sábado, 17 de noviembre de 2018

The art of writing

Como la reina es severa y justa, escribiré sobre su padre dorándole la píldora, omitiendo sus muchas crueldades y sus cenas pantagrúelicas. La reina (mi reina) ¿no es acaso un personaje digno de estar en un teatro? Cuando decidió la muerte de Mary Stuart, por ejemplo, pero no, la vida de un dramaturgo no vale nada, y escucho a los otros que me critican, que dicen con furia y con envidia que no le llego ni a los talones a Marlowe, que sin duda el era un grande, que solo quiero imitarlo, que le robo historias. Eso no me preocupa, las historias están para ser robadas. Me acusan de desborde y de lirismo, pero ¿no es la vida acaso desborde y lirismo, exageración, mujeres que se enamoran de los hombres equivocados, hombres que van a guerras que no entienden, madres que alimentan a sus hijos con pollos robados, ladronzuelos con orejas cortadas? Nuestro pequeño teatro - les digo a mis amigos, los actores- será nuestro pequeño reino. Allí los hombres y las mujeres llorarán las desventuras de los césares y de los escoceses y reirán ante las damiselas que engañan a los hombres con bellos versos, y ante los dioses menores que soplan a los oídos de las doncellas dormidas. ¿Cómo representaré a Cleopatra? dice un actor muy joven y hermoso, casi una niña, nunca he sido una princesa egipcia. Tengo que encontrar las palabras justas para cada persona, y ya sé que luego me acusarán de no respetar a Aristóteles, a su divina interpretación de la comedia y la tragedia, de traicionar el tradicional arte del teatro, y quizás mis obras no se publiquen (como aman cada vez más la palabra impresa nuestros hermanos literatos, poemas, y poemas) pero ahora tengo que enseñarle a un actor muy joven, que ha nacido en los bordes de Londres y cuya madre es curandera y partera, a ponerse ropas de reina egipcia, a caminar y a decir lo que escribo, para que cuando nuestro pequeño teatro este lleno, y siempre se llena, todos lloren porque Cleopatra decide abrir la canasta con serpientes sagradas y sus dos esclavas se queden con ella y luego entre el césar Augusto a encontrar los cadáveres.

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