de pólvora, ellos mandaron el acerbo
exterminio
Pablo Neruda
Rodrick, Aro
Mensajes, pensó Rodrick, pero no podía pensar.
Mensajes de todas partes.
Sarar, Tifanny, José. Pauline. Indigo, l´Ansal, Lemourne Filland, el Turco. Raschid, Eliza, Jorginho, Omar. Travis, Leonore, Henry. Ron Ron. Hungarian Gim.
Estoy cansado, pensó.
Odio esto.
Lisbeth. También Lisbeth. Como si ella no fuera la culpable de todo.
Pero el era el culpable de todo también.
Cuando dormía soñaba con su laboratorio. Soñaba que no había conocido a Pauline y que nunca le había enviado mails de fanático adorador a Sarar. Soñaba que Amparo y Oregón no habían existido. Soñaba que ahora no era nadie. Soñaba que seguía siendo un estudiante universitario. Soñaba que su tutor ponía una F gigantesca en su paper sobre insectos.
Y cuando despertaba estaba allí. En el valle de Aro, con mestizos deslumbrados ante ruedas y engranajes, casi reverenciado lo que en la ciudad donde había nacido daban por sentado. Lermoune Filland discutiendo con el Turco y asegurando que sin coriandro y pimienta de Jamaica le sería imposible volver a adecentar la caza de ningún lugar. Indigo dando órdenes (lo cuál era inverosímil, porque Indigo era incapaz de darle órdenes a nadie, pero allí estaba, delgada, casi transparente, gritando para que las viejas y los niños se subieran a los carros y Will sobre Veltrán, con algo de llanero venezolano, y Pauline también ayudando a Indigo aunque más que ayudar estorbaba como siempre hasta que ponía los Aristogatos en su reproductor virtual y los niños aplaudían como siempre ante las canciones y los gatitos sobre el piano.
Hungarian Gim, Jose y Sarar están de acuerdo. Hay un océano.
La noticia del océano había transformado a Jorginho. Lo había trastornado. Le enviaba mensajes cada cinco minutos. A Omar y a Eliza y a Ron Ron no podía importarle menos. No buscaban una salida del palacio. No estaban cómodos, había grandes probabilidades que el Rey decidiera torturar a Eliza y quizás también a Omar (ya sabían que torturar a Jorginho era inútil), pero Omar pensaría en los Dioscuros y en Robert Browning y Eliza en un vestido verde, en una historia de terror que le había contado Ron Ron, en las canciones de l´Ansal. ¿Por qué Lisbeth había dado la ubicación de la máquina?
Porque el la había creado.Lo entendió de pronto.
Lisbeth había sido la única que se había opuesto en un momento. Recordó esa noche. Había sido millones de años luz atrás, pero la recordó. Y se sintió un miserable.
En el fondo, ella tiene razón. Somos los Mil por culpa mía. Somos inmortales porque no pude soportar una F en un paper. Porque insistí. Porque Sarar me deslumbró, porque me dió lástima Eliza. Porque Travis, Leonore, Henry, Leroux me admiraban. Porque Amparo y Oregon... Soy el culpable de su muerte, cómo si los hubiera matado con mis manos.
Ya no hay manera de deshacer lo que hice y merezco que Indigo me esté gritando que si me subo al carro o que.
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