jueves, 31 de enero de 2019

Los Mares del Sur de Cesare Pavese

Solamente leí este poema de Cesare Pavese. Aunque personalmente prefiero la traducción de Humberto Lobbosco, traductor rosarino, mi desconocimiento de italiano me permite pensar que esta versión de Jorge Aulicino también es válida. Por las dudas, la publico en los dos idiomas: italiano y español. La gente que tiene suerte y ha tenido tiempo de estudiar italiano, puede disfrutar de este poema en su idioma original. Es uno de los más extraordinarios poemas que he leído.

Los mares del sur

Caminamos una tarde sobre la ladera de una colina,
en silencio. En la sombra del tardo crepúsculo
mi primo es un gigante vestido de blanco,
que se mueve tranquilo, el rostro bronceado,
taciturno. Callar es nuestra virtud.
Algún antepasado nuestro debe de haber estado muy solo,
un gran hombre entre idiotas o un pobre loco,
para enseñar a los suyos tanto silencio.

Mi primo habló esta tarde. Me pidió
que subiera con él: desde la cumbre se divisa
en las noches serenas el reflejo del faro,
lejano, de Turín. "Tú que vives en Turín
-me dijo-... pero tienes razón, la vida se vive
lejos de la tierra: se progresa y se goza;
luego, cuando se regresa, como yo, a los cuarenta,
se encuentra todo nuevo. Las Langas no se pierden".
Todo esto me dijo y no habla italiano
sino el lento dialecto que, como estas mismas piedras,
es tan áspero que veinte años de idiomas y de océanos diversos
no consiguieron pulirlo. Y camina por la cuesta
con la mirada ensimismada que vi, de chico,
en los campesinos un poco cansados.

Veinte años ha estado viajando por el mundo,
Se fue cuando yo era un nene en brazos de mujeres
y lo dieron por muerto. Sentí después hablar de él
a las mujeres, a veces, como en una fábula,
pero los hombres, más graves, lo olvidaron.
Un invierno, a mi padre, ya muerto, le llegó una postal
con una gran estampilla verdosa de naves en un puerto
y augurios de buena vendimia. Fue un gran estupor,
pero el muchacho, crecido, explicó ávidamente
que el billete venía de una isla llamada Tasmania
circundada de un mar muy azul, feroz de tiburones,
en el Pacífico, al sur de la Australia, y añadió
que, seguro, el primo pescaba perlas. Y guardó la estampilla.
Todos dieron su opinión, pero todos concluyeron
que si no había muerto, moriría.

Desde que jugué a los piratas malayos, ¡cuánto tiempo ha pasado!,
y desde la última vez que bajé a bañarme a un sitio mortal
y he seguido a un compañero de juegos sobre un árbol
quebrando hermosas ramas y le rompí la cabeza a un rival
y también me la dieron, cuánta vida transcurrió.
Otros días, otros juegos, otros sacudones de sangre
delante de rivales más evasivos: los pensamientos y los sueños.
La ciudad me ha enseñado infinitas pavuras,
una muchedumbre, una calle, me han hecho temblar;
un pensamiento, a veces, espiado sobre un rostro.
Todavía siento en los ojos esa luz burlona
de millares de faroles sobre el ruido de pasos.

Mi primo regresó terminada la guerra,
gigantesco como pocos. Y tenía dinero.
La parentela decía por lo bajo: "En un año,
por decir mucho, se lo comió todo y vuelve a vagar.
Así terminan los desesperados".
Mi primo tiene una cara rotunda. Compró un lote
en el pueblo y se hizo construir un garaje de cemento
con un flamante surtidor de nafta en el frente
y sobre la curva del puente, bien grande, un cartel metálico.
Después puso un mecánico adentro a cobrar el dinero
y él se dedicó a recorrer las Langas, fumando.
Se había casado. Tomó una chica rubia y delicada
como las extranjeras que seguramente conoció en el mundo.
Pero sale todavía solo, vestido de blanco,
con las manos atrás y el rostro bronceado;
por la mañana recorría las ferias, con aire cazurro,
negociando caballos. Después me explicó,
cuando fracasó el proyecto, que su plan
era quitarle al valle todas las bestias
y obligar a la gente a comprarle motores.
"Pero la bestia más grande de todas", decía,
"fui yo al pensarlo. Debí saber
que bueyes y personas son aquí la misma raza."

Caminamos más de media hora. La cima está cerca,
aumentan alrededor el susurro y el silbido del viento.
Mi primo se para de golpe y se da vuelta: "Este año
escribo en el cartel: Santo Stefano ha sido siempre
el primero en los festejos del valle del Belbo.
Y que chillen los de Canelli". Después, sigue la subida.
Un perfume de tierra y viento nos envuelve en lo oscuro.
algunas luces en la distancia, casitas, automóviles
que se oyen apenas. Y yo pienso en la fuerza
que me ha devuelto a este hombre, arrancándolo del mar,
de las tierras lejanas, del silencio que dura.
Mi primo no habla de los viajes que hizo; dice, seco,
que ha estado en este lugar, aquel otro,
y piensa en los motores.

Sólo un sueño le ha quedado en la sangre.
Se cruzó una vez, viajando como maquinista
de un pesquero holandés, con el cetáceo,
y ha visto volar los pesados arpones en el sol,
vio huir las ballenas entre espumarajos de sangre
y la persecución, y las colas alzadas y la lucha en la lanza.
Me lo recuerda a veces.

Pero cuando le digo que es de los elegidos que vieron la aurora
sobre las islas más bellas de la tierra,
sonríe al recordarlo y responde que el sol
se levantaba cuando el día era viejo para ellos.

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969
Versión de J. Aulicino

I mari del Sud

Camminiamo una sera sul fianco di un colle,
in silenzio. Nell'ombra del tardo crepuscolo
mio cugino è un gigante vestito di bianco,
che si muove pacato, abbronzato nel volto,
taciturno. Tacere è la nostra virtù.
Qualche nostro antenato dev'essere stato ben solo
- un grand'uomo tra idioti o un povero folle -
per insegnare ai suoi tanto silenzio.

Mio cugino ha parlato stasera. Mi ha chiesto
se salivo con lui: dalla vetta si scorge
nelle notti serene il riflesso del faro
lontano, di Torino. "Tu che abiti a Torino... "
mi ha detto "...ma hai ragione. La vita va vissuta
lontano dal paese: si profitta e si gode
e poi, quando si torna, come me a quarant'anni,
si trova tutto nuovo. Le Langhe non si perdono".
Tutto questo mi ha detto e non parla italiano,
ma adopera lento il dialetto, che, come le pietre
di questo stesso colle, è scabro tanto
che vent'anni di idiomi e di oceani diversi
non gliel'hanno scalfito. E cammina per l'erta
con lo sguardo raccolto che ho visto, bambino,
usare ai contadini un poco stanchi.

