viernes, 27 de septiembre de 2019

Flora y fauna de la región de Eluyén.

Llegué al mediodía a casa del juez. Abrió la puerta una mujer de pelo y ojos oscuro, más bien baja, muy delgada; no me hizo pasar a la casa, sino que me llevó a una mesa de cemento que había en el patio, debajo de la parra y me alcanzó una jarra de vidrio llena de agua, hielo y limones cortados al medio y un vaso de metal. El señor juez se levanta de la siesta en media hora, me dijo y se fue.
  Duré había dejado de ser juez hacía más de dos décadas, pero para todos en Eluyén seguía siendo el juez Duré. Cuando ejercía tenía fama de ser poco accesible y poco permeable a los cambios; después de jubilarse, estas características parecían haberse acentuado. Desde que se había jubilado se había ido a vivir allí, a escribir un libro sobre el folklore de las provincias mediterráneas, decían algunos, a pintar paisajes de sierras, decían otros, a fabricar conservas de higos y de aceitunas, era la voz más extendida. Si yo me había llegado hasta ahí, era porque quería averiguar su versión sobre un caso criminal ocurrido casi treinta años atrás; estaba escribiendo un libro sobre eso, por encargo, ya lo tenía casi terminado, pero me había parecido que quizás la voz del juez que había investigado la causa le sumaría algo a la historia. Me había costado conseguir el teléfono del juez Duré y más aún conseguir que me autorizara a ir a su casa, pero después de insistir varias veces lo había conseguido.
Hacía calor. Una avispa voló dos veces cerca de mi cara y otra se posó sobre el borde de mi vaso. Las espanté con la mano. Sobre la mesa de cemento había un libro encuadernado en cuero; porque estaba aburrida lo abrí: había dibujos hechos en tintas de colores, de animales, de plantas. El entretenimiento del juez, pensé. Cerca de la raíz de la parra, ví que algo con pelos se movía; parecía atascado. Me acerqué. Era un animal parecido a una comadreja, pero con el pelaje iridiscente, entre el azul y el verde claro; en cuanto lo quise tocar, salió corriendo.
- No moleste al pinon- dijo el juez Duré. - Son ariscazos.
Había visto fotos de él, pero estaba mucho más viejo.
- Buenas tardes, señorita.
- Buenas tardes.
- Me estuvo revisando los dibujos.
- No- mentí- Fue sin querer.
- Claro- dijo el juez-. Sin querer. Es mi obra, sabe. Hace veinticinco años que trabajo en ella. El año que viene la voy a publicar. Flora y fauna de la región de Eluyén, se va a llamar. El animal que acaba de ver es un pinon. Hermoso, pero arisco. Aunque no es agresivo.
- Hermoso, sí.
-  Aunque hay otros que son más ariscos todavía. El yamberá, por ejemplo. Cinco años estuve para dibujarlo. Solamente tenía descripciones de baqueanos, pero ni una sola imagen. Recién después de cinco años y de mucha paciencia pude verlo bien para dibujarlo. Mire, acá tengo la imagen.
Me mostró un dibujo de una especie de cruza de perro afgano amarillento con cuernos largos como una cabra.
- Que bonito- dije. Estaba impaciente, pero sabía que no me convenía demostrarlo. Cuanto más impaciente es uno con la gente vieja, más lento hacen todo.
- También conseguí dibujar al jabual. Es parecido al quetzal, el ave nacional de Guatemala, pero más pequeño y de color más opaco, como puede apreciar- sacó el dibujo y me lo mostró. El pájaro era precioso, realmente. Nunca había oído hablar de él.
- Pero todavía no pude dibujar a un dermingo. Me han hablado de el, pero es difícil de encontrar. Bastante difícil.- El juez Duré pestañeó tres veces- Aunque ya me dijeron como.
- Muy buenos sus dibujos- le dije.
- ¿Tomó el agua con limones?- preguntó- ¿Le gustó?
- Tomé unos tragos. Rica. Justa para una tarde como hoy. Hace calor.
- Sí.- dijo el juez- Hace calor. Pero, usted venía para hablar del triple crimen de Ipiquin, ¿no?
- Estoy escribiendo un libro sobre ese caso- asentí.
- Claro. Creo que recuerdo algo sobre el caso. Pero algo, no mucho. Ya soy un viejo, sabe, y la memoria ya no es buena- me dijo Duré. Se sentó a la mesa, se sirvió un vaso de agua con limón y se lo tomó muy despacio. Cuando terminó me miró. Me parecía que hacía todo más lento a propósito, como desafiándome a que me impacientara. Pero eso no iba a pasar. Podía estar mirando sus dibujos y oyéndolo hablar de lo mucho que le había costado dibuja al jaunal o como carajo se llamara toda la tarde y toda la noche si era necesario.
Ya no quedaba casi agua en la jarra. El viejo sacó dos mitades de limón y se los exprimió sobre el brazo.
- Para espantar a los bichos. Me lo enseñó un baqueano. - me extendió el limon medio exprimido. Me dió asco y dije que no con la cabeza.
Entonces me picó el bicho. No era una avispa esta vez, era más parecido a una langosta, pero más grande. Me picó en la pierna.
- Un tucura- dijo el viejo. Sacó un dibujo del cuaderno. Debo reconocerlo; lo había dibujado casi perfecto.
Dos bichos más me picaron. No eran picaduras dolorosas, pero se me hicieron ronchas enseguida, ronchas entre verdosas y violetas.
- Entre cinco y siete minutos- dijo el juez Duré. No entendí que quería decir. Sentí el cuerpo pesado, de repente.
- Ya me dijeron, sabe. Me explicaron. Tengo casi todos los animales de acá dibujados, menos el dermingo. Difícil de atrapar.
Tres tucuras más me picaron. Casi no lo sentí. Mi piel ya casi no sentía nada.
- Me dijeron- siguió el juez- que les gusta la carne infectada con el veneno de tucura. Hay que dejarles la carne infectada cerca y ellos vienen y la comen. Generalmente andan de a tres; macho, dos hembras. A veces algún cachorro, con suerte. Si no, llevan la carne a las cuevas.
Yo casi estaba desmayada.
- Perdone que le haga esto- me dijo el juez Duré.- Pero es la única manera de dibujarlos y, si no dibujo los dermingos, mi libro Flora y fauna de la región de Eluyén no va a quedar completo.
Yo no contesté. Ya no podía hablar. Estaba paralizada.
- Dominga- gritó el juez. La mujer baja y delgada  vino.- Ayúdeme a llevar a la señorita al montecito, cerca del arroyo. Y traiga también mis herramientas de dibujo. No vengo a cenar. No me espere hasta mañana al desayuno.

