- ¿Vos entendés?
- No. Soy economista, pero no entiendo...
- ¿Qué quiere decir reperfilar una deuda?
- No sé... ¿Hacerle un lifting?
- Entiendo... Voy a hablar con el CEO de Visa, entonces, y voy a reperfilar mi deuda con la tarjeta de crédito.
- Intentá, pero no creo que te haga caso.
- La culpa de todo parece que la tiene Fernández.
- ¿El de Sueldos o la de Marketing?
- Nooo. Alberto. Y Cristina, también. Y también Aníbal.
- Pero ¿que hizo Alberto?
- No sé... Pero en todos los diarios importantes dicen que la culpa de todo el desastre económico es que Alberto Fernández habló.
- Pará, pará que me perdí. ¿Y Mauri? ¿Y Mariú? ¿Y Marcos? ¿Y Nicolás?
- Decime los apellidos. Porque si no parece que me estuvieras nombrando la lista de invitados a un cumpleaños.
- Ufa, ya estaba acostumbrado a llamarlos así. No me vas a decir que no queda cool. Es como si fueran nuestros amigos, casi. Bueno. Reperfilo las preguntas: ¿Y Macri? ¿Y Vidal? ¿Y Peña? ¿Y Dujovne?
- Bueno, Dujovne renunció. Se fue re chocho, eso sí. Dejó una cartita de despedida. Y Macri, y Vidal y Peña (y también Carrió y Pichetto) ya dejaron en claro que ellos no tienen la culpa de nada. La culpa de todo lo malo que pasó en la Argentina desde el 2003 hasta agosto de este años la tienen el kirchnerismo y La Cámpora. Y la culpa de todo lo malo que pasa en la Argentina desde agosto de este año la tiene Alberto Fernández. Porque le fue bien en las primarias.
- Pero en las primarias ni siquiera se elije presidente.
- Tiene la culpa igual.
- Perdoname, pero es como si Rosario Central le echara la culpa a todos los otros equipos de Primera A de que hace más de treinta años que no gana el campeonato.
- Pero ¿estás desinformado? ¿No leíste los diarios? Alberto Fernández tuvo muchos votos y el dolar subió. Alberto Fernández habló sobre la economía argentina y las acciones argentinas cayeron en Wall Street. Alberto Fernández opinó sobre el FMI y ahora estamos en default selectivo, que es casi casi como un default común, pero no me vas a decir que default selectivo no suena más chévere.
- Pero ¿y el presidente?
- ¿Mauri?
- Macri, sí. ¿Está haciendo algo para mejorar la situación económica? Porque hasta el diez de diciembre el presidente es él. Y es candidato a la reeleción. Todavía. Si lo reeligen ¿que va a hacer?
- No, bueno, está medio enojado, dice que las primarias no sirven para nada, y que Lilita le dijo que los milagros del Señor ocurren en octubre y que tiene confianza en el republicanismo argentino y que Dios y la Patria no van a permitir que los peronistas vuelvan al gobierno.
- Pero ¿y si lo reeligen?
- Ah, no se sabe. Mucho no se sabe.
- Lo importante ¿ellos lo saben?
- No, ellos sí, seguro... Van a reperfilar toda la Argentina. Es más, esa va a ser su consigna de campaña. Reperfilaremos la Argentina. ¿No me vas a decir que no suena bárbaro?
viernes, 30 de agosto de 2019
martes, 27 de agosto de 2019
Una película de terror
- Viniste con unas ojeras bárbaras.
- Si, es que... No me podía dormir y se me dió por ver una película de terror. De esas con un niño fantasma.
- La peor clase de película de terror.
- Ni me lo digas. No me extraña que tantas personas decidan no tener hijos. Imagináte, además de los pañales, la adaptación al jardín de infantes y ver Dora la Exploradora y Dragon Ball todo el día, que ya es bastante razón para no tener un hijo, encima uno ve esas películas donde el niño es una entidad del mal. Aparte, mucho no entiendo, porque ¿cuál es la idea? Alien, bueno, el monstruo es grandote y feo y encima incuba en tu interior. Depredador, bueno, el monstruo es grandote y feo y se mueve rápido. Freddie Kruegger, bueno, es grandote, feo, usa camisas rayadas y tiene dedos de cuchillos. Pero ¿un niño? ¿Por qué alguien le tendría miedo a un niño? Son chiquitos. No son demasiado inteligentes. No corren demasiado rápido. Es como tenerle miedo a una monja.
- Hay películas sobre eso.
- O a una muñeca.
- También hay películas sobre eso.
- O a un payaso.
- ¿Viste películas de terror últimamente?
-. Encima todo transcurría en una casa medio derruída. Pero la familia aparentemente tenía dinero. ¿Quién se va a vivir a una casa medio destruída, con insectos, manchas de humedad y goteras, si tiene dinero? ¿No pueden derribar la puta casa y hacer una en la cual los cuadros no se caigan?
- Se ve que la peli te pegó mal.
- Ey, un poco. Es que... Al final de todo, de todos los personajes, en la peli solo sobrevive una pareja amiga de la familia. Se los ve contentos, a punto de irse del pueblo, seguros de que todo lo malo ya ha pasado. Ya estan a punto de salir del pueblo cuando pasan adelante de la casa y ven en la ruta una sombra blanca.
- ¿Y?
- Y podés creer que los dos idiotas en lugar de meterle pie al acelerador, frenan el auto y se meten en la casa. ¿Qué clase de persona hace eso? No es como que te invitaron a una cena ahí. Hubo muertos. Hay un niño fantasma. Acaban de ver una sombra blanca.¿A que vuelven?
- ¿No sé? ¿Se habrán olvidado algo?
- ¿Qué cosa tan importante te podés olvidar para volver a una casa donde murieron un montón de personas? ¿El DNI? ¿El celular?
