martes, 6 de noviembre de 2018

La hermosa tecnología

Cuando empezó a desarrollarse la computación tuvimos miedo de que las computadoras se volvieran más inteligentes que nosotros. No estoy muy segura de si eso pasó; lo que sí es seguro es que nuestra vida se volvió un poco peor. Ahora todo trámite es virtual; no hay con quien pelearse, y uno debe putear a una pantalla LED. El Wasapp que nos prometía perpetua y (¡gratuita!) comunicación se ha vuelto una pequeña pesadilla, mensajes, de mensajes, de mensajes y encima gente ofendida porque le clavaron el visto (tan luego a ellos). Twitter y Facebook nos enseñan que hay otras personas que hacen memes más graciosos que los nuestros e Instagram que hay gente que es tan cool que incluso su desayuno parece salido de un photoshop y consta exactamente de dos rebanadas de pan integral y un jugo detox. Pinterest es la red social que más me agrada: solo tiene imágenes, nadie me habla,  puedo ver nenúfares impresionistas tranquila (ya sé que sueno asquerosamente snob). Casi todas las aplicaciones nos prometen felicidad eterna, aprender chino mandarín o alto valyrio, bajar diez kilos en dos meses o aprender a bailar tap o danza moderna. No venden el tiempo para hacer todas esas cosas, claro. Para tener tiempo para hacer esas cosas tendríamos que renunciar a alguno de los dos trabajos que tenemos, y en ese caso el año que viene no podríamos comprarnos el último celular Samsung, que según parece viene con cámara alta resolución, actualización de datos automaticos y dual core.

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