sábado, 30 de marzo de 2019
Escándalo en Harvard
Siempre que veo las películas de college o sea de universidad de EEUU me da un poco de risa. Trabajo en el sistema universitario argentino como administrativa hace prácticamente veinte años, antes que eso fui estudiante universitaria. Y antes fui estudiante secundaria. Todo eso solo pagando cooperadora de la escuela en la secundaria. La mayoría de mis profesores de secundaria, de universidad y de terciaria eran excelentes; yo no me gradué de la universidad, pero recuerdo haber tenido en primer año de cursado de Bellas Artes compañeros que ya eran artistas consumados antes de tener el título. Y no hablo de performances e instalaciones, que siempre me parecieron (eran los noventa) aburridos ecos de los años sesenta, sino gente que pintaba, dibujaba y esculpía muy bien. Gente que sabía. Por eso cuando veía esas comedias o dramas sobre la gente que iba al college en EEUU me parecían livianos e ingenuos; en tercer año de universidad tuve muchos compañeros de cuarenta o cincuenta años que habían perdido trabajo y, como tenían familia, tenían que capacitarse como docentes para, al menos, ser docentes. El chiste en los noventa era que cuando ibas a buscar trabajo si eras joven te decían que tenías poca experiencia, pero si tenías treinta años y diez años de trabajo como experiencia te decían que eras viejo para el trabajo. La realidad: no había trabajo. Porque si hubiera habido trabajo los de dieciocho, los de treinta, los de cuarenta y cinco y los de sesenta lo hubiéramos tenido. Creo que la idea de tan personal visión del trabajo salió del núcleo duro de la educación universitaria norteamericana (eficientismo, autoconocimiento, autoayuda, e incluso empoderamiento son sus metáforas favoritas) y el transcurso del tiempo terminó devorando esas ideas. La idea de que la desocupación disciplina los cuerpos y los obreros suena genial, en teoría. En realidad las personas, ricas, más o menos ricas o pobres, cuando descubren que no son necesarias para el sistema capitalista, empieza a cuestionarse seriamente si el sistema capitalista es necesario para ellos. En diarios como Clarín o revistas como Fortuna los especialistas en educación se escandalizan (y lo peor es que es en serio) de que la gente prefiera ahora estudiar carreras humanísticas como Historia, Letras, Filosofía, Antropología o Bellas Artes en lugar de Marketing o Administración de Empresas. Siendo tan necesarias carreras como Marketing o Administración de Empresas. En realidad si la gente prefiere estudiar carreras humanísticas es porque tanto Marketing como Administración de Empresas, e inclusive Licenciatura en Economía, o Contabilidad, son carreras que han probado no ser garantía de éxito. El escándalo de que millonarios quisieron coimear a las autoridades de Harvard para que sus hijos ingresaran a la universidad es prueba concreta de que el sistema educativo norteamericano es un gran fracaso: si tu hijo no da para Harvard, que supuestamente, junto con Yale y Julliard son la creme de la creme en materia educativa, no da para Harvard. Por más que pongas dinero, dones incunables a la biblioteca, y gracias a tus millones construyan un laboratorio nuevo, tu hijo no tiene la inteligencia ni la creatividad suficiente para ingresar a una universidad. No porque sea idiota; quizás tenga que estudiar unos años más. O quizás Harvard y Yale no le interesen y esto es más probable. En el sistema educativo norteamericano y también en el privado argentino, y en algunos estatales argentinos de supuesta excelencia, veo una creencia casi supersticiosa de que la educación nos protegerá de algo. La educación nunca ha protegido a nadie de nada, desgraciadamente. No protegió a Séneca de Nerón, ni protegió a las monjas de Videla, ni protegerá a nuestros hijos si solo queremos que sean iguales a nosotros. Ser un padre o una madre de verdad es aspirar a que nuestros hijos sean mejores que nosotros y no es con una educación elitista desde el jardín de infantes hasta el posgrado como lo lograremos.
viernes, 29 de marzo de 2019
Henry James
Empiezo esta entrada con una polémica argentina: cuando en las mesas de café literarias se hablaba de los grandes escritores universales, creo que fue David Viñas o si no Abelardo Castillo el que dijo: no sé porque joden tanto con el Henry James ese. De un gesto brusco Henry James quedó desterrado del parnaso literario argentino y fue reemplazado por Faulkner, Truman Capote, Albert Camus, Jean Paul Sartre y Ernest Heminway. Hay que decir que ninguno de esos cinco escritores podría existir si un escritor americano llamado Henry James no hubiera existido. Situemos un poco: Henry James era, en el complicado fin del siglo XIX, un anacronismo. Era de clase alta y de familia de alcurnia, hizo su viaje obligatorio a Europa donde se enamoró (todos los americanos se enamoran) de las ruinas y la historia, escribió muchos libros donde los importante no es tanto, a veces, la historia, como los pensamientos y las palabras de los personajes. Henry James es la base de Proust, de Joyce y de Manuel Puig; su vida fue tan aburrida como muchos de sus libros, pero Henry James es probablemente el primer escritor de escritores. El primero que en sus prólogos, en sus cuentos, en sus novelas muestra el artificio que es escribir; el que nos muestra a todos los verdaderos trucos del oficio. Las anécdotas de la trama de La Heredera, El Americano, Las Alas de la Paloma, Otra vuelta de tuerca, La copa dorada, The Real Thing, son mínimas y ni siquiera son burguesas; son aristocráticas.Un escándalo para la literatura del siglo XX cuyo realismo terminó siendo devorado por la realidad. Es el pasado lo que le interesa a James. No es casual que su última novela inconclusa se llamara El sentimiento del pasado, y que intentara emular a H.G. Wells, en La Máquina del Tiempo. Creo que el movimiento de Henry James fue lo más revolucionario que ocurrió en la literatura en cuatrocientos años; para reafirmar esta creencia, hace poco salió el libro de memorias de el Indio Solari, libro que seguramente leeremos todos los ricoteros. El título del libro es Recuerdos que mienten un poco. David Viñas o Abelardo Castillo hubieran odiado ese título. Henry James, si lo hubiera visto en una librería del XIX hubiera asentido y quizás hubiera intentado leer algunas páginas.
Un aire de familia. 35 parte
A la vida le gustan los largos parentésis: puede decirse que
la vida de Samuel fue, durante todo el transcurso de la Segunda Gran Guerra, un
largo parentésis donde se ocupó de cuidar que la madre de Bermaner no se
enterara de que Margot no existía, vender telas y agujas y puntillas, jugar al
ajedrez, beber café con leche con Eduardo Arramburu mientras este le mostraba
sus (cada vez peores a criterio de Samuel)
poemas aforísticos (ya había publicado dos libros, ilustrados por Norah
Lange) y además escuchar sus quejas ante la fama súbita y temible que iban
logrando advenedizos como el hijo ciego y timorato del profesor Jorge Borges
–difunto- y de su amiguito, ese mujeriego conspicuo al que se le había ocurrido
una historita nimia, peor que cualquiera de Verne o de Lovecraft, y
aparentemente algunos creían que era buena,
que se había casado con la hija rara de los Ocampo, y habían sacado una
Antología de la Literatura Fantástica que era una vergüenza, donde osaban
publicar cuentos propios y cuentos sufíes que eran peores que los propios y
algún cuento malo de Wells. Y también iba Samuel dos veces a la semana al
puerto y a los cafés donde se reunían los emigrados europeos. Así se enteró,
dos días antes del desembarco en Normandía, que Hoffmann había sido
apresado. Se lo dijo un polaco; el
famoso Hoffmann había caído hacía tres meses atrás en manos de la Gestapo y
probablemente ya estaba muerto. Samuel
no se derrumbó cuando oyó esa noticia; su amigo Hoffmann parecía tener más
vidas que un gato. Pero el polaco siguió hablando de notas y dibujos y al
principio no entendió, pero cuando entendió se quedó mudo al lado del polaco y
ambos se bebieron dos vasos de grapa y después Samuel despertó en la cama de
una mujer andaluza, que apenas se despertó le dio su ropa arrugada y lo echó
por el balcón. Samuel se vistió tapado por unos malvones y fue a trabajar. Pero
a dos cuadras de Merceditas Merceditas se desmayó; lo volvió a la conciencia su
patrón, con dos baldes de agua helada.
- - Como para estarse desmayando como una doncella
con la cantidad de trabajo que tenemos- le dijo.
Pero Samuel estaba muy pálido y temblaba.
- - Que ocurrió, parece que hubiera visto a la
muerte.
Entonces Samuel habló. Le contó del polaco
que sabía del arresto de Hoffmann; y le contó la otra cosa que el polaco le
había contado; los dibujos y los relatos de los trenes. Los trenes llenos de
judíos como si fueran vacas. Los trenes llegando a horario a las estaciones.
Los trenes vaciados de seres humanos. Los seres humanos que se desnudaban y
dejaban sus escasas pertenencias en las estaciones. Los seres humanos que
entraban en cuartos y eran gaseados con veneno y eran tantos que tenían que
cremarlos porque si los enterraran el olor de los cadáveres apestaría Europa.
Su patrón vomitó los huevos pasados por
agua del desayuno.
- -Tendría que viajar a Europa ya- dijo Samuel.
- -Yo también- dijo su patrón.
Samuel lo miró con sorpresa.
- - Mis tres hermanas y mi tía mayor están en
Polonia- dijo su patrón. – Mis tres hermanas ya son mujeres viejas; eran
mujeres viejas de treinta cuando yo, el benjamín de la familia, decidí venirme
aquí con catorce años. Vine aquí porque un primo segundo me dijo del buen
clima, de los huevos y de las mujeres bonitas y poco recatadas en una carta. Un
imán irresistible para un chico de catorce, supongo. Pero ahora… Pero ahora no
voy a viajar. Mis hermanas y mi tía ya están muertas, ya
deben estarlo... Si lo que cuentas...Resopló.
- Si lo que cuenta el polaco es cierto.
jueves, 28 de marzo de 2019
Medios maleducados
No sé en que momento exactamente los medios radiales, televisivos y multimedia se volvieron maleducados. No sé si hubo un punto de inflexión: quizás el punto de inflexión exacto lo marcó Jorge Lanata cuando dijo que no llamó más a Horacio Verbitsky a sus programas televisivos porque el "público" lo encontraba aburrido. Para los medios el público es soberano; son los que leen sus propagandas y los que compran sus productos, los que van a ver las obras de teatro y las películas que ellos promocionan, los que en el fondo opinan lo que ellos opinan. La gente que ve TN mira TN para indignarse y alegrarse con lo mismo que se indigna y se alegra el conductor de turno de TN. La gente que ve Tinelli está segura de que Tinelli es un genio, la gente que escucha Radio Rivadavia ama Radio Rivadavia. Medios y comodidad, lo llamaría. Que el "publico" argentino considere que Verbitsky es aburrido, cuando probablemente sea uno de los pocos periodistas argentinos (probablemente el único) que siga siguiendo a rajatabla los códigos de la ética periodística y uno de los pocos periodistas argentinos que realmente son periodistas, no formadores de opinión, habla de lo mal que estamos como sociedad. Hace décadas que la verdad no nos interesa; nos interesa cuidar nuestra ilusión de mundo, y las tan denostadas redes sociales solo nos hacen confirmar que el ser humano es un ser muchísimo peor de lo que puede imaginar cualquier escritor. La andanada de tweets, comments, dislikes, caritas enojadas y memes ante una persona que sufrió una tragedia concreta (perder a un familiar querido, por ejemplo o ser despedido del trabajo) lo único que demuestra es que Internet no debería haber sido inventada y tampoco los medios de comunicación: radio y televisión y probablemente tampoco los diarios. Prueba concreta al azar; hace algo más de un mes una periodista radial conocida, pero no hiperfamosa, tuvo la desgracia de que a su hijo lo detuvieran. Mucha gente se alegró. Otra prueba concreta al azar: esta mañana tuve la desgraciada desdicha de oír a un conductor radial quejarse de que en un supermercado lo habían "tratado mal" porque no le contestaron las preguntas que hacía cuando buscaba cosas en las góndolas de un supermercado. Ese conductor radial quiere venderse a sí mismo como una persona tolerante y progresista, pero no soporta que un repositor o un verdulero de un supermercado no le responda. A él. Eso es muy mala educación; es la muy mala educación de los medios. Consideramos aburrido a un gran periodista como Horacio Verbitsky, y decimos que El Cohete a la Luna (un lujo de periodistas y colaboradores) es un blog y consideramos educado y progresista a un locutor que se cree superior a un verdulero de supermercado
martes, 26 de marzo de 2019
Defensa del policial de salón
Puedo defender el policial de salón, pero ya lo defendieron mejor que yo Borges, Chesterton, Agatha Christie y Edgar Allan Poe. La diferencia fundamental entre un libro y una crónica periodística es que el lector cuando abre el libro sabe que todo es falso; cuando lee una crónica periodística tiende a creer que todo es verdad. Por eso digo que Martín Caparrós es mejor escritor que Stephen King, que Mario Vargas Llosa, que Jorge Luis Borges y que William Shakespeare; porque cuando leemos La Voluntad o La Crónica tenemos el sabor de la realidad, ese sabor casi inasible, casi un perfume o una música a lo lejos. Desde hace aproximadamente setenta años creemos que el único policial posible es el policial negro e incluso los ingleses e incluso Stephen King e incluso yo, cuando escribo policial, escribimos policiales negros. Y sin embargo una novela policial negra es mucho más artificial que un cuento policial de Agatha Christie o de G. K. Chesterton. La realidad es generalmente mucho más simple que la literatura; la literatura la complejiza, la artificializa para volverla interesante. Ejemplo: nadie va a leer una novela basada en mi vida diaria, porque es rutinariamente aburrida. Lo cual es una suerte, porque si mi vida fuera compleja, dura y áspera, no podría escribir. Por eso pienso, y en esto concuerdo con el escritor Guillermo Martínez en que el policial de salón es necesario: la gente ama creerse más o al menos tan inteligente que el escritor. Es parte del pacto secreto autor-lector: todos los escritores lo usan, y si no no podrían escribir.
