viernes, 30 de noviembre de 2018

Un camino

Recuerdo el día en que cayó Zelaya, porque mi papá festejó junto con otros. Mi papá y mi mamá odiaban a Zelaya y muchos lo odiaban y yo, que tenía siete años, también compartía el odio, aunque era un odio chico y redondo como una pelota de cuero, como el odio que le tenía a Venom y a la Bruja Escarlata. Nuestros padres son como dioses cuando uno tiene siete años y ve los dibujitos por computadora: mi mamá era maestra en mi escuela y todo lo sabía, mi papá tenía una tienda de alimentos y todo lo podía. A la noche mi mamá me leía las historietas que compraba en un lugarcito en el centro, un huequito que traía comics importados de América. Mi tía mayor y mi  abuela trabajaban en América como ayuda doméstica, cuidando ancianos enfermos en casas ricas. A nosotros no nos enviaban dólares, sino a mi tío menor que tenía siete hijos, mis primos, Marcos, Aurelio, Nereida, Brisa, Luna, Gabriel y Marcelito. Mi tío menor no trabajaba mucho porque cuando estaba construyendo su casa, antes de tener a Aurelio, había caído desde un andamio y se había roto el fémur en tres partes. Desde entonces, le costaba mucho conseguir trabajo. A veces lo empleaban para cosas menores, pero el dinero no le alcanzaba, eso era verdad; mis primos venían a mi casa a ver la tele, a jugar al fútbol y a leerme los comics, que yo tenía ordenados por orden alfabético, porque mamá me enseñó el alfabeto a los cuatro años y era muy importante para mí que mis comics no se mezclaran, que Hulk no estuvera después que Wolverine. También sabía contar hasta mil.
A los quince años empecé a ayudar a mi papá en la tienda de alimentos, porque era tan bueno con los números. La tienda quedaba abajo de nuestra casa y era nuestra vida: un día entró allí Berenice, que era fanática de los Red Hot Chilli Peppers y del Warcraft, como yo, y a partir de ahí fue mi novia para toda la vida. Es bueno saber a los quince años quién va a ser tu novia para toda la vida. Entre los dos creamos una historieta y la estamos dibujando; nos lleva varias horas de sueño, pero nos está quedando muy linda. Algún día la vamos a publicar. Mi mamá no quiere que sea historietista, porque para ella es un desperdicio que con una cabeza como la mía no sea abogado o ingeniero o algo así; pero ¿ella que sabe? Mi papá también a veces sacude la cabeza cuando me ve dibujando, pero el no dice nada. O sí, a veces dice que voy a terminar siendo maestro como mamá. Los hombres no son maestros, se escandaliza mamá, y entonces papá se ríe y empieza a comer su moros y cristianos.
Lo de la tienda fué primero hace dos semanas atrás. Estábamos durmiendo, y yo me desperté porque escuché ruidos abajos y también desperté a mis papás. Nos asomamos por la ventana. Con un gato mecánico, ocho o nueve habían levantado la persiana de la tienda y estaban sacando todos los licores caros y los no tan caros también. Algunas latas de judías y de otras cosas y salsas de las picantes, cosas no muy importantes para ellos pero para nosotros era un montón de dinero. Mi papá sacó la escopeta recortada que le quedó del abuelo, pero cuando empezó a tirar tiros, los otros también empezaron a tirar y nos tuvimos que esconder debajo de las camas. A la otra mañana la tienda era una lástima.
Hace dos días pasó de vuelta. Ni siquiera era de noche, aunque la tienda estaba cerrada. Mi papá y mi mamá se escondieron en seguida, pero yo me asomé un poco y pude verles las caras. A tres o cuatro los conocía, de venir a comprar a la tienda ron y Coca Cola todos los viernes y a veces también cigarrillos Benson. Uno de ellos me vió y bajó la cabeza, como avergonzado,pero de todas maneras cargó una caja de cartón llena de arroz. Mi mamá me susurró bajo que fuera con ellos, casi llorando y yo obedecí.
No voy a poder terminar la historieta con Berenice. Mamá y papá no son dioses, aunque eso lo sé desde los diez años, cuando mi mamá lloró por la muerte de mi abuela en América. Les dijimos a nuestros primos - Nereida y Brisa ya son madres, así que necesitan espacio- que le dejamos la casa y que cuiden la tienda. En mi mochila metí tres bocetos de mis comics y zapatillas de repuesto. Las mejores las tengo en los pies. Berenice me dió un beso en la boca y uno en cada mejilla y me dijo que en uno o dos años, cuando sea más grande y junte algunos dólares me seguirá a donde esté. Yo le creo; la historieta es de los dos. Mamá está un poco triste de dejar la escuela, y papá piensa que nunca más comerá moros y cristianos como los cocinaba aquí; yo estoy un poco más esperanzado. Vamos caminando de a poco, junto con una marea de pisadas que van trazando un surco en este barro. Con cada cara (y veo miles junto a las nuestras) me imagino un nuevo superhéroe.

jueves, 29 de noviembre de 2018

Papel de arroz

Sobre papel de arroz
dibujo
las líneas

del camino sinuoso

de lo que transita entre lo dorado

y el cristal

cosas que se rompen

astillas de vidrio en los dedos

y la vieja sangre

que se escurre

como siempre.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Triunfo

El Oxicodon lo puede recitar cualquier médico; eso lo sabemos los dos. Un desgarro, una lesión menor en la espalda y vas a un médico de buen renombre y que cobra bien y te receta Oxicodón. Yo empecé a tomarlo cuando me quebré el tobillo en la playa de Indonesia, pero él empezó también a tomar también enseguida. Cuando no teníamos Oxicodon nuestras selfies eran buenas, pero borrosas; después del Oxicodon eran perfectas, luminosas, nuestras pieles bronceadas y nuestros dientes resplandecían. Ambos éramos musculosos, tersos, y juntos casi estatuas de bronce antiguo, como las que tengo en el jardín de nuestra casa en Veranda Beach.
Lo del hombre ocurrió una noche en que los dos habíamos tomado Oxicodon. Cómo ya estábamos acostumbrados, el conducía el auto, un Volvo de colección que nos había costado tres afiches míos de Dolce y Gabanna. Era lo mismo quién condujera; estábamos a ser intercambiables en todo. Nuestra vida era ajustada a principios que ambos habíamos acordado tácitamente: todo era proyectado, incluso las imágenes donde el blanco de las telas de lino apenas si nos tocaba. Entonces yo me quedé dormida, esa noche, en el asiento del al lado y el iba conduciendo el Volvo y el hombre (gordo, fofo, con una remera a rayas que le quedaba mal) se cruzó adelante del auto. River no tuvo tiempo de frenar y yo me desperté por el golpe. Salí del auto. El gordo agonizaba sobre el asfalto de Riverndale Street, una gran mancha oscura se extendía sobre el gris. Nos miramos ambos: no se iba a salvar. Llevarlo a una guardia de hospital era extenderle la agonía.
- Vamonos, Omara- me dijo River. Yo subí al auto, no tanto por obedecerlo, sino porque la imagen de la sangre espesa y las babas del gordo en las comisuras eran dolorosas y molestas, como un grano en la cara.
No hablamos más de eso. Al contrario que otra gente, la culpa no entraba en nuestras posibilidades. Nuestras fotos siguieron siendo resplandecientes. No leímos los diarios de la zona, porque no queríamos saber si el gordo había sobrevivido o no. Si a veces nos atravesaban esos pensamientos, como moscas azules, tomábamos más pastillas. Casi no sentíamos nada. Todo seguía siendo perfecto y River consiguió un contrato para ser la figura masculina del nuevo perfume de Cacharel.
Pero esta tarde pasó. Abrí el botiquín y ví los dos frascos llenos; River estaba en la ducha, pero enseguida salió. Se envolvió con la toalla, banqueada a pura lejía y perfumada a pura lavanda.
- Tendríamos que desintoxicarnos- me dijo.- Ya es demasiado.
Yo lo miré.
- Cierto.- le dije- Aunque...
El no me miró. Se había sentado en la cama.
- Ya sé.
Esa noche fuimos los más hermosos de la fiesta, como siempre. Además, River estuvo brillante. Desempolvó sus conocimientos universitarios sobre Roth y Cheever, y las mujeres y los hombres lo seguían a todas partes, mientras bebía champagna. Yo estuve un poco más apagada, debo reconocerlo. Cuando entramos al garage con el Volvo, nos sentimos triunfadores. Creo que fui yo la primera que fui hasta el baño, abrió el botiquín y saqué mi frasco de Oxicodon. Me preparé un te de tilo. Dicen que relaja la mente. Luego sentí sus pasos en el baño, se sentó a mi lado en el living que da al mar, con una taza que decía Smile, y me pidió un poco de té. Era una noche muy bonita; una pena desperdiciarla así.
- ¿Cuanto tardará?- me preguntó River.
- Nada, casi nada- le dije y sonreí, para tranquilizarlo.- Esto va a ser rápido.

martes, 27 de noviembre de 2018

La muerte de un rey. 65° parte



                                                                                Me porté como quién soy
                                                                                como gitano legítimo
                                                                                 le regalé un costurero
                                                                                 grande, de raso pajizo
                                                                                 y no quise enamorarla
                                                                                 porque teniendo marido
                                                                                me dijo que era mozuela
                                                                                cuando la llevaba al río

                                                                                                Federico García Lorca

                                                                                   Derricus, Harenes del Rey.

Era un hombre completamente feliz. Amaba esta vida. Las mujeres lo comprendían. En la tierra Derricus no se había sentido comprendido; pero aquí a las mujeres les encantaba que les contaran de su vida pasada y el a veces exageraba un poco porque en realidad generalmente su trabajo en Nueva York consistían en encontrar perros perdidos, perseguir a mujeres infieles y detectar infiltrados en empresas informáticas como Google o Apple. Pero lo que habían sido trabajitos del montón en su ciudad natal ahora, narrados a la luz de las lámparas de sebo de cerdo, eran un sinfín de maravillas.
- Cuéntame de vuelta de la mujer aquella que engañaba a su marido con su bogado- le dijo Diurvan. Diurvan amaba las historias de ese tipo.
- Abogado, abogado.
- No importa. Me encanta el final.
- Oh, sí, es un buen final. Traéme más licor de cítricos y y te lo contaré.
Diurvan obedeció pronta. Era de las más hermosas del haren; tenía pelo, ojos y piel dorados y era delgada como una cierva, y tenía también la mirada de una cierva.
- Bueno, si, era cierto, la seguí a la mujer y se acostaba con el abogado del hombre. El hombre se enfureció un poco cuando confirmó su sospecha, pero el problema que tenía era que su abogado era demasiado bueno para que pudiera prescindir de él. Cuestión que quiso confrontar a su mujer pero la mujer le dijo que si quería divorciarse se divorciaba, pero que su abogado iba a ser su amante. Bueno, finalmente el hombre decidió no divorciarse, porque sabía que si lo hacía iba a perder más de la mitad de sus bienes. Un triste final para el hombre. No tanto para el abogado y la mujer, porque podían seguir siendo amantes e iban juntos a ver obras de Broadway todos los sábados. La mujer y el abogado amaban el teatro musical.
- ¿Que es el teatro musical?
- Ah, una maravilla, Diurvan. Hombres y mujeres cantaban y bailaban y actuaban al mismo tiempo. Luces brillantes, disfraces. Si quieres te canto alguna canción.
Derricus, le dijo de pronto Raschid, deja el maldito harén. El Rey está por encontrar la máquina, estamos iniciando un exódo, Tiffanny quiere que todo estalle por los aires, como el Rey y Arguil, Eliza y Omar han sido torturados y tú portándote como el galán de una telenovela mexicana.
¿Es mi culpa que todos ustedes sean imbéciles? No.
¿Es nuestra culpa que tu debilidad sean las mujeres rubias y delgadas? Tampoco.
Oh, ahora me quieres dar lecciones de algo. Buen intento. Me acostaré con Diurvan y también con Kimbier; ellas me aman. Y beberé licor de cítricos y luego comeré el mazapán algo rancio que hacen aquí, y después, si me quedan tiempo y fuerzas y no creo que me queden, iré a ver a Eliza y a Omar a los calabozos. Y puedes dejar de hacerte el hombre que lo decide todo aquí, porque Kimbier tiene tus ojos y tu sonrisa, así que no eres ningún santo.
Bueno, dijo Raschid.
Pero apúrate.