- Bueno, cálmate, los fantasmas no existen. Aunque dicen que en este edificio a veces el ascensor va al quinto piso solo. Sin que nadie lo llame. Pero no te preocupes, eso solo las noches de luna llena.
- Si, es que... No me podía dormir y se me dió por ver una película de terror. De esas con un niño fantasma.
- La peor clase de película de terror.
- Ni me lo digas. No me extraña que tantas personas decidan no tener hijos. Imagináte, además de los pañales, la adaptación al jardín de infantes y ver Dora la Exploradora y Dragon Ball todo el día, que ya es bastante razón para no tener un hijo, encima uno ve esas películas donde el niño es una entidad del mal. Aparte, mucho no entiendo, porque ¿cuál es la idea? Alien, bueno, el monstruo es grandote y feo y encima incuba en tu interior. Depredador, bueno, el monstruo es grandote y feo y se mueve rápido. Freddie Kruegger, bueno, es grandote, feo, usa camisas rayadas y tiene dedos de cuchillos. Pero ¿un niño? ¿Por qué alguien le tendría miedo a un niño? Son chiquitos. No son demasiado inteligentes. No corren demasiado rápido. Es como tenerle miedo a una monja.
- Hay películas sobre eso.
- O a una muñeca.
- También hay películas sobre eso.
- O a un payaso.
- ¿Viste películas de terror últimamente?
-. Encima todo transcurría en una casa medio derruída. Pero la familia aparentemente tenía dinero. ¿Quién se va a vivir a una casa medio destruída, con insectos, manchas de humedad y goteras, si tiene dinero? ¿No pueden derribar la puta casa y hacer una en la cual los cuadros no se caigan?
- Se ve que la peli te pegó mal.
- Ey, un poco. Es que... Al final de todo, de todos los personajes, en la peli solo sobrevive una pareja amiga de la familia. Se los ve contentos, a punto de irse del pueblo, seguros de que todo lo malo ya ha pasado. Ya estan a punto de salir del pueblo cuando pasan adelante de la casa y ven en la ruta una sombra blanca.
- ¿Y?
- Y podés creer que los dos idiotas en lugar de meterle pie al acelerador, frenan el auto y se meten en la casa. ¿Qué clase de persona hace eso? No es como que te invitaron a una cena ahí. Hubo muertos. Hay un niño fantasma. Acaban de ver una sombra blanca.¿A que vuelven?
- ¿No sé? ¿Se habrán olvidado algo?
- ¿Qué cosa tan importante te podés olvidar para volver a una casa donde murieron un montón de personas? ¿El DNI? ¿El celular?
- Bueno, cálmate, los fantasmas no existen. Aunque dicen que en este edificio a veces el ascensor va al quinto piso solo. Sin que nadie lo llame. Pero no te preocupes, eso solo las noches de luna llena.
martes, 20 de agosto de 2019
Todos esquiando.
- ¿No era lo mejor que teníamos? ¿ Elisa Carrió?
- Hace buenos chistes.
- Ni Malena Pichot se animaría a hacer un chiste sobre el asesinato del Gringo Soria.
- Se río todo el mundo.
- Dijo que no ganamos porque el verano en Europa es diviiino. Y que nuestros votantes están ahora allá, esquiando.
- Tiene razón. Mi prima Mirta está en Europa, esquiando en los Alpes Suizos.
- Ah... Y cuando vuelva ¿va a votar a Macri?
- No, vive allá desde el noventa y cuatro. Para ella el presidente sigue siendo Carlos Saúl.
- Pero, Lilita dijo que los nuestros están allá.
- Pero hace dos años atrás los nuestros no estaban allá. Estaban acá. ¿Qué hacen todos los nuestros allá? ¿Por qué no vinieron a votar?
- Viste como es Europa, hay que conocer los museos, los palacios, Versalles, la puerta de Alcalá, la torre de Pisa. Eso lleva tiempo.
- Bueno pero ¿para octubre vuelven? Y, lo más importante ¿nos votan?
- Por supuesto. Lo dijo Lilita. Ella tiene contacto directo con el de arriba.
- ¿Macri?
- Más arriba.
- ¿El embajador de EE.UU?
- Más arriba.
- ¿Donald Trump?
- Más arriba.
- ¿Steve Jobs?
- Steve Jobs está muerto. Además, no seas hereje. Lilita tiene contacto directo con Dios.
- A la puta, che. Entonces, entiendo, no votar a Cambiemos es casi una herejía.
- Una herejía, claro.
- Che, ¿podremos amenazarlos a los que no votaron a Cambiemos con la excomunión?
- Claro, claro, podríamos hablar con Francisco.
- Francisco me parece que es peronista.
- Que macana, che. Vamos a tener que amenazarlos con el riesgo país, nomás.
- Si, claro, tarde piaste.
- Hace buenos chistes.
- Ni Malena Pichot se animaría a hacer un chiste sobre el asesinato del Gringo Soria.
- Se río todo el mundo.
- Dijo que no ganamos porque el verano en Europa es diviiino. Y que nuestros votantes están ahora allá, esquiando.
- Tiene razón. Mi prima Mirta está en Europa, esquiando en los Alpes Suizos.
- Ah... Y cuando vuelva ¿va a votar a Macri?
- No, vive allá desde el noventa y cuatro. Para ella el presidente sigue siendo Carlos Saúl.
- Pero, Lilita dijo que los nuestros están allá.
- Pero hace dos años atrás los nuestros no estaban allá. Estaban acá. ¿Qué hacen todos los nuestros allá? ¿Por qué no vinieron a votar?
- Viste como es Europa, hay que conocer los museos, los palacios, Versalles, la puerta de Alcalá, la torre de Pisa. Eso lleva tiempo.
- Bueno pero ¿para octubre vuelven? Y, lo más importante ¿nos votan?