La ausencia de la policia
En el prologo elogioso hacia La Vida Entera, novela de Juan C.Martini, Cortázar observa que lo más asombroso en esa novela pesadillesca suburbana y terrible es la ausencia de la policía. Eso es algo a lo que los argentinos estamos acostumbrados; a que la policía y la justicia sean tan lábiles al poder de turno que es inexistente. Un secuestro, una violación, un asesinato, una red de trata de mujeres, de explotación de obreros o de narcotráfico son investigados y desmantelados siempre y cuando sea conveniente, es decir,que no afecte a gente poderosa en un momento determinado. Eso no puede ser así; eso es Tercer Mundo. La policía está subordinada a la justicia y la justicia es el tercer poder porque es imparcial; porque es el último recurso de cualquier persona si ha sufrido un crimen; porque es (metafóricamente) ciega. Pero en Argentina, desde que soy una niña, la policía no existe prácticamente. La policía "libera" zonas. La policía "arregla" con narcos y con proxenetas y con desarmadores de autos. La policía aprieta (es decir tortura) para sacar información. La policía tira chicos al Riachuelo para divertirse. Y la justicia cajonea y espera que algunas causas prescriban. No se puede vivir en un país donde la policía y la justicia no existen o existen a veces, para algunos y otras veces para otros. Una justicia de calidad y una policía profesional es lo mínimo que se puede pretender. Pero también, de parte de los ciudadanos, dejar de pensar que coimear a un policía o a un juez es unna "avivada" y dejar de pensar que existe realmente la "justicia por mano propia". Los ciudadanos argentinos no somos jueces ni somos policías; debemos dejar de creernos grandes justicieros y exigir que la justicia sea un tercer poder real e imparcial y que la policía no sea corrupta. Y que cuando cometemos una infracción o un delito debemos pagar por él, seamos el hermano del presidente, un actor famoso o un albañil; una mucama cama adentro o la dueña de una tienda de indumentaria famosa.
domingo, 24 de marzo de 2019
El 24 desde el Rosario (una crónica)
Voy a las marchas del 24 de marzo desde antes de tener uso de razón. Para mi es casi impensable no ir a la marcha del 24 de marzo; por eso lo primero que me sorprende son los muy limitados en capacidad intelectual que no saben que el 24 de marzo es feriado, que el 24 de marzo hay una marcha (grande) y que el día 24 de marzo no es buena idea entrar al centro con tu auto, por más alta gama que sea. La discusión de estos hombres y mujeres - grandecitos, ya, y medios boludos según mi definición- con gente de la guardia urbana, de la policía de tránsito y la gente que está marchando da para sketch de Capusotto pero le gana al sketch de Capusotto; al grito de "yo soy ciudadano argentino, pago mis impuestos y exijo poder atravesar la peatonal Córdoba" estos personajes pretenden inaugurar un nuevo movimiento social: el de dueños de Audi y de Minicooper agremiados. Con el ruido de redoblantes y bombos y cantitos entre peronistas y estudiantiles no los oye nadie pero ellos seguro que se postean en Instagram y por ahí, quién dice, empiezan la revolución del Audi. Los dueños de las automotrices que venden Audi agradecidos por la propaganda gratis (otra que revista Noticias, papi). Después, como siempre, todo muy variopinto: Movimiento Evita, Corriente Clasista y Combativa, Centros de Estudiantes, La Toma, las muy coloridas banderas del movimiento LGBTTI y las igualmente coloridas banderas de los pueblos originarios, más Centros de Estudiantes, algunos gremios como COAD, más Centros de Estudiantes, obviamente La Cámpora, la Federación Comunista, el PCR, alguno del PO; mucha bengala, mucho redoblante, algún vendedor de coca cola y de agua que se hace su agosto, muchas mujeres con chicos, muchos hombres con chicos, cosa que seguro cuando la cosa termine iran derecho al MC Donalds a comprar papas fritas y cajitas felices. La parte más emotiva fue cuando me iba y ví en el centro de la Plaza enfrente de la municipalidad un círculo con pañuelos blancos colgado y en cada pañuelo blanco escrito el nombre de un desaparecido. Después, es más o menos como lo recuerdo, solamente que con más gente. El Monumento estaba lleno, así que mucha gente había; el Monumento solamente lo llena un recital de Baglietto, de Fito o el 24 de marzo; difícil discutir ese mensuramiento concreto.
Nucleos duros de gobierno
Creo que el primer atisbo de hasta donde la sociedad argentina es una sociedad fragmentada me la dió José Pablo Feinmann (el "Feinmann Bueno", chiste que circula en memes de redes sociales) cuando, en un reportaje ante la Garganta Poderosa (junto con la revista Anfibia y el diario Pagina 12 los mejores medios del país) confesó que nunca había pisado una villa miseria. José Pablo Feinmann puede ser acusado de muchas cosas, excepto de adalid de la derecha política. Fue de izquierda en los setenta, fue de izquierda en los ochenta, fue de izquierda en los noventa, y en el dos mil y en el dosmil diecinueve también. Es un excelente divulgador de lo que es la filosofía; su libro La filosofía y el barro de la historia me parece de lo mejor que se ha escrito en Argentina sobre filosofía llevada al terreno de lo concreto. No puede decirse que sea un izquierdista de café; es un filósofo izquierdista de aula magna, es decir, un docente capaz, de los que afortunadamente abundan en Argentina. Pero nunca pisó una villa miseria porque desde siempre presupone que la gente en la villa miseria es gente peligrosa. El otro atisbo es que varios de los compañeros de primaria de mi hijo, que al ser del barrio Tablada sabe bien lo que es una villa miseria, cuando fueron las elecciones del 2015 se identificaron con el discurso de Cambiemos: un discurso más cercano a la seriedad, a la empresa, a la gerencia que con el kirchnerismo. Mi propio hijo se siente más cerca a ese discurso que al de izquierda trotskista, que ha bebido desde que era pequeño y su visión sobre temas como el aborto, las drogas, el trabajo y la educación son, probablemente, mucho más de derecha que los míos. Podría pensar que mi hijo y varios de sus compañeros de secundaria están equivocados, pero no pienso que están equivocados; pienso que su camino es diferente al mío. Y pienso también que ellos tuvieron la suerte de no vivir una infancia y una adolescencia donde trabajar era algo casi imposible, y aún si conseguías un trabajo los trabajos eran desastrosos, no tanto a nivel sueldo, sino a nivel de lo poco que se podía hacer concretamente. Los argentinos que tenemos entre treinta y cincuenta años vivimos la década del noventa y la debacle del 2001 como un gran desastre económico neoliberal; no tan malo como la dictadura porque no hubo tantos desaparecidos (aunque los hubo) y al menos se podía recurrir a la justicia. por eso no me molesta que el gobierno de Macri tenga un círculo rojo de poder, porque ser presidente, ministro, diputado, senador o concejal es ejercer algún tipo de poder, y porque ese poder se lo dieron chicos de la edad de mi hijo y que piensan como mi hijo o los amigos de mi hijo. Para que esta frase no suene abiertamente machista debo decir que entre los amigos de mi hijo hay mayoría de mujeres y que estas son, naturalmente, las que más hablan y las que hablan más fuerte. Por eso a mi no me molesta que exista un nucleo duro en el gobierno de Macri ni repito la frase de tantos izquierdistas extraviados de si gana Macri me voy del país. Hubo muchos que no se fueron en los setenta, hubo muchos que no se fueron en los ochenta, hubo muchos que no nos fuimos en los noventa ni en el dos mil y yo, a esta altura, no creo que me vaya.
sábado, 23 de marzo de 2019
Brujos
Yo, que nunca he creído, ahora rezo; yo ví el cadáver de la muerta rodeado de velas, ví las estampitas y las extrañas agujas sobre el General moribundo y su nueva esposa, lo ví al Brujo y el Brujo nos daba órdenes y yo era uno de sus adláteres. No lo hacía por creencia. Lo hacía por dinero. Mucho dinero tuvimos en esos años pero más fue la sangre. A la última mujer que era casi vieja y una madre y temblaba la secuestramos en el Perú y la matamos en el Madrid y cuando descubrieron el cadáver en el hotel ya nos mandaron la orden de que nos olvidáramos de volver, de que nos volvieramos mozos o marineros, de que quizás algún día nos llamarían, y nos mandaron también una estampita de la Virgen del Lujan lo cual era casi gracioso. Yo, que nunca creí en nada, excepto en el dinero y en la sangre y en el buen uso de las balas para callar a los lenguaraces, y me reí cuando el Brujo cayó en ese extraño viaje a las Bahamas (el tan esotérico y seguro buscando los orígenes del sincretismo) ahora rezo; anoche soñé con la gente que he matado. Eran muchos y estaban todos desnudos y hablaban. Hablaban en un idioma que no entiendo. Y ahora sé que no hay nada después de la muerte, pero que antes de morirme me visitaran cada noche mis muertos; uno o dos por cada noche y me hablarán y no podré responderles porque quién ha asesinado ya no regresa nunca del asesinato.
Hechos históricos que uno ve pasar mientras vive.
Nada ha cambiado, fundamentalmente, desde que tengo uso de razón. Argentina es más o menos igual, para tristeza de políticos y futuros patriotas y para alegría de los pobres pecadores, que consideramos que este paisito perdido en el sur del sur no está tan mal, después de todo y que si algún día el famoso apocalipsis llega, los argentinos seguiremos tomando mate y jugando al truco. Pero hay si un giro en el devenir de la historia política reciente que he notado, y no solo en nuestro país, sino en todo el continente latinoamericano; EEUU como gran consúl moral de toda Latinoamerica. Creo que el último gran movimiento de política exterior norteamericana hacia Latinoamerica fue el movimiento de los contras en Nicaragua y la invasión a Panamá, en la década del 80. Luego, ocurrió el gran milagro: EEUU descubrió que los países árabes eran terroristas y horribles y sofocantes (descubrimiento paralelo al descubrimiento de que el petroleo en el mundo era cada vez menos) y empezó a guerrear contra ellos. Irak, Afganistán, Irán, Siria, Egipto, Líbano, Palestina, Turquía, etc. Los países latinoamericanos (desde Tijuana hasta Rio Grande) suspiramos aliviados. Fue un hermoso suspiro que duró aproximadamente veintiséis años. Y el intento de EEUU, con sus aliados tan aristocráticos como Francia, Inglaterra, Italia y España, de volvere a opinar sobre "la terrible realidad latinoamericana" nos suena, a esta altura, como esos compañeros de secundaria a los que uno encuentra veinticinco años después y quieren convencernos de que su vida es maravillosa, pero se le ven los remiendos en las zapatillas y las entradas en el pelo. Más o menos como nosotros, pero peor porque niegan que están mal. ¿Puede EEUU hablar sobre narcotráfico si muchos de sus ciudadanos, inclusive sus niños y adolescentes, tienen problemas de adicción? Me parece que no. ¿Puede EEUU realmente hablar con cara seria sobre lo terrible que es la violencia en una favela o en una villa miseria cuando en sus escuelas y en sus conciertos ha habido masacres sobre civiles inocentes? Me parece que no. ¿Puede EEUU criticar el gasto público latinoamericano en educación y en salud cuando en sus hospitales y en sus escuelas hay problemas reales, concretos, graves? No puede. ¿Puede EEUU hablar en contra de los intelectuales populistas latinoamericanos, o los izquierdistas, o los liberales o los trotskistas o los socialistas cuando en su país repetidas veces se golpea a la gente negra solo por ser negra, al latinoamericano solo por ser latinoamericano y al gordo solo por ser gordo? No tiene ningún tipo de autoridad, ética, moral, ni de ningún tipo. Es más, ningún país europeo puede. En países donde el fascismo y el neonazismo crecen, y la peor misoginia y el peor chauvinismo ¿porqué quieren solucionar los problemas del tan molesto Tercer Mundo? No los solucionen. Los solucionaremos nosotros. Que los países del Primer Mundo solucionen sus problemas primero y luego, cuando no tengan neonazis, ni esvásticas pintadas sobre tumbas de judíos, ni les peguen a los inmigrantes y las escuelas y los hospitales estén abiertas para todos los que las necesiten, que vengan aquí y nos cuenten como hicieron. Y si no lo hacen, ni se molesten en venir a explicarnos nada; quedense en Connecticut, en Turín, en Los Angeles, en Paris, en Londres y en Madrid. Y no molesten a los pobrecitos sudacas.
Acciones civiles
Ningún científico se anima a hablar en contra de los plaguicidas y herbicidas aprobados por la ley argentina. Hecho. Los pocos científicos que han investigado el tema han sido amenazados y amedrentados por no se sabe quién. Hecho. En las zonas rurales, donde antes la vida era dura pero al menos la comida era natural ahora la vida sigue siendo dura pero crecen las malformaciones, los abortos espontáneos y las muertes por cáncer. Hecho. Si uno ve fotos de la gente que trabaja en las zonas rurales fumigando se ve gente que parece de ochenta y solo tiene cuarenta años. Hecho. En EEUU un jardinero con cancer terminal acaba de ganar un juicio contra Bayer Monsanto porque el tribunal entendió que fue el glifosato lo que le produjo el cancer. Hecho. Aqui en Argentina medios de comunicación, diputados, ministros, jueces y concejales siguen insistiendo en que los plaguicidas y pesticidas agroquímicos son necesarios y que "no hay suficientes pruebas". Hecho. En principio, invitaría a la gente que dice que los plaguicidas y pesticidas agroquímicos son saludables a que se vivan un vaso de Rond Up un día y un vaso de agua con carbofuran otro día; si son tan saludables, a la semana estarán rozagantes, como si hubieran tomado jugos detox. Los agroquímicos industriales no solo afectan a la gente que lo aplica, sino también a la gente que lo consume, o sea los que vivimos en las ciudades. Una manzana, una naranja o un higo rocidados con veneno ya no son saludables. Es poco lo que como ciudadanos se puede hacer si los medios masivos (que son masivos porque son muchos y aturden todo el día), la justicia, el Congreso y el Ejecutivo de un país decidió no hacer nada acerca de este tema, excepto no comprar más verduras y frutas fuera de estación, comprarlas en verdulerías y en ferias agroecológicas, no en supermercados, y comprar verduras y frutas que no tienen muy buen aspecto. Suena raro pero he estado entre árboles frutales de chica y las frutas y verduras en la vida real no son tersos y lustrosos como los del supermercado; son más bien feúchos y chicos y a veces con bichitos, pero riquísimos. Es muy poco lo que podemos hacer en realidad. Eso y esperar que el gobierno, la ciencia, la justicia y los medios empiecen a pensar que es más importante la salud de la población que el bolsillo de las empresas multinacionales y los agroexportadores.
jueves, 21 de marzo de 2019
Feminismo radical
Siempre me consideré feminista y por eso la frase feminismo radical me hace mucho ruido. ¿Qué pide exactamente el feminismo radical? El derecho a voto lo tenemos, podemos comprar una casa, podemos casarnos con alguien del mismo sexo, si nos acosan o nos violan podemos denunciarlo en la comisaría o en un juzgado, podemos tener hijos y ponerles nuestro apellido. ¿Qué derecho tienen los hombres hoy en día que nosotras no tenemos? Mujeres, llegamos a la mayoría de edad. Las únicas mujeres que realmente hoy en día están en mala situación son las más pobres, porque también los hombres más pobres están en mala situación, como los ancianos más pobres, como los niños más pobres. ¿Qué estamos exigiendo realmente? ¿Qué los hombres no hagan más chistes machistas? Superemoslo. Me preocupa bastante cuando las marchas de las mujeres se mezcla con la de los que piden autocultivo de marihuana. Podés ser mujer y podés cultivar marihuana. Ahora, una cosa son las reivindicaciones de las mujeres, que son muchas y fundamentalmente tienen que ver con los bajos salarios que nos pagan y lo mucho que se nos exige a nivel laboral (ni hablar si es una mujer que tiene que limpiar casas, cuidar ancianos enfermos o niños: la disparidad salarial entre el sueldo que se le paga a esa mujer y lo que se le exige en Argentina raya con la explotación), la falta de lugares de contención para los hijos de mujeres trabajadoras y el maltrato constante en lugares públicos (y en esto me hago cargo: trabajo en una oficina pública, pero he visto constantemente como se maltratan mujeres pobres no solo en oficinas públicas, sino en lugares públicos como Mc Donalds, bancos, tiendas, shoppings, supermercados) y otra cosa es manifestarse a favor del autocultivo de marihuana, reivindicación que oh sorpresa, en la cual también puede haber muchos hombres. Las mujeres estamos confundiendo cualunquismo con feminismo. Somos seres humanos y no somos en nada superiores a los hombres. ¿Para qué pasamos doscientos años luchando por nuestra libertad cívica? ¿Para cuando la tenemos quejarnos de los hijos y del ex novio o el ex marido? Eso no es feminismo, eso es telenovela, es el peor patriarcado. Esa idea extraña del feminismo hace que las mujeres lean la revista Pronto por Facebook para opinar de personas que no conocen como si las conocieran y que, al mismo tiempo, a la mayoría de las mujeres que odian a Cristina Fernandez se les pregunta porque la odian digan porque usa cartera Louis Vuitton pero en el fondo es una abogada trucha de Tolosa. La frase más barrocamente bizarra de la historia de la política nacional. Y, para no pedir disculpas por ser mujer y haber votado dos veces a Cristina Fernandez, yo digo que si el candidato del kirchnerismo hubiera sido Aníbal Fernandez, yo lo hubiera votado. El problema del feminismo hoy en día es que se identifica feminismo con Simone de Bouvier o con Virginia Woolf; ninguna de las dos para mí tienen demasiado de admirable como feministas. Es fácil ser feminista de clase alta; es difícil bancarse ser feminista en una villa miseria, donde el pensamiento predominante de todo el mundo es que se va a comer al otro día y rogar que no llueva porque si llueve todo se inunda.