Formar un trío

Conseguimos (en realidad el Pato consiguió, y solamente por lo hinchapelotas que es) que Walter quisiera estar en nuestra banda. Walter era concuñado del Pato y en su juventud había tenido un grupo que en las zonas de Alberdi y Granadero Baigorria había llegado a ser medianamente famoso. En la zona sur no querían ni oir hablar de ellos, porque hacían covers de Soda y de Virus en la mitad de los conciertos y, para terminar, siempre cantaban tres baladas que el baterista le había compuesto a su novia que se llamaban: "Nena, eres mi vereda del sol", "Lágrimas de sal por vos" y (esta era la peor de todas) "No dejes que me llamen un inconsciente colectivo". No eran muy buenas, pero el baterista no era solo dueño de su propia batería (oh milagro) sino también de los equipos de sonido y de la guitarra Fender Stratocaster que Walter tocaba.
- Era un nabo absoluto- dijo Walter cuando le preguntamos- pero tenía la guita loca y sabía invertirla.
La cosa es que el Pato y yo estábamos altamente entusiasmados porque Walter sabía tocar la guitarra y cantar muy bien al mismo tiempo, aunque había tenido que dejar su viejo grupo porque su viejo se había enfermado de Parkinson y su mujer había quedado embarazada y tuvo que ponerse a atender la granjita de la esquina de Entre Rios y Sarmiento, cerca de los hospitales. El tiempo había pasado, había tenido dos hijos más, se había podido comprar una casa y ahora que los pibes eran grandes (el mayor recibido de abogado ya) no le parecía mal pasar dos o tres domingos al mes encerrado en el garage de Pato para formar un trío. La mujer podría haber protestado, pero Pato era el marido de su hermanita menor y a su hermanita menor Pato le parecía una cruza de Moro con Ringo Starr. Lo primero que habían comprado cuando alquilaron la casa, antes que alacenas, heladera, lavarropasy repasadores, era la batería. Era medio chota, de esas chinas, pero bueno. A mi el bajo me lo había regalado mi tía Marta cuando aprobé tercer año de ingeniería y era un bajo bueno (mi tía lo tuvo que pagar en veinticuatro cuotas de la tarjeta Naranja).
El primer problema fue el nombre. Le queríamos poner "Los sucesores de la gran bestia pop" pero googleando descubrimos que ya existía un grupo con un nombre parecido y no queríamos crear confusión. Después Pato propuso "Nadie va a escuchar tu remera" pero nos pareció muy largo. "Ambar violeta" que nos encantaba a Walter y a mí, a Pato le pareció que daba a propaganda de Avon.
- Basta, dejémonos de joder- dijo Walter- juntemos las iniciales de nuestros apelidos y ese va a ser el nombre del grupo. A GIT le funcionó.
- ¿Qué es GIT?- le pregunté yo.
Walter me miró con mucha rabia.
- Una gran banda de los 80.
- Ah, bueno- dije yo. Ahí me empecé a dar cuenta que la cosa no iba a ser tan fácil como creíamos. Para que sonara más o menos pronunciable lo llamamos PIN. No estaba tan mal. Creo yo.
- Bueno, ahora la primera canción. Podemos hacer De Musica Ligera. Es linda, tres tonos, solamente- dijo Walter y enchufó la guitarra. El Pato y yo no miramos, el se sentó atrás de la batería, agarró los palillos y yo enchufé mi bajo.
Y entonces Walter empezó a cantar y a tocar la guitarra. No estaba nada oxidado, le salía bárbaro. El problema era el Pato. Y yo. No embocaba una. Nos mirábamos entre los dos como diciéndonos, que estamos haciendo acá.
- Salió bastante bien ¿no?- dijo Walter cuando terminó de tocar- Ahora vamos con Imagenes Paganas y después Un Millón de Años Luz.
A el le salía bastante bien. A nosotros definitivamente no. Cuando Walter terminó los últimos acordes de Un Millón de Años Luz el Pato estaba todo transpirado y rojo por la vergüenza de no haber acertado ni una sola vez en un platillo ni en un pedal y yo casi que había dejado de tocar las cuerdas del bajo. Quería que se escuchara lo más tenue posible.
- Bárbaro, bárbaro, che- dijo Walter- ¿Vamos a la vuelta a comprarnos unas Quilmes y unas papas para festejar lo bien que salió el primer ensayo?
- Si- le dijo Pato en un hilo de voz.
Cuando Walter se fué (se tomó dos Quilmes el solo, pero por suerte su casa quedaba cerca) el Pato me dijo, en un suspiro:
- Soy el peor baterista de la historia argentina.
- Yo tampoco estuve muy bien- le dije, para consolarlo.
- Eso es una gran verdad.
- Tendremos que decirle la verdad al pobre Walter.
- Si, si- dijo el Pato- Mañana le digo.
Pero al final no se lo dijimos. Pato no se animó y yo tampoco. Tampoco mejoramos mucho como instrumentistas; yo con ingeniería y el con las refacciones de la casa mucho tiempo no tenemos para practicar. Pero en ninguno de los seis ensayos que tuvimos hasta ahora Walter se dió cuenta.
El gran problema es que Walter habló con su suegro, que es dueño de un bar en Mendoza y Laprida y le rogó que nos hiciera una tarimita para que el sábado toquemos. E invitó a gente. Mucha gente. Hasta hizo los volantes de invitación y creo una página en Facebook que se llama PIN. Hubo muchas cargadas de parientes malintencionados.
- ¿Hay alguna probabilidad de que el mundo se termine antes del sábado?- me preguntó Pato en su último mensaje de Wasapp, ayer a la medianoche.
- No creo.
- Entonces tendremos que tocar.

El rescate del Mesías

Me compré a ciegas el libro de Marcelo Birmajer "El Rescate del Mesías" porque sé que es un gran escritor y sabía que no iba a quedar decepcionada. Es una pequeña maravilla: una historia simple, la de un cómico judío atrapado en la historia terrible del año 73 en nuestro país, que debe hacer chistes mientras las bombas estallan y las personas mueren asesinadas. Birmajer es un as en eso de tirar buenas bromas, una atrás de la otra, y son muchas veces, acertadas y justas. Dan en el blanco. La teoría conspiranoica de que detrás de cada chiste hay un comando aceitado de la CIA, el FBI y Kissinger para mantener el mundo burgués, por ejemplo, la he escuchado muchas veces en mi adolescencia militante. El mejor ejemplo de ello debe ser El Libro de Manuel, del que Birmajer se burla con cierta razón; Cortázar apoyando la guerrilla desde París es el ejemplo del intelectual que no quiere saber (no quería saber) los crímenes y los errores de esa guerrilla. Los muertos se contaron al principio por decenas, después por centenas y después por miles. Se destruyó toda una base solidaria de sindicatos, gente que alfabetizaba en las villas miseria, universidades pensadas para educar a todo el que quisiera acceder a ellas, solo por dos o tres consignas extraídas básicamente de teóricos franceses (por cierto, la mayoría de esos teóricos franceses ahora son de derecha; como cambian las cosas, se ve que el Tercer Mundo les encanta cuando tienen que escribir sobre él, pero cuando está en la esquina de tu casa, y son senegaleses o sirios ya no dan tantas ganas de luchar por ellos, ahora son peligrosos). Pero la parte que más emocionó fue la del Bar Mitzvah del chico de trece años: el chico hablando sobre su abuelo y porque lo quería tanto, me hizo acordar a mi hijo a los trece años, porque hubiera dicho más o menos lo mismo, con otras palabras. Está bueno emocionarse y reír con algunas novelas, y pensar un poco: es cierto que muchas veces la derecha es terrible y retrógrada pero ¿podemos decir que la izquierda está libre de pecado? Como trotskista convencida desde mi infancia pienso que no.

Circuito ilegales del capitalismo.

Siempre pienso que el crimen existe desde que el mundo es mundo, y las nuevas modalidades del crimen son solo reflejo de viejas modalidades del crimen. Está de moda hablar en contra de las drogas y del narcotráfico desde hace aproximadamente cuarenta años. Antes la gente se drogaba también, pero los peligrosos eran los comunistas, así que la droga no era un problema. Y el narcotráfico es un problema, no solamente acá en Argentina, sino en todo el mundo; no solo favorece el circuito de drogas ilegales (cortadas con cualquier cosa, porque un narcotraficante es en el fondo un buen capitalista que quiere maximixar su ganancia) sino el de armas ilegales, porque ser un narcotraficante poderoso implica que en cualquier momento te pueden matar para quedarse con tu negocio. Las víctimas del negocio del narcotráfico son variadas, pero generalmente son los débiles del sistema capitalista: las personas que no pueden enfrentar la realidad e intentar cambiarla, sino que piensan que las drogas les darán apoyo y comprensión. Y encuentran apoyo y comprensión en otra gente que se droga, y es muy difícil salir una vez que ya estás catalogado como un drogadicto. Es una condena de por vida. Muchos drogadictos terminan en la cárcel y mueren allí; muchos son asesinados misteriosamente; algunos tienen la suerte de rehabilitarse, pero la debilidad que los hizo acercarse a la droga por primera vez sigue existiendo: basta la muerte de un familiar o un despido para que vuelvan a extrañar la droga. Un poco los entiendo: hace falta mucho coraje para admitir que la vida no siempre es lo que uno espera, que las cosas nunca salen como uno quiere, que por ahí quién creíste que era tu amigo de verdad no lo era, que los trabajos nunca son los ideales. Pero la vida es esto y drogarse para evitarla mucho no ayuda. El narcotráfico está enquistado en todos los poderes del mundo (los policiales, los económicos, los judiciales, los políticos) y lo que necesita para alimentarse es gente que no puede con su vida. Cuando se habla de la maldad de los narcotraficantes me hacen reir un poco: el dueño de diez mil hectareas que arrasa con un bosque nativo y con las poblaciones que viven allí para sembrar soja para ganar dinero tampoco es un ejemplo de persona, pasa que no está haciendo nada ilegal. La única manera real de terminar con el narcotráfico es que las personas no se droguen. Es un poco iluso y bastante difícil de poner en práctica, pero me parece que dejar a un adolescente drogarse los fines de semana porque "es normal que haga eso" para después, cuando ya es una situación insostenible para ellos y para nosotros encerrarlo en una clínica de rehabilitación es el colmo de la dejadez como padres y como sociedad. Las drogas no son buenas. No te van a ayudar en nada. Te podés morir si tomás drogas o podés matar a alguien, y aunque no te pasen ninguna de las dos cosas, definitivamente no te vuelven una mejor persona ni una persona más inteligente o sensible. En tu vida vas a tener problemas; y si, es cierto, por ahí tus padres se mueren, por ahí tu mejor amiga se muere, por ahí no conseguís el trabajo que querías y tenés que conformarte con otro no tan bien pago. La vida es así; no es lo que uno quiere, sino lo que uno tiene. Pero la vida es lo único que tenemos y dejar nuestras vidas en manos de narcotraficantes a quién lo único que le importa es ganar mucho dinero para comprarse autos importados y caniches toys es tener mal las prioridades en la vida. Sé que mucha gente piensa que su vida no vale nada o vale muy poco, porque el capitalismo se especializa en decir que gente que vale mucho y gente cuya vida no vale nada: pero piensen que a Einstein los profesores les dijeron que nunca llegarían a nada y descubrió la teoría de la relatividad. Por ahí no sos Einstein, por ahí terminás siendo repositor de supermercado; pero por lo menos vas a estar vivo. Mirá el lado positivo de la vida; mientras estemos vivos, algo podemos hacer.

