lunes, 26 de noviembre de 2018
Miedo a ¿emperatrices?
He tenido el precario gusto de leer ayer en el famoso diario La Nacion sendas columnas que describen a Cristina Fernández como algo así como una emperatriz, o en realidad lo que sugieran es que no es una emperatriz, sino una dominatriz malvada que usa un látigo y es seguida por una plebe furiosa y enceguecida. Un cuento digno de páginas más privadas, mire. La verdad es que el grado de poder que tiene Cristina Fernández lo ganó en buena ley: sabe hablar, sabe de política, es fiel a sus principios, se animó a plantear en sus dos mandatos cuestiones conflictivas como el matrimonio igualitario, que otros presidentes hubiera obviado porque le parecían inconvenientes. La otra parte de la verdad, que diarios como La Nación omiten, es que mucha de la gente que sigue a Cristina (sindicatos, intendentes, gobernadores, intelectuales, militantes de a pie) no son corderos mansos. Son hombres y mujeres preparados, con buena base política, que saben argumentar; son cualquier cosa, menos tontos o pasivos. Hablar de Cristina como el emergente de un pueblo idiota y enceguecido, es tomarnos por tontos; puedo no coincidir con muchas cosas con Cristina Fernández, pero es una política de pura cepa y eso merece respeto. Me molesta mucho la subestimación de los políticos por parte de los medios; parece que tuvieran algo malo por solo ser políticos. El principio de la política es la confrontación, la discusión; ser aparentemente bondadosa o encantadora o mostrarse débil puede parecer muy "femenino", pero no lo es. Si a Cristina la odian muchos no es por sus supuestos actos de corrupción, sino porque fue una muy buena presidenta. Porque sabía decir discursos, porque gobernó ocho años completos contra viento y marea, porque redujo la desigual distribución de la riqueza. Hay mucho odio de clase en esa imagen de "Cristina emperatriz". Cristina Fernández nunca aspiró a ser una emperatriz: fue una muy buena presidente, y se ganó el cariño y la admiración de cierta gente y el odio de otra parte de la gente, en muy buena ley.
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