferente a ellos. Si tenés más de dieciocho años, ya no sos más un adolescente. Ya votás. Ya podés ir preso si robás o matás a alguien. Estudiá algo, trabajá en algo, hace algo de tu vida. El dolar va a seguir subiendo.
La mala literatura
Voy a decir algo que va a ofender a literatos, literatas, poetas, poetisas, críticos de literatura y etc; la mayor parte de la producción literaria de nuestros días no le llega a los talones a una canción de Andres Calamaro. Se busca publicar, no escribir; se busca ganar premios, no escribir versos. Se busca la beca Guggenheim, no contar una historia. Para eso no escriban, directamente. Estudien marketing o analisis de sistemas, ganarán más plata y serán felices, se casarán con alguna buena chica o chico, quizás tengan hijos o sea... una vida común. No estoy diciendo con esto que los escritores sean personas excepcionales, digo que escribir es algo excepcional. Algo que se hace por pasión, no para conseguir un premio Nébula o Pulitzer. La academia literaria actual es rigurosísima en su canon; pero los escritores siempre escribieron contra la academia, no aceptando su canon. Los libros actuales, muchos, parecen escritor por personas que quieren escandalizar en su temática (a esta altura imposible, las fotos privadas de las celebrities se filtran en Internet) o en su forma. Lo de la forma es complejo. En realidad cuanto mejor es la literatura, más fácil se lee. Triste realidad para mucha gente que ha leído a Borges y a Córtazar y se empecinan en escribir como un nene de tres años. Hay escritores que son densos y difíciles de leer y son muy buenos, pero son la excepción. La verdad es que hay muchos autores que se enamoran de Saer o de Piglia y escriben unos emboles terribles protagonizados por un tipo que es escritor que reflexiona sobre la crisis epistemológica del sistema capitalista actual y conversa con sus compañeros de café sobre eso y se queja de que su mamá no le planchó la camisa y de que la novia lo dejó por uno que estudia arquitectura. O sea, seguro que ese libro lo va a terminar leyendo solamente la mamá del autor y por ahí la exnovia, que al leerlo va a confirmar que terminó dejando a un tipo insoportable y que por lo menos el actual la aburre hablándole de arcos góticos. Esa cosa de decir, pasa que yo soy escritor, pasa que yo soy poeta, pasa que a mí no me comprenden... La idea de ser escritor o poeta es que te comprendan, sino estudiá filosofía y empezá a hablarles a tus amigos de Parménides y de Heidegger. El gran tema de la literatura actual es que la gran literatura está más en la música y en el cine y en la televión, que en la literatura. ¿Para qué escribimos libros? Nadie se murió por no escribir un libro. La gente se muere todos los días en la calle por diversas razones, menos por no haber escrito un libro. Hay mucha gente analfabeta en el mundo, que jamás ha tocado un libro en su vida, y sigue viviendo su vida. Si no hay algún tipo de riesgo en nuestra escritura, algún tipo de latido, de corazón de milonga, nuestros poemas, nuestros cuentos y nuestras novelas serán inevitablemente saldos olvidados después de tres años. No digo que no haya que escribir ni que no haya que publicar. Digo que hay que poner en conflicto esa actividad, porque es un verbo, y no un verbo contemplativo.
domingo, 21 de octubre de 2018
Libertad y libertinaje.
Cada vez que alguien dice en la televisión o escribe en el diario "Hay que diferenciar entre la libertad y el libertinaje" yo me llevo la mano al bolsillo derecho, donde por suerte no tengo un arma sino probablemente un chicle Beldent. Y lo mastico. El concepto de libertad es abstracto y el del libertinaje también. Hace más de un siglo atrás Oscar Wilde era un libertino; hoy sería un escritor más. Hace doscientos treinta años atrás Maria Antonieta era libertina; hoy saldría en la tapa de la revista Hola. La idea del libertinaje está íntimamente asociada a la moralina barata, no a la ética. Una guerra, si uno lo piensa bien, cualquier guerra, es un ataque a la libertad de otras personas a seguir viviendo. Porque (oh, este es el gran problema) son gente peligrosa. A veces viven en países alejados, pero son gente peligrosa. A veces viven en nuestra ciudad (en este caso la guerra es civil) pero son gente peligrosa. Todos los seres humanos somos potencialmente peligrosos; pero, la realidad, es que alguien sea realmente un asesino a sangre fría, un psicópata, un sociópata es una en un millón. No digo que sea imposible; digo que es altamente improbable. No es lo mismo. Si una persona decide obrar mal, obrará mal. Matará a alguien, mentirá para ocultar su crimen, quizás lo descubran, quizás no. Es probable que vuelva a matar si no lo descubren. Pero eso no es lo usual. Lo usual es que la gente intente protegerse, en su familia, en su trabajo, hasta en la calle con gente que no conoce. Somos humanos porque damos por sentado que los padres protegen a los hijos, los policías previenen los delitos, los jueces son justos siempre, los hombres no les pegan a las mujeres, los nietos cuidan a sus abuelos cuando ellos envejecen; cuando este pacto se rompe, como pasa a veces en la sociedad posmoderna, todo se resquebraja. Pongo por ejemplo a gente que en Facebook se ha burlado de un político kirchnerista porque es tartamudo (debo agregar que ese político se salvó por casualidad en la infancia de ser masacrado junto con su madre); eso es ser un miserable y además un miserable con mucho tiempo a tu favor. Debo decir, para mostrarme imparcial, que lo mismo sentí cuando atacaron desde el kirchnerismo a Angela Torres por cantar en un acto oficial de la ciudad de Buenos Aires usando un pañuelo verde. Eso es chicana barata, no es discusión política. Angela Torres es una adolescente que está empezando a cantar porque toda su familia es de artistas; meterse con ella es vegonzante, sobre todo si sos un adulto. Es como sacarle un chupetin a un chico de tres años, algo que hace un bravucón, no un adulto. Si sos kirchnerista o sos del PRO o sos radical, felicitaciones; ahora, estudiá, lee, formate, lee varios diarios a la mañana. Dejá de hacer chistes malos en Twitter.
Da vergüenza ajena ver que muchas veces la gente de veinte, veinticinco años es más madura y más solidaria que nosotros, tiene menos prejuicios y se preocupa más por el país. Si, juegan juegos on line que no entendemos, miran animé y sus idolos son You Tubers, pero la tienen más clara. Así que no sé muy bien de que nos burlamos ¿de que ellos son los adultos y nosotros (a los cuarenta o cincuenta) queremos seguir siendo adolescentes? A la secundaria ya no vamos a volver, por más que nos esforcemos.
Da vergüenza ajena ver que muchas veces la gente de veinte, veinticinco años es más madura y más solidaria que nosotros, tiene menos prejuicios y se preocupa más por el país. Si, juegan juegos on line que no entendemos, miran animé y sus idolos son You Tubers, pero la tienen más clara. Así que no sé muy bien de que nos burlamos ¿de que ellos son los adultos y nosotros (a los cuarenta o cincuenta) queremos seguir siendo adolescentes? A la secundaria ya no vamos a volver, por más que nos esforcemos.
El horizonte electoral argentino.
Bien observa hoy José Pablo Feinmann que hay que ver que dice Elisa Carrió: siempre invoca a Dios. Lo cuál es una postura muy cómoda: si Dios existe, y le habla, ella debe proclamar su palabra y obrar en consecuencia. Es una Juana de Arco del siglo XXI (un poco más vieja, eso sí y sin ingleses ni franceses peleándose en la Guerra de los Cien Años). La ventaja de invocar a Dios en cada frase es que él no puede contestarle, obviamente. Es Dios, está muy ocupado sosteniendo el Universo, si cada vez que invocaran su nombre en vano hubiera castigado a alguien ya la Tierra no existiría. Así que le creo a la doctora Carrió: por ahí Dios le habla, pasa que le dice cosas muy contradictorias.