lunes, 26 de noviembre de 2018

Los animales del agua

No creo casi en nada, salvo en los animales del agua. Viven en mi casa, los oigo cuando me baño y cuando llueve fuerte sobre el techo de chapa. No me gusta el techo de chapa; me gustaría tener un techo de verdad, pero mamá se murió antes de que pudiéramos juntar la plata. Así que me quedé sola con mi hermano Marcos, que tiene problemas de retraso. Eso decía la directora de la escuela, problemas de retraso; ya no lo mando más a esa escuela, que quedaba lejos ni tampoco a la otra que queda cerca: en las dos le pegaban y le pegaban fuerte. La última vez vino con un ojo negro y le dije, no vas más a esa escuela de mierda. Marquitos sonrió y se puso a mirar la televisión. Generalmente, ni molesta. De día me voy a ayudar al supermercado que está a la vuelta. Lo que me dan no alcanza para casi nada, pero como estoy enganchada en la luz y no comemos mucho, nos alcanza para vivir. El problema, como siempre, como desde antes que mi mamá se muriera, son los vecinos. Son densos, densos, densos. Tengo miedo de algún día volver a esta casillita, que será medio arruinada y de techo de chapa pero es lo único que tenemos y encontrarla usurpada por ellos. Si la agarran ¿a quién le reclamo? Me van a meter un tiro a mí o a Marquitos, son bravos estos tipos. A la nenita la tuvo que llevar una tía porque le hacían hacer cualquier cosa; no lo peor, gracias a Dios, per la hacían ir y llevar papeles de un lado para el otro.A los gritos se tuvo que llevar la tía a la nena; la mamá hace rato que está en cana y no va a salir y si sale también la van a hacer llevar papeles de un lado a otro, como a la hija. Aunque a la mamá hace rato que ya no le importa nada; una tarde que volvía con Marquitos de la escuela el tío le estaba pegando a la nena una tremenda paliza y la mamá ahí, en el costado de la entrada, como una estatua, durísima. Si algún día sale de la cana se va a morir a los tres días. Lo peor de todo es que estos densos se burlan del Marquitos porque es un poquito retrasado; será retrasado pero no le pega a criaturas, tengo ganas de decirle, pero me callo. Igual, cuando cierro la puerta de casa, ya no los oigo. Solo escucho a los animales del agua y ellos me cuentan cosas que no sé, de ríos que no conozco con nombres raros como Nilo o Pilcomayo. No sé si son amigos o enemigos. Están aquí, es así, desde antes que esta casilla estuviera o quizás no. Cierro los ojos y los escucho. No me dan miedo.
Anoche llovió. Llovió mucho. Las cloacas se desbordaron. Todo era barro cuando salí, per igual me llevé las zapatillas buenas en una bolsa y, cuando llegué al trabajo, me las puse. Fue un día bravo y la otra cajera me gritó un par de veces, pero cuando terminé me dieron la quincena. Compré una pizza y queso fresco en el mismo super, no queso muzzarella porque está por las nubes,  pero el fresco se derrite igual. Compré una Fanta, porque a Marquitos le encanta, aunque el pediatra dice que le tengo que controlar el azúcar. Le iba a poner un poco de agua para que no fuera tan dulce y en esas boludeces iba pensando cuando veo que en la puerta de casa está Marquitos llorando, y me dice, no habla muy bien, pero yo lo entiendo, me dice que los densos de al lado entraron en la casilla. Puta madre, digo, pero si armo quilombo termino con un tiro en la frente y Marquitos también. Por suerte, golpeo en la casa de la Elsa y ella me abre. Que me querés contar, le digo. Nos dejaron en la calle. A Marquitos y a mí, los densos de al lado. Elsa vive con las dos hijas, los cinco nietos y uno de los yernos, pero lo mira a Marquitos, que está medio alelado y me dice, que hijos de puta, pasá, mañana vamos a ver que podemos hacer. Nada, que vamos a poder hacer, digo yo, si están entongadísimos esos muchachos, ni con lo de la nena les hicieron nada. Ya está, perdí la casilla. Una racha, yo. Hicimos la pizza con la Elsa y, mientras Marquitos estaba embobado con los Simpsom (tiene stickers de Bart en la cartuchera), comimos dos porciones cada una. Le dí una porción a Marquitos, además de la Fanta a la que le puse la mitad de agua porque el pediatra siempre me dice que tenga ojo con el azúcar. Ya no está para pediatra el Marquitos, me dice Elsa, pero si es casi un nene, le tiene miedo a los médicos de verdad. Mamá una vez lo llevó a un médico de verdad y volvió llorando yse escondió abajo de la cucheta por dos días. Mamá estaba desesperada, pobre, Marquitos salí que te doy un alfajor, me acuerdo que le decía. Ah, me dice Elsa, si Marquitos no salía por un alfajor no salía por nada. No sabes como estaba. A mamá casi le dió un ataque. Al final, cuando nos sentamos en el comedor y nos pusimos a ver la comedia que a las dos nos gustaba y empezó el tema principal, Marquitos salió, se puso a cantar la canción y se tomó todo el matecocido y también los pancitos con margarina. Elsa se ríe. Uh, este Marquitos, dice. Mañana vemos que podés hacer, por ahí te podés ir a otro lado. Empieza a llover, de vuelta, despacito. Nos vamos a dormir, Marquitos en el sillón medio descuajeringado y yo en un colchón. Llegan las hijas de Elsa y los nietos y el yerno, que habían ido al cine, Marquitos se despierta y quiere volver a mirar televisión, pero yo lo reto, le digo que es la hora de dormir y él me hace caso. 
De repente, me despierto. Golpean a la puerta. Son las dos de la mañana. El yerno de Elsa se asoma por la ventana y yo también. Es uno de los densos; está todo mojado. Y respira fuerte. Raro. Me doy cuenta lo que es, aunque yo no lo tuve nunca, pero uno de mis primos de Misiones sí y casi se muere. Es asma. Un ataque de asma muy fuerte. El yerno de Elsa, por supuesto, no le abre. 
- Abríme, hijo de puta, que quiero hablar con la guacha arrastrada hermana del mogólico.- saca el Colt. Como la cosa puede terminar mal y a los tiros, el yerno de Elsa me dice que salga. El no tiene Colt ni nada y además, como todos en el barrio, le tiene un miedo padre a estos tipos.
- ¿Qué mierda dejaste en esa casilla? No puedo respirar, guacha de mierda- me agarra el pelo fuerte. Me duele, pero no tengo idea de lo que está hablando.
- Esa puta casilla está toda llena de agua. De agua, se nos están llenando los pulmones- y de repente el sonido de sus pulmones es más fuerte que el de su voz- Una hija de puta como vos, seguro que fuiste- me vuelve a tirar el pelo, me saca algunos mechones, parte del cuero cabelludo y sigo sin tener idea de que está hablando. No le voy a hablar fuerte, porque con el Colt me matan a mí, a Elsa y a toda la familia de Elsa y a Marquitos y después hacen un baile de festejo, pero no tengo idea, realmente no tengo idea.
- No sé que decís.
Me pega una trompada. Dos trompadas. Tres trompadas. Duelen bastante y casi lloro, pero no quiero llorar porque me va a arder el labio.
- Quédate vos y el mongui idiota de tu hermano con esa casilla de mierda- dice silbandole los pulmones.- Que se pudran ahí. Tenemos lugares de sobra en el barrio. Igual, cuídate; cualquier día, vas a amanecer quemada.
Y se va. Al rato veo que él y su hermano salen de la casilla. El hermano está dobladísimo y muy pálido y creo que esta vez no es por la merca, aunque no estoy segura. 
Hasta la mañana no me animo a decirle a Marquitos que volvamos a la casilla. Cuando le digo, se pone re contento. 
- ¿Está la televisión todavía?
Entramos con cuidado. La televisión está, pero los densos se llevaron el DVD y la tablet, que a Marquitos le encantaba. No me importa, algún día los voy a volver a comprar. Recuperamos la casilla, algo es algo, le digo a Elsa.
- Pero dijo que te iba a quemar.
- Por ahí algún día me quema. Pero ¿puedo hacer algo? Si lo denuncio, me queman seguro.
- No entiendo porque estaba tan enojado. ¿Qué te dijo? ¿Por qué te pegó? Vos ni siquiera le habías reclamado por la casilla. 
- Si son un par de doblados. Quién los entiende- le contesto.- ¿Me podés vigilar al Marquitos hoy? Tengo que ir a trabajar.
A pesar de que tengo la cara hecha un asco y los clientes me miran bastante mal, aguanto toda la tarde gracias al Diclofenac. La otra cajera me pregunta que mierda pasó.
- Me usurparon la casilla y después uno de los vecinos, los que te conté, los de la nena que se llevó la tía, me pegó feo.- le contesto.
- Que hijos de puta. Tendrías que denunciarlos.
- Si, claro- le contesto yo. Ella vive con los padres y estudia Administración de Empresas a distancia ¿que sabe de mi vida?
Vuelvo a mi casa y esta vez, para que el azúcar no le suba tanto a Marquitos, le compro una Coca Cola light. Cenamos fiambrín con pan y vemos el capítulo de los Simpsom del Monoriel. A mi hermano le encanta la canción del Monoriel y siempre repite: A la grande le pusimos Cuca. Yo lo entiendo. 
Marquitos se queda dormido enseguida. A mí me cuesta un poco más. Los animales del agua empiezan a hablarme y me cuentan cosas que no entiendo, pero que veo. Yo no les tengo miedo. Están en este lugar desde antes que yo naciera o por ahí no. Por ahí no, pienso. Por ahí no.

Lugar

Se entrecruzan las vías
y de los trenes
caen semillas

los árboles
vuelven a ser nuevos

todo es verano ahora

y el calor arrecia

los pibes se mojan con manguera
después de jugar un fulbito

un fulbito de cinco

para más no alcanza

las enredaderas vuelven a ser violetas y
las gallinas vuelven a
ser mansas

y los perros dormirán a sus pies
como guardianes
exhaustos.


Un aire de familia. 34 ° parte

Eduardo, Bermaner y Samuel entraron en una pequeña etapa de euforia, euforia que creció aún más cuando los japoneses atacaron la base naval de Pear Harbour y Estados Unidos dejó de ser un país neutral.
- Esto tiene que terminar en cuestión de días- decía Samuel. - Y cuando termine volveré a Europa y me reuniré con mi familia.
- Y mi madre quizás volverá a Europa. Quizás. No lo sé. Me parece que se está aquerenciando, como dicen los argentinos. Toma mate con Inmaculada y los sábados van a ver vistas al cine Monreal. La pasa bárbaro. La llevan a Pupé, que es muda, pero no sorda y a la qué le encantan las películas románticas. Cuando vuelve a la pensión, dibuja las historias.
- Bueno, tu madre quizás se esté aquerenciando. Pero vos, Bermaner, ¿que vas a hacer?- preguntó Eduardo.
- Yo también me aquerencié, en el fondo. Me voy a quedar acá, me parece. No está tan mal esta ciudad pueblerina. Me parece que si vuelvo a Paris voy a empezar a cantar Mi Buenos Aires querido, con acento francés. Además, París nunca me gustó. Demasiado frío y humedo. Y acá voy a tener trabajo, mientras mis alumnos sean tan duros para los idiomas.
- Me alegro- dijo Eduardo. - ¿Querés que vayamos a comer esta noche por la Avenida de Mayo? Hay lindos restaurantes y no puedo volver a casa porque Maricarmen Alzugaray está de visita. Y, ya saben, tengo un matrimonio que mantener.
- Has tomado los amoríos de tu esposa con otra mujer como un hombre de mundo.
- No soy un hombre de mundo, no te burles. - dijo Eduardo, sinceramente dolido- Pero la verdad es que el verdadero amor de mi esposa es Maricarmen. Se desvive por ella. La ve perfecta. Yo en realidad mucho no la soporto (es engreída y pretenciosa), pero mi esposa no ve sus muchos defectos. Pero mi esposa no ve los defectos en nadie: le he escrito seis sonetos, seis y a los seis los ha encontrado dignos de ser publicados. Cuando nos encontramos a altas horas de la noche hablamos sobre el conde de Lautremont, y su desdichado destino, y luego ella escribe un poema y yo otro y los leemos. Ya ves, nos llevamos bastante bien. Salvo por el detalle de Maricarmen. Pero ella estaba en la vida de María Cristina antes que yo. ¿Debería quejarme? Padre me ha dicho varias veces que quedo como un tonto ante los otros. Pero las otras mujeres que madre me proponía eran un poco insulsas, así que no sé. ¿Piensas que hice mal en casarme con María Cristina? Ella ahora está embarazada.
- Y tú eres el padre ¿no?- preguntó Samuel.
- Claro que soy el padre. Maria Cristina nunca me sería infiel con un hombre. De todas maneras, yo me casé con María Cristina sabiendo la verdad. No puedo ahora hacerme el hombre escandalizado, me parece. Además, ya les dije, ella me agrada y nos llevamos bien; almorzamos los sábados con su familia, los domingos con la mía y ella está preparando otro libro de poemas en plaquetas, ilustrado por ellas, en donde incluirá dos de mis epigramas. Es un buen comienzo.
- En realidad- acotó Samuel- son un matrimonio casi ideal.
- Bueno, en realidad es ideal. - dijo Bermaner- No hay celos, no hay envidias.
- En realidad si hay celos. Maricarmen. Es muy celosa. No le gusta ni siquiera que le tome la mano a mi esposa en su presencia.
- En buena te has metido- dijo Samuel.
- Por eso no voy a casa y los invito a comer por la Avenida de Mayo. Pago yo. ¿Que prefieren, roast beef o coq au vin? Mi favorito es el coq au vin.
- Y de postre budín de pan- acotó Bermaner.
- Eso sí es felicidad.