Vent'anni è stato in giro per ii mondo.
Se n' andò ch'io ero ancora un bambino portato da donne
e lo dissero morto. Sentii poi parlarne
da donne, come in favola, talvolta;
uomini, più gravi, lo scordarono.
Un inverno a mio padre già morto arrivò un cartoncino
con un gran francobollo verdastro di navi in un porto
e auguri di buona vendemmia. Fu un grande stupore,
ma il bambino cresciuto spiegò avidamente
che il biglietto veniva da un'isola detta Tasmania
circondata da un mare più azzurro, feroce di squali,
nel Pacifico, a sud dell'Australia. E aggiunse che certo
il cugino pescava le perle. E staccò il francobollo.
Tutti diedero un loro parere, ma tutti conclusero
che, se non era morto, morirebbe.
Poi scordarono tutti e passò molto tempo.

Oh da quando ho giocato ai pirati malesi,
quanto tempo è trascorso. E dall'ultima volta
che son sceso a bagnarmi in un punto mortale
e ho inseguito un compagno di giochi su un albero
spaccandone i bei rami e ho rotta la testa
a un rivale e son stato picchiato,
quanta vita è trascorsa. Altri giorni, altri giochi,
altri squassi del sangue dinanzi a rivali
più elusivi: i pensieri ed i sogni.
La città mi ha insegnato infinite paure:
una folla, una strada mi han fatto tremare,
un pensiero talvolta, spiato su un viso.
Sento ancora negli occhi la luce beffarda
dei lampioni a migliaia sul gran scalpiccìo.

Mio cugino è tornato, finita la guerra,
gigantesco, tra i pochi. E aveva denaro.
I parenti dicevano piano: "Fra un anno, a dir molto,
se li è mangiati tutti e torna in giro.
I disperati muoiono cosi ".
Mio cugino ha una faccia recisa. Comprò un pianterreno
nel paese e ci fece riuscire un garage di cemento
con dinanzi fiammante la pila per dar la benzina
e sul ponte ben grossa alla curva una targa-rèclame.
Poi ci mise un meccanico dentro a ricevere i soldi
e lui girò tutte le Langhe fumando.
S'era intanto sposato, in paese. Pigliò una ragazza
esile e bionda come le straniere
che aveva certo un giorno incontrato nel mondo.
Ma usci ancora da solo. Vestito di bianco,
con le mani alla schiena e il volto abbronzato,
al mattino batteva le fiere e con aria sorniona
contrattava i cavalli. Spieghò poi a me,
quando fallì il disegno, che il suo piano
era stato di togliere tutte le bestie alla valle
e obbligare la gente a comprargli i motori.
"Ma la bestia" diceva "più grossa di tutte,
sono stato io a pensarlo. Dovevo sapere
che qui buoi e persone son tutta una razza".

Camminiamo da più di mezz'ora. La vetta è vicina,
sempre aumenta d'intomno il frusciare e i fischiare del vento.
Mio cugino si ferma d'un tratto e si volge: "Quest'anno
scrivo sul manifesto: - Santo Stefano
è sempre stato il primo nelle feste
della valle del Belbo - e che la dicano
quei di Canelli ". Poi riprende l'erta.
Un profumo di terra e di vento ci avvolge nel buio,
qualche lume in distanza: cascine, automobili
che si sentono appena; e io penso alla forza
che mi ha reso quest'uomo, strappandolo al mare,
alle terre lontane, al silenzio che dura.
Mio cugino non parla dei viaggi compiuti .
Dice asciutto che è stato in quel luogo e in quell'altro
e pensa ai suoi motori.

Solo un sogno
gli è rimasto nel sangue: ha incrociato una volta,
da fuochista su un legno olandese da pesca, il cetaceo,
e ha veduto volare i ramponi pesanti nel sole,
ha veduto fuggire balene tra schiume di sangue
e inseguirle e innalzarsi le code e lottare alla lancia.
Me ne accenna talvolta.

Ma quando gli dico
ch'egli è tra i fortunati che han visto l'aurora
sulle isole più belle della terra,
al ricordo sorride e risponde che il sole
si levava che il giorno era vecchio per loro.




Pertenecer.

- ¿Che, estoy en la lista de los más ricos de la Argentina según la revista Forbes?
- No. ¿Cuanto ganas al mes?
- Treinta mil pesos.
- Eso son setecientos cincuenta dólares.
- Ah. ¿Cuánto me falta para estar entre los más ricos de la Argentina?
- Y, no sé, ¿podés comprar dólares?
- Bueno, no sé. Tengo que pagar el gas, el agua, la luz, el impuesto municipal, el API, comprar un escobillón nuevo en oferta, alimento para gatos, alimento para perros, fideos, me quiero comer un asadito el domingo.
- ¿Ves? Ahí está el problema. El asado.
- ¿De en serio?
- Claro. Tenés que hacer asado con osobuco.
- Pero ¿el osobuco no es un poco duro para hacer asado?
- El osobuco es lo top top en los restaurants de Miami.
- Pero ¿lo hacen asado?
- No sé, pero es top top.
- Pero mirá que invité a unos amigos a comer. No quiero quedar como una rata.
- Pero ¿cómo invitaste amigos a comer? ¿Un asado? Así nunca vas a ser rico.
- No, pero...
- Vas a seguir siendo pobre, pobre, pobre.
- Pero si los invito a comer asado de osobuco y a alguno no le gusta...
- No son tus amigos.
- Está bien. Gracias por el asesoramiento financiero. ¿Cuánto cobra como financial consulting?
- Diez dólares por diez minutos.

Sobredosis de hombres

Siempre envidié a mi mejor amiga porque tenía cuatro hermanas mujeres. Yo tenía un hermano hombre. Mi hermano desde pequeñito se sabía completa la formación de Boca y no solo la sabía: la recitaba. Todos mis tíos de parte de padre y de parte de madre son hombres. También: futbol, boxeo, asado. Futbol, boxeo, asado. Futbol, boxeo, asado. Política también a veces, pero la política por lo menos me interesaba. Pero era un poco de política y más futbol, boxeo y asado que otra cosa. Cuando quedé embarazada, tuve grandes esperanzas de tener una hija mujer. No tuve suerte. Salió varón. No sé porqué, y me sentí muy mal durante toda su infancia por esto, pero no le gustaban las Barbies; le gustaban los Max Steel. Es un juguete bélico, quería decirle, y además es un estereotipo sobre la figura masculina: no todos los hombres tienen esos abdominales. Y los tacos altos no le entran. Mi hijo no entendió el concepto: no sé si fué lo de los tacos altos, los abdominales o lo del estereotipo, pero el quería Max Steel y Hot Wheel (lo más triste para mí: no sé manejar). Me terminé resignando a mi suerte y le compré un Max Steel y varios Hot Wheel. Quería que fuera diseñador de modas o director de teatro: mi hijo compra ropa de segunda mano y no le gusta el teatro. O sea, como madre fui un trabajo. Cuando mi hijo tenía diecisés años descubrí que sabía bastante japonés y al año siguiente empezé a estudiar japonés. Para que por lo menos tengamos algo en común.