viernes, 20 de septiembre de 2019

La cinta.

En voz baja todos decían que  era que tendría que haber sido Paula. A Paula le gustaba pintarse los labios y las uñas de negro, Paula trabajaba en el bar de la ruta de noche, Paula cuando no trabajaba salía también de noche, a veces a bailar, a veces con chicos, Paula escuchaba The Smiths y The Clash, Paula  contestaba mal. Lo que le pasó a Teresa le tendría que haber pasado a Paula, decían las primas y los amigos de la familia, y también la madre y el padre, que por ahí no lo decían pero lo pensaban, y a veces Paula lo escuchaba, y a veces lo leía en las caras de las personas que se cruzaba. Lo gracioso, pensaba Paula mientras buscaba la remera más sobria que tenía para ir a la misa en memoria de su hermana, era que cuando Teresa vivía no había día en que no la hubiera odiado. Teresa era un año y medio mayor que ella, y era mojigata y miedosa, y muy pacata, y siempre hacía comentarios de señora muy mayor aunque solo tuviera veintiún años. La primera vez que Paula compró un paquete de cigarrillos, Teresa lo encontró en el cajón de la cómoda y corrió a contarle a la madre. Teresa sabía cuáles exámenes había bochado Paula en la secundaria y sacaba la conversación en las sobremesas, introduciendo de paso, como quién no quiere la cosa, los nueves y los diez que ella se sacaba invariablemente en cualquier materia. Teresa lavaba toda su ropa los domingos y la ordenaba prolijamente en pilas sobre la cama y la planchaba y y la doblaba y la acomodaba en pilas prolijas, y cuando terminaba de hacer todo eso iba al comedor, a hablar por teléfono, a contarle a alguna de sus amigas que no podía compartir más la misma habitación con su hermana, que tenía toda la ropa repartida en cajas, en sillas, en montones en el piso. Un desastre, decía, no sé como seguir así. Siempre que hacía eso, claro, se aseguraba que Paula estuviera también en el comedor. Lo gracioso, pensaba Paula mientras mojaba los dedos en agua bendita y se persignaba, era que durante casi veinte años se había imaginado como sería la vida sin Teresa, como sería si un día Teresa se casara o se mudara a un departamento o se fuera a vivir al extranjero. Ahora que Teresa había muerto descubría que la vida sin Teresa no era muy diferente a la vida con Teresa; había un hueco liviano en el colchón de la cama de al lado, la ropa seguía apilada,  oliendo a Vívere y a mentol, la casa era más silenciosa y de pronto el padre ya no tenía que comprar veinte potes de yogurt Ilolay con arándanos, porque la única persona a la que le gustaba ese yogurt había muerto. En la heladera, igual, habían quedado dos potes; la madre esperó a que se vencieran y después los tiró a la basura. Desde el entierro la madre casi no hablaba de Teresa. El padre tampoco. Tampoco hablaban con Paula; simplemente la miraban y cuando los dos la miraban le recordaban que todos pensaban que la hermana equivocada había muerto de la muerte equivocada.
De noche, Paula soñaba que era Teresa. No  Teresa viva, ni tampoco exactamente Teresa muerta; sino Teresa pocos segundos antes de morir, y sentía siempre un desasosiego, un no entender, una sensación concreta de estar cayendo al vacío en un lugar oscuro. Teresa había aparecido en una de las rutas de acceso a la ciudad con un golpe en la nuca y tajos en el pecho. Quizás intento de violación, arriesgó la policía, pero no se sabía, había que hacer pruebas, no había sospechosos, no había testigos oculares. El lugar donde había aparecido era casi un basural, lleno de pañales usados, de colillas, de botellas de Pepsi vacías. En el sueño, antes de morir, Paula sentía el olor dulzón y pesado de la basura amontonada, el olor de la tierra seca, el olor del calor. Despertaba tranquila; sueño eso, pensaba, porque esa tendría que haber sido mi muerte, no la de Teresa.