Sociedades humanas.

Una de las controversias más inútiles de la filosofía es si el hombre es bueno o es malo por naturaleza. Podría responderse que la misma filosofía es contraria a la naturaleza: ningún tigre ha escrito nunca un tratado de ética. Si hay algo que los humanos no somos es naturaleza y ampararse en ella para justificar un comportamiento es olvidar que cultivamos trigo, criamos vacas y vamos al cine. La verdad es que el humano es un ser social por pragmatismo, para sobrevivir, pero no solamente por eso; muchos animales andan en manada. Somos seres sociales también porque tenemos conciencia. El individuo es un ente platónico, como la sociedad; aislarlo en puro consumo, como hace esta sociedad capitalista (porque lo de pos se lo regalo a los filósofos posmodernos) es hacer de él una nada misma. Cada persona es, potencialmente, cualquier persona; lo peligroso del anarquismo consumista actual es que cada persona es esa persona en tanto crea en el mercado. Y el mercado hoy lo ofrece todo: incluso los que hace cincuenta años atrás eran retirados de la sociedad bien por ser ciudadanos de segunda (negros, feministas, homosexuales) ahora son potenciales consumidores de libros y películas y el sistema capitalista piensa ¿por que no? Es mucho más difícil rebelarse contra un sistema líquido que se adapta a nosotros que contra un estado totalitario. El sistema capitalista nos llama a aceptarnos y a abrazarnos y a ser "lo que queremos ser", lo cual suena muy lindo, pero es un poco inútil. No siempre somos lo que queremos ser. Aún si trabajamos en el mejor trabajo del mundo o aunque tengamos toda la ropa que queramos. El pensamiento capitalista actual está formado para que los vacíos de la existencia sean llenados por nuevos objetos del deseo, fácilmente objetivables (es decir, que pueden ser comprados o vendidos de alguna manera) y para destruir cualquier tipo de vínculo entre las personas, no solo entre las remotas, lo cuál no es tan raro, si no entre las más cercanas. No solo odiaras a los gays o a la gente que vive en las villas, también odiarás a tus compañeros de trabajo, a tus vecinos, a tus amigos, a tu verdulero, y a la chica que cuida a tu madre enferma. Todas las cosas malas que te ocurren es por culpa, aparentemente, de otras personas, lo cuál es el colmo de la irresponsabilidad personal, porque si todo lo que te pasa es culpa de los otros, vos automáticamente ¿sos una especie de santo? ¿No te equivocas nunca? Personalmente sospecho mucho de la gente que se autoproclama buena persona; no hay que decir que lo sos, aunque pienses que lo sos, porque es imposible ser una buena persona siempre. Pero la modernidad actual nos da lo que necesitamos: nuevas religiones donde todo es espiritualidad (aunque hay que comer al mediodía), música zen, reflexiones que dicen que todo sucede porque conviene. Habría que tener el coraje de decírselo a un padre que perdió un hijo o a una mujer cuyo hermana fue asesinada por su pareja. No todo lo que sucede conviene. Hay que pensar, reflexionar y luchar de alguna manera para que este mundo, que está yendo tranquilamente hacia la catástrofe, cambie y mejore.

La muerte de un gran director.

Leo hoy en el diario que murió Bertolucci. Murió de viejo (tuvo esa suerte) y deja atrás varias de las mejores  películas de la historia del cine o la que para mi es la mejor película: Novecento. Atreverse a contar la historia de Italia (la historia de toda Europa, en realidad) en una película aparentemente más larga que la vida es una proeza en la que solo los verdaderos artistas se embarcan. Hizo otras grandes películas, como Ultimo tango en Paris y (dicen, porque no la ví) Los Soñadores. Desde que ví Novecento soy una gran fanática (mi costado cholulo) de esos grandes actores que son Donald Sutherland y Gerard Depardieu y además allí pude ver actuar a un Burt Lancaster viejo pero sin embargo entero como un trozo de buena madera. Hay que ser arriesgado en cine para proponer una historia tan dialéctica como la de Novecento; una historia que lee un siglo entero, un siglo que se terminó pero que sigue, en muchos casos, peligrosamente.

Escándalo en el futbol

Los diarios dicen que lo que pasó anteayer en la final del River- Boca fue un escándalo. No lo fué. Todos calculábamos que iba a pasar. Se pas.a un mes entero hablando de una final de la Libertadores como si después de ella viniera el Apocalipsis o el default (para nosotros, a esta altura, más o menos lo mismo), desde el periodismo deportivo se habla de los jugadores como si fueran un poco menos que semidioses o piltrafas humanas, se anuncia la lista definitiva de titulares de ambos lados como si fuera una declaración jurada. Resultado; unos cuantos fanáticos de River hicieron todo lo posible por dejar tuerto a un jugador de Boca. Si perdían el partido ¿que hacían? ¿Se comían crudos a sus titulares, a sus suplentes y al técnico y luego se suicidaban, como una secta sueca? Es un partido de fúbol. River y Boca tienen Copas Libertadores, y aunque no las tuvieran, nada da derecho a portarse como un desequilibrado mental por una final. Un pobre futbolista que intenta jugar un partido no puede estar a la defensiva porque usa una camiseta azul y amarillo. Puede echársele la culpa al gobierno, pero la verdad es que si fuéramos personas normales no se necesitaría utilizar a toda la policía y a la gendarmería, que están para cosas más importantes, por un partido de fútbol. Los partidos de fútbol se ganan, se pierden o se empatan. No hay muchas posibilidades en el medio. Es cierto que muchos periodistas, deportivos o no deportivos, se enloquecen con una final en este país, pero tampoco tienen toda la culpa los medios. Un hincha de River o de Boca tendría que tener la suficiente madurez para entender que tirar piedrazos contra un colectivo lleno de personas del otro club es algo altamente idiota. Pero supongo que ni siquiera les da la cabeza para eso. Veo a muchas personas preocupadas por sus entradas; yo pienso que más importante es el pobre chico futbolista que, contento porque iba a jugar una final, ahora tiene un ojo vendado. Si el fútbol es solamente violencia ¿para qué se sigue jugando? Dedíquemonos a las damas o al tute cabrero; aunque como están las cosas en este país, seguro que en seguida se arman barras bravas y "simpatizantes" enardecidos.

Miedo a ¿emperatrices?

He tenido el precario gusto de leer ayer en el famoso diario La Nacion sendas columnas que describen a Cristina Fernández como algo así como una emperatriz, o en realidad lo que sugieran es que no es una emperatriz, sino una dominatriz malvada que usa un látigo y es seguida por una plebe furiosa y enceguecida. Un cuento digno de páginas más privadas, mire. La verdad es que el grado de poder que tiene Cristina Fernández lo ganó en buena ley: sabe hablar, sabe de política, es fiel a sus principios, se animó a plantear en sus dos mandatos cuestiones conflictivas como el matrimonio igualitario, que otros presidentes hubiera obviado porque le parecían inconvenientes. La otra parte de la verdad, que diarios como La Nación omiten, es que mucha de la gente que sigue a Cristina (sindicatos, intendentes, gobernadores, intelectuales, militantes de a pie) no son corderos mansos. Son hombres y mujeres preparados, con buena base política, que saben argumentar; son cualquier cosa, menos tontos o pasivos. Hablar de Cristina como el emergente de un pueblo idiota y enceguecido, es tomarnos por tontos; puedo no coincidir con muchas cosas con Cristina Fernández, pero es una política de pura cepa y eso merece respeto. Me molesta mucho la subestimación de los políticos por parte de los medios; parece que tuvieran algo malo por solo ser políticos. El principio de la política es la confrontación, la discusión; ser aparentemente bondadosa o encantadora o mostrarse débil puede parecer muy "femenino", pero no lo es. Si a Cristina la odian muchos no es por sus supuestos actos de corrupción, sino porque fue una muy buena presidenta. Porque sabía decir discursos, porque gobernó ocho años completos contra viento y marea, porque redujo la desigual distribución de la riqueza. Hay mucho odio de clase en esa imagen de "Cristina emperatriz". Cristina Fernández nunca aspiró a ser una emperatriz: fue una muy buena presidente, y se ganó el cariño y la admiración de cierta gente y el odio de otra parte de la gente, en muy buena ley.

La vida secreta de los mártires. 3° parte

A Elías le disgustaba visitar a su tío (porque, a pesar de que su padre y su tío divergían en muchas cosas, se amaban y se respetaban mucho, y las ideas radicales de Marcus no habían roto el lazo entre ambos) porque, a pesar de su pobreza, de su ostracismo social y de sus zapatos de cuero rotosos tenía algo que él definitivamente no tenía: convicciones. No hablaba demasiado, y nunca le daba discursos admonitorios en ninguna de sus visitas, pero Elías sabía que entre él y Marcus había un abismo: Marcus hubiera defendido a Huck si hubiera visto lo que el había visto, aún a riesgo de que lo mataran. Esa diferencia lo rebajaba un poco a sus propios ojos; sabía que para Marcus su hermano y sus tres sobrinos, la parte supuestamente respetable de la familia, eran tímidos corderos que le leían la Biblia a sus esclavos y no los azotaban y esperaban que con eso bastara para ganarse el cielo. Marcus había perdido casi todo: sus esclavos, su posición social, su mujer, su hija menor, su lugar como prominente miembro del pueblo, pero creía en si mismo y en sus ideas y vivía de acuerdo a ellas. A veces era un poco melancólico, pero esa melancolía se disipaba cuando John o Elías le alcanzaban cartas de su hijo mayor, Abraham, próspero maderero de la muy distante y hermosa ciudad de Nueva York.
Pero ese día algo había de raro en la casa de su tío. En el porche había dos muñecas de trapo, descosidas de un lado, a las cuales el relleno de estopa se les salía. De una soga entre dos árboles colgaban vestidos de muselina, amarillos, rojos, rosas, como si fueran pájaros. Y una voz sonaba de entre ellos, cerca de los arbustos de arándanos.
Su tío salió de su casa y vió su cara de desconcierto.
- Mi mujer murió.- le dijo- Cecilia ha vuelto- siguió, con una gran sonrisa- Cecilia, ven a saludar a tu primo.
Elías recordaba a su prima menor como una niña más bien fea, de clara plana y labios delgados y seguía siendo exactamente igual, aunque un poco más alta. Estaba vestida con ropas fuera de moda, pero se acercó hacía él con cautela y le hizo una reverencia algo torpe.
- Es tu primo Elías, el del medio.
- Ah- dijo Cecilia.- Encantada de conocerte. He oído hablar mucho de tí. Mi madre decía que tu padre es un caballero muy bueno.
- A diferencia de mí- dijo Marcus.
Cecilia lo miró algo asustada.
- Mi madre hablaba muy mal de tí, es cierto. Pero no eres tan mal hombre. Me imaginaba que eras un impio o un borracho o un idiota.
- Bueno, no hablemos más de mí. ¿Quieres pasar a casa, Elías? Tengo café recién hecho y pan de centeno. Un poco duro.
Adentro de la casa olía a ciervos y a conejos y a pieles curtidas. Desde hacia diez años Marcus vivía de la caza y de la pesca y de las frutas que cosechaba en la pequeña porción de su plantación que no había vendido.
- Gwendoline Van Duremborg ha sido asesinada y Huck, uno de los esclavos de su plantación, ha sido muerto por el crimen. Se fugó hace dos días atrás.
- Que horror- dijo Marcus- ¿Confesó su crimen?
Elías suspiró. Temía esa pregunta.
- La verdad es que no. Pero ha sido él, estoy seguro. Dijo que no por costumbre.
Marcus sirvió el café. Parecía apesadumbrado.
- No lo creo. Yo conocía a Huck, de hablar con él en los caminos. Le gustaba hablar, hacer cabriolas, cantar. ¿De pronto se vuelve un asesino y asesina a Gwendoline, solo para fugarse?
Elías detuvo el pensamiento de su tío con una mano, más para salvarlo de sí mismo que por otra cosa, porque sabía que si  sus frases llegaban a los oídos de otras personas que no fueran él o sus hermanos, sería colgado de un árbol.
- Ha sido él. Huck. Ya ha sido castigado.
Su tío asimtió.
- Tienes razón.

La vida secreta de los mártires. 2° parte

Bajó a desayunar. En la mesa, como casi siempre, había tocino, huevos, tostadas, mermeladas y té. Djuna era el reloj de la casa; obligaba a las dos esclavas de la cocina a tener siempre algo de comida caliente para los señoritos. A Elías esta deferencia no dejaba de avergonzarlo un poco; en realidad, tenía que admitir que no hacía nada para merecerlo. Sus esclavos, tanto los de la casa como los de los algodonales, eran bien tratados y estaban todos bautizados, pero esa constante devoción del ama como si John y sus tres hijos fueran algo así como patriotas o santos le resultaba molesta. No había manera, claro, de explicárselo a Djuna ni a su marido, caballerizo, ni a sus hijos que trabajaban desde la mañana hasta el anochecer y, cuando se reunían en sus cabañas, leían la Biblia y cantaban canciones de alabanza a Dios.
- ¿Sabe lo que ocurrió, señorito Elías?- le preguntó una de las esclavas, asustada.
- No, recién estoy desayunando.
- Encontraron muerta a Gwendoline Van Duremborg.
- ¿Qué?- preguntó él.
Gwendoline, puro rizos y abanicos, era la madre de Mary Louise. Una mujer centrada y seria, que se dedicaba a la caridad y a la pintura de paisajes a la acuarela a tiempos iguales. Nada había más inverosímil en este mundo que Gwendoline asesinada: era un escándalo de la razón. Las mujeres como ella morían en su cama, luego de dictarles a su hija, su yerno y sus nietos consejos sobre la vida.
- Es horroroso, señorito. Parece que ha sido un esclavo fugado de su plantación. Ya lo han atrapado. Van a colgarlo esta tarde.
- Oh, voy a casa de los Van Duremborg. Tengo que ver a Mr. Van Duremborg.
- Vaya, señorito Elías. Deben estar destrozados, una familia tan buena.
Mary Louise estaba llorando en el pórtico, vestida de rojo (aún no ha tomado luto, notó Elías). Una de sus primas intentaba consolarla, acariciándole el cabello. Apenas vió a Elías, se acercó a él.
- Gracias por venir- dijo llorando e hipando- Es horrible, es todo tan horrible, le abrieron el vientre como a una vaca.
- Mary Louise...- recriminó su prima- No cuentes detalles.
- Dicen que ha sido Huck, que se escapó hace dos noches. Lo han atrapado, el dice que no. No le creo. ¿Quién otro va a ser? ¿Que persona va a querer la muerte de alguien como mi madre? Nicolás lo está azotando, pero aún no confiesa. Ha sido él ¿no es cierto?
- Cálmate, Mary Louise- dijo su prima. - Deja de llorar. No es propio de una dama lo que haces. Ven, te llevaré a tu cuarto- y la agarró de la mano, cómo a una niña y le hizo subir las escaleras del pórtico y atravesar la puerta de entrada.
Elías fué hacia la parte trasera de la casa, al árbol donde los Van Duremborg ataban a los esclavos y los azotaban. Allí estaba Huck. La espalda estaba casi en carne viva, y sus piernas temblaban. Dentro de poco caería al suelo.
- Lo hiciste ¿verdad?- decía Anthony Van Duremborg. Era un hombre rechoncho, generalmente afable, salvo cuando se trataba de cuestiones de dinero. Ahora estaba trasmutado en un ser rojo y furioso- La mataste.
- No fui, no fui- decía Huck, en un hilo de voz. Con rabia, Van Duremborg le hizo una seña a Nicolás. El negro asintió.
- Ni siquiera mereces la horca, Huck- escupió Nicolás- Es demasiado buena para tí.
Le dió tres latigazos más y luego se acercó al negro y le quebró el cuello con las manos. Huck cayó a sus pies.
- Tíralo al bosque y que se lo coman las alimañas- dijo Van Duremborg. Miró el cadáver unos segundos y luego se echó a llorar.
- Gwendoline...
- No llore, amo Anthony. Ella está en el cielo y este negro bastardo está en el infierno.
Elías se acercó lentamente a su futuro suegro. Le apoyó una mano en el hombro.
- Le doy mis condolencias, Mr. Van Duremborg.
- Gracias, Sr. Elías Hourlander. Eres el primero en dármelas. Mira lo que ha ocurrido. Intento ser bueno con mis esclavos y mi esposa, que era una santa, los cuidaba y los alimentaba. Y mirá lo que han echo; se fugan y no contentos con ellos, la asesinan. Es una raza maldita. Bien muerto está. Ahora mi pobre Mary Louise está huérfana, y yo, y yo...
- Debe ser fuerte. Mi madre murió cuando éramos niños, y a mi padre le costó mucho superar su muerte. Debe pensar en Dios y en su hija. Esta es una gran tragedia, pero el culpable ya está muerto.
- Es lo único que me alegra- dijo Mr. Van Duremborg- Gracias por su apoyo.
Elías volvió lentamente a su casa. En el sendero del bosque (un bosque poblado de escuerzos y de hongos, viejo como el mundo mismo) pensó en la voz de Huck azotado diciendo que no había sido. ¿Habría sido él? Dudar de la culpabilidad de un negro era como dudar del sol cada mañana, y más aún si ese negro se había fugado. De todas maneras, a Elías le extrañaba que un negro quisiera matar a Gwendoline porque sí. Aunque era una raza extraña, tenía límites morales. Esa duda -lo sabía- tenía que ser guardada en lo más íntimo de su ser, porque la vida en esa pequeña zona rural que habitaba tenía límites muy estrechos: Gwendoline había sido asesinada, Huck se había fugado, ergo Huck había matado a Gwendoline, Huck había sido castigado por su crimen y quién osase no creer en ello sería un paria, como su tío Marcus Hourdanler. Aislado del mundo y castigado por la sociedad, hasta el punto que su mujer se había llevado a su hija menor, por haber liberado a todos sus esclavos cinco años atrás.



La vida secreta de los mártires 1° parte

                                                                                  
                                                         Nosotros decimos  que para consolarnos por la pérdida del Paraíso Dios nos concedió solo a nosotros entre todas sus criaturas Esperanza y Memoria. Mejor dijéramos: Sólo porque somos criaturas cargadas con Esperanza y Memoria alentamos la ilusión de un Paraíso que nosotros y solamente nosotros hemos perdido
                                                                                John Crowley. Antigüedades.

                                                Prefacio

A diferencia de muchos, amo las novelas largas. Una novela larga implica un matrimonio, y una cuando la termina es un poco más viejo y menos sabio. No hay nada como leer Los Miserables o La Guerra y la Paz o La Edad de la Inocencia. Esta historia va a ser larga; está situada en el Sur norteamericano, antes, durante y después de la Guerra Civil. Le debo a esa situación temporal mi amor por esa gran novela que es La Cabaña del Tío Tom, pero también a las novelas de Edith Warthon y de Henry James, esas novelas donde nada y todo pasa, donde las familias trasmutan de apellido y de riquezas y las mujeres y los hombres caen en desgracia jugando a la bolsa de Wall Street. Nada muy diferente a lo que pasa ahora. Pido perdón, especialmente a los historiadores norteamericanos, por escribir una novela tan histórica sin tener otro apoyo documental en mi memoria que la lectura de La Cabaña del Tío Tom, Lo que el viento se llevó y Una rosa para Emily, de Faulkner. En fin, imaginarme a esos hombres y a esas mujeres en realidad no cuesta nada; los entiendo. No hay nada más patético que un rico perdiendo sus privilegios de clase y ese patetismo lo sienten fundamentalmente los que han sido sus esclavos. Aún hoy eso existe: un hombre negro millonario es sospechoso de algo, aunque sea el presidente de los Estados Unidos. Los protagonistas de esta historia son apropiadamente blancos y lánguidos y creen (como creen ahora muchos) que existe algo así como un salvaconducto en el color de piel de cada uno. La historia, claro, termina arrasando con ellos, pero ¿no está para eso la historia?  Dejo aquí esta pregunta, y comienzo mi novela.

                                                         I

Esa mañana Elías Hourdanler despertó con la incómoda sensación de que algo malo había pasado. Era un joven alto, desgarbado, algo feo y esa sensación se acentuaba cuando se miraba al espejo. A diferencia de su hermano mayor, Matthew, que era grande y musculoso, algo moreno y que había heredado los hermosos ojos españoles de su madre muerta y de su hermano menor, John, que era bonito, delgado y algo delicado de salud, y que encendía los suspiros de muchas mujeres en los bailes de fin de año, el se sabía casi igual al desgraciado Ichabod, de la historia de Washington Irving. Ni siquiera era romántico, ni tenía el don de encantar a las mujeres como Ichabod; sabía que era muy torpe y cada vez que una mujer le hablaba tartamudeaba. Matthew solía burlarse de su timidez, diciéndole que de todas maneras alguna damisela sureña terminaría prendada de sus inexistentes encantos. En realidad, esa damisela ya existía, por inverosímil que le pareciera a Elías. Se llamaba Mary Louise Van Duremborg y era la única hija del matrimonio Van Duremborg. Habían bailado dos o tres veces, y aunque él le había pisado las puntas de los zapatos y se había olvidado la contradanza en la mitad de la música, la muchacha se había reído y le había asegurado que no era importante.
- ¿Ves?- le había dicho Matthew.- Hasta tu consigues una pareja y yo sigo soltero. Era una broma impertinente, porque a Matthew lo que le sobraban eran candidatas. Sin embargo, Elías no podía odiarlo; Matthew era quién había cuidado de él cuando su madre había muerto y su padre había quedado por dos años como paralizado. Si no hubiera sido por su hermano mayor, John y él habrían sido dos adolescentes huérfanos y zaparrastrosos; pero Matthew se ocupaba de que Djuna, la ama, que pertenecía a la familia desde hacía dos generaciones, les lavara las camisas, les engrasara los zapatos, los peinara, y el mismo se encargaba de llevarlos a la iglesia, aunque el padre no fuera, para cuidar sus almas inmortales.

domingo, 25 de noviembre de 2018

Un aire de familia. 33º parte

Entonces, cuando Samuel ya se había acostumbrado a no tener noticias de más allá del Atlántico, ocurrió el milagro: Dago, un anarquista que tenía contactos con exiliados de la guerra civil española en Francia, que resistían como partisanos en la zona de los Pirineos, le contó que se corría la voz de un miembro de la Resistencia en la ciudad de Samuel, casi un fantasma, una especie de leyenda cuyo alias era Hoffmann. 
- Hoffmann, si es quien yo pienso, es su apellido verdadero. 
- No importa- fue la respuesta de Dago- ¿Lo conoces?
- Era mi amigo. El cuidaba a mi familia.
- Tienes suerte. Si la mitad de lo que se cuenta de él es cierto, tienes suerte.
Samuel regresó esa noche al cuarto de pensión que compartía con  Bermaner ligeramente alegre. No todo estaba perdido. Hoffmann todavía estaba vivo. Hoffman no iba a permitir que nada le pasara a su niña favorita, a  Judith. Su amigo profesor también se alegró con la noticia.
- ¿Durará mucho más la guerra? 
- No lo sé. Norteamérica quiere mantenerse neutral, como Argentina. Inglaterra resiste, pero hasta cuando, no lo sabemos. La están bombardeando diariamente. El resto de Europa ha caído. Es poco probable que el Eje pierda.
- Si cae Inglaterra, y Norteamérica se mantiene neutral...
- Cómo es probable que se mantenga... 
- Hitler ganará. Hasta este lugar perdido de Sudamérica será peligroso para nosotros.
- No pienses así- dijo Bermaner- no pienses que todo el mundo odia a los judíos. Mira si no a Hoffmann; no es judío, y trabaja para la Resistencia, y protege a tu hija. 
- Ya sé. Pero es tan poco lo que puedo hacer.
- Ni me lo digas. Lo único que pude hacer yo fue traer a mi madre y Pupé, que por cierto ya está diciendo sus primeras palabras a los nueve años y mi madre e Inmaculada están muy orgullosas. Ojalá haya un golpe de suerte o algo y el destino de esta maldita guerra se tuerza, y el Eje pierda. Es solamente deseo, voluntarismo, lo mío, ya lo sé.
El golpe de suerte llegó una mañana de setiembre, cuando Samuel estaba trabajando en la mercería Merceditas, Merceditas. Eduardo entró enloquecido, enronquecido, feliz.
- Hitler traicionó a Stalin.
- ¿Qué?- contestó Samuel, aturdido.
- Hitler traicionó a Stalin. Invadió a Rusia. Quiere espacio vital para los alemanes, no sé, un discurso rarísimo. Pero ¿no entendés? Hitler va a perder. Está rompiendo alianzas imprescindibles. Está destruyendo todo lo que a sus embajadores e intermediarios les llevó años construir. Es un niño caprichoso que rompe piezas de cristal contra el suelo porque está enojado.
- ¿Entonces crees que ahora Hitler va a perder?
- Estoy seguro- dijo Eduardo, y estaba más contento que el cuando lo decía- Va a perder, va a perder. No sé cuando, pero espero que sea pronto. 

jueves, 22 de noviembre de 2018

Gente asesinada en democracia.

