jueves, 30 de junio de 2016

Muerte de un poeta irlándes en París.

Escribí en el encierro que todo hombre mata a lo que ama y ahora pienso, bajo esta llovizna pertinaz que me envuelve, que fui injusto porque también todo hombre sobrevive en lo que ama. Incluso en aquel muchacho que me obligó a hacerle juicio a su padre y que terminó siendo mi ruina; todas mis miserias expuestas ante los antifaces horrorizados del tribunal, con sus togas y sus pelucas empolvadas y yo solo como un angel. Ya tendrá tiempo de arrepentirse: si algo aprendí es que uno se arrepiente de sus aciertos, nunca de sus errores. Por eso mis amigos, los de verdad, siguen cuidándome; por eso mi esposa, aunque dolida, sigue viéndome. Por eso mis hijos, aunque tristes, siguen leyendo los cuentos que les escribí cuando eran pequeños. Por eso incluso la casera de esta pensión, cuando me trae un plato de potaje me dice ¿Pero usted no era un hombre famoso? Y sigo siéndolo, a veces, y a veces soy solo un hombre que sabe que va a morirse y a veces soy solo el poeta que intentó ser esperanzador en un siglo que nació tan viejo como el hombre mismo.

Arturo Ripstein y mi tia Angela.

Tuve una tía abuela, Crescencia, a la cuál le decíamos Angela, que era directora en San Lorenzo, de las de antes y como tal una gran genia en el arte de desdramatizar situaciones dramáticas. Yo a veces, cuando era chica, le preguntaba: ¿Tía, tía, que pasa si un día me secuestran? Y, me decía ella, me parece que a vos te devuelven sin pagar rescate. Un día, cuando era adolescente, le conté impresionada la trama de La reina de la noche, de Arturo Ripstein. La película es un dramón mexicano terrible, que termina con la protagonista suicidándose ante la indiferencia piadosa de su hija y de su madre: La protagonista es una cantante de danzones, propensa a la bisexualidad, a lo excesos y a la poesía: una Alejandra Pizarnik o una Violeta Parra mexicana. Toda una tragedia.
Cuando le conté la historia a mi tía, impresionada yo por la facilidad que tenía para acostarse con mujeres y con hombres y de hacer de cada historia de amor un duelo, mi tía Angela, muy tranquila, me dice: Que tonta. Hubiera cobrado ¿no?

Mario Pergolini

Empecé a detestar a Mario Pergolini cuando se burló de Romina Yan porque estaba gorda. Una broma boluda y bien que la puede hacer, porque el es flaco. Pero Romina Yanquelevich murió a los treinta y dos años, dejando a un marido desconsolado, a dos hijitos chicos, a su madre y a su padre, a su hermano, a muchos amigos tristísimos. Hasta Maru Botana lloró en cámara. Y entonces me pregunté ¿que necesidad de hacer es broma pelotuda? Vamos, sos Mario Pergolini. Levantás el teléfono y casi cualquier mujer del país te atiende. ¿Que necesidad de meterse con una chica jovencita y bastante mona? Pero así está este país, compitiendo los muchachos a ver quién la tiene más larga y las mujeres a ver a quién le toca la billetera más abultada. Al final, siempre, cada uno obtiene lo que se merece.

La inseguridad en el barrio de la Sexta.

Para que los pocos que me leen no crean que a mi nunca me pasó nada debo confesar que me robaron dos veces en el peligroso barrio de la Sexta.
Primera vez: quince años, media Heidi, estudiando música, re contenta volvía a mi casa cuando me afanaron el bolso que me habia regalado mi tia Mariela que tenía, a saber: cinco pesos que había empezado a ahorrar -fue hace mucho-, una novela que había empezado a escribir, partituras invalorables y el cuadernito pentagramado. Lo que me dió más bronca: el chorro era más chiquito que yo y con un poco de ánimo lo hubiera podido cagar a palos. No pudo ser, pero perdió la bicicleta. La venganza fué terrible. Fuimos a la comisaría a hacer la denuncia y sabían donde vivía el chorro, a cinco cuadras de mi casa, en el Bajo. No lo fuimos a buscar, obviamente.
Segunda vez: un poco más grande, pero no menos boluda, también volviendo a mi casa de estudiar música: partituras, dos compact disc de música clásica (para peor de la biblioteca de la UNR, me costó muchísimo conseguir algo parecido), algunas boludeces, la zapatilla. Esta vez los chorros eran dos y en bicicleta, así que por las dudas ni la denuncia hice.

Steve Martin

Es uno de los comediantes más delicados de su generación y también probablemente el más inteligente. Escribió y dirigió una novela y una película excelente que se llama Shopgirl, que recomiendo a todos los que quieran ver algo parecido a la vida real. Pero Steve Martin tiene ese dejo melancólico que tenía Charles Chaplin, siempre, como diría Borges, tan disfrazado y tan tenue. Incluso en las grandes tragedias (y ha protagonizado películas que son terriblemente trágicas) es luminoso hasta el cansancio; espero que algún día Robert Downey Jr. también se dedique al arte de escribir y de filmar y ya Norteamérica y Hollywood habrán llenado de esperanza a la humanidad, como lo hicieron los pocos locos que filmaron Casablanca cuando la Segunda Guerra Mundial se creía perdida.

Ricardo Canaletti.

En este país abundan los periodistas de policiales, por suerte. El periodismo policial es uno de lo géneros más arduos que existen y cuando está bien hecho, como en el caso de Poe o de Capote, linda con lo genial. El primero que me pareció buenísimo como periodista policial fue Enrique Sdrech; conocía los hechos, los testigos, las causas y en base a eso hacía sus hipótesis. El único que me parece digno, hasta ahora, de ocupar ese lugar es Ricardo Canaletti. Cada programa de él es un stand up sobre un caso policial, o varios. Hay una teatralización en él que no le teme al rídiculo, a lo grotesco, a lo macabro, como es en realidad un crimen. Un crimen es siempre una puesta en escena: alguien se ocupó, cuidadosamente, de que todo pareciera un accidente (un robo, una estafa, un infanticidio, un homicidio). Es bueno que haya periodistas de policiales que sepan que detrás de Hannibal Lecter o de Erdosain siempre hay solamente hombres; nunca se olviden, por favor, que Coco Channel era mujer, era francesa y envió a muchos de sus obreros a las cámaras de gas porque le molestaba que pidieran aumento de sueldo.

miércoles, 29 de junio de 2016

Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia.

Diario de Amalia

A Karen no la puedo llamar. A la Peco menos. La única que me queda es Patricia.
- Hola, Patri- le digo, como quién no quiere la cosa.
- Hola, Amalia, como andás, estoy re cansada, hoy tuve un día de mierda en el laburo, creo que nos van a demandar.
- Patri...
- ¿Qué pasa?
- Adiviná quién es el nuevo ligue de Karen.
- No sé, yo de Karen espero cualquier cosa. ¿Germán?
- No, peor. Gretel.
Hay un silencio terrible en la línea.
- Patri ¿estás ahí?
- Si, estoy acá. Es imposible. Gretel... Nunca se tiró un lance conmigo.
- ¿Y eso?
- Bueno, Amalita, yo soy mucho más linda que Karen, no me vas a decir que no.
- Pero, Patri.
- Disculpame, pero las mejores tetas de Buenos Aires ¿quién las tiene? Yo. Karen es casi plana. Me vas a decir que si se te da por hacerte lesbiana, no me elegirías como pareja.
- No sé. Karen es más... interesante.
- Andate a la puta que te parió, Amalia, yo soy re interesante.
- No, vos sos buena amiga, pero sos tan cuadriculada que das miedo. Karen sabe cosas y vos no.
- ¿Qué cosas? ¿Qué tiene ella que yo no tenga, eh?
- No sé, le gusta la música, es bisexual, se arregla bien.
- O sea, yo soy solamente tu amiga pelotuda, heterosexual y mal arreglada.
- Patri ¿que tomaste hoy?
- Nada, que me estoy dando cuenta. Si tuvieras que elegir entre Karen y yo, elegirías a Karen.
- Patri, me ha ido mal con los hombres pero no para ir hacia el lesbianismo.
- Igual duele.
- Bueno, es la triste realidad.
- O sea, entre Karen y yo, Karen.
- Y sí.
- ¿Y entre yo y la Peco?
- No, Patri, vos ahí salís ganando.
- Bueno, entonces soy el premio consuelo. Gracias. Que amiga que tengo. Menos mal que soy heterosexual, sino como amiga me perdías para siempre. Ahora, Gretel y Karen ¿que va a decir Germán?
- Ya lo sabe.
- ¿Como reaccionó?
- Como todos los hombres. Salió corriendo.
- Y sí, lógico. Pobre chico. Está meado por los elefantes.


