miércoles, 30 de abril de 2014

Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia.

Diario de Amalia.

Lo pensé un montón de tiempo. Diecisiete horas enteras. Después acepté el consejo de la Peco y fuí a la pattiserie de Julián, con mi mejor cara de trabajaré en lo que sea. Aunque temo que Julián haga un casting sábana; pero no es tan grave, Julián no está tan mal.
- Hola, Amalia- me dice con cara de sorprendido.
- Hola, Julián. Vengo por el trabajo.
- ¿Qué trabajo?
- El de moza.
Se queda callado. Quince segundos enteros.
- Pero si vos tenés guita.
Eso me duele. Si, es cierto, tenía guita, hasta hace unos días y una madre proveedora y un padre consentidor y un próximo viaje a París y un novio de la Cámpora y otro novio imprentero y un novio ficticio del PRO y tarjeta de crédito sin límites. Ahora no tengo nada. Nada.
- Pasa que me peleé con mi vieja. Y me cortó el chorro.
Julián me mira comprensivamente.
- A mí me pasó lo mismo. Yo pensé que mi viejo iba a entender que yo quiero ser pintor. Pero nada, nada, che. Vino a casa, miró dos o tres de mis cuadros, me dijo que lo mío era una real porquería, que tenía que trabajar en algo, y como el es el dueño de este lugar desde hace tiempo, y el gerente anterior se fué a Usuahia, me dijo ocupate del local de tortas. Yo no sé nada de gastronomía, le digo. No me importa, me contestó, hasta podés colgar tus cuadros en el lugar si querés. Hasta ahora me animé a colgar uno solo, este, mirá.
Lo miro. Yo de pintura no entiendo nada. Es una especie de puesta de sol.
- Me gustan los colores- le digo y por suerte no estoy mintiendo.
- ¿No es cierto? Yo pienso que puedo llegar a ser un buen pintor, a pesar de lo que dice Patricia.
- Bueno- le digo yo, porque parece que la herida aún está abierta- Patri estaba enojada con vos.
- Sí, que se yo. Bueno, si querés trabajar acá, no hay problema. Empezás el jueves, de ocho de la mañana a cinco de la tarde.
- ¿Y el sueldo?
- Es por día. Más las propinas. 150 pesos
- Es muy poco.
- Mirá, Amalia, si no querés no lo agarres. Pero las propinas son buenas. A veces en dólares.
Tengo que pagar la luz y el gas dentro de poco. Sin hablar que el contrato de alquiler se me vence en un mes.
- Está bien, Julián. Vengo el jueves.
- Bárbaro, Amalia. Me parece que vamos a llevarnos bien.- Hace un silencio.- ¿Alguien te dijo que sos igual que Julieta Venegas? A mi me encanta Julieta Venegas.
- Nunca me lo dijeron- contesto. ¿Eso será un lance? Con Julián (según Patri) nunca se sabe. 

Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia

Diario de Germán.

Llamo a Karen. Para preguntarle que tal va todo como el embarazo, como se siente la Peco, si ya decoraron el cuarto y, como quién no quiere la cosa, si puede ser que Amalia esté interesada en mí.
- ¿Interesada en vos? ¿Amalia?
- Sí, como dijo que yo era el novio...
- ¿Vos querés salir con Amalia?
- No, no sé...
- ¿Qué no sabés?
- Si quiero salir con Amalia.
- ¿Y entonces para que me preguntás si está interesada en vos? German, yo no te quiero decir nada, pero unas semanas atrás te ibas a casar con Gretel, después saliste con Patri, después te enganchaste con una comunista y te peleaste con Gretel, y ahora me preguntás por Amalia. ¿Podés dejar de buscar lío con las mujeres? Un par de meses, de calma.
- No me retes, Karen.
- Mirá, no te reto. Yo soy la menos indicada para darte consejos, porque hasta que me asenté con la Peco era un desastre en las relaciones, pero vos sabés que te quiero mucho. Y a la Amalita también la quiero, a pesar de lo que te hizo.
- Pasa que ya lo decís vos, me peleé con Gretel. Y ahora miro mi vida y Alberto está todo el día en mi departamento y me imagino que voy a morir solterón, con mi hermano desastroso como toda compañía y que Juancito va a casarse antes que yo.
- Juancito cree que Los Padrinos Mágicos existen.
- Justamente. Mirá cuando llegue a los veintiun años y me digo tío, tío, me caso en tres meses. Y yo sin nada.
- Pero, Germán, si estás re bueno. Y además sos estadístico. Y vivís en Recoleta. Y usas perfume importado.
- Igual está la posibilidad.
Karen hace un silencio. Está evaluando la posibilidad de que tenga algo de razón o, si no, que soy un boludo absoluto que hace cualquier cosa con tal de conseguir una mina.
- Pero ¿Amalia? La verdad es que nunca se me hubiera ocurrido. Aunque puede ser... Que sos lindo ya se dió cuenta, se me ocurre. Pero a ella le gustan los tipos de izquierda, y un poco más bohemios que vos.
- Yo soy re bohemio, Karen- le digo- Escucho Prokofiev.
- Ay, Germanuchi- me dice ella.- Si hay algo que no sos es bohemio y de izquierda. Es más bohemio Eduardo Feinmann que vos.


La vida de Agustín Tosco. 12º parte

                                                                                                    1935

Papá escucha tangos en la radio y mi mamá prepara la leche. La hierve, le saca la nata. Después corta el pan y lo unta de manteca. ¿Cómo anda la cosa, patrona? le dice un vecino a mi mamá. Aca andamos, tirando, contesta ella. Yo me siento en la silla más nueva y entonces mamá me dice que dentro de poco tendré que empezar primero inferior, que empezaré a ser un hombrecito. Yo quiero trabajar, le digo. Yo quiero trabajar como papá, le digo. Y mi mamá se ríe y me dice que no, que tengo que estudiar y comer pescado que es bueno para el cerebro. Y me acaricia la cabeza. De eso me acuerdo. El mundo afuera de mi casa huele a sebo y a pasto y es inmenso. A veces mi mamá me lleva con ella a las tiendas y en las vidrieras veo pelotas de cuero y Mecanos inmensos, y aunque me dan ganas de llorar para que mamá me los compre, le pido en vez alguna revista de esas de historietas, que mi mamá lee porque yo no sé leer, aunque finjo que sí y me las aprendo de memoria y luego las recito. "Es un cráneo el Agustincito", dice la rubia de al lado. "Este te va a salir bueno". Yo quiero ser pirata o indio , no quiero estudiar, no quiero ir a la escuela ni usar guardapolvo blanco ni leer libros que casi no tienen dibujos. El hijo de la rubia de al lado ya va a la escuela y se cree la gran cosa, siempre peinado de gomina y con la ropa impecable. Ya va a ver cuando lo agarre. 


martes, 29 de abril de 2014

El Salmón

                                                                                         Uy, Andrés,
                                                                                         que hacemos con esta gente.
                                                                                                                  No se puede vivir del amor.

Es increíble que un mismo hombre pueda ser amigo de Miguel Abuelo y de Luca Prodan y de Rodrigo Fresán, y ser enemigo mortal de Charly. Pero ese hombre es el Salmón. Andrés Calamaro es el único poeta vulgar de la Argentina; nos descoloca con canciones como la que cito. ¿Por qué cantamos canciones de amor, si suenan mal y nunca tienen razón? Es imposible no cantar una canción de Calamaro, aún la mas tonta, la más impredecible. Es prolifíco como un océano y lleno de oscuras transparencias (valga el oxímoron, por esta vez) que hacen cualquier disco del Salmón tan interesante como navegar en aguas desconocidas y ver que se aproxima una tormenta. La lengua popular, la lengua de la calle, las tres marías en ritmo de cumbia; cuando una escucha a Andrés tiene inevitablemente ganas de bailar y de tararear y de que la música no deje de sonar nunca.

Spinettiana

Ya se han liberado mis últimos animales:
peces dorados
que se alejan en el fondo del río.

Armo con el alba
y dibujo
el último rostro que tengo,
que no veré nunca.

Afuera amanece la gente
como todos estos años.

Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia

Diario de Amalia.

Le pedí a Patri y a Karen que me ayuden a buscar trabajo. No sé por donde empezar; podría ser, como sugiere Raúl, por pedirle perdón a mi vieja. Pero me parece que esta vez no va a aflojar. No es como la vez que le robé doscientos dólares para comprarme un Gucci. Ahora se creo un hashtag en Twitter que se dedica exclusivamente a burlarse de ella. No, esta no me la perdona.
Karen conoce a mucha gente. Lo que no quiere decir es que la gente que conoce Karen esté dispuesta a darme trabajo; básicamente para ellos soy la amiga cuerda de la loca de Patricia. Igual me ayudó a armar mi currículum, al que le puse una foto preciosa de tres años atras, y letras azules y una lista larga en la parte estudios para disimular que en el campo experiencia no tengo ninguna. Podría mentir y decir que tengo un montón de experiencia, pero lo difícil es decir en qué. ¿RRHH? ¿Secretaria ejecutiva? ¿Publicista? Me parece que me van a descubrir al toque.
Patri es un poco más realista y me dice que me busque un trabajito fácil, de esos temporarios, hasta que a mi vieja se le pase. A mi padre no le puedo pedir ayuda porque está en San Francisco hasta fin de año. Y además porque por suerte no se enteró de este quilombo.
Me compro todos los diarios, estudio todos los clasificados. Llamo a un par de lugares. Tomo mate. Miro Cosmopolitan y Telefé y el Trece y después Europa Europa. Llamo a otros lugares. Y entonces aparece la Peco.
- Me parece que te conseguí trabajo- me dice.- Hay un boliche nuevo a una cuadra de casa que necesita mozas.
- ¿Yo?- le pregunto- ¿Moza?
- Bueno, que se yo. ¿Querés trabajar en la cocina?
Nos reímos las dos.
- Puede ser, puede ser- le digo yo. Al final de cuentas, no me parece tan mal. No es tan difícil.
- No, mirá- dice la Peco- es una pavada. Es una de esas pastelerías boutique que tienen tres o cuatro tortas que salen mucho y una buena carta de tés. Tenés que usar un delantal largo y cortarte las uñas bien cortitas, eso sí. Yo voy todas las tardes. Me dijeron que necesitaban gente.
- ¿Quién te dijo?
- El dueño.
- ¿Lo conocés?
- Sí, más o menos bien. Es una persona muy agradable. Un señor mayor.
- Bueno, voy a proponerme.
Peco me mira. Hay algo que me quiere contar. A la Peco se le nota en la cara, la punta de la nariz se le ponde roja.
- Bueno, hay algo que te quiero contar. Resulta que el dueño le dió la gerencia al hijo, porque el hijo estaba un poco de vago y le traía muchos problemas...
- ¿Y qué tiene?- le digo yo- ¿Es muy jodido el hijo?
- No, no sé- dice la Peco.- El hijo es Julián.

Los amores aéreos. 4º parte.

Le costó dormirse a Adrián esa noche y más aún le costó despertarse. Cuando se despertó, la casa estaba vacía o eso le pareció a él. Abrió la heladera, sacó jugo de naranja y se tomó dos tragos. De afuera le llegó un rumor de agua. Enseguida apareció Danáe.
- Estabas afuera- le dijo él.
Ella lo miró. Se parecía un poco a Facundo en la mirada y en el porte.
- Yo necesito estar afuera.- le respondió ella- Igual que Perséfone.
- Ella lee el Progreso del Peregrino- marcó él, intentando sonreir.
- Sí ¿y que hay?
- Nadie lee ese libro- fue la confusa respuesta de Adrián.- Lo leían en Mujercitas, hace más de ciento cincuenta años. Es un libro de otra época. ¿Son religiosas ustedes?
- No- dijo Danáe. - Por lo menos yo no. Sí, quizás, Perséfone. Aunque a veces no cree en Dios.
- ¿Qué clase de religiosa no cree en Dios?
- Las que no creen en su creador.
No bebió del vaso de Daniel, aunque lo miró atentamente.
- ¿Por qué pensás que te llamó Facundo?- dijo de pronto.
- Porque soy su amigo.
- Facundo hace rato que no tiene amigos.- dijo ella- Ismael no es su amigo;  es su amante. Martín es algo así como su cuñado. Facundo se deshizo de Francesca, en algún modo, porque estaba muy cerca de él. Tené cuidado con él; es de la clase de araña que pican antes de escaparse. Para él todos son objetos de estudio, de observación; esta casa es un laboratorio- y cuando dijo eso, a Adrián le pareció que él estaba solo, bajo la lente de un microscopio y que Danae no estaba allí.
- ¿Entonces que hacés aquí? Si Facundo es tan peligroso, digo, podrían marcharse ambas.
Fue entonces cuando Danáe sonrió.
- Lo hemos considerado. La cosa es que no tenemos donde ir.
- ¿Parientes? ¿Amigos?
Ella sacudió la cabeza.
- Ninguna de las dos.
Era raro, porque aunque confesara eso a Adrián no la vió desprotegida. Parecía casi contenta. Una chica joven, pensó él, y muy hermosa, generalmente quiere conocer el mundo, divertirse, mezclarse, encajar. ¿Por qué no invitarla a fugarse con él? pensó, de pronto. Por un momento imaginó a Danáe en su casa, entrando sigilosamente por su puerta, abriendo su heladera y no supo porque la imagen se deshizo enseguida de su mente como un insecto quemándose.
- Ahí viene Perséfone.- dijo entonces Danáe.- Martin ha conseguido acercarse a ella anoche.
Y era cierto, porque la mano de Martín, de dedos cortos y vellos rubios en los nudillos, una mano de marinero del siglo XIX, acariciaba suavemente el hombro de la hermana de Danáe, como si estuviera marcando un territorio, una posesión perdida.
- Que tal- dijo Martín, en voz baja. Detrás de esa voz parecía esconderse otra que decía cuando te marchas, cuando dejas de estorbar, esto es nuestro paraíso privado y tu solo un escolar que viene a observar la fiesta.

lunes, 28 de abril de 2014

Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia.

Diario de Germán.

Todo volvió a la normalidad. O casi. Mis empleadas me pidieron un aumento del 50% por ciento y vacaciones de veinte días semestrales. Mis amigos del PRO todavía me miran de reojo. Gretel sigue en estado "es complicado" en cuanto a Facebook, pero no sé si eso es bueno o es malo. Alberto sigue insistiendo en que tan mal no me fue o que en todo caso a él le fue mucho peor; el humor le mejoró un poco porque Juancito volvió de sus vacaciones y a pesar de un bronceado rarísimo (parece que la madre se equivocó y en vez de pantalla le puso aceite de almendra) y de hablar en un inglés de Teletubbie se la pasan viendo Bob Esponja y comiendo Cheetos. En mi departamento. Está hecho un asco.
Pero mamá y papá están conformes porque nuestro apellido se limpió o eso creen ellos. Lo que no entiendo mucho es por qué Amalia dijo que yo era el novio de ella. ¿Estará enamorada de mí? Salía con Javier, pero, tengo que decirlo, soy bastante más lindo que él. Por lo menos de perfil. Se lo dije a Javier y me miró de arriba a abajo; creo que iba a reputearme, pero se contuvo.
- Es una loca de mierda- me dijo.- No sé por qué me enganché con esa pelotuda. Por ahí te vio más lindo, que se yo, camisita Polo, perfume de marca. Que careta. Yo que pensé que podíamos llegar a algo.
- ¿Pero te explicó por qué?
- Me dijo algo de la madre...
- ¿La qué me pegó?
- Sí, otra loca. Tal para cual. Decíme, si tanto la jodía que yo fuera de La Cámpora, ¿por qué no me lo dijo? ¿No me podía ir de frente? No, inventa que vos sos el novio, y después para salirse de la mentira la embarra más con otra mentira. Y otra. No salgo más con chicas que no pertenezcan al sector nac and pop.
- ¿Cómo Aldana?
- Sí, que se yo, el otro día en un plenario se me acercó una chica de Berazategui. Lo único malo que tenía era que era pelirroja y pecosa, pero después me gustó mucho. No le quise dar el teléfono ni mi nombre por Amalia y después me entero de esto...
- Mirá- digo yo, para consolarlo. ¿Qué culpa tiene el pobre de que yo sea un galán?- Peor me fue a mí con Gretel, que me enteré que me metía los cuernos antes de casarme. Amalia no te metió los cuernos; no exactamente.
- Sale también con Nestor- me dice Julián.
- ¿Vos sabés lo de Nestor?- le preguntó yo, asombrado.
- Todos lo conocemos a Nestor. Su abuelo perteneció al primer grupo trotskista de Argentina; su padre conoció a Fidel y al Che Guevara; Nestor tiene una imprenta vieja con la que imprime volantes comerciales y libros de Rosa Luxemburgo y de Milcíades Peña. No sé que le vio Amalia, pero la verdad es que ella salía con él antes de salir conmigo y que cuando me conoció a mí siguió saliendo con él. Pero Nestor está en pareja, o no exactamente, porque la mujer de él pasa la mitad de la semana con el diagramador de la imprenta.  Pero todos se tratan de compañero y compañera y no hay problemas de exclusividad.
- ¿Y no te enojaste por lo de Nestor, pero te enojás por lo mío? Lo de Nestor es más grave.
- No- dice Javier.- Vos no entendés, Nestor es casi un amigo de Amalia con el que a veces se acuesta. Pero yo creí que con el paso del tiempo se iba a cansar de eso e iba a decir, este chico, Javier, que viene de General Obligado, que a veces me regala libros de Zaffaroni, que se empeña en que le guste Ricky Martin aunque lo odie, puede llegar a ser que lleguemos a algo. Y me presentaba a su vieja o buscábamos un tres ambientes juntos. En vez de eso dice que vos sos el novio. ¿Entendés?
Lo pienso unos segundos. De repente suelto la pregunta que quiero hacerle:
- ¿No puede ser que Amalia esté enamorada de mí?
Javier vuelve a mirarme de arriba a abajo.
- ¿Por qué?- es cruel la pregunta.- ¿Por tu cara de nabo?
Juancito me tira los pantalones. Tiene los dedos llenos de grasa de Cheetos.
- Tío, tenés cara de nabo. Y te queda muy bien.

viernes, 25 de abril de 2014

Un aire de familia. 4º parte. Samuel.

La madre de Samuel, por supuesto, se opuso a la mudanza, anunciando mil calamidades y el padre de Hannahestuvo de acuerdo, diciendo que la ciudad era un buen lugar para una pareja joven y con ansias de progresar y para un muchacho tan inteligente como Samuel y para una chica tan emprendedora como su hija, sin contar las escuelas y los hospitales para la pequeña Judith. No les llevó mucho tiempo armar todos sus bártulos y subirlos al tren. Vivirían al principio en una casa de pensión, por supuesto con una dueña judía ortodoxa amiga de la madre de Samuel.
El viaje no era largo, pero era la primera vez que estaban completamente solos.
- Cuéntame de tu primo- le dijo Samuel a su esposa.
Ella suspiró.
- Quería ser escritor. Era un muchacho muy hermoso. Más bien bajo, pero tenía muy lindos ojos. Me escribía poemas todas las tardes y me los dejaba en el hueco de un árbol.
- ¿Alguna vez se besaron?
- Muchas veces.
- ¿Por qué se pelearon?
- ¿Quién te dijo que nos peleamos? Fue solo... Un día, a la tarde, mientras él me abrazaba, me di cuenta de que tendría que ser su esposa. Ya nos habíamos acostado, dos veces.
- ¿No eras virgen cuando te casaste conmigo?
- No te diste cuenta. No tiene por qué importarte. Esa tarde me di cuenta de que mi vida sería él, el entrando y saliendo, él padre de mis hijos, él comiendo guefilte fish, él acariciándome la cintura. Y entonces, no sé por qué, dejé de quererlo.
- No entiendo. Después te casaste conmigo.
- Es mejor casarse sin amor. A veces. Somos como hermanos.
- Como hermanos que se acuestan- respondió Samuel, algo furioso.- Como hermanos que tienen una hija. Como hermanos que viven juntos.
- Si quieres puedes abandonarme. No voy a perseguirte- dijo Hannah.
- ¿Y la niña?
- Es tu hija, si la quieres como yo la quiero. Aunque aún no ha ocurrido. Eres un poco cobarde, Samuel y eso está bien porque yo soy un poco cobarde. Tú te refugias en el ajedrez y en los libros, yo en mi hija y en mis folletines. Quizás logremos ser felices en la ciudad.
- ¿No quieres enamorarte de mí?
- Hay que ver si existe el amor- fue la respuesta de Hannah- Quizás sea solo un rumor.  ¿Alguna vez te has enamorado?
- Creo que no- dijo Samuel.
- Te casaste conmigo porque conmigo no te ocurriría nada.- dijo Hannah- Y nada te ocurrirá. Quizás te enamores en la ciudad. Hay muchas mujeres hermosas allí. Mantén al menos esa esperanza.
- ¿Y si tú te enamoraras de vuelta?- preguntó él, algo desalentado.
- Quédate tranquilo. Nunca lo sabrás- dijo ella.- Soy una buena mujer judía, aunque solo tengo veintidós años y una hija. Puedes dedicarte a vivir, Samuel, yo te cocinaré guefilte fish y pariré a los hijos que engendres.