miércoles, 20 de marzo de 2019
Porque nunca publiqué ningún libro
Nunca he publicado ningún libro, aunque me encanta escribir. La razón por la que nunca trajiné concursos de editoriales prestigiosas u oficinas de editores prestigiosas es la más simple del mundo: conozco cien escritores argentinos vivos que escriben mejor que yo. La única revolución real a nivel editorial en Argentina fue la gran editorial Eloísa Cartonera, que con descarte de oficina y carton coarrugado hace libros de grandes autores a precios ínfimos. Todos eso después de la debacle del 2001. El mundo cultural en Argentina es tan amplio y tan rico que en tres días en Mar del Plata pude ver tres obras teatrales diferentes y excelentes, una en el Teatro Provincial, subvencionada por la provincia, la otra en el circuito comercial y la otra a la gorra, en una sala subterranea. Acá mismo en Rosario hay un movimiento teatral y un circuito de cine envidiable para una ciudad del interior del país; ni hablar de la música, porque es difícil encontrar un barrio de Rosario que no tenga diez profesores de guitarra, diez profesores de piano, diez profesores de canto y diez profesores de batería. Muchos extranjeros se preguntan ¿por qué hay tantos buenos músicos, poetas, escritores, pintores, arquitectos, directores de cine, actores y escultores argentinos? La respuesta es simple: porque la educación en Argentina es humanística desde hace más de doscientos años. Y prácticamente laica; hay escuelas religiosas pero generalmente sus contenidos son similares a los contenidos de las escuelas laicas. Sarmiento pensaba igual que Paulo Freire cien años antes que Paulo Freire y pudo ponerlo en práctica; y una vez que ponés en marcha un gran sistema educativo público es casi imposible frenarlo. El pensamiento argentino es m´hijo el dotor; y he conocido a pocos graduados universitarios que hablen mal de sus padres en la ceremonia de graduación universitaria. Generalmente agradecen el aguante y la paciencia de los padres o de la familia en general y hacen lo más que pueden con ese título; cada vez que quiero quejarme del colectivo que se atrasa o de las marchas en la peatonal, me acuerdo de que vivo en un país en el que el hijo de un verdulero boliviano o de un albañil paraguayo puede llegar a médico, lo cual, en un mundo donde todos quieren ser famosos en quince minutos, no es poco decir.
La muerte de un rey. 68° parte,
and she took a small silver wrath
and pinned it on to me
she said, this one will bring you love
and I don´t know if it´s true
but I keep it for good luck
Bright Eyes
Rodrick, Washington D.C., 2021
Aunque no le gustaba Saucette (le parecía una imitación mediocre y pacata de los pequeños bistrós franceses, esos milagros que solo tenían treinta y cinco sillas y tres estrellas Michelin) aceptó encontrarse allí con Pauline. No iría solo; lo acompañarían Amparo con Eliza y Lermoune Filland. Pauline había sido clara a ese respecto: el encuentro tendría que ser en un lugar público y el tendría que llevar gente que corroborara lo que le había contado por teléfono. Temía por su salud mental. Si no iba con otras personas, tendría que hablar con sus padres. Ella, por su lado, llevaría a Neville y a Fleur Delacour. Fleur se portara mal y Neville se portará bien, al revés que en casa, le había dicho casi sonriendo por Skype. Su marido, tan Kennedy, tan serio, tan formal, no tendría problema en una reunión con un viejo amigo de la universidad; además, el también entendía que Pauline estaba preocupada por la salud mental de Rodrick y quería ayudar, en la medida de lo posible. ¿Quieres tarta con ensalada o pescado con puré? le preguntó Amparo.
Tarta con ensalada, respondió él.
Tuve que traerle estofado con fideos en un tupper a Eliza, le dijo Amparo a Lermoune Filland. Creo que me salió como el tuyo. Desde que le contaste el cuento del niño que se volvió piedra negra por no comer sus fideos es lo único que come. Bah, eso y caviar Beluga. Y más de una vez la ví beberse los Red Bull del húngaro. Pero es lo del caviar Beluga lo que me preocupa, en realidad.
Haz caviar falso, dijo Lermoune Filland.
¿Se puede falsificar el caviar? preguntó Rodrick. Pero nunca pudo averiguar la respuesta, porque allí entraba Pauline, con dos niños que parecía mellizos pero que no lo eran: la niña casi igual a Eliza, salvo que vestía más perfecta y almidonada, el niño medio manchado y embarrado.
Hola, que tal, les dijo Pauline a Rodrick, a Lermoune Filland y a Amparo. ¿Ya ordenaron? Yo solo tomaré té con sandwich de roquefort, estoy llena, vengo de un almuerzo en casa de amigos.
Ahora llamó al mozo, dijo Lermoune Filland. Yo pediré el voul au vent de cuatro quesos con ensalada césar y la tarta de manzana con helado.
Eres peor que Eliza. Siempre pides lo más caro de la carta, dijo Amparo.
Will me dió la extensión de su tarjeta.
Bueno, dijo Pauline. Carraspeó. ¿Ella es Eliza? ¿Tu eres Amparo? ¿Todo lo que me dijo Rodrick es cierto?
Si, dijo Amparo. Por favor, no lo encierres en el manicomio. Es lo único que te pido.Rodrick es un puto genio. Y es la única persona que nos quiso ayudar de verdad.
Pero, dijo Pauline...
Mamá, quiero tarta de manzana y helado.
Yo también.
Fleur y Neville, los hijos de Pauline, hablaron casi al unísono.
Bueno, pero para compartir, dijo Pauline.
Puedo pagar una para cada uno, comentó Lermoune Filland.
Está bien, fue la respuesta pensativa de Pauline. Tanto Lermoune Filland como Amparo la miraban desconcertadas; Amparo y Lermoune era ambas muy bonitas, pero Pauline eran de esas mujeres demasiado hermosas, como Mónica Belluci o Michelle Pfeiffer. El silencio era incómodo.
Entonces Pauline pudo terminar su frase.
Pero pueden morir. No solo Rodrick, todos ustedes pueden morir.
Amparo miró a Lermoune Filland y luego a Rodrick. Casi se largó a llorar. Lermoune Filland intentó defender a Amparo.
Es su hija. No puedes ser así.
Puedo ser así. Le están pidiendo a Rodrick que sacrifique todo solo ¿por qué? Son monstruos del egoísmo. Yo estaba pensando en que Rodrick había enloquecido, pero esto es mucho peor.
Pauline se levantó
No quiero discutir con gentes como ustedes, les dijo, y salió de Saucette.
Ahora si Amparo empezó a llorar. Desgraciadamente Eliza se despertó al oir el llanto de su madre.
Es lo que pienso cada noche, dijo Amparo.
No volveré a llamar a Pauline, pensó Rodrick. No volveré a verla nunca más.
and pinned it on to me
she said, this one will bring you love
and I don´t know if it´s true
but I keep it for good luck
Bright Eyes
Rodrick, Washington D.C., 2021
Aunque no le gustaba Saucette (le parecía una imitación mediocre y pacata de los pequeños bistrós franceses, esos milagros que solo tenían treinta y cinco sillas y tres estrellas Michelin) aceptó encontrarse allí con Pauline. No iría solo; lo acompañarían Amparo con Eliza y Lermoune Filland. Pauline había sido clara a ese respecto: el encuentro tendría que ser en un lugar público y el tendría que llevar gente que corroborara lo que le había contado por teléfono. Temía por su salud mental. Si no iba con otras personas, tendría que hablar con sus padres. Ella, por su lado, llevaría a Neville y a Fleur Delacour. Fleur se portara mal y Neville se portará bien, al revés que en casa, le había dicho casi sonriendo por Skype. Su marido, tan Kennedy, tan serio, tan formal, no tendría problema en una reunión con un viejo amigo de la universidad; además, el también entendía que Pauline estaba preocupada por la salud mental de Rodrick y quería ayudar, en la medida de lo posible. ¿Quieres tarta con ensalada o pescado con puré? le preguntó Amparo.
Tarta con ensalada, respondió él.
Tuve que traerle estofado con fideos en un tupper a Eliza, le dijo Amparo a Lermoune Filland. Creo que me salió como el tuyo. Desde que le contaste el cuento del niño que se volvió piedra negra por no comer sus fideos es lo único que come. Bah, eso y caviar Beluga. Y más de una vez la ví beberse los Red Bull del húngaro. Pero es lo del caviar Beluga lo que me preocupa, en realidad.
Haz caviar falso, dijo Lermoune Filland.
¿Se puede falsificar el caviar? preguntó Rodrick. Pero nunca pudo averiguar la respuesta, porque allí entraba Pauline, con dos niños que parecía mellizos pero que no lo eran: la niña casi igual a Eliza, salvo que vestía más perfecta y almidonada, el niño medio manchado y embarrado.
Hola, que tal, les dijo Pauline a Rodrick, a Lermoune Filland y a Amparo. ¿Ya ordenaron? Yo solo tomaré té con sandwich de roquefort, estoy llena, vengo de un almuerzo en casa de amigos.
Ahora llamó al mozo, dijo Lermoune Filland. Yo pediré el voul au vent de cuatro quesos con ensalada césar y la tarta de manzana con helado.
Eres peor que Eliza. Siempre pides lo más caro de la carta, dijo Amparo.
Will me dió la extensión de su tarjeta.
Bueno, dijo Pauline. Carraspeó. ¿Ella es Eliza? ¿Tu eres Amparo? ¿Todo lo que me dijo Rodrick es cierto?
Si, dijo Amparo. Por favor, no lo encierres en el manicomio. Es lo único que te pido.Rodrick es un puto genio. Y es la única persona que nos quiso ayudar de verdad.
Pero, dijo Pauline...
Mamá, quiero tarta de manzana y helado.
Yo también.
Fleur y Neville, los hijos de Pauline, hablaron casi al unísono.
Bueno, pero para compartir, dijo Pauline.
Puedo pagar una para cada uno, comentó Lermoune Filland.
Está bien, fue la respuesta pensativa de Pauline. Tanto Lermoune Filland como Amparo la miraban desconcertadas; Amparo y Lermoune era ambas muy bonitas, pero Pauline eran de esas mujeres demasiado hermosas, como Mónica Belluci o Michelle Pfeiffer. El silencio era incómodo.
Entonces Pauline pudo terminar su frase.
Pero pueden morir. No solo Rodrick, todos ustedes pueden morir.
Amparo miró a Lermoune Filland y luego a Rodrick. Casi se largó a llorar. Lermoune Filland intentó defender a Amparo.
Es su hija. No puedes ser así.
Puedo ser así. Le están pidiendo a Rodrick que sacrifique todo solo ¿por qué? Son monstruos del egoísmo. Yo estaba pensando en que Rodrick había enloquecido, pero esto es mucho peor.
Pauline se levantó
No quiero discutir con gentes como ustedes, les dijo, y salió de Saucette.
Ahora si Amparo empezó a llorar. Desgraciadamente Eliza se despertó al oir el llanto de su madre.
Es lo que pienso cada noche, dijo Amparo.
No volveré a llamar a Pauline, pensó Rodrick. No volveré a verla nunca más.
Sexeducation
Casi todas las miniseries y películas inglesas me gustan y Sexeducation me gustó mucho; porque parece una serie sobre el sexo en los adolescentes, pero en realidad es una serie sobre la amistad entre los adolescentes. Sobre esa cofradía que se forma entre los doce y los dieciocho años, antes de entrar a la universidad o de conseguir un trabajo o de casarse o de todas esas cosas juntas. La dos núcleos más dramáticos de Sexeducation es el protagonista cuando se pelea con su mejor amigo negro y cuando tiene que acompañar a su nueva amiga a abortar (legalmente, porque en Inglaterra el aborto es legal). Lo mejor que tiene Sexeducation no es que los adolescentes aprendan sobre sexo; cualquier adolescente hoy en día sabe más sobre sexo que cualquiera de nosotros en los noventa; lo mejor es que es una serie de rito de pasaje, de la llegada a la edad adulta, esa edad que nos es incómoda a los trece e incomodísima a los dieciocho, diecinueve, cuando ya llegamos allí. Esa edad en la cuál dejamos de ser hijos de alguien e incluso hermanos menores de alguien, que ya somos nosotros, esa edad en la cual las excusas y los llantos ya no funcionan; tanto es así que el personaje más admirable de Sexeducation es la nueva amiga del protagonista, esa adolescente bellísima pero que vive en un trailer en un campamento de homeless, cuya madre y hermano están perdidos por la droga y la delincuencia y que sabe que es inteligente y que es muy linda, pero también que es la persona más sola de toda la escuela. Y que solo tiene como arma su lengua rápida, su capacidad para estudiar y cierta coraza que todas las mujeres pobres desarrollamos bien rápido (aunque por supuesto no me comparo; yo siempre tuve una familia constituída, un sostén fundamental en la adolescencia, cosa que la nueva amiga del protagonista no tiene). Quizás el momento más verdaderamente dramático de Sexeducation sea cuando, en la clínica donde va a abortar, tiene al lado a una mujer que la dobla en edad que también va a abortar, y a quién va a buscarla la hija adulta. Y esta mujer que le dobla en edad le dice, sin maldad y casi sin tristeza, que lo terrible no es tanto abortar sino haber tenido hijos y no haber sido capaz de cuidarlos y que ahora su hija tenga que hacerse cargo de ella, como si fuera una criatura. Es el mejor momento dramático porque el problema de esa adolescente es justamente ese; que su madre y su hermano, los adultos de la familia, la dejaron a la intemperie antes de tiempo y ella ha quedado sin hogar antes de ser una adulta, y las únicas personas a las que puede recurrir son sus compañeros de escuela.
martes, 19 de marzo de 2019
Educación de élite
Una de las más extrañas teorías sobre la educación es probablemente la educación de elite. Eso no existe. No existe acá, en Argentina, pero tampoco en UK, ni en Estados Unidos, ni en China, ni en Israel ni en Sudáfrica. La educación de élite es hija de la invención de la infancia y de la adolescencia. Antes las familias educaban a los hijos en su casa, y si se podía a cierta edad se lo mandaba a algún colegio; como no existían vacunas ni anticonceptivos, los niños eran muchos generalmente y pocos sobrevivían. Al niño se lo cuidaba, pero no se lo sobreprotegía. Pero desde que los padres pueden optar por tener un solo hijo, y tienen los dos trabajos, la escuela de jardin de infantes, primaria y secundaria se volvió un campo de batalla. Lo cual es ridículo. Trabajo en el sistema universitario argentino y he recibido ingresos de personas con Síndrome de Down. En la primaria donde iba mi hijo había chicos con alguna discapacidad (visual, o de aprendizaje) y se los integró perfectamente. Pensar que tu hijo va a ser mejor por ir a una escuela con chicos muy inteligentes es de una irrealidad galopante; lo único que vas a lograr es que a los diecisiete años sea un adulto joven discapacitado social, es decir, completamente incapaz de integrarse a la sociedad adulta, donde ya no va a estar protegido por su dinero, por su conocimiento, por su género, o por su ropa. Ese joven no va a poder conseguir un trabajo ni mantenerlo, ni va a poder tener amigos adultos, ni va a poder relacionarse normalmente con otras personas; su única referencia va a ser siempre su familia de origen. En mi barrio los llamamos, con cariño, nenes de mamá. Si uno realmente quiere que su hijo de adulto no pase papelones, ni lo lleven preso, y que tenga criterio propio a la hora de ganar su dinero y de administrarlo, lo ideal es no mandarlo a ningún colegio de élite y pasar más horas con él cuando es pequeño.