Emilia Clarke

Como dijo Sandra Russo en una memorable columna en las 12, estamos la mayoría de las mujeres (con problemas, celulitis, várices, arrugas) y están las hermosas. Emilia Clarke entra en esa categoría y casi que la gana por goleada: en Game of Thrones como Dany, teñida de rubia, es hermosísima (hay que leer los comentarios de los fans cuando hizo la alianza con Yara, que es lesbiana) pero con su color natural en Me Before You está tan bonita que asusta. Aún mal vestida está bien vestida, aún torpe es encantadora, aún llorando es una de las chicas más lindas del mundo. Quizás no sea todavía una gran actriz, pero es difícil que una chica de veinte años sea una gran actriz. Las que realmente lo son son excepciones: Meryl Streep, Kate Winslet, Claire Danes. El resto de las actrices (de las verdaderas) saben que para serlo hay que recorrer un largo camino, como decía la propaganda de Virginia Slim. Ahora como Danerys viaja a Westeros para conseguir el trono de hierro y para casarse con algún heredero: lo primero lo veo desgraciadamente difícil, lo segundo no. No creo que ningún príncipe rechace a la reina.

Benjamin Vicuña

No me voy a referir aquí a que es obviamente lindo, porque él ya lo sabe, ni tampoco a que, como la mayoría de los extranjeros en Argentina, tiene mucho éxito con las mujeres (eso, argentinos, sepánlo, no se debe a que son feos, sino a que la mayoría son unos maleducados bárbaros que le miran el culo a todas las mujeres que pasan). Voy a respetarlo y me voy a referir a él como actor: Benjamín Vicuña es uno de los mejores actores de su (mi) generación, con una capacidad de mutación que muchos actores más grandes y prestigiosos y con muchísima más chapa envidiarían. Benjamín Vicuña siempre es el personaje, nunca el actor. No tiene tics, no recita, no declama; si está en una tragedia, como Prófugos, está en una tragedia y si está en una comedia como Permitidos, es cómico, se toma el pelo a sí mismo. Cualquiera dirá que eso es fácil; es lo más difícil que hay. Como dice Seinfeld, a lo que más le tiene miedo la gente es a actuar en público. La muerte está en segundo lugar.

La legalización del aborto.

Es curioso como ciertos temas te plantean una disyuntiva: el narcotráfico, la delincuencia, el aborto. Sobre todo este último y más todavía si sos mujer; no sé porqué los hombres (y algunas mujeres) piensan que el aborto es un método anticonceptivo más, con lo cuál una podría responderles que se hagan cinco abortos y después nos cuentan. Los hombres no, claro, porque no pueden. Yo con el aborto tengo una postura muy clara y paradójica, como casi todo en mí: creo que debería ser legal y sin embargo estoy en contra. Y en contra no por toda la sanata de que las mujeres somos seres maravillosos, que ser madres es nuestro destino, que como una madre puede hacer eso. Cada mujer hace lo que puede con su cuerpo y si lo sabrán las mujeres  que sufren violencia sexual, que es la peor violencia que puede sufrir una mujer o las chicas enfermas de anorexia, para quienes una manzana o una galletita de agua es el demonio. Estoy en contra porque es inmaduro: abortar es cortar la parte más débil de uno, pensando que eso le dará fortaleza. Y sí, un hijo es una debilidad, es un talón se Aquiles, es una hipoteca que una no termina de pagar nunca. Siempre traen problemas y nosotras siempre queremos resolverselos, aún a costa de nuestra salud mental y de su propia salud mental. Pero es así, hay que admitirlo. Un hijo es un espejo terrible, aún peor que el retrato de Dorian Gray; nos recuerda todo lo que fuimos, todo lo que nunca seremos, todo lo que ya es imposible que seamos porque tenemos un hijo, y porque hay que criarlo y porque hay que levantarlo para ir a la escuela y porque el día de mañana quizás se vaya a vivir a Victoria con la mujer, que queda cerca pero no tanto como para ir todos los días.

martes, 28 de junio de 2016

Periodismo en femenino o el difícil arte de ser mujer

Ser periodista es complicado; ser una periodista mujer es treinta veces más complicado. Admiro sin restricción a las periodistas mujeres, que las hay y muchas y muy buenas: Mariana Enriquez, Mariana Carabajal, Maria O' Donnell, Gabriela Cerrutti, Irina Hauser, Sandra Russo, Gloria Guerrero, Ingrid Beck y siguen las firmas. Lo más increíble del periodismo femenino es que los hombres, muchas veces, para descalificarlas recurren a argumentos que son dignos de un primer año de colegio secundario: es gorda, es flaca, se viste mal, se viste bien, se casó con tal o con cual, seguro que es lesbiana, seguro que es medio trola.O sea, chicas, alégrense: significa que les tienen miedo o más bien pánico, sino sus argumentos serían otros, más solidos. Si el argumento de un hombre para descalificarte es lo que vos sos como mujer, el argumento en realidad no existe. Es una disgresión. Esperen el argumento definitivo.

The Sweet Hereafter

No hay mejor película sobre lo que significa realmente la paternidad y la maternidad que The Sweet Hereafter (El Dulce Porvenir), una película canadiense cuya trama se centra en un pequeño pueblo donde un micro escolar choca y mueren casi todos sus ocupantes. El personaje principal, interpretado magistralmente por Ian Holm, es un abogado que representa a los habitantes del pueblo pero a su vez carga con su tragedia personal: su hija es adicta a las drogas y solo sabe de ella esporádicamente, a través de llamadas de teléfonos cada vez más ralos. En un momento dado él recuerda una noche en que su hija era pequeña y la picó un insecto y le dió un choque anafiláctico; recuerda como en el auto en el que la llevaba al hospital tenía una navaja para hacerle una traqueotomía de emergencia si veía que la niña no podía respirar del todo: ya de grande, con su hija perdida y sin saber donde está, el dice "ser padre es esto, la cuchilla eternamente en la garganta, el riesgo de perderlo todo en un instante si uno se equivoca".

lunes, 27 de junio de 2016

Cate Blanchett

Cada vez que pienso en la Dama Blanca de York, Melinda, la imagino con la cara y la impronta de Cate Blanchett. Cate es siempre una dama, sea Galadriel o sea una policía irlandesa o sea Jasmine en Blue Jasmine de Woody Allen. La única comparable a ella es Helen Mirren, que pertenece a otra generación pero para los que quieran verla en su juventud es Morgana en Excalibur, la contraparte del Rey Merlín, la bruja malvada que termina enredada en sus propios hechizos. Se nota mucho cuando los actores son de la escuela shakespereana, muy diferente a la vertiente Actors Studio, que sin embargo es respetable y ha generado a los mejores actores de Norteamerica en los últimos sesenta años. Son, en todo caso, dos estilos diferentes de entender una mismo texto: uno simplemente se pone en el lugar de otra persona, y el otro trata de entender todo lo que llevó a ese otro a ser todo eso. Hay que ver Shakespeare in love para entender que Shakespeare no era un genio: era simplemente un dramaturgo que confiaba en su elenco, y sabía que si no se pone emoción es difícil que una obra impacte en un público diverso como el que le tocaba a él. No hay nada tan demandante como el público teatral: el público pagó la entrada para ver una obra, no para aburrirse o o para sentirse avergonzado. El concepto de show bussiness no es nuevo: lo inventaron los griegos cuando, además del coro y del hipócrita (el actor) trajeron a un segundo actor. Un segundo actor es el comienzo del sofisma, es alguien que tiene otras razones que contradicen a las del primero. El tercero ya tiene otras razones y a partir del quinto ya existen Medea y Los caballeros las prefieren rubias, para nombrar tragedia y comedia. La gran invención de Shakespeare, en todo caso, es el drama. Con Hamlet, Shakespeare inventa el drama moderno y a partir de ahí todos somos sus hijos. Quizás algún día se pueda hacer un Hamlet totalmente femenino: en ese caso espero que la protagonista sea Cate Blanchett.

Marcelo Tinelli

Marcelo Tinelli es un genio y un monstruo, y es un poco como Cronos devorando a sus hijos. Durante los años noventa todo era Tinelli: los chistes los inventaba él, las mujeres del momento las inventaba él, los grupos del momento los inventaba él. Se dió el lujo de invitar a un presidente al estudio de televisión y de humillarlo públicamente. Con los años su efecto fue diluyéndose, porque inevitablemente las nuevas generaciones dejan de creer en sus padres: los ídolos de mi hijo son los que hacen manga y animé, con tramas tan complejas que las mías me parecen una boludez. Lo que me preocupa de este país no es Tinelli, sino que las personas quieran estar en el programa de Tinelli a cualquier precio; me parece, por ejemplo, que poner a Pampita y a la China Suarez en el mismo lugar es una falta de respeto, máxime considerando que Pampita perdió una hija y que evidentemente ya no está para que la traten como a una colegiala que perdió un novio. Pero quizás Tinelli considere que el show debe seguir a cualquier precio, aún a costa de quedar, como mínimo, como un mal educado. Es triste avisarle, pero es cierto, que ya no es el ídolo de la juventud. A una cierta edad todos somos los jóvenes de ayer.

Paraguay.