Un aire de familia 3º parte. Samuel

Fue un parto complicado. Tuvo que venir el médico del pueblo cercano, del que todos desconfiaban. Hubo muchas palanganas con sangre, muchos ayes de ambas abuelas y Samuel se encerró en su cuarto mientras leía el periódico, o hacía como que lo leía. A las cuatro o cinco horas el médico le tocó el hombro.
- Es una niña delicada- le dijo. - No sé si sobrevivirá.
Samuel estuvo a punto de echarse a llorar. No lo hizo porque su madre lo estaba mirando a través de la puerta.
- ¿Puedo ponerle nombre?- le preguntó.
- Quizás sea lo mejor. Por si pasa algo- fue la respuesta del médico.
- Entonces le pondré Judith.- dijo Samuel.
- ¿No quieres llamarla Hannah, como la madre?
- Se llama Judith- aseguró Samuel, como si ese nombre fuera un talismán que salvaría a la niña de la muerte. Su suegra se la acercó; tenía el rostro azulado, pequeño, más bien feo y parecía que no respiraba. "Quizás se muera ahora" pensó él "y no tendré casi ningún recuerdo de ella salvo este".
Pero la niña sobrevivió, nunca nadie entendió bien como. El médico volvió a las dos semanas y se asombró que inclusive hubiera ganado algunos gramos. Hannah estaba ojerosa, pero feliz cuando él le dijo que el corazón latía bien y los pulmones sonaban limpios. A Samuel, pasado el primer miedo, ser padre le produjo una impresión de tristeza que no pudo remediar. Era alguien ajeno, un ser extraño con el que apenas podía conectarse, que no respondía a sus pensamientos.
Una noche, cuando ambos se habían acostado y la niña estaba durmiendo, Hannah se lo dijo.
- No quieres a tu hija.
Sonó como un mazazo. Era una afirmación tan contundente que estuvo a punto de negarla, pero no tuvo fuerzas para hacerlo.
- Llora como un cordero lechal- fue su débil respuesta.
- Tampoco me amas a mí- siguió diciendo Hannah.- Te casaste conmigo porque nuestros padres pensaron que era lo mejor para nosotros.
- ¿Y tú por qué te casaste?- respondió el, intentando desafiar su lógica.
- Tampoco por amor y lo sabes bien, pero las mujeres no decidimos esas cosas- fue su respuesta.- Hubiera preferido que me rechazaras. Pero fuiste un cobarde.
- Tú también lo fuiste.
- No tenía un enamorado. Lo tuve. Pero luego lo olvidé.
- Tendríamos que irnos- dijo él y vió entonces una luz de esperanza.
- ¿Irnos a donde?- preguntó ella.
- A la ciudad.
Hannah se levantó, abrió la ventana y miró la noche. Fue en ese momento cuando Samuel advirtió que era la muchacha más hermosa del pueblo y se preguntó quién sería el hombre del cuál se habría enamorado. Se preguntó si se habrían dado besos furtivos o algo más, si algún día encontraría cartas escritas dirigidas con pasión a su mujer.
- Vamos- dijo ella, entonces, sin darse vuelta. Se quedó un rato en la ventana y luego volvió a acostarse.
- ¿Quién fue tu enamorado?- le preguntó él entonces.
- Mi primo.- dijo ella- El que murió hace dos años, ahogado en el arroyo.
- ¿Y lo olvidaste realmente?
- Tu no entiendes- dijo ella y su voz sonó tan queda que parecía de agua- Lo olvidé mucho antes de que el muriera.

La vida de Agustín Tosco. 11º parte.

                                                                                              1952

Se está poniendo peliaguda la cosa, pensamos todos, se está poniendo muy densa. En la mayoría de los diarios y en las universidades, los periodistas, los catedráticos y los escritores hablan de dictadura y de demagogia y hablan de Mussolini y de Hitler. Incluso algunos de mis compañeros de trabajo hablan así, y entonces se para el Ruso y dice que dejen de joder con Hitler, que acá no hay campos de concentración ni nada y se arma una trifulca bárbara. Al Ruso y a su hermano le parten los dientes. Nosotros intentamos pararlos, pero no entendemos mucho. El Pelado Gonzalez, que estuvo en la Guerra Civil de voluntario, dice que vió estas discusiones al pedo doscientas mil veces y que se dejen de joder un poco. Después nos tomamos todos un vinito, hasta el Ruso y el hermano aunque las encías les arden. Tratamos de reírnos, pero es difícil. Evita se murió hace cosa de un mes y antes de morirse dio un discurso y todos creíamos que no se moría, aunque algunos estaban contentos. El otro día, en el tranway, sin ir más lejos, oí a una señora (bibliotecaria, me parece y solterona por los anteojos) decirle a una amiga: "Por fin se murió la yegua. Y sufriendo. Se ve que Dios existe". Seguramente la señora es católica y va a la iglesia todos los domingos y se confiesa y se cree muy cristiana, aún cuando dice palabras como esas. Después mi familia no quiere que sea un esceptico en materia de bondad humana.

Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia

Diario de Amalia.

Hace tres días que no salgo de casa, lloro y uso pantuflas de conejito. Al final la Peco y la Patri me convencen de que lo que tengo que hacer es llamar a mi mamá, y explicarle que era todo mentira y que ella me entienda.
- Mi mamá me va a matar- les digo yo.- Ella estaba re convencida y encima le pegó a Germán. Se viralizó como una justiciera y ahora...
- Bueno- dice la Patri- si sos boluda tu madre no tiene la culpa. O tiene bastante, pero no toda.
Giro hacia la Peco, buscando algún tipo de apoyo moral.
- A mí no me mires- dice la Peco.- Yo al Germanuchi lo adoro y estoy esperando que nazca el bebé para que sea el padrino de mi hijo. Y además el Javier tuvo razón en mandarte a la concha de su madre: ¿por qué no le podías decir a tu vieja que salías con alguien de La Cámpora?
- No me mandó a la concha de mi madre- digo yo con un hilo de voz- Me mandó a la puta que me parió.
- Tuvo razón igual.- la remata la muchacha. Como está embarazada, no puedo decirle ni mú.
Suena el teléfono de mi casa. Es la voz de mi vieja.
- Te voy a matar- me dice- Olvídate del viaje a París que te iba a pagar a fin de año.
- ¿Por qué, mamá?
- Salió una solicitada en todos los diarios del país. Dice que vos, tu amiguita Patricia y el resto de tus amigotes calumniaron al prestigioso estadístico Germán Ramnosedequé porque vos tenés serios problemas mentales, heredados de tu madre. Que nunca fué ni será novio tuyo. Que se estaba por casar con la dueña de la boutique Lazaros. Básicamente, vos quedaste como una loca y yo como una pelotuda. Que lo soy, a veces, pero no tanto como para creerme que no tuviste nada que ver con esto. En los Cardales se me cagan de risa, hasta el caddie. Decime que pasó.
Suspiro, miró a Karen y a la Peco y le digo a mi mami:
- ¿Viste el chico que estaba al lado de Germán? El de remera celeste.
- ¿El de la Cámpora?
- Sí. El es mi novio.
Se hace un silencio del otro lado de la linea.
- ¿Por qué no me dijiste la verdad?
- Porque estabas tan contenta, mami.
- No me hables por tres semanas. Y ni se te ocurra pedirme plata. Andá a buscar al boludo de tu padre para eso.
Y me corta.
- Mi mamá ya se enteró- les digo.- Por el diario. Germán publicó una solicitada. Tratándome de loca y de mitónama.
- Uy- dice la Peco.
- Uy - dice Patri.
- Y mi vieja me cortó los víveres.
La Patri se me acerca, me pone una mano en el hombro y me dice:
- No te hagas problemas. Vas a tener que conseguirte un trabajito. No te va a costar nada.
- Yo nunca trabajé en mi vida, Patri.
- Hay cosas peores- me dice la Peco- Podrías haberte acostado con Julián. Hasta ahora, zafaste de esa.
- Nunca es tarde- dice la Patri y se ríe.

miércoles, 16 de abril de 2014

La muerte de un rey. 25º parte.

                                                                                           Travis. Ruinas de la primera ciudad de los Mil


                                                                              Mingle in howling pains, in furrows by thy lightnings rent.
This is eternal death, and this the torment long foretold.
                                                                                              William Blake

¿Por qué nos quedamos aquí? preguntó la niña.
Es una ciudad en ruinas.
Por eso, dijo Travis. Aquí estamos seguros.
La muerta ciudad de los Mil, donde vivimos años tan felices.
Los Mil están enfrascados en la guerra, dijo Travis. Solo unos pocos no creemos en ella.
Tu eres uno de los generales, fue la respuesta de su hijo.
Pero no soy general mientras no vaya al campo de batalla.
Cobardía, dijo Sarar. Cobardía, dijo Tiffanny. Cobardía, dijo Eliza. Solo Enrique entendió y asintió cuando el no quiso marcharse. Dejenme aquí, con mi familia, les dijo. 
Tiempo después Enrique volvió con el ojo destrozado. Jorginho está preso en los calabozos del rey, le dijo. Tuviste razón. Sarar y Tiffanny están desquiciados desde la muerte de Amparo y Oregon e incluso Melinda ya no es la que era. Y los nativos tampoco son lo que pensamos que serían.
¿Qué pensaron que serían?
Idiotas, fue la respuesta de Enrique. O al menos estúpidos.
Aprenden muy rápido.
No me moveré de aquí, decidió ese día. No me marché de la Tierra para generar un planeta peor que la tierra. 
Los años pasaron. De a poco, los otros empezaron a llegar. No eran nativos, no eran Mil; eran los esclavos escapados, a veces mutilados, a veces enteros. Escapaban de los calabozos del rey, pero también de las prisiones de los Mil. Travis los aceptó en la ciudad y empezó a enseñarles.
Es peligroso lo que estás haciendo, le dijo un día Eliza.
Fue lo que hizo Lisbeth y así comenzó la guerra.
Oh, le contestó Travis, esto si que es gracioso. La última general dándome consejos. Te conozco desde que no decías casi palabra. Si estás viva es gracias a mí.
Una noche llegó un esclavo fugitivo. Venía de muy lejos, muy herido. Casi muerto. Tendría dieciséis, diecisiete años. Travis lo curó y lo alimentó.
¿Cómo te llamas?
Dion. Es el nombre que me dí cuando era un niño esclavo. Me lo dí a mi mismo.
Es un buen nombre, dijo Travis. Ya estás curado. Pero no te marches enseguida. Hay cosas que debo enseñarte, cosas que debes saber para poder sobrevivir. Si no, moriras.
No confío en los tuyos, le respondió Dion.
Haces bien. Es un buen comienzo, dijo Travis. ¿Has oído hablar alguna vez de los elementos químicos orgánicos e inorgánicos? Prepárate para aburrirte por varios años. 

La muerte de un rey. 24º parte

                                                                                        Tell me your secrets 
                                                                                        And ask me your questions 
                                                                                       Oh let's go back to the start 
                                                                                       Running in circles 
                                                                                        Coming up tails 
                                                                                       Heads on a science apart                                                                                                               Coldplay

                                                                                         2016, Trípoli, Travis.

No creo demasiado ya en la ciencia, dijo Travis, para terminar la conferencia. Hubo un murmullo de desaprobación. Estamos gastando demasiado dinero en buscar la cura de enfermedades que son generadas por el exceso de contaminantes que la misma ciencia genera. Dentro de poco, como escribió Robert Silverberg, el planeta Tierra será un mar de basura, de bolsas de plástico y coltan, de autos oxidados y de computadoras inútiles. Los únicos sobrevivientes serán las ratas y las cucarachas, porque son más inteligentes que nosotros. A esto hemos llegado; los animales rastreros son más inteligentes que los seres humanos. La bioquímica puede dar algunas respuestas, pero no hay respuestas que valgan si no hacemos las preguntas más concretas: ¿Cómo pensamos que vamos a sobrevivir cuando se acaben la tierra y el agua potable? En los últimos años solo creemos en la virtud crítica de las armas de destrucción masiva y creemos que guardando cepas de virus monstruosos estamos a salvo. Ninguno de nosotros está a salvo. Ya no. Los reservorios de agua están siendo contaminados; los bosques son talados para sustituirlos por monocultivos de cualquier planta transgénica, que en diez años acaba con toda la riqueza del suelo; incluso los océanos son depredados de toda su flora y fauna. No tenemos oportunidad de sobrevivir.
Por supuesto, no hubo aplausos.
Travis bajó del escaño. Los otros asistentes al congreso lo miraron.
Es tu partida de defunción, le dijo el dean de la Universidad de Milán.
No me importa, dijo Travis. Estoy harto de venir a conferencias para hablar de las bondades de los últimos descubrimientos científicos.
Tengo planeado mudarme, con toda mi familia, le dijo.
Excepto mi padre. Es un viejo testarudo que quiere quedarse aquí.
A la salida del edificio lo estaban esperando Enrique y Jorginho. Enrique le convidó un cigarrillo.
Dejé de fumar, dijo Travis.
Quiero estar listo para el gran viaje, sano y entero.
Enriqué se rió.
Sabes, Travis, le dijo, en este extraño complot hay mecánicos del Bronx, nerds de la Ivy League, artistas punk retirados, millonarias agonizantes e incluso antiguos ladronzuelos, como Jorginho. Pero tú, el experto en bioquímica, el más respetado de todos quizás, eres el más nihilista. Sin haber leído a Nietzche.
Soy científico, respondió Travis. No conozco la idea del no futuro. No la entiendo.
No soy nihilista.
Solo quiero lo que quieren los otros, pero de una manera un poco distinta. Sobrevivir, en lo posible.

martes, 15 de abril de 2014

Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia

Diario de Germán.

Vienen mamá y papá. Al departamento de Alberto.
- ¿Es cierto todo lo que publicaron?- es lo primero que dice papá.
- No, papá- le digo yo- No sé de donde salieron esos rumores. Si vos me conocés desde chiquito.
- A mí me parecía raro- dice mamá- Tráfico de influencias. Si sos de pelotudo que desde que tenías ocho años y Alberto te dijo que plantando una moneda de un peso salía una planta de dinero y vos te la creíste cinco veces y Alberto apareció con dos alfajores Guaymallén que no podía comer porque el chocolate le hace mal...
- ¿Te acordás el día que jugaba Independiente y se puso a gritar el gol en contra?- dice mi viejo.
- ¿Y la vez que levantó la mano cuando la Guardiola preguntó quién se había copiado en la prueba de inglés? Esa fue histórica- agrega mi hermano.
- Vos callate, nene, que seguro tenés algo que ver en este entuerto- dice mi viejo.
- No, mamá, yo no tengo nada que ver.
- Mirá, Alberto- dice papá- si no fuiste a Los Cardales fue porque tenés prohibida la entrada. Te pensás que no te conocemos.
- Bueno, si quieren que les diga la verdad- les digo yo- fui a los Cardales en pedo porque quería pasar por borracho y mujeriego para suspender el casamiento con Gretel. Pero todo salió mal. Salvo lo de suspender el casamiento. Eso salió bárbaro.
- ¿Quién te dió esa idea boluda?- pregunta mi viejo, mirando a mi hermano.
- En realidad, me la dieron mis empleadas- digo yo, para que por esta vez mi hermano zafe, porque si no mis viejos lo ponen en lista negra para siempre.- Yo quería suspender el casamiento, y como ya estaba todo pago, me dijeron que si se armaba quilombo Gretel no se iba a querer casar conmigo.
- ¿Tus empleadas te dieron esa idea?- me pregunta mamá.
- Y...sí- le contesto yo.
- Ay mi pichón- me dice mamá- Si querías suspender el casamiento hubieras venido a hablar conmigo y yo me encargaba de todo.
- Es que no quería meterte en líos, mami.
- Ya sé, chiquitito mío. Mirá, que casi te me largás a llorar. Pobrecito, mi chiquito, toda esa gente mala diciendo esas cosas de vos y vos...- Ahí mira la botella de vodka.- Alberto, lo dejaste tomar alcohol. Alberto, que te dije doscientas veces: que tu vida sea un caos desastroso no quiere decir que lo lleves por mal camino a Germancito, que logró recibirse de estadístico con promedio de 9,55. Y encima vodka de mala calidad. Yo te voy a matar.
- No, mami, no lo mates- le digo yo.
- Mirá como te defiende Germancito. Si es una ternura. Todavía me acuerdo cuando lo vestía de amarillo patito para las fotos- dice mi mamá y me da un beso.
- Vos siempre el preferido- me dice Alberto.
- Basta de pelearse, manga de inmaduros- dice mi viejo- Ahora hay que salir a aclarar todo.
- ¿Cómo?- le pregunto yo.
- Qué se yo. Una solicitada- dice mi viejo.
- No nos va a creer nadie- dice mamá.
Suena el celular de Alberto y atiende. Cuando corta me mira a mí y a mis viejos.
- Me llamó Javier. Es increíble. Dice que todo lo que dijeron de vos, la parte del tráfico de influencias y la trata de blancas la inventó Amalia con Patricia, Karen y los otros que estaban con ellas en Los Cardales.
- ¿Qué?- digo yo.
- ¿Qué?- dice mi vieja.- ¿Quién es Javier, quién es Patricia, quién es Amalia?
- Ya mismo empiezo a redactar la solicitada- dice mi viejo- La vamos a publicar hasta en La Capìtal de Mar del Plata. Grupo de malvivientes que se ocupa de arruinar la reputación de un honestísimo hombre, militante del PRO y mejor promedio. Ya van a ver estos muchachos, la que les espera.

Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia.

Diario de Amalia.

Vienen Patri, Karen y la Peco. Karen está media preocupada y me explica todo lo que hicieron con Germán y Javier y sus amigas.
- Una ya consiguió la posibilidad de entrar al "Bailando por un sueño".
- Que suerte- dice Patri.
- Es la que va al teatro independiente, no la bailarina de tap. De danza no sabe nada. Así que no sé si es mucha suerte. Pero para hacer quilombete, es mandada a hacer, así que va a funcionar bárbaro. Se va a agarrar de las mechas con todo el jurado. Desde la conozco que tenía ocho años se agarraba de las mechas con cualquiera, así que ahora va a ser un hit.
- Bueno, nena, si la Charlotte Caniggia es famosa- dice la Patri- también puede serlo ella.
- Sí, en este país la fama es puro cuento.
- ¿Ya estuvo en el programa de Rial?
- No, pero la entrevistaron para Infama.
- Que suerte, che- les digo yo- No sé si se dan cuenta, pero yo después de esto nunca voy a poder ser abogada. Una abogada que difama antes de recibirse. Donde se ha visto.
- ¿Por qué le dijiste todo a Javier?
- ¿Para vos no le tendría que haber dicho nada?
- Es el ABC, boluda. A confesión de parte relevo de pruebas. ¿Vos de en serio te querías dedicar a Penal? Mejor no me defendás si llego a ir presa, querida. Apenas abrís la boca y ya decís: sí, es mi amiguita Patri del alma, mató a cuatro personas y se robó toda la guita del banco, pero no saben, es re buena amiga mía y cuando no llego a fin de mes me presta plata. Ahora hasta me pueden echar de la gerencia, nena.
- ¿Te pueden echar?
- Y, sí, me pueden llegar a echar. Sin contar con el pobre Raúl que no va a conseguir un cliente más en su vida. Y yo lo metí en esto.
- Bueno, pero le tenía que contar a Javier.
- Que estómago resfriado que sos.
- Pasa que me sentí culpable.
- Bueno, culpable nos sentimos todos- dice la Peco.- Bueno, yo no, hace rato que no voy a Los Cardales, desde que la personal trainer aquella me abandonó a la tercera cita.
- Nunca me hablaste de ella- dice Karen.- ¿Salías con una personal trainer?
- Sí- dice la Peco.- Pero me quería hacer bajar de peso y que me anotara en unas clases de spinning. Fui a una sola y salí corriendo. Y eso que pagué todo el mes del gimnasio. Aunque fui un par de veces más al sauna y ahí conocí a Teresa. Pero ella también me dejó a la cuarta cita. Como Adriana. Y como Gabriela. Hay que decirlo Karen, menos mal que vos me hiciste caso.
- Yo lo dejé a Germán por vos, Pecosa.- contesta la Karen- Aunque con lo mal que le va al pobre últimamente, fue un gran acierto. Si no sería la esposa de un falso traficante de drogas y de influencias; es decir, alguien con toda la mala fama y nada del dinero que eso conlleva. 

-

lunes, 14 de abril de 2014

Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia.

Diario de Germán.

Hace tres días que estoy encerrado en el departamento de Alberto -que no es la mejor compañía para levantarle el ánimo a nadie. No como. Tomo mucho vodka. Pero no me emborracho; solamente me duele un montón la cabeza y tengo que tomar aspirinas a cada rato.
- Alberto- le digo de repente a mi hermano- el vodka que vos comprás es una porquería.
- Es cierto- me dice- Antes tomaba Absolut, pero desde que tengo que pasarle la cuota alimentaria a mi ex bajé un montón el presupuesto y lo compro en el mercadito de la esquina. Ni siquiera estoy seguro de que sea vodka.
- Lo unico que me consuela es que mi vida está tan arruinada como la tuya. Hace unas semanas atrás me iba a casar, tenía una empresita, mamá y papá me querían, y no era alcoholico.
- Pibe, a vos te falta un montón para ser alcohólico- me dice Alberto.- Por lo demás, tenés razón, tu reputación está dañada irremediablemente. La verdad es que el plan fue un desastre.
- Eso me pasa por seguir tus consejos.
- Sí, no soy muy bueno, che. A Mariano también le dije que se le tirara a la Peco y a Guzmancito le dije que pusiera un parripollo en Palermo Hollywood. No sé si lo mío es error o maldad, a esta altura.
Suena el timbre. Es Gretel.
- Yo sabía que ibas a estar acá. Menos mal que no nos casamos. Papá quería venir también a hablar con vos y mami hace tres días que está con un ataque de nervios. La Cámpora no, La Cámpora no dice y repite. Se toma como tres Amplax al día, sin contar los Clonazepán que le receta Gurrustiaga. Yo siempre pensé que andabas en algo raro y nunca quise decir nada, pero tus empleaditas siempre me parecieron unas turritas y ahora caigo. Con razón me miraban de arriba a abajo cada vez que iba a tu oficina. Lo de la droga es medio raro y el tráfico de influencias me quiso explicar algo mi papi, pero el tampoco lo entiende mucho. Por suerte los de la revista Caras la tienen re clara y Juliancito me mandó el video por Twitter.
- Erámos pocos- dice Alberto y se va para la cocina.
- ¿Y a este que le pasa?- pregunta Gretel- Seguro que él también anduvo en esos entuertos, tu hermano no es trigo limpio, hace rato que en Los Cardales no entra más, y me contaron por qué.
- ¿A qué viniste, Gretel?
- A decirte que sigo siendo tu amiga y si necesitás un consejo te lo voy a dar. Como te consideraré que ni siquiera te borré del Facebook, aunque mi estado sentimental pasó a "Es complicado". Che, tenés un olor a alcohol que volteás. Es cierto que sos alcohólico- mira la botella- Claro, vodka berreta, lo mejor para disimular el olor, querido. Bueno, ya sabés, cualquier cosa que necesites. Besitos, pero contactame por las redes sociales, no me llames al celu porque es un quemo cuando estoy atendiendo en la boutique.
- Gretel- le digo.
- ¿Qué?- me pregunta ella.
- ¿Es  cierto que te besuqueaste con uno del PRO?
- Ay, quién te dijo eso. Como para estar besuqueandome estoy. No ves que estoy destrozada por nuestra ruptura. Chau, my love.- Y se va.
- Era ella- me dice Alberto, desde la cocina.- Estaba en la puerta de Nairobi, y el muchacho le tocaba el culo. Seré malo para dar consejos, pero tengo vista de lince.

Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia

Diario de Amalia.

No lo encontramos a Germán. Por ningún lado. Así que se me da por llamar a Javier, que por culpa mía también quedo pegado en el entuerto, mayormente porque es de La Cámpora, yo lo entiendo, pero tampoco entiendo que hacía ahí en Los Cardales. En realidad, tendría que haber aprovechado para presentárselo a mi mami, si no fuera porque ella estaba ocupada contando sobre la vida y obra de Germán y de paso tomándose todas las copas de Baron B que pasaban cerca de ella.
- Hola, Javier, mi amor- le digo.
- Ey, pensé que estabas enojada conmigo- me dice él.
- ¿Por qué?
- Por lo del bochazo en Constitucional.
- No, chichito, no. El tema es que... ¿Viste lo que pasó el otro día en Los Cardales, que se enteró todo el mundo?
- Sí, aunque no entendí bien lo de tu vieja.
- La culpa la tuve yo. Bah, yo, Patri y el resto del grupete de amigos. Inventamos esas cosas sobre Germán y se las dijimos a mi vieja y mi vieja se las creyó.
- No entiendo.
- ¿Qué no entendés?
- ¿Por qué le dijiste esas barbaridades sobre Germán?
- Porque mi vieja creía que Germán era mi novio y tenía que explicarle porque no había ido conmigo al evente y por qué nos habíamos peleado...
- ¿Por qué no le dijiste que yo era tu novio?
Ahí trago saliva y arriesgo:
- Porque sos de la Cámpora.
- Ah, bueno- me dice Javier.- Ya entiendo: la señorita es muy liberal, va a ser abogada penal, la tiene re clara, piensa en votar a Pino Solanas, pero ojo con tener un novio de La Cámpora porque se le arruina todo con la madre. Que piola que sos. Es decir que te parece mejor que Germán sea tu novio que yo. Y encima le arruinás la vida al pobre pibe y a mí, ambos sin comerla ni beberla. Felicitaciones.
- No me retes, Javier.
- Olvídate de nuestra relación. Para siempre. Y ya mismo le cuento a German lo que pasó.
- No, por favor. Le quiero contar yo. Lo estoy buscando.
- Mirá, vos tendrías que hacerte amiga de Gretel y conseguirte un novio del PRO y salir todos los domingos a andar en la bicisenda. Ya me tenés podrido. Ni te pienses que te voy a ayudar en esta.
- Está bien, Javier.
- Y mirá que no soy rencoroso- me dice para terminarla- porque si no iríamos unos cuantos de mis amigos a la puerta de tu bonito departamento y tocaríamos el bombo y cantaríamos la marcha peronista por tres días seguidos.
- Está bien, Javier.
- Andate a la puta que te parió.

La vida de Agustín Tosco. 10º parte.

Y desaparece Aramburu y al poco tiempo aparece muerto y parece que son unos muchachos que no los conoce nadie, que se hacen llamar Montoneros. Lo fusilaron en un juicio popular o lo que ellos quieren creer que es un juicio popular, porque parece que eran solo cuatro o cinco. El Colo, el Laucha y yo nos miramos, porque sabemos que la milicada es terrible cuando se meten con ellos y que no les hace falta ninguna excusa para fusilar a cualquiera. Pero como detenerlos, como convencerlos; incluso muchos de nuestros compañeros empiezan a ver con simpatía a esos grupos. "Eso hizo el Che Guevara" nos dicen muchos "creo focos, incendió a las masas". A mí me parece que Argentina no es Cuba, y que los militares de acá no son iguales que Batista, y que a veces tener razón demasiado pronto es lo mismo que equivocarse. Pero es difícil discutir porque muchos (demasiados) odiaban a Aramburu y parece que con su muerte se hubieran vengado tantas muertes. Pero la política, dice el Laucha, que aunque es callado y algo bruto a veces canta la justa, pero la política poco tiene que ver con la venganza. Si cada uno con un fierro se dedica a matar al que le hizo algo malo en el pasado, eso parece una películita de John Ford, no un movimiento que represente a los obreros. Y estos Montoneros no vienen mucho de la clase obrera, más bien pertenecen a esa clase media que tantas veces nos mira de arriba a abajo cada vez que salimos a la calle. Inútil discutir, a veces, con gente que no sabe lo que es levantarse temprano y comprar el diario por los clasificados para encontrar un laburito mal pago y dificil de conseguir, porque sabés de antemano que ya estás marcado como zurdo por toda la patronal de la zona.

sábado, 12 de abril de 2014

Los sicarios

                                                                                        a Emmanuelle Càrrere

La verdad es que tengo cara de árabe. No lo soy; mi madre es chicana de Texas y mi padre nació en Nueva Orleáns. Cuando cumplí cinco años mi madre se separó de mi padre y nos vivimos a vivir a Queens. Ella trabajó durante años de mesera en un bar, hasta que consiguió un trabajo más acorde a nuestro horarios como manicura en Hong Kai Palace. Yo empecé a leer en español desde pequeño; a los dieciséis años ya había leído a García Marquez, a Rulfo y a Borges y también me había sumergido en las aguas más desconocidas de Lezama Lima, Silvina Ocampo y Donoso. Mi destino prefijado hubiera sido ser profesor de letras en alguna highschool; preferí abrir una tienda de libros viejos en el barrio. Nunca me gustaron los adolescentes ni levantarme temprano.
La historia de los sicarios empezó una mañana en la cual mi empleada empezó a hablarme de sus hermanos. Mis tres hermanos mayores eran sicarios y murieron hace un tiempo, me dijo, mientras hacíamos la contabilidad. Mi empleada era muy hermosa; pelo largo y renegrido, muy buenas tetas, ojos de bambi. La contraté porque los clientes de mi librería, que cuando estaba yo solo muchas veces no compraban nada, con ella se llevaban hasta las enciclopedias. Murieron hace un tiempo, repitió mi empleada, y luego mi padre se partió la madre con el revolver.
A los dos hermanos mayores apenas si los recordaba; solo un vago olor a pólvora y a alcohol, y muchas lisuras dichas sin maldad. El menor de los tres fue a la escuela conmigo; era tanto más inteligente que yo. Mi padre tenía algunas esperanzas con él. Leía los libros que tu lees, o casi los mismos. Yo nunca entendí nada de libros. Pero fue creciendo y un día vinieron mis hermanos mayores y se fue con ellos de parranda y también se volvió sicario. Un golpe para mi papacito, ya lo creo que sí, pobre hombre.
¿Cómo murieron? le pregunté yo.
Los dos mayores murieron en la cárcel, respondió ella.
Sí, pero ¿cómo?
En la cárcel. No murieron bien.
¿Y el menor?
El menor murió en Panamá. Un señor de la policía se presentó un día en la puerta de mi casa y le dijo que mi hermano había muerto en una balacera, tratando de robar una tienda o algo así. Mi padre se dió vuelta, se metió en su cuarto y se pegó un tiro.
No dijo más. Cuando salimos de la librería, creo que llovía y olía a moho y a árboles quemados.

Un día encontré el pasaporte de mi empleada sobre el mostrador. Había viajado mucho: Bogotá, Brasil, Argentina, Guatemala, México y luego el hermano grande, los Estados Unidos. ¿De que había trabajado antes de ser empleada en una librería, me preguntaba a veces? Todas las personas tienen un pasado, pensé, pero el pasado de la mayoría de mis amigos y amigas y conocidos era transparente y no turbio. Lo único que sabía de mi empleada, en realidad, era que no le gustaban el alcohol ni la carne roja. El resto era un secreto o una mentira o una verdad a medias, que es tanto peor que una mentira, sobre todo para un lector encarnizado como yo.
En Queens se publicaba un semanario de literatura chicana; era bastante malo, sobre todo los poemas, que eran imitaciones baratas de Octavio Paz o de Nicanor Parra. Los cuentos eran un poco mejores, pero generalmente fallaban en el remate o se les notaba mucho la estructura armada. Lo mejor de todo eran las crónicas de la frontera Colombia-Venenzuela, firmadas por un tal "El telegrafista". Ninguno de los editores del semanario tenían idea de quién era y eso hacía que todos conjeturaramos versiones increíbles: un famoso escritor colombiano o venenzolano que no quería exponer su nombre; el ghost whriter de un escritor famoso (en ese caso no hacía falta que fuera colombiano ni venenzolano); un Robert Fisk aún no descubierto, y al que hacía falta pulir. La última posibilidad excitaba a los editores, y a mí también un poco, debo decirlo.
Una tarde de mucho frío, en la cual la posibilidad de un cliente era remota, ví a mi empleada sentada en un taburete, algo aburrida. Porque pensé que la distraería y también porque ella era colombiana, comencé a leerle un relato de "El telegrafista" acerca de un guerrillero colombiano del que sus compañeros se burlaban porque no sabía como se hacía una fogata.
- Encender un fuego- me dijo ella.
- No entiendo.
- El cuento de Jack London. El hombre que no puede encender un fuego y muere de frío en Alaska o algo así.
Era cierto. Todos nosotros habíamos leído la crónica, pero la similitud nos había pasado de largo.
- Léemelo de vuelta- dijo mi empleada.
Yo obedecí.

Esa mañana me levanté más tarde que de costumbre. El día era precioso, incluso en Queens y podía verse el cielo azul y diáfano entre los edificios. Me fastidió que mi empleada no llegara; a diferencia de mí, ella era siempre puntual. Pero no apareció.
Pude acomodar un par de libros y comerme un sandwich de pastrami y entonces oí las sirenas. Eran muchas. Salí a la calle.
- ¿Que ha ocurrido?- le pregunté a Sam, el dueño del bar de la esquina.
- Parece que un avión se ha estrellado contra una de las Twin Towers. - me respondió.
- Oh, Dios- dije yo.
Un rato más tarde otro avión se estrelló contra la otra torre y después las dos torres se derrumbaron y después todo fue caos y ceniza y polvo por un buen tiempo. Algunos tuvieron suerte: mi madre, que decidió no ir a las grandes tiendas ese día, y el hijo de Sam, Mikah, que estaba a dos cuadras de allí cuando el último edificio se derrumbaba. Otros no tuvieron tanta: Carlos, uno de los editores del semanario chicano desoyó los consejos de los que lo rodeaban e intentó salvar a alguien que dentro del edificio pedía auxilio. Publicamos una necrológica unos días más tarde, en un tono tan almibarado que al pobre le hubiera dado risa. No mucho más pudimos hacer.
Mi empleada nunca regresó.