Married with Children en versión argenta
Debo ser de las pocas argentinas que vió y disfrutó la versión norteamericana de Married with Children, con actorazos como Christina Applegate (la única comediante norteamericana que puede competir con Cameron Diaz). Married with Children era una sátira, una parodia: eran white trash, blancos pobres. Más de doce o trece años del fin de la sit com en U.S, se hizo acá la versión argentina con gran elección de casting: Florencia Peña, Guillermo Francella, Erica Rivas, Luisana Lopilato y el hermano. Y fue mucho mejor que la sitcom norteamericana. Porque lo que en US era sátira acá es simplemente comedia. Todo hombre casado puede identificarse con Pepe Argento, cualquier ama de casa se identifica con la Moni Argento de Florencia Peña, Erica Rivas está espectacular como la némesis de Pepe Argento, esa feminista radical medio perdida en un barrio periférico, Luisana y Darío Lopilato son dos hermanos adolescentes tontos y queribles. Y cada capítulo es una obra maestra del arte de hacer reír. ¿Los chistes son realmente machistas? ¿No es Moni Argento, en realidad, mucho más inteligente que Pepe Argento? ¿Y no es su hija mucho más inteligente que su hermano? Es esa vuelta de tuerca la que vuelve a Casados con Hijos una comedia entrañable para nosotros; son actores que uno quiere, mostrando la realidad argentina, porque los argentinos en masa somos lo que los norteamericanos, desde Barack Obama hasta Christina Applegate, llamarían white trash. Es decir, blancos muy pobres. Por eso reivindico Casados con Hijos y no me extraña que siga teniendo buen rating; porque es una muestra de lo que es la buena comedia argentina; alla Darío Vitori con un toque de Alberto Olmedo. Es imposible ver un capítulo entero de Casados con Hijos sin reírse por lo menos veinte veces; no es poco decir.
lunes, 18 de marzo de 2019
Sergio Denis
Es un crooner al estilo de Sinatra y con el estilo del gran Frankie y de George Clooney y le tengo un gran cariño aunque jamás compré un disco de él por el más simple de los motivos: el personajón de mi hijo, cuando era un loco bajito, como diría el Nano, quería ser Sergio Denis. Y era una ternura ver a un nene de seis años cantando Quiero amarte, y es en esos momentos cuando uno entiende lo duro que es ser madre. Porque ya a los diez quería ser un Babasónico y a los once entró a una orquesta infantil y ahora ya, si le canta canciones de Sergio Denis, se las canta a alguien que no conozco y que conociéndolo a mi hijo, conoceré tres días antes de ser suegra oficial. No creo ser una suegra criticona; pero para mi hijo soy una madre vergonzosa. Gajes del oficio.
Alejo García Pintos
Gran actor de mi generación. Pablo Díaz en La Noche de Los Lápices, Tanguito en una gran versión de la vida de Tanguito. El y Leonardo Sbaraglia son dos capos, capos, por decirlo de una manera sutil y fina; esos son actores. No los chicos lindos y simpáticos de lindo torso; esos actores que en la adolescencia te hacen sentir una tragedia de once años atrás como si ocurriera hoy. Y desgraciadamente sigue ocurriendo hoy; pelotudos en cuatro por cuatro que no paran ante los semáforos y tilingas de country que en vez de preocuparse de donde saca el marido tanta guita chillan como locas si le roban la cartera. Idiotas, pero idiotas que se creen que son importantes. Y después, obvio, no van a votar, pero si les aumentan el impuesto inmobiliario o el dolar cacerolean. Bueno, amores, caceroleen. En Palermo Chico o en San Isidro. Cosa de no molestar en Casa Rosada, ni en el Concejo Deliberante de Rosario. Ni en el Congreso. O bueno, también está la otra opción de pagar algún taxi boy o alguna prostituta; contra eso, darling, no tengo nada.
Ese hilo invisible
Había leído en la revista Orsai una nota conmovedora de Juan Forn titulada La Ceremonia del Adios, donde habla acerca de su madre, de los libros que leía su madre y de un libro en particular, Crónica de mi familia, de Vasco Pratolini. Con mi distracción habitual, caí un domingo en mi casa y le comenté a mi mamá, que es amante de los libros desde siempre, acerca de esa nota y de ese libro. Siempre me pareció que mi mamá leía libros muy tristes: Pavese, Thomas Mann, Vasco Pratolini y traté de alegrarle las lecturas haciéndole leer libros felices como Italo Calvino, Mark Twain y demás. Pero cuando escuché ese ansia cuando nombré Crónica de mi familia paré la oreja; cuando se publicó en la colección Rara Avis, lo compre, no para mí (para tristezas está la vida) sino para mi madre. Me lo agradeció y yo, a través de este lugar, agradezco a Juan Forn por hacer que se reedite un libro olvidado de un italiano olvidado, pero que para mi madre significa mucho.
Humberto Tortonese
Tortonese es de los mejores actores argentinos y esto lo digo sin miedo, porque lo ví hace más de diez años hacer La voz humana, un monologo dificilísimo del francés Jean Cocteau junto a mi madre y Humberto Tortonese se bancaba ese monologo, esa mujer enloquecida por la ausencia del hombre que solo quiere escuchar su voz en el teléfono. Yo, cuando lo ví a Tortonese en La Comedia, en realidad estaba haciendo trampa, porque ya había visto Mujeres al borde de un ataque de nervios y en el comienzo de la película Pedro Almodovar hace una parodia a La Voz Humana. Carmen Maura habla constantemente con ese hombre invisible, irreconocible, prácticamente inexistente que, mientras habla con ella con acento andaluz, se hace el enamorado de cuanta chica o mujer que pasa. Pero por suerte a Almodovar la comedia le sale bárbara y el final de Mujeres al borde de un ataque de nervios es paródico; lo que para Cocteau era tragedia, para 1989 y Almodovar era comedia. Algún día me gustaría ver una comedia de Almodovar sobre la Guerra Civil española; capacidad, sin dudas, le sobra y quizás podría poner como protagónico que es ese actorazo argentino (de la talla de Hector Alterio y Ana Maria Picchio) que es Humberto Tortonese. Mientras tanto espero verlo mucho más seguido en la televisión argentina; Tortonese no necesita hacer ningún casting.
Inflación y recesión
La inflación que más crece (4% en febrero) es la de la canasta básica. O sea, la de los alimentos. Lo cual no es sorprendente para ningún argentino; menos para los que, como yo, ya pasamos las cuatro décadas. Yo todavía tengo fresca la memoria de los saqueos de 1989; los repositores de los supermercados le sacaban a la gente los alimentos para remarcarlos. Los alimentos básicos (harina, aceite, huevos, leche) tenían un precio en la góndola y otro precio en la caja registradora. El grado de miseria era tan espantosa que en mi casa, donde mi papá tenía un trabajo pero hacía changas, y mi mamá trabajaba y mi abuela era jubilada (o sea que había dos sueldos fijos, una jubilación y el ingreso extra de la changa de mi papá) no teníamos para comer; mi mamá le dijo a mi abuela, bueno, haremos tortas fritas con mate cocido, para comer algo. La situación económica actual no es tan mala como en 1989 porque la inflación es menor, pero los economistas actuales, con la excusa de "enfriar" la economía provocaron una recesión y muchas fábricas nacionales están en peligro de quiebra. Y cada fábrica quebrada son cientos o miles de obreros desocupados. ¿De qué van a vivir esos obreros? Respeto la investidura presidencial pero ¿la consigna de Macri,Vidal y etc no era POBREZA CERO?Definitivamente no la cumplieron. No entiendo realmente como pueden pensarse como un gran gobierno, cuando tomaron el mando presidencial de un país que estaba desendeudado, con problemas de distribución de la riqueza (pero pocos) y con paz social, salvo por un núcleo duro de clase media que piensa que las computadoras, Internet y los Samsung Galaxy son derechos humanos. Y ahora tenemos inflación, recesión, fábricas que cierran, aumento de desocupación, suba de la electricidad y, peor aún, cierre de escuelas públicas y de hospitales públicos. Por favor, aumenten el dolar a cien pesos. Por favor, que los celulares, las computadoras y los televisores plasma estén carísimos, como las carteras Louis Vuitton y los zapatos Laboutine. Que esas cosas las compren la gente que realmente tiene dinero: Susana Gimenez, Mirta Legrand, Dalma Maradona. El resto andaremos con Adidas y nos perfumaremos con Impulse, pero que los alimentos de la canasta básica estén baratos, que los hospitales y escuelas abran y funcionen y que la gente tenga trabajo bien pago y en blanco. Si todo esto ocurre cerca de junio, quizás la presidencia de Macri no sea tan mala presidencia; a veces no está tan mal ser un conservador.
domingo, 17 de marzo de 2019
Las crónicas de The Lapiszlazuli Bird
Finalmente escribí las letras de las dos canciones. Mentira, no las compuse yo, sino que recurrí al ático y a las letras que había escrito mi hijo mayor cuando tuvo su primer enamoramiento. A Goldie, a Drusilla y a Ferdinanda les encantaron y a las dos horas ya teníamos línea melódica, percusión, bajo y base de batería. Le envié un mensaje de texto a mi hijo contándole la buena nueva. La respuesta no fue la esperada.
-¿Que hiciste que?
- Nada, son esas canciones viejas tuyas que les compusiste a tu primera novia, Lydia, y a tu segunda novia, Gabrielle.
- Eres el peor padre del mundo- me dijo mi hijo y me cortó la comunicación. Mi hijo nunca le corta la comunicación a nadie, ni siquiera a su hermana cuando se pone muy latosa.
Apesadumbrado fui a la cocina a comerme tres sandwichs de mantequilla de maní con jalea de frambuesas. Pero no tuve suerte.Allí estaba mi esposa, con cara de pocos amigos y mi hijo menor.
- Como se te ocurre querer hacerte famoso a costa de las desgracias amorosas de tu hijo- fue todo lo que dijo mi esposa.
- Eres peor que Theon Greyjoy- dijo mi hijo menor. Eso dolió.
- Bueno, ocurre que Goldie y Drusilla y Ferdinanda...
- ¿No puedes escribir una poesía de amor? ¿Que clase de monstruo sin sentimientos eres?- me dijo mi esposa.- Hoy duermes en el sofá o en el cuarto de invitados.
Preferí el sofá. Principalmente porque el cuarto de invitados no tiene calefacción. Pero pensé que mi esposa, mi hijo mayor y mi hijo menor estaban exagerando; no era el peor padre del mundo (esa categoría entra para Eddard Stark) y mucho menos era Theon Greyjoy. Ni siquiera era Robert Baratheon. Ni siquiera Varys. He estado demasiado ansioso por la última temporada de Game of Thrones últimamente. Por eso, decidí que las canciones seguirían su curso, total, soy un hombre viejo. Y con diabetes. Pensando en eso me comí un (solo un) merecido sandwich de jalea de frambuesas y mantequilla de maní. A la tarde siguiente estaba en el ensayo. Por los ojos rojos de Drusilla y el silencio de Ferdinanda llegué a la conclusión de que habían decidido separarse y que esta vez era para siempre. Goldie tenía a Furio, su hijo, a upa.
- Puse un disyuntor para que no se electrocute, tío, así que no te preocupes. Además este ensayo va a ser breve. Las canciones ya nos salen casi perfectas.
Era cierto. Me enorgullecí de haber gastado una hora a la semana durante más de treinta años en practicar batería. Aunque claro que la magia viva la hacían Drusilla y Ferdinanda. Goldie solo hacía coros en una de las canciones.
- Podríamos hacer un cover de Eric Clapton, también- propuso Goldie.
- Estaría bien. ¿Tears in Heaven? ¿Layla?
- No, me gustaría más St. Louis Blues- dijo Drusilla.- Es un hermoso tema y sería un homenaje a Nueva Orléans.
- Está bien. St. Louis Blues será.
- Uña y carne- dijo Goldie, guiñándome un ojo. Furio se había quedado dormido en su puff. Era un bebé adorable, de esos gordos y rozagantes.
- Piensas que está muy gordito ¿no es cierto?- me dijo Goldie- Será delgado y vegano cuando sea adulto, te apuesto lo que quieras.
- ¿Cuanto es lo que quieras?
- No sé. ¿Un paseo en el zoologico de mascotas? Desde que lo tuve al pequeño Furio furibundo, mi vida es un poco, ya sabes, monótona. Por suerte. He visto lo que le pasa a la gente que quiere tener vidas interesantes. Terminan muertos. O en la cárcel. O,peor aún, casados. Como tú.
- ¿Por qué no crees en el matrimonio?
- ¿Por qué tendría que creer?- mientras Drusilla y Ferdinanda se iban, Goldie alzó a Furio y lo puso contra su pecho. - Tu crees en el matrimonio. ¿Te pido que te divorcies? No. ¿Porqué yo tendría que creer en el matrimonio? ¿Por qué me pides que me case, que perdone y que comprenda? Mi mayor pecado ha sido tener un hijo de soltera y seguir fumando cigarrillos caros a escondidas de mi madre. Y sin embargo para el día de la madre siempre le regalo algo. Ella adora a Furio. Creo que el día más feliz de su vida fue cuando le festejamos el primer año. Yo hice la torta: un desastre, un desastre real, un choque de aviones en chocolate, Rocklets y Kit Kats, ya sabes. Pero creo que Furio estaba feliz.
- Es un niño feliz.
- Por eso. ¿Por qué tendría que perdonar y casarme con alguien que no quiero? ¿No es cruel lo que me estás pidiendo?
-Visto desde tu lado, si. Nunca lo pensé así, pero es cierto. Es cruel que quieran casarte con alguien a quien no quieres.
- Ni siquiera se necesita ser abogado para darse cuenta de eso.
- Claro, sobrina. A propósito, las letras de las dos canciones son de mi hijo mayor, no mías.
- Grandioso. Se enterará todo Ohio y se hará famoso.
- Está enojado conmigo.
- ¿Por qué? ¿Por ser una estrella de rock? Por favor, imaginate todas las mujeres que se arrastrarán a sus pies.
- Ya está grande para eso.
- Ningún hombre está grande para tener muchas mujeres. Míralo a Brad Pitt. Está entre Angeline Jolie y Jennifer Aniston. Y aún no se decide. Pero, claro, es Brad Pitt.
-¿Que hiciste que?
- Nada, son esas canciones viejas tuyas que les compusiste a tu primera novia, Lydia, y a tu segunda novia, Gabrielle.
- Eres el peor padre del mundo- me dijo mi hijo y me cortó la comunicación. Mi hijo nunca le corta la comunicación a nadie, ni siquiera a su hermana cuando se pone muy latosa.
Apesadumbrado fui a la cocina a comerme tres sandwichs de mantequilla de maní con jalea de frambuesas. Pero no tuve suerte.Allí estaba mi esposa, con cara de pocos amigos y mi hijo menor.
- Como se te ocurre querer hacerte famoso a costa de las desgracias amorosas de tu hijo- fue todo lo que dijo mi esposa.
- Eres peor que Theon Greyjoy- dijo mi hijo menor. Eso dolió.
