miércoles, 21 de noviembre de 2018

Seda

La gota que rebalsó el vaso fue lo del vestido. Hasta ahí me iba callando, y simplemente miraba, como se mira una duna desmoronarse. El vestido era de seda y era muy bonito: fue el vestido más lindo que tuve nunca y era feliz cuando me lo ponía. Creo que no entendía y no entendió nunca lo feliz que era cuando usaba ese vestido, pero hay personas que no entienden la felicidad. No me molestaba demasiado que no entendiera; en el fondo, sabía, no entendía casi nada. No podía explicarle porque hay cosas que no se pueden explicar; simplemente, es como cuando la arena cae hacia el mar y entra en las olas y se forman charcos en la playa, charcos tibios aunque el agua sea helada. Era simplemente ir, ir hacia ahí. Pero claro, no entendía. Nunca lo pudo entender. Y no había manera de explicarle y entonces ocurrió lo del vestido. Se le ocurrió decirme que siempre usaba el mismo. Y entonces yo pensé: este vestido es lindo. Me trae felicidad. Prefiero el vestido. Y lo volví a pensar dos veces y me dí cuenta lo que estaba pensando: prefiero el vestido.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario