martes, 27 de noviembre de 2018

Formar un trío

Conseguimos (en realidad el Pato consiguió, y solamente por lo hinchapelotas que es) que Walter quisiera estar en nuestra banda. Walter era concuñado del Pato y en su juventud había tenido un grupo que en las zonas de Alberdi y Granadero Baigorria había llegado a ser medianamente famoso. En la zona sur no querían ni oir hablar de ellos, porque hacían covers de Soda y de Virus en la mitad de los conciertos y, para terminar, siempre cantaban tres baladas que el baterista le había compuesto a su novia que se llamaban: "Nena, eres mi vereda del sol", "Lágrimas de sal por vos" y (esta era la peor de todas) "No dejes que me llamen un inconsciente colectivo". No eran muy buenas, pero el baterista no era solo dueño de su propia batería (oh milagro) sino también de los equipos de sonido y de la guitarra Fender Stratocaster que Walter tocaba.
- Era un nabo absoluto- dijo Walter cuando le preguntamos- pero tenía la guita loca y sabía invertirla.
La cosa es que el Pato y yo estábamos altamente entusiasmados porque Walter sabía tocar la guitarra y cantar muy bien al mismo tiempo, aunque había tenido que dejar su viejo grupo porque su viejo se había enfermado de Parkinson y su mujer había quedado embarazada y tuvo que ponerse a atender la granjita de la esquina de Entre Rios y Sarmiento, cerca de los hospitales. El tiempo había pasado, había tenido dos hijos más, se había podido comprar una casa y ahora que los pibes eran grandes (el mayor recibido de abogado ya) no le parecía mal pasar dos o tres domingos al mes encerrado en el garage de Pato para formar un trío. La mujer podría haber protestado, pero Pato era el marido de su hermanita menor y a su hermanita menor Pato le parecía una cruza de Moro con Ringo Starr. Lo primero que habían comprado cuando alquilaron la casa, antes que alacenas, heladera, lavarropasy repasadores, era la batería. Era medio chota, de esas chinas, pero bueno. A mi el bajo me lo había regalado mi tía Marta cuando aprobé tercer año de ingeniería y era un bajo bueno (mi tía lo tuvo que pagar en veinticuatro cuotas de la tarjeta Naranja).
El primer problema fue el nombre. Le queríamos poner "Los sucesores de la gran bestia pop" pero googleando descubrimos que ya existía un grupo con un nombre parecido y no queríamos crear confusión. Después Pato propuso "Nadie va a escuchar tu remera" pero nos pareció muy largo. "Ambar violeta" que nos encantaba a Walter y a mí, a Pato le pareció que daba a propaganda de Avon.
- Basta, dejémonos de joder- dijo Walter- juntemos las iniciales de nuestros apelidos y ese va a ser el nombre del grupo. A GIT le funcionó.
- ¿Qué es GIT?- le pregunté yo.
Walter me miró con mucha rabia.
- Una gran banda de los 80.
- Ah, bueno- dije yo. Ahí me empecé a dar cuenta que la cosa no iba a ser tan fácil como creíamos. Para que sonara más o menos pronunciable lo llamamos PIN. No estaba tan mal. Creo yo.
- Bueno, ahora la primera canción. Podemos hacer De Musica Ligera. Es linda, tres tonos, solamente- dijo Walter y enchufó la guitarra. El Pato y yo no miramos, el se sentó atrás de la batería, agarró los palillos y yo enchufé mi bajo.
Y entonces Walter empezó a cantar y a tocar la guitarra. No estaba nada oxidado, le salía bárbaro. El problema era el Pato. Y yo. No embocaba una. Nos mirábamos entre los dos como diciéndonos, que estamos haciendo acá.
- Salió bastante bien ¿no?- dijo Walter cuando terminó de tocar- Ahora vamos con Imagenes Paganas y después Un Millón de Años Luz.
A el le salía bastante bien. A nosotros definitivamente no. Cuando Walter terminó los últimos acordes de Un Millón de Años Luz el Pato estaba todo transpirado y rojo por la vergüenza de no haber acertado ni una sola vez en un platillo ni en un pedal y yo casi que había dejado de tocar las cuerdas del bajo. Quería que se escuchara lo más tenue posible.
- Bárbaro, bárbaro, che- dijo Walter- ¿Vamos a la vuelta a comprarnos unas Quilmes y unas papas para festejar lo bien que salió el primer ensayo?
- Si- le dijo Pato en un hilo de voz.
Cuando Walter se fué (se tomó dos Quilmes el solo, pero por suerte su casa quedaba cerca) el Pato me dijo, en un suspiro:
- Soy el peor baterista de la historia argentina.
- Yo tampoco estuve muy bien- le dije, para consolarlo.
- Eso es una gran verdad.
- Tendremos que decirle la verdad al pobre Walter.
- Si, si- dijo el Pato- Mañana le digo.
Pero al final no se lo dijimos. Pato no se animó y yo tampoco. Tampoco mejoramos mucho como instrumentistas; yo con ingeniería y el con las refacciones de la casa mucho tiempo no tenemos para practicar. Pero en ninguno de los seis ensayos que tuvimos hasta ahora Walter se dió cuenta.
El gran problema es que Walter habló con su suegro, que es dueño de un bar en Mendoza y Laprida y le rogó que nos hiciera una tarimita para que el sábado toquemos. E invitó a gente. Mucha gente. Hasta hizo los volantes de invitación y creo una página en Facebook que se llama PIN. Hubo muchas cargadas de parientes malintencionados.
- ¿Hay alguna probabilidad de que el mundo se termine antes del sábado?- me preguntó Pato en su último mensaje de Wasapp, ayer a la medianoche.
- No creo.
- Entonces tendremos que tocar.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario