martes, 27 de noviembre de 2018
La muerte de un rey. 65° parte
Me porté como quién soy
como gitano legítimo
le regalé un costurero
grande, de raso pajizo
y no quise enamorarla
porque teniendo marido
me dijo que era mozuela
cuando la llevaba al río
Federico García Lorca
Derricus, Harenes del Rey.
Era un hombre completamente feliz. Amaba esta vida. Las mujeres lo comprendían. En la tierra Derricus no se había sentido comprendido; pero aquí a las mujeres les encantaba que les contaran de su vida pasada y el a veces exageraba un poco porque en realidad generalmente su trabajo en Nueva York consistían en encontrar perros perdidos, perseguir a mujeres infieles y detectar infiltrados en empresas informáticas como Google o Apple. Pero lo que habían sido trabajitos del montón en su ciudad natal ahora, narrados a la luz de las lámparas de sebo de cerdo, eran un sinfín de maravillas.
- Cuéntame de vuelta de la mujer aquella que engañaba a su marido con su bogado- le dijo Diurvan. Diurvan amaba las historias de ese tipo.
- Abogado, abogado.
- No importa. Me encanta el final.
- Oh, sí, es un buen final. Traéme más licor de cítricos y y te lo contaré.
Diurvan obedeció pronta. Era de las más hermosas del haren; tenía pelo, ojos y piel dorados y era delgada como una cierva, y tenía también la mirada de una cierva.
- Bueno, si, era cierto, la seguí a la mujer y se acostaba con el abogado del hombre. El hombre se enfureció un poco cuando confirmó su sospecha, pero el problema que tenía era que su abogado era demasiado bueno para que pudiera prescindir de él. Cuestión que quiso confrontar a su mujer pero la mujer le dijo que si quería divorciarse se divorciaba, pero que su abogado iba a ser su amante. Bueno, finalmente el hombre decidió no divorciarse, porque sabía que si lo hacía iba a perder más de la mitad de sus bienes. Un triste final para el hombre. No tanto para el abogado y la mujer, porque podían seguir siendo amantes e iban juntos a ver obras de Broadway todos los sábados. La mujer y el abogado amaban el teatro musical.
- ¿Que es el teatro musical?
- Ah, una maravilla, Diurvan. Hombres y mujeres cantaban y bailaban y actuaban al mismo tiempo. Luces brillantes, disfraces. Si quieres te canto alguna canción.
Derricus, le dijo de pronto Raschid, deja el maldito harén. El Rey está por encontrar la máquina, estamos iniciando un exódo, Tiffanny quiere que todo estalle por los aires, como el Rey y Arguil, Eliza y Omar han sido torturados y tú portándote como el galán de una telenovela mexicana.
¿Es mi culpa que todos ustedes sean imbéciles? No.
¿Es nuestra culpa que tu debilidad sean las mujeres rubias y delgadas? Tampoco.
Oh, ahora me quieres dar lecciones de algo. Buen intento. Me acostaré con Diurvan y también con Kimbier; ellas me aman. Y beberé licor de cítricos y luego comeré el mazapán algo rancio que hacen aquí, y después, si me quedan tiempo y fuerzas y no creo que me queden, iré a ver a Eliza y a Omar a los calabozos. Y puedes dejar de hacerte el hombre que lo decide todo aquí, porque Kimbier tiene tus ojos y tu sonrisa, así que no eres ningún santo.
Bueno, dijo Raschid.
Pero apúrate.
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