Un país que se dice democrático no puede tener periodistas amenazados, ni docentes perseguidos, ni teléfonos de políticos pinchados, ni puede aparecer gente asesinada sin que se sepa como. Si todo eso ocurre, no es una verdadera democracia. Es un Gran Hermano donde se juega a la democracia cada dos años con un voto de papel o electrónico. No hay slogan que tape un muerto. No somos derechos y humanos si las personas siguen siendo asesinadas, y si la justicia no investiga correctamente. Me molestan mucho sobre todos los periodistas que se llenan la boca hablando de independencia e imparcialidad, pero que ningunean a otros periodistas porque hacen periodismo desde el llano. Porque no se burlan condescendientemente de la gente que vive en las villas, sino que hacen periodismo desde las villas miseria, contando lo que allí pasa. Si uno es realmente periodista, debe tener conciencia gremial, no importa para quién trabaje. Un periodista amenazado, perseguido, encarcelado sin motivo, tiene que ser un escándalo para cualquiera que se precie de ser un buen periodista. Sino, denme el beneficio de la duda, y de sospechar que en realidad no son periodistas, sino formadores de opinión, que dibujan cualquier frase que se les ocurre porque les parece ingeniosa o usar twitters ajenos para hablar sobre nada. En una democracia real un periodista no tiene porque tener miedo de escribir sobre algo; si esa premisa no se cumple, ya no estamos en un país democrático. Es un país en joda. Entonces avisen y no pagamos más impuestos, ni la luz, ni el gas, porque aparentemente en este país los habitantes solo tenemos obligaciones, y no tenemos ningún derecho, ni siquiera el derecho a vivir. Y no nos obliguen a votar el año que viene, si este país es un país en joda. Hagamos una ruleta con la cara de cada candidato a presidente y la hacemos girar y el que gana gana y que haga lo que pueda. La democracia es real en tanto cada habitante tenga garantizados sus derechos humanos; sino, políticos, periodistas, queridos formadores de opinión, dejen de decir discursos.

Una carrera promisoria.

Me preocupa mucho el futuro de mi hija. Es, casi, casi, tan linda como yo. Pero este fue el diálogo que tuvimos esta mañana. Lo reproduzco acá para que vean lo malagradecida que puede llegar a ser una hija. Dense cuenta, madres del mundo: una las pare y veinte años después escucha palabras así.
- Hola, hija, ¿fuiste a hablar con Treabarca?- Treabarca es mi cirujano plástico, un genio, ni se notan los retoques.
- No, no fui a hablar. Además, me parece un viejo medio baboso.
- Ay nena, no seas así, por favor. Me hizo precio por vos. ¿No querés tener un poco más de, ya sabés?
- Si, ya sé mamá, de tetas. Siempre me decís que tengo pocas tetas. Muy pocas tetas. Demasiado pocas tetas. Pero me gustan mis tetas.
- Bueno, pero un poquitín de escote... Ayuda.
- Si, ayuda a que los pelotudos te griten más baboseadas por las calles. Mirala sino a Belice. Se tiene que tapar como una monja de clausura.
- Pero esa chica es tonta.
- No es tonta, mamá. Es Testigo de Jehovah. Se caso virgen hace dos años. Pero con el cuerpo que tiene, aunque se vista como una santa le siguen diciendo cosas.
- Ay, bueno, con vos no se puede hablar de nada. Si no querés, no te operés. Pero, ahora que terminaste el secundario, ¿que vas a estudiar?
- Maquillaje.
- ¿Maquillaje?
- Maquillaje teatral. Me encantó la carrera. El otro día me hice amiga de una chica que es vestuarista y me dijo que hay mucho trabajo en el maquillaje teatral.
- Es divertido, sobre todo porque vos nunca te maquillás. No querés tener más tetas, no te querés maquillar. Así te vas a morir solterona y sin hijos.
Y ¿saben lo que me contestó la muy malagradecida?
- Y bueno...
- Ay, nena, soy tu mamá, te estoy aconsejando. ¿Sabes lo que piensan los hombres de las mujeres que no usan maquillaje y estudian maquillaje teatral?
- No sé, mamá.
- Que son lesbianas.
- Y bueno, mi amiga vestuarista es lesbiana y consigue unas chicas bárbaras.
Eso ya fue demasiado. Un desafío, un papelón. Mi hija tiene una amiga lesbiana, y ella la aconseja y mi hija la defiende. Si mi hija llega a ser lesbiana ¿que van a decir mis amigas?
- ¿No pensás ni un poco en mí? ¿Nada? ¿Como les voy a contar a mis amigas que mi hija estudia maquillaje teatral?
- Bueno, es una carrera promisoria. Además, las tetas no son importantes cuando estoy maquillando a alguien.
Eso fue un golpe muy bajo. La idea de que mi hija se operara empezó hace tres años atrás, cuando vi que Nora (que es muy amiga mía, pero es una bruja) se reía de la falta de tetas de mi hija. Tu nena salió tabla, tabla, me dijo. Desde entonces veo a mi hija como a una tabla de lavar de madera. Ahora, cuando se entere que estudia maquillaje teatral y que tiene una amiga lesbiana, se va a burlar más. ¿Por qué mi hija no es como yo? Siempre estoy perfecta, y salvo por algunos deslices que solo mis íntimas saben, le he sido fiel a mis dos maridos. Encima, esta pendeja malcriada me contesta mal.
- Con vos no se puede hablar, nena. No entendés nada.
- Es cierto- me contesta mi hija.- Nunca entiendo nada. Ahora ¿te vas de mi pieza? Quiero empezar a practicar el maquillaje. Ya me compré las paletas, los pinceles, y los labiales. Y un libro. La bobe me dió la plata.
Cierro la puerta, casi de un portazo. Me miro en el espejo. El labial está medio corrido y la sombra no es apropiada. Así no puedo salir a la calle.



Primeros fuegos

Primero fue la música. No la hicimos nosotros, sino los otros, los que moran más allá de las montañas. Soplaban caracolas y golpeaban piedras y cantaban sus historias. Nosotros empezamos a imitarlos y empezamos a cantar nuestras historias. Son historias sencillas: la mía, por ejemplo, sé quién es mi madre, dudo de quien fuera mi padre, porque muchos hombres han sido muertos entre mi nacimiento y que empecé a comprender que hay un padre y una madre. Mi madre también murió de fiebre, cuando yo tenía ocho años, ya era un hombre y pescaba en el río. El día que mi madre murió hice una canción para contar su muerte. Luego hicimos un pozo y la enterramos allí. Ahora crecen árboles en ese lugar. Pero los de más allá de las montañas también conseguían el fuego; no el rayo, dios temible traedor de incendios, sino el fuego dominado. Uno de ellos nos enseñó a hacerlo. Recuerdo esa noche, porque todos aplaudimos y tocamos los troncos ahuecados. Los otros animales, los que moran en la espesura de los árboles, le temen al fuego. Nosotros ya no; ya tenemos la música y el fuego. Los peces son abundantes aquí y aunque a veces el señor de los zarpazos devora a algún pescador, seguimos viviendo. Algunas hierbas son venenosas, pero esas las conocemos bien. La mayoría son comestibles. ¿Nos quedaremos aquí? Dicen que más allá de las montañas, donde viven los otros, está el gran cielo de agua. ¿Habrá algo del otro lado? Aún no creemos en nada, más que en los árboles, el cielo y la muerte. Los  más viejos de nosotros, cuando deciden morir, se acuestan bajo las estrellas e imaginan el gran cielo de agua, que aún no hemos visto, aunque nos han contado. Cruzaremos, les digo a los otros, a algunos que probablemente sean mis hijos, cruzaremos las montañas y llegaremos al lugar donde la tierra es amarilla y el agua es salada, y hay insectos pegados a las rocas que se pueden comer con solo abrirlos. Cruzaremos y luego haremos barcos y luego seguiremos haciendo música y cocinando peces con la grasa de los animales cornudos, tímidos, bellos, que a veces dibujo en el polvo de la tierra reseca.

miércoles, 21 de noviembre de 2018

Críticos y criticismo

Mi artista preferido de todos los tiempos es Diego Rivera, y no lo es por sus murales, por sus mujeres (muchas y talentosas) ni por su apoyo a la revolución mexicana, sino porque llevaba una pistola en el bolsillo siempre y, cuando le preguntaban para que era, decía: para orientar a la crítica. Hace años que no leo casi críticas de libros, porque si un libro es malo prefiero enterarme yo misma. Ahora, cuando leo críticas de cine, generalmente deseo que Rivera resucite y dirija alguna. El crítico de cine la mayor parte de las veces es una persona un poco espantosa: parece no disfrutar de nada. Me lo imagino viendo Casablanca o Tiempos Modernos, hace varios años atrás, y criticando el sentimentalismo de las historias. ¿Para qué van al cine? ¿Para amargarse la vida? Recuerdo una muy buena nota crítica de Marcelo Figueras, hablando de Los Intocables, de Brian de Palma y diciendo, sí, tiene muchos clichés, le hace una homenaje al acorazado Potemkim, los buenos son muy buenos y los malos son muy malos, pero me encantó. Ese es el espíritu de un crítico: cuando pagamos una entrada al cine o al teatro, ya sabemos que es todo mentira. Lo que queremos es que la película nos guste y nos distraiga, porque cuando salgamos vamos a tener que seguir trabajando, cocinando, pagando el impuesto municipal y tratando de no tropezarnos con los baches de las veredas. No me gusta para nada cuando un crítico de cine dice: pasa que no se comprende bien el mensaje de la obra o, peor aún, no me gustó su mensaje. Y, el arte no es cómodo. Es arte , Detesto más aún cuando un crítico de cine no tiene cultura cinematográfica y no valora el esfuerzo que hicieron, no solo el director, sino los actores, los vestuaristas, los escenografos, los guionistas, los que la musicalizaron. Denostar algo, rebajarlo, porque no se lo comprende, como si uno tuviera una mente superior, demuestra una mente algo mezquina y limitada. Para ser crítico de cine de verdad hay que ver mucho cine, amar mucho el cine, y, además, saber de literatura, de teatro, de música, de fotografía. Y si no se quiere hacer tanto esfuerzo, simplemente, como hago yo y hacen muchos: shut up. Nos sentamos en las butacas y esperamos que la magia comienze.

Seda

La gota que rebalsó el vaso fue lo del vestido. Hasta ahí me iba callando, y simplemente miraba, como se mira una duna desmoronarse. El vestido era de seda y era muy bonito: fue el vestido más lindo que tuve nunca y era feliz cuando me lo ponía. Creo que no entendía y no entendió nunca lo feliz que era cuando usaba ese vestido, pero hay personas que no entienden la felicidad. No me molestaba demasiado que no entendiera; en el fondo, sabía, no entendía casi nada. No podía explicarle porque hay cosas que no se pueden explicar; simplemente, es como cuando la arena cae hacia el mar y entra en las olas y se forman charcos en la playa, charcos tibios aunque el agua sea helada. Era simplemente ir, ir hacia ahí. Pero claro, no entendía. Nunca lo pudo entender. Y no había manera de explicarle y entonces ocurrió lo del vestido. Se le ocurrió decirme que siempre usaba el mismo. Y entonces yo pensé: este vestido es lindo. Me trae felicidad. Prefiero el vestido. Y lo volví a pensar dos veces y me dí cuenta lo que estaba pensando: prefiero el vestido.

