viernes, 31 de mayo de 2019

Cosplays y otros disfraces.

He ido muchas veces a eventos de historietas y fantasy. Está lleno de cosplayers. Hay algunos participantes a los que el cosplay le sale mas o menos, a otros les sale bien, a otros les sale excelente. No es una actividad restringida a una edad en particular: hay adolescentes, pero también he visto gente de mi edad con sus hijos, la familia entera haciendo cosplay: es decir, disfrazados, como sus personajes favoritos. Como  las convenciones de historieta y fantasy están hechas para que los fanáticos del animé, las historietas, las películas de clase B y el fantasy se reúnan, nadie juzga a los cosplayers, salvo por si su disfraz está más o menos logrado. Inclusive, muchos medios cada vez que hay una convención de historietas hacen notas de color sobre los cosplayers.
Hasta hace tres semanas, la mayor parte de los argentinos de mi edad  o mayores no sabía de la existencia del cosplay -excepto si sus hijos eran cosplayers. Ahora los medios en masa están descubriendo que el cosplay existe porque el hijo de uno de los candidatos a presidente es un cosplayer. Sacan notas revelando este hecho, como si fuera relevante. ¿Si el hijo de Alberto Fernandez fuera fanático de Racing y usara la camiseta de Racing todos los días sacarían notas sobre eso? Probablemente no. El cosplay es un movimiento artístico muy importante dentro de la juventud; no hay nada sorprendente en que un chico de veinte años haya decidido ser cosplayer. Y que un chico o una chica de veinte años ame los personajes de Pokemon, de League of Legends, de World of Warcraft, de Caballeros del Zodíaco, de los  Power Rangers es menos raro todavía porque crecieron con esos dibujitos y esos juegos on line. A Alberto Fernandez, si no nos gusta como candidato, podemos, no sé, no votarlo. Ahora, plantear que un chico joven que hace cosplay es algo así como un  el resultado de una mala crianza y el acabose de la moral argentina, es el colmo de la falta de respeto: me pregunto si las personas que opinan eso tan libremente en las redes sociales se animaría a hacer una marcha en la puerta de una Comic Con exigiendo el fin del cosplay. Casi seguro que no, y además saben que aunque la hicieran, tanto los cosplayers como la gente que paga la entrada para  entrar a una convención de historietas no les haríamos caso.