A Paraguay lo único que le podemos pedir los argentinos, los uruguayos y los brasileros es perdón. La guerra de la Triple Alianza sigue viva más de ciento cincuenta años después de terminada: sino hay que oir hablar el desprecio con que muchas mujeres hablan de su mucama paraguaya, del odio que le tienen los capataces a sus albañiles paraguayos y de la simplicidad con que decimos en Asunción está todo más barato, pero es todo trucho. Callémonos la boca un poco. Arrasamos un país entero porque desde Inglaterra nos decían que lo gobernaba un dictador, y encima lo hicimos con los métodos más cobardes que existen y encima el país sobrevivió. A veces me preguntó porque Argentina es tan poco proclive a las guerras; yo creo que porque después de que ganamos la Guerra de la Triple Alianza nos da vergüenza involucrarnos en cualquier otra. Fué un acto de crueldad adornado con la jerigonza de Mitre, de Sarmiento y de muchos otros padres de la Patria. Habría que contar la historia de Paraguay en cada acto escolar; en realidad, en Argentina tendría que haber un día de Paraguay para mostrar lo que puede hacer un país, aunque maten a casi toda su gente.

Luis Landriscina

Es un maestro del arte de narrar y además me cae muy simpático porque su cara es parecida a la de mi abuela Telma (perdón, abuela). Pero empecé a admirar mucho a Luis Landriscina una noche en la cual presentó la película Quebracho, que hablaba sobre La Forestal y la relacionaba con la destrucción de los bosques de su tierra natal, del Chaco. Recuerdo que mi padre dijo que lo importante era la lucha de los obreros y yo le discutí que la destrucción de un bosque riquísimo en su biodiversidad es la otra cara de la moneda de la lucha obrera. Más de treinta años después el tiempo me da la razón: con tal de ganar dinero, al capitalismo no le importan envenenar ríos, talar árboles, exterminar especies, aunque en el cortísimo plazo se paga con cáncer, enfermedades que creíamos desterradas, inundaciones, desastres ambientales que encima tenemos la pereza mental de discutir en grandes congresos, como si no supiéramos quién los está causando. El día que, como dice Drexler, busquemos el penúltimo atún en el oceáno nos sentaremos en el suelo y llegaremos a la conclusión de que hemos fracasado como especie; ya es tarde, hemos fracaso como especie. Espero que nuestros hijos sean mejores que nosotros.

Susana Gimenez

Desde que apareció en la campaña de Shock, allá en los 70, es la diva de los argentinos. Mejor dicho, es una diva a la Argentina. Nunca fué hermosísima, pero siempre fué muy linda y sobre todo, tiene un aire de maestra normal que no desmiente su título de maestra normal. Cuando entrevista, siempre es amable: nunca hace preguntas incómodas, nunca trata mal a los invitados. Eso parece algo menor, pero en realidad es un detalle invalorable: si alguien se tomó el trabajo de ir hasta un estudio de televisión, de vestirse, de peinarse, lo mínimo que puede pretender es que lo traten bien. Susana Giménez es nuestra Marilyn, o como hubiera sido Marilyn si hubiera llegado a la edad de los setenta años; puro encanto, pura levedad, nada o casi nada de maldad.

domingo, 26 de junio de 2016

Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia

Diario de German

Creo que tiene razón Amalia y las mujeres me van a ver como un tipazo tolerante después de lo de Gretel y Karen. Que bueno. Con la autoestima un poco más alta vuelvo a mi departamento y abajo los encuentro a mamá, a papá y a Juancito.
- ¿Qué hacen acá?- les pregunto.
- Que vamos a hacer acá- dice mi viejo, enojadísimo.- Que el pelotudo de tu hermano se tuvo que ir no se a donde, no lo puede cuidar a Juancito y nos llamó a nosotros, que nos falta solamente cinco horas para irnos a Aruba, para que lo cuidáramos. Así que te estamos esperando a vos, para preparar las valijas y tomarnos la semana de vacaciones que no nos tomamos desde hace dos años.
- Que boludo que es, por dios- les digo yo.
- Me lo vas a decir a mí- dice mi vieja.- Anda a saber porque no puede a cuidarlo a Juancito, seguro que enganchó a una mina nueva o se fué al casino del Tigre o las dos cosas. Ya me tiene podrida, mirá, en cualquier momento lo mando a la puta que lo parió. El otro día me paró una gitana por el Once y me dice: hay un hombre que le arruina la vida. Si, le contestó yo, mi hijo mayor.
Mirá que tu papá y yo nos esforzamos, le dimos colegio privado, le pagamos todos los gustos y nos salió pelotudo, que se le va a hacer. ¿Lo podés cuidar a Juancito?
- Si, mamá..
Lo llevo a Juancito hasta mi departamento y procedo a llamarlo a mi hermano.
- Hola, Alberto ¿Donde estás?
- Estoy muy ocupado ahora.
- Bueno, te aviso que Juancito está conmigo. Y de paso te aviso que papá y mamá están enojados con vos.
- ¿Por qué?
- Van a viajar a Aruba y vos casi les arruinás las vacaciones.
- Bueno, yo le dije dos horitas nada más.
- ¿Y cuantas horas pasaron?
- No sé, como cinco.
- Bueno, Alberto, está bien. Chau.
- Tío, tío- me dice Juancito- En este departamento vive un monstruo del Lago Ness. ¿Me podés llevar a Mundo Cartoon Network?
Hay un solo lugar en el mundo al que no puedo ir y es Mundo Cartoon Network. Pero para Juancito es su Meca Dorada.
- Está bien, Juancito.
- Y para luchar contra el monstruo del Lago Ness necesito una pistola super laser, de esas de Max Steel, tío.
No sé como voy a hacer para pagar la tarjeta de crédito el mes que viene.


Jorge Amado

Solo una vez fui a Brasil y es una país precioso. Pero mi amor a Brasil empezó desde que leí por primera vez a Jorge Amado: solo un escritor muy enamorado de su país y de la vida puede haber escrito esos libros tan extraños y tan únicos, que solo son comparables a la vida. Recomiendo en cualquier congreso sobre mujeres leer Teresa Batista cansada de guerra, a ver si después nos dan ganas de quejarnos de lo caro que está el pan o de que engordamos dos kilos o de que nuestro marido nos dejó por una de veinte (que muy probablemente le termine sacando toda la plata, las mujeres somos así, un poquitín interesadas). Desde Gabriela, seu cravo y seu canela, que escribió luego de desilusionarse del comunismo, Jorge Amado es un crescendo solo comparable a un tsunami proveniente de nuestro país vecino, que va desde el Caribe hasta las Cataratas del Iguazú.

Las máquinas y las ciencias mágicas. Prólogo.

A la manera de Henry James, que escribía a veces prólogos más largos que sus decimonónicas novelas, quiero situar en el espacio y el tiempo esta historia, porque probablemente sino los que se tomen el trabajo de leerla quedarán en el aire cual hoja. Esta historia comienza en la ciudad de Rosario, pero mucho antes de que fuera la ciudad de Rosario e incluso el Pago de los Arroyos e incluso parte del Virreinato del Río de la Plata. Comienza en una época extraña; aproximadamente quinientos años antes de Cristo, cuando en Grecia comenzó lo que puede darse a llamar filosofía. Siempre quise leer una historia que contara esa otra historia, la historia de nosotros, los bárbaros, los indios americanos. Creo que para leerla tendré que escribirla y no creo que me cueste tanto, teniendo como dicen los Beatles, una pequeña ayuda de mis amigos.

El aguante rockero o como arruinar la mejor música del mundo.

                                                                                          por supuesto, a Litto Nebbia, el que empezó todo este lío.

Siempre detesté el rock de barricada, que es el que más ha crecido en los últimos años. Siempre odié el rock que dice: nosotros somos rockeros y por eso somos mejores que los tangueros, los folkloristas y los jazzeros (ni hablar del reggaeton). Lo mejor que tiene la historia del rock nacional es que bebe de todas las tradiciones musicales previas; jazz, folklore, tango, blues, candombe, música clásica. Sino basta escuchar Barro tal vez de Spinetta, probablemente la mejor zamba escrita en Argentina. La síntesis de ese pensamiento de "aguante" probablemente sea la canción "El Rebelde" de la Renga: no creo en ningún sistema político, ni el demócrata ni el fascita porque me tocó ser así ni siquiera anarquista. Y me gusta el rock el maldito rock. Cuando una escucha esas letras es inevitable pensar: ¿que quieren, que los aplaudamos? Si tenés doce o quince años esa forma de pensar está bien, ahora, gente grande, con hijos, con casas. ¿De en serio son tan ingenuos de pensar que el rock es contestatario a esta altura del partido? Lamento informarles que, como decía Lennon, el sueño terminó, o como el gran Charly en Mientras miro las nuevas olas: te acuerdas del tipo que rompia las guitarras cuando nadie tenía un miserable amplificador. Hay miles ahora. Así que mejor dejarse de joder con el gestito rebelde que a nuestros hijos los hace morirse de vergüenza y a cuidar nuestras guitarras y nuestros pianos, que bastante cuestan y bastante queremos. Y a agarrar un poco los libros de armonía.

sábado, 25 de junio de 2016

Cinema Paradiso

                                                                      a Alejandro Jodorowsky, de una rosarina terca a un gran chileno errante.