Jessica Chastain

He visto varias películas protagonizadas por Jessica Chastain y no puedo creer que sea la misma persona. La chica rubia, ingenua, a la cual la mucama negra tiene que ayudar en The Help no tiene nada que ver con la mujer enloquecida, encerrada en una mansión y en sus secretos de Crimsom Peak, pero tampoco tiene nada que ver con la mujer combativa que es la contraparte de Chris Hemsworth en El Cazador y la Reina del Hielo. Todas ellas son tan diferentes que lo que creo es que en realidad Jessica Chastain es el nombre de una actriz generada a CGI; la otra posibilidad, que este actuando, es casi inverosímil. Una actriz no puede mentir tanto. Pero bueno, sea como yo creo o sea que Jessica Chastain exista de verdad, sea una persona, respire, lea el guión y lo actúe tan bien, la verdad es que es un pequeño lujo que se da a veces en las películas hollywoodenses; una actriz tan buena que suspendemos nuestra bendita incredulidad.

Gabriela Acher

Es difícil en este país y en cualquier país que se reconozca a las humoristas mujeres. Ahora. Pero Gabriela Acher se animó a hacer un programa de humor feminista en el año 1989, cuando no era difícil; era casi imposible. Y Acher es buenísima haciendo chistes. Tengo el muy buen libro Algo sobre mi madre (todo sería demasiado) como uno de mis libros de cabecera de buen humor judío, junto con algunos de Rudy y de Marcelo Birmajer. La parte más chistosa del libro: mi madre no es judía, pero es exactamente como la madre de Gabriela Acher. Pura culpa en la crianza de su hija mujer. A veces intento detenerla y decir, mamá, tengo cuarenta y uno, no me agarres la mano cuando cruzo la calle, ya la aprendí a cruzar sola, aunque no lo creas. Respuesta de mi madre (imposible de responder): vos ya no me querés más. Casi que se me larga a llorar, cada vez que le digo algo, así que, mamá, tu comida es rica, tus mates son riquísimos (cof, cof, mentira) y sabes todo sobre el mundo y sus alrededores. No voy a escribir un libro sobre esto, porque mi mamá me mata o por lo menos me retira el saludo. Pero ella me hacía ver a Gabriela Acher de chiquita, así que algo de bueno tuvo una madre judía no judía; la parte mala es que no tuve bar mitzvah y no me dieron dinero en la fiesta, pero bueno, todo no se puede.

Luis Scafati

Es un placer observar el trabajo de algunos dibujantes y Luis Scafati está entre los grandes. No hay línea en los dibujos de tinta de Fati que no sea pensada y sentida; sus ilustraciones en El Péndulo de cuentos de ciencia ficción complejos, durísimos, son la muestra de que el arte es mucho más que puro adorno al margen de la página. En una revista Mutantia, en realidad la única Mutantia que tengo, había un poema muy bueno, de un colombiano donde se narraban las guerras civiles en su país; los dibujos de Fati sobre ese poema eran ese poema. Luis Scafati parece haber entendido perfectamente lo importante que es lo visual, en una época donde lo único importante parece ser el impacto y el logo, sus dibujos casi sin color, blanco del papel y negro de tinta impactan más que cualquier instalación o performance. El arte menor y el arte mayor es una discusión que solo es importante a la hora de fijar un precio en un mercado; sirve en tanto digamos altisonantemente que Picasso fue siempre un genio, porque eso dicen todos. Los dibujos de Fati son siempre arte mayor, porque observan, porque diluyen y corroen, porque conmueven. Eso es aprender a dibujar.

martes, 20 de noviembre de 2018

Un aire de familia. 32° parte

La guerra (la segunda gran guerra) no terminaba. El ejército alemán parecía imparable y había ocupado los Países Bajos y, aunque todos pensaban que no era posible que Francia cayera, una tarde los diarios vespertinos se llenaron con titulares que decían que en París los tanques alemanes habían entrado.
- Bueno- dijo Eduardo Arramburu- el amigo de las Ocampo, Drieu La Rochelle, estará feliz.
- Muchos están felices- observó Samuel.- Aquí en Argentina, también.
Arramburu había dejado de pelearse con su padre por cuestiones políticas: el hombre que hasta hacía un año atrás le parecía infalible y majestuoso, ahora le parecía un anciano encerrado en sí mismo. No puedes ser neutral, había intentado decirle un par de veces, cuando lo que postula el nazismo es que los judíos mueran. Y si lees algunos diarios, ya han muerto varios y no de la mejor manera.
- ¿Sabes lo que me contestó? Que en todas las guerras hay muertos. No así, le contesté yo, no se masacra de esta manera a civiles desarmados, ahorcándolos, con piedras. Tú no entiendes nada de nada, me dijo. Mira los poetas que lees, mira los amigos que tienes. Un ayudante de mercero. Un profesor de francés. Panaderos anarquistas. ¿Te crees que no lo sé?
- ¿Y qué le contestaste?- preguntó Samuel.
- Nada. No le contesté nada. Me da cierto odio, pero no puedo decirle ¿para eso quieres que me dedique a la política? ¿Para no hacer nada por nadie? Prefiero ser ingeniero agrónomo, aunque lo odie.Además, encima, madre quiere que me case. Y que me case bien. Me ha presentado a dos o tres de las hijas de sus amigas, muchachas que deben ser muy buenas pero que no hablan.
- ¿Son lindas?
- Oh, sí- contestó Arramburu.- Pero a mí me gusta una muchacha que conocí el otro día en casa de los Alzugaray, en una tertulia literaria que organizó Maricarmen Alzugaray. Es muy bella y le gusta Baudelaire. También escribe poemas.
- ¿Es de buena familia?
- Si, por favor, te crees que Maricarmen Alzugaray va a dejar entrar a cualquiera a su tertulia literaria.
- ¿Y entonces?- preguntó Samuel.
- Es que me parece que está enamorada de Maricarmen Alzugaray y ese amor es correspondido. Bueno, en realidad no me parece. Estoy seguro. Cuando le dije a padre de ella, estuvo largas horas para darme a entender esto. Importante, sin duda alguna. No me sorprende demasiado. En ninguno de sus poemas nombra a ningún hombre. Lo cuál solo demuestra mi mala suerte. Ingeniero agrónomo a la fuerza y la primera mujer que me gusta le escribe poemas a otra mujer. Aunque padre dijo que igual podría casarme con ella, aunque, claro, no sé si nos llevaríamos muy bien.
- Bueno- dijo Samuel- Por lo menos a los dos les gusta la poesía. Algo es algo. Un interés en común. Hannah y yo ni siquiera teníamos eso. Yo le temía un poco y a ella le era indiferente.
- No eres demasiado romántico ¿no es cierto?
- Soy ayudante de mercero, como dijo tu padre. Y ajedrecista. Pero te digo algo; en el transcurso de mi matrimonio aprendí que Hannah es una mujer única y valiosa, a su manera, y cada vez que pienso que puede pasarle algo malo a ella o a Judith, me desespero un poco. Trato de no caer en la desesperación, pero las noticias de Europa cada vez son peores.
Dos meses más tarde el futuro ingeniero agrónomo Eduardo Arramburu y la precoz poetisa (que ya había publicado dos plaquetas de poesía ilustradas por ella misma) Maria Cristina Barca Novarret se casaban en la Catedral de La Plata. El padrino de la boda fue Arturo Arramburu, primo mayor de Eduardo y la madrina fue Maricarmen Alzugaray, que quizás lloraba un poco de más, como le hicieron notar su marido y su suegra. De todas maneras, y contra lo que pudieran pensar muchos, principalmente el padre del novio, fue un matrimonio muy feliz. Tuvieron dos hijas, Maria y Cristina, y como se murmuraba por lo bajo en los restaurantes de Recoleta, esos dos retoños fueron el fruto de las dos únicas ocasiones en que Eduardo y Maria Cristina coincidieron en la cama con el mismo propósito. Pero la verdad es que Maria Cristina, a diferencia de su suegra, de su suegro y de la misma Maricarmen Alzugaray, admiraba mucho los brotes poéticos de su marido y no le importaba que muchas veces el adjetivo, el sujeto y el verbo fueran totalmente inconcordantes y que las rimas fueran pesadísimas.

Un conservador en la familia


Cuando crié a mi hijo soñaba conque fuera rockero o revolucionario o las dos cosas. No me saliò. Mi hijo es conservador. Si hubiera nacido de Norteamérica, yo votaría por algún demócrata con pocas probabilidades de ganar y el por los republicanos. Temo que cuando se decida a votar vote al PRO o al radicalismo. No tengo manera de disuadirlo; es mi hijo. Me ha oído escuchar a los Redondos, Silvio Rodriguez y los Olimareños durante toda su infancia, ha presenciado mis inverosímiles métodos de crianza (los niños no tienen porque comer las papas fritas con ketchup de la Cajita Feliz; esas corresponden a las madres), me ha visto discutir de política en sobremesas de asado. Resultado de tanto esfuerzo político y educativo: un pequeño conservador, que cree en el amor para toda la vida, que respeta a rajatabla las normas, que idolatra a sus profesores, que jamás me contesta mal y me agradece cuando cocino aunque sé que casi siempre quemo la comida. Estaría más tranquila con un hijo rebelde, que me dijera que soy una burguesa conformista y que me amenazara con unirse a una banda de rock; imposible. La palabra burgués conformista no entra en su vocabulario. Se salteó la parte de la adolescencia o la hizo a la inversa: en mi casa el es la persona respetable y seria y yo soy la problemática, como me lo recuerda constantemente. Ese dardo duele, solo cuando me río.

Faunos

Soy hijo del gran dios Pan. En los bosques vivo: algunos piensan que soy un niño perdido del pueblo, que se alimentó con moras y con ratas muertas, y que olvidó usar ropas y caminar con zapatos, pero soy un fauno. Hay una estatua de mi padre en el medio del bosque, pero los hombres ya no dejan sus tributos y mi padre se ha marchado. Yo no quiero marcharme todavía, entonces moro aquí en el bosque y escribo versos e invento címbalos con cañas y coronas con flores espinadas. A veces vienen aquí doncellas a perder la virtud con actores de tres por cuatro o con gitanos ladrones, y yo las observo. Tengo tres o cuatro hermanos, pero ellos viven asustados, detrás de los troncos. Yo no tengo tanto miedo; cuando las doncellas y los actorzuelos están gimiendo, les robo algunas de sus ropas y luego se desesperan. Me da risa: pierden su virtud y se preocupan por sus enaguas. Sé que algún día algún caballero italiano o francés me dará caza, pero no me importa. Cuando me tenga encerrado en una jaula o con un cepo verá lo que es bueno: empezará a desear a lavanderas y a cocineras, olvidará las reglas de la etiqueta y comerá con las manos las perdices braseadas, querrá ser músico o historiador. Me relamo con la idea. Pero ahora llega uno de ellos, un hombre solo, sin doncella y no tiene aspecto de nada, lleva solo un cuaderno y un lápiz de carboncillo. Se ha quedado cinco horas mirando las hojas. Me da tanta curiosidad que me le acerco, casi sin resquemor.
- Hola, le digo.
- Hola, me dice. ¿Has observado la estatua de Pan? Es muy bella.
- ¿Vienes a rendirle tributo?
Entonces el hombre se ríe.
- No. La observo. Dibujaré este bosque dentro de unos años.
- ¿Cómo te llamas? No te he visto nunca por aquí.
- No, he venido... No importa- y me extiende una mano, una mano algo rechoncha y tosca- Mi nombre es Turner.

lunes, 19 de noviembre de 2018

Damas gratis

Me gusta mucho la cumbia. No hay nada como la cumbia cuando uno está triste: las letras son simples, las melodías son alegres, uno puede imaginarse en un bailongo de fin de año. Y me gusta mucho Damas Gratis, porque ya desde su título dice porque a tantos hombres les gusta la cumbia: porque hay muchas mujeres en el baile y son chicas que van a divertirse. He escuchado cumbias hechas por exquisitos de la música, como por ejemplo algunas de La Chicana, y son buenas, pero son demasiado tristes. La cumbia no es una música triste, eso tiene de bueno. A todos se nos levanta el espíritu cuando escuchamos tocar a Damas Gratis, como cuando suenan Los Auténticos Decadentes. Y no hay segundas intenciones en las letras y eso es refrescante, como cuando escuchamos Twist and Shout de Los Beatles; están ahí, suenan y sacudamos las cabezas y movamos los piececitos.