- Bueno, ocurre que Goldie y Drusilla y Ferdinanda...
- ¿No puedes escribir una poesía de amor? ¿Que clase de monstruo sin sentimientos eres?- me dijo mi esposa.- Hoy duermes en el sofá o en el cuarto de invitados.
Preferí el sofá. Principalmente porque el cuarto de invitados no tiene calefacción. Pero pensé que mi esposa, mi hijo mayor y mi hijo menor estaban exagerando; no era el peor padre del mundo (esa categoría entra para Eddard Stark) y mucho menos era Theon Greyjoy. Ni siquiera era Robert Baratheon. Ni siquiera Varys. He estado demasiado ansioso por la última temporada de Game of Thrones últimamente. Por eso, decidí que las canciones seguirían su curso, total, soy un hombre viejo. Y con diabetes. Pensando en eso me comí un (solo un) merecido sandwich de jalea de frambuesas y mantequilla de maní. A la tarde siguiente estaba en el ensayo. Por los ojos rojos de Drusilla y el silencio de Ferdinanda llegué a la conclusión de que habían decidido separarse y que esta vez era para siempre. Goldie tenía a Furio, su hijo, a upa.
- Puse un disyuntor para que no se electrocute, tío, así que no te preocupes. Además este ensayo va a ser breve. Las canciones ya nos salen casi perfectas.
Era cierto. Me enorgullecí de haber gastado una hora a la semana durante más de treinta años en practicar batería. Aunque claro que la magia viva la hacían Drusilla y Ferdinanda. Goldie solo hacía coros en una de las canciones.
- Podríamos hacer un cover de Eric Clapton, también- propuso Goldie.
- Estaría bien. ¿Tears in Heaven? ¿Layla?
- No, me gustaría más St. Louis Blues- dijo Drusilla.- Es un hermoso tema y sería un homenaje a Nueva Orléans.
- Está bien. St. Louis Blues será.
- Uña y carne- dijo Goldie, guiñándome un ojo. Furio se había quedado dormido en su puff. Era un bebé adorable, de esos gordos y rozagantes.
- Piensas que está muy gordito ¿no es cierto?- me dijo Goldie- Será delgado y vegano cuando sea adulto, te apuesto lo que quieras.
- ¿Cuanto es lo que quieras?
- No sé. ¿Un paseo en el zoologico de mascotas? Desde que lo tuve al pequeño Furio furibundo, mi vida es un poco, ya sabes, monótona. Por suerte. He visto lo que le pasa a la gente que quiere tener vidas interesantes. Terminan muertos. O en la cárcel. O,peor aún, casados. Como tú.
- ¿Por qué no crees en el matrimonio?
- ¿Por qué tendría que creer?- mientras Drusilla y Ferdinanda se iban, Goldie alzó a Furio y lo puso contra su pecho. - Tu crees en el matrimonio. ¿Te pido que te divorcies? No. ¿Porqué yo tendría que creer en el matrimonio? ¿Por qué me pides que me case, que perdone y que comprenda? Mi mayor pecado ha sido tener un hijo de soltera y seguir fumando cigarrillos caros a escondidas de mi madre. Y sin embargo para el día de la madre siempre le regalo algo. Ella adora a Furio. Creo que el día más feliz de su vida fue cuando le festejamos el primer año. Yo hice la torta: un desastre, un desastre real, un choque de aviones en chocolate, Rocklets y Kit Kats, ya sabes. Pero creo que Furio estaba feliz.
- Es un niño feliz.
- Por eso. ¿Por qué tendría que perdonar y casarme con alguien que no quiero? ¿No es cruel lo que me estás pidiendo?
-Visto desde tu lado, si. Nunca lo pensé así, pero es cierto. Es cruel que quieran casarte con alguien a quien no quieres.
- Ni siquiera se necesita ser abogado para darse cuenta de eso.
- Claro, sobrina. A propósito, las letras de las dos canciones son de mi hijo mayor, no mías.
- Grandioso. Se enterará todo Ohio y se hará famoso.
- Está enojado conmigo.
- ¿Por qué? ¿Por ser una estrella de rock? Por favor, imaginate todas las mujeres que se arrastrarán a sus pies.
- Ya está grande para eso.
- Ningún hombre está grande para tener muchas mujeres. Míralo a Brad Pitt. Está entre Angeline Jolie y Jennifer Aniston. Y aún no se decide. Pero, claro, es Brad Pitt.
El ego masculino
El verdadero ego masculino pasa por... el trabajo. A un hombre podés hablarle mal de la novia, de la hija, de la suegra y del suegro, del padre y del tío y te van a decir, tenés razón, mi novia es una loca, mi suegra es una bruja, mi tío es un personaje y mi viejo se murió, pero siempre me dió consejos malísimos porque se creía que era Martín Fierro. Pero si le tocás su trabajo. Una vez osé decir en una reunión de amigos, mientras estábamos hablando de Thelonius Monk y otros grandes del jazz, que a Roberto Pettinato lo odiaban todos los saxofonistas porque era un mal saxofonista. Fue un comentario de onda, pero no sé como llegó a los oídos del mismísimo Pettinato. Y... se ofendió. Se ofendió mucho. Yo no sé nada de saxofón y no sé demasiado de jazz, solo repetía lo que decían otros saxofonistas, que sabían más de jazz que yo. Pero Pettinato se ofendió conmigo. E intentó varias veces hacerme ver que estaba equivocada; no lo logró. Triste. Pettinato sigue sin ser un gran saxofonista; hace muy buenos chistes y es nuestro David Letterman, pero como saxofonista, bueno, escuchamos a Charlie Parker o a Miles Davies. Todo bien, señor Pettinato, si quiere me viene a buscar a mi casa, barrio La Tablada, Rosario, Argentina, si pregunta me encuentra enseguida y bueno, que pase lo que tenga que pasar. Como dice el Diego Maradona, Segurola y Habana. Igual, La Rubia Tarada es un gran tema. Saludos cordiales.
Oh, maldito narcotrafico
Vengo escuchando que el narcotrafico es el gran problema de nuestro país desde que tenía nueve años. Y es, claro, mentira. El gran problema en la Argentina es la injusta distribución de la riqueza, la gente que quiere que el dolar y el euro esten bartatos para irse a Europa o a Miami, la represión indiscriminada contra adolescentes por portación de cara, lo dificil que es conseguir un trabajo en blanco, la burocracia inútil hacia personas que quieren estudiar o tratarse un cáncer, lo caro que está comprarse una casa o alquilar un departamento, la mucha gente que quiere que un I Phone o un Samsung les salgan regalados. No el narcotráfico ni la drogadicción. Hay mucha gente que trafica droga, pero es por una razón muy simple: es más fácil traficar droga que trabajar. Es más fácil venderle anfetaminas y extasis en discotecas a chicos de quince y dieciseis años que aprobar el secundario. Es más fácil fabricar pasta base y hacersela fumar a Pity Alvarez que estudiar ingeniería en informática. Es más fácil traer marihuana del Paraguay y armar porros y darselos a los chicos a la salida de las escuelas que ser maestro de primaria. Es ser muy hijo de puta, es cierto, pero este país está lleno de hijos de puta y de hijas de puta y las putas, si quieren ofenderse, que se ofendan. Pero en Argentina ninguna mujer puede decir que es prostituta porque "fue obligada". Acá podés ser ingeniera, profesora de Letras o médica ginecóloga. No he conocido a casi ninguna madre, aún las que viven en la peor de las miserias, que no aspirara a un futuro mejor para sus hijas, que no estuviera orgullosa de ellas. Así que, en Argentina, digo, como que tenemos pocas excusas para ser narcotraficantes y prostitutas; pero, bueno, siempre le podemos echar la culpa a Dios, que probablemente no exista y si existe, se ríe de nosotros.
Pequeños detalles del diablo
a Pablo Díaz
Flor o acero. Ni angel ni desangel. Solo la verdad desnuda. Me llamo Horacio y recuerdo que tocaba la persiana de mis padres con una moneda para que supieran que volví y que estaba vivo. Soy Horacio para siempre, pero nunca volveré, pero hay uno que sé que contará nuestra historia y que no nos olvidará nunca. No queríamos nada y queríamos todo: el medio boleto para ir al secundario. Para estos rascabuches asesinos y violadores somos terroristas, pero esto son ellos: rascabuches asesinos y violadores, que se meten con nosotros porque no se animan a meterse con la jermu, que los tiene cagando, ni con Massera, ni con Videla, ni con el curita que viola menores: hijos de puta que van a misa todos los domingos y se quedan con casas ajenas. Moriremos nosotros, lo sabemos y aunque vamos a morir cantamos a Sui Generis y La Maquina de hacer Pajaros,aunque el viejo de al lado quiere que cantemos Zamba de mi esperanza y Luna Tucumana. Charly le gana por goleada a Atahualpa, dice una de las chicas. Está bien, chicos, cantemos Estación, se ríe el viejo de al lado. Y después La Cumparsita. Por lo menos, a Pablo lo blanquearon y escribirá nuestra historia que es también su historia.
Flor o acero. Ni angel ni desangel. Solo la verdad desnuda. Me llamo Horacio y recuerdo que tocaba la persiana de mis padres con una moneda para que supieran que volví y que estaba vivo. Soy Horacio para siempre, pero nunca volveré, pero hay uno que sé que contará nuestra historia y que no nos olvidará nunca. No queríamos nada y queríamos todo: el medio boleto para ir al secundario. Para estos rascabuches asesinos y violadores somos terroristas, pero esto son ellos: rascabuches asesinos y violadores, que se meten con nosotros porque no se animan a meterse con la jermu, que los tiene cagando, ni con Massera, ni con Videla, ni con el curita que viola menores: hijos de puta que van a misa todos los domingos y se quedan con casas ajenas. Moriremos nosotros, lo sabemos y aunque vamos a morir cantamos a Sui Generis y La Maquina de hacer Pajaros,aunque el viejo de al lado quiere que cantemos Zamba de mi esperanza y Luna Tucumana. Charly le gana por goleada a Atahualpa, dice una de las chicas. Está bien, chicos, cantemos Estación, se ríe el viejo de al lado. Y después La Cumparsita. Por lo menos, a Pablo lo blanquearon y escribirá nuestra historia que es también su historia.
Los Farrelly
La mejor noticia a nivel premios 2019 fue que el Oscar a la mejor película fue para The Green Book, dirigida por uno de los hermanos Farrelly.Hablemos (como decía The Who) de nuestra generación: para nosotros, los que tenemos mas de treinta y menos de cincuenta, los hermanos Farrelly son los hermanos Marx (Groucho, Harpo y etc.) . Si uno va a ver una comedia de los Farrelly se va a reir seguro aunque los protagonistas sean George Clooney y Brad Pitt, o, como en este caso, Viggo Mortensen, el sufrido argentino hincha de San Lorenzo y ese actorazo que es Mahershala Alí. Es una película feliz, sobre la historia feliz del comienzo de una amistad cuando todavía existía el apartheid en el Sur de los EEUU. Y el final es feliz y no hay mucho para contar, como en todas las comedias de los Farrelly, que aprendieron el secreto de un viejo autor inglés que murió hace quinientos años: bien está lo que bien acaba.
sábado, 16 de marzo de 2019
El caso Daniel Santoro
El caso Daniel Santoro es muchísimo más grave que el caso Natacha Jaitt y que cualquier escándalo del verano en Mardel o en Villa Carlos Paz. Y lo que me pareció más grave de todo fue que Daniel Santoro haya "filtrado información" sobre Romina Manguel y que luego sus colegas periodistas de Fopea lo hayan defendido porque aparentemente Daniel Santoro es un pobre periodista perseguido por la censura. Escuché muchas veces a Romina Manguel en la radio, es una periodista especializada en judiciales, como Irina Hauser, como Raul Kollman. Hace muy bien su trabajo. No me parece una persona de izquierda, para nada; si tuviera que definir su pensamiento, pienso que probablemente es de centro o de centro derecha. Y no veo ningún tipo de urgencia de que los datos sobre la vida y ocupaciones de Romina Manguel salgan a la luz pública; porque con más razón podríamos todos nosotros, ciudadanos argentinos, los datos privados de Daniel Santoro, de Marcelo D' Alessio, de Bonadío, de Mauricio Macri y de Hector Magnetto. ¿Desde cuando está bien entre colegas periodistas que uno le pase los datos de otra colega a un abogado, trucho o no? Ya pasamos la secundaria hace rato. Si uno quiere ser respetado como periodista, no puede ampararse en la libertad de prensa para hacer cualquier cosa, para después quejarse de que a los otros periodistas no les gusta; para ser periodista hay que tener el coraje de un fotógrafo o de un movilero de Crónica, que están en la calle y filman lo cotidiano. Si no tenés el coraje de estar en la calle, de sacar fotos, de contar la realidad, hace todas las columnas de opinión que quieras; pero por favor, respetá a tus compañeros y si te sacan de un programa, no pidas que tus colegas te defiendan. Andá a trabajar a una fábrica o hacete albañil. Los periodistas, para exigir tanto respeto, deben empezar por respetar su trabajo y respetar el trabajo de sus colegas: hombres o mujeres, casados o solteros, pobres o ricos. Si no lo pueden hacer, por favor, consigan un trabajo decente; barrer la vereda no está tan mal de vez en cuando.
Rob Reiner
Lloro poco en el cine. Lloré con Las aventuras de Chatran, con The Big Fish de Tim Burton, con Tiempos Modernos y con Luces de la Ciudad de Chaplin, con Cuando los duendes cazan perdices, de Luis Sandrini. Y cuando existían todavía las videocasetteras fui varias veces al videoclub a buscar películas y había una que no se sacaba mucho: se llamaba Cuenta Conmigo. Pero sinceramente no sé si la saqué o la ví en HBO; lo que si sé es que cuando terminó la película estaba llorando. Es una de las películas más melancólicas y hermosas que se ha filmado nunca; el casting es perfecto, los niños están realmente solos, no hay ninguna tragedia real :hay un cuerpo muerto lejos que los cuatro preadolescentes van a buscar, pero la película termina relativamente bien. Es la visión del adulto narrando la que hace esa historia trágica; la visión del adulto que cuenta que ese amigo de su infancia murió, en una pelea, en un bar, como podría haber muerto de un ataque al corazón o de cáncer. Ya había visto Carrie, basada en el primer libro de Stephen King, pero como ya había leído a Edgar Allan Poe y a Bram Stocker, Carrie me pareció solamente buena. En cambio,la película Cuenta conmigo de Rob Reiner me hizo darme cuenta de que Stephen King era muchísimo más que It, que Christine y que Cementerio de Animales. Si alguien lo lee, es una historia breve, una nouvelle sobre la adolescencia; pero que nouvelle sobre la adolescencia. Es mejor que Muerte en Venecia, mejor que Lolita, mejor que Las aventuras de Tom Sawyer. Quizás la mejor película y la mejor historia sobre el fin de la infancia. Por esas historias, no por sus historias de terror, es que creo que Stephen King merece un premio Nobel de Literatura; porque no es fácil vender muchos libros y a la vez escribir The body. Y quizás algún día a Rob Reiner la Academia de Hollywood lo reconozca como un gran director: no hay nada más dificil que dirigir solamente a adolescentes.
viernes, 15 de marzo de 2019
Almost
We were
like Riff and Raffe
my son
don't you remember
like Tom and Jerry
like Donald Duck
and his three little duckins
you
used to be
my clock
the only clock that I used to wear
but now
you are too old
and I'm embarrasing you
I know
at rock shows
you wanna be Souma
or Mazinger
you used to
be
almost like me
but you
are so
fragile now.
like Riff and Raffe
my son
don't you remember
like Tom and Jerry
like Donald Duck
and his three little duckins
you
used to be
my clock
the only clock that I used to wear
but now
you are too old
and I'm embarrasing you
I know
at rock shows
you wanna be Souma
or Mazinger
you used to
be
almost like me
but you
are so
fragile now.
