miércoles, 21 de noviembre de 2018
Críticos y criticismo
Mi artista preferido de todos los tiempos es Diego Rivera, y no lo es por sus murales, por sus mujeres (muchas y talentosas) ni por su apoyo a la revolución mexicana, sino porque llevaba una pistola en el bolsillo siempre y, cuando le preguntaban para que era, decía: para orientar a la crítica. Hace años que no leo casi críticas de libros, porque si un libro es malo prefiero enterarme yo misma. Ahora, cuando leo críticas de cine, generalmente deseo que Rivera resucite y dirija alguna. El crítico de cine la mayor parte de las veces es una persona un poco espantosa: parece no disfrutar de nada. Me lo imagino viendo Casablanca o Tiempos Modernos, hace varios años atrás, y criticando el sentimentalismo de las historias. ¿Para qué van al cine? ¿Para amargarse la vida? Recuerdo una muy buena nota crítica de Marcelo Figueras, hablando de Los Intocables, de Brian de Palma y diciendo, sí, tiene muchos clichés, le hace una homenaje al acorazado Potemkim, los buenos son muy buenos y los malos son muy malos, pero me encantó. Ese es el espíritu de un crítico: cuando pagamos una entrada al cine o al teatro, ya sabemos que es todo mentira. Lo que queremos es que la película nos guste y nos distraiga, porque cuando salgamos vamos a tener que seguir trabajando, cocinando, pagando el impuesto municipal y tratando de no tropezarnos con los baches de las veredas. No me gusta para nada cuando un crítico de cine dice: pasa que no se comprende bien el mensaje de la obra o, peor aún, no me gustó su mensaje. Y, el arte no es cómodo. Es arte , Detesto más aún cuando un crítico de cine no tiene cultura cinematográfica y no valora el esfuerzo que hicieron, no solo el director, sino los actores, los vestuaristas, los escenografos, los guionistas, los que la musicalizaron. Denostar algo, rebajarlo, porque no se lo comprende, como si uno tuviera una mente superior, demuestra una mente algo mezquina y limitada. Para ser crítico de cine de verdad hay que ver mucho cine, amar mucho el cine, y, además, saber de literatura, de teatro, de música, de fotografía. Y si no se quiere hacer tanto esfuerzo, simplemente, como hago yo y hacen muchos: shut up. Nos sentamos en las butacas y esperamos que la magia comienze.
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