El peor de los males en la política argentina es el catastrofismo; esa tendencia de los diarios (no solo de los grandes medios hegemónicos) a pensar que por una elección se cae el mundo. Y digo no sólo los medios hegemónicos: he visto a mucha gente de izquierda en mi adolescencia y juventud diciendo que sí gana tal o cual se van del país. Y me parece bien, si uno tiene dinero para irse a otro lado, está bien. Pero hay mucha gente que no puede irse del país si gana un mal gobierno. Ahora, cuando esa proclama de si gana tal o cual me voy del país dicha por gente que tiene mucho dinero y cuyo pensamiento es decididamente de derecha, me parece una absoluta falta de respeto. En nuestro país, y en muchos países, cuando vino una dictadura hubo gente de mucho dinero que perdió todo y tuvo que irse con lo puesto a lavar platos a Francia o a México, para que no la mataran. Y hubo gente que no se pudo ir y la mataron. Entonces, sentarse en la comodidad de tus millones a decir con voz de mártir que si gana tal o cuál me voy a Miami a gastar dólares porque acá no se puede vivr es una falta de respeto a la gente que se exilió, y cuando pudo volver se sintió muy mal por haberse exiliado, y a la gente que murió porque no pudo escaparse de la dictadura. Si no te gusta el resultado electoral presidencial del 2019, estás en todo tu derecho de irte a vivir a Miami. Ahora, no hagas de esto una especie de sacrificio personal heroico, porque lo que estás haciendo es irte a vivir a Miami porque tenés departamentos y plata allá y las playas son lindas y los shoppings son bárbaros. Por ahí el partido o la alianza que gana el año que viene no haba un gran gobierno; quizás sea solamente bueno, quizás sea más o menos. ¿Y qué? Los argentinos hemos sobrevivido a doscientos años de malos gobiernos, con breves iterregnos como el peronismo, Illía, Alfonsín, algunos momentos del kirchnerismo. No nos vamos a morir porque gane Macri de vuelta. No caigamos en la trampa de los grandes titulares de los diarios, que anuncian el Apocalipsis de una manera que le hubiera dado vergüenza al mismísimo Juan el Apostol. La verdad es que la democracia es esto; vota todo el pueblo, y gana el que saca más votos. Si el año que viene gana Macri o Maria Eugenia Vidal o Larreta, por ahí a mi no me guste demasiado. Pero tampoco me gustó cuando lo votaron a Menem en 1995, y a muchos no les gustó, y fué catastrófico para el país, pero acá estamos. La democracia es mucho más frágil de lo que uno piensa; defendámosla, sobre todo las personas de izquierda. La derecha siempre va a intentar ser golpista. No le demos el gusto. Tengamos mejores argumentos que ellos, y seamos más éticos que ellos. Es la única manera de impedir que el neo fascismo liberal triunfe en nuestra región.
El peor de los males en la política argentina es el catastrofismo; esa tendencia de los diarios (no solo de los grandes medios hegemónicos) a pensar que por una elección se cae el mundo. Y digo no sólo los medios hegemónicos: he visto a mucha gente de izquierda en mi adolescencia y juventud diciendo que sí gana tal o cual se van del país. Y me parece bien, si uno tiene dinero para irse a otro lado, está bien. Pero hay mucha gente que no puede irse del país si gana un mal gobierno. Ahora, cuando esa proclama de si gana tal o cual me voy del país dicha por gente que tiene mucho dinero y cuyo pensamiento es decididamente de derecha, me parece una absoluta falta de respeto. En nuestro país, y en muchos países, cuando vino una dictadura hubo gente de mucho dinero que perdió todo y tuvo que irse con lo puesto a lavar platos a Francia o a México, para que no la mataran. Y hubo gente que no se pudo ir y la mataron. Entonces, sentarse en la comodidad de tus millones a decir con voz de mártir que si gana tal o cuál me voy a Miami a gastar dólares porque acá no se puede vivr es una falta de respeto a la gente que se exilió, y cuando pudo volver se sintió muy mal por haberse exiliado, y a la gente que murió porque no pudo escaparse de la dictadura. Si no te gusta el resultado electoral presidencial del 2019, estás en todo tu derecho de irte a vivir a Miami. Ahora, no hagas de esto una especie de sacrificio personal heroico, porque lo que estás haciendo es irte a vivir a Miami porque tenés departamentos y plata allá y las playas son lindas y los shoppings son bárbaros. Por ahí el partido o la alianza que gana el año que viene no haba un gran gobierno; quizás sea solamente bueno, quizás sea más o menos. ¿Y qué? Los argentinos hemos sobrevivido a doscientos años de malos gobiernos, con breves iterregnos como el peronismo, Illía, Alfonsín, algunos momentos del kirchnerismo. No nos vamos a morir porque gane Macri de vuelta. No caigamos en la trampa de los grandes titulares de los diarios, que anuncian el Apocalipsis de una manera que le hubiera dado vergüenza al mismísimo Juan el Apostol. La verdad es que la democracia es esto; vota todo el pueblo, y gana el que saca más votos. Si el año que viene gana Macri o Maria Eugenia Vidal o Larreta, por ahí a mi no me guste demasiado. Pero tampoco me gustó cuando lo votaron a Menem en 1995, y a muchos no les gustó, y fué catastrófico para el país, pero acá estamos. La democracia es mucho más frágil de lo que uno piensa; defendámosla, sobre todo las personas de izquierda. La derecha siempre va a intentar ser golpista. No le demos el gusto. Tengamos mejores argumentos que ellos, y seamos más éticos que ellos. Es la única manera de impedir que el neo fascismo liberal triunfe en nuestra región.
Alberto Ajaka
Fui a ver Hamlet al Centro Cultural de la Cooperación. Fundamentalmente fuí porque la obra me encanta y porque estaban Patricio Contreras, Antonio Grimau, Leonor Benedetto, es decir, actores consagrados que seguro iban a actuar bien. Debo decir que estaban perfectos, pero eso no me sorprendió. Me gustó mucho la actuación de Paloma Contreras, como Ofelia y el uso del espacio escénico era genial. Pero el que me impresionó más fue Alberto Ajaka, quién tiene el papel protagónico. Se devora la obra. La obra es él, para que se luzca. Muchas veces, algunos malos críticos teatrales, hablan de la sobreactuación. Si no hay sobreactuación, la obra no conmueve. Es Hamlet; tiene que vengar a su padre, matar a su tío y quizás también a su madre. Alberto Ajaka, por suerte, sabe sobreactuar; usa la voz como he visto a pocos actores hacerlo. "El resto es silencio" le dice al final a Horacio en un susurro audible para todos en el teatro.
sábado, 20 de octubre de 2018
Madame Bovary
Una vez, en una despedida de año, nos pusimos a charlar con Pablo Pluss (saludo , genio de la informática) y Marcela Coria, gran y sufrida secretaria de la Escuela de Letras sobre las mujeres, y ella dijo una gran verdad: en cuestiones sentimentales, los hombres eligen para mejor y las mujeres elegimos para peor. Es el síndrome de Madame Bovary y es una lástima que las mujeres no lean esa novela y las que la lean intenten protagonizarla. El síndrome empieza viendo novelas a las tres de la tarde; la mucama buena que enamora al muchacho también bueno de la casa, pero esta la madrastra malvada e inevitablemente la novia también malvada del muchacho bueno, que es rico pero bueno, ojo, y salteándose todas la lucha de clases, la mucama se termina casando con el muchacho rico pero bueno. Como la novela termina ahí, nunca se sabe si la mucama después de casada sigue limpiando la casa, pero gratis. Ese es otro problema, más grave quizás, pero bueno, qué se le va hacer. Dadas como están las cosas hoy en día por ahí los dos se van a vivir a un monoambiente que no será muy confortable pero se limpia en dos patadas. Y después de ver tantas telenovelas con nuestras abuelas, tías abuelas, tías y madres durante toda nuestra infancia, las mujeres salimos al mundo con el chip codificado: nos tenemos que casar con Juan Darthes. Pero no con Juan Darthes de verdad; el de la novela, el que es re bueno y ayuda a todo el mundo y tiene un montón de guita y lo único malo es el padre que es un hombre corrupto y la madrastra que es una perra. Lamento informarles a las mujeres que ese Juan Darthes no existe. Juan Darthes es un actor, tiene hijos, problemas como todo el mundo, a veces le duelen los callos. Es triste, pero es la durísima verdad.
Lo malo del Madame Bovarismo es que las mujeres terminamos depositando nuestras vidas en la vida de los hombres. Lo cuál es un desastre. Y un desastre que a veces termina destruyendo no sólo nuestras vidas, que son importantes, sino las vidas de nuestra familia. Peor aún si tenemos hijos. A mi no me gusta dar nombres personales, pero la pelea de Barbie Velez con Federico Bal hace un par de años me pareció prueba viviente de lo que estoy diciendo. Eran dos chicos jóvenes, de novios. Por ahí a Federico Bal le gustaba otra chica. Puede pasar. Ahora, hacer de eso un dramón medieval y televisado, donde se meten las dos suegras y los dos suegros, los amigos de un lado y del otro lado, las concuñadas y los panelistas que opinan porque para eso le pagan, ya me parece demasiado. He visto historias más interesantes en una discoteca; es más, en una discoteca una vez me puse a charlar con un chico sobre el cuento "Los teólogos" de Borges, que es mucho más interesante que el asunto Barbie Velez y Federico Bal. Después mi madre y mi tía me preguntan porque todavía sigo soltera. Yo entiendo que el chismerío sea interesante y a mí me encanta leer la revista Pronto. Pero una cosa es el chime y otra la naturalización de los celos enfermizos. Othello, por más que sea un gran personaje, protagoniza una tragedia. Madame Bovary también es una tragedia. La vida real es un poco trágica, a veces, pero por suerte a veces no. No estamos en un teatro. Estamos en la vida.
Lo malo del Madame Bovarismo es que las mujeres terminamos depositando nuestras vidas en la vida de los hombres. Lo cuál es un desastre. Y un desastre que a veces termina destruyendo no sólo nuestras vidas, que son importantes, sino las vidas de nuestra familia. Peor aún si tenemos hijos. A mi no me gusta dar nombres personales, pero la pelea de Barbie Velez con Federico Bal hace un par de años me pareció prueba viviente de lo que estoy diciendo. Eran dos chicos jóvenes, de novios. Por ahí a Federico Bal le gustaba otra chica. Puede pasar. Ahora, hacer de eso un dramón medieval y televisado, donde se meten las dos suegras y los dos suegros, los amigos de un lado y del otro lado, las concuñadas y los panelistas que opinan porque para eso le pagan, ya me parece demasiado. He visto historias más interesantes en una discoteca; es más, en una discoteca una vez me puse a charlar con un chico sobre el cuento "Los teólogos" de Borges, que es mucho más interesante que el asunto Barbie Velez y Federico Bal. Después mi madre y mi tía me preguntan porque todavía sigo soltera. Yo entiendo que el chismerío sea interesante y a mí me encanta leer la revista Pronto. Pero una cosa es el chime y otra la naturalización de los celos enfermizos. Othello, por más que sea un gran personaje, protagoniza una tragedia. Madame Bovary también es una tragedia. La vida real es un poco trágica, a veces, pero por suerte a veces no. No estamos en un teatro. Estamos en la vida.
Una noche en Hollywood
A pesar de que mi hermano no es tan nerd como yo, aceptó que fuéramos a Hollywood a conocer a Stan Lee. Desgraciadamente tuvimos que aceptarla a la novia de mi hermano, que es una histérica insoportable. Ni siquiera es tan linda, eso es lo peor de todo. Tiene buen cuerpo, pero de cara es parecida a la directora de nuestra escuela, eso sí, teñida de rubia. Pero bueno, que se le va a hacer, el idiota de mi hermano se enamora a cada rato. Por suerte en el hotel conseguimos habitaciones separadas.
Lo único que teníamos era la dirección de Stan Lee. Yo la había conseguido gracias a mis contactos en Internet. Tenía tres ediciones originales de Amazing Spiderman y quizás consiguiera que me firmara aunque sea una. La verdad era que era una idea un poco arriesgada, pero bueno, era Stan Lee. Lo malo fué que cuando llegué a Hollywood me enteré que la dirección que tenía era falsa.
- Pipino, siempre te dije que tu hermano era medio pelotudo- dijo mi querida cuñada.
- Bueno, podemos hacer otras cosas- dijo mi hermano.
No sé si fue ella o fue el. En ese momento los dos me caían para el reverendo orto.
- Yo quiero conocer a Stan Lee.
- Sos un boludo caprichoso, Martincito- me dijo mi hermano.- El día está re lindo, podemos ir a comer a Mc Donald y a un mall, y vos acá emperrado como un nene.
- Para ir a comer a Mc Donald me quedaba en mi casa. Tengo uno en la esquina.
- No me extraña que te haya dejado Claudia- acotó mi cuñada- La sacabas nada más que a convenciones de historietas.
- Andate a la puta que te parió, Mónica.
Esto fué un golpe bajo. Mi cuñada odia su primer nombre. Insiste en que la llamen por el tercero, que es Verónica. Esas boludeces que tienen las mujeres.
- Con mi vieja no te metas, pendejito.
- Bueno, dejame de romper las pelotas. Vos quisiste venir con nosotros. Te hubieras quedado en tu casa, con Claudia, limándote las uñas.
- Mariano, decile algo.
- Que querés que le diga. Si es así de boludo desde los dos años.
- Ah, bueno, no le decís nada, y yo estoy acá pintada. No, yo, ya me estoy volviendo para la Argentina. ¿Donde está el consulado, la embajada? No los aguanto más a ninguno de los dos, hombres grandes que siguen leyendo historietas. Uno treinta y cinco y el otro treinta y dos.
- Vero, no seas así.
- Es así- digo yo, porque también estoy podrido- sos una boluda, cuñada, vos y la Claudia, que era peor que vos, que lo único que sabía hacer era sacar el cuero a cuanta mujer se le cruzaba. Ya sé que la Mujer Maravilla no existe, como ella me recordaba constantemente, pero al menos es buena mina y tiene mejores piernas.
- ¿Escuchas las boludeces que decís?
- Para, para... ¿Me estás diciendo que la Mujer Maravilla no tiene un lomazo?
- Está dibujada, cuñadito... Dibujada. Además, yo estoy mucho mejor.
- Mirá lo que está diciendo, Marianito. Que ella es más linda que la Mujer Maravilla
- Mariano ¿no soy más linda que la Mujer Maravilla?
Mariano me mira a mí y la mira a Mónica. El pobre está desesperado y transpira.
- Sos mucho más linda que la Mujer Maravilla.
- Mariano, dejá de bolacear. Era el amor de tu adolescencia y por eso empezaste a salir con Carina. ¿No te acordás?
- ¿Quién es Carina?- le pregunta Mónica a mi hermano.
Me acabo de dar cuenta que metí la pata y mucho. Mucho, mucho.
- No,nada, Vero, Carina fue una de las primeras novias de mi hermano. Estuvieron juntos, nada, tres años.
- ¿Tres años? ¿Tres años enteros, completos, y nunca me contaste nada Mariano?
- Gracias, hermano- me dice Mariano.
- Yo sabía de Jessica. Y a Judith la conocí en tu casa. Pero Carina... ¿Quién es esa Carina? Encima según tu hermano estaba buenísima. Que hijo de puta. Ahora sí me voy.
Casi se larga a llorar. La concha de mi madre... ¿Quién entiende a las mujeres? ¿Por qué no vienen con un manual de instrucciones?
- Era mi novia del secundario, Carina.- le dice Mariano a Mónica- Salimos en tercero, cuarto y quinto. En Bariloche me metió los cuernos con el coordinador y la dejé.
- Uy, pipí, nunca me dijiste nada.
- Y bueno, que te iba a contar. Además, ella se casó con el coordinador y ahora vive en El Bolsón.