Razones para elegir la escritura como hobbie.

Si hubiera podido elegir, es decir, si en esta vida fuera posible elegir, hubiera elegido tener talento para la música o para la pintura o la escultura. No tengo talento (lo descubrí desde muy pequeña) para ninguna de las tres cosas. Y no me creo especialmente talentosa a la hora de escribir; pero descubrí la excusa perfecta de porque me gusta escribir cuando leí en un reportaje a George R. R: Martin las razones que lo habían llevado a empezar su saga Canción de Hielo y Fuego. El dice: cuando era guionista de televisión o de cine había muchas cosas que no se podían hacer porque eran demasiado caras. Costaban mucho dinero, entonces se elegía otro argumento que costara menos. Entonces me dedique a la escritura: la historia de Canción de Hielo y Fuego era tan cara, tan costosa, tan infilmable que en la televisión y en el cine no la iban a hacer nunca; pero a mí no me costaba nada, porque solo tenía que tipear mi vieja máquina de escribir o mi vieja computadora. Ese es el motivo exacto por el cual mi hobbie es escribir: porque es baratísimo. Realmente barato. Y con saber de ortografía y gramática basta: no hace falta, como en pintura, estudiar perspectiva y anatomía o como en música, saber de escalas y de intervalos, además de afinar un instrumento y practicar siete horas al día. En la literatura bastan con imaginarse una historia cualquiera y luego escribirla; a mí eso nunca me costó nada. Un escritor nunca miente: está contando una historia que no ocurrió, simplemente. No es lo mismo la mentira que la ficción, para nada. La mentira es lo opuesto a la verdad. La ficción es otro mundo paralelo al nuestro.

miércoles, 30 de enero de 2019

Sobre las estadísticas.

Hay gente a la que le encanta las estadísticas. No me encuentro entre ellas. Los números son cosas totalmente vacías si no se ve a las personas detrás de ellas. Por ejemplo, yo pienso que la inflación del 50 % que tuvimos en el 2018 fue un problema económico grave. Pero no insolucionable. En Argentina hemos tenido inflación del 1000% en el año 1989 y sobrevivimos. En cambio pienso que la estadística que muestra que cada 28 horas una mujer es asesinada en la Argentina por un hombre es gravísima. Porque esa muerte y esa mujer no es algo abstracto, númerico: es una persona concreta, a veces con hijos, a veces sin hijos, a veces jóvenes, a veces viejas, a veces solteras, a veces casadas. Pero es un ser humano que perdió la vida por culpa de otra persona. En materia económica y política puede haber discusiones y chicanas; ahora pienso que a cualquier mujer y a cualquier persona normal una mujer muerta cada veintiocho horas tiene que resultarle una estadística terrible. Ni siquiera hace falta ser feminista para darse cuenta de eso. No hace falta ser kirchnerista, massista, del PRO, o radical. Una mujer asesinada cada veintiocho horas en manos de un hombre debería ser para nosotros muchísimo más terrible y escandaloso que el aumento de la carne, porque si la carne aumenta, se puede comer otra cosa. La mujer asesinada no va a volver nunca de la muerte. No sé si los femicidios aumentaron o solamente son ahora más visibles y menos justificados, pero si sé que tiene que haber políticas públicas para prevenirlos e impedirlos. Y en los medios de comunicación habría que tener más cuidado en cómo se habla de estos crímenes: no por censura, sino porque los medios de comunicación (desde TN a CN23) tienen una responsabilidad social, porque son comunicadores sociales y llegan a mucha gente. Usar la curiosidad del público para tener más rating puede ser válido en un programa de chismes; en el caso de un femicidio, los periodistas tienen que pensar que están hablando de un ser humano, con amigos, familia y que un femicidio es un delito mucho más grave que un hurto callejero.

martes, 29 de enero de 2019

Stallone

Aunque no me gustó mucho Slepless in Seattle, me encantó la parte donde los hombres y las mujeres hablan de sus películas favoritas, y las mujeres nombran una clásica película romántica de los años cincuenta y los hombres cuenta que ellos lloraron muchísimo con las películas bélicas. En esto le doy la razón a los hombres: las películas bélicas hacen llorar más que las películas románticas. No hay novela más triste ni desesperanzadora que Primera sangre, en la cual está basada Rambo. Es una de las novelas más melancólicas que leí en toda mi vida, a pesar de la profusión de sangre y de muerte y tiene uno de los finales más crueles hacia sus personajes que he leído nunca; sobre todo, considerando que sus dos protagonistas no son malvados ni monstruos. Cuando era  chica era crítica común de cir que Sylvester Stallone era un idiota; pero, para desmentir a la crítica, Rocky es un clásico contemporaneo. Cuando leí la novela Primera sangre, me dí cuenta de que Sylvester Stallone no era ningún idiota: porque había leído Primera sangre y porque se había dado cuenta de que esa novela durísima era, potencialmente, una gran historia para hacer una película.

Lars von Triers

En una época en la cual las películas se dividen en taquilleras, poco taquilleras y muy taquilleras, su costo de producción y sus ganancias, Lars von Triers es una rareza. Porque filmó Dogville. Es cierto que están James Caan, Nicole Kidman, y Paul Bettany; pero en una época de puro CGI, filmar Dogville es de una osadía solo comparable a la que tenía Fritz Lang o Charlie Chaplin. No hay casi escenografía, no hay casi cambios de vestuario. Es una película desnuda. Lo único que se luce en Dogville es la actuación y la historia; como tiene que ser en las grandes películas. No soy una cinéfila exquisita, así que no podría decir que Dogville me "cambió la vida". Pero cuando terminé de verla me quedé sinceramente muda ante el talento de los actores y del director. Dogville debe ser una de las mejores películas que he visto en los últimos veinte años: no es poco decir.