La chica tendría que estar muerta, se dijo Cuellar. ¿Qué carajo hacía ahí, atendiendo su mesa? El la había matado.
- ¿Van a ordenar algo?- dijo la chica.
- Si, un Termidor, porción de papas fritas. Hace calor- dijo Alvarez- ¿No podrían subir los ventiladores?
La chica lo miró.
- No. No se puede. Orden de la gerencia.
- ¿Qué te parece?-le dijo Alvarez- Como la otra vez. ¿Qué se cree la pendeja esa? Cada cuatro meses, pasamos por este pueblito de mierda, y siempre nos trata mal. ¿Qué te pasa, Cue? Estás pálidoParece que hubieras visto a un fantasma.
Si, es un fantasma, piensa Cue. Pero yo la ví. La ví muerta, la ví tajeada.
La chica trajo el vino y las papa fritas. Sacó un destapador de su delantal de moza. Le costaba destapar la botella. Un mechó de pelo le caía sobre el ojo y la chica resopló, y se ató el pelo, y entonces Cue vió la cinta roja en la muñeca, la misma cinta roja que había visto tres meses atrás, la cinta roja contra la envidia le había dicho la chica cuando él le había preguntado para que era, un minuto después de verla en la ruta y diez minutos antes de matarla.

Paula no entendía porque le costaba tanto esa puta botella de Termidor, si lo hacía todos los días. Le sonrió débilmente a los hombres, como disculpándose de su torpeza, pero eso estaba imposible. Y la única que puede ayudarme, pensó, es Bori que está sola en la cocina, me va a matar, ella te descorcha una botella con una sola mano. Yo generalmente también, no sé que pasa, encima hace un calor. Ya está, le pido ayuda a uno de los dos, al más gordito que me pidió que subiera el ventilador no, mejor al otro, parece más amable.
- ¿Puede ayudarme a abrir la botella?- le dijo.
El hombre no contestó.
- ¿Puede ayudarme a abrir la botella?- volvió a decirle.
El hombre pareció asentir, pero se cayó al piso y empezó a convulsionar y a vomitar. Cue, Cue, gritó el hombre que estaba con el, donde dejaste las pastillas, pero el hombre no contestaba, y a Paula la botella se le cayó al piso y cortó bastante el brazo del hombre. A los gritos de Paula Bori salió de la cocina, y agarró la cabeza del hombre, pero ya estaba largando espuma rojiza por la boca, ya tenía los ojos en blanco y hubo una última convulsión y el hombre después se quedó quieto.
Bori le agarró la muñeca.
- Está muerto.
El hombre gordito miraba al muerto.
- Yo sabía que tenía un problema de convulsiones y el me había mostrado las pastillas. Se debe haber olvidado de tomarlas.
- ¿Era amigo de el?- preguntó Bori.
- Compañero de trabajo. Viajábamos dos o tres veces al año juntos. Ahora voy a tener que perder dos o tres días acá para resolver el tema administrativo. Puta madre.
- ¿Tenía familia?
- No, la verdad que no sé.
- Tapémoslo con un mantel- dijo Bori.-¿Estás bien, Paula?
- Si, por favor, pero que impresión.
- Bueno, no es culpa tuya. Si querés irte a tu casa, ándate.
- No, no- dijo Paula- Me quedo hasta que venga el médico, la policía, te ayudo.
- Bueno, bueno- dijo Bori- si te animás. Andá a llamar a la policía.- Paula se fué.
- Pobrecita- le dijo Bori a Alvarez- Le pregunto eso porque hace cuatro mese le mataron a la hermana. La encontraron afuera, en la ruta, destrozada a golpes. Una impresión. Encima, la hermana y ella eran iguales. Ellas nunca se dieron cuenta, pero todos los que la conocían lo decían. Como dos gotas de agua.
- Uf, que desastre. ¿Agarraron al que la mató?
- No, vió como es- dijo Boris.- Ayúdeme a tapar al muerto.

martes, 17 de septiembre de 2019

La reforma agraria

- Bueno, va la nota sobre la aprobación de la emergencia alimentaria.
- ¿De que qué?
- La ley que se aprobó en Diputados.
- ¿Qué? 
- Lo que pedía la gente en el acampe en la Nueve de Julio. ¿No te diste cuenta que la Nueve de Julio estaba cortada?
- No...
- Pero sos boludo... Había un montón de ollas populares, de carpas.
- Pensé que era una acampada de los boyscouts. 
- ¿Estás seguro de que la nota la escriba este muchacho? Vive en una nube de pedos. 
- Bueno, perdón, señor información. Hasta hace nada, un mes y medio atrás vivíamos en el mejor de los mundos cambiemitas, Mauri nos amaba, Mariú nos quería, Larreta nos acompañaba y Durán Barba nos escribía los eslóganes. Y podíamos comprar dos millones de dólares en un solo día. Ahora parece que hay aumento de pobreza, aumento de indigencia, aumento de inflación, aumento de periodistas opositores al gobierno, y encima Juan Grabois pide la reforma agraria. ¿Entendés? ¿En qué momento pasamos del fracaso del populismo en toda América Latina excepto en Venezuela a discutir la reforma agraria en Argentina? Mirá si me llegan a dar un pedazo de tierra en el medio de la pampa chúcara. ¿Qué hago? Voy a tener que tener una escopeta para luchar contra los perros cimarrones, los pumas, los lobos, los osos, los malones...
- No hay lobos ni osos ni malones en la Argentina.
- Bueno, una lechuza grande también me da bastante miedo. Mirá si anida en el comedor, si anida en el comedor y pone huevitos y nacen las lechucitas y la madre le da de comer gusanitos vivos en la boca.
- Bueno, vamos anotando. Si a vos te toca la reforma agraria, que los cien metros cuadrados que a vos te toquen sean en Alto Palermo, con WI FI, y Burguer King y Mc Donalds. 
- El Mc Donalds de Alto Palermo no. Está el payaso en tamaño natural. Y hay demasiados niños. Que tomaron demasiada Coca Cola. Tirandose pelotas de colores. En los peloteros. Me da escalofríos.
- Bueno, ya sabemos quién de acá no va a ir nunca de  corresponsal de guerra. ¿No querés hacer notas de la sección espacios verdes' y jardines?
- No, no tuve mala experiencia. Una vez hice. Acá, cerca, en el Botánico. Inauguraban un invernadero.
- ¿Y? ¿Qué te pasó?
- Me picó una abeja. 

