lunes, 26 de noviembre de 2018
Sociedades humanas.
Una de las controversias más inútiles de la filosofía es si el hombre es bueno o es malo por naturaleza. Podría responderse que la misma filosofía es contraria a la naturaleza: ningún tigre ha escrito nunca un tratado de ética. Si hay algo que los humanos no somos es naturaleza y ampararse en ella para justificar un comportamiento es olvidar que cultivamos trigo, criamos vacas y vamos al cine. La verdad es que el humano es un ser social por pragmatismo, para sobrevivir, pero no solamente por eso; muchos animales andan en manada. Somos seres sociales también porque tenemos conciencia. El individuo es un ente platónico, como la sociedad; aislarlo en puro consumo, como hace esta sociedad capitalista (porque lo de pos se lo regalo a los filósofos posmodernos) es hacer de él una nada misma. Cada persona es, potencialmente, cualquier persona; lo peligroso del anarquismo consumista actual es que cada persona es esa persona en tanto crea en el mercado. Y el mercado hoy lo ofrece todo: incluso los que hace cincuenta años atrás eran retirados de la sociedad bien por ser ciudadanos de segunda (negros, feministas, homosexuales) ahora son potenciales consumidores de libros y películas y el sistema capitalista piensa ¿por que no? Es mucho más difícil rebelarse contra un sistema líquido que se adapta a nosotros que contra un estado totalitario. El sistema capitalista nos llama a aceptarnos y a abrazarnos y a ser "lo que queremos ser", lo cual suena muy lindo, pero es un poco inútil. No siempre somos lo que queremos ser. Aún si trabajamos en el mejor trabajo del mundo o aunque tengamos toda la ropa que queramos. El pensamiento capitalista actual está formado para que los vacíos de la existencia sean llenados por nuevos objetos del deseo, fácilmente objetivables (es decir, que pueden ser comprados o vendidos de alguna manera) y para destruir cualquier tipo de vínculo entre las personas, no solo entre las remotas, lo cuál no es tan raro, si no entre las más cercanas. No solo odiaras a los gays o a la gente que vive en las villas, también odiarás a tus compañeros de trabajo, a tus vecinos, a tus amigos, a tu verdulero, y a la chica que cuida a tu madre enferma. Todas las cosas malas que te ocurren es por culpa, aparentemente, de otras personas, lo cuál es el colmo de la irresponsabilidad personal, porque si todo lo que te pasa es culpa de los otros, vos automáticamente ¿sos una especie de santo? ¿No te equivocas nunca? Personalmente sospecho mucho de la gente que se autoproclama buena persona; no hay que decir que lo sos, aunque pienses que lo sos, porque es imposible ser una buena persona siempre. Pero la modernidad actual nos da lo que necesitamos: nuevas religiones donde todo es espiritualidad (aunque hay que comer al mediodía), música zen, reflexiones que dicen que todo sucede porque conviene. Habría que tener el coraje de decírselo a un padre que perdió un hijo o a una mujer cuyo hermana fue asesinada por su pareja. No todo lo que sucede conviene. Hay que pensar, reflexionar y luchar de alguna manera para que este mundo, que está yendo tranquilamente hacia la catástrofe, cambie y mejore.
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