- Bueno, entiendo. Y también entiendo que tu hermano es un boludo que con treinta y dos años lee historietas, está enamorado de la Mujer Maravilla y consiguió una dirección falsa de Stan Lee.
- Qué querés que te diga. Tenés razón, Vero.
- Bueno- digo yo- vayamos a comer a Mc Donalds. Además. me parece que leí en Internet que esta noche hay un tour por la mansión de Hugh Heffner. No es tan caro, y he visto varias conejitas, y...
Mariano me mira.
- Y puede llegar a ser interesante conocer. Es parte de la cultura de Hollywood ¿no? La mansión Playboy.
A mi cuñada le gusta el plan. Se mete en la ducha a cantar (mal) canciones de Maluma.
- Bueno, más o menos salimos- me dice mi hermano en voz baja- Sos un experto en meter la pata, boludo. Si seguías así, no la pongo nunca más. Por otro lado, la mansión Playboy. Che, no es mala idea. La otra vez vi fotos y hay varias que son muy parecidas a la Mujer Maravilla.
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Lo único que teníamos era la dirección de Stan Lee. Yo la había conseguido gracias a mis contactos en Internet. Tenía tres ediciones originales de Amazing Spiderman y quizás consiguiera que me firmara aunque sea una. La verdad era que era una idea un poco arriesgada, pero bueno, era Stan Lee. Lo malo fué que cuando llegué a Hollywood me enteré que la dirección que tenía era falsa.
- Pipino, siempre te dije que tu hermano era medio pelotudo- dijo mi querida cuñada.
- Bueno, podemos hacer otras cosas- dijo mi hermano.
No sé si fue ella o fue el. En ese momento los dos me caían para el reverendo orto.
- Yo quiero conocer a Stan Lee.
- Sos un boludo caprichoso, Martincito- me dijo mi hermano.- El día está re lindo, podemos ir a comer a Mc Donald y a un mall, y vos acá emperrado como un nene.
- Para ir a comer a Mc Donald me quedaba en mi casa. Tengo uno en la esquina.
- No me extraña que te haya dejado Claudia- acotó mi cuñada- La sacabas nada más que a convenciones de historietas.
- Andate a la puta que te parió, Mónica.
Esto fué un golpe bajo. Mi cuñada odia su primer nombre. Insiste en que la llamen por el tercero, que es Verónica. Esas boludeces que tienen las mujeres.
- Con mi vieja no te metas, pendejito.
- Bueno, dejame de romper las pelotas. Vos quisiste venir con nosotros. Te hubieras quedado en tu casa, con Claudia, limándote las uñas.
- Mariano, decile algo.
- Que querés que le diga. Si es así de boludo desde los dos años.
- Ah, bueno, no le decís nada, y yo estoy acá pintada. No, yo, ya me estoy volviendo para la Argentina. ¿Donde está el consulado, la embajada? No los aguanto más a ninguno de los dos, hombres grandes que siguen leyendo historietas. Uno treinta y cinco y el otro treinta y dos.
- Vero, no seas así.
- Es así- digo yo, porque también estoy podrido- sos una boluda, cuñada, vos y la Claudia, que era peor que vos, que lo único que sabía hacer era sacar el cuero a cuanta mujer se le cruzaba. Ya sé que la Mujer Maravilla no existe, como ella me recordaba constantemente, pero al menos es buena mina y tiene mejores piernas.
- ¿Escuchas las boludeces que decís?
- Para, para... ¿Me estás diciendo que la Mujer Maravilla no tiene un lomazo?
- Está dibujada, cuñadito... Dibujada. Además, yo estoy mucho mejor.
- Mirá lo que está diciendo, Marianito. Que ella es más linda que la Mujer Maravilla
- Mariano ¿no soy más linda que la Mujer Maravilla?
Mariano me mira a mí y la mira a Mónica. El pobre está desesperado y transpira.
- Sos mucho más linda que la Mujer Maravilla.
- Mariano, dejá de bolacear. Era el amor de tu adolescencia y por eso empezaste a salir con Carina. ¿No te acordás?
- ¿Quién es Carina?- le pregunta Mónica a mi hermano.
Me acabo de dar cuenta que metí la pata y mucho. Mucho, mucho.
- No,nada, Vero, Carina fue una de las primeras novias de mi hermano. Estuvieron juntos, nada, tres años.
- ¿Tres años? ¿Tres años enteros, completos, y nunca me contaste nada Mariano?
- Gracias, hermano- me dice Mariano.
- Yo sabía de Jessica. Y a Judith la conocí en tu casa. Pero Carina... ¿Quién es esa Carina? Encima según tu hermano estaba buenísima. Que hijo de puta. Ahora sí me voy.
Casi se larga a llorar. La concha de mi madre... ¿Quién entiende a las mujeres? ¿Por qué no vienen con un manual de instrucciones?
- Era mi novia del secundario, Carina.- le dice Mariano a Mónica- Salimos en tercero, cuarto y quinto. En Bariloche me metió los cuernos con el coordinador y la dejé.
- Uy, pipí, nunca me dijiste nada.
- Y bueno, que te iba a contar. Además, ella se casó con el coordinador y ahora vive en El Bolsón.
- Bueno, entiendo. Y también entiendo que tu hermano es un boludo que con treinta y dos años lee historietas, está enamorado de la Mujer Maravilla y consiguió una dirección falsa de Stan Lee.
- Qué querés que te diga. Tenés razón, Vero.
- Bueno- digo yo- vayamos a comer a Mc Donalds. Además. me parece que leí en Internet que esta noche hay un tour por la mansión de Hugh Heffner. No es tan caro, y he visto varias conejitas, y...
Mariano me mira.
- Y puede llegar a ser interesante conocer. Es parte de la cultura de Hollywood ¿no? La mansión Playboy.
A mi cuñada le gusta el plan. Se mete en la ducha a cantar (mal) canciones de Maluma.
- Bueno, más o menos salimos- me dice mi hermano en voz baja- Sos un experto en meter la pata, boludo. Si seguías así, no la pongo nunca más. Por otro lado, la mansión Playboy. Che, no es mala idea. La otra vez vi fotos y hay varias que son muy parecidas a la Mujer Maravilla.
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miércoles, 17 de octubre de 2018
Sonia Braga
Siempre me gustó mucho Sonia Braga, que debe ser una de las actrices más talentosas de Brasil, pero lo que más me conmovió de ella es que hace un par de años, cuando murió Jose Wilker, su compañero de elenco en Doña Flor y sus dos maridos, lo despidió cómo solo lo hacen las grandes de verdad. Una de mis telenovelas preferidas de la infancia fue Gabriela clavo y canela, porque también es uno de mis libros preferidos de Jorge Amado; recuerdo perfectamente que admiraba que Sonia Braga diera la interpretación justa a un personaje que era inocente cómo un animalito, y algo salvaje, exactamente como Amado la describe. Desgraciadamente no sé mucho de cine brasilero; lo imagino vasto como su literatura, su música, su geografía y su comida. Pero al menos pude ver actuar a Sonia Braga y a Jose Wilker.
Un aire de familia. 20 parte.
Al otro día, Samuel se sorprendió de que Hertz estuviera despierto y cocinando bistecs. De día, sin las luces mortecinas de París, era menos rubio y estaba indudablemente desgastado. Podían verse las manchas de grasa y de ceniza en su ropa y advirtió que el departamento donde vivía estaba irremisiblemente sucio, con hollín pegado incluso en el mantel rojo.
- No te sorprendas tanto de que esté despierto- le dijo Hertz, cómo leyéndole el pensamiento- El cognac y la cocaína son mala combinación. A veces mi cuerpo no sabe si despertarse o dormir. Ahora estaré lúcido, por unas horas. Y estuve pensando que lo mío es irremisible, y ya no saldré de París y a lo sumo algún día volveré a mi madre patria. Pero tú... Sabes de ajedrez. ¿Por qué no haces algo con eso?
- Porque no soy un gran jugador- dijo Samuel.
- Sé que no lo eres- dijo Hertz. - Eres del común. Aquí en París. Pero ¿has oído hablar de Sudamérica?