jueves, 5 de septiembre de 2019

Placas madre

Anoche ocurrió nuevamente. Un robot asistencial, cuyo trabajo era cuidar a los ancianos moribundos de una residencia para ancianos, fue atacado brutalmente cuando volvía de hacer las compras diarias. Fue atacado con un soplete, con una maza, con un cortafierro, con Coca Cola vertida en su placa madre, con grasa grafitada untada con cuidado sobre su tablero táctil de comandos. Salió en las noticias. La dueña del establecimiento lloraba, mientras decía que era el tercer robot asistencial que era le había sido destruído en el lapso de cinco meses, que para comprarlo había tenido que hipotecar su casa y que ya no sabía que iba a hacer.
Nadie se imaginó que algo así pasaría, salvo George. Yo estuve allí cuando se desarrollaron los códigos para crear los robots asistenciales, robots que aparentemente solucionarían los grandes problemas laborales de los seres humanos. Un robot asistencial podía hacer cualquier tarea desagradable que a los humanos no les agrada hacer, por ejemplo, desastacar cloacas, limpiar baños de bar hediondos, lavar sábanas manchadas de orina, cambiar vías intravenosas y levantar ancianos con la cadera quebrada; gracias al trabajo exhaustivo durante cinco años del nuestra sección habíamos logrado que el código imitara casi perfectamente la inteligencia, la sensibilidad y el comportamiento humano.
- Ahora solo queda- dijo George- que los humanos imiten la inteligencia, la sensibilidad y el comportamiento humano.
- ¿Qué quieres decir?- preguntó Aduki.
- Que no sé si es buena idea que los robots asistenciales sean como los seres humanos.
- No lo serán. Serán como los seres humanos, pero sin sus defectos. Sin sus fallas. Sin sus mezquindades.
- No sé si es buena idea tampoco- fue la respuesta de George- Nadie quiere a los santos.
Al medio año salieron a la venta los robots asistenciales. Venían en diferentes diseños, dos de ellos con ruedas silenciosas, otro con orugas semejante a las de un tanque de guerra y uno bastante más cool que flotaba mediante un sistema de imanes complejos: dos en bordeaux, uno en verde menta, y otro en crema. En un principio no hubo demasiadas ventas; pero un poco de publicidad en las redes y el hecho de que junto con ellos se regalaran dos juegos de acolchado de marca cara contribuyeron a que en poco tiempo tuviéramos lista de espera para los robots asistenciales, preferentemente en color verde menta. Lo que se dice, un batacazo. Incluso mi tío Brenn se compró uno, solo para que le lavara el auto, le cortara el césped, le limpiara la pileta y otras actividades que lo hacían transpirar. Si no eras pobre, tenías que tener un robot asistencial; era una marca de distinción, como las zapatillas y los celulares. La gente sacaba a pasear a los perros ahora, y a su robot asistencial. La primera vez que ví el espectáculo (un labrador lento y viejo y un robot de los bordeaux, pequeño, de los que familiarmente en la empresa llamábamos Beetle) pensé en hablarle a la persona y explicarle que los robots no veían ni sentían ni olían y que para ellos era lo mismo estar afuera, en el parque, bajo la luz del sol y escuchando el aleteo de las palomas que en su caja de origen, en el armario. Me contuve, por suerte, porque seguramente la dueña del labrador y del robot bordeaux me hubiera insultado.
Luego comenzó a pasar. El primero fue un robot que trabajaba para un edificio de lujo, de esos con piscina en la terraza; lo rociaron nafta y lo prendieron fuego, y solo quedó de él unas pocas chapas quemadas. El segundo fue un robot que ayudaba en una guardería para niños, con las tareas de limpieza y con la comida. Con este fueron más imaginativos; abrieron su compartimiento de accesoy le echaron aceite caliente. Su dueño nos lo envió para ver si podíamos repararlo; aún estaba en garantía. No hubo nada que hacer, claro.
De todas maneras, pensamos que eran incidentes aislados.
Pero al mes siguiente fueron seis robots asistenciales. Y al otro mes veinte. Al otro mes cien. Cuando en el mes de octubre se registraron trescientos noventa y cuatro ataques contra robots asistenciales, que habían terminado en la destrucción completa de los mismos, nos dimos cuenta que no era nada aislado. En el mes de noviembre el fenómeno comenzó a mermar, y en diciembre también, y en la empresa respiramos un poco más tranquilos, hasta la semana pasada. Treinta y cinco robots asistenciales fueron aplastados por una aplanadora en un campo de beisbol infantil. La imagen, en todos los noticieros, era impresionante.
Y anoche volvió a ocurrir, con el robot verde menta precioso que cuidaba a ancianos moribundos. Esta mañana Aduki tenía ojeras profundas y nos anunció que se retiraba de la empresa.
- No entiendo en que puede haber fallado. Los robots son casi como los humanos. Y los ayudan. Fueron creados para ayudar. No entiendo porque las personas los destruyen, si fueron creados para ayudarlos.
- Por eso- dijo George. Se acercó a Aduki, y le alcanzó un vaso de agua.- Porque los ayudan. Te dije cuando los estábamos diseñando: nadie quiere a los santos.


miércoles, 4 de septiembre de 2019

El caso Broemmer. 3º parte.