lunes, 28 de enero de 2019

Primera sangre. 11° parte

Cuestión que Mendiola aceptó ser el abogado defensor de Valentín Bengoechea, por una suma irrisoria o como le gustaba decir a él, simbólica. Pidió vista del expediente, que le fue concedida, y todas las tardes se encerraba en su despacho; una tarde, cuando yo había terminado de recorrer diversos tribunales y me estaba comiendo tres empanaditas chinas con una coca cola con la cocina del estudio, me llamó al despacho.
- Me leí todo el expediente. En realidad son dos las vecinas.
Lo miré un poco aturdido.
- ¿Dos las vecinas?
- Disculpá, estaba hablando conmigo. En realidad no es como salió en los medios, en los diarios y revistas. Si Bengoechea es el principal sospechoso ¿por qué lo es?
- Porque hubo vecinas que lo oyeron pelearse con Paula y amenazarla de muerte.
- Bárbaro, pero ¿cuando lo hizo?
- Cuando volvió a buscar unos papeles. Según leí.
- Pero Valentín nunca nos dijo que volvió a buscar unos papeles. Según él, su pelea con Paula fue por culpa del juego de platos y él después se fué. Y no volvió nunca, ni a buscar papeles, ni nada.
- Entonces está mintiendo.
- Eso pensé al principio. Pero antes de preguntárselo a él, resolví leer el expediente. Y no es como salió publicado, para nada. Lo de la pelea entre Valentín y Paula fue bien pública: estaban Herminia, su sobrina, dos o tres vecinas tomando mate en el comedor, oyeron bien clarito a Bengoechea decirle que la iba a matar, y que después el juntó un par de cosas y se fué. Lo de los papeles fue unos cuantos días más tarde y la única testigo viva es una vecina que casualmente esa tarde había pasado por la casa de Herminia para planificar una salida al casino. La vecina cuenta que Paula casi no salía, que estaba un poco nerviosa, y que Herminia estaba preocupada por ella, que quería invitarla a ir al casino con ellas, y justo cuando estaban hablando de eso ven que Paula sale del cuarto donde vivía, abre la puerta de calle y, como la puerta de calle tiene vidrios traslúcidos, se pone a charlar con alguien. Cinco minutos, más o menos, dice la vecina, porque duró menos que la tanda de la telenovela. Pero tiempo suficiente para que Herminia y la vecina se olvidaran del casino, y se acercaran a la ventana que daba al patio. Cuando Paula termina de charlar, entra a la casa y Herminia le pregunta quién era el que había venido. Paula le dijo, como al pasar, que había sido (cita textual) "el hijo de puta de mi marido por unos papeles de mierda". Y volvió a entrar a la pieza. No hubo pelea en ese momento, y lo más raro de todo es que la vecina no puede acordarse si cuando salió Paula de la casa, antes de ponerse a charlar,  tenía o no papeles en la mano.
- Entonces ¿usted piensa que Paula puede haber mentido?
- Bueno, Paula era una chica joven, y es difícil que a una chica joven dos mujeres grandes y chismosas le resultasen dignas de confianza, más suponiendo que aceptamos la versión de Bengoechea, es decir, que estaba metida en problemas serios. Hay que ver quién fué esa persona que habló con ella, si era Valentín o era otra persona y Paula inventó lo de los papeles y lo del hijo de puta del marido para zafar la situación. Aunque yo creo que en esto Valentín dice la verdad.
- ¿Por qué?
- Porque lo que realmente lo incrimina es lo de la amenaza de muerte y eso es cierto. Hay muchos testigos. Si la pelea fue por el juego de platos o por otras cosas más densas, no tengo manera de saberlo, pero es cierto que esa pelea fue fuerte. No fue exactamente como la narró Bengoechea. No llegaron a golpearse, pero los escuchó media manzana. No creo que se llegue a tanto por un juego de platos.
- No, claro- dije yo- Pero a veces así se empieza.
- ¿Que decís?
- Bueno, no sé, pero a veces uno empieza a discutir por un juego de platos. Según Valentín, Paula estaba pasada de pastillas, pero él no me parece muy normal que digamos. Y si la historia que el cuenta es verdad, la situación de ellos no era exactamente una situación agradable. Quiero decir, ser testaferros del tal Zucchi, estar atados a él aún cuando él había desaparecido... ¿Vió cuando en la cancha un jugador agarra fama de tirarse al piso para fingir foul en cualquier situación, incluso si el roce fue leve?
Mendiola asintió.
- Bueno, a eso me hace acordar Bengoechea. La culpa de todo lo malo que pasó en su vida, aparentemente, la tienen Zucchi y Paula. Pero uno está desaparecido y la otra está muerta. Por ahí ella era adicta a las anfetaminas...
- Eso es cierto- me dijo Mendiola- Está en el forense.
- Bueno, pero el tenía eso a su favor. ¿No? Si no se drogaba. Si estaba limpio. Por algo Zucchi lo puso a controlarla a Paula. Me parece que Bengoechea es una persona muy inteligente, que sabe usar las debilidades de los otros como si fueran fortalezas. Hay jugadores que dan vuelta un partido completo con esa habilidad. Igual, no creo que las haya matado.
- ¿Por qué no lo crees, Trados?- dijo Mendiola, sonriendo, un poco divertido- Hay que desconfiar de todos.
- Si, pero una persona inteligente y calculadora evita los desastres. Si la única asesinada hubiera sido Paula, tendría su lógica. Pero ¿cuatro mujeres? Es como sí...
Mendiola me miró atentamente.
- Para ser un exfutbolista no sos nada tonto. Queda mal que lo diga como padre, pero en algunas cosas sos mucho más avispado que mi propia hija. Que no me oiga Esmeralda. Si, es por eso que tomé el caso. Porque es como si el asesino o los asesinos estuvieran más sedientos de sangre que de otra cosa. Y Bengoechea, definitivamente, no da el tipo de ese asesino. Pero, te lo digo por durísima experiencia. muchas veces uno se equivoca.



El ministerio de la verdad

No ví la serie sobre Trotsky. Leí muchas de sus críticas: todas oscilan entre la risa y el asombro por lo camp de la adaptación histórica. Mucho no me asombra, porque la mayoría de las películas históricas, desde Troya hasta Cleopatra, no se destacan precisamente por su verosimilitud: la única desventaja que parece tener la historia de Trotsky sobre aquellas, es que lo de Trotsky murió hace nada, apenas setenta años atrás y hay suficiente registros sobre su vida y su muerte como para hacer algo más académicamente riguroso. Pero el arte no es rigor y las mayoría de las obras de Shakespeare son falsificaciones sobre historias probablemente reales. Solamente se me da por pensar que es extraño que Rusia, un país donde durante años ser trotskista era la acusación más terrible que podía recibir una persona, y por la cual la pena capital era aceptada sin duda, y si eran un poco más bondadosos el exilio en Siberia, y que donde durante años aceptaron que la historia fuera reescrita en manuales escolares y poemas épicos para hacer desaparecer el nombre de Trotsky y de muchos otros protagonistas de la Revolución Rusa, haga ahora una serie donde Trotsky es aparentemente el héroe indiscutido, no solo vestido de cuero negro, sino además russian lover e increíble estratega. A Leon Davidovich Trotsky, que era un marxista convencido, un judío ateo y un ferviente estudioso de la historia del movimiento obrero, de sus causas y de sus consecuencias y le costaba mucho no opinar sobre un tema, seguramente le hubiera parecido una broma de mal gusto. A Orwell, el autor de 1984, una de las primeras distopías reales, y uno de los trotskistas más lúcidos que dió la historia de la literatura, creador del ministerio de la verdad,  probablemente le hubiera parecido genialmente irónico: de tanto borrar a Trotsky de la historia de la revolución rusa cuando los rusos deciden volver a integrarlo a  su historia lo convierten en un superheroe.