Dos o tres semanas después ellos entraron en mi librería. Miraron con curiosidad cada anaquel y cada libro, incluso aquellos que eran tan difíciles de vender que hasta yo los había olvidado.
- Queremos hablar sobre su empleada.
- ¿Qué hay con ella?- les pregunté yo.
- Desapareció, nos han contado los vecinos.
- Es cierto- les dije yo- Pero los últimos días han sido un caos y he ido a la morgue y a los hospitales, pero es difícil identificar a alguien. Y hay gente aún bajo los escombros.
- ¿Tiene algún documento de ella?
Saqué su pasaporte. Estaba en el último cajón de mi escritorio, abajo de las revistas pornográficas.
El mayor de ellos lo miró con cuidado.
- Este pasaporte es falso- me dijo.
- No lo sabía- les dije yo.
- Va a tener que acompañarnos- me dijo.
Me llevaron a sus oficinas. Les hablé acerca de todo: de mi madre, de la librería, de García Marquez y de Silvina Ocampo, de los hermanos sicarios y muertos de mi empleada, del padre suicida, inclusive del editor heroico que había muerto en el 9-11.
- Pueden chequearlo todo- les dije de pronto.- Pueden contactar con Colombia y averiguar si la historia es cierta o no.
- El pasaporte de su empleada es falso- me dijo el más viejo.- En cuanto a la historia ¿sabe usted algo acerca de Colombia? Es la historia de miles de mujeres colombianas. De todas maneras, nosotros estamos buscando gente de origen árabe, y dudo mucho que una mujer afgana o iraní pueda camuflarse a tal punto de saber el verdadero significado de la palabra lisura. Puede irse.

Contraté una nueva empleada. Esta también era muy bonita y además entendía de literatura, con lo cual los clientes se llevaban libros de Lord Dunsany o de Machen. Era además meticulosa; un día me dijo, con cierto escándalo, que faltaba un libro.
- ¿Qué libro?
- Un volumen de la edición completa de Jack London- me respondió.
Tuve que bajarle el precio a la colección mutilada. Tres semanas más tarde, Laura, la editora sobreviviente del semanario chicano, me trajo la nueva revista. Había, como siempre, un artículo de "El telegrafista" acerca de los festejos navideños en la espesura de la selva colombiana. Hay algo distinto en esta historia, me dijo, hay otra voz narrando. Las mujeres están impidiendo que los niños se partan la madre mientras esperan los regalos, decía la oración y entonces sonreí y seguí leyendo.

viernes, 11 de abril de 2014

Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia

Diario de Germán.

Entro el lunes a la mañana en mi oficina. La cabeza lo más alta que puedo, aunque la cabeza todavía me duele por la resaca. Mis empleadas me están esperando en fila india.
- Casi me separo de mi marido por tu culpa- me dice la casada.
- Mi pareja me dejó- me dice la estudiante de Letras.
- Mi tía Graciela ya no me va a comprar zapatos para mi cumpleaños- dice la que también trabaja en un mercadito.
- Es cierto que estamos buenas, Germán, y que por eso somos promotoras- me dice la casada- Pero de ahí a dedicarnos a la prostitución de alto vuelo.
- No sé quién inventó eso- les digo yo.- No fuí yo, soy estadístico, como voy a decir cosas malas de mí. Lo único que hice fue ponerme en pedo para ir a ese evento, y un par de amigas de una amiga mía se complotaron para hacerme pasar por un mujeriego. Borracho y mujeriego; pero todas las otras cosas no sé de donde salieron. Me perjudican a mí mas que a ustedes, no sé si se dan cuenta. Además, ustedes me dieron la idea de arruinar mi reputación para cancelar el casamiento con Gretel. Al pedo, porque ya se estuvo besuqueando con otro del PRO.
Mis empleadas se miran entre ellas.
- Que desastre, che- dice la de letras.
- Vos sí que tenés mala suerte. Debe ser culpa de tu hermano. Es contagioso.
- Pero tenés que aclarar que no somos prostitutas.
- Sí, sino mi pareja no me va a dejar volver a su departamento.
- Además, mi marido ahora no me deja salir a ningún lado. Mirá que le discuto, ¿eh? Le digo, si fuera prostituta de alto vuelo, te pensás que viviríamos en un dos ambientes mugroso en Paternal. Estaríamos en Puerto Madero, mi amor. Pero nada, nada. Dijo que me gasto toda la guita que gano en vestirte a vos, que sos mi cafisho. Pero al final lo convencí, no sé como. En realidad sí, sé como: la llamé a mi vieja y mi vieja dijo que si seguía jodiendo papá lo cagaba a trompadas. Que la nena nunca fue ni será un prostituta. Que la nena era una santa y que si no llegó virgen al matrimonio, fue porque antes conoció a Carlitos, que era tan buen muchacho, con el cual se estuvo por casar y todo, pero no sé caso porque el pelotudo se fué con la Miriam. Y que después, es cierto, estuvo de novia con Mauricio, pero el se fué a vivir a España y después la nena te conoció a vos, y dejate de joder porque vos también te franeleaste con unas cuantas, incluída la Miriam.
- ¿Todo eso le dijo tu vieja a tu marido?
- Pasa que la Paternal es  chica y todo el mundo se conoce. Mi mamá, antes de que saliera con el que ahora es mi marido, le averiguo todo el prontuario. Y era extenso.
- ¿Cómo lo dejó casarse con vos?
- No sé. Todavía me lo estoy preguntando. La habrá agarrado con la guardia baja. Creo que el día que autorizó mi casamiento, a mamá le dolía la cabeza o estaba viendo un programa de cocina que le interesaba. No me acuerdo bien.

Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia

Diario de Amalia.

- Me parece que nos fuimos al carajo- me dice Patri.
- Sí, sí, es cierto- le digo yo. Y lo peor de todo es que ahora es imposible arreglarla. Ya está en todos los diarios importantes del país.
- Pobre Germán- dice Raúl.- Tan lindo que es.
- Es hetero, muchacho, no te hagas ilusiones.
- Después de esto, que ilusiones me voy a hacer. Le tendría que haber dicho a mi media naranja que no se metiese, pero no lo hice.
- La culpa de todo la tengo yo- digo, un poco apesadumbrada. - No le quise decir a mi mamá que salía con uno de la Cámpora.
- ¿Por qué?
- Le tengo miedo, chichi.
- ¿A tu vieja?
- Es la única persona que me da miedo en todo el mundo.
- Le hubieras dicho que no salías con nadie.
- Me hubiera presentado otro candidato.
- Bueno, Amalita, las mentiras se pagan tarde o temprano.
- Cierto.
- ¿Hay manera de arreglar este entuerto?- pregunta la Patri.
- Imposible- nos dice Raúl.- Tu mamá estaba embaladísima contra el pobrecito y lo filmaron diez mil celulares.
- Nunca más piso los Cardales- digo yo.
- Me parece, Amalita, que tenemos que decirle la verdad a Germán.
- Me va a matar.
- Nos va a matar- corrige Raúl- Y además nos puede demandar por difamación y nos puede hacer un buraco así. Yo soy abogado recibido y sé lo que te digo.
- No hace falta recibirse de abogado para darse cuenta- dice Patricia.- Le dijimos a tu vieja que traficaba influencia, era proxeneta y traficaba droga. Tu vieja se encargó bien de desparramarlo por todo el evento. Ahora salió hasta en la tapa de Caras.
Yo me quiero morir. Una futura abogada metida en este entuerto. Casi que me largo a llorar.
- No me pucherees, nena- me dice Raúl- Parecés mi novio. Andá y explicale todo al pobre tipo. Yo te acompaño.
- Yo también- dice Patricia- Soy tan responsable como vos. Aunque mi idea era decir que era adicto al sexo y hubiera sido mejor. Es una adicción incomprobable. Es más, en este país, es casi un elogio.-

Ricardo Piglia

Lo que más recuerdo de Ricardo Piglia son dos cosas: un libro excelente que revisitaba cuentos argentinos en formato de historieta y en le que Piglia prologaba cada cuento y la lectura, en un taller literario, de "La loca y el relato del crimen". Piglia escribe siempre perfecto, y sus novelas son un crescendo de menor a mayor, pero además no hay nadie como él para analizar la literatura argentina en su conjunto. Se nota el trabajo académico detrás de cada palabra de Piglia, la capacidad narrativa; Piglia es tan claro como un lago quieto y sin embargo turbulento. Quizás su capacidad proviene de que estudió historia y no letras, que es aparentemente el destino cierto de cualquiera al que le gusta escribir y leer. "Respiración artificial" es una novela de detectives literarios, una mezcla extraña que solo se parece al cuento "El acercamiento a Almotasim" de Borges. Hay pocas personas, incluso en la Argentina, país de escritores y lectores, con la capacidad analítica de Ricardo Piglia acerca de lo que es la literatura argentina, no solo como problemática local sino en relación con la literatura mundial.

miércoles, 9 de abril de 2014

Bernardo Bertolucci

Que no me gusten todas sus películas, no significa que no le de crédito: la mejor película de la historia del cine es "Novecento". Es cierto que es muy larga y crudísima en todos sus aspectos, y no recomendable para niños, pero cuando termina la película la historia del siglo XX en Europa queda tan clara y tan transparente que no se necesita leer a Hosbawm ni a ningún otro historiador; los dos amigos viejos y tendidos después del paso del tren es una imagen tan bella que estremece. Los italianos deberían dedicarse a dos cosas; a la cocina y al arte, porque es obvio que Italia no envejece nunca y que todos los caminos llevan a la ciudad de las siete colinas que existe desde que la loba adoptó a Rómulo y a Remo. Parafraseando a Heródoto, el mundo le teme al tiempo, pero el tiempo le teme a Roma.

Todas amamos a Robert Downey Jr.

¿Cuando empezó este amor? Por supuesto, empezó con Chaplin. No recuerdo quien ganó el Oscar ese año, pero Robert lo tendría que haber ganado. Solo un genio de verdad puede interpretar a Chaplin a los veinticinco años, y Robert es ese genio. Después vi casi todas sus películas; en todas está perfecto, incluso cuando hace papeles mínimos, como en Ricardo III. En Hollywood lo detestan muchos por su pasado turbulento, pero los verdaderos directores (por ejemplo, el gran Robert Altman) lo defendieron a capa y espada. "Es una muestra de la hipocresía de Hollywood", dijo Altman, tajantemente cuando le preguntaron por qué lo había incluído en una película "Robert Downey Jr es el mejor fucking actor del mundo". Señores de la Academia de Hollywood: no darle el Oscar a Robert por Chaplin fue un suicidio de mucha altura; quedaron desprestigiadísimos después de eso.

