Hang the blessed DJ
Because the music that they constantly play
It says nothing to me about my life
The Smiths
Phillip Derick, New York, 2021.
Fue culpa mía, había dicho Plumm, estoy absolutamente segura. Primero de todo salí con Julio, Julio Aquitania, adorable, sabe, un hermoso acento andaluz pero sin un dólar y a mi padre y a mi madre no les gustaba para nada, pero yo me iba a casar igual, estaba muy metida en la planificación de la boda y apareció Ron Vermin, y bueno, el sí tenía dinero, es cierto, no era precisamente honesto lo que hacía, pero probé tres de sus drogas y eran buenas, en lo suyo era realmente un genio, la cosa es que los dos han desaparecido. Y me siento culpable. Por favor averigüe algo sobre ellos, tienen que estar en algún lado. El que más me preocupa es Ron, porque puede que lo haya matado la competencia: sus drogas eran demasiado buenas, doy fe de ello. Mejores que el Valium y el Percocet juntos. Le pagaré lo que sea. Lo que sea. No puede ser que dos de mis novios desaparezcan de un día para el otro, puf, como tragados la tierra, uno en Turín, el otro en Trípoli.
Phillip Derick obedeció las reglas del buen detective, aprendidas en la Black Collection que tenía en su biblioteca y se acostó tres veces con su clienta. Desgraciadamente no fue lo suficientemente interesante para que Plumm lo elevara a la categoría de novio, pero era un profesional y el dinero que ella le pagaba quintuplicaba sus honorarios corrientes. Así que se dedicó full time al caso y averiguó todo lo que pudo acerca de Julio Aquitania y de Ron Vermin y la verdad es que los dos eran casos probables de que los hubieran matado, atado con cables y tirado al océano. Aquitania tenía deudas de juego en casi todos los salones de poquer clandestinos de Florida, Texas, Sydney y París y si Ron Vermin había eludido hasta ahora una condena efectiva era porque podía pagarle muy bien a su abogado. Bueno, le diré a Plumm, dijo cerrando la computadora, los dos probablemente estén muertos, se largará a llorar, se acostará conmigo otra vez y lo superará. Lo único que le había llamado la atención del caso -era un buen detective, prestaba atención a los detalles- era lo que comía Ron Vermin. Solamente arroz blanco tashmin de marca Lotus (importada de Malasia), endivias, caviar ruso, verdadero, Beluga, y chocolate Lundt de Costa de Marfil. A veces al arroz blanco le ponía unas gotas de salsa de pescado. Que narcotraficante maníaco, pensó Phillip, pero cada cual con su locura.
Bajó a la tienda a comprar algo para cenar, pero estaba cerrada. Se insultó un poco a sí mismo. Siempre olvidaba comprar comida a tiempo. Ahora tendría que ir hasta el delicatessen de la Quinta Avenida donde tendría que dejar cincuenta dólares para hacer algo parecido a un sandwich; el odiaba eso. Pero era el único lugar abierto.
Bueno, con el dinero que me pagó Plumm puedo comprar algo bueno. Voy a ser un poco cómo Ron Vermín. Compraré salmón ahumado, mucho salmón ahumado y un pan de buena calidad, y mostaza, porque en la heladera no tengo nada. Y tengo hambre. Y también compraré Coca Cola.
Adelante de él había una mujer de pelo corto, castaño, elegante, que llevaba de la mano a una niña muy bonita. No tenía edad para ser la madre, seguramente era la abuela. La niña usaba un vestido verde agua bastante sucio en los bordes.
- Necesito tomates secos,. Queso brie. Queso roquefort. Queso manchego. Jamón de Parma. Paté de foie de verdad.
Esto va a ser largo, pensó Phillip y tengo tanta hambre.
- Té de Ceylán. Té verde. Arroz blanco tashmin de marca Lotus. Salsa de Pescado.
- ¿Qué te pasa, Penny?- bromeó el dueño del negocio- ¿Te empezó a gustar el arroz? Siempre lo odiaste.
- Es para visitas- dijo la mujer.- Tengo muchas visitas en casa.
- Comen cosas raras- dijo la niña.
Si no hubiera sido por el comentario de la niña, Phillip no se hubiera dado cuenta. Pero, no es probable, se dijo. Puede ser casualidad.
- Aceite de oliva y aceite de girasol, ambos de primera prensada en frío. Salsa de soja, la más barata. Orégano. Pimienta de Jamaica. Ají picante.
No, se dijo Phillip. Me estoy poniendo demasiado suspicaz.
- Chocolate Lundt de Costa de Marfil.
No podía ser. La mujer tardó un rato en pedir lo siguiente.
- ¿Por casualidad, tienen caviar ruso, verdadero, Beluga, blanco, de huevas de esturión?
- Por supuesto- contestó el dueño- ¿Ganaste la loteria, Penny? Tu y tu esposa nunca fueron de tantos lujos.
- Visitas en casa- contestó Penny. Parecía muy nerviosa.
No sabe mentir, se dijo Phillip. Ya sé que tipo de visitas tiene en su casa.
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