lunes, 5 de noviembre de 2018
Luis Gurevich
Una canción no es una canción hasta que no tiene música. Y no es fácil musicalizar una canción. Hay músicos que también son grandes poetas, hay poetas que no son tan grandes músicos, y hay músicos a quiénes les cuesta mucho pensarse cómo poetas. Estos son los arregladores; son responsables de grandes canciones, pero cómo hacen "solo" la música, no son tan reconocidos, salvo, claro, para los músicos. Entre estos grandes arregladores argentinos está Luis Gurevich; su musicalización de Todos los días un poco y de Cinco siglos igual de Leon Gieco es perfecta. La linea melódica es increíble por lo inusual; cada sílaba de los versos de Leon Gieco (y Gieco tiene la virtud de la sencillez y la profundidad cuando hace versos) lleva una cadencia muy bella, y cada sonido llama al otro. La música, que desde afuera parece el más fácil de los artes, es el más difícil de todos: es temporal y atemporal al mismo tiempo, es la suspensión absoluta en algunos momentos de eso que damos en llamar el transcurso de las horas.
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