Hoy a la mañana me llamó Gutierrez. Casi no lo atiendo: hacía cinco meses que no nos veíamos, desde su cumpleaños, y calculaba por que me estaba llamando. Me va a meter otra vez en quilombos, pensé. Pero pudo más la curiosidad que el miedo:
- Vení para acá- me dijo.
Habían visto de nuevo a los hermanos Broemmer. En la estación de tren de Retiro. Eran ya casi dos hombres, ahora. Habían asaltado un minimarket, y habían salido corriendo; previsiblemente el dueño, varios transéuntes, y unos cuantos policías los habían corrido entre los puestos que vendían plantas, bolitas de fraile, empanadas turcas, medias y juguitos Cepita. Menos previsiblemente, en algún momento los hermanos Broemmer desaparecieron. Y por más que peinaron toda la estación y sus alrededores no pudieron encontrarlos.
- Es imposible- le dije. - Se deben haber escondido en algún lado.
- Vení y mirá las filmaciones- me dijo Gutierrez.
Fuí, claro. Filmaciones era lo que sobraba. No solo la de las cámaras de seguridad, sino también la de varios celulares de transéuntes. Y Gutierrez tenía razón. Los hermanos Broemmer -a pesar de los cuatro años transcurridos desde la última filmación los dos estábamos seguros de que eran ellos; inclusive, la ropa que usaban era extrañamente parecida a la ropa que usaban cuando eran niños- corrían a velocidad inverosímil, como la mayoría de los arrebatadores y asaltantes, detrás varias personas borrosas, y en un momento dado desaparecían. Estaban y en la filmación de la cámara de seguridad de al lado  no estaban.
- Que caso de mierda- fue mi gran aporte después de intoxicarme ocho horas seguidas con filmaciones de la reaparición de los hermanos Broemmer.- Por estos casos uno se retira de la policía con úlcera, enfisema y colesterol.
- Déjate de lagrimear- me la devolvió Gutierrez. - Ya sé que te aburriste de ver a los dos niñitos perdidos más famosos de Buenos Aires ahora reconvertidos en delincuentes comunes y silvestres. Pero vamos a ver una vez más...
- Una vez más y vomito.
- Una más y no jodemos más.
Pulsó el signo de rewind y luego el play. Y de repente (cuando en la filmación los hermanos Broemmer ya habían desaparecido) Gutierrez saltó de la silla y me gritó:
- ¿La viste?
- Nada... ¿Qué tenía que ver?
- La chica Shunko. Pasa rápido. Mirando el celular, como distraída.  Sintaí Shunko.
- Pero ¿no se había escapado de donde estaba?
- Sí, creo que sí. Nadie la buscó mucho. Ahora ya es mayor de edad, debe tener más de dieciocho.
- Demasiada casualidad.
Nos quedamos los dos callados cinco segundos.
- Casualidad o no- dije yo- da lo mismo. Si la chica Shunko sabe algo sobre los Broemmer ahora ya no nos sirve , porque también le perdimos el rastro a ella. ¿A quién vamos a preguntarle?
- A la tía.- me cortó Gutierrez.- Está en la casa, esperando que salga el fallo en primera instancia. La largaron a los tres meses.
La tía de Sintaí vivía en una casa de frente verde, muy vieja; cuando nos vió, cuando Gutierrez le dijo quién era y a quién venía, Teresa Shunko resopló. Nos hizo pasar a una cocina sin ventanas, que olía a repollo y a oveja, donde cinco plantas suculentas sobrevivían a duras penas, las puntas amarilleadas.Nos ofreció mate cocido con Criollitas y empezó a hablar.