- Por supuesto. Lo dijo Lilita. Ella tiene contacto directo con el de arriba.
- ¿Macri?
- Más arriba.
- ¿El embajador de EE.UU?
- Más arriba.
- ¿Donald Trump?
- Más arriba.
- ¿Steve Jobs?
- Steve Jobs está muerto. Además, no seas hereje. Lilita tiene contacto directo con Dios.
- A la puta, che. Entonces, entiendo, no votar a Cambiemos es casi una herejía.
- Una herejía, claro.
- Che, ¿podremos amenazarlos a los que no votaron a Cambiemos con la excomunión?
- Claro, claro, podríamos hablar con Francisco.
- Francisco me parece que es peronista.
- Que macana, che. Vamos a tener que amenazarlos con el riesgo país, nomás.
- Si, claro, tarde piaste.
El caso Broemmer. 2º parte
Hace un año atrás Gutierrez me llamó. Habían desbaratado una banda de desarmadores de autos, compuesta por madres, padres, hijos, tíos, sobrinos, concuñados y consuegros. El nombre quizá les suene conocido: los Shunko, así los llamó la prensa. Ahora casi todos están en la cárcel, pero no era por eso que me había llamado Gutierrez. Gutierrez me había llamado por Sintaí.
Sintaí era la hija menor de uno de los desarmadores de autos. Al momento de la caída, tenía diecisiete años. Mala edad para cualquier mujer. Sintaí era casi de piel muy blanca y de ojos muy oscuros. Sintaí tenía un mechón violeta y otro azul. Sintaí iría, indefectiblemente, a una casa de tránsito hasta que cumpliera los dieciocho, cuando estaría por su cuenta el resto de su vida, quizás esperando que el resto de su familia saliera de la cárcel. Sintaí despertó la curiosidad de Gutierrez porque en el allanamiento habían encontrado recortes de diarios acerca del caso Broemmer. Según había podido comprobar Gutierrez, los Shunko, Sintaí incluída, habían vivido a dos cuadras de los Broemmer cuando habían ocurrido los hecho.
Fue por eso que Gutierrez me llamó, aunque yo ya estaba retirado.
Cuando llegué a la comisaría, Gutierrez me dijo que teníamos que ser rápidos en nuestro interrogatorio. En media hora llegaría la asistente social y Sintaí quedaría lejos de nuestro alcance.
- Pero ¿la chica dijo algo?
- Nada, hasta ahora.
- ¿Le preguntaste acerca del caso Broemmer?
- Sí, dijo que los conocía a Jeremías y a Nico, de vista, pero que luego no los había visto más.
Entramos a la oficina donde estaba Sintaí, sentadita, al lado de una pecera gigantesca con aserrín y piedras y ramas.
- Hola- le dije- Veo que trajiste a tus hamsters.
Sintaí me miró con desprecio.
- No son hamsters. Son reptiles.
- Veo- dije- ¿Están escondidos?
- Hibernando- contestó ella.
- Veo. Vengo porque, no sé si sabés, nos resultó raro encontrar tantos recortes en tu casa acerca de los Broemmer. Y me cuenta el comisario Gutierrez que conocías a los chicos. Los chicos desaparecidos. Jeremías y Nicolás.
- Sí, algo.
- Y, tu familia, ¿sabés por qué estan presos?
Sintaí volvió a mirarme con desprecio.
- Claro.
- ¿Y sabés porqué tenían tantos recortes del caso Broemmer?
Sintaí se encogió de hombros, con indiferencia.
- A tía Marta le gustaban las noticias policiales.
- Veo.- dije. La chica era una puta pared. - Pero ¿segura que tu familia no tuvo nada que ver con el caso Broemmer?
- Creo que no. Ya están presos. ¿Por qué no les preguntan a ellos? ¿A tía Marta, a Joaquín o a mi primo?
- Ya les vamos a preguntar- la verdad era que preguntarles era inútil. Por empezar, los recortes habían sido encontrados en una carpeta de dibujo, cubierta con stickers steampunks y con una etiqueta que decía Sintaí Shunko. Segundo, todos los detenidos se habían negado a hablar con nosotros. Sabían que estaban tapados de mierda hasta el cuello y que su única posibilidad de salir en pocos años era lograr que no se los asociara con ningún hecho violento. El caso Broemmer -la muerte de dos adultos, la desaparición de dos niños- había sido uno de los casos más violentos de los últimos veinte años.
Gutierrez me llamó aparte, y me dijo en voz baja, pero no en voz tan baja como para que Sintaí no lo oyera.
- Podríamos arrestarla. Estuve hablando con el juez, se la puede acusar de asociación ilícita como al resto de su familia.
Sintaí ni siquiera nos miró. Ni siquiera parpadeó. Miraba fijamente la pecera.
- No va a arrestar a nadie- dijo una voz sedosa que tanto Gutierrez como yo conocíamos bien. Era Murcia, el fiscal que se ocupaba de la causa.- ¿Que mierda están haciendo? ¿Quieren que nos impugnen toda la causa? Un año y medio entero de cruces telefónicos, de vigilancia y ¿a ustedes se les ocurre apretar a una casi menor?
Juro que no lo habíamos visto.
- Tenemos un montón de evidencia contra los Shunko. Contra todos ellos, menos contra esta chica y su hermana menor. ¿Qué mierda hacen? ¿Se dan cuenta que la chica los puede acusar de cualquier cosa? Encima, vos- me dijo- estás retirado. ¿Que hacés acá en lugar de estar tomando mate en tu casa?
- Encontramos recortes de diarios sobre el caso Broemmer en una carpeta de dibujo de Sintaí Shunko.- dijo Gutierrez. Pero parecía nervioso.
- Dejense de joder. Recortes de diario. Cualquiera puede tener recortes de diario.
- Ella conocía a Nicolás y a Jeremías Broemmer.