Poliamor
Obviamente, creo en el poliamor, porque soy mujer. Y para nosotras es fácil. Por eso, el día que me decida por el poliamor voy a por: Brad Pitt, Idris Elba, Chris Rock, George Clooney, Hugh Grant, Caetano Veloso y Alex de la Iglesia. Y Joaquin Sabina, para que vean que no discrimino a los andaluces. Total ¿quién va a protestar? ¿Hay alguna alianza en mi dedo anular derecho? Nop. Así que a celebrar la soltería, y, como dicen en Santa Marta, la muchacha que no se quiere casar se queda siempre soltera, pero mira que delicia, no encontrarse con la suegra. Y mi adorado hijo va a estar como superfeliz de que mami le haya conseguido papás tan lindos. Y nunca entendí porque protestan tanto los hombres cuando los abandonamos: ah, claro, tienen que conseguirse las mujeres solos y sin ayuda. Que pena, che. Estoy lagrimeando. A Pablo Milanés y a Jorge Drexler también los admito como futuros padres, a Jorge principalmente porque es médico y un buen marido judío, impecable y que nunca se va a quejar de mi comida. Bueno, esta es mi opinión sobre el debate del poliamor. Creo que el padre de mi hijo está buscando dinero para comprar algo, pero por suerte no tengo mucho dinero.
El muerto de Jorge Luis Borges
Que un hombre del suburbio de Buenos Aires, que un triste compadrito sin más virtud que la infatuación del coraje, se interne en los desiertos ecuestres de la frontera del Brasil y llegue a capitán de contrabandistas, parece de antemano imposible. A quienes lo entienden así, quiero contarles el destino de Benjamin Otálora, de quien acaso no perdura un recuerdo en el barrio de Balvanera y que murió en su ley, de un balazo, en los confines de Río Grande do Sul. Ignoro los detalles de su aventura; cuando me sean revelados, he de rectificar y ampliar estas páginas. Por ahora, este resumen puede ser útil.
Benjamín Otálora cuenta, hacia 1891, diecinueve años. Es un mocetón de frente mezquina, de sinceros ojos claros, de reciedumbre vasca; una puñalada feliz le ha revelado que es un hombre valiente; no lo inquieta la muerte de su contrario, tampoco la inmediata necesidad de huir de la República. El caudillo de la parroquia le da una carta para un tal Azevedo Bandeira, del Uruguay. Otálora se embarca, la travesía es tormentosa y crujiente; al otro día, vaga por las calles de Montevideo, con inconfesada y tal vez ignorada tristeza. No da con Azevedo Bandeira; hacia la medianoche, en un almacén del Paso del Molino, asiste a un altercado entre unos troperos. Un cuchillo relumbra; Otálora no sabe de qué lado está la razón, pero lo atrae el puro sabor del peligro, como a otros la baraja o la música. Para, en el entrevero, una puñalada baja que un peón le tira a un hombre de galera oscura y de poncho. Éste, después, resulta ser Azevedo Bandeira. (Otálora, al saberlo, rompe la carta, porque prefiere debérselo todo a sí mismo.) Azevedo Bandeira da, aunque fornido, la injustificable impresión de ser contrahecho; en su rostro, siempre demasiado cercano, están el judío, el negro y el indio; en su empaque, el mono y el tigre; la cicatriz que le atraviesa la cara es un adorno más, como el negro bigote cerdoso.
Proyección o error del alcohol, el altercado cesa con la misma rapidez con que se produjo. Otálora bebe con los troperos y luego los acompaña a una farra y luego a un caserón en la Ciudad Vieja, ya con el sol bien alto. En el último patio, que es de tierra, los hombres tienden su recado para dormir. Oscuramente, Otálora compara esa noche con la anterior; ahora ya pisa tierra firme, entre amigos. Lo inquieta algún remordimiento, eso sí, de no extrañar a Buenos Aires. Duerme hasta la oración, cuando lo despierta el paisano que agredió, borracho, a Bandeira. (Otálora recuerda que ese hombre ha compartido con los otros la noche de tumulto y de júbilo y que Bandeira lo sentó a su derecha y lo obligó a seguir bebiendo.) El hombre le dice que el patrón lo manda buscar. En una suerte de escritorio que da al zaguán (Otálora nunca ha visto un zaguán con puertas laterales) está esperándolo Azevedo Bandeira, con una clara y desdeñosa mujer de pelo colorado. Bandeira lo pondera, le ofrece una copa de caña, le repite que le está pareciendo un hombre animoso, le propone ir al Norte con los demás a traer una tropa. Otálora acepta; hacia la madrugada están en camino, rumbo a Tacuarembó.
Empieza entonces para Otálora una vida distinta, una vida de vastos amaneceres y de jornadas que tienen el olor del caballo. Esa vida es nueva para él, y a veces atroz, pero ya está en su sangre, porque lo mismo que los hombres de otras naciones veneran y presienten el mar, así nosotros (también el hombre que entreteje estos símbolos) ansiamos la llanura inagotable que resuena bajo los cascos. Otálora se ha criado en los barrios del carrero y del cuarteador; antes de un año se hace gaucho. Aprende a jinetear, a entropillar la hacienda, a carnear, a manejar el lazo que sujeta y las boleadoras que tumban, a resistir el sueño, las tormentas, las heladas y el sol, a arrear con el silbido y el grito. Sólo una vez, durante ese tiempo de aprendizaje, ve a Azevedo Bandeira, pero lo tiene muy presente, porque ser hombre de Bandeira es ser considerado y temido, y porque, ante cualquier hombrada, los gauchos dicen que Bandeira lo hace mejor. Alguien opina que Bandeira nació del otro lado del Cuareim, en Rio Grande do Sul; eso, que debería rebajarlo, oscuramente lo enriquece de selvas populosas, de ciénagas, de inextricable y casi infinitas distancias. Gradualmente, Otálora entiende que los negocios de Bandeira son múltiples y que el principal es el contrabando. Ser tropero es ser un sirviente; Otálora se propone ascender a contrabandista. Dos de los compañeros, una noche, cruzarán la frontera para volver con unas partidas de caña; Otálora provoca a uno de ellos, lo hiere y toma su lugar. Lo mueve la ambición y también una oscura fidelidad. Que el hombre (piensa) acabe por entender que yo valgo más que todos sus orientales juntos.
Otro año pasa antes que Otálora regrese a Montevideo. Recorren las orillas, la ciudad (que a Otálora le parece muy grande); llegan a casa del patrón; los hombres tienden los recados en el último patio. Pasan los días y Otálora no ha visto a Bandeira. Dicen, con temor, que está enfermo; un moreno suele subir a su dormitorio con la caldera y con el mate. Una tarde, le encomiendan a Otálora esa tarea. Éste se siente vagamente humillado, pero satisfecho también.
El dormitorio es desmantelado y oscuro. Hay un balcón que mira al poniente, hay una larga mesa con un resplandeciente desorden de taleros, de arreadores, de cintos, de armas de fuego y de armas blancas, hay un remoto espejo que tiene la luna empañada. Bandeira yace boca arriba; sueña y se queja; una vehemencia de sol último lo define. El vasto lecho blanco parece disminuirlo y oscurecerlo; Otálora nota las canas, la fatiga, la flojedad, las grietas de los años. Lo subleva que los esté mandando ese viejo. Piensa que un golpe bastaría para dar cuenta de él. En eso, ve en el espejo que alguien ha entrado. Es la mujer de pelo rojo; está a medio vestir y descalza y lo observa con fría curiosidad. Bandeira se incorpora; mientras habla de cosas de la campaña y despacha mate tras mate, sus dedos juegan con las trenzas de la mujer. Al fin, le da licencia a Otálora para irse.
Días después, les llega la orden de ir al Norte. Arriban a una estancia perdida, que está como en cualquier lugar de la interminable llanura. Ni árboles ni un arroyo la alegran, el primer sol y el último la golpean. Hay corrales de piedra para la hacienda, que es guampuda y menesterosa. El Suspiro se llama ese pobre establecimiento.
Otálora oye en rueda de peones que Bandeira no tardará en llegar de Montevideo. Pregunta por qué; alguien aclara que hay un forastero agauchado que está queriendo mandar demasiado. Otálora comprende que es una broma, pero le halaga que esa broma ya sea posible. Averigua, después, que Bandeira se ha enemistado con uno de los jefes políticos y que éste le ha retirado su apoyo. Le gusta esa noticia.
Llegan cajones de armas largas; llegan una jarra y una palangana de plata para el aposento de la mujer; llegan cortinas de intrincado damasco; llega de las cuchillas, una mañana, un jinete sombrío, de barba cerrada y de poncho. Se llama Ulpiano Suárez y es el capanga o guardaespaldas de Azevedo Bandeira. Habla muy poco y de una manera abrasilerada. Otálora no sabe si atribuir su reserva a hostilidad, a desdén o a mera barbarie. Sabe, eso si, que para el plan que está maquinando tiene que ganar su amistad.
Entra después en el destino de Benjamin Otálora un colorado cabos negros que trae del sur Azevedo Bandeira y que luce apero chapeado y carona con bordes de piel de tigre. Ese caballo liberal es un símbolo de la autoridad del patrón y por eso lo codicia el muchacho, que llega también a desear, con deseo rencoroso, a la mujer de pelo resplandeciente. La mujer, el apero y el colorado son atributos o adjetivos de un hombre que él aspira a destruir.
Aquí la historia se complica y se ahonda. Azevedo Bandeira es diestro en el arte de la intimidación progresiva, en la satánica maniobra de humillar al interlocutor gradualmente, combinando veras y burlas; Otálora resuelve aplicar ese método ambiguo a la dura tarea que se propone. Resuelve suplantar, lentamente, a Azevedo Bandeira. Logra, en jornadas de peligro común, la amistad de Suárez. Le confía su plan; Suárez le promete su ayuda. Muchas cosas van aconteciendo después, de las que sé unas pocas. Otálora no obedece a Bandeira; da en olvidar, en corregir, en invertir sus órdenes. El universo parece conspirar con él y apresura los hechos. Un mediodía, ocurre en campos de Tacuarembó un tiroteo con gente riograndense; Otálora usurpa el lugar de Bandeira y manda a los orientales. Le atraviesa el hombro una bala, pero esa tarde Otálora regresa al Suspiro en el colorado del jete y esa tarde unas gotas de su sangre manchan la piel de tigre y esa noche duerme con la mujer de pelo reluciente. Otras versiones cambian el orden de estos hechos y niegan que hayan ocurrido en un solo día.
Bandeira, sin embargo, siempre es nominalmente el jefe. Da órdenes que no se ejecutan; Benjamín Otálora no lo toca, por una mezcla de rutina y de lástima.
La última escena de la historia corresponde a la agitación de la última noche de 1894. Esa noche, los hombres del Suspiro comen cordero recién carneado y beben un alcohol pendenciero. Alguien infinitamente rasguea una trabajosa milonga. En la cabecera de la mesa, Otálora, borracho, erige exultación sobre exultación, júbilo sobre júbilo; esa torre de vértigo es un símbolo de su irresistible destino. Bandeira, taciturno entre los que gritan, deja que fluya clamorosa la noche. Cuando las doce campanadas resuenan, se levanta como quien recuerda una obligación. Se levanta y golpea con suavidad a la puerta de la mujer. Ésta le abre en seguida, como si esperara el llamado. Sale a medio vestir y descalza. Con una voz que se afemina y se arrastra, el jefe le ordena:
—Ya que vos y el porteño se quieren tanto, ahora mismo le vas a dar un beso a vista de todos.
Agrega una circunstancia brutal. La mujer quiere resistir, pero dos hombres la han tomado del brazo y la echan sobre Otálora. Arrasada en lágrimas, le besa la cara y el pecho. Ulpiano Suárez ha empuñado el revólver. Otálora comprende, antes de morir, que desde el principio lo han traicionado, que ha sido condenado a muerte, que le han permitido el amor, el mando y el triunfo, porque ya lo daban por muerto, porque para Bandeira ya estaba muerto.
Suárez, casi con desdén, hace fuego.
Benjamín Otálora cuenta, hacia 1891, diecinueve años. Es un mocetón de frente mezquina, de sinceros ojos claros, de reciedumbre vasca; una puñalada feliz le ha revelado que es un hombre valiente; no lo inquieta la muerte de su contrario, tampoco la inmediata necesidad de huir de la República. El caudillo de la parroquia le da una carta para un tal Azevedo Bandeira, del Uruguay. Otálora se embarca, la travesía es tormentosa y crujiente; al otro día, vaga por las calles de Montevideo, con inconfesada y tal vez ignorada tristeza. No da con Azevedo Bandeira; hacia la medianoche, en un almacén del Paso del Molino, asiste a un altercado entre unos troperos. Un cuchillo relumbra; Otálora no sabe de qué lado está la razón, pero lo atrae el puro sabor del peligro, como a otros la baraja o la música. Para, en el entrevero, una puñalada baja que un peón le tira a un hombre de galera oscura y de poncho. Éste, después, resulta ser Azevedo Bandeira. (Otálora, al saberlo, rompe la carta, porque prefiere debérselo todo a sí mismo.) Azevedo Bandeira da, aunque fornido, la injustificable impresión de ser contrahecho; en su rostro, siempre demasiado cercano, están el judío, el negro y el indio; en su empaque, el mono y el tigre; la cicatriz que le atraviesa la cara es un adorno más, como el negro bigote cerdoso.
Proyección o error del alcohol, el altercado cesa con la misma rapidez con que se produjo. Otálora bebe con los troperos y luego los acompaña a una farra y luego a un caserón en la Ciudad Vieja, ya con el sol bien alto. En el último patio, que es de tierra, los hombres tienden su recado para dormir. Oscuramente, Otálora compara esa noche con la anterior; ahora ya pisa tierra firme, entre amigos. Lo inquieta algún remordimiento, eso sí, de no extrañar a Buenos Aires. Duerme hasta la oración, cuando lo despierta el paisano que agredió, borracho, a Bandeira. (Otálora recuerda que ese hombre ha compartido con los otros la noche de tumulto y de júbilo y que Bandeira lo sentó a su derecha y lo obligó a seguir bebiendo.) El hombre le dice que el patrón lo manda buscar. En una suerte de escritorio que da al zaguán (Otálora nunca ha visto un zaguán con puertas laterales) está esperándolo Azevedo Bandeira, con una clara y desdeñosa mujer de pelo colorado. Bandeira lo pondera, le ofrece una copa de caña, le repite que le está pareciendo un hombre animoso, le propone ir al Norte con los demás a traer una tropa. Otálora acepta; hacia la madrugada están en camino, rumbo a Tacuarembó.