Problemas del Tercer Mundo

En una crónica muy buena acerca de la Ciudad de Buenos Aires, Martín Caparrós habla acerca de los cartoneros. En una observación filosa - porque no solamente atañe al gobierno actual de Macri, sino a los gobiernos más "progres" de Nestor Kirchner y de Cristina Fernandez- dice: los cartoneros, la gente que vivía de la basura, que comía de la basura, parecieron empezar a ser visibles desde el año 2001 (aunque, claro, existían desde antes, solo que no eran tan visibles). Diez años atrás se le dieron chalecos naranjas para reconocerlos como trabajadores de reciclado. En ese momento gobernaba Cristina Fernandez. Ahora gobierna Macri y los cartoneros siguen existiendo; se han multiplicado. Aparentemente, lo único que han podido hacer gobiernos de diferente signo por la gente que vive de la basura es darles chalecos naranjas y llamarlos por nombres más agradables que cartoneros, para que no se sientan discriminados. Que no se entienda mal: no estoy en contra de los cartoneros. Al contrario, pienso que trabajan muchísimo más que un broker de la City o un RR.PP de una discoteca. Justamente, si hay algo que demuestra un cartonero o una cartonera es voluntad de trabajo. Ahora ¿ningún gobierno puede darles una opción de trabajo más digno que el reciclaje de basura? Los subsidios y la asignación universal por hijo están muy bien, porque elevan, aunque sea mínimamente, el nivel de vida de gente que vive de la peor manera posible: pero si no se le dan oportunidades de un trabajo mejor, de una vivienda digna, van a seguir viviendo del cartoneo. Sus hijos van a seguir siendo cartoneros. Van a seguir comiendo en comedores comunitarios, que no están mal para paliar el hambre diaria, pero que definitivamente no es lo mismo que comer en una casa, en una cocina. No podemos echarle la culpa de esto al gobierno de Mauricio Macri, porque he visto personas cartoneando desde el gobierno de Alfonsín. En esas épocas se repartían las cajas PAN. Después hubo otras formas de asistencialismo, desde cada gobierno, diversas. No estoy en contra de que el gobierno subsidie de alguna manera a los sectores sociales más pobres: muchos de los sectores más pobres trabajan todos los días, de domingo a domingo y su trabajo es invisible. Pero no podemos decir -realmente no podemos- que en Argentina no tenemos los medios ni el dinero para garantizar mejores trabajos, mejor nivel de vida, buena salud pública, buena educación pública, vivienda digna a las personas mas pobres. Argentina es un país de mucha riqueza natural y de muy poca población. Que haya un treinta por ciento de pobres y un cinco por ciento de indigentes es un escándalo y los diferentes gobiernos democráticos desde 1983 no han podido resolver esto: lo han empeorado. En cuanto a los medios, les encanta mostrar la pobreza y la miseria como pintoresca. No hay nada pintoresco en ser pobre o en vivir en una villa miseria: es la ausencia absoluta de políticas de Estado donde tendrían que ser más fuertes las políticas de Estado. Hay mucha gente que critica esto y piensa que el Estado no tendría que tener políticas públicas hacia la gente más pobre, porque "son pobres por algo". Pero son personas que saben que van a desayunar al día siguiente. Y son personas que no saben a cuanto está el kilo de papel ni el kilo de cartón y todo el cartón y todo el papel que hay que juntar para hacer cien pesos, con los cuales hay que comer al día siguiente. Somos un país donde hay suficiente riqueza para que todas las personas tengan acceso a una vida digna y a un futuro para sus hijos y desde hace muchas décadas esta realidad, que debería ser clara a simple vista, viene siendo negada por muchos políticos, periodistas e intelectuales.

jueves, 30 de mayo de 2019

Una historia épica

- Che, vos escribiste un par de libros, ¿no?
- Si, diez libros de literatura infantil juvenil -no un éxito pero vendieron bien- y tres libros de policiales. Además un libro de anécdotas de mi juventud. Y además guioné tres películas.
- Bárbaro, bárbaro. Porque acá tenemos una idea para una historia épica, filmarla y venderla a Netflix. ¿Te interesaría guionarla?
- Y, sí... ¿Cuanto me pagarían?
- Dos mil dólares.
- Si, creo que sí... A ver que consulto con mi mujer.
- ¿Tenés que consultar con tu mujer estas cosas?
- Shhh. Esperá que le mando el mensaje. ¿No viste mi apellido? Soy judío. Hijo de madre y padre judíos. Nieto de abuelos judíos. Y casado con una judía. No hago nada sin consultar con mi mujer. ¿Sabés la frase que más le gusta decir a una esposa judía?
- No.
- ¿Viste que yo tenía razón y vos estabas equivocado? Cinco veces al día, todos los días, desde que están de novios y después diez veces al día. Cuando se llega a las bodas de oro es veinte veces al día. Ya me contestó el  Wasapp. Si, agarralo, dos mil dólares es bocha de guita, hay que comprarle zapatillas nuevas al nene, no hagas como la vez que te ofrecieron escribir una comedia de enredos y te negaste porque no estaba a tu altura, después la escribió Muscari y se llenó de guita. Si, me interesa guionarla. ¿Cuál es la idea?
- Bueno, en un mundo muy, muy antiguo empiezan a aparecer zombies. Y hay un muro y la gente ahí lucha contra los zombies.
- También hay dos hermanos que en realidad son amantes. Y tienen dos hijos.
- Y hay una reina en el exilio con un dragón.
- Y hay un rey gordo que se muere por culpa de un jabalí.
- Y hay una escuela de magia donde van los adolescentes a aprender magia desde los diez años y reaparece un señor oscuro.
- Pero, perdón, ¿ eso no es Juego de Tronos? ¿Mezclado con Harry Potter? ¿Y un poco de Walking Dead?
- No, no. Lo de los zombies es re original nuestro.
- Y además en Juego de Tronos los dragones son tres.
- Bueno, porque no quiero que me hagan juicio por plagio.
- ¿Cuáles son las chances de que alguien en Norteamérica o en Inglaterra vea una serie épica argentina?
- Buen punto. Pero ¿quién es el protagonista? ¿El rey gordo?
- No, claro, nos olvidamos de decirte. El protagonista es un muchacho hosco y peleador, poco sociable. Es Nicolás Cabré.
- Ah, claro, alguien como Nicolás Cabré.
- No, no, es Nicolás Cabré. Es el único de los actores famosos de Argentina que aceptó estar en nuestra serie épica. Todos los otros, cuando le contamos la historia, les pareció una payasada. Cabré nos atendió bien y nos dijo que hasta por ahí conseguimos un cameo de su novia. O sea, casi casi tenemos dos famosos.
- Entiendo. ¿Le puedo mandar otro Wasapp a mi mujer?
- ¿Por qué nos estás preguntando? Es tu celular.
- Cierto. Es la fuerza de la costumbre. Querida, me parece que si acepto hacer este guión no solamente me van a hacer juicio por plagio, sino que voy a ser conocido en el ámbito literario argentino como el hombre que hizo el peor guión de la historia argentina, y encima copiado. Las zapatillas del nene pueden esperar. ¿Les sirvo un café?
- No, gracias, tengo úlcera.
- A mí sí. Capucchino. ¿Tenés galletitas?
- Lincoln, nada más. Ahí me contestó. Querido, las zapatillas del nene no pueden esperar, se le salió la suela. Acabo de entrar al diario Ambito Financiero y ví que el dólar cotiza a cuarenta y cinco con noventa. Si te dan dos mil dólares por adelantado para escribir un guión, los agarrás y decís gracias. Si en el ámbito literario te discriminan por haber escrito el peor guión copiado de la historia argentina, no tiene que importarte: dentro de un año, a lo peor de dos alguien va a escribir otro guión peor que el tuyo. De algo tenemos que vivir. Te lo dije cuando rechazaste la comedia de enredos: alguno la va a hacer y se va a llenar de guita. Tenía razón: tendría que haberme casado con Muscari, no con una persona que le interesa más su prestigio literario que las zapatillas sin suelas de su hijo. Besos, si no aceptas escribir el guión cambio la cerradura de la puerta. No, ya está decidido, acepto. No tengo guita para pagarme un hotel esta noche.
- Bueno, bárbaro. Rico el capuchino. ¿Me alcanzás el paquete de Lincoln?


miércoles, 29 de mayo de 2019

La vida secreta de los mártires. 6º parte

La guerra no estallaba. Los yanquis parecían temerosos, timoratos. Sobrenombres divertidos se pergeñaban para nombrar a Abraham Lincoln, y corrían en las tertulias del pueblo. John hijo y Matthew estaban furiosos. La oportunidad de mostrar su capacidad en batalla parecía irse desvaneciendo. Elías no ansiaba la guerra: sus hermanos adivinaban esa falta de ansia que lo volvía poco menos que un cobarde. Mary Louise también parecía advertirla:
- ¿Lucharás por el Sur, cierto?- le preguntaba a veces.
- Si- contestaba Elías.
Había algo incómodo en esas conversaciones. Si, lucharé por el Sur, quería decirle Elías, pero quizás muera. ¿Y si me mutilan? se preguntaba. El mundo era ahora un lugar extraño donde todos deseaban luchar heroicamente. Visitaba más frecuentemente a Marcus, su tío. Fue en esas visitas cuando descubrió la existencia de Allyana.
Se había quedado solo en la cabaña de su tío. Su tío estaba cazando y su prima estaba afuera cosiéndole vestidos a las muñecas. Dentro de la cabaña todo olía a sebo y a pan y a papa cocinada; no era un aroma agradable, pero a Elías le agradaba. Decidió -no tenía nada que hacer- buscar un libro en el cuarto de su tío. Y encontró a la mujer negra, dormida, en la cama de su tío. La reconoció casi enseguida: era una de las esclavas que servían a Mary Louise, Allyana. La mujer dormía profundamente, había laúdano a su lado y sus dos piernas estaban marcadas por latigazos. Mary Louise no me dijo que su esclava se había fugado, pensó. Pero ¿que hace en la cabaña de mi tío?
Cecilia estaba al lado de él. Le hizo una seña de silencio. Fueron nuevamente a la cocina.
- ¿Que hace Allyana aquí?
- Se salvó de Nicolás- dijo su tío, entrando con dos liebres pardas.- ¿Qué haces tú hurgando en mi dormitorio?
- Buscaba libros. ¿Has tomado una negra esclava como amante, ahora? ¿Estás rogando por tu muerte, tío?
Marcus colgó a las liebres de un gancho de hierro y puso una olla de latón abajo.
- Oh, yo no soy el amante de esclavas negras. ¿Tu prometida no te ha contado? Una semana después de que muriera Gwendoline, Allyana se volvió la amante -no por voluntad propia- de tu suegro. La obligó a vestirse con las enaguas de la muerta, a cocinarle y a compartir su lecho. Allyana recién tiene catorce años y, claro, era virgen. Ella obedeció. ¿Sabés con quién se enfureció Mary Louise, cuando se enteró? Con Allyana. Con la niña de catorce años a la cual le regalaba sus muñecas rotas. A su padre, ni una palabra. Hace ocho días atrás tu prometida le pidió a Nicolás que eliminara a Allyana . Nicolás la trajo a esta parte del bosque para matarla, previos azotes - también ordenados por Mary Louise. Allyana gritó. Yo estaba cerca, en el río, intentando pescar bagres. No son buenos para comer, pero fritos disfrazan su catadura. Los oí a ambos y, por suerte, tenía mi escopeta. Nicolás cuando me vió salió corriendo. Y traje a la chica de catorce años aquí e intento curarla, aunque me es casi imposible. Apenas ve mi cara o la de Cecilia, es como si hubiera visto el demonio. Encima, tu futuro suegro, mi adorado vecino, la ha dejado embarazada. Me asombra que siendo tan cercano a Mary Louise ella no te haya contado de esta parte tan interesante de su historia familiar.
Elías se quedó callado. Intentó entender, pero la historia era demasiado espantosa para entenderla. Dijo:
- Mary Louise nunca haría eso.
Marcus sonrió.
- Claro que nunca lo haría. Nicolás iba a hacerlo por ella. La hija es como la madre; son damas sureñas, jamás matan a nadie con sus propias manos.
- Eres una persona horrible.
- Claro- dijo Marcus.- ¿Me denunciarás ante tu futura esposa y tu futuro suegro? Tienes derecho a hacerlo. He traspasado muchos límites. Demasiados, quizás. Quedarás bien con todos, si lo haces.
- Eres mi tío.
- Mary Louise será tu esposa.
Elías miró la punta de sus zapatos.
- ¿Mi padre sabe?- preguntó de pronto.
- Tu padre sabe casi todo.
- Entonces, está decidido. No puedo actuar contra mi padre. Ni contra tí y Cecilia. Pero lo que cuentas de Mary Louise es imposible. Ha sido solo Nicolás. El solo...
- Si- respondió su tío.- Como quieras. El solo. Gracias por no decir nada.


martes, 28 de mayo de 2019

La experiencia kirchnerista vista como fenómeno unicornio.

