lunes, 5 de noviembre de 2018
La acción y la razón.
Uno de los mitos más grandes del pensamiento de izquierda es que los sectores más empobrecidos de la sociedad, ante el crecimiento de la derecha económica y política, cuando se recortan sus derechos en salud, educación, se pierden empleos, hay poco dinero en la calle, se suben tarifas y precios de alimentos, van a ser vanguardia de revolución. Esa idea de cuanto peor mejor la he escuchado muchas veces y muchas veces he presenciado el desprecio que siente la gente de izquierda por la gente que no es violenta o que no piensa de forma violenta la política. La realidad es que la gente de izquierda se puede dar el lujo de pensar violentamente la política; no sabe lo que es no tener nada o casi nada. No hay nadie más conservador que una persona pobre. El pobre no quiere perder su casa, su trabajo , su ropa, su mercadito en la esquina de la casa que le fía. Cuando la economía de un país empeora, el pobre no explota, cómo dicen muchos manuales: el pobre implota. Va perdiendo de a poco lo poco que tiene. Un pobre que pierde el trabajo, aún un trabajito pésimo y mal pago que probablemente cualquiera de los militantes de izquierda rechazaría, se vuelve indigente en seis meses si no consigue otro. Sus hijos van a escuelas más pobres, con docentes más mal pagos y con menos recursos y los hospitales a donde pueden ir si se enferman tienen menos recursos económicos y más burocracias (una de las grandes puestas en escena que hace el sistema capitalista magistralmente es destruir el estado de bienestar, es decir, el que garantiza salud y educación e infraestructura y encuadrarlo dentro de la figura, algo fantástica, del "Estado elefante"; habría que responderle que la educación privada y la medicina privada son mucho más caras y generalmente peores que las estatales, y a los clientes les están cobrando). No digo que sea fácil para la gente de izquierda pensar estas variables; digo que a veces pensar que los pobres van a ser vanguardia de alguna revolución útopica es desconocer que la gente pobre conoce el miedo mejor que la gente de izquierda, y que en realidad lo que quieren es estar un poco mejor el día de mañana, no perder en dos días lo poco que tienen.
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