Primera sangre. 10° parte

Cuando Bengoechea se fue, Mendiola y yo nos quedamos un rato en su oficina. Mendiola se puso a hacer anotaciones raras en un cuaderno, más raras todavía porque la letra de Mendiola era una especie de araña espástica.
- ¿Vos le creés?- me preguntó de repente.
Juro que me agarró de sorpresa, sino por ahí hubiera respondido otra cosa.
- Sí.
- Es raro pero yo también. Andá a tu casa, pibe. Y gracias por bancarme los trapos, porque yo no sabía con que persona me iba a encontrar. Uno nunca sabe esas cosas. Lo que sí, de todo lo que oíste acá, ni una palabra a nadie.
Pero las promesas se las lleva el viento. Ni a mis viejos ni a mis hermanas les conté nada, pero al otro día me junté con el Brune a tomar una cervecita, que terminaron siendo tres, y la historia de Valentín Bengoechea, de Zucchi y de su presunta inocencia terminó copando el encuentro. Cuando me di cuenta de que me había mandado una macana grande como una casa -me podían echar del trabajo por eso- lo miré al Brune y le dije que por favor se olvidara de todo lo que le había contado, porque si no volvía a ser un ex futbolista desocupado.
- Mis labios están sellados- dijo el Brune con su mejor cara seria.
- Te lo estoy diciendo de verdad, pelotudo.
- Y yo también te lo estoy diciendo de verdad, pelotudo. ¿Te pensás que porque soy futbolista y tengo mejores gemelos que vos y muchísimo más arrastre con las minas, no sé guardar un secreto?
- Mucho más arrastre que yo... Anda, Brune.
- Ah, no, pipino. ¿A la morocha de la disco de Villa Gesell, hace exactamente dos años y medio atrás, quién se la ganó?
- Porque yo me hice a un lado como un buen amigo.
- Porque no te dio bola. Que buen amigo, ni buen amigo...
- Por eso nada más te merecés que la próxima mina que fiches yo te la saque.
- Me estás matando- el Brune se rió- Vos sacarme una mina.
- No solo la próxima que fiches. Te digo que si algún día te casás, o sea si algún día conseguís una mujer lo suficientemente estúpida para querer casarse con semejante mamotreto, hasta el día de tu muerte vas a dudar si yo no me acosté con ella antes, durante y probablemente después del matrimonio.
- No, pará que me va a dar un ataque de hipo.
- Y más todavía: el día que tengas hijos, morirás con la duda de si yo soy o no soy el verdadero padre. Vas a mirar al bebé en la cuna y vas a decir: oia, ¿esos no son los ojos de Trados? ¿La nariz de Trados? ¿La capacidad futbolística de Trados?
- Che, con amigos así, me conviene hacerme puto.
- Yo lo sospeché siempre de vos, Brune, pero no quería decírtelo.
- Si, por ahí no me conviene hacerme puto, sino cambiar de amigos. Pedí un café para mí, Trados, mientras voy al baño, pasado mañana vuelvo al entrenamiento y esta cerveza es la última que tomo en un largo tiempo. No sabés que suerte que tenés.
Yo la verdad extrañaba todavía un poco los buenos tiempos de entrenamiento casi espartano a los que nos sometían la nutricionista y el entrenador físico de nuestro equipo de fútbol, pero no se lo dije porque eso sería reflotar la culpa en el Brune por haberme lesionado y a esa altura de la cerveza y de la noche la cosa podía terminar en llantos mutuos e incómodos. Cuando el Brune volvió el café estaba servido y el Brune, con la cabeza ya despejada, me dijo:
- Bueno, yo te prometo no contarle nada a nadie, pero vos prometeme que me vas a seguir contando del caso. La verdad es que me aburro con el tema del entrenamiento y las prácticas y la verdad, Trados, tu vida se está volviendo más interesante que la mía.
- ¿Te das cuenta, Brune? Vos podés conseguirte todas las morochas de Villa Gesell que quieras, pero si una chica algún día quiere saber algo sobre el crimen de Berazategui, ¿a quién va a recurrir? A mí.
- Estoy temblando, Trados- me dijo el Brune. - Che, me tengo que ir a dormir.

domingo, 27 de enero de 2019

El síndrome mi hijo es un genio.

El hermoso síndrome de mi hijo es un genio lo sufren casi todos los padres y las madres y empieza exactamente desde que el niño empieza a gatear. Desde ese momento todos los padres y las madres estamos convencidos no solamente de que por el hecho de gatear nuestro hijo es un genio, sino de que es indudable que lo hace mucho mejor que los otros bebés. Ni punto de comparación con ese otro bebé del vecino, que no gatea convencionalmente sino que  pone una mano atrás y otra adelante y arrastra los piecitos: nuestro hijo gatea de verdad. Después viene el incómodo asunto de la comida: nuestro hijo generalmente la escupe y no acepta la coima del avioncito, es cierto, pero cuando lo hace demuestra hacerlo mucho mejor que otros chicos. En cuanto a ensuciarse, es cierto que los pequeños renacuajos tienen un arte especial para manchar la mejor ropa que tienen con chocolate o barro, pero no barro del común sino un barro asqueroso mezclado con césped, raíces, polen y otras cosas que mejor no queremos averiguar;  como nuestro hijo es un genio lo excusamos diciendo que los grandes cocineros y los grandes escultores empezaron así y ya estamos averiguando para inscribirlo a un taller de arte y a otro de cocina por las dudas. Es por eso que el momento más triste de la vida de un padre y de una madre con el síndrome mi hijo es un genio es cuando el nene entra a la primaria y nos entregan la primera libreta: ¿como que mi hijo tiene no satisfactorio en lengua, señorita maestra? ¿No ve toda la genialidad de nuestro hijo? Aparentemente, las maestras no lo ven. No lo comprenden. Nos indican que mejor lo ayudemos a hacer la tarea y es en ese momento, ayudandolos a hacer la tarea, que nos damos cuenta de que nuestro hijo si tiene una gran dosis de genialidad porque usa toda su capacidad histriónica y negociadora en no hacer la tarea. Le agarran veinte enfermedades y crisis nerviosas por minuto, que mágicamente se le pasan si lo invitamos a mirar un rato Cartoon Network. Tenemos ganas de usar toda nuestra hipocresía y cinismo juntos y decirles con voz de adulto que cuando nosotros eramos niños íbamos a la escuela religiosamente como Sarmiento, hacíamos toda la tarea sin chistar y nunca contradecíamos a la maestra y a veces lo decimos, pero nuestro hijo nos mira con cara de no creo que sea cierto, y si es cierto te estoy perdiendo mucho respeto en este mismo instante. Entonces, como padres, nos damos por derrotados: mi hijo es un genio, es cierto, pero definitivamente no es por herencia genética.