- Sabía que algún día  me iba a pregunta po  la Sintaí. Tendríamo que haberla dejado en Uruguay. Yo le dije a lo chico. Le dije a lo hijo, a lo mio y a lo de Néne. Pero era una nena y le daba lástima. Una nena... Apena caímo todo en cana desapareció sin deja rastro, ni no vino a visita y ahora vienen a pregunta por ella.
- Encontramos recortes del caso Broemmer en una carpeta de ella cuando ustedes cayeron, el año pasado- le dijo Gutierrez- y le preguntamos, pero no tuvimos mucho éxito. Ahora los hermanos Broemmer vuelven a aparecer, asaltando, y ella aparece ahí cerca, en una filmación. No le podemos preguntar porque no sabemos donde está. Así que se nos ocurrió preguntarle a usted.
Teresa nos miró.
- La culpa e  nuestra. Cuando ella miraba tanto a lo Broemmer, a lo chico. Y depué, todo lleno de sangre. Y las dos lagartija que se escaparon.
- ¿Me está diciendo- pregunté yo, bastante incrédulo- que Sintaí, que era una nena cuando pasó lo de los Broemmer, fue la que mató a los padres e hizo desaparecer a los hijos? Eso no puede ser.
- Apena se le rasca el cuero, sale el animal bestia, nos dijo la madre cuando Sintaí tenía do año. Pero su madre despué se desapareció. Cuando tuvo a la otra nena, nada que ver, diferente padre, una preciosura. Pero Sintaí estaba celosa. Y al poco tiempo Sintaí apareció con la lagartijita, y me decía, tía, tía, es mamá, no ve. Cosa de chico, dijo mi hijo meno, su mamá se escapó atrá de algún macho seguro. Le compramo una pecera a la lagartija igual. Se murió a la cinco semana y Sintaí lloraba, mamá murió, mamá murió. Y entonce creo que ella vió a lo Broemmer, a lo chico. Lo miraba mucho. Siempre fue rara la Sintaí y yo me acuerdo que esa madrugada no estaba en la pieza y que fuí a buscarla y que estaba en la esquina de casa. Tenía mancha de sangre abajo de la uña. Van a venir pronto, me dijo. Hoy no voy a la escuela. Esto no se me van a mori como mamá. Y se sentó en el comedo, con la taza de leche chocolatada adelante y emperrada en no ir a la escuela, y yo pensando que dificil cria una criatura sin la madre y entonces veo que entran la dos lagartijita, con la patita oscura. Sintaí las llamó. Jeremías, Nicolás, dijo. Levantó la tapa de la pecera y la dos lagartijita entraron. Mosca, le daba de comer y mariposa. Ella la cazaba.
Nos miramos con Gutierrez. La vieja se había vuelto loca. Aunque yo me acordaba de Sintaí y de su pecera, y del desprecio con el que me había dicho  son reptiles cuando yo había asumido que ahí había hamsters. Le agradecimos las Criollitas y el mate cocido y nos despedimos de ella.
- Acuerndese lo que dijo la madre- nos recordó en la entrada de la casa- Apena se le rasca el cuero, a Sintaí le sale el animal bestia. Yo que ustede me olvido del caso Broemmer.
Caminamos cinco cuadras en silencio con Gutierrez.
- Se oye cada bolazo- me dijo. - Disculpá que te molesté por semejante pelotudez.
- No me molesta. Si, la vieja está re loca. Apenas se le rasca el cuero...
- Si- dijo Gutierrez- Que frase para una leyenda urbana.