Empieza entonces para Otálora una vida distinta, una vida de vastos amaneceres y de jornadas que tienen el olor del caballo. Esa vida es nueva para él, y a veces atroz, pero ya está en su sangre, porque lo mismo que los hombres de otras naciones veneran y presienten el mar, así nosotros (también el hombre que entreteje estos símbolos) ansiamos la llanura inagotable que resuena bajo los cascos. Otálora se ha criado en los barrios del carrero y del cuarteador; antes de un año se hace gaucho. Aprende a jinetear, a entropillar la hacienda, a carnear, a manejar el lazo que sujeta y las boleadoras que tumban, a resistir el sueño, las tormentas, las heladas y el sol, a arrear con el silbido y el grito. Sólo una vez, durante ese tiempo de aprendizaje, ve a Azevedo Bandeira, pero lo tiene muy presente, porque ser hombre de Bandeira es ser considerado y temido, y porque, ante cualquier hombrada, los gauchos dicen que Bandeira lo hace mejor. Alguien opina que Bandeira nació del otro lado del Cuareim, en Rio Grande do Sul; eso, que debería rebajarlo, oscuramente lo enriquece de selvas populosas, de ciénagas, de inextricable y casi infinitas distancias. Gradualmente, Otálora entiende que los negocios de Bandeira son múltiples y que el principal es el contrabando. Ser tropero es ser un sirviente; Otálora se propone ascender a contrabandista. Dos de los compañeros, una noche, cruzarán la frontera para volver con unas partidas de caña; Otálora provoca a uno de ellos, lo hiere y toma su lugar. Lo mueve la ambición y también una oscura fidelidad. Que el hombre (piensa) acabe por entender que yo valgo más que todos sus orientales juntos.
Otro año pasa antes que Otálora regrese a Montevideo. Recorren las orillas, la ciudad (que a Otálora le parece muy grande); llegan a casa del patrón; los hombres tienden los recados en el último patio. Pasan los días y Otálora no ha visto a Bandeira. Dicen, con temor, que está enfermo; un moreno suele subir a su dormitorio con la caldera y con el mate. Una tarde, le encomiendan a Otálora esa tarea. Éste se siente vagamente humillado, pero satisfecho también.
El dormitorio es desmantelado y oscuro. Hay un balcón que mira al poniente, hay una larga mesa con un resplandeciente desorden de taleros, de arreadores, de cintos, de armas de fuego y de armas blancas, hay un remoto espejo que tiene la luna empañada. Bandeira yace boca arriba; sueña y se queja; una vehemencia de sol último lo define. El vasto lecho blanco parece disminuirlo y oscurecerlo; Otálora nota las canas, la fatiga, la flojedad, las grietas de los años. Lo subleva que los esté mandando ese viejo. Piensa que un golpe bastaría para dar cuenta de él. En eso, ve en el espejo que alguien ha entrado. Es la mujer de pelo rojo; está a medio vestir y descalza y lo observa con fría curiosidad. Bandeira se incorpora; mientras habla de cosas de la campaña y despacha mate tras mate, sus dedos juegan con las trenzas de la mujer. Al fin, le da licencia a Otálora para irse.
Días después, les llega la orden de ir al Norte. Arriban a una estancia perdida, que está como en cualquier lugar de la interminable llanura. Ni árboles ni un arroyo la alegran, el primer sol y el último la golpean. Hay corrales de piedra para la hacienda, que es guampuda y menesterosa. El Suspiro se llama ese pobre establecimiento.
Otálora oye en rueda de peones que Bandeira no tardará en llegar de Montevideo. Pregunta por qué; alguien aclara que hay un forastero agauchado que está queriendo mandar demasiado. Otálora comprende que es una broma, pero le halaga que esa broma ya sea posible. Averigua, después, que Bandeira se ha enemistado con uno de los jefes políticos y que éste le ha retirado su apoyo. Le gusta esa noticia.
Llegan cajones de armas largas; llegan una jarra y una palangana de plata para el aposento de la mujer; llegan cortinas de intrincado damasco; llega de las cuchillas, una mañana, un jinete sombrío, de barba cerrada y de poncho. Se llama Ulpiano Suárez y es el capanga o guardaespaldas de Azevedo Bandeira. Habla muy poco y de una manera abrasilerada. Otálora no sabe si atribuir su reserva a hostilidad, a desdén o a mera barbarie. Sabe, eso si, que para el plan que está maquinando tiene que ganar su amistad.
Entra después en el destino de Benjamin Otálora un colorado cabos negros que trae del sur Azevedo Bandeira y que luce apero chapeado y carona con bordes de piel de tigre. Ese caballo liberal es un símbolo de la autoridad del patrón y por eso lo codicia el muchacho, que llega también a desear, con deseo rencoroso, a la mujer de pelo resplandeciente. La mujer, el apero y el colorado son atributos o adjetivos de un hombre que él aspira a destruir.
Aquí la historia se complica y se ahonda. Azevedo Bandeira es diestro en el arte de la intimidación progresiva, en la satánica maniobra de humillar al interlocutor gradualmente, combinando veras y burlas; Otálora resuelve aplicar ese método ambiguo a la dura tarea que se propone. Resuelve suplantar, lentamente, a Azevedo Bandeira. Logra, en jornadas de peligro común, la amistad de Suárez. Le confía su plan; Suárez le promete su ayuda. Muchas cosas van aconteciendo después, de las que sé unas pocas. Otálora no obedece a Bandeira; da en olvidar, en corregir, en invertir sus órdenes. El universo parece conspirar con él y apresura los hechos. Un mediodía, ocurre en campos de Tacuarembó un tiroteo con gente riograndense; Otálora usurpa el lugar de Bandeira y manda a los orientales. Le atraviesa el hombro una bala, pero esa tarde Otálora regresa al Suspiro en el colorado del jete y esa tarde unas gotas de su sangre manchan la piel de tigre y esa noche duerme con la mujer de pelo reluciente. Otras versiones cambian el orden de estos hechos y niegan que hayan ocurrido en un solo día.
Bandeira, sin embargo, siempre es nominalmente el jefe. Da órdenes que no se ejecutan; Benjamín Otálora no lo toca, por una mezcla de rutina y de lástima.
La última escena de la historia corresponde a la agitación de la última noche de 1894. Esa noche, los hombres del Suspiro comen cordero recién carneado y beben un alcohol pendenciero. Alguien infinitamente rasguea una trabajosa milonga. En la cabecera de la mesa, Otálora, borracho, erige exultación sobre exultación, júbilo sobre júbilo; esa torre de vértigo es un símbolo de su irresistible destino. Bandeira, taciturno entre los que gritan, deja que fluya clamorosa la noche. Cuando las doce campanadas resuenan, se levanta como quien recuerda una obligación. Se levanta y golpea con suavidad a la puerta de la mujer. Ésta le abre en seguida, como si esperara el llamado. Sale a medio vestir y descalza. Con una voz que se afemina y se arrastra, el jefe le ordena:
—Ya que vos y el porteño se quieren tanto, ahora mismo le vas a dar un beso a vista de todos.
Agrega una circunstancia brutal. La mujer quiere resistir, pero dos hombres la han tomado del brazo y la echan sobre Otálora. Arrasada en lágrimas, le besa la cara y el pecho. Ulpiano Suárez ha empuñado el revólver. Otálora comprende, antes de morir, que desde el principio lo han traicionado, que ha sido condenado a muerte, que le han permitido el amor, el mando y el triunfo, porque ya lo daban por muerto, porque para Bandeira ya estaba muerto.
Suárez, casi con desdén, hace fuego.
Jennifer Aniston
Es desmesuradamente hermosa. Si no se hubiera casado ya con Brad Pitt, me hubiera casado con ella. Y además es increíblemente divertida: hay que verla en Friends, como el amor imposible de Ross, pero también en Quiero matar a mi jefe, como la dentista supersexy que enloquece a todos los hombres, incluído a su pobre ayudante. Casi desnuda Jennifer Aniston es Marlene Dietrich; vestida es la girl nex door, la chica bonita y accesible y vulnerable; es la ex cheerleader, la ex Miss Wisconsin. Brilla en la comedia como brillan las grandes estrellas: Barbra Streissand, Liza Minelli, Cameron Diaz. Aunque se haya casado con Brad Pitt, todas amamos a Jennifer Aniston y, por favor, antes de que sea tarde, aplausos y chapeau.
Las crónicas de The Lapiszlazuli Bird
Borronee y borronee letras de canciones y todas eran un desastre. Incluso mi esposa y mi hija mayor intentaron ayudarme, pero era inútil: todas las grandes canciones de amor ya han sido escritas y las de desamor también. Pensé en algo pequeño y sutil como Little Wing de Hendrix, pero imposible; Layla es de Eric Clapton. Guantanamera de (necesité Wikipedia para esto) José Martí. ¿Podríamos robar versos de Neruda o de Browning y decir que eran nuestros? Solo me había metido en un embrollo. Así me encontró mi sobrina, triste y desencantado de la poesía.
- No te preocupes demasiado, tío. A nadie le importa de verdad la letra. Si no el vocalista de No Shoku no cantaría en coreano.
- Pero para Drusilla y Ferdinanda es importante.
- Ya te conté que están separándose. Cualquier canción de amor es horrible en esos momentos. Mejor algo sexy como Puedes dejarte el sombrero puesto.
- Soy incapaz de escribir canciones así.
- Yo también- dijo Goldie. - ¿No es divertido? Tengo un hijo de dos años, pero me sigo ruborizando cuando recuerdo Nueve semanas y media. Bueno, eso es buena idea, escríbele una canción de amor a tus hijos. Algo estilo Beautiful Boy.
- No es tan mala idea.
- Yo lloro siempre que escucho Beautiful Boy o Father and Son. Esas son poesías. Me gustaría escribir esas canciones. Ya está, la canción podría llamarse Almost Like Me. En realidad el título está robado de un capítulo de Party of Five, pero bueno, han pasado muchos años. Pero era una canción preciosa: tienes bellos ojos, casi como yo. Todo el mundo piensa que eres casi como yo. Te acurrucas en un rincón de la cama, casi como yo. Te enamoras fácil, casi como yo. Te gusta el azul y el rojo, casi como yo.
- ¿Les has escrito muchas canciones a tu hijo?- le pregunté intrigado.
- Ninguna. No le gusta que cante. Odia que cante. Odia que cante, que trabaje y que coma. Odia todo lo que me separa de él. Por favor, tío, tiene dos años. Incluso odia el puré de calabaza y la sopa. Es tan chiquitín.
- Tienes suerte.
- Lo sé. Por eso, no podría escribir esa canción. Pero tu tal vez sí. Porque ya eres un hombre muy, muy viejo. Pero todos te adoran. Nunca escuché a nadie hablar mal de tí en este pueblo. Y eso es un mérito, en Ohio. Hubieras sido un grande del standup.
- Ya sabes por que nunca hago bromas.
- Claro que lo sé. Y está bien no hacerlas. Nuestras vidas son tan tristes. A mi abuela (la única que me queda viva) se le murió el hijo mayor. Era un hombre grande, claro, con hijos, pero para mi abuela era su hijo mayor. Uno nunca sabe esas cosas. Mi abuela va a cumplir cien años y aún no acepta la muerte de su hijo mayor. Por esas cosas no quise que mi hijo conociera a su padre, aún sabiendo que está mal lo que he hecho. Iba a encariñarse con el padre, pero el padre es suicida. Sus tendencias suicidas son demasiado pronunciadas. Un día iba a enterarse que su padre apareció muerto por ahí, sobredosis de drogas con alcohol o un tiro en la cabeza, y esa imagen no iba a borrarsele nunca de la cabeza. Mejor que no lo quiera. Mejor que me odie a mí. Mejor que sea así, así algún día podré decirle tranquila que su padre está en Europa. Una mentira piadosa, ya sabes. Estamos hechos de ellas.
- ¿No te remuerde la conciencia?- le pregunté.- ¿No te sientes mala persona al hacer estas cosas?
Goldie sonrió y bajó la cabeza.
- Ya te dije, soy italiana, lógica y sé que la familia es una carga fatal. Además, yo nunca estuve enamorada del padre de mi hijo. Es un recuerdo fugaz en mi memoria, algo que pasó antes de entrar a la universidad. Luego lo tuve a mi hijo y conseguí un trabajo que me permite disfrutar de la música y mi vida sigue siendo igual. Y no te preocupes: el padre de mi hijo sabe que no estoy enamorada de él. Siempre me odió por eso. ¿A tí no te ocurrió alguna vez? Enamorarte de una mujer que estaba enamorada de otro.
- Claro- le dije- Muchas veces.
- Pero te quedaste con tu esposa. Eres de los buenos, tío. Escribe dos letras buenas y les pondremos música y luego Ferdinanda se emborrachara en algún bar y Drusilla en casa de su madre y seguiremos siendo una banda. Mejor que los Beatles.
- Uña y carne, sobrina- le dije- Uña y carne.
- No te preocupes demasiado, tío. A nadie le importa de verdad la letra. Si no el vocalista de No Shoku no cantaría en coreano.
- Pero para Drusilla y Ferdinanda es importante.
- Ya te conté que están separándose. Cualquier canción de amor es horrible en esos momentos. Mejor algo sexy como Puedes dejarte el sombrero puesto.
- Soy incapaz de escribir canciones así.
- Yo también- dijo Goldie. - ¿No es divertido? Tengo un hijo de dos años, pero me sigo ruborizando cuando recuerdo Nueve semanas y media. Bueno, eso es buena idea, escríbele una canción de amor a tus hijos. Algo estilo Beautiful Boy.
- No es tan mala idea.
- Yo lloro siempre que escucho Beautiful Boy o Father and Son. Esas son poesías. Me gustaría escribir esas canciones. Ya está, la canción podría llamarse Almost Like Me. En realidad el título está robado de un capítulo de Party of Five, pero bueno, han pasado muchos años. Pero era una canción preciosa: tienes bellos ojos, casi como yo. Todo el mundo piensa que eres casi como yo. Te acurrucas en un rincón de la cama, casi como yo. Te enamoras fácil, casi como yo. Te gusta el azul y el rojo, casi como yo.
- ¿Les has escrito muchas canciones a tu hijo?- le pregunté intrigado.
- Ninguna. No le gusta que cante. Odia que cante. Odia que cante, que trabaje y que coma. Odia todo lo que me separa de él. Por favor, tío, tiene dos años. Incluso odia el puré de calabaza y la sopa. Es tan chiquitín.
- Tienes suerte.
- Lo sé. Por eso, no podría escribir esa canción. Pero tu tal vez sí. Porque ya eres un hombre muy, muy viejo. Pero todos te adoran. Nunca escuché a nadie hablar mal de tí en este pueblo. Y eso es un mérito, en Ohio. Hubieras sido un grande del standup.
- Ya sabes por que nunca hago bromas.
- Claro que lo sé. Y está bien no hacerlas. Nuestras vidas son tan tristes. A mi abuela (la única que me queda viva) se le murió el hijo mayor. Era un hombre grande, claro, con hijos, pero para mi abuela era su hijo mayor. Uno nunca sabe esas cosas. Mi abuela va a cumplir cien años y aún no acepta la muerte de su hijo mayor. Por esas cosas no quise que mi hijo conociera a su padre, aún sabiendo que está mal lo que he hecho. Iba a encariñarse con el padre, pero el padre es suicida. Sus tendencias suicidas son demasiado pronunciadas. Un día iba a enterarse que su padre apareció muerto por ahí, sobredosis de drogas con alcohol o un tiro en la cabeza, y esa imagen no iba a borrarsele nunca de la cabeza. Mejor que no lo quiera. Mejor que me odie a mí. Mejor que sea así, así algún día podré decirle tranquila que su padre está en Europa. Una mentira piadosa, ya sabes. Estamos hechos de ellas.
- ¿No te remuerde la conciencia?- le pregunté.- ¿No te sientes mala persona al hacer estas cosas?
Goldie sonrió y bajó la cabeza.
- Ya te dije, soy italiana, lógica y sé que la familia es una carga fatal. Además, yo nunca estuve enamorada del padre de mi hijo. Es un recuerdo fugaz en mi memoria, algo que pasó antes de entrar a la universidad. Luego lo tuve a mi hijo y conseguí un trabajo que me permite disfrutar de la música y mi vida sigue siendo igual. Y no te preocupes: el padre de mi hijo sabe que no estoy enamorada de él. Siempre me odió por eso. ¿A tí no te ocurrió alguna vez? Enamorarte de una mujer que estaba enamorada de otro.