Todas odiamos a Angeline Jolie

No la odiamos porque es bellísima, flaca, elegante, trabaja para causas humanitarias y tiene un montón de hijos y aún sonríe con elegancia. Ni siquiera porque cualquier vestido le queda perfecto, aún el jogging y las zapatillas. Ni porque gana millones de dólares por años ni porque trabajo con Clint Eastwood. Claro que no. La odiamos porque se casó con Brad Pitt. Desde que eso ocurrió, las mujeres nos dedicamos a comernos las uñas y a inventar todas las causas posibles de divorcio entre los dos. Sepan los hombres compendernos: desde que apareció en "Thelma y Louise" es nuestro hombre soñado. Si algún día se encarna Dorian Gray en la realidad, se moriría de envidia ante Brad y no necesitaría destruir su retrato. Es, además (aunque a los hombres les duela en el alma) uno de los mejores actores de su generación y justifico mi argumento: "Entrevista con el vampiro", "Doce monos", "Ocean`s Eleven", "El árbol de la vida". Si para una mujer es difícil ser una cara bonita, para los hombres lo es mucho más; Brad Pitt exuda testosterona y ternura al mismo tiempo. En el final de "Ocean´s Eleven" una detesta a Julia Roberts; se va en un auto viejo con los dos hombres mas hermosos del mundo.

domingo, 6 de abril de 2014

Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia

Diario de Germán.

A las seis de la tarde, tres horas antes de que empezara el evento, empecé a tomar whisky. Desde las ocho de la tarde ya no me acuerdo de nada; es todo una nebulosa. Al otro día, cuando me levanté, estaban Karen, Javier, la Peco y mi hermano.
- Fue un éxito- me dijo Karen.
- Había una rubia re loca que estaba sacada contra vos. No entendí muy bien por qué. Pero te pegó un cachetazo terrible y vos quedaste en el piso.
- Estás en You Tube y en todas las revistas de Fontevecchia- dice la Peco- Eso es tener éxito, m' ijo.
- Pero ¿que pasó?- les  pregunto yo.
- No sé bien. No entendí nada. La verdad es que después de que quedaste inconsciente te metimos en el asiento trasero del auto y nos encontramos con Patricia y Amalia y unos amigos de ellas. Parece que la rubia re loca es la mamá de Amalia, y no sé por que te odia. Pero te odia.
Prendo la compu y empiezo a mirar en Internet
- Pero acá dice que yo trafico influencias. Y que me dedico al tráfico de blancas. Y de drogas.
- Sí, son un poco exagerados.
- No te preocupes. Esos rumores no duran nada.
.- Ustedes están locos- les digo- ¿Quién inventó esas cosas sobre mí?
- Yo no- dice mi hermano.
- Yo no- dice la Peco.
- Yo no- dice Karen.
- Yo menos- dice Javier.
- El mencionado hombre de la noche tiene una agencia de encuestas que en realidad encubre a promotoras que se dedican a satisfacer las necesidades sexuales de exitosos empresarios argentinos. Mis empleadas me van a comer crudo.
- Y mamá y papá- dice Alberto.- Vas a dejar de ser el hijo preferido.
- Sus actividades aparentemente lícitas permiten tapar una red sutil de distribución de drogas. Puedo ir preso.
- En este país no va preso nadie por estas cosas- me dice Javier.
- Además tiene un amigo de La Cámpora que aparentemente lo ayuda en estos menesteres.
- Uy, ahí estoy yo- dice Javier.- Está mi foto. ¿Por qué fuí con remera celeste? Que pelotudo.
- Lee los comentarios de los lectores de la web. Son subidos de tono. Te critican más a mí que a vos.
- Trascendió que el mencionado hombre de la noche es del PRO. Fuentes allegadas a dicho partido político lo descartaron.
Los miro a todos. Con mi mejor cara de rencor.
- Todo culpa de ustedes- les digo.
Todos agachan la cabeza. Solo Alberto me dice por lo bajo.
- Mirale el lado positivo. Tu casamiento con Gretel está postergado definitivamente. No sólo por todo esto. Antenoche la ví besándose con otro militante del PRO.



Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia

Diario de Amalia.

A Raúl la idea de Los Cardales no lo entusiasma, pero a su novio sí, así que viene. La Patri se arregla como las mejores e inclusive yo me pongo un vestido verde que según Javier me queda re lindo. Llegamos un poco tarde (según la revista Cosmo, es lo in) y ya está mi mamá, con su novio de turno. Le doy un beso a ambos y presento a Raúl y a Claudio. Inclusive Patri le sonríe a mi mamá, aunque esta le dice "No trajiste los zapatos Laboutine" como dando a entender que conoce el affaire Julián. Lo cual no es extraño, porque comiéndose unos canapés de salmón rosado, están Julián y la francesa. Espero que Patricia no reaccione, aunque me parece que Julián ya fué. También están Miguel Romano, Ginno Bogani y el RR.HH de la discoteca Epikus.
- Nena- dice mi mamá- ¿y tu novio?
- No sabes lo que le pasó- dice Raúl- En Tribunales nos enteramos que dentro de una semana va a salir en Periodismo para Todos. El programa de Lanata ¿viste? Es confidencial, no cuentes nada, pero parece que se dedica al tráfico de influencias.
- Uy- dice mi mamá, y se pone pálida, a pesar del bronceado.
- Y también al tráfico de blancas- le agrega Patricia.
- Y parece que también trafica droga- agrega Claudio. Esa es un poco pesada, y la verdad que el pobre Germán va a quedar mal. Menos mal que mi mamá no sabe el apellido.
- Ay, nena, yo que estaba ilusionada- me dice mi mamá y me da un beso. - Para que se te pase la tristeza, te voy a regalar una entrada para ir a ver a tu cantante favorito.
- ¿Jorge Drexler?- le pregunto yo.
- Nena, no, Luis Miguel. Cuando eras chica te encantaba Luis Miguel y Ricky Martin.
- Ricky Martin me sigue gustando. Regalame una entrada para ir a verlo, mami, así supero todo esto.
- Sí, mi amor.
Y es en ese momento de amor maternal, cuando me estoy por ganar gratis una entrada para verlo al Ricky, que entra Germán, con Javier, con Karen y con dos chicas que no conozco. Espero que mi madre no lo reconozca, pero mi ilusión es vana. Mi madre tiene un ojo de lince para las caras.
- Mirá que caradura. Mostrarse acá.
Y va derecho al pobre Germán, que me parece que no las tiene todas consigo. Se tambalea un poco. No, está en pedo. Está definitivamente en pedo.
- Querido, esta fiesta no es para gente como vos- le dice mi madre- Sabemos todo lo que hiciste y dentro de poco vas a salir en Periodismo para Todos. Te va a ir a buscar la justicia. Por suerte mi nena- y me señala- tiene amigos que le avisaron antes de que ella también quedara ensuciada en tu inmundicia.
Germán la mira a mi vieja y no entiende nada. Está totalmente borracho. Entonces se agacha como para vomitar, pero no vomita, lo cuál es muy patético. Javier lo sostiene. Una de las chicas que acompaña a Karen (pero la conozco, es una amiga de Karen) le dice:
- Señora, usted no es quién para meterse con mi novio.
Entonces la otra, que también es amiga de Karen, creo que baila tap, le grita a la otra mientras la agarra de las mechas:
- ¿Cómo que tu novio? Es mi novio, querida. Me voy a casar con él.
Entonces mi vieja, con una fuerza que no entiendo porque pesa menos de sesenta kilos, lo agarra a Germán de la solapa, lo sostiene erguido y le mete un cachetazo terrible. Germán termina en el piso, de donde no se puede levantar porque está totalmente borracho.
- Nena, nena- me dice mi mamá cuando vuelve conmigo- de la que te salvaste. Infiel, alcohólico, traficante de influencias, de blancas y de drogas. Menos mal que fue antes del domingo que viene.
Obviamente, todo el mundo filmó todo con sus celulares. Incluso Julián, que se está matando de la risa. Es un muchacho medio vengativo.

viernes, 4 de abril de 2014

La vida de Agustín Tosco. 9º parte

                                                                                                               1955

y mientras se queman las iglesias y la gente muere en Plaza de Mayo bajo los bombarderos que llevan la señal de Cristo Vence, yo empiezo a dejar de creer mientras otros rezan y se posternan. Se está acabando la dictadura, viva el cáncer, dicen las paredes y todos exigen libertad y republicanismo. Todos los que por nueve años estuvieron asustadísimos ante el aluvión zoológico, la mucama que cocina al nene recién nacido y los que levantaban pisos de parquet para hacer un asado. La Revolución Libertadora. Hasta los del PC están contentos, vaya uno a saber por qué, porque les dirán desde la URSS o por ahí desde más cerca, desde alguno de esos izquierdistas de café de La Paz. El cuadro, las masas insubordinadas, la superestructura y la estructura. A nosotros nos están reventando y el General se va al Paraguay. Como se va a ir el General, decimos todos, si está con el pueblo. Hasta agarran el cadaver de la muerta y se lo quedan los milicos y hay que ver que hacen con ella. A quién se le ocurre. Esa mujer, dicen muchas mujeres y muchos hombres. Cuanto falta para que alguno diga "Esa mujer es mía". Y en algunas iglesias quemadas, donde los santos de madera no reaccionan, algunas mujeres le prenden cirios a la santa. Yo puedo ver, de noche, las luces, desde lejos.

Riff Raff

Ken Loach es uno de los mejores directores del cine actual; mientras otros solo exhiben pericia técnica, guiones para espectadores cada vez menos sorprendidos o aburrimiento durante tres horas, lo de Ken Loach es el cross en la mandíbula. Gracias a él descubrí al gran Robert Carlyle, que ahora es un magnífico Rumpelstinkin en la serie "Once upon a Time". Si no fuera por Ken Loach y por otros directores que siguen sus pasos, podríamos pensar que Inglaterra actual es solo la princesa Diana y Sherlock Holmes (en cualquiera de sus versiones). La Inglaterra de Ken Loach es oscura como la que seguramente vivió Jack el Destripador; el reverso de cualquier moneda.