- Con más razón iba a tener recortes de diario. Ya mismo estoy llamando a la asistente social para que se la lleve. Y más vale que la chica no cuente nada de lo que pasó acá. Vos andate ya- me dijo- dejate de joder que si a los chicos Broemmer no los encontraron hasta ahora, no creo que esta rara los ayude en algo.
Tuve que irme. Un poco de razón tenía Murcia; los recortes no eran prueba de nada. Una adolescente impactada por un caso policial raro; ¿cuántas chicas así habría en el mundo? Miles. En todo caso, mientras la habíamos interrogado Sintaí no había parecido nerviosa ni preocupada, sino más bien indiferente.
Sintaí Shunko fue, como era previsible, a una casa de tránsito. A los cuatro meses se fugó, llevándose (cosa increíble) la pecera con los reptiles que yo nunca había llegado a ver.
Sintaí era la hija menor de uno de los desarmadores de autos. Al momento de la caída, tenía diecisiete años. Mala edad para cualquier mujer. Sintaí era casi de piel muy blanca y de ojos muy oscuros. Sintaí tenía un mechón violeta y otro azul. Sintaí iría, indefectiblemente, a una casa de tránsito hasta que cumpliera los dieciocho, cuando estaría por su cuenta el resto de su vida, quizás esperando que el resto de su familia saliera de la cárcel. Sintaí despertó la curiosidad de Gutierrez porque en el allanamiento habían encontrado recortes de diarios acerca del caso Broemmer. Según había podido comprobar Gutierrez, los Shunko, Sintaí incluída, habían vivido a dos cuadras de los Broemmer cuando habían ocurrido los hecho.
Fue por eso que Gutierrez me llamó, aunque yo ya estaba retirado.
Cuando llegué a la comisaría, Gutierrez me dijo que teníamos que ser rápidos en nuestro interrogatorio. En media hora llegaría la asistente social y Sintaí quedaría lejos de nuestro alcance.
- Pero ¿la chica dijo algo?
- Nada, hasta ahora.
- ¿Le preguntaste acerca del caso Broemmer?
- Sí, dijo que los conocía a Jeremías y a Nico, de vista, pero que luego no los había visto más.
Entramos a la oficina donde estaba Sintaí, sentadita, al lado de una pecera gigantesca con aserrín y piedras y ramas.
- Hola- le dije- Veo que trajiste a tus hamsters.
Sintaí me miró con desprecio.
- No son hamsters. Son reptiles.
- Veo- dije- ¿Están escondidos?
- Hibernando- contestó ella.
- Veo. Vengo porque, no sé si sabés, nos resultó raro encontrar tantos recortes en tu casa acerca de los Broemmer. Y me cuenta el comisario Gutierrez que conocías a los chicos. Los chicos desaparecidos. Jeremías y Nicolás.
- Sí, algo.
- Y, tu familia, ¿sabés por qué estan presos?
Sintaí volvió a mirarme con desprecio.
- Claro.
- ¿Y sabés porqué tenían tantos recortes del caso Broemmer?
Sintaí se encogió de hombros, con indiferencia.
- A tía Marta le gustaban las noticias policiales.
- Veo.- dije. La chica era una puta pared. - Pero ¿segura que tu familia no tuvo nada que ver con el caso Broemmer?
- Creo que no. Ya están presos. ¿Por qué no les preguntan a ellos? ¿A tía Marta, a Joaquín o a mi primo?
- Ya les vamos a preguntar- la verdad era que preguntarles era inútil. Por empezar, los recortes habían sido encontrados en una carpeta de dibujo, cubierta con stickers steampunks y con una etiqueta que decía Sintaí Shunko. Segundo, todos los detenidos se habían negado a hablar con nosotros. Sabían que estaban tapados de mierda hasta el cuello y que su única posibilidad de salir en pocos años era lograr que no se los asociara con ningún hecho violento. El caso Broemmer -la muerte de dos adultos, la desaparición de dos niños- había sido uno de los casos más violentos de los últimos veinte años.
Gutierrez me llamó aparte, y me dijo en voz baja, pero no en voz tan baja como para que Sintaí no lo oyera.
- Podríamos arrestarla. Estuve hablando con el juez, se la puede acusar de asociación ilícita como al resto de su familia.
Sintaí ni siquiera nos miró. Ni siquiera parpadeó. Miraba fijamente la pecera.
- No va a arrestar a nadie- dijo una voz sedosa que tanto Gutierrez como yo conocíamos bien. Era Murcia, el fiscal que se ocupaba de la causa.- ¿Que mierda están haciendo? ¿Quieren que nos impugnen toda la causa? Un año y medio entero de cruces telefónicos, de vigilancia y ¿a ustedes se les ocurre apretar a una casi menor?
Juro que no lo habíamos visto.
- Tenemos un montón de evidencia contra los Shunko. Contra todos ellos, menos contra esta chica y su hermana menor. ¿Qué mierda hacen? ¿Se dan cuenta que la chica los puede acusar de cualquier cosa? Encima, vos- me dijo- estás retirado. ¿Que hacés acá en lugar de estar tomando mate en tu casa?
- Encontramos recortes de diarios sobre el caso Broemmer en una carpeta de dibujo de Sintaí Shunko.- dijo Gutierrez. Pero parecía nervioso.
- Dejense de joder. Recortes de diario. Cualquiera puede tener recortes de diario.
- Ella conocía a Nicolás y a Jeremías Broemmer.
- Con más razón iba a tener recortes de diario. Ya mismo estoy llamando a la asistente social para que se la lleve. Y más vale que la chica no cuente nada de lo que pasó acá. Vos andate ya- me dijo- dejate de joder que si a los chicos Broemmer no los encontraron hasta ahora, no creo que esta rara los ayude en algo.
