martes, 30 de octubre de 2018
La lejana tierra.
Hay gente que piensa que la ecología es lamentarse por por pobres perros perdidos y hacer huertas orgánicas en la casa. No digo que esté mal. Digo que es una decisión personal: hay gente (mi madre está entre ellas) a quienes los perros no le agradan especialmente y de todas maneras son muy buenas personas. En los últimos días vi publicado que Bolsonaro, el presidente electo del Brasil, va a sacar todo tipo de restricciones para arrasar con la Amazonia. Es un desastre ecológico. La Amazonia, como los bosques de la India y del Africa, son los pulmones del mundo. Sin árboles, no hay vida. Cómo sin agua no hay vida. Cómo sin abejas no hay vida. Hasta las serpientes venenosas son necesarias, aunque los humanos queramos creer que no. Hay un equilibro ecológico que cuando se rompe, es casi imposible de restaurar. En realidad, los humanos estamos locos: estamos criando chanchos alimentados con soja transgénica envenenada con glifosato, pollos engordados con maíz también transgénico, verduras y frutas rociadas con veneno, y compramos en el supermercado leche y yogurt que no sabemos muy bien que tiene. Y después dicen cómo hay tanto cáncer. Básicamente, nos estamos envenenando a nosotros mismos. Se pueden hacer miles de fundaciones contra el cáncer infantil, pero si se sigue vertiendo veneno en los ríos y se lo esparce en los cultivos, los chicos, los adultos y los viejos van a seguir muriendo de cáncer. El capitalismo es esto: no le importa arrasar con la vida humana ni tampoco con la animal ni con la vegetal, con tal de vendernos algo. No seremos más felices por comer sushi, ni seremos más inteligentes por manejar un Iphone, ni seremos más creativo por ir a Harvard. El capitalismo sabe vender muy bien la ilusión de la felicidad: ser adulto es aceptar que no vamos a ser felices y vivir con eso. Resolveremos tus problemas, dice esta especie de Brave New World. No resuelve ninguno: solo crea problemas nuevos. En esta entrada quiero agradecer especialmente a Soledad Barruti, que con su libro Malcomidos y su página de Facebook plantea muy bien esta problemática: nos preocupamos tanto por nuestro auto, nuestro celular y nuestra ropa de marca que olvidamos de preocuparnos por cómo nos alimentamos. Damos por sentado que las multinacionales son bondadosas porque tienen sonrisas en el empaque. Obviamente, no es así. Ningún holding es bondadoso, quiere maximixar su ganancia. El sistema capitalista es terrible porque es impersonal; no es una persona, ni siquiera un grupo de personas. Hay que luchar y luchar de en serio para que no se sigan cortando árboles, ni destruyendo ecosistemas ni vertiendo veneno en el agua y en la comida que bebemos y comemos todos los días. Y dejar de creer en la propaganda de los diarios. sobre todo con respecto a la comida y a la salud: la propaganda sostiene a los diarios, no al revés.
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