Del aburrimiento estético como arte decorativo

Nada me aburre más que ver la mayoría de las revistas de decoración argentinas y muchas de las de moda; son pocas las que se atreven. La decoración argentina es, desde hace años, intensamente chata: beige, gris, vidrio, metal, madera, marrón oscuro, negro y algo de rojo por allí. La moda casi lo mismo. Cuando abro una revista de decoración española o italiana me asombra que en espacios mínimos, definitivamente más chicos que mi patio delantero y mi comedor juntos, haya tanto color y tanta vida; los argentinos tomamos como hecho inamovible que para que una casa esté bien decorada tiene que parecer una especie de tumba en colores claros. La mejor casa para mí es en la que uno se siente cómodo; lo mismo pasa con la ropa. Le tengo mucho respeto a los diseñadores de moda, y a los vestuaristas, y a las modistas; sé que nada es tan difícil como coser, y que la tafeta y la gasa son telas hermosas, pero casi imposibles para cualquiera que no sea un genio con el hilo y la aguja. Prefiero mil veces a la gente que decora todo su living con recuerdos de Mar del Plata y de Villa Calamuchita, o que gasta parte de su dinero en animalitos de cristal; al menos sienten pasión por los viajes o por los animalitos de cristal, y se animan a defenderlo. Al menos alguien con un poco de personalidad decora esa casa, al menos alguien vive en esa casa; en las revistas de decoración o en las revistas de moda, parece que lo menos importante fueran las personas que viven en la casa, o la que lleva la ropa.

sábado, 26 de enero de 2019

Escamas

Para la mayoría de los seres vivos, nosotros somos aliens: seres extraños, casi sin pelos, que observamos sus vidas, destruimos sus hábitats, devoramos a sus hijos y, si los consideramos plagas, los destruímos sin piedad. Solo los gatos y los perros toleran nuestra compañía y a veces, ni siquiera ellos; muchos odian secretamente que los consideremos sus hijos sustitutos, que consideremos que elevarlos a la categoría de humanos es una especie de ascenso, cuando secretamente sabemos que la verdadera felicidad de un perro es seguir siendo un perro y la verdadera felicidad de un gato es seguir siendo gato. Moliner me dijo esto el día después de que enviamos las primeras muestras bacteriológicas de Venus hacia la tierra; dos días antes de partir hacia esta estación satélital, su perra Diana había muerto de vieja. Moliner la había llorado un poco, pero más quizás porque cuando la había adoptado ella era una cachorra joven, vigorosa, negra y peleadora y Moliner compartía todos esos atributos. Enterrar a Diana significó enterrar su propia juventud.
Con Moliner hablaba más que con el resto de mis compañeros. Sasha desciende de condesas rusas y de burgueses parisinos y detesta hablar de algo que no sea química inórganica y fractales; Luthien es parco y no tiene sentido del humor; a Guadalupe el cargo de jefa del lugar le pesa como si fuera un manto; Liev y Hamptom son tan extraños que es difícil hablar con ellos. En cambio a Moliner le gusta hablar, sobre todo de Hollywood y de mitología; de Hollywood porque ha hecho treinta peregrinaciones a la Meca del cine, con una devoción que envidiaría cualquier creyente; de mitología, porque antes de decidirse por las ciencias del espacio, estudió mitos griegos, egipcios y romanos, comparación y desarrollo histórico.
Las bacterias de Venus no son diferentes a nuestras bacterias: es decir, sabemos tan poco sobre una como sobre las otras. El robot AR34 las recogió negligentemente, al levantar una muestra del suelo. Luthien las descubrió y el descubrimiento hizo que abrieramos tres latas de caviar y dos latas de frambuesas. Las enviamos a la tierra, con las muestras del suelo venusino a las que pertenecían. Después empezó lo raro: en la tierra las bacterias no murieron ni se reprodujeron, sino que mutaron. Mutaron en escamas. Escamas grandes. Lo bastante grandes para pegarse al cuerpo de los científicos que las investigaban; lo bastante grandes para cambiar su metabolismo; lo bastante grandes para hacer que esos científicos abandonaran la vida en la tierra y fuesen a vivir al océano, con algo parecido a branquias y dedos que cada vez más se parecen a patas de anfibios. Cuando lo supimos, nos asustamos un poco, pero a ninguno de nosotros les había pasado algo parecido. Si las bacterias eran demasiado resistentes o los humanos demasiado débiles, eso es un detalle que no podemos dilucidar; tres meses después del envío de las bacterias, la mayor parte de la humanidad era anfibia, y probablemente se volvería totalmente anfibia en el transcurso de seis meses más, según los cálculos más optimistas.
Ahora debemos regresar. Tenemos un poco de miedo: sabemos que nuestro destino será el agua. Moliner intenta levantarnos el ánimo haciendo chistes sobre Neptuno y sobre Afrodita, que en la mitología romana era Venus, lo que vuelve el chiste algo incómodo. En todo caso, volver a los océanos no será demasiado terrible; ser un animal terrestre es también incómodo, porque uno es vulnerable a los incendios y a los terremotos. Quizás al final terminemos morando en las fosas abisales, donde hay cordilleras montañosas, animales fluorescentes y la luz del sol nunca llega del todo.

viernes, 25 de enero de 2019

Sobre las adicciones cool.