Tuve que irme. Un poco de razón tenía Murcia; los recortes no eran prueba de nada. Una adolescente impactada por un caso policial raro; ¿cuántas chicas así habría en el mundo? Miles. En todo caso, mientras la habíamos interrogado Sintaí no había parecido nerviosa ni preocupada, sino más bien indiferente.
Sintaí Shunko fue, como era previsible, a una casa de tránsito. A los cuatro meses se fugó, llevándose (cosa increíble) la pecera con los reptiles que yo nunca había llegado a ver.
viernes, 16 de agosto de 2019
El caso Broemmer 1º parte.
¿Cuando comienza una leyenda urbana? ¿Alguien la inventa? ¿Nadie? ¿Por qué algunas historias circulan como si fueran ciertas o, lo que es peor, casi ciertas, aunque nadie pueda comprobarlo? El caso Broemmer, soy consciente de ello, ya circula entre nosotros con la fuerza de una leyenda urbana; el haber sido testigo casual de esta historia que ahora se relata por lo bajo en bailes de preadolescentes, en reuniones de burako y en restaurantes de tenedor libre no me tranquiliza, exactamente. La mayor parte de lo que se cuenta es claro, mentira, pero es la parte que puede llegar a ser verdad la que a veces me desvela. Pero, primero, vamos a por las falsedades.
Primero, es mentira que Broemmer padre y Broemmer madre odiaran a sus dos hijos y que los maltrataran. No conocí a ninguno de los dos, pero hablé con varios de sus familiares cercanos, conocidos y amigos, y todos coincidían en que eran padres estrictos pero dedicados. Los niños Broemmer eran estudiosos, aplicados y limpios; quizás, había dicho la maestra de Jeremías, el menor de los niños, eran demasiado estudiosos, y eso es raro en un niño, pero no parecían niños infelices. Inclusive coleccionaban figuritas. Entré a la casa de los Broemmer dos días después de ocurrido lo ocurrido, revisé los cuartos y miré las fotos; eran una familia feliz, si tal cosa realmente existe.
Segundo, tampoco es cierto que Broemmer padre estuviera involucrado en actividades delictivas, como se sugirió después de su muerte y la de su esposa y de la desaparición de los dos niños. Broemmer padre era un aburridísimo numerario, como su esposa era una aburridísima secretaria, y si tenían una casa era gracias a que la habían heredado de la tía abuela de la mujer, y solamente iban al cine dos veces al mes con sus dos hijos para no gastar demasiado. Ví el Fiat de Broemmer padre en el taller mecánico y recuerdo que el mecánico me dijo que hacía un mes que estaba arreglado, pero que el pobre hombre no lo había podido pasar a buscar porque no tenía dinero para pagarle. Vi que Broemmer madre usaba los mismos zapatos dos años seguidos y que solo tenía un par de medias para salir. Eran, definitivamente, pobres y honrados; mala combinación, me dijuo Gutierrez.
Lo tercero que es definitivamente falso, aunque ya ha alcanzado el rango de verdad, es que los Broemmer eran muy religiosos. En la casa de los Broemmer no había un solo crucifijo ni una sola Biblia; ni siquiera una estampita de la Virgen Desatanudos. Es cierto que los niños iban a un colegio que pertenecía a la congregación de los salesianos, pero según me dijo la hermana de la madre lo hacían simplemente porque quedaba cerca de la casa y porque la cuota no era demasiado alta.
Esto es lo que es falso.
Esto es lo que es cierto: cuando Cristina Albarracín, la vecina que llevaba a los niños a la escuela y que a veces los cuidaba cuando sus padres estaban trabajando, tocó el timbre en la casa de los Broemmer una mañana no atendió nadie. Eso le extrañó: la casa estaba muy silenciosa. Llamó por teléfono y oyó como el teléfono sonaba adentro. Nadie atendía. Se puso nerviosa. De una rendija de ventilación salió un animal parecido a una lagartija; luego otra. Ambas dejaron huellitas de sangre con sus patas microscópicas, antes de internarse en un baldío cercano. Más nerviosa aún, llamó a la hermana de la señora Broemmer, que tardó solo quince minutos en llegar. Abrieron la puerta: en el living comedor estaban el señor y la señora Broemmer, acuchillados. Los niños, Nicolás y Jeremías, de nueve y siete años, no estaban. Nunca pudimos (uso el plural porque aunque pasé a retiro hace cuatro años me sigo considerando policía) encontrarlos, a pesar de nuestros esfuerzos.
Lo otro que es cierto: los niños Nicolás y Jeremías fueron vistos en quince ocasiones diferentes, por muchas personas diferentes. En diferentes lugares de la ciudad. En Unicenter, en las Galerías Pacífico, en las inmediaciones del Luna Park, en la Plaza Italia. Hay un par de fotografías de estas apariciones, no de muy buena calidad porque fueron tomadas desde celulares y de lejos, pero los niños parecían estar bien. En la última, inclusive, hace cuatro años atrás, Nicolás había perdido ya los rasgos infantiles, su cabello estaba más oscuro, su nariz había pasado a ser aguileña como la de su madre y tenía un arito en la ceja. También Jeremías ya tenía una cara ligeramente diferente. Pero eran ellos. Aunque interrogamos a los testigos en cada ocasión, aunque hablamos con gente que trabaja en el lugar, aunque registramos las cámaras de seguridad de las calles de la zona hasta el cansancio, no pudimos nunca llegar a ningún lugar. El dato se filtró, no sabemos como, no a la prensa, que no hubiera sido grave, sino al folklore popular. Y el rumor de que detrás del caso Broemmer había algo más que un crimen común se expandió como una mancha de aceite en el mar; imposible de remover, imposible de denegar.