El cine, dice Arnold Hauser en el libro Historia social de la literatura y el arte es el gran arte democrático. Un director solo puede llegar a ser un gran director si confía en su elenco, en sus guionistas, en sus maquilladores y vestuaristas, en su editor, en sus musicalizadores, hasta en los encargados del catering. Cuando una película falla, generalmente falla por el manierismo de su director o de sus productores, por exceso de ego: hay tantas muestras de esto en los últimos años que no sorprende que los mejores de la industria se estén pasando a la televisión, que ha mejorado mucho desde los Sábados de Super Acción de mi infancia. El cine es el arte que entiende lo mismo que entendían los arquitectos de las grandes catedrales góticas del Medioevo: que los grandes edificios se construyen desde sus cimientos, todo el mundo tiene su pequeño trabajo que hacer y a veces lleva muchas generaciones.

Rusia

Siempre me encantó la frase: el espíritu sopla donde quiere. La única cosa que le envidio a otro país es el espíritu ruso. Rusia es Rusia: Napoleón o Hitler pueden invadirla, pero solo llegan hasta Moscú o hasta Stalingrado. Los rusos arrasan con sus campos, queman las cosechas, y se retiran hasta el corazón de la Siberia, a ver si algún ejército se anima a seguirlos. Me parece que tiene algo que ver con el frío: para un pueblo que soporta cincuenta grados bajo cero en invierno, el ejército napoleónico o las tropas nazis son casi anécdotas. Yo creo que Lenin y Trotsky se deben haber sorprendido cuando tomaron el Palacio de Invierno, de que la revolución tan soñada la terminara realizando un pueblo de cosacos y campesinos, apenas industrializado y no los trabajadores norteamericanos e ingleses, tanto más organizados y políticos (porque a Estados Unidos se le pueden criticar muchas cosas, excepto su capacidad política, su manera magistral de entender la democracia como un bien común). Creo que no solo subestimaron al pueblo ruso, sino al Zar y a su ejército asesino. Siempre me impresionó la anécdota de Rasputín,el monje negro del zarismo  que predijo que si a alguien lo mataba a alguien del pueblo la revolución nunca ocurriría, pero que si la nobleza lo mataba sí. Fue un guante arrojado a la cara de la nobleza; dos o tres príncipes recogieron el guante y lo mataron- con gran esfuerzo, lo cuál prueba que el ser humano es un bicho difícil de exterminar. El pueblo ruso venía soportando pogroms, exterminios, masacres desde mucho antes de que los padres de Lenin, Trotsky y el resto de la vanguardia bolchevique naciera. Digamoslo así, en Shakespeare: el pueblo ruso quería su libra de carne, con toda la sangre correspondiente. La capacidad de bondad humana tiene un límite: la capacidad para el mal no, es un pozo que constantemente se hunde y se hunde. Para memoria de eso, en el siglo XXI tenemos Auschwitz, la ESMA, el Palacio de la Moneda como monumentos a lo que puede llegar a ser el ser humano cuya mayor misión es asesinar al otro, al diferente. Para que no piensen que este concepto es genial, debo decir que es un concepto de Chesterton que quizás no fuera un gran escritor, pero era mucho más inteligente que muchos grandes escritores.

viernes, 24 de junio de 2016

La importancia de llamarse Luca Prodan

Siempre admiré a Luca Prodan, pero lo que más admiré de él fue una frase que me dijo mi vieja, que es más impiadosa que yo: en un país donde la mayoría se las dan de cultos, Luca Prodan era culto de en serio. Era un tipo que había ido a los mejores colegios italianos e ingleses, que la había pasado mal en Inglaterra y se había venido a Argentina por la mejor de las razones, para sobrevivir. Siempre me pareció hermosa la frase que les dijo la madre a sus amigos después de su muerte: gracias por esos años extra que le dieron a mi hijo. Escribió muchas de las mejores canciones del rock nacional, en inglés y en castellano. Que mejor posteridad.

jueves, 23 de junio de 2016

Tlon, Uqbar, Orbis Tertius

Y, como dijo Borges, el mundo será Tlön.

Humo

Tengo un solo vicio, el cigarrillo y lo adquirí gracias a Caro, que era compañera de militancia en el MAS cuando yo tenía solo trece años y ella diecisiete, toda una señora a mis ojos. Admiraba todo en ella: su compañero, sus ganas de trabajar, su aire de amazona intrépida, su sonrisa, su veneración por Seru Giran, un grupo para mí desconocido. El personaje de Patricia en Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia está inspirado en ella, porque un día fuimos juntas a la Florida, de una camioneta me gritaron gorda, yo casi me largué a llorar y ella me dijo; esos que te gritan gorda deben tener una panza de cerveza. Desde ese entonces, cada vez que prendo un cigarrillo, me acuerdo de ella, porque también fumaba; son esas cosas de la amistad femenina, de la solidaridad, que solo las mujeres entendemos entre nosotras.

Guillermo Saccomano

Ya dije que Guillermo Saccomano es un escritor realista y genial, cosa dificultosa. Ahora quizás deba argumentar mi postura. La mejor novela sobre los años de plomo, la que mejor describe el perfume de una época infame es 77, que tendría que ser de lectura obligatoria en las escuelas secundarias, a pesar de que muchas profesoras de literatura se escandalizarían de que "niños de dieciséis o diecisiete años" lean esa novela. Yo les respondería que la mayoría ya tienen auto y que pueden votar, así que no hay que alarmarse tanto. Cada cuento de Saccomano es un cross en la mandíbula; su novela "Cámara Gesell" es tolstoiana en el mejor sentido de la palabra. Cuando era adolescente leí ví Bajo Bandera y luego leí la novela y ambas son perfectas. Hay una dialéctica en Saccomano que no existe en ningún escritor argentino; una autoconciencia que nos hacen pensar que, a pesar de que el invierno viene frío y largo, después viene la primavera y después el verano.

miércoles, 22 de junio de 2016

Eduardo Sacheri

Acabo de leer en una tarde y una mañana la gran novela de Eduardo Sacheri La Noche de la Usina. Eduardo Sacheri es lo más parecido que hay en la literatura actual a Osvaldo Soriano, gran maestro de contar con profundidad y sencillez grandes tragedias. Pero La Noche de la Usina no es trágica, para nada. Es solo una novela de perdedores argentinos, de la personal venganza de un grupo de perdedores argentinos atrapados por el corralito del año 2001 o como diría el gran Pedro Mairal, el año del malón. Pero como dijeron los boqueteros del Banco Río, grandes poetas, son solo dólares, no son amores.

Roberto Pettinatto en Plop

Estudiar una carrera universitaria puede frenar el proceso de envejecimiento del cerebro hasta una década. Eso, si te la pasás 10 años encerrado entre apuntes. Es eso o vivir feliz curtiendo la ciudad y hablando poco.
 Un estudio demostró que el momento más frecuente para ser infiel es durante los días hábiles, entre las 16 y las 18. ¡Creo que por fin ha llegado la hora de empezar a valorar los frecuentes instantes de fidelidad! Y dejarnos de joder.


El levante del siglo

Como casi todos los rockeros nacionales, odiaba a todos los otros. Particularmente a la Bersuit. En eso un poco coincidíamos, porque el pelado cantaba bastante mal. Me tuvo una noche entera hablandome de su banda y de como iba a hacer entrar el video a la MTV (debo aclarar que lo escuché con tanto interés como cuando me explican porque Tevez es un gran jugador) para después aclararme que me había mandado fruta toda la noche. Gracias por el dato.
No me acosté con él, me acosté con su hermano que era bastante más simpático y sencillo. Bueno, también me acosté con uno de sus amigos. Creo que no lo pudo superar; una noche me acompañó a tomar el colectivo, a mí me dolía una muela y a el se le ocurrió, por esas cosas que tienen los hombres, de relacionarlo con la masturbación. Que asco. Que frases para un levante; pero así son los machos argentinos, les enseñan a levantar minas sus padres.
Me tomé el colectivo y no volví a verlo nunca.

Quino

Desde hace años hay una potencia en la historieta nacional que cualquier país envidiaría: basta ir a cualquier convención de historietas, donde desde chicos y chicas de quince años hasta hombres pelilargos de mediana edad dibujan y muestran sus dibujos (mujeres de mediana edad historietistas no hay tantas, salvo  Maitena y Patricia Breccia). Pero Quino es palabra mayor; desde que el primer cuadrito de Mafalda apareció, es el Aleph del humor nacional. Lo maravilloso de Mafalda no es su mensaje contestatario, sino la manera que tiene de atrapar el mundo de la infancia en cuatro o cinco cuadros. ¿Quién no tuvo un amigo como Felipe o como Manolito, una amiga a la Susanita, un padre que se pasa cinco horas hablando de sus anécdotas de la colimba, una madre que rezonga cuando vuelve del supermercado? ¿Quién no se sentó en el umbral de su casa a ver la gente que pasa? ¿Que chico no organiza grandes planes para jugar a indios y cowboys o ahora quizás a Iron Man versus Thor? ¿Que chico no piensa como Miguelito; de que te sirve ser niño, si no te dejan ejercer? Después Quino se dedicó a hacer grandes historietas para contratapas de revistas, donde demostró que no dependía de un personaje para hacer humor y además un constante crecimiento en la capacidad como dibujante, en el amor al detalle, en la delicadeza para hacer reir.

martes, 21 de junio de 2016

Eduardo Galeano

Murió hace un par de años. Muchos lo critican; pero la mayoría de los que lo critican no serían capaces de escribir ni El Mono Relojero (hay honrosas excepciones). Eduardo Galeano es incomodísimo en la literatura actual, porque emociona y hay tanto miedo de emocionar en el arte posmoderno. Cualquiera de sus libros es una obra maestra del arte de escribir, de sacar las palabras innecesarias y dejar las justas. Solo quiero decir algo en su defensa, aunque sé que no la necesita porque ya camina solito en cielo de los grandes escritories; cuando quiero llorar saco el tomo 3 de Memorias del Fuego y leo alguna de sus historias.

Un trono para la ficción Por Eduardo Fabregat


(ADVERTENCIA: esta columna contiene spoilers sobre el episodio 9 de Game of Thrones. Si aún no vio “Battle of the bastards”, absténgase de leerla.)
Hay momentos que definen la era moderna de la ficción televisiva, jalones de este momento histórico en el que las series se han convertidos en productos de calidad cinematográfica, que desmienten la visión de la TV como una hermanita menor del séptimo arte. Creaciones que, con la amplificación añadida de las redes sociales, hacen historia y se convierten en clásicos. “Battle of the bastards”, el episodio del domingo de Game of Thrones, sirve y servirá como ejemplo de hasta dónde se puede llegar en la cadena evolutiva de las ficciones creadas para la pantalla chica.
Claro que la adaptación de las novelas de George R. R. Martin ya había ingresado en los libros con sus cinco temporadas anteriores. Pero el noveno y anteúltimo episodio de esta sexta temporada fue, cómo decirlo, demasiado. La fiebre posterior en Twitter, Facebook, sitios especializados y foros de discusión sirve como termómetro: en los minutos posteriores a la emisión por HBO, a medida que el intenso tráfico pirata alrededor de la serie hacía lo suyo, el fandom estalló. Había razones de peso. En varios episodios, la serie supo entregar momentos de altísimo impacto, pero a menudo -la Boda Roja, la muerte de Hodor– eran impactos dolorosos. Es un signo de esta era: lo que en las series del siglo pasado era impensable, como liquidar a un personaje especialmente querido por el público, nunca asustó a los productores David Benioff y D. B. Weiss. Pero el episodio del domingo combinó todas las virtudes de realización conocidas con una inédita sensación de satisfacción. Aunque los Stark sumaron la enésima baja (ay, Rickon, ¿y si probabas corriendo en zigzag?), esta vez hubo revancha de unas cuantas afrentas. Aunque Jon Snow estuvo a punto de pagar cara su inocente caída en las trampas de Ramsay Bolton, la aparición de Littlefinger y el ejército Arryn (hola, Gandalf y los muchachos de Rohan) significó un definitivo vuelco en la batalla. Y aunque Bolton pudo darse un último gusto liquidando de un flechazo al gigante Wun Wun -maldición, otro personaje querido que se despide–, su final como almuerzo de sus propios sabuesos fue uno de esos momentos de inexplicable e incontenible arenga frente a la pantalla.
Y como si todo ese festín de resurgimiento del blasón del huargo no fuera suficiente, el episodio ofreció una doble satisfacción con Daenerys montada en Drogon, reduciendo a cenizas a sus enemigos. Con Tyrion y Grey Worm explicándole algunas cosas a esos “sabios amos” que, caramba, no hacen mucho honor a su apelativo despreciando e insultando a una muchacha a la que le basta con decir “dracarys” para que las cosas se pongan calientes. Liberados de los libros de Martin (recuérdese que esta temporada es la primera en la que no hay un libro original editado), los realizadores de Game of Thrones empezaron a anudar a su modo algunas líneas argumentales que van preparando el terreno al gran final del año próximo. Y si alguna vez fueron acusados de dejar siempre mal paradas a las mujeres de la trama, este año destilaron un feminismo que evapora las humillaciones de Sansa o el rol de simples procreadoras de las mujeres en general. Arya Stark se recibió de asesina sin rostro y va en busca de venganza; Sansa está muy lejos de la muñeca boba de las primeras temporadas (“Usted va a morir mañana, Lord Bolton. Que duerma bien”); en otra de las grandes escenas del noveno episodio, Daenerys Targaryen y Yara Greyjoy intercambiaron líneas sobre el pésimo papel de los hombres en los Siete Reinos y forjaron una alianza a la que habrá que temer. Más de uno sigue suponiendo que el brote de fe de Margaery Tyrell es una actuación que terminará de manera poco favorable al High Sparrow; Cersei Lannister, gran manipuladora de los viejos tiempos, la está pasando mal aun con la Montaña zombie de su lado, pero nunca se la puede dar por vencida. Y no hay que olvidar a a Lady Olenna (la enorme Diana Rigg) y las Serpientes de Arena, mujeres de armas tomar. Literalmente.
Pero más allá de los detalles de una trama apasionante, lo que convierte a la serie de HBO en un hito en las ficciones televisivas es su realización. No es casual que el director de “Battle of the bastards” sea Miguel Sapochnik, el mismo que pegó fuerte con “Hardhome” en la temporada pasada. Desde la subjetiva con la bola de fuego en el inicio hasta la semisonrisa de Sansa en la escena final, alejándose de la perrera donde Ramsay se convierte en Bolton Chow, este episodio fue la cumbre de una temporada donde no hubo puntos bajos ni escenas de relleno, donde cada noche dejó pasajes inolvidables. Nunca en la TV se vio retratada una escena de batalla con semejante salvajismo, con una perfecta síntesis entre violencia, suciedad, confusión y adrenalina. Hubo mucho dinero de producción, sí, pero sobre todo un relato visual cinematográfico, tan visceral como los soldados peleando sobre una montaña de cadáveres y tan bello como esa imagen de Davos recortado sobre un amanecer de sangre.
El próximo domingo, “The winds of winter” promete 70 minutos de metraje, el más largo de toda la serie. Es un momento que el público espera y teme: Sapochnik deberá esmerarse para superar semejante aquelarre. Y está la ansiedad del final y la inevitable convicción del vacío que sobrevendrá, los largos meses sin un juego de tronos que se ha convertido en auténtica adicción catódica. La sensación de que el invierno ya llegó. Y va a ser largo, y muy frío.

Diana Rigg

Desgraciadamente, nunca pude ver Los Vengadores, la serie donde deslumbró primero Diana Rigg, cuando era una muchacha joven, con un cuerpazo impresionante vestido en latex negro y obviamente el sueño imposible de todos los adolescentes sesenteros. Pero tengo el gusto de verla ahora en Game of Thrones, como lady Olenna, la abuela de la reina Margery y de Loras Tyrell. Se la llama a lady Olenna la señora de las espinas y la actuación de Diana Rigg, con unos cuantos años más que los que tenía en los sesenta, es impresionante. La señora de las espinas es una clase de maquiavelismo sin leer a Maquiavelo; la manera que tiene de proteger a los suyos (envenenar al Rey Joffrey, por ejemplo, después de sonsacarle a Sansa Stark que ese chico rubio y de ojos azules es en realidad un monstruo, y luego hacer quedar como asesino a Tyrion, al que no le faltan, como a casi nadie en realidad, razones para matar al Rey). Lady Olenna teje alianzas y traiciona y tiene la lengua más filosa de los Siete Reinos y sabe que la única que puede heredarla en capacidad es su nieta Margery, probablemente la mujer más hermosa de los Siete Reinos, pero también una de las más inteligentes. Es un gusto ver cuando las actrices envejecen bien, sin tanto miedo a las arrugas y a las canas. Diana Rigg puede haber dejado el latex negro, pero sigue siendo una vengadora.

lunes, 20 de junio de 2016

Periodismo y militancia

Aclaro dos cosas: no soy periodista y no soy militante. Lo fui, alla lejos y hace tiempo, en las filas del troskismo y es uno de los mejores recuerdos que tengo de mi lejana juventud (cuando una tiene un hijo de dieciseis es difícil fingirse joven). Por eso mismo admiro a la gente que se reivindica periodista y militante, sea de la rama política que sea. Una de las mentiras más grandes que nos han dicho es que el periodismo es impoluto. Es falso o es una verdad a medias. A los diarios hay que leerlos con gran escepticismo: generalmente lo que les interesa es vender propaganda y no está mal, de algo hay que vivir, todos cedemos un poco cuando de ganarse el pan se trata. Ahora, de ahí a hacernos creer que detrás de esos diarios hay "periodismo independiente" que mira a la realidad objetivamente, hay un gran paso. Es imposible que un diario que tiene propaganda de glifosato (Round Up) por ejemplo, que de paso sea dicho está compuesto por químicos muy parecidos al agente naranja, lo que se usaba para defoliar en la guerra de Vietnam, hable sobre lo malo que es el glifosato y sobre todo de las grandes catástrofes ambientales que está produciendo en Argentina. Es imposible sobre todo porque la gente que produce el glifosato tiene mucho más dinero que la gente que muere por los efectos del glifosato. Es imposible que un diario que tiene un suplemento de countries deje de hablar de los peligrosa que está la calle, de la inseguridad que hay, del peligro de que nos roben el celular o el auto (dicho sea de paso, si solamente sos un celular o un auto, sos muy poca cosa). Después aparecen todas las bondades de las alarmas, los vigiladores privados y las puertas blindadas. Después no se puede salir más a la calle. Un grado de alarmismo in crescendo del que solo se saldrá fabricando un bunker. Así que prefiero admirar a la gente que dice soy kirchnerista, soy massista, soy radical o soy del PRO y desde este lugar hablo y este es mi pensamiento. Quizás algunos estén rentados, pero no tenemos que olvidarnos de los que se dicen independientes también están rentados por el capitalismo.