Uno de los mitos más extendidos de la psicología light es que la persona que es adicta a las drogas, legales o ilegales, lo es porque sufrió mucho durante su pasado. Siguiendo esa línea de razonamiento todos los sobrevivientes de Auschwitz, del genocidio armenio y del genocidio ruandés tendrían que haber muerto de sobredosis, y habrían muerto excusados por la psicología, porque si masacraron a toda tu familia en una cámara de gas estas como sobrado de razones para ser un adicto a las drogas. Curiosamente la mayoría de los sobrevivientes de Auschwitz,  los del genocidio armenio, y los  del ruandés no aprovecharon esa oportunidad y eligieron seguir viviendo sus vidas, en la medida en que esto les fue posible. Cada vez que veo la obra sobre un músico o un escritor o un pintor que es un genio incomprendido y que debe drogarse porque no comprenden su arte, y que se muere de sobredosis, y recién ahí comprenden lo realmente buenísimo que es su arte, o peor aún, que triunfa pero sus demonios internos lo hacen seguir drogándose y se muere igual, me da ganas de reirme. No debe haber personas en la historia con vidas tan poco interesantes como muchos escritores: pienso en Jane Austen o en Jorge Luis Borges. Johan Sebastian Bach se hubiera sorprendido de que lo consideraran un artista torturado: escribía obras por encargo, como Mozart o Beethoven. En cuanto a las artes plásticas, la idealización de Frida Kalho y de Vincent Van Gogh como grandes genios de la pintura por la mala vida que tuvieron raya con la crueldad: ni Frida Kalho ni Vincent Van Gogh disfrutaron los problemas de salud que tuvieron ni los eligieron. Probablemente hubieran dado mucho de su fama póstuma por diez años más de vida saludable. El problema con la mayoría del arte contemporaneo en general y sobre todo de la idealización de las adicciones cool es que muchas veces la biografía del artista es más interesante que su obra. Mucho peor: a veces es más extensa. No sabemos nada de Homero, salvo que escribió la Ilíada y la Odisea. De Kurt Cobain sabemos casi todo, incluso si no nos gusta el grunge.

Periodismo político

No me voy a meter con el periodismo de espectáculos, porque emulando a Beatriz Sarlo (ejem, ejem) no hay nada que disfrute más que leer Paparazzi, Pronto o Gente y saber cosas de mis artistas preferidos. Pero si me voy a meter muy seriamente con el periodismo político, porque últimamente veo que hay muchos periodistas que se consideran periodistas políticos por hacer notas urgentes sobre twits polémicos de políticos controversiales. Los adjetivos usados en la última parte de la oración no son míos: son los más utilizados en la mayoría de los portales de información que leo. Hay algo bastante básico: si tu decisión, tu ambición en la vida es ser periodista político, tenes que estudiar. Es triste, pero es así. Yo sé que la vida sería mucho más linda si no hubiera que estudiar, pero bueno, es como el impuesto municipal o acompañar a tu hijo a los cumpleaños infantiles, hay que hacerlo. Desgraciadamente para ser un buen periodista político tenés que saber un idioma, en lo posible dos; tenés que saber de historia, de economía, de geografía y de política. Y leer, leer mucho, no leer solamente tweets ni facebooks ni portales de noticias. Leer periódicos o diarios bien escritos, porque es triste lo que voy a decir, pero un periodista político que no puede leer una nota completa de New York Times o de The Economist porque le resulta "aburrida" y "pesada" y "no entiende los conceptos", es mejor que se dedique a otras actividades más interesantes como ser RRPP de una discoteca. La va a pasar bien seguro y va a conseguir descuentos los viernes y domingos para otras discos igualmente interesantes. Ser periodista político es una de las especialidades más complejas dentro del periodismo: leer una nota firmada por alguien que dice ser periodista político pero ni siquiera puede usar bien una oración subordinada y usa sustantivos como "Peronia" para referirse despectivamente a la Argentina, porque sabe que así muchos seguidores le darán un like es sentir que te están faltando el respeto y no solo a vos como lector, sino a la gramática, al periodismo, a la política y a los historiadores que vienen desde Inglaterra o EEUU para hacer una tesis doctoral sobre el peronismo -dicho sea de paso, los pobres historiadores no deberían molestarse en viajar a la Argentina, material de archivo hay un montón pero definiciones sobre el peronismo nunca ha habido ni probablemente habrá jamás: tendrían que enfocarse mas en el radicalismo, que es un movimiento con tantas divisiones y subdivisiones como el peronismo, tan inexplicable como el anterior pero que tiene la clara desventaja de que Andrew Lloyd Weber nunca hizo un musical sobre él; por lo menos sus tesis doctorales tendrían la frescura de la novedad y quizás algún compositor vanguardista se entusiasma con el tema.

jueves, 24 de enero de 2019

La real realidad

A una chica de doce años la viola un hombre de sesenta y amenaza con matarla si cuenta algo. La chica no le cuenta a nadie. La chica de doce años queda embarazada, pero no se da cuenta, ni ella, ni su familia, ni los médicos, hasta que no está en un embarazo de cinco meses. Cuando se enteran, la noticia trasciende a los medios -no se sabe como, porque siempre este tipo de casos termina trascendiendo en los medios, pero así es- y enfrente del hospital hay marchas provida y marchas apoyando el aborto. Primero de todo, lo que pienso es que en este caso el aborto es completamente legal y es una barbaridad obligar a una nena de doce años a parir aduciendo grandes cuestiones éticas (ética que dicho sea de paso no tuvo ni el hombre que la violó, ni la persona que hizo que este caso trascendiera a los medios masivos, ni los medios masivos que, en muchos casos, dejaron que se planteara un caso tan grave como si fuera un River-Boca o una pelea en Los Angeles de la Mañana). Los médicos decidieron practicarle una césarea; no entiendo demasiado de medicina, por lo cual pienso que si los médicos obstetras, que estudiaron medicina y se especializaron en ese campo, decidieron practicarle una césarea, supongo que habrá sido porque era lo menos riesgoso para la menor. La criatura que nació vivió pocos días, y en esos pocos días que vivió fue, junto con la chica de doce años, objeto de debate público. No se puede hacer eso. Una de las preguntas más estúpidas sobre el aborto que se le hace a un adulto es: ¿vos que harías? Cada uno puede tener formada su opinión acerca del aborto, pero en realidad en este caso si me la hicieran a mí, sería totalmente irrelevante, porque: a) no tengo doce años, b) no me violaron, c) no quedé embarazada producto de esa violación, y d) no detectaron ese embarazo recién a los cinco meses de gestación. El punto es que yo no soy esa nena de doce años; y lo más peligroso de todo, y lo veo en las redes sociales y en los medios constantemente, es que los adultos no somos adultos. Nos portamos como criaturas caprichosas para defender nuestro punto de vista. Una chica de doce años violada y embarazada no tendría que ser tema de debate nacional; no podemos alzar la voz y decir, porque yo estoy a favor de la vida, esa chica no tendría que abortar, que espere hasta los nueve meses y lo tenga y después lo de en adopción. Estamos sustrayendo algo bastante importante en esta visión: la chica de doce años es la víctima. Es menor de edad. Y es un ser humano, que bastante tuvo con todo lo que le pasó para que encima su vida y su cuerpo sean tema de discusión en programas televisivos y en redes sociales.

