sábado, 3 de noviembre de 2018
Los Olimareños
Crecí en una casa definitivamente rara: a los seis años me sabía completa la Internacional. Y la cantaba. Era completamente ignorante de que la Internacional era una canción peligrosa. Mi ateísmo fue militante desde la primaria. Me sabía completas las canciones de Baglietto, Viglietti, Silvio Rodriguez, Pablo Milanes, Cesar Isella y por supuesto, Los Olimareños. Es decir, estaba totalmente out. En la disco se escuchaba Erasure y Depeche Mode y a veces U2, que son buenos, pero no tan buenos como Los Olimareños. Algunas de sus canciones son de protesta, y son muy buenas, pero las mejores canciones de los Olimareños son las de amor. La niña de Guatemala, cuya letra es de nadie menos que de José Martí es preciosa o El beso que te di; grandes canciones del folklore latinoamericano rescatadas por un dúo que siempre sonó perfecto. Así es que en cierto modo agradezco mi infancia no a la moda; me sé completa la Internacional, sigo siendo atea (gracias a Dios) y sigo escuchando a Los Olimareños.
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