- Claro- le dije- Muchas veces.
- Pero te quedaste con tu esposa. Eres de los buenos, tío. Escribe dos letras buenas y les pondremos música y luego Ferdinanda se emborrachara en algún bar y Drusilla en casa de su madre y seguiremos siendo una banda. Mejor que los Beatles.
- Uña y carne, sobrina- le dije- Uña y carne.
Los Ortega
Como toda argentina nacida en los setenta, siempre odié las películas de Palito Ortega y de Evangelina Salazar. Porque hablaban de un pasado que no existía: de esos años prefería las películas de Norman Briski, que son comedias mucho más negras o las comedia alla Luis Sandrini, tipo El Profesor Hippie. Y sin embargo no dejo nunca de admirar al clan Ortega, porque como actores, músicos, productores y directores de cine los hijos, sobrinos y primos son geniales. Hay que ver la miniserie sobre el clan Puccio, protagonizada por Alejandro Awada y por Cecilia Roth, para darse cuenta que en otros menesteres seremos pobres, pero tenemos actores, actrices y guionistas para tirar manteca al techo. La historia del clan Puccio, como la del Angel Robledo Puch, como la de Astiz, como el caso Maria Soledad, como la del secuestro de Sivak y el secuestro del padre de Pablo Echarri están en nuestra memoria y no nos importa demasiado si quienes la cuentan son hijos de un changuito cañero: peor sería que los hijos del clan Puccio y los hijos de los secuestradores del padre de Pablo Echarri llegaran al poder.
Tamara Pettinato
De todas las periodistas radiales del país, la que me parece mejor, más centrada y más madura (más aún que María O' Donnell y Elizabeth Vernaci) es Tamara Pettinato. Tamara Pettinato me suena al oído como la hija que hubiera tenido si mi hijo no fuera varón. Tamara Pettinato es de esas mujeres admirables a las que no se les presta atención, pero que son indudablemente admirables: cuida a su mamá y a su papá, a sus hermanos, a su hijo, a su ex, hace compras, paga el alquiler y tiene tiempo para salir con sus amigas de vez en cuando. Y todo lo hace con buen humor y siempre tiene un chiste para todo, y cuando pasa revista a las revistas de la farándula se ríe de todo. Tengo que decir algo en voz baja: desgraciadamente mi hijo fue hombre, juega al League of Legends (diecinueve años) y si lo mando a hacer un mandado rezonga muchísimo -por suerte no tanto cuando la novia lo deja. Pero si hubiera tenido una hija mujer, le haría escuchar todas las mañanas a Tamara Pettinato, y ella querría ser como Tamara Pettinato. A los hijos hombres, no se les puede hacer eso; no hay ni comparación.
Del desprestigio del periodismo cultural
Hace treinta y cinco años atrás ser periodista de espectáculos era ser Hugo Paredero o Gloria Guerrero: es decir, gente que sabía y sabía mucho. Hoy en día pareciera que ser periodista de espectáculos es estar en un programa de chimentos. Y no es lo mismo para nada. Tanto Gloria Guerrero como Hugo Paredero podían ver una película u oir un disco y decir si le pareció bueno o le pareció malo. Sabían mucho y podían discutir porque sabían. Ahora el periodismo de espectáculo es solamente chismes sin mucha sustancia: las novias de Juan Martin del Potro, los novios de Nicole Neumann, algo que solamente le interesa a Juan Martin del Potro y a Nicole Neumann. La crítica más inteligente y que demuestra más capacidad de lo que debe ser un periodista de espectáculo fue la que hizo Rodrigo Lussich hace dos meses atrás, cuando hablando de una novela que protagonizaban Calu Rivero y Esteban Lamothe dijo, aunque con más elegancia: no entiendo porque los llaman para protagonizar, si ninguno de los dos actúa bien. Eso es ser crítico de espectáculos: decir, si acá hay muy buenos actores, si acá hay materia prima de sobra, porque llaman a una chica linda y simpática y a un hombre muy lindo y musculoso sin hacer casting previo. Porque si salís a la calle hay doscientas chicas lindas y simpáticas y doscientos hombres lindos y musculosos, pero una telenovela tiene que ser algo creíble, y si el actor protagónico es malo, es malo, y por mas libretistas que pongan la novela no va a funcionar nunca. Es eso lo que nos falta: protagónicos de actores como El Puma Goity, que puede hacer un villano o un sodero de barrio. Si no lo conseguimos, la tele nuestra va a seguir siendo tan mala como hace cuarenta años atrás con la diferencia que ahora las abuelas miran con las nietas novelas de Veronica Castro por Netflix.
Grandes políticos de mi generación
En la segunda presidencia de Cristina Fernandez le dije en broma a mi cuñada: Cristina nos está matando con el staff. Lo cual demuestra que el tiempo pasa para todos, incluso para mí, y que odiaba a Cavallo en los noventa pero ya me es imposible odiar a un economista. Axel Kicillof es probablemente el mejor ministro de economía que hemos tenido en años y Juan Manuel Abal Medina fue un gran jefe de gabinete, mejor aún que Aníbal Fernandez. Los dos demostraron que nuestra generación no está perdida del todo; que se puede. Se puede ser ministro de Economía y ser un muy buen ministro de economía aún con chomba y con tus hijos a upa. Se puede ser un gran jefe de gabinete aún portando un apellido que a la mayor parte de las mujeres cuya mayor preocupación es su cabello y sus zapatos le resultaba sospechoso o "montonero". Es por esos hombres que estoy orgullosa de mi generación. Porque ni Axel Kicillof ni Abal Medina aceptaron nunca una invitación a Showmatch ni al programa de Pergolini. Porque son más inteligentes y la tienen mucho más puestas y pasaron la edad hace rato de que un goma de barrio o un pseudo punkito con el acento finito los corran por izquierda o por derecha. No sé si sería amiga de Abal Medina o de Kicillof; pero, como dicen en una escena inolvidable de Game of Thrones, gente adulta hablando. No gente que se pelea por tres o cuatro puntos de rating de IBOPE; adultos, gente que sabe. Por favor, nunca más intenten boludearnos.
jueves, 14 de marzo de 2019
Maria Domecq
Es una excelente novela de Juan Forn (por el libro pude enterarme que el abuelo de Forn era catalá y por lo breve del apellido deduzco que era de la alta alcurnia barcelonesa: vamos, coño, que para el abuelo de Forn Joan Manuel Serrat era un arribista) y su descripción de la clase alta argentina es excelente. En U. S. la novela El Gran Gatsby es una tragedia, porque allí casi todos son muy ricos. En Argentina sería una comedia de Dario Vittori. Susana Gimenez y Maradona tienen más dinero que los descendientes de Belgrano, de Saavedra y de Liniers, y nadie osaría protestar porque para nosotros Maradona es Maradona y Susana Gimenez es Susana Gimenez. El drama en el Primer Mundo es que recién podés empezar a pensar en tener hijos después de los treinta años; tengo compañeras de trabajo de cincuenta años que son bisabuelas. En Francia o en Connecticut un hijo es muchísimo; aquí en Argentina si una tiene un solo hijo, se le pregunta: ¿por qué uno solo? Y, curiosamente para el Primer Mundo, son mujeres tan cultas y preparadas como las del Primer Mundo, solo que viven aquí y aquí a nadie se le ocurriría pensar que una mujer no puede ser médica pediatra por el solo hecho de ser mujer. En casi todos los países con mucha historia se admira el arbol genealógico; como aquí en Argentina no hay nadie que sepa a ciencia cierta si su abuelo fue su abuelo o no, estamos todos bien en ese sentido, como diría una película. Nadie pregunta demasiado ni hace ADN. Y es por eso que la visión que los argentinos tenemos de nuestras clases altas son bastante vergonzantes: reflejan lo que somos. No somos Susana Gimenez ni Maradona, por eso los defenestramos: porque ellos pueden decir que no, que sí o que tal vez y nosotros estamos encaprichados con ese primer mundo que admira a personas como Susana Gimenez o Maradona.
Las crónicas de The Lapiszlazuli Bird.
Quizás más por curiosidad que por otra cosa (los hombres viejos somos más curiosos y chismosos que nuestras madres) volví al siguiente ensayo. Y las tres estaban ahí y todo era gracias a mi sobrina, supongo, que les debe haber enviado un Wasapp diciéndoles que Los Beatles pudieron sobrevivir a una Yoko Ono, pero que dos Yokos Onos juntas eran el colmo. Y además que mi diabetes estaba alta y que como hacían sufrir así a mi pobre esposa.Argumento que haría reír a mi esposa, sin dudas.Que se intereso mucho por la historia de las buenas chicas y que sabía más de ellas que yo.
- Pasa que es lo que siento yo cuando miro a Ellen de Generes.Es demasiado agradable para ser buena comediante. Mira a los verdaderos comediantes:Seinfeld,Chris Rock, Danny de Vitto. Cuando De Vitto hace una comedia sobre el divorcio hace La Guerra de los Roses. Y eso es un divorcio de verdad. Si yo me divorciara de tí, me iría de casa.
- ¿Por qué?
- Porque vi La Guerra de los Roses. Y me encariñé con Michael Douglas y Kathleen Turner. Y nadie quiere que eso ocurra en la vida real. En la vida real queremos el prenupcial y el divorcio de común acuerdo. Y, acuérdate lo que te digo, esas chicas van a divorciarse. Pronto.
-Es un poco triste.
- Si, pero es inevitable. Una tiene la voz de Janis Joplin y la otra toca la guitarra como Jimmi Hendrix. Y las pobres chicas quieren formar una banda. Ni siquiera pueden ser un dúo. ¿Te imaginas a Janis Joplin y a Jimmi Hendrix casados? ¿Con hijos? No, nadie, nunca puede imaginárselo. Es lo malo del rock y es por eso por lo que me casé contigo: porque tu mayor sueño es ser un buen baterista de jazz. Que, a propósito, era el sueño de Ringo Starr.
Así que el consejo de mi esposa fue que abrazara mi vejez y fuera al siguiente ensayo. Y Ferdinanda quería empezar una canción nueva.
- ¿Por qué?-dijo Goldie.
- ¿Por qué?-dije yo.
- Porque me ofrecieron la posibilidad de sacar dos temas en la radio del pueblo. Y eso es importante. Pasa que hay demasiada competencia.
Maldita sea, pensé yo, es cierto.Todos los adolescentes de nuestro pueblito de Ohio querían ser músicos. Había tres bandas de covers de rock japonés, una banda que hacía rock coreano, cinco bandas tributo a Queen y a Led Zeppelin, dos bandas tributo de Ozzio Ousbourne y a Mettallica, tres bandas que reversionaban a Jhonny Cash y a Fionna Apple e incluso una banda de dieciocho personas que hacía clásicos de comedia musical rockera. Con disfraces, escenografía y afinación. Eramos un fracaso, aunque fueramos buenísimos. De todas maneras, admiré a Ferdinanda. Ibamos a intentarlo.
- Bueno, podríamos hacer alguna canción más bien bonita, estilo Beautiful Tonight o Perfect.
-Eso es un cliche.
- Es cursi.
- Es demasiado cursi.
- Bueno, pero son canciones lindas. Uno las escucha y las tararea. Es como cuando escuchas a Ruben Blades o a Ricky Martin.
- Cierto- dijo Drusilla.
- ¿Quieren que haga la letra?- me ofrecí.
Hubo un silencio incómodo, que por suerte Goldie desbarató con dos o tres palabras.
- Tío, eres baterista. Y los bateristas hacen las mejores letras de canciones. Así que sí- y me llevó afuera del garage y me dijo con cierta tristeza- Perdona el comportamiento terrible de Drusilla y de Ferdinanda. Ya no se aman más y no saben como decírselo una a la otra. ¿No es terrible cuando eso sucede? Pero a todos nos sucede. A ellas les ocurrió un poco tarde, una tiene veintiuno y la otra veintidós. Creyeron que iba a ser para toda la vida, como todos y cada uno de nosotros. Incluso mi hijo de dos años es más maduro que ellas en ese sentido. Solo llora cuando tiene hambre.
-
- Pasa que es lo que siento yo cuando miro a Ellen de Generes.Es demasiado agradable para ser buena comediante. Mira a los verdaderos comediantes:Seinfeld,Chris Rock, Danny de Vitto. Cuando De Vitto hace una comedia sobre el divorcio hace La Guerra de los Roses. Y eso es un divorcio de verdad. Si yo me divorciara de tí, me iría de casa.
- ¿Por qué?
- Porque vi La Guerra de los Roses. Y me encariñé con Michael Douglas y Kathleen Turner. Y nadie quiere que eso ocurra en la vida real. En la vida real queremos el prenupcial y el divorcio de común acuerdo. Y, acuérdate lo que te digo, esas chicas van a divorciarse. Pronto.
-Es un poco triste.
- Si, pero es inevitable. Una tiene la voz de Janis Joplin y la otra toca la guitarra como Jimmi Hendrix. Y las pobres chicas quieren formar una banda. Ni siquiera pueden ser un dúo. ¿Te imaginas a Janis Joplin y a Jimmi Hendrix casados? ¿Con hijos? No, nadie, nunca puede imaginárselo. Es lo malo del rock y es por eso por lo que me casé contigo: porque tu mayor sueño es ser un buen baterista de jazz. Que, a propósito, era el sueño de Ringo Starr.
Así que el consejo de mi esposa fue que abrazara mi vejez y fuera al siguiente ensayo. Y Ferdinanda quería empezar una canción nueva.
- ¿Por qué?-dijo Goldie.
- ¿Por qué?-dije yo.
- Porque me ofrecieron la posibilidad de sacar dos temas en la radio del pueblo. Y eso es importante. Pasa que hay demasiada competencia.
Maldita sea, pensé yo, es cierto.Todos los adolescentes de nuestro pueblito de Ohio querían ser músicos. Había tres bandas de covers de rock japonés, una banda que hacía rock coreano, cinco bandas tributo a Queen y a Led Zeppelin, dos bandas tributo de Ozzio Ousbourne y a Mettallica, tres bandas que reversionaban a Jhonny Cash y a Fionna Apple e incluso una banda de dieciocho personas que hacía clásicos de comedia musical rockera. Con disfraces, escenografía y afinación. Eramos un fracaso, aunque fueramos buenísimos. De todas maneras, admiré a Ferdinanda. Ibamos a intentarlo.
- Bueno, podríamos hacer alguna canción más bien bonita, estilo Beautiful Tonight o Perfect.
-Eso es un cliche.
- Es cursi.
- Es demasiado cursi.
- Bueno, pero son canciones lindas. Uno las escucha y las tararea. Es como cuando escuchas a Ruben Blades o a Ricky Martin.
- Cierto- dijo Drusilla.
- ¿Quieren que haga la letra?- me ofrecí.
Hubo un silencio incómodo, que por suerte Goldie desbarató con dos o tres palabras.
- Tío, eres baterista. Y los bateristas hacen las mejores letras de canciones. Así que sí- y me llevó afuera del garage y me dijo con cierta tristeza- Perdona el comportamiento terrible de Drusilla y de Ferdinanda. Ya no se aman más y no saben como decírselo una a la otra. ¿No es terrible cuando eso sucede? Pero a todos nos sucede. A ellas les ocurrió un poco tarde, una tiene veintiuno y la otra veintidós. Creyeron que iba a ser para toda la vida, como todos y cada uno de nosotros. Incluso mi hijo de dos años es más maduro que ellas en ese sentido. Solo llora cuando tiene hambre.
-
Suscribirse a:
Entradas (Atom)