El Leon

Perdón la falta de respeto de no llamarlo por su nombre completo, Leon Gieco. Dentro del panorama del rock argentino, donde la mayoría se pelean para ver quien es el más Pomelo, Gieco es una extrañeza. Es el que en los años ochenta hizo (junto a Gustavo Santaolalla) de Usuhaia a la Quiaca cuando todo el mundo estaba deslumbrado con la Newwave y el funk. Es nuestro Bob Dylan de pueblo, nuestro rolling stone a la criolla. Personalmente, pienso que no hay canción  mejor que Los Salieris de Charly, porque eso es en el fondo del rock argentino desde que salió el primer disco de Sui Generis. Todos somos Salieris de Charly García.

domingo, 19 de junio de 2016

El llanto

La única cosa
que aprendí después del llanto
es que humedece la cara.

Las lágrimas del asesino
no reviven a la víctima

como las lágrimas de las perras
no reviven a sus cachorros 
muertos

como las lágrimas de la lluvia

escasa

no hacen florecer las piedras.

La violación interminable publicado en Página 12 el 17/06/2016


La violación interminable

Una niña vejada por un grupo de tipos, un fiscal que presume que ese hecho puede tratarse de relaciones consentidas y una catarata de discursos mediáticos que van desde el morbo a la sospecha sobre la víctima dan cuenta de la falta de formación de quienes deben proteger a las víctimas y también de quienes comunican la noticia.

¿Cuántas veces se puede violar a una niña de 13 años? ¿Se la puede dejar a la intemperie, pero además, ventilar su sufrimiento sin ningún cuidado? Revictimizar es una palabra que describe con toda justeza lo que se está haciendo con M., una chica que está internada en una sala de terapia intermedia, mientras su integridad es vapuleada por funcionarios judiciales y distintos medios de comunicación. La salud física de la nena que fue violada en una fiesta en Tandil es atendida en el hospital Materno Infantil de Mar del Plata, donde hicieron lo que tenían que hacer: la denuncia judicial. Pero claro, el fiscal Gustavo Morey lo primero que atinó fue a decir que su hipótesis eran las “relaciones sexuales consentidas”. Todos sus prejuicios patriarcales fueron puestos de manifiesto en los diarios y portales de internet de Tandil donde, se ve, la voz del fiscal es indiscutible. Y hasta tomar párrafos de referencia para escribir la nota resulta difícil cuando reproducir algunos dichos de esos medios significa sumar leña a la hoguera de la inquisición que se ha prendido sobre la vida y la familia de esa niña que -según parece al leer algunas noticias- cometió el delito de concurrir a un cumpleaños.
Ni siquiera el abogado de la familia, Maximiliano Orsini, respetó la Convención Internacional de los Derechos del Niño (¿y de la niña?) y ventiló detalles que debían preservarse. ¿Por qué exponer a esta segunda vejación a una nena que ya fue violada, atropellada, lastimada? Porque, como escribe Rita Laura Segato, no se trata sólo de la licencia para violar, sino que va más allá, es un requisito. El sostenimiento de la cultura de la violación precisa del ejemplo, precisa que se sepa, que su brutalidad sea disciplinadora para que ninguna niña de 13 años –ninguna mujer– se sienta libre de ir a una fiesta de cumpleaños sin sentir que sí, su cuerpo puede ser ultrajado y luego sea ella la que se cuestione, sean sus conductas las que deban explicarse, sus ganas de dialogar con alguien toda la noche las que la conviertan en sospechosa. Poner en duda la veracidad de sus palabras es parte del mecanismo. Así funciona y por eso los medios de comunicación constituyen una de sus armas privilegiadas. Mientras haya quienes pongan en la picota a la niña, habrá también quiénes puedan justificar sus violencias.
Los hechos: el domingo, a las 7, M. Fue hospitalizada en Tandil después de un supuesto accidente de tránsito con una camioneta. Por la complejidad que requería su tratamiento, la derivaron al hospital Materno Infantil de Mar del Plata donde profesionales de la salud constataron lesiones compatibles con abuso sexual y denunciaron. Lo que siguió fue una vulneración de los derechos de M. tras otra. El Eco de Tandil, por ejemplo, siempre se ha referido a la noticia como “presunto abuso” y la redacción de sus notas tiende –sin excepción– un manto de sospecha sobre la niña. ¿Vale la pena reproducir esas expresiones? No, ni siquiera para repudiarlas. Tandil es una ciudad de 110 mil habitantes. Allí, lo que se difundió en los diarios es una carta de la hermana del acusado de violación. Y si bien los medios cubrieron la manifestación que se hizo desde la casa de la niña hasta la fiscalía, la palabra clave en muchas coberturas resulta casi un insulto: consentimiento, consentidas, no faltan en ninguna nota.
Según la ley nacional de infancia, no debió difundirse la dirección, el nombre de pila, los apellidos de sus familiares, nada que pueda identificar a la niña que cuando se reponga deberá volver a la escuela, y a su vida cotidiana, y además del trauma vivido llevará consigo un estigma difícil de sacarse de encima. La ley habla de proteger la intimidad. Después de esto, a M., cuando quieran insultarla -como les pasa efectivamente a otras niñas en su situación- le dirán “la violada”. Y será lacerante para ella, no para quienes ejercieron la violencia.
Y mientras tanto, el festival mediático se empeña en machacar y machacar sobre los detalles, cosiendo un sentido morboso, con todo lo que el morbo tiene de atractivo para replicar.
Ante este panorama de lapidación mediática de una niña que vivió una violencia extrema, distintas organizaciones del Movimiento de Mujeres de Mar del Plata –allí está internada M.–se solidarizaron con ella y su familia, pero sobre todo, apuntaron sus críticas al fiscal Morey. Que las palabras de Morey sean reproducidas sin repreguntas ni sentido crítico en distintas publicaciones da cuenta de cuánto les falta conocer de derechos de niñas y niños a algunxs periodistas. No se trata de prejuzgar, eso es lo que hace el fiscal. Se trata de señalar el valor de la palabra de la víctima, de indicar que hay lesiones, de preguntar. “Repudiamos enérgicamente las declaraciones públicas del fiscal Gustavo Morey, quien manifestó en diferentes medios su hipótesis de ‘relaciones consentidas’. Nos llama la atención este apresuramiento de quien debería investigar profesionalmente y desde su estricto lugar de funcionario público la denuncia que parte del Hospital y de la familia”, dice el comunicado firmado por decenas de organizaciones de mujeres de Mar del Plata, quienes señalan que “semejantes declaraciones no hacen mas que reforzar el sistema de desprotección de las jóvenes y en una clara inversión de sentido se termina responsabilizando a las víctimas del accionar de abusadores y violadores”.
Pero esas voces no tienen lugar en los medios de Tandil. Las organizaciones señalan que lo dicho por el fiscal “también atenta contra todo lo establecido en la Convención de los Derechos del Niño y toda práctica que sirva para llegar a la verdad de los hechos.
Nuevamente, la mirada patriarcal, machista y falocéntrica ‘condena’ de antemano a una mujer, sin ocuparse de lo que mas importa en este momento: investigar a fondo, llegar a la verdad y administrar justicia”.
La culpa de todo no la tienen los medios, claro. Apenas son parte de una sociedad machista, donde prevalece el “algo habrá hecho”, cuando se trata de una mujer. Pero en la misma sociedad que hace dos semanas salió a gritar “Ni una menos”, es un insulto que una niña de 13 años deba pasar, después de la violación, por una lapidación mediática y judicial. Como señala el juez Carlos Rozansky en su libro Abuso sexual infantil, silenciar o castigar, a nadie se le ocurriría preguntarle a una víctima de robo por qué salió a la calle con un Mercedes Benz, pero sin embargo, una niña que sufrió una violación sí es sospechosa.