Primero, es mentira que Broemmer padre y Broemmer madre odiaran a sus dos hijos y que los maltrataran. No conocí a ninguno de los dos, pero hablé con varios de sus familiares cercanos, conocidos y amigos, y todos coincidían en que eran padres estrictos pero dedicados. Los niños Broemmer eran estudiosos, aplicados y limpios; quizás, había dicho la maestra de Jeremías, el menor de los niños, eran demasiado estudiosos, y eso es raro en un niño, pero no parecían niños infelices. Inclusive coleccionaban figuritas. Entré a la casa de los Broemmer dos días después de ocurrido lo ocurrido, revisé los cuartos y miré las fotos; eran una familia feliz, si tal cosa realmente existe.
Segundo, tampoco es cierto que Broemmer padre estuviera involucrado en actividades delictivas, como se sugirió después de su muerte y la de su esposa y de la desaparición de los dos niños. Broemmer padre era un aburridísimo numerario, como su esposa era una aburridísima secretaria, y si tenían una casa era gracias a que la habían heredado de la tía abuela de la mujer, y solamente iban al cine dos veces al mes con sus dos hijos para no gastar demasiado. Ví el Fiat de Broemmer padre en el taller mecánico y recuerdo que el mecánico me dijo que hacía un mes que estaba arreglado, pero que el pobre hombre no lo había podido pasar a buscar porque no tenía dinero para pagarle. Vi que Broemmer madre usaba los mismos zapatos dos años seguidos y que solo tenía un par de medias para salir. Eran, definitivamente, pobres y honrados; mala combinación, me dijuo Gutierrez.
Lo tercero que es definitivamente falso, aunque ya ha alcanzado el rango de verdad, es que los Broemmer eran muy religiosos. En la casa de los Broemmer no había un solo crucifijo ni una sola Biblia; ni siquiera una estampita de la Virgen Desatanudos. Es cierto que los niños iban a un colegio que pertenecía a la congregación de los salesianos, pero según me dijo la hermana de la madre lo hacían simplemente porque quedaba cerca de la casa y porque la cuota no era demasiado alta.
Esto es lo que es falso.
Esto es lo que es cierto: cuando Cristina Albarracín, la vecina que llevaba a los niños a la escuela y que a veces los cuidaba cuando sus padres estaban trabajando, tocó el timbre en la casa de los Broemmer una mañana no atendió nadie. Eso le extrañó: la casa estaba muy silenciosa. Llamó por teléfono y oyó como el teléfono sonaba adentro. Nadie atendía. Se puso nerviosa. De una rendija de ventilación salió un animal parecido a una lagartija; luego otra. Ambas dejaron huellitas de sangre con sus patas microscópicas, antes de internarse en un baldío cercano. Más nerviosa aún, llamó a la hermana de la señora Broemmer, que tardó solo quince minutos en llegar. Abrieron la puerta: en el living comedor estaban el señor y la señora Broemmer, acuchillados. Los niños, Nicolás y Jeremías, de nueve y siete años, no estaban. Nunca pudimos (uso el plural porque aunque pasé a retiro hace cuatro años me sigo considerando policía) encontrarlos, a pesar de nuestros esfuerzos.
Lo otro que es cierto: los niños Nicolás y Jeremías fueron vistos en quince ocasiones diferentes, por muchas personas diferentes. En diferentes lugares de la ciudad. En Unicenter, en las Galerías Pacífico, en las inmediaciones del Luna Park, en la Plaza Italia. Hay un par de fotografías de estas apariciones, no de muy buena calidad porque fueron tomadas desde celulares y de lejos, pero los niños parecían estar bien. En la última, inclusive, hace cuatro años atrás, Nicolás había perdido ya los rasgos infantiles, su cabello estaba más oscuro, su nariz había pasado a ser aguileña como la de su madre y tenía un arito en la ceja. También Jeremías ya tenía una cara ligeramente diferente. Pero eran ellos. Aunque interrogamos a los testigos en cada ocasión, aunque hablamos con gente que trabaja en el lugar, aunque registramos las cámaras de seguridad de las calles de la zona hasta el cansancio, no pudimos nunca llegar a ningún lugar. El dato se filtró, no sabemos como, no a la prensa, que no hubiera sido grave, sino al folklore popular. Y el rumor de que detrás del caso Broemmer había algo más que un crimen común se expandió como una mancha de aceite en el mar; imposible de remover, imposible de denegar.
lunes, 12 de agosto de 2019
No vuelven más
- ¿Y ahora?
- Y, como que les fue bien en las PASO.
- Y, sí.
- Bastante bien.
- ¿Podemos amenazar con el fin de la república y que van a sacar Fútbol para Todos?
- Ya sacaron Fútbol para Todos.
- Ah... Claro.
- Se podría poner algo acerca de los mercados internacionales no van a confiar más en nosotros y que no van a venir las inversiones.
- Sí, algo así. Puede ser.
- Y que el dólar se va a disparar a niveles insospechados.
- Amenazar a los argentinos con una corrida cambiaria... No es buena idea. Lo raro en Argentina es cuando no hay corridas cambiarias. En esos momentos nos sentimos suizos o finlandeses.
- Claro.
- Yo te digo algo, la culpa de todo la tuvo esa oración... La repitieron demasiado. Así quemaron al gobierno. ¿Quién la inventó? ¿Durán Barba?
- ¿De qué estás hablando?
- Si hasta me hice hacer una taza en el 2016. Ahora me da cosa mirarla. Pero cuando la hice hacer me encantaba. Se la decía a todos mis amigos filokirchneristas.
- No me digas...
- Ahora me siento medio pelotudón.
- Si, yo casi me hice una taza también. Bah, eso fue en 2017.
- Peor estoy yo que me hice una remera.
- ¿Con el numeral y todo?
- Con el numeral y todo. Ahora ¿donde la uso?
- No sé ¿de entrecasa?
- ¿Y cuando viene mi hermana militante de la Cámpora, eh?
