jueves, 22 de noviembre de 2018

Primeros fuegos

Primero fue la música. No la hicimos nosotros, sino los otros, los que moran más allá de las montañas. Soplaban caracolas y golpeaban piedras y cantaban sus historias. Nosotros empezamos a imitarlos y empezamos a cantar nuestras historias. Son historias sencillas: la mía, por ejemplo, sé quién es mi madre, dudo de quien fuera mi padre, porque muchos hombres han sido muertos entre mi nacimiento y que empecé a comprender que hay un padre y una madre. Mi madre también murió de fiebre, cuando yo tenía ocho años, ya era un hombre y pescaba en el río. El día que mi madre murió hice una canción para contar su muerte. Luego hicimos un pozo y la enterramos allí. Ahora crecen árboles en ese lugar. Pero los de más allá de las montañas también conseguían el fuego; no el rayo, dios temible traedor de incendios, sino el fuego dominado. Uno de ellos nos enseñó a hacerlo. Recuerdo esa noche, porque todos aplaudimos y tocamos los troncos ahuecados. Los otros animales, los que moran en la espesura de los árboles, le temen al fuego. Nosotros ya no; ya tenemos la música y el fuego. Los peces son abundantes aquí y aunque a veces el señor de los zarpazos devora a algún pescador, seguimos viviendo. Algunas hierbas son venenosas, pero esas las conocemos bien. La mayoría son comestibles. ¿Nos quedaremos aquí? Dicen que más allá de las montañas, donde viven los otros, está el gran cielo de agua. ¿Habrá algo del otro lado? Aún no creemos en nada, más que en los árboles, el cielo y la muerte. Los  más viejos de nosotros, cuando deciden morir, se acuestan bajo las estrellas e imaginan el gran cielo de agua, que aún no hemos visto, aunque nos han contado. Cruzaremos, les digo a los otros, a algunos que probablemente sean mis hijos, cruzaremos las montañas y llegaremos al lugar donde la tierra es amarilla y el agua es salada, y hay insectos pegados a las rocas que se pueden comer con solo abrirlos. Cruzaremos y luego haremos barcos y luego seguiremos haciendo música y cocinando peces con la grasa de los animales cornudos, tímidos, bellos, que a veces dibujo en el polvo de la tierra reseca.

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