- Está muy lejos- dijo Samuel.
- Oh, sí- dijo Hertz- Dentro de poco se jugará un torneo mundial de ajedrecistas. En Buenos Aires.
- Me han invitado.
- A mi también. Lo que indica lo desesperados que están. Quizás puedas hacer algo allí.
- ¿Cómo qué?
- Ganar.
Samuel se quedó callado.
- Hertz, apenas te conozco pero eres un idiota. No ganaré nunca. A ese torneo irá incluso Capablanca. Yo soy un hombre del común.
- Pero piénsalo- murmuró Hertz, y entonces Samuel olió el alcohol- si ganas muchas partidas allí, quizás consigas una visa, alguna manera de sacar a tu familia de donde están. Además Buenos Aires es una broma aquí en París. Allí no hay nada. Un ajedrecista regular aquí quizás sea un genio en esa ciudad.
- Pero estaré abandonando a Hannah y a Judith a su suerte, si me marcho.
- Ya están a su suerte. Ya las abandonaste.- fue la respuesta de Hertz, y en ese momento la furia de Samuel, que nunca había estado furioso, subió cómo una espuma desbocada. Con su mano derecha le pegó dos puñetazos a Hertz: uno en la nariz y otro en la mandíbula.
- Supongo que lo merezco- dijo el otro, limpiándose la sangre.- Pero ya las has abandonado. Te quedas aquí para que te maten. Y tienes razón, en el fondo. Mereces tu suerte, cómo yo merezco la mía. Si los alemanes invaden París, yo no moriré. Tu sí. Morirás fusilado o quemado o ahorcado. No te tengo lástima. Bastante lástima te has tenido; no te alcanzaba con tu vida en un pueblo perdido ni te alcanzaba tu vida en una ciudad con tu mujer y tu hija. Nada era suficiente. Y ahora quieres ser un mártir. Te aclaro algo: ¿sabes por qué no me matarán los nazis cuando invadan esta ciudad? Porque yo he sido un nazi. Sé cómo piensan mis antiguos camaradas. Quizás muera por la cocaína o el alcohol o en algún baño público, pero al menos no moriré cómo tú. Eres cómo yo, o peor que yo, porque yo nunca hubiera abandonado a Heiderberrg ni a Katherine. Y tuviste suerte de ser amante de ella y no me extraña que te haya dejado para irse a Rusia, aunque no creo que llegue nunca. No hay morfina en Rusia. Compadezco a tu mujer, a tu hija, a tu padre, a tus suegros, a tu madre y a todos ellos. A tí no te compadezco. Has tenido todo lo que hubiera querido yo en la vida y has renunciado a ello porque sí, porque no soportaste ser otro judío más en un pueblo perdido en Europa. Ahora es tarde.
Samuel se quedó callado. Cada palabra era casi una navaja porque era lo que había pensado durante todos esos meses.
- No te preocupes por los golpes- terminó Hertz- A mi la sangre no me asusta. Ahora márchate. El portero creerá que otra vez he traído a otro hombre a pasar la noche.
- No te sorprendas tanto de que esté despierto- le dijo Hertz, cómo leyéndole el pensamiento- El cognac y la cocaína son mala combinación. A veces mi cuerpo no sabe si despertarse o dormir. Ahora estaré lúcido, por unas horas. Y estuve pensando que lo mío es irremisible, y ya no saldré de París y a lo sumo algún día volveré a mi madre patria. Pero tú... Sabes de ajedrez. ¿Por qué no haces algo con eso?
- Porque no soy un gran jugador- dijo Samuel.
- Sé que no lo eres- dijo Hertz. - Eres del común. Aquí en París. Pero ¿has oído hablar de Sudamérica?
- Está muy lejos- dijo Samuel.
- Oh, sí- dijo Hertz- Dentro de poco se jugará un torneo mundial de ajedrecistas. En Buenos Aires.
- Me han invitado.
- A mi también. Lo que indica lo desesperados que están. Quizás puedas hacer algo allí.
- ¿Cómo qué?
- Ganar.
Samuel se quedó callado.
- Hertz, apenas te conozco pero eres un idiota. No ganaré nunca. A ese torneo irá incluso Capablanca. Yo soy un hombre del común.
- Pero piénsalo- murmuró Hertz, y entonces Samuel olió el alcohol- si ganas muchas partidas allí, quizás consigas una visa, alguna manera de sacar a tu familia de donde están. Además Buenos Aires es una broma aquí en París. Allí no hay nada. Un ajedrecista regular aquí quizás sea un genio en esa ciudad.
- Pero estaré abandonando a Hannah y a Judith a su suerte, si me marcho.
- Ya están a su suerte. Ya las abandonaste.- fue la respuesta de Hertz, y en ese momento la furia de Samuel, que nunca había estado furioso, subió cómo una espuma desbocada. Con su mano derecha le pegó dos puñetazos a Hertz: uno en la nariz y otro en la mandíbula.
- Supongo que lo merezco- dijo el otro, limpiándose la sangre.- Pero ya las has abandonado. Te quedas aquí para que te maten. Y tienes razón, en el fondo. Mereces tu suerte, cómo yo merezco la mía. Si los alemanes invaden París, yo no moriré. Tu sí. Morirás fusilado o quemado o ahorcado. No te tengo lástima. Bastante lástima te has tenido; no te alcanzaba con tu vida en un pueblo perdido ni te alcanzaba tu vida en una ciudad con tu mujer y tu hija. Nada era suficiente. Y ahora quieres ser un mártir. Te aclaro algo: ¿sabes por qué no me matarán los nazis cuando invadan esta ciudad? Porque yo he sido un nazi. Sé cómo piensan mis antiguos camaradas. Quizás muera por la cocaína o el alcohol o en algún baño público, pero al menos no moriré cómo tú. Eres cómo yo, o peor que yo, porque yo nunca hubiera abandonado a Heiderberrg ni a Katherine. Y tuviste suerte de ser amante de ella y no me extraña que te haya dejado para irse a Rusia, aunque no creo que llegue nunca. No hay morfina en Rusia. Compadezco a tu mujer, a tu hija, a tu padre, a tus suegros, a tu madre y a todos ellos. A tí no te compadezco. Has tenido todo lo que hubiera querido yo en la vida y has renunciado a ello porque sí, porque no soportaste ser otro judío más en un pueblo perdido en Europa. Ahora es tarde.
Samuel se quedó callado. Cada palabra era casi una navaja porque era lo que había pensado durante todos esos meses.
- No te preocupes por los golpes- terminó Hertz- A mi la sangre no me asusta. Ahora márchate. El portero creerá que otra vez he traído a otro hombre a pasar la noche.
martes, 16 de octubre de 2018
La pantera
Rasgando hasta mis ojos
la pantera es negra ante la noche y blanca ante
el día e
invisible para todos.
Oigo su rugir
solo cuando sueño.
(Quieren impedírmelo las suaves charlas de muchachas
y muchachos,
las quejas de ancianos y las risas de los niños
el rumor de las palomas
y la tristeza de los árboles.
No caigo en la trampa)
Su ronronear es
como el canto de una mujer
que no conozco.
No caeré en la trampa.
Los gatos de Ulthar me vigilan
y son mis dioses.
(aunque suaves círculos concéntricos van atrapándome)
Dentro de su negro lustre azulado
la pantera vigila feliz,
sigilosa
relamiéndose.
la pantera es negra ante la noche y blanca ante
el día e
invisible para todos.
Oigo su rugir
solo cuando sueño.
(Quieren impedírmelo las suaves charlas de muchachas
y muchachos,
las quejas de ancianos y las risas de los niños
el rumor de las palomas
y la tristeza de los árboles.
No caigo en la trampa)
Su ronronear es
como el canto de una mujer
que no conozco.
No caeré en la trampa.
Los gatos de Ulthar me vigilan
y son mis dioses.
(aunque suaves círculos concéntricos van atrapándome)
Dentro de su negro lustre azulado
la pantera vigila feliz,
sigilosa
relamiéndose.