viernes, 30 de agosto de 2019

Reperfilando

- ¿Vos entendés?
- No. Soy economista, pero no entiendo...
- ¿Qué quiere decir reperfilar una deuda?
- No sé... ¿Hacerle un lifting?
- Entiendo... Voy a hablar con el CEO de Visa, entonces, y voy a reperfilar mi deuda con la tarjeta de crédito.
- Intentá, pero no creo que te haga caso.
- La culpa de todo parece que la tiene Fernández.
- ¿El de Sueldos o la de Marketing?
- Nooo. Alberto. Y Cristina, también. Y también Aníbal.
- Pero ¿que hizo Alberto?
- No sé... Pero en todos los diarios importantes dicen que la culpa de todo el desastre económico es que Alberto Fernández habló.
- Pará, pará que me perdí. ¿Y Mauri? ¿Y Mariú? ¿Y Marcos? ¿Y Nicolás?
- Decime los apellidos. Porque si no parece que me estuvieras nombrando la lista de invitados a un cumpleaños.
- Ufa, ya estaba acostumbrado a llamarlos así. No me vas a decir que no queda cool. Es como si fueran nuestros amigos, casi. Bueno. Reperfilo las preguntas: ¿Y Macri? ¿Y Vidal? ¿Y Peña? ¿Y Dujovne?
- Bueno,  Dujovne renunció. Se fue re chocho, eso sí. Dejó una cartita de despedida. Y Macri, y Vidal y Peña (y también Carrió y Pichetto) ya dejaron en claro que ellos no tienen la culpa de nada. La culpa de todo lo malo que pasó en la Argentina desde el 2003 hasta agosto de este años la tienen el kirchnerismo y La Cámpora. Y la culpa de todo lo malo que pasa en la Argentina desde agosto de este año la tiene Alberto Fernández. Porque le fue bien en  las primarias.
- Pero en las primarias ni siquiera se elije presidente.
- Tiene la culpa igual.
- Perdoname, pero es como si Rosario Central le echara la culpa a todos los otros equipos de Primera A de que hace más de treinta años que no gana el campeonato.
- Pero ¿estás desinformado? ¿No leíste los diarios? Alberto Fernández tuvo muchos votos y el dolar subió. Alberto Fernández habló sobre la economía argentina y las acciones argentinas cayeron en Wall Street. Alberto Fernández opinó sobre el FMI y ahora estamos en default selectivo, que es casi casi como un default común, pero no me vas a decir que default selectivo no suena más chévere.
- Pero ¿y el presidente?
- ¿Mauri?
- Macri, sí. ¿Está haciendo algo para mejorar la situación económica? Porque hasta el diez de diciembre el presidente es él. Y es candidato a la reeleción. Todavía. Si lo reeligen ¿que va a hacer?
- No, bueno, está medio enojado, dice que las primarias no sirven para nada, y que Lilita le dijo que los milagros del Señor ocurren en octubre y que tiene confianza en el republicanismo argentino y que Dios y la Patria no van a permitir que los peronistas vuelvan al gobierno.
- Pero ¿y si lo reeligen?
- Ah, no se sabe. Mucho no se sabe.
- Lo importante ¿ellos lo saben?
- No, ellos sí, seguro... Van a reperfilar toda la Argentina. Es más, esa va a ser su consigna de campaña. Reperfilaremos la Argentina. ¿No me vas a decir que no suena bárbaro?

martes, 27 de agosto de 2019

Una película de terror

- Viniste con unas ojeras bárbaras.
- Si, es que... No me podía dormir y se me dió por ver una película de terror. De esas con un niño fantasma.
- La peor clase de película de terror.
- Ni me lo digas. No me extraña que tantas personas decidan no tener hijos. Imagináte, además de los pañales, la adaptación al jardín de infantes y ver Dora la Exploradora y Dragon Ball todo el día, que ya es bastante razón para no tener un hijo, encima uno ve esas películas donde el niño es una entidad del mal. Aparte, mucho no entiendo, porque ¿cuál es la idea? Alien, bueno, el monstruo es grandote y feo y encima incuba en tu interior. Depredador, bueno, el monstruo es grandote y feo y se mueve rápido. Freddie Kruegger, bueno, es grandote, feo, usa camisas rayadas y tiene dedos de cuchillos. Pero ¿un niño? ¿Por qué alguien le tendría miedo a un niño? Son chiquitos. No son demasiado inteligentes. No corren demasiado rápido. Es como tenerle miedo a una monja.
- Hay películas sobre eso.
- O a una muñeca.
- También hay películas sobre eso.
- O a un payaso.
- ¿Viste películas de terror últimamente?
-. Encima todo transcurría en una casa medio derruída. Pero la familia aparentemente tenía dinero. ¿Quién se va a vivir a una casa medio destruída, con insectos, manchas de humedad y goteras, si tiene dinero? ¿No pueden derribar la puta casa y hacer una en la cual los cuadros no se caigan?
- Se ve que la peli te pegó mal.
- Ey, un poco. Es que... Al final de todo, de todos los personajes, en la peli solo sobrevive una pareja amiga de la familia. Se los ve contentos, a punto de irse del pueblo, seguros de que todo lo malo ya ha pasado. Ya estan a punto de salir del pueblo cuando pasan adelante de la casa y ven en la ruta una sombra blanca.
- ¿Y?
- Y podés creer que los dos idiotas en lugar de meterle pie al acelerador, frenan el auto y se meten en la casa. ¿Qué clase de persona hace eso? No es como que te invitaron a una cena ahí. Hubo muertos. Hay un niño fantasma. Acaban de ver una sombra blanca.¿A que vuelven?
- ¿No sé? ¿Se habrán olvidado algo?
- ¿Qué cosa tan importante te podés olvidar para volver a una casa donde murieron un montón de personas? ¿El DNI? ¿El celular?
- Bueno, cálmate, los fantasmas no existen. Aunque dicen que en este edificio a veces el ascensor va al quinto piso solo. Sin que nadie lo llame. Pero no te preocupes, eso solo las noches de luna llena.