Hoy

Hoy mi hermano llegó con la remera sucia de sangre a casa. Tiene diez años más que yo y mucho no me gusta; a veces me espía cuando me baño, se cree que no me doy cuenta, pero me espía a través de la rendija de la puerta. Yo no me animo a salir de la ducha. Espero a que él se vaya y salgo despacito. Cuando sé que el se fue del todo recién me animo a salir. No me animo a contárselo a mamá.
Ayer lo oí que decía con los amigos que la tenían servida en bandeja. Yo me pregunté a quién tenían servida en bandeja. Pensé en una torta, en un bizcochuelo, como los que mamá compra siempre. Nadie va a hacer nada, decían sus amigos, total es una negrita. Ya sabemos quien pisa fuerte en este pueblo.
Mi mamá está orgullosa de nosotros dos, del nene y de la nena. El nene ya trabaja, dice, aunque yo la verdad a mi hermano no lo veo trabajar mucho. Si trabajara de verdad no tendría tanto tiempo para espiarme cuando me baño. Yo siempre corro la cortina.
Pero estaba hablando de la sangre. Mi hermano llegó con la remera sucia de sangre a mi casa y mi mamá la encontró. Al principio no hizo nada, pero a las pocas horas hubo como una conmoción en mi casa, y mami y papi activaron los teléfonos y empezaron a hablar con la gente importante que ellos conocen.
Mi hermano no sale de la pieza. Bah, si, sale. Sale cuando oye que me estoy bañando y se queda parado al lado de la puerta. Oigo su respiración. Tengo un poco de miedo. Desde lo de la remera, mamá y papá no están nunca en casa.

sábado, 18 de junio de 2016

Las trampas de la fe por Daniel Borrillo


La trampa que nos tiende el Estado Islámico es hacer creer que el Islam es consustancialmente contrario a la homosexualidad. Las teocracias islámicas ciertamente lo son, pero no más que otros fundamentalismos religiosos occidentales.
 Por Daniel Borrillo

En la poesía y la literatura clásica del mundo árabe se celebra con frecuencia el amor entre hombres, en Las mil y una noches podemos leer: “entonces vi salir de la barca, en medio de los esclavos, a un anciano venerable, tan flaco y encorvado por los años y las vicisitudes, que apenas tenía apariencia humana. Este jeque llevaba de la mano a un joven hermosísimo, moldeado realmente en el molde de la perfección, rama tierna y flexible, cuyo aspecto hubo de cautivar mi corazón y conmover la pulpa de mi carne”.
El principal enemigo del integrismo islámico es dicha cultura musulmana que coincide con el mundo antiguo occidental en lo que Foucault dio en llamar el Ars erotica.
Los homosexuales son junto con los judíos, los principales enemigos del Estado Islámico que pone en escena la condena a muerte de la forma más atroz. Muchos de los Estados que dicen luchar contra ISIS, como Arabia Saudita, castiga con la pena de muerte la homosexualidad compartiendo así la misma violencia homófoba. Ironía de la historia, muchas de las normas que penalizan la homosexualidad en el mundo árabe son fruto del colonialismo inglés y no de la tradición musulmana. La homofobia social y de Estado (la casi totalidad de los países de la liga árabe castiga la homosexualidad) se extiende como un cáncer en el mundo árabe y los jóvenes musulmanes que desprecian, acosan y agreden a gays y lesbianas ignoran que de esta manera están destruyendo una tradición secular que ha permitido acoger a muchos homosexuales occidentales en países como Túnez o Marruecos cuando la persecución era implacable en Europa.
La demagogia de muchos políticos de Occidente ha instrumentalizado la lucha contra la homofobia que se vuelve un combate contra la minoría musulmana. Curiosamente los mismos políticos de extrema derecha que han militado contra la igualdad de derechos para las personas lgtbti son los que dicen hoy querer proteger a dicha minoría contra la barbarie musulmana. Esta es la trampa que nos tiende el Estado Islámico y en la cual no debemos caer: hacer creer que el Islam es consustancialmente contrario a la homosexualidad. Ciertamente lo es pero ni más ni menos que el judaísmo o el cristianismo (bajo todas sus formas católica, protestante, ortodoxa). Así, como dichas religiones han sido atravesadas por movimientos críticos de dentro y fuera de las mismas, muchos intelectuales, muchas mujeres feministas musulmanas y asociaciones LGBTI árabes están hoy día luchando por la igualdad en el seno de su propia tradición como lo han hecho y siguen haciendo millones de gays, lesbianas, bisexuales, trans, travestis, intersex del mundo occidental para atacar o hacer evolucionar las interpretaciones católicas, protestantes, evangélicas, ortodoxas y judías de la homosexualidad.
Las principales víctimas del Estado Islámico y de las teocracias islámicas son los musulmanes que aspiran a la libertad y en particular la minoría LGBTI. La puesta en marcha de una estrategia internacional de lucha contra la homofobia en los países árabes debe en primer lugar escuchar a las víctimas para saber cómo intervenir eficazmente. Del mismo modo, es necesario que el derecho de asilo fundado en la orientación sexual sea realmente respetado para que los pedidos de protección política sean tratados seriamente por los jueces de nuestras democracias y permitan así resguardar la vida de los cientos de miles de personas LGBTI (musulmanes, judíos, cristianos, ateos…) provenientes de países árabes que golpean a la puerta de nuestros Estados supuestamente gay friendly.

viernes, 17 de junio de 2016

Gustavo Cerati

Desde que salió el disco Cancion Animal, que coincidió con con el principio de mi adolescencia, pienso que el mejor compositor argentino es Gustavo Cerati. Combina todo: la sutileza de Spinetta, la fuerza impresionante de Charly García, la ironía de Fito, e incluso en muchos temas la dureza metalera de Iorio. Pero es algo más, además: es un río delicadísimo e incesante del que salen canciones que generan otras canciones.

jueves, 16 de junio de 2016

Hudson

Muchas veces inicié el estudio de la metafísica
pero siempre me interrumpió la felicidad.
                                               Guillermo H. Hudson

Perdon

                                                   a quien corresponda.

Como diría el poeta
nunca me gusto tu voz ni tu colonia
ni esas estancias tuyas en la iglesia

tu odiaste siempre mi falta de memoria
mi ateísmo familiar de espalda tiesa





miércoles, 15 de junio de 2016

La muerte de un rey. 35° parte.


                                                                                                  Latigazos de sombra desordenan tu cuerpo,
en la fotografía donde te estoy pensando,
y soy el extranjero que descubrió tu rostro
y se animó a escribirlo, que era como besarlo.

                                                                                                                                             Jorge Boccanera

                                                                                                             Alex el Turco, en el Bosque de Turdum.

Aún no atardecía. En ese planeta los crepúsculos no eran como en el planeta Tierra, pero Alex el Turco, uno de los últimos generales, aún los disfrutaba. Tomó un trozo de carbón y empezó a dibujar un rostro en un trozo de corteza de arcianés. Después dibujó los árboles que rodeaban ese rostro.
¿Por que no me voy de aquí? pensó.
Pero desde que había llegado al Bosque de Turdum el lugar lo había fascinado: las hojas de los árboles y el musgo en ellos, las delicadas flores de Valencia (que eran muy venenosas), el suelo fértil y pegajoso, los insectos dorados. Allí se quedó, añorando un poco los partidos de Racing y los domingos de asado y futbol, e incluso New York e incluso los Angeles e incluso Paris. 
Pero solo dibujaba el bosque.
Alex, oyó que alguien lo llamaba.
No puede ser, pensó él. Es Leonore.
Alex, el Rey está buscando la máquina.
Ya sabe de Rodrick y de Pauline. Si los encuentran...
Ya sé, ya sé, respondió él.
Puta madre, se dijo.
Voy a tener que buscarlos.
Amartilló el Colt y se lo puso en la cintura.
Pensar que podría haberme quedado en el Bajo Belgrano, escuchando a los Palmeras, pensó mientras se internaba en la selva.




martes, 14 de junio de 2016

The smiler with the knife under the cloak.( Y con Hierros ocultos las Traiciones)



Justo en mitad de la ensaimada
Se plantó y dijo: Babilonia:
Muy pocos entendieron
que quería decir el Río de la Plata.
Cuando se dieron cuenta ya era tarde,
quién ataja a este potro que galopa
de Patmos a Gotinga a media rienda.
Se empezó a hablar de víkings
en el café Tortoni,
y eso curó a unos cuantos de Juan Pedro Calou
y enfermó a los más flojos de runa y David Hume.

A todo esto él leía
novelas policiales. 

  
                                poema de Julio Cortazar a Jorge Luis Borges.