Adrian Abonizio
Vamos a ponernos chovinistas: el mejor escritor de canciones del país de lejos es un rosarino que se llama Adrian Abonizio. Su Historia de Mate Cocido tiene el pequeño mérito de ser perfecta; es triste y alegre al mismo tiempo, como la vida. Si tiene poco reconocimiento fuera de Rosario es porque la música es cada vez más un pop ten o un rock ten, y hay poca paciencia para escuchar música. La música requiere paciencia, más que ningún otro arte. Las canciones de Abonizio nunca buscan el golpe bajo, o la alegría porque sí, ni la arenga, sino la poesía mezclada con la música de una manera que uno no termina de entender bien, pero que al final es una canción tan redonda que a veces nos deja desamaparados. Y digo al principio escritor de canciones, porque la mayoría de los que hacen canciones las hacen; Adrian Abonizio las escribe, como si fuera un entramado en una literatura desconocida.
Osvaldo Bayer
Conocí a Osvaldo Bayer sin conocerlo, por La Patagonia Rebelde. La película, por supuesto. Es impresionante y tristísima, y una de las mejores películas argentinas de los años 70. La ví muchas veces en mi vida (en realidad, cada vez que veía que daban La Patagonia Rebelde en la televisión, dejaba lo que estaba haciendo y la miraba; me ocurre lo mismo con All That Jazz). Muchos años más tarde me enteré que estaba basada en los libros de Osvaldo Bayer. Desde entonces, siempre leo lo que él escribe. Es bueno, pienso, llegar a viejo con mucha lucidez. Es cierto que nada lo garantiza; pero siempre prefiero que es mejor la lucidez que la estupidez momentánea que a veces nos proponen como panacea. La lucha de los peones en la Patagonia en los años '20 no entran en Twitter ni en Facebook. No se pueden hacer comentarios graciosos sobre eso, no da para la ironía, ni para el sarcasmo. Por estas cosas reivindico a Osvaldo Bayer; ojalá, si este planeta y yo perduramos, llegue a su edad como él.
Jorge Boccanera
Siempre me pareció uno de los mejores poetas argentinos, si no el mejor. Tiene lo que nos gusta a los lectores de poesía, el don, esa cosa misteriosa que hace entrar en dos o tres líneas algo precioso y leve como un corazón latiendo. Traduzco uno de sus poemas al inglés. Es breve, y les aseguro que todos sus poemas son tan buenos como este.
Random
Random is no to throw a coin to the air
not even to wait for head or tails
Random is to catch the coin in the air
and to run away without a trace.
Random
Random is no to throw a coin to the air
not even to wait for head or tails
Random is to catch the coin in the air
and to run away without a trace.
lunes, 15 de octubre de 2018
La decadencia del periodismo de investigación.
No quiero destrozar las ilusiones de los muchos chicos y chicas que ingresan a una escuela de periodismo o a la carrera de Comunicación Social, pero el periodismo desde sus inicios ha dependido de sus auspiciantes. Quizás Borges fué más terminante; decía que cuando uno lee en los periódicos que todos los esfuerzos del enemigo para pasar de la ciudad X eran infructuosos, era una manera de dorar la píldora para decirnos que la ciudad X había caído. El periodismo de investigación actual es casi una parodia de esto; los escándalos en política, en cultura, en espectáculo, son cada vez más parecidos a sí mismos. Quizás lo realmente más novedoso de los últimos años haya sido que el director del FMI haya querido abusar de una empleada de hotel. Novedoso no porque haya sido algo excepcional, sino porque haya trascendido a la prensa y haya tenido que renunciar por ello. Hace diez años atrás era impensable. Desde hace casi veintinueve años, desde que me empezó a interesar la política, leo los diarios. Siempre dicen más o menos lo mismo. Y el mundo cambió mucho desde mi infancia, y cambió para peor. Hoy en día la gente se enoja con gente que no conoce por un tweet. Lo cuál es la hipérbole de la sensibilidad; si no podés soportar que nadie hable mal de vos, no vivas, porque siempre alguien va a hablar mal de vos. El nivel de consumismo del ser humano ha llegado al paroxismo; necesitamos tener el último celular porque si no no seremos nadie, o el último auto, porque seremos aún menos. La ropa hoy en día es solamente una marca, si algún día se pone de moda el nudismo hay muchas mujeres y hombres que se suicidarían porque no sabrían que hacer. Literalmente. Miramos las películas que todos miran y leemos los libros que todos leen y estudiamos en las universidades para tener un título universitario que nos servirá para decir que tenemos un título universitario en algo. Y para tomar examen, en el caso de que se sea profesor universitario. Y el periodismo de investigación, en los últimos veinte años, parece especializado en remarcar los "grandes" actos de corrupción en la política, así cómo en los "grandes" escándalos en Hollywood. Bueno, así cómo Hollywood era escandaloso desde la época de Chaplin, lamento decirles a los grandes periodistas de investigación que se escandalizan de la corrupción política que esta ya existía en la Roma de Julio Cesar. Así que, para mí, al menos, la novedad es nula. No digo que el periodismo sea completamente inútil; digo que proclamarse cómo un gran periodista porque descubriste que Berlusconi o Trump anduvieron con prostitutas es como proclamarse un genio porque descubriste que el Sahara era un desierto. Y esto no lo digo en apoyo de Berlusconi ni de Trump, sino para reveer que está haciendo el periodismo de supuesta "investigación" en nuestros días. La mayor parte de los escándalos que aparecen en la tapa de los diarios son marcadamente armados; se nota, no sólo que allí intervino parte del poder judicial y de los servicios de inteligencia de cada país, a conveniencia, sino los grandes medios, que tienen acciones en todas los grandes holdings internacionales, por las dudas, por si las moscas, por si estalla una revolución en Indochina y tienen que girar todo su dinero a Alemania. Que la cadena O Globo haya estado exultante después del triunfo de Bolsonaro, por ejemplo, me da mucho que pensar. Los ejecutivos de la cadena O Globo son cualquier cosa menos inocentes, saben que un triunfo de Bolsonaro en Brasil va a llevar al desastre en su país y quizás en el resto de Latinoamérica. Que acá se esté hablando de que Tinellii puede ser el candidato a presidente en 2019 es también extraño. No es nada personal contra Tinelli, pero su discurso siempre fué el de que el era un chico bueno e inocente de Bolivar; quizás cuando comenzó. Nadie sobrevive treinta años en la televisión y llega a ser el empresario más poderoso siendo un chico inocente, los empresarios nunca son inocentes. Tinelli conoce el juego del showbussiness y dentro de la televisión argentina lo juega bien, o lo jugó bien hasta hace un par de años, cuando Netflix, Amazon y los demas sistemas on demand empezaron a socavar a la televisión tradicional. Lo preocupante es que nuestra generación y la generación de nuestros padres, los adultos, los que tendríamos que dar el ejemplo, seamos menos maduros y más dependientes de cualquier cosa que nuestros propios hijos. Queremos todo ya, aunque no sabemos que queremos. Pienso que el periodismo de investigación muchas veces juega con nuestra propia hipocresía; nos permite que nos escandalicemos por cosas que en privado pensamos, bueno, está bien, no es tan grave. Y lo peor de todo es que no está bien y es grave lo que está ocurriendo en el mundo en realidad, pero tenemos poco coraje para decirlo por miedo a no encajar.
sábado, 13 de octubre de 2018
Un aire de familia 19 parte
- Empezamos a militar en el nacionalsocialismo. Hitler, oh, lo he visto dos o tres veces. Eso responde a tu pregunta acerca de si soy nazi o no. Sí, soy nazi. O lo era. Lo eramos los dos. El partido nacionalsocialista nos parecía lo más cercano al verdadero comunismo, al principio. La raza aria, la Alemania grande, acabar con el capitalismo judío del mundo. Son grandes frases y ¿cómo no sentirnos aludidos? Ya no estaba Stalin para darnos órdenes ni teníamos que depender de un judío ruso como Trotsky. Nos sonaba maravilloso. Katherine intentó advertirnos; nos dijo una tarde, a la salida de la fábrica, miren que son gente muy extraña. Y yo sé lo que hay entre ustedes, pero ellos no lo saben ¿algunos de sus amigos nacionalsocialistas saben que son amantes y no amigos? Eres una morfinómana, le dije, recuerdo. Ella nos miró casi sin reproche. Tres días después me arrepentí y le pedí disculpas, y ella siguió yendo a nuestro departamento. Pobre Katherine. Le debo a ella estar vivo.