Cárcel y muerte.

Una canción de los Redondos que cantábamos todos en mi juventud era Todo preso es político. Eso no es del todo cierto: una cosa es un preso político, alguien que es claramente perseguido más por sus ideas políticas y por sus acciones políticas, y otra cosa es un preso común. De toda manera, hay una realidad: la mayoría de los presos en carceles comunes y en comisarías son pobres. Como son pobres (un poco menos, pero pobres) los policías y los guardiacárceles. Esto no solo ocurre acá, ocurre en todo el mundo. La maquinaria judicial y carcelaria está pensada para que el pobre que delinque la pase mal: lo del rico que delinque es más complicado, porque sinceramente la ley está hecha para que el rico no vaya preso. A no ser que mate a alguien, o algo tan grave como eso, no va nunca preso. El principio más sagrado del cual se ocupa la ley es la de la propiedad privada; la vida humana está en segundo lugar. En un lejano segundo lugar en el caso de los presos por causas comunes: están todos juntos en la misma bolsa, narcotraficantes, asesinos, violadores, carteristas, ladrones de casas, asaltantes de bancos. En la cárcel obviamente tienen jerarquías, pero con nuestras cárceles es difícil pensar que un hombre se rehabilite; lo más probable es que apenas salga vuelva a ser delincuente. A la cárcel se la llama la tumba, lo cuál es definitivamente sombrío; una persona puede cambiar. Hay gente que cambia para peor, es cierto. Pero hay gente que cambia para mejor, que por más que haya sido un ladrón o un narcotraficante, no quiere volver a serlo al salir de la cárcel. Si la única idea que tenemos de los presos es que son algo así como escoria humana a la que se le puede hacer cualquier cosa porque está bien hacerles cualquier cosa, ese pensamiento habla mucho peor de nosotros que de los presos. Voy a plantear un caso extremo: un hombre que violó y mató a una mujer es una persona casi imposible de redimir, extraña para la mayoría de nosotros, irrecuperable por la capacidad de daño que tiene y el desprecio hacia otras personas que muestra. Si la justicia funciona correctamente, tiene que pasar el resto de sus días en la cárcel. Ahora, tiene el derecho a que no se lo torture, a que no se lo mate y a que por el resto de los días permanezca encerrado en la cárcel, a que se le de de comida y agua. Es un monstruo, es cierto; pero si como sociedad empezamos a ser monstruos nosotros a causa de una sola persona monstruosa, vamos muy mal. Estoy en contra de la pena de muerte no tanto por lástima a los pobres asesinos (muchos de ellos no son dignos ni siquiera de lástima) sino porque pienso que no hay peor castigo para una persona que piensa que puede eludir cualquier ley y burlarse de ella que ser encerrado el resto de su vida a cadena perpetua después de haber sido juzgado y de que los familiares y amigos de las víctimas lo hayan visto a la cara. Eso es demostrar que la justicia realmente funciona. Es cierto que muchas veces hay jueces y abogados corruptos, pero hay muchos que no lo son, y hay instancias superiores a las que acudir si se sospecha que un caso penal está siendo manipulado en beneficio de alguien.

Hambre, desnutrición y obesidad.

Desde que soy chica escucho por la radio y por la tele hablar a gente que aparentemente sabe del tema del "hambre de los niños pobres". Se hacen fundaciones, se recauda plata, se fundan comedores. Lo único un poco irónico que es generalmente la única idea que las fundaciones tienen para recaudar plata para que los pobres coman es hacer una cena a beneficencia a diez mil dólares el cubierto: pero hace siglos que a los ricos no se les caen nuevas ideas, ni que hablar monedas o billetes. El pobre que tiene un trabajo asegurado sabe que va a comer todos los días, estirando por ahí el presupuesto, pero que va a comer; el pobre que trabaja salteado va a comer algunos días y otros días tendrá que enviar a sus hijos a un comedor; el pobre que no consigue trabajo tiene que mandar a sus hijos al comedor todos los días y cartonear, o buscar en la basura restos de comida que puede llegar a ser fresca o no, pero a buen hambre no hay pan duro, dice el dicho. Las grandes palabras en los grandes discursos son nada, cáscara: hambre cero, pobrezo cero. Los pobres no comen palabras. Si no hay acciones concretas de parte del estado, de parte de los políticos para que la gente para la cuál el hambre es un problema concreto, algo que va a pasar esta noche, no dentro de dos semanas ni dentro de una semana, esta noche cuando llegue a su casa y vea que apenas tiene algo en la heladera, las grandes palabras se las lleva el viento. No valen nada. Y las acciones políticas concretas de parte del estado para modificar el estado de cosas - y ahí radica el gran problema- no son agradables. Controlar la importación, por ejemplo, gravar con impuestos altos a los artículos de lujo. No es una medida linda. Todos queremos que los I phones estén baratos. Ey, protestamos todos, el I phone a diez mil pesos es casi un derecho humano. Malas noticias: no lo es. La ropa de marca y las zapatillas importadas tampoco. Ni siquiera los libros importados, aunque esto me duela en el alma. Todas esas cosas son superfluas. Y si cobraron impuestos altos por todas esas cosas se reactivaría la industria nacional, primero y después el gobierno recaudaría más, tendría más dinero. Y después, un gobierno que aspira no a la "pobreza cero" sino a mejorar la situación de la gente que revuelve los containers de basura y pide en las peatonales céntricas, tiene que aplicar políticas específicas de ayuda, estudiadas, para ver como se puede contener a esa gente, cómo se puede impedir que sus barrios se inunden, que sus cloacas se desborden, que terminen la primaria, que terminen la secundaria, que se vacunen, que consigan trabajo. En la situación actual ¿cómo se le puede decir a la gente que busque trabajo? Están cerrando fábricas por decenas. Fábricas de las cuáles dependen a veces pueblos enteros. Y los que tenemos cierta edad sabemos lo que pasa, porque pasó en los noventa: cierra la fábrica y luego cierran los comercios del pueblo y la gente que vive ahí no sabe que hacer, porque la vida del pueblo giraba en torno a esa fábrica. Antes de hablar de hambre cero o pobreza cero, un gobierno que se proponga serio, político de verdad, dispuesto a mejorar esta situación tendría que ser humilde: trabajo, en lo posible. Más impuestos a los que más ganan (y sabemos que la gente que más gana es bastante reacia a pagar impuestos). Infraestructura. Escuelas, hospitales, cultura inclusive, porque la cultura también es importante. No va a ser de un día para el otro, porque lo que se retrocedió en muchos sentidos en este año 2018 económicamente (no sólo por culpa del gobierno de Macri, también a causa de la situación internacional adversa) va a ser difícil remontar. No hay recetas mágicas. Pero si queremos pensar un país no de acá a cinco años, ni de acá a diez años, sino de acá a treinta años o a cincuenta, no hay que apurarse. Si se hacen las cosas bien, o lo mejor posible, la situación de las personas mejora lentamente. Y la gente que está apurada porque no puede comprar un I phone o unas zapatillas de marca, en realidad no son prioridad de ninguna política pública de ningún gobierno: pueden ahorrar tres o cuatro meses y luego comprárselos. La prioridad es que la gente que tiene hambre real y concreta esta noche deje de tenerla.

domingo, 18 de noviembre de 2018

La muerte de un rey. 64° parte

                                                                                             Burn down the disco 
Hang the blessed DJ 
Because the music that they constantly play 
It says nothing to me about my life 
                                                       The Smiths

                                                                                              Phillip Derick, New York, 2021.

Fue culpa mía, había dicho Plumm, estoy absolutamente segura. Primero de todo salí con Julio, Julio Aquitania, adorable, sabe, un hermoso acento andaluz pero sin un dólar y a mi padre y a mi madre no les gustaba para nada, pero yo me iba a casar igual, estaba muy metida en la planificación de la boda y apareció Ron Vermin, y bueno, el sí tenía dinero, es cierto, no era precisamente honesto lo que hacía, pero probé tres de sus drogas y eran buenas, en lo suyo era realmente un genio, la cosa es que los dos han desaparecido. Y me siento culpable. Por favor averigüe algo sobre ellos, tienen que estar en algún lado. El que más me preocupa es Ron, porque puede que lo haya matado la competencia: sus drogas eran demasiado buenas, doy fe de ello. Mejores que el Valium y el Percocet juntos. Le pagaré lo que sea. Lo que sea. No puede ser que dos de mis novios desaparezcan de un día para el otro, puf, como tragados la tierra, uno en Turín, el otro en Trípoli. 
Phillip Derick obedeció las reglas del buen detective, aprendidas en la Black Collection que tenía en su biblioteca y se acostó tres veces con su clienta. Desgraciadamente no fue lo suficientemente interesante para que Plumm lo elevara a la categoría de novio, pero era un profesional y el dinero que ella le pagaba quintuplicaba sus honorarios corrientes. Así que se dedicó full time al caso y averiguó todo lo que pudo acerca de Julio Aquitania y de Ron Vermin y la verdad es que los dos eran casos probables de que los hubieran matado, atado con cables y tirado al océano. Aquitania tenía deudas de juego en casi todos los salones de poquer clandestinos de Florida, Texas, Sydney y París y si Ron Vermin había eludido hasta ahora una condena efectiva era porque podía pagarle muy bien a su abogado. Bueno, le diré a Plumm, dijo cerrando la computadora, los dos probablemente estén muertos, se largará a llorar, se acostará conmigo otra vez y lo superará. Lo único que le había llamado la atención del caso -era un buen detective, prestaba atención a los detalles- era lo que comía Ron Vermin. Solamente arroz blanco tashmin de marca Lotus (importada de Malasia), endivias, caviar ruso, verdadero, Beluga, y chocolate Lundt de Costa de Marfil. A veces al arroz blanco le ponía unas gotas de salsa de pescado. Que narcotraficante maníaco, pensó Phillip, pero cada cual con su locura. 
Bajó a la tienda a comprar algo para cenar, pero estaba cerrada. Se insultó un poco a sí mismo. Siempre olvidaba comprar comida a tiempo. Ahora tendría que ir hasta el delicatessen de la Quinta Avenida donde tendría que dejar cincuenta dólares para hacer algo parecido a un sandwich; el odiaba eso. Pero era el único lugar abierto. 
Bueno, con el dinero que me pagó Plumm puedo comprar algo bueno. Voy a ser un poco cómo Ron Vermín. Compraré salmón ahumado, mucho salmón ahumado y un pan de buena calidad, y mostaza, porque en la heladera no tengo nada. Y tengo hambre. Y también compraré Coca Cola.
Adelante de él había una mujer de pelo corto, castaño, elegante, que llevaba de la mano a una niña muy bonita.  No tenía edad para ser la madre, seguramente era la abuela. La niña usaba un vestido verde agua bastante sucio en los bordes.
- Necesito tomates secos,. Queso brie. Queso roquefort. Queso manchego. Jamón de Parma. Paté de foie de verdad. 
Esto va a ser largo, pensó Phillip y tengo tanta hambre.
- Té de Ceylán. Té verde. Arroz blanco tashmin de marca Lotus. Salsa de Pescado.
- ¿Qué te pasa, Penny?- bromeó el dueño del negocio- ¿Te empezó a gustar el arroz? Siempre lo odiaste.
- Es para visitas- dijo la mujer.- Tengo muchas visitas en casa.
- Comen cosas raras- dijo la niña.
Si no hubiera sido por el comentario de la niña, Phillip no se hubiera dado cuenta. Pero, no es probable, se dijo. Puede ser casualidad.
- Aceite de oliva y aceite de girasol, ambos de primera prensada en frío. Salsa de soja, la más barata. Orégano. Pimienta de Jamaica. Ají picante.
No, se dijo Phillip. Me estoy poniendo demasiado suspicaz.
- Chocolate Lundt de Costa de Marfil.
No podía ser. La mujer tardó un rato en pedir lo siguiente.
- ¿Por casualidad, tienen caviar ruso, verdadero, Beluga, blanco, de huevas de esturión?
- Por supuesto- contestó el dueño- ¿Ganaste la loteria, Penny? Tu y tu esposa nunca fueron de tantos lujos.
- Visitas en casa- contestó Penny. Parecía muy nerviosa.
No sabe mentir, se dijo Phillip. Ya sé que tipo de visitas tiene en su casa.