- Bueno, esperá hasta octubre.
- No, cada vez que la veo me parece que se burla de mí.
- Bueno, era una frase de burla.
- Pero no era para que se burlara de mí.
- Bueno, tapale el No vuelven más.
- Si, puede ser. Esperemos hasta octubre. Por ahí es cierto que no vuelven más. Si no...
- Si. Menos mal que no fue un tatuaje.
- Y, como que les fue bien en las PASO.
- Y, sí.
- Bastante bien.
- ¿Podemos amenazar con el fin de la república y que van a sacar Fútbol para Todos?
- Ya sacaron Fútbol para Todos.
- Ah... Claro.
- Se podría poner algo acerca de los mercados internacionales no van a confiar más en nosotros y que no van a venir las inversiones.
- Sí, algo así. Puede ser.
- Y que el dólar se va a disparar a niveles insospechados.
- Amenazar a los argentinos con una corrida cambiaria... No es buena idea. Lo raro en Argentina es cuando no hay corridas cambiarias. En esos momentos nos sentimos suizos o finlandeses.
- Claro.
- Yo te digo algo, la culpa de todo la tuvo esa oración... La repitieron demasiado. Así quemaron al gobierno. ¿Quién la inventó? ¿Durán Barba?
- ¿De qué estás hablando?
- Si hasta me hice hacer una taza en el 2016. Ahora me da cosa mirarla. Pero cuando la hice hacer me encantaba. Se la decía a todos mis amigos filokirchneristas.
- No me digas...
- Ahora me siento medio pelotudón.
- Si, yo casi me hice una taza también. Bah, eso fue en 2017.
- Peor estoy yo que me hice una remera.
- ¿Con el numeral y todo?
- Con el numeral y todo. Ahora ¿donde la uso?
- No sé ¿de entrecasa?
- ¿Y cuando viene mi hermana militante de la Cámpora, eh?
- Bueno, esperá hasta octubre.
- No, cada vez que la veo me parece que se burla de mí.
- Bueno, era una frase de burla.
- Pero no era para que se burlara de mí.
- Bueno, tapale el No vuelven más.
- Si, puede ser. Esperemos hasta octubre. Por ahí es cierto que no vuelven más. Si no...
- Si. Menos mal que no fue un tatuaje.
miércoles, 7 de agosto de 2019
El lugar del blanco
Iztli empezó a cantar. Las canciones las inventaba ella, era el rumor. El recaudador pensó que haberla llamado Iztli era una
crueldad de parte de su familia: la mujer no solo tenía la piel casi
transparente (las venas azules traslucían en sus brazos y en sus piernas), sino
que su pelo era tan claro que era casi blanco y sus ojos eran de un pardo
desvaído. Nada de obsidiana había en ella; no solo era absurdamente delgada,
sino que sus movimientos eran quebrados y temblorosos. Su canto, sin embargo,
era agradable.
Su familia le había contado la historia de la abuela de Iztli. La aldea, le
dijo Eren, estaba cerca del mar pero no demasiado; allí sobrevivían treinta
personas, de pelo claro y ojos claros, una rareza; cultivaban jitomates, chiles
y maíz; a veces pescaban. Los otros pobladores del territorio no se les
acercaban; se murmuraba que estaban malditos, se murmuraba que las mujeres
perdían niños antes de nacer, se murmuraba que ninguno llegaba a viejo. Quizás
nada de eso era cierto; la verdad es que cuando Acoatl llegó a la aldea y les
reclamó tributo, pidieron tres días y tres noches para deliberar. Le
pidieron además a Acoatl que se retirara a media hora de distancia. Acoatl
accedió. Tres días y tres noches Acoatl y sus hombres esperaron; cuando
regresaron a la aldea, encontraron las casuchas quemadas, las cestas
destrozadas, los cántaros quebrados, las pieles curtidas rasgadas y los
jitomates, los chiles y las mazorcas de maíz cubiertos de gusanos. En el medio
de la devastación había un cerco de cañas; en el medio del cerco había una niña
de dos años, pálida como todos los de la aldea, dormida abrazada a un coyote
tallado en madera. Cuando uno de los soldados la alzó (puede ser mala suerte
rechazar un tributo en carne y sangre, había advertido Moc, el segundo de
Acoatl) la niña se despertó; a Acoatl y a los soldados les pareció que de la
espesura salían cantos falsos de pájaros, de pájaros que se burlaban como si
fueran humanos. Pero quizás solo fuera idea de ellos. De todas maneras la niña
pasó a ser propiedad de Moc, y luego de un tiempo llegó a ser concubina de uno
de sus hijos, y tuvo varios hijos, pero ninguno de su color de piel, sino
cobrizos de piel y negros de pelo y luego uno de sus hijos había engendrado a
Iztli, entre muchos otros hijos que no eran como ella.
Iztli había tenido dos hijos, que ahora eran casi adultos. Ella sola,
comentaba su familia admirada, había inventado varios cantos e historias de
miedo, de risa o de llanto, e incluso de batallas, y se los había contado a sus
hijos, aún sabiendo que eran mentira. Fuera de sus cantos, Iztli era
supersticiosa y precavida y seguía religiosamente los ritos de los dioses.
Probablemente, se dijo el recaudador, ninguna de esas características era
extraña en una mujer; lo que la volvía extraña era la palidez de su cuerpo y lo
desvaído de sus rasgos. Poco a poco, los miembros de la familia se fueron durmiendo
y solo quedó Iztli despierta. El recaudador también tenía sueño, y la noche era
tibia. El sonido del mar se mezclaba con el canto de la mujer. Tres o cuatro
ratones aparecieron, royeron unas semillas de maíz en el polvo y se marcharon. Cuando
el recaudador estaba ya por dormirse, el mar se movió de una manera extraña,
como alguien sacándose una manta de encima; al recaudador le pareció ver una cara
sombría y como tallada en un cuerpo de tentáculos, una sombra de deslumbrante
blancura de espuma. Duró una sola fracción de segundo y luego desapareció.