9 libros según Vargas Llosa

El Premio Nobel de Literatura peruano Mario Vargas Llosa no sólo es uno de los mejores escritores de nuestro siglo, también es un ávido lector, como debe ser, y recomienda estos nueve obras imprescindibles que leer antes de morir.
“El embellecimiento sistemático de la vida gracias a su refracción en sensibilidades exquisitas, capaces de libar en todos los objetos y en todas las circunstancias la secreta hermosura que encierran, es lo que confiere al mundo de La señora Dalloway su milagrosa originalidad”, explica el Premio Nobel.
2- Lolita, de Vladimir Nabokov
“Humbert Humbert cuenta esta historia con las pausas, suspensos, falsas pistas, ironías y ambigüedades de un narrador consumado en el arte de reavivar a cada momento la curiosidad del lector. Su historia es escandalosa pero no pornográfica, ni siquiera erótica. Una burla incesante de instituciones, profesiones y quehaceres, desde el psicoanálisis -una de las bestias negras de Nabokov- hasta la educación y la familia, permean el diálogo de Humbert Humbert”, explica sobre la obra.
3- El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad
Uno de los libros favoritos del autor, que dio lugar al clásico infinito del cine bélico ‘Apocalipsis Now’ una de las obras cumbre del director Francis Ford Coppola. “Pocas historias han logrado expresar, de manera tan sintética y subyugante como ésta, el mal, entendido en sus connotaciones metafísicas individuales y en sus proyecciones sociales”, comenta Vargas Llosa.
4- Trópico de Cancer, de Henry Miller
Una de las obras maestras de la literatura americana contemporánea del maestro de la evocación. “El narrador-personaje de Trópico de Cáncer es la gran creación de la novela, el éxito supremo de Miller como novelista. Ese ‘Henry’ obsceno y narcisista, despectivo del mundo, solícito sólo con su falo y sus tripas, tiene, ante todo, una verba inconfundible, una rabelesiana vitalidad para transmutar en arte lo vulgar y lo sucio, para espiritualizar con su gran vozarrón poético las funciones fisiológicas, la mezquindad, lo sórdido, para dar una dignidad estética a la grosería”, alega.
5- Auto de Fe, Elias Canetti
“Al mismo tiempo que los demonios de su sociedad y de su época, Canetti se sirvió también de los que lo habitaban sólo a él. Barroco emblema de un mundo a punto de estallar, su novela es asimismo una fantasmagórica creación soberana en la que el artista ha fundido sus fobias y apetitos más íntimos con los sobresaltos y crisis que resquebrajan su mundo”, apunta.
6- El Gran Gatsby, de Francis Scott Fiztgerald
Otra obra que ha sido llevada al cine y que recomienda el peruano. “Toda la novela es un complejo laberinto de muchas puertas y cualquiera de ellas sirve para entrar en su intimidad. La que nos abre esta confesión del autor de El gran Gatsby da a una historia romántica, de esas que hacían llorar”, indica.
7- El Doctor Zhivago, de Boris Pasternak
“…Pero sin esa confusa historia que los manosea, aturde, y, finalmente, despedaza, las vidas de los protagonistas no serían lo que son. Éste es el tema central de la novela, el que reaparece, una y otra vez, como leimotiv, a lo largo de su tumultuosa peripecia: la indefensión del individuo frente a la historia, su fragilidad e impotencia cuando se ve atrapado en el remolino del ‘gran acontecimiento”, sentencia.
8- El GatoPardo, de Giuseppe Tomasi de Lampedusa
“Como en Lezama Lima, como en Alejo Carpentier, narradores barrocos que se le parecen porque también ellos construyeron unos mundos lierarios de belleza escultórica, emancipados de la corrosión temporal, en El Gatopardo la varita mágica que ejecuta aquella superchería mediante la cual la ficción adquiere fisonomía propia, un tiempo soberano distinto del cronológico, es el lenguaje”, reflexiona.
9- Opiniones de un payaso, Heinrich Böll
“Opiniones de un payaso, su novela más célebre, es un buen testimonio de esta sensibilidad social escrupulosa hasta la manía. Se trata de una ficción ideológica, o, como decían aún en la época en que apareció (1963), ‘comprometida’. La historia sirve de pretexto a un severísimo enjuiciamiento religioso y moral del catolicismo y de la sociedad burguesa en la Alemania Federal de la posguerra”, finaliza.
Yo agregaría un décimo, que él no agregó por modestia propia:
La ciudad y los perros, de Vargas Llosa. 

Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia

Diario de Amalia

Tengo que volver a leer los apuntes, porque después de lo que pasó en el medio no me acuerdo de nada. Me siento en el balconcito, en la reposera y justo cuando estoy tratando de descifrar a Rodriguez Puigross, suena el timbre. Me siento tentada de no atender, pero mis catorce años de alumna en un colegio privado pueden más que yo.
Es Germán. Que tipo rompebolas.
-Hola"- me dice.
-Hola-le digo yo con cara de pocos amigos. Pero no la caza.
- ¿Puedo pasar?
- Está bien- le digo yo.- Estaba estudiando, pero está todo bien.
Tampoco la caza.
- Vos no sabés lo que me pasó- me dice- Vengo de la casa de Karen.
- Ah, yo también fui. La Peco estuvo llorando, fue medio un desastre, pero me parece que va a estar todo bien entre ellas.
- No, yo vengo recién. No sabés lo que pasó. Pero no le cuentes a nadie.
Odio cuando los hombres hacen eso. ¿Por que asumen que sé guardar un secreto? Pero la curiosidad mata al gato y siempre caigo.
- ¿Qué paso?
- Karen se está curtiendo a Gretel.
Creo que casi se me desencaja la mandibula. Rodriguez-  Puigross, Rottenmayer y todo el listado de apuntes para Constitucional pueden esperar. Esto es mucho más interesante.
- ¿Estás seguro?- le pregunto. El chico es del PRO y cree en las consignas de Durán Barba.
- Las encontré in fraganti. Según Karen, Gretel siempre le tiró onda.
- ¿Gretel? Pero se iba a casar con vos. Y anduvo con Julián. Yo creía que...
Germán me mira. La verdad, pobre pibe. Va a votar a Macri y encima esto.
- Yo también creía- me dice él.- Ya van dos novias que se vuelven lesbianas. ¿Será algo malo conmigo?
- No creo, German- que le voy a decir- probablemente sea que las dos son lindas y tienen buen cuerpo y a Karen le encantan las rubias.
- Si- me contesta él- a Karen le encantan las rubias. Me dijo que si a mi me lastimaba la echaba a Gretel, pero la verdad que... Karen es mi mejor amiga. No quiero perderla. Y además, como dice mi mamá... Pero mirá si se enamoran. Todo Recoleta se va a reir de mi.
Es cierto. Va a ser el hazmerreir del Patio Bullrich. Pero no le puedo decir eso. Tiene cara de gatito abandonado.
- No, no, Germán- le digo, para levantarle un poco el ánimo. - Van a decir que tipo tolerante, comprensivo.
- Gracias, Amalia- me contesta él- Vos siempre con una palabra de apoyo.
En este momento me siento más buena que la Madre Teresa. El muchacho se va, pero ya me arruinó la tarde. Tengo un chisme. Tengo que contárselo a alguien.






La muerte de un rey. 34° parte

                                                                      nos tenemos que ir
                                                                     porque en la ciudad si lo pensas bien
                                                                     no nos ata nada
                                                                     ni tu laburo en el peaje encerrada
                                                                     ni mi viejita que esta enterrada
                                                                                                        La Chicana

                                                                                         Bajo Belgrano. Ale Asad, El Turco. 2017.

Todo listo para el golpe de mañana, pensó el Turco. Había salido de la carcel hacía solo seis meses, pero el golpe lo venía planificando desde hacía cuatro años. Había muchas posibilidades de que todo saliera bien, pero si fallaba esta vez la cana lo iba a matar. Que se le iba a hacer.
Los otros siete se habían ido de putas a Berazategui, pero el estaba cansado. Le dolían los ojos y los pies y estaba demasiado tenso. Además sabía (despues de años de choreo) que lo mejor antes de robar un rapipago era estar bien descansado: nada de merca, nada de minas, nada de alcohol.
Entonces sonó el teléfono.
Casi no lo atendió por cábala. Después pensó, si era la cana, perdido por perdido.
Por lo menos tenía balas.
"Turco" dijo una voz saliendo de muchos años atrás. "Turco ¿sos vos?"
"La puta madre" pensó "el Chueco". Se había ido a Norteamérica hacía como diez años atrás, se había rescatado. Trabajaba en el Bronx, en un taller mecánico.
"Qué hacés, Chueco" le contestó .
"Turco, te tenés que venir para acá"
"Chueco, dejá de romper las bolas. Vos sabés que Yanquilandia no me gusta".
"No es eso. Nos tenés que ayudar. Estamos planeando robar un banco".
"¿De vuelta en la misma? Creía que no estabas más en la nuestra"
"No, esto es distinto. Es..." dijo el Chueco. "Si te lo explico por teléfono me vas a putear. O vas a pensar que estoy merqueando. Veníte para acá. Mañana te mando el pasaje".
Se quedó callado.
Irse a Norteamérica.
Su sueño de pibe, conocer Disneylandia.
"Ta bien, Chueco. No hace falta que me mandes el pasaje, yo me arreglo. Ademas por Ezeiza no puedo salir. Voy a tener que ir hasta la Triple Frontera".
"Gracias, Turquito. Vos sabés que en otras circunstancias no te llamaría, pero me parece que estos de acá van a hacer un plan de mierda y los van a encanar a todos. No los conocés, pero están bastante chapa. Vos me parece que podés ser la mente maestra. Chau, hermano. Te espero".
Colgó el teléfono. Tenía dos mil pesos, tres sobres de cocaína, dos mudas de ropa. Puso todo en un bolso negro. Pensó en sus amigos que se habían ido de putas y ahora cuando volvieran no lo encontrarían.
"Pobres pibes" pensó.
"¿Cuanto saldrá un pasaje en omnibus hasta Posadas?" pensó después. "Me voy a tener que comprar una Coca Cola y un sandwich en Retiro, para no morirme de hambre".



domingo, 12 de junio de 2016

Elis Regina

La mejor cantante del mundo, muerta tan joven. Cada hora que paso escucho esa cancion tocada por ella, "Aguas de marzo". Ojalá que su viaje a través de otros mundo sea tan feliz como fue el de este. Ojalá o como dicen los brasileros, Oxala. Ella nos proteje desde el cielo.