Herzt Guntt abrió una segunda botella de cognac.
- Fueron años buenos. Heiderberrg empezó a ser un camisa parda. Tu sabes o quizás no, las SA, que luchaban contra los comunistas. Desarrolló talento en esas artes, si son artes. A veces entraba a nuestra habitación con la camisa llena de sangre y una sonrisa de satisfacción en la cara. En cuanto a lo nuestro, Katherine en cierto sentido se equivocaba. Creo que muchos sospechaban de nuestra amistad, pero que no les importaba y si les importaba, no se atrevían a decírnoslo. No lo sé. En todo caso, en un momento ganamos las elecciones. Yo festejé, Heiderberrg también, recuerdo haberlo besado en nuestro cuarto mientras el contaba que Rohm los había arengado a que ahora la lucha contra el comunismo y el capital judío debía ser más dura aún. Éramos soldados de Hitler, o mejor aún sus ángeles. Y después de eso... Las cosas empezaron a ponerse turbias. Yo lo percibía, Heiderberrg no. El era inocente cómo un niño. Algunos nazis empezaron a hacer chistes a nuestras espaldas, pero llegaban a nuestros oídos. La pareja nacionalsocialista, decían. Rohm empezó a perder poder, se peleaba cada vez más con Hitler, que era casi un niño viejo y maníaco y rodeado de aduladores. Mala combinación.
Ya estaba amaneciendo, advirtió Samuel. La historia había sido larga, y aún no terminaba.
- Recuerdo que hacía mucho frío esa noche. Recuerdo que Heiderberrg se había ido a un mitín. Recuerdo que de pronto golpearon la puerta y la encontré a Katherine. Estaba más delgada que de costumbre y temblaba. Me abrazó. Pensé que le había pasado algo. Pero nada le había pasado. Se había inyectado demasiada morfina, se había acostado con un hombre que no conocía (cuando se inyectaba morfina Katherine hacía esas cosas) y había resultado que ese hombre era por casualidad un alto jerarca nazi. Como infidencia, para jactarse ante una chica bonita, le contó que esa misma noche Hitler mandaría a mantar a Rohm y a todos los camisas pardas que encontrara, a la maldita SA que estaba traicionando al Furher y también a unos cuantos más, porque había unos cuantos camisas pardas que además de ser traidores eran homosexuales y vivían con otros nazis como mujeres y esa era otra traición a la raza aria, como por ejemplo, y allí había mencionado mi nombre. Cuando el hombre salió de su cuarto Katherine se abrigó y a pesar de que la morfina la había doblegado prácticamente, atravesó la ciudad helada para avisarme, para decirme que nos matarían. Esperaba encontrarnos a los dos. Me encontró a mí solo. Heiderberrg fué asesinado a machetazos esa noche y lo colgaron con dos carteles, uno que decía homosexual y otro que decía traidor. Uno era cierto. Yo pude huir.
Samuel tenía un poco de ganas de vomitar. Le dolía la cabeza.
- Así que ya ves, Samuel- dijo Herzt- Así que ya ves. Si yo le hubiera hecho caso a Katherine, si no nos hubieran enceguecido con sus discursos, quizás él y yo estaríamos juntos, en París, o en Norteamérica, o quizás no, pero al menos. Y quizás Katherine misma... En vez de eso ella es una morfinomana que irá a Rusia a buscar su propia muerte, y yo soy un homosexual alcohólico y drogadicto que busca su propia muerte y tu eres un judío perdido en Paris. Podría echarle la culpa a Hitler, pero ¿de que serviría? ¿Puedes correr las cortinas? Quiero dormir un rato.
Samuel hizo lo que Herzt le pidió. Era una cortina pesada, de brocato, pero olía mal, a orina y a algo peor. Se encontró, de pronto, sintiendo compasión por un nazi rubio, pura raza aria, al que debería odiar o matar. Estamos muriendo aquí en París, pensó, y absolutamente nadie se da cuenta. Al poco rato, también se durmió.
Herzt Guntt abrió una segunda botella de cognac.
- Fueron años buenos. Heiderberrg empezó a ser un camisa parda. Tu sabes o quizás no, las SA, que luchaban contra los comunistas. Desarrolló talento en esas artes, si son artes. A veces entraba a nuestra habitación con la camisa llena de sangre y una sonrisa de satisfacción en la cara. En cuanto a lo nuestro, Katherine en cierto sentido se equivocaba. Creo que muchos sospechaban de nuestra amistad, pero que no les importaba y si les importaba, no se atrevían a decírnoslo. No lo sé. En todo caso, en un momento ganamos las elecciones. Yo festejé, Heiderberrg también, recuerdo haberlo besado en nuestro cuarto mientras el contaba que Rohm los había arengado a que ahora la lucha contra el comunismo y el capital judío debía ser más dura aún. Éramos soldados de Hitler, o mejor aún sus ángeles. Y después de eso... Las cosas empezaron a ponerse turbias. Yo lo percibía, Heiderberrg no. El era inocente cómo un niño. Algunos nazis empezaron a hacer chistes a nuestras espaldas, pero llegaban a nuestros oídos. La pareja nacionalsocialista, decían. Rohm empezó a perder poder, se peleaba cada vez más con Hitler, que era casi un niño viejo y maníaco y rodeado de aduladores. Mala combinación.
Ya estaba amaneciendo, advirtió Samuel. La historia había sido larga, y aún no terminaba.
- Recuerdo que hacía mucho frío esa noche. Recuerdo que Heiderberrg se había ido a un mitín. Recuerdo que de pronto golpearon la puerta y la encontré a Katherine. Estaba más delgada que de costumbre y temblaba. Me abrazó. Pensé que le había pasado algo. Pero nada le había pasado. Se había inyectado demasiada morfina, se había acostado con un hombre que no conocía (cuando se inyectaba morfina Katherine hacía esas cosas) y había resultado que ese hombre era por casualidad un alto jerarca nazi. Como infidencia, para jactarse ante una chica bonita, le contó que esa misma noche Hitler mandaría a mantar a Rohm y a todos los camisas pardas que encontrara, a la maldita SA que estaba traicionando al Furher y también a unos cuantos más, porque había unos cuantos camisas pardas que además de ser traidores eran homosexuales y vivían con otros nazis como mujeres y esa era otra traición a la raza aria, como por ejemplo, y allí había mencionado mi nombre. Cuando el hombre salió de su cuarto Katherine se abrigó y a pesar de que la morfina la había doblegado prácticamente, atravesó la ciudad helada para avisarme, para decirme que nos matarían. Esperaba encontrarnos a los dos. Me encontró a mí solo. Heiderberrg fué asesinado a machetazos esa noche y lo colgaron con dos carteles, uno que decía homosexual y otro que decía traidor. Uno era cierto. Yo pude huir.
Samuel tenía un poco de ganas de vomitar. Le dolía la cabeza.
- Así que ya ves, Samuel- dijo Herzt- Así que ya ves. Si yo le hubiera hecho caso a Katherine, si no nos hubieran enceguecido con sus discursos, quizás él y yo estaríamos juntos, en París, o en Norteamérica, o quizás no, pero al menos. Y quizás Katherine misma... En vez de eso ella es una morfinomana que irá a Rusia a buscar su propia muerte, y yo soy un homosexual alcohólico y drogadicto que busca su propia muerte y tu eres un judío perdido en Paris. Podría echarle la culpa a Hitler, pero ¿de que serviría? ¿Puedes correr las cortinas? Quiero dormir un rato.