Gwyneth Paltrow

Delicadísima siempre que actúa, no es nunca la actriz del momento.  En "El talentoso Mr. Ripley" es la contraparte ideal de Matt Damon, cambiando totalmente la novela original, donde la protagonista es la típica american girl.  La muchacha siempre parece recién peinada, maquillada y espléndida, pero también tiene un costado frágil. Verla en "Shakespeare in Love", pero también en comedias románticas de los Farelly brothers es un pequeño lujo. En Iron Man, donde es la secretaria de Robert Downey Jr. tiene una prestancia y un juego irónico digno de James Bond. Siempre es divertida, pero no grosera; siempre es distante, pero no inalcanzable. Tiene un aire a las Hitcochck girls; mujeres hermosas atrapadas en las garras de grandes directores.

jueves, 3 de abril de 2014

Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia

Diario de Germán

En vista de que mis empleadas no van a ayudarme, y Patricia y Amalia están enojadas con nosotros, solamente nos queda Karen. Lo cual es un poco una locura, pero no tanto porque Karen tiene unas cuantas amigas muy extrañas, que con tal de salir en las revistas hacen cualquier cosa.
- Yo voy a Los Cardales cada dos por tres- me dice Karen. - A mí me encanta. Sí, te voy a ayudar. Voy a llamar a Claudia, que está en eso del teatro independiente y a Martina, que es bailarina de tap. Las dos tienen vestidos caros y yo les presto los zapatos.
- ¿Y la Peco?- le preguntó yo.
- La Peco se queda en casa. A ella Los Cardales no le gusta y además odia los eventos.
- Bueno- pregunta Javier- y tus amigas ¿que onda? ¿Van a dejar que Germán se propase un poco con ellas?
- Sí, no creo que tengan problema.
- ¿Alguna es del PRO?
- A ninguna les interesa la política. Che, sos pesado, muchacho, tenés que ser de la Cámpora.
- ¿Y vos por qué sos del PRO?
- Cómo jodés. No sé, como Germán es del PRO yo soy del PRO.
Me pongo todo rojo y Karen se ríe.
- Bueno, no te pongas así. De política entendés más que yo.
- Bueno- digo yo, un poco orgulloso- no es para tanto.
- Bah, siempre me pareció que entendías más. Y después te hiciste del PRO.
- Yo en realidad me hice del PRO por Mariano.
- Uy, sí, Mariano. ¿En que anda?
- Se fué de viaje a Europa.
- ¿Sigue soltero?
- Creo que sí.
- ¿Y vos, porque te hiciste de La Cámpora?- le pregunta Karen a Javier.
- Porque mi tío abuelo fue viceministro de Hacienda del primer gobierno de Perón. Me hacia cantar en todas las reuniones familiares la marcha peronista. Y me regaló un libro de Discepolo.
- Que historia familiar.
- Bueno, pero mi viejo es apolitico. Y mi vieja odia a Cristina Kirchner.
- Bárbaro, una razón para pelearse con los padres. Lo mío fue peor, bichi. Le tuve que decir a mis viejos que me casaba con mi amiga de toda la vida.
- ¿Y como reaccionaron?
- Todavía lo están asimilando. Tengo un tío y dos primas que no me hablan más. Pero igual, mis primas siempre fueron unas estúpidas que cuando cumplí quince años me tiraron abajo la torta de quince. Así que no perdí mucho. Ahora que vamos a tener un bebé, no sé como reaccionaran.
- Bien- digo yo- entonces, Karen, ¿vos te encargás de todo?
- Sí, claro, no hay problema. Va a salir todo bárbaro. Lo que sí, comprate unos litros de vodka. Y por favor, no te pongas tu mejor ropa. El rouge no sale de las camisas de seda.



Daniel Burman

Hay cineastas que gastan fortunas en explosiones y en pectorales, hay cineastas que parecen salidos de la película UPA, hay cineastas que se enamoran de un género: Daniel Burman no es uno de esos cineastas. Sus películas son sencillamente profundas y conmueven mucho más que esas en las que hay tres niños muriendo de hambre en una selva congoleña y Bruce Willis los rescata. Mi momento Burman preferido es en "Derecho de familia", cuando el padre del protagonista le dice al hijo: "Vos ya sos grande y te tenés que dar cuenta solo". Bajo una lluvia demencial, unos días más tarde la secretaria del padre viene a avisarle de su muerte y la voz en off de Diego Hendler dice: "y yo, que ya soy grande, no me di cuenta solo". El hijo adulto, viéndose como padre y al mismo tiempo enterrando a su padre; la historia de todos nosotros, a la larga o a la corta. 

martes, 1 de abril de 2014

Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia

Diario de Amalia.

- ¿Cómo se te ocurió decirle a tu vieja que Germán era tu novio?- me pregunta Patricia.
- Qué se yo, se la veía tan contenta.
- ¿Y ahora que vas a hacer?
- Voy a ir a Los Cardales. Sola. Le voy a decir que me pelee con el muchacho.
- Vas a ir pero no vas a ir sola. Yo te voy a acompañar. La voy a escuchar a tu vieja cuando se enoje con vos y le voy a decir que el hombre era adicto al sexo o algo así.
- Mejor, Patri. Tengo miedo.
- Yo también.
La mamá de Patri se murió hace dos años de un infarto. Yo la acompañé al velatorio. Pobre Patri; sus hermanos menores lloraban, pero ella se había encargado de organizar todo, hasta el café. Ella siempre se había quejado de su vieja, que la hacía limpiar todas las tardes la casa y hacerle la comida a sus hermanos, pero cuando se murió estuvo tres meses sin saber que hacer los domingos. "Yo iba todos los domingos a que me retara por lo mala que era mi vida" me dijo. "Ahora no sé que hacer". Así que me comprende; aunque se lleve mal con mi mamá, que siempre que la ve se da idea para reprocharle la falta de un novio abogado o gerente.
- Por ahí hasta consigo uno del PRO- me dice Patri.- También lo podemos invitar a Raúl y al novio, que es diseñador de interiores o algo así.
- Que oficio tan gay- le digo yo.
- Bueno, al muchacho le va a encantar Los Cardales. Además, es de cholulo. Admira a tu vieja, con eso te digo todo.
- No.
- Sí, la otra vez la vió en una revista y me dijo que hermosa mujer, que estilo, como se viste.
- Bueno, a mi mamá le encanta que la admiren, así que se va a llevar bien.
- Van a ser amigos íntimos.
- Le va a redecorar la casa por quincuagésima vez en este año. Mi mamá siempre gasta plata en eso, le encanta también. Por ahí le viene bien y se olvida de mi fallido noviazgo.
- No se va a olvidar nunca. Una vez que...
- ¿Y si le digo la verdad?
- No, eso no. Mejor no. Además, mentiste como una pelotuda. Tu mamá se enganchó porque estaba chocha. Ya todo el mundo sabe. Lo mejor es salirse con elegancia.
- ¿Estás segura de lo de adicto al sexo? ¿No es mejor decir que el chico era algo así como Leonardo Fariña, y que en cualquier momento lo deschavan en el programa de Lanata?
- Eso es genial, che. Vos no sabés lo que me enteré.
- Se dedica a la trata de blancas y al tráfico de influencias. Ahí está.
- Con esa carita, va a decir tu vieja.
- Esos son los peores, le puedo decir, Quedé como Karina Jelinek.
- No, tu vieja lo puede llegar a matar al muchacho.
- Bueno, no creo. Para tanto. Por suerte no me casé. Y ahora que me pasó esto, no me pienso casar, mama. Mucho menos con alguien del PRO. Estoy traumada.
- Vas a ser una gran abogada, Amalia.
- Después que rinda Constitucional.
- Ya lo llamé a Javier para decirle unas cuantas cosas de él y de Germán.
- No, Patri, no, no lo metás a Germán en esto que es un pesado. Es capaz de venir a pedirme disculpas. Y se va a quedar otra vez toda la tarde mientras yo estoy estudiando. Y capaz que hasta viene Alberto. No voy a poder rendir nunca.





La muerte de un rey. 23º parte.

                                                                                  Solo la esperanza tiene rodillas nítidas
                                                                                  Sangran
                                                                                                           Juan Gelman

                                                                                            Omar. Calabozos del Rey.

Cuéntame de vuelta la historia, dijo Jorginho.
La de los dos reyes y los dos laberintos.
La gloria sea con aquel que no muere, dijo Omar.
Estaba terminando de traducir la Odisea. A veces algún guardiacárcel compasivo les alcanzaba pan, agua o potaje de invierno. Generalmente se olvidaban. Los Mil no morían.
Podríamos escaparnos, dijo Jorginho. Hace tres años que no me torturan y mis manos y las tuyas ya están casi curadas.
¿Para qué quieres escaparte? le preguntó Omar. ¿Para servir a Sarar?
Debo ir con Enrique. Lo lastimaron.
Eso ocurrió hace muchos años, fue la respuesta de Omar. Ya ha sido olvidado.
Yo no lo olvido.
El y Yemanja me salvaron de la policía y de la muerte, hace muchos años.
Entiendo, dijo Omar. Te entiendo. Pero no podemos hacer nada.
Odio este planeta, dijo Jorginho.
No es tan diferente de la Tierra. Y en la Tierra quizás hubieras muerto. Aquí eres inmortal.
Odio este planeta. Odio a Sarar, odio a la Dama Blanca, odio a los Ojos de Sarar, odio a Tiffanny, los odio a todos y a cada uno de los Mil, menos a tí y a Enrique.
Gracias, dijo Omar.
¿Quieres que te cuente la Odisea?
Yo seguiré cavando, dijo Jorginho.
Dicen que lejos de aquí hay un mar. Un delta y un mar. Dicen que Pauline y Rodrick han llegado hasta allí. Quizás llegue yo también.
Eres un perro, dijo de pronto Jorginho, que prefieres traducir libros de un planeta muerto a ver de nuevo las estrellas.
Mientras la Odisea siga existiendo algo existe del planeta muerto, fue la respuesta de Omar.
Ya le he contado la historia a los escribas del rey. Ya la están tomando como cierta y que ocurrió aquí. Dentro de poco buscarán restos de Troya.
Cuando aparezcan Ulises y Circe y Polifemo en sus cantos, este planeta será la tierra.
Y yo volveré a ser un ladrón, dijo Jorginho.
Y quizás exista de nuevo Bahía, Bahía de Todos los Santos.
Y quizás mi tío vuelva a nacer y Rita Lee y la mai de santo del culto de Oxalá.

Guillermo Francella

Soy fan de Guillermo Francella desde que veía "De carne somos". Más fan de él que de Olmedo, aunque quede mal en una rosarina. Francella es siempre gracioso, y es gracioso en un tono argentino perfecto. Lo mejor de "El secreto de sus ojos" es cuando actúan juntos Darín y él; son dos grandes comediantes argentinos (porque Ricardo Darín es un gran actor, pero no puede negar que la comedia le sale de taquito) en una dupla tragicómica que ya hubieran querido escribir Arlt o Marechal. Pero donde se lleva todas las palmas es en "Casados con hijos", donde es un perdedor de la altura de los de Woody Allen. Otros países pueden jactarse de la tecnología o de los monumentos nacionales; nosotros tenemos el colectivo, la birome, el dulce de leche y a los mejores cómicos del mundo, entre ellos, Guillermo Francella.

Eva Green

Ver a Eva Green actuando es casi como ver a Marlene Dietrich en "El ángel azul"; no hay mujer más fatal que ella. En cualquier película que la haya visto, aún en los roles más inverosímiles (la Serafina Pecara de la muy buena "The Golden Compass") uno no puede evitar tenerle un poco de miedo. Hay otras actrices que hacen esos roles y los hacen muy bien, pero hay algo oscuro en esta actriz que les da un carácter distinto. No tiene nada de la fragilidad que se le suele atribuir a lo femenino; se devora la pantalla como lo hacían las divas de antaño, esas que solo tenían que bajar una escalera para que todo el mundo se quedara mudo. Pero tiene a favor que es, además de una precencia escenica impresionante, una muy buena actriz. En la última 300 es impresionante; sin ella, la película sería una adaptación más de un comic exitoso, pero gracias a Eva Green es como un capítulo de Nippur de Lagash: una suspende toda incredulidad en la butaca del cine.