lunes, 19 de noviembre de 2018
Cárcel y muerte.
Una canción de los Redondos que cantábamos todos en mi juventud era Todo preso es político. Eso no es del todo cierto: una cosa es un preso político, alguien que es claramente perseguido más por sus ideas políticas y por sus acciones políticas, y otra cosa es un preso común. De toda manera, hay una realidad: la mayoría de los presos en carceles comunes y en comisarías son pobres. Como son pobres (un poco menos, pero pobres) los policías y los guardiacárceles. Esto no solo ocurre acá, ocurre en todo el mundo. La maquinaria judicial y carcelaria está pensada para que el pobre que delinque la pase mal: lo del rico que delinque es más complicado, porque sinceramente la ley está hecha para que el rico no vaya preso. A no ser que mate a alguien, o algo tan grave como eso, no va nunca preso. El principio más sagrado del cual se ocupa la ley es la de la propiedad privada; la vida humana está en segundo lugar. En un lejano segundo lugar en el caso de los presos por causas comunes: están todos juntos en la misma bolsa, narcotraficantes, asesinos, violadores, carteristas, ladrones de casas, asaltantes de bancos. En la cárcel obviamente tienen jerarquías, pero con nuestras cárceles es difícil pensar que un hombre se rehabilite; lo más probable es que apenas salga vuelva a ser delincuente. A la cárcel se la llama la tumba, lo cuál es definitivamente sombrío; una persona puede cambiar. Hay gente que cambia para peor, es cierto. Pero hay gente que cambia para mejor, que por más que haya sido un ladrón o un narcotraficante, no quiere volver a serlo al salir de la cárcel. Si la única idea que tenemos de los presos es que son algo así como escoria humana a la que se le puede hacer cualquier cosa porque está bien hacerles cualquier cosa, ese pensamiento habla mucho peor de nosotros que de los presos. Voy a plantear un caso extremo: un hombre que violó y mató a una mujer es una persona casi imposible de redimir, extraña para la mayoría de nosotros, irrecuperable por la capacidad de daño que tiene y el desprecio hacia otras personas que muestra. Si la justicia funciona correctamente, tiene que pasar el resto de sus días en la cárcel. Ahora, tiene el derecho a que no se lo torture, a que no se lo mate y a que por el resto de los días permanezca encerrado en la cárcel, a que se le de de comida y agua. Es un monstruo, es cierto; pero si como sociedad empezamos a ser monstruos nosotros a causa de una sola persona monstruosa, vamos muy mal. Estoy en contra de la pena de muerte no tanto por lástima a los pobres asesinos (muchos de ellos no son dignos ni siquiera de lástima) sino porque pienso que no hay peor castigo para una persona que piensa que puede eludir cualquier ley y burlarse de ella que ser encerrado el resto de su vida a cadena perpetua después de haber sido juzgado y de que los familiares y amigos de las víctimas lo hayan visto a la cara. Eso es demostrar que la justicia realmente funciona. Es cierto que muchas veces hay jueces y abogados corruptos, pero hay muchos que no lo son, y hay instancias superiores a las que acudir si se sospecha que un caso penal está siendo manipulado en beneficio de alguien.
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