Samuel hizo lo que Herzt le pidió. Era una cortina pesada, de brocato, pero olía mal, a orina y a algo peor. Se encontró, de pronto, sintiendo compasión por un nazi rubio, pura raza aria, al que debería odiar o matar. Estamos muriendo aquí en París, pensó, y absolutamente nadie se da cuenta. Al poco rato, también se durmió.
Un aire de familia 18 parte
Se llamaba Herzt Guntt y su padre había sido socialdemocrata y había sido asesinado en 1918. Apenas creció y se enteró de la historia, empezó a militar en el comunismo. Tenía una rabia ciega contra el mundo, recordó, entre tragos de cognac y era un hombre feliz. Todos eran camaradas, pero pronto empezaron los problemas. La revolución rusa era cada vez más una contradicción en sí misma, Trotsky estaba fugado o encarcelado (Trotsky, el legendario, el de el ejército rojo) y Stalin ahora enviaba órdenes que eran casi de locura. Algunos la seguían, pero muchos, cómo él, desertaron. Su madre y su tía murieron de tuberculosis, casi sin atención médica. El consiguió un empleo de administrativo en una fábrica de automóviles. Su rabia siguió creyendo y el la alimentaba ferozmente.
Entonces conoció a Heiderrberg.
Allí Hertz hizo una pausa.
Soy homosexual, sabes, le dijo a Samuel. Cómo tu eres judío, yo soy homosexual. Me gustan los hombres desde pequeño. Y no era virgen cuando lo conocí a Heiderrberg, pero él fué el primer hombre del qué me enamoré. Era cómo yo, o casi como yo, creo que tenía dos vagas tías en Berlín como toda familia. Vivió con ellas hasta los diecinueve, pero cuando una de ellas lo encontró con un músico vienés en la cama, lo echó a la calle. Bueno, te estaba contando, Heirderrberg y yo nos volvimos amantes. Creo que todos lo sabían en la fábrica. Inclusive vivíamos en el mismo departamento, aunque la portera fruncía el ceño cada vez que nos veía. Para disimular, a veces traíamos a una amiga nuestra de la fábrica, Katherine Hillbrand y la hacíamos pasar por prostituta. Ella no era prostituta, sino adicta a la morfina, cada uno tiene sus problemas, y le dábamos dinero para sus cosas.
- ¿Katherine?- preguntó Samuel.
- Sí- dijo Herzt Guntt.
- Fue mi amante.
- Oh- dijo el otro.
Hizó un silencio.
-¿Cómo estaba?- le preguntó-¿Seguía consumiendo morfina?
- Demasiada- dijo Samuel. - Quería irse a Rusia.
Herzt Guntt sonrió con tristeza.
- Ella también... Tenía la remota esperanza de que hubiera olvidado esa tontería de las drogas y de la bohemia y se hubiera casado con un buen hombre, pero es difícil olvidar. Si olvidar fuera tan fácil, yo ya lo hubiera hecho y te hubiera vencido en todas mis partidas. A propósito ¿te molestaría traerme la cuchara, el calentador y la cocaína? Las dos primeras cosas están sobre la mesa y la tercera en el cajón, debajo. También allí está la jeringa.
Aunque Samuel había visto decenas de veces inyectarse a Katherine delante de él, le impresionó verlo a Hertz. Cuando Katherine lo hacía, lo hacía casi con negligencia, cómo cumpliendo una orden; Hertz lo hacía con verdadero esfuerzo, y algo de dolor. Las venas del brazo estaban casi inservibles, le comentó a Samuel mientras lo hacía, dentro de poco tendría que pasar a las de las piernas.
- Katherine fue mi amante- le dijo de pronto, porque le pareció que después de oir las confesiones de Hertz Guntt, algo tenía que decir- pero estoy casado. Mi mujer, Hannah, y Judith, mi hija, están ahora en el ghetto y mi amigo Hoffmann, que es comunista, como tú, me dice que no vuelva.
Tomó un trago de cognac.
- Le fuí infiel a Hannah. A ella mucho no le importó, ella en realidad no me ama, fué un matrimonio arreglado, pero ahora...
- ¿Quieres cocaína?- le preguntó Herzt- Si quieres puedes aspirarla, es de buena calidad.
- Me alcanza con el cognac. Te digo, ahora por lo que oigo aquí en París parece que todos moriran o empezará la guerra o habrá armisticios o no sé que demonios ocurrirá, y toda mi familia (no solo mi mujer y mi hija, también mis padres, mis suegros, mis cuñadas) están del lado incorrecto.
- Te entiendo. Yo también algunos días odié a Heiderbergg, y a Katherine. Ahora... ¿puedo seguir con mi historia?
- Claro- dijo Samuel.
Entonces conoció a Heiderrberg.
Allí Hertz hizo una pausa.
Soy homosexual, sabes, le dijo a Samuel. Cómo tu eres judío, yo soy homosexual. Me gustan los hombres desde pequeño. Y no era virgen cuando lo conocí a Heiderrberg, pero él fué el primer hombre del qué me enamoré. Era cómo yo, o casi como yo, creo que tenía dos vagas tías en Berlín como toda familia. Vivió con ellas hasta los diecinueve, pero cuando una de ellas lo encontró con un músico vienés en la cama, lo echó a la calle. Bueno, te estaba contando, Heirderrberg y yo nos volvimos amantes. Creo que todos lo sabían en la fábrica. Inclusive vivíamos en el mismo departamento, aunque la portera fruncía el ceño cada vez que nos veía. Para disimular, a veces traíamos a una amiga nuestra de la fábrica, Katherine Hillbrand y la hacíamos pasar por prostituta. Ella no era prostituta, sino adicta a la morfina, cada uno tiene sus problemas, y le dábamos dinero para sus cosas.
- ¿Katherine?- preguntó Samuel.
- Sí- dijo Herzt Guntt.
- Fue mi amante.
- Oh- dijo el otro.
Hizó un silencio.
-¿Cómo estaba?- le preguntó-¿Seguía consumiendo morfina?
- Demasiada- dijo Samuel. - Quería irse a Rusia.
Herzt Guntt sonrió con tristeza.
- Ella también... Tenía la remota esperanza de que hubiera olvidado esa tontería de las drogas y de la bohemia y se hubiera casado con un buen hombre, pero es difícil olvidar. Si olvidar fuera tan fácil, yo ya lo hubiera hecho y te hubiera vencido en todas mis partidas. A propósito ¿te molestaría traerme la cuchara, el calentador y la cocaína? Las dos primeras cosas están sobre la mesa y la tercera en el cajón, debajo. También allí está la jeringa.
Aunque Samuel había visto decenas de veces inyectarse a Katherine delante de él, le impresionó verlo a Hertz. Cuando Katherine lo hacía, lo hacía casi con negligencia, cómo cumpliendo una orden; Hertz lo hacía con verdadero esfuerzo, y algo de dolor. Las venas del brazo estaban casi inservibles, le comentó a Samuel mientras lo hacía, dentro de poco tendría que pasar a las de las piernas.
- Katherine fue mi amante- le dijo de pronto, porque le pareció que después de oir las confesiones de Hertz Guntt, algo tenía que decir- pero estoy casado. Mi mujer, Hannah, y Judith, mi hija, están ahora en el ghetto y mi amigo Hoffmann, que es comunista, como tú, me dice que no vuelva.
Tomó un trago de cognac.
- Le fuí infiel a Hannah. A ella mucho no le importó, ella en realidad no me ama, fué un matrimonio arreglado, pero ahora...
- ¿Quieres cocaína?- le preguntó Herzt- Si quieres puedes aspirarla, es de buena calidad.
- Me alcanza con el cognac. Te digo, ahora por lo que oigo aquí en París parece que todos moriran o empezará la guerra o habrá armisticios o no sé que demonios ocurrirá, y toda mi familia (no solo mi mujer y mi hija, también mis padres, mis suegros, mis cuñadas) están del lado incorrecto.
- Te entiendo. Yo también algunos días odié a Heiderbergg, y a Katherine. Ahora... ¿puedo seguir con mi historia?
- Claro- dijo Samuel.
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