Iztli siguió con su canto, y el recaudador pudo por fin dormirse.
A la otra mañana bebió solo agua caliente y masticó unas pocas semillas.
Iztli no estaba; había ido con otras mujeres a buscar miel de los árboles. La
familia lo despidió, luego de desearle bien viaje y de entregarle el tributo.
El camino más seguro hacia su ciudad era por la orilla del mar; a paso seguro,
era un día y medio.
A medida que avanzaba, el recaudador empezó a extrañarse del silencio. El
mar generalmente tenía un rumor tenue y constante, y de vez en cuando algún
pájaro trinaba o algún animal se lamentaba. Pero todo sonido iba
desvaneciéndose lentamente. Intentó recordar algunos de los cantos que había
oído los días y las noches anteriores. Abrió la boca; ningún sonido pudo salir
de ella. Se volvió hacia el mar. Ya no había olas; como un manto el agua se
descorría y entonces vió otra vez la cara sombría, el cuerpo de tentáculos que
le parecía haber visto la noche anterior. Uno de los tentáculos, como hecho de
espuma, se estiró y se enredó en su tobillo. Espantado, el recaudador se zafó y
empezó a correr en el sentido opuesto al mar. Corrió hasta que escuchó de nuevo
el silbido de un pájaro y se tumbó contra un árbol. Y volvió a quedarse
dormido.
No volvió al camino por la orilla del mar cuando despertó. Caminó durante
horas, hasta que llegó a la casa de la familia Teutle. Allí las caras estaban
largas, llorosas, asustadas. Quiso contarles su historia, aunque sabía que
sonaba imposible, pero el jefe de la familia Teutle se adelantó con sus
noticias.
-
Me han avisado esta mañana- dijo el hombre. Había perdido un ojo en una de
las guerras y era conocido por ser bravío, pero su voz ahora temblaba-
Technotitlan ha caído.
sábado, 3 de agosto de 2019
Juan Minujín
En la actuación la parte visual cuenta mucho: una persona bonita tiene más posibilidades que una persona fea de triunfar. De todas maneras, una persona bonita que además actúa bien es un plus; una cosa es ser lindo y fotogénico y otra es saber actuar, y en el caso de los actores, la capacidad actoral muchas veces nos termina convenciendo de que una persona que en la calle no miraríamos dos veces en el teatro o en la pantalla nos hipnotiza. Pero Juan Minujín, indudablemente, juega en el equipo de los lindos; además es cierto que le pone cierta vulnerabilidad y cierta ternura a cada uno de sus personajes que hace que uno como espectador termine vinculándose con él de una manera que no se vincula con otros actores, quizás incluso más carismáticos y con mejores pectorales. No todos los actores tienen esa capacidad: hay actores muy dúctiles y muy consagrados, pero que resultan distantes al público. Pero Juan Minujin tiene ese gran plus que es ser buen actor, ser muy buen mozo, y a la vez que la persona que lo ve actuar se identifique con el drama o la comedia o la tragedia que el protagoniza. No es poca cosa.
viernes, 2 de agosto de 2019
La drogadicción de los otros.
La frase de la gobernadora Vidal sobre el consumo de drogas, donde diferencia entre el consumo de marihuana entre personas de clase media (donde, aparentemente, está todo bien, y es una cosita menor) y el consumo de marihuana entre personas de clase baja (donde es supergrave porque de la marihuana el pobre salta al alcohol y el paco, automáticamente y sin problemas) es muy preocupante por varias cosas. Primero de todo: habría que aclararle a la gobernadora (porque aparentemente lo desconoce) que la marihuana y el paco son drogas ilegales, pero el alcohol en cualquiera de sus formas es legal. O sea, una persona puede ir presa por vender marihuana, paco, cocaína, extásis, o metaanfetaminas, pero en Carrefour el whisky, el vino y la cerveza se exhiben en las góndolas. Lo segundo que habría que aclararle es que es una clara discriminación hacia los adolescentes y jóvenes de clase media: está bien que ellos fumen marihuana, y si luego pasan a la cocaína, al paco y a las metaanfetaminas , pero los adolescentes y jóvenes pobres hay que cuidarles la salud. Es lo que se desprende de su frase. No soy de clase media precisamente, pero me preocuparía mucho pensar que la mayor parte de los padres de clase media e incluso de clase alta se pongan felices cuando descubren que su hijo o hija se droga; es más, creo que si se ponen contentos califican como pésimos padres. Porque aunque muchas veces se insista con que la marihuana es una droga inocua y que apenas causa adicción, he conocido a mucha gente que es adicta a la marihuana y no he visto que ninguno fuera una persona precisamente hipersaludable a nivel físico ni a nivel mental. Además de ser ilegal, causando el pequeño problema de que uno puede terminar en la cárcel por tener marihuana; no creo que a ningún padre o madre le encante la idea de ir a buscar a su hijo a una comisaría. Y hay una tercera razón por la cuál me parece grave la frase de la gobernadora Vidal: ella no es especialista en adicciones. Y es gobernadora de una provincia. Tiene una responsabilidad que le fue otorgada por la gente que la votó; no puede sentarse a repetir lugares comunes y frases hechas para intentar preservar su imagen. Porque ella no es una imagen ni una representación: es una política que está ejerciendo un cargo público importantísimo. El segundo cargo político más importante de la Argentina desde casi siempre; entonces por respeto a la gente que la votó y a la que no la votó también, tendría que referirse a los temas de las adicciones (que es un tema serio, complejo y referente a la salud pública, y diferenciado del narcotráfico, que es un tema de seguridad y control del crimen) con un cuidado mucho mayor al que lo hizo.
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