martes, 22 de enero de 2019

Primera sangre. 9° parte

- Si papá pensó que con su muerte Zucchi desaparecería de nuestras vidas, estaba equivocado. Walter Zucchi vino al velorio, vestido de negro, insistió en pagar el atáud y el coche fúnebre y la parcela, y nosotros, que habíamos quedado en la lona, no pudimos decir que no. Y lloró mucho en el entierro de mi viejo, lo cuál significaba que a su manera lo quería. Creo que papá fue lo más parecido a un amigo que Zucchi tuvo nunca, y que Zucchi fué el único amigo de verdad que tuvo mi viejo. Por eso, pienso, lo de la Sociedad Anónima.
- ¿Lo propuso él?
- Si, algo así. Ni mamá ni yo teníamos donde vivir. Mamá estaba trabajando cuidando enfermos de noche y yo quería irme a la ciudad. Del campo donde vivíamos nos teníamos que ir en dos semanas, porque iban a vender los caballos y sembrar soja. Zucchi apareció por el campo dos días después del entierro y yo quería matarlo, por todo lo que papá me había contado, pero a la vez... No sabía que hacer. No sé como me convenció de la sociedad anónima. Solamente tenía que casarme, me dijo, casarme legalmente con esa chica que no conocía. Todo estaría supuestamente a nuestro nombre y solamente por poner mi firma en un par de documentos recibiría una cantidad de dinero mensual. Una buena cantidad. Suficiente para mí y para mi mamá.
- Una buena oferta- dijo Mendiola.
- Buenísima, para mí. Inmejorable. No la conocí a mi esposa hasta el día que nos casamos. De entrada me cayó mal; era muy nerviosa y hablaba demasiado. Después me enteré que era adicta a las anfetaminas. Engordaba dos kilos: anfetaminas. Comía una porción de lemon pie: anfetaminas. Tomaba un trago con vodka: anfetaminas. Leía un libro de Deepak Choprah: anfetaminas. Paula era muy inteligente, había sido mejor promedio en su colegio y abanderada, y todos pensaron que iba a ser médica o abogada o algo así, me contó cuando vivimos juntos, pero empezó a tomar anfetaminas para estudiar mejor y para mantenerse delgada y para salir y en un momento dado su vida eran las anfetaminas. Mientras me lo contaba buscaba las tres anfetaminas que le quedaban en el bolso. Había jurado no tomar más, pero sin anfetaminas no se sentía bien. Era una inválida. Al final, terminé encariñándome con ella. Pensé que podía, no sé, limpiarse. Poco probable, pero... Ahora todos piensan que yo la maté ¿no es gracioso? Porque discutí con ella.
- ¿Y porqué discutiste con ella?- preguntó Mendiola.
- Esa es la parte más graciosa. Por los platos.
- No entiendo nada- dijo Mendiola. - ¿Que platos?
- Bueno, pasa que para entender lo de los platos... Con Paula, aunque estábamos casados, papeles y todos, no vivíamos juntos hasta que un día Zucchi me dijo, que por las dudas, que mucho en ella no confiaba, que mejor que la controlara, y el mismo me dió la dirección de Herminia y fuimos a vivir juntos. A Paula mucho no le gustó.
- ¿Y por qué Paula había accedido a ser testaferra de Zucchi? Eso no lo entiendo.- pregunté de repente. Mendiola me miró con un poco de enojo.
- Bueno- dije, poniéndome un poco colorado- pasa que no lo entiendo. Vos, en todo caso, con lo de tu viejo... Pero ella había sido abanderada.
- Nunca se me ocurrió preguntarle. Pero si Zucchi le pedía a Paula que hiciera algo, ella lo hacía sin dudarlo.
- Ahí hay otra punta- dijo Mendiola, por lo bajo.- ¿Pero que pasó con Zucchi y la bendita sociedad anónima?
- Bueno, ya sé que esta historia se está haciendo un poco larga. Pero lo que pasó fue que hace unos cuantos meses atrás Zucchi desapareció en la zona de Misiones. Nos enteramos por los diarios. Si está muerto, si se hace el muerto, si se fugó a Thailandia o a Luxemburgo, todas son posibilidades ciertas. La cosa es que los dos quedamos atrapados en un cuarto de Berazategui, con algo de guita en efectivo, pero no mucha, en un matrimonio falso. Yo le propuse irnos cada uno por su lado pero a Paula no le gustó la idea. Nos quedamos hasta que Zucchi vuelva, me dijo. A mí no me parecía muy seguro, lo mejor hubiera sido abrirnos, pero no la contradije: ¿y si tenía razón, y Zucchi volvía y no nos encontraba? Zucchi nos mataba a los dos. Lo prudente era quedarse. Pero Paula no aguantó la espera. Encima se le ocurrió que tenía que dejar las anfetaminas. Un desastre. Las dejaba tres días y después se tomaba dos juntas. Lavaba toda mi ropa, lavaba toda su ropa, la ordenaba, la desordenaba, la volvía a ordenar. Y lo de los platos...
- ¿Que pasó con los platos?
- Habíamos comprado un juego de platos buenos, en un bazar, para hacer más creíble lo del matrimonio. ¿Qué es lo primero que se compran unos recién casados o lo primero que les regalan? Un juego de platos. No lo usábamos, obvio, estaban en la caja cerrada. No sé porque a Paula se le metió en la cabeza que cuando ella no estaba Herminia venía, me pedía los platos prestados, yo los sacaba, se los daba, ella los usaba y después yo los guardaba de nuevo. La caja de cartón está cerrada, Paula, le decía yo. ¿No la ves? Además, con todos los quilombos que teníamos ¿que mierda importaban unos platos? Una tarde Paula había salido y yo me puse a ordenar la pieza. Maldita la hora. Sin querer corrí una silla, se cayó un televisor en desuso y aplastó la caja del juego de platos. Un desastre. Pero peor fue lo de Paula, cuando volvió y se dió cuenta de lo que había pasado: me empezó a gritar que lo había hecho a propósito, para que ella no confirmara que Herminia estaba usando sus platos, que era un hijo de puta, un hijo de puta con todas las letras, que Herminia y todas las otras conchudas que vivían en esa casa también eran unas hijas de putas, y yo empecé a gritarle, a gritarle que se callara, que se calmara, que ya estábamos bastante jodidos como estábamos, que si seguía gritando se iba a ir todo al carajo y  y ella siguió  gritando y cuando ella dejó de gritar yo junté un par de remeras y vaqueros en el bolso, y me fuí. Vi la cara de Herminia y de las vecinas cuando me iba. Y estuve parando en un hotel de Morón hasta que en la televisión salió lo del c rimen y que yo era el principal sospechoso y ¿qué juez me iba a creer la historia de los platos?