El único periodista -que yo recuerde- que analizó correctamente lo que ocurría con el kirchnerismo mientras el kirchnerismo gobernaba fue Eduardo Aliverti. Fué claro como el agua, cuando en un programa de televisión le mostraban los tapes de movileros que intentaban interrogar al paso a Nestor, intentando ser (los movileros lo intentan, casi nunca lo logran) más inteligentes que Nestor Kirchner y se los comparaba con la época de Carlos Menem, De La Rúa e incluso Duhalde. Eduardo Aliverti, ante ese espectáculo, dijo: pasa que en los noventa era fácil decir quién era el malo. Era fácil para el periodismo: Carlos Menem era malo, Corach era malo, Ruckauf era malo, Chacho Alvarez no era tan malo pero después si fue malo. En cambio durante el kirchnerismo ya eso empezó, lentamente, a no ocurrir. De repente teníamos de Ministro de Salud a Ginés González García -que de salud pública sabe- y de Ministro de Educación a Daniel Filmus, a quién es un placer oírlo hablar acerca de educación, porque entiende, conoce y discute. De pronto se llamaba a una institución dentro de lo que es intelectuales argentinos referidos a la educación como Adriana Puigross para que asesorara. De pronto se creaban universidades en el conurbano. De pronto la desocupación bajaba pero además los salarios subían, porque había paritarias (hacía años que no había paritarias). De pronto se implementaba la educación sexual obligatoria en las escuelas. De pronto los homosexuales podian casarse por civil y podían adoptar. De pronto se implementó la asignación universal por hijo. De pronto se crearon canales educativos, como Encuentro y Paka Paka, con producción local. De pronto, la gente dejó de vivir al día, como estabamos acostumbrados a vivir los argentinos, y los chicos que empezaban el secundario -yo esto lo viví- discutían si les convenía ir a una técnica o a un bachillerato, porque parecía que si egresabas de la técnica tenías más posibilidades de trabajo. De pronto hubo cinco por ciento del producto bruto interno para educación y se empezaron a construir hospitales. De pronto, en un momento que hubo inflación, se intentó -por una vez, en Argentina- controlar los precios de los alimentos. Y, de repente, el discurso de donde están los buenos (¿era el periodismo?) y donde están los malos (¿eran los políticos?) se fué diluyendo. Porque en este momento la mayoría de los políticos argentinos tienen ideas más de avanzada que la mayoría de los periodistas argentinos. La triste paradoja y como el tiempo envejece a todo el mundo: en los noventa los polìticos parecìan todo malo y todo lo mismo, y los periodistas (Lanata, Verbitsky, Caparros, Aliverti, etc) todo lo bueno, porque escribían libros y editoriales sobre la corrupción política. Ahora, es difícil encontrar un político o una política abiertamente homofóbico, misógino, clasista, poco informado, màs allà del signo político que sea; en cambio, desgraciadamente, los medios están repletos de periodistas homofóbicos, misóginos, clasistas y mal informados. Y supuestamente los medios (más allá de su tendencia política, todos los medios la tienen) tendrían que poder resolver esto solos, pero la realidad es que no saben como hacerlo. Por dos cosas: porque hay muchos periodistas no preparados -salta a la vista en muchas entrevistas-, por lo cual les es imposible darse cuenta cuando están haciendo un comentario desubicado o una pregunta redundante, y porque los medios están tan acostumbrados a que son una realidad -una irrealidad- dentro de sí misma que le es imposible ver lo que ocurre afuera de los medios. Se dirá que esto último es exagerado. Pero ¿cuántos programas se crearon en los últimos años que pasan video tapes de otros programas y se comentan? En algún momento, el mundo de los medios termina no viendo la realidad; por eso, para los medios, la experiencia kirchnerista fue vista como fenómeno unicornio, cuando para los que atravesamos esos doce años no lo fue.

lunes, 27 de mayo de 2019

Vestuario

Los otros se habían ido, pero como Durand tenía la llave no nos preocupaba. Tenés que estirar bien lo musculos, decía Durand. Pasate crema, decía Durand. Hoy nos fue mal, pero la próxima, decía Durand. La próxima no nos iba a ir bien, ya eran nueve derrotas al hilo, y encima el vestuario y las duchas que estaban en el subsuelo y que no se limpiaban casi nunca -dos veces al mes la esposa del cuatro y del nueve le daban una repasada con cloro y limpiador de vidrios-; todo olía siempre a sudor, a media sucia, a trapo viejo, y un poco (con lógica) a sangre. Bueno, ahí estábamos los tres, Durand, el Barra y yo, y ya era muy de noche, pero no nos importaba porque Durand nos iba a alcanzar con el auto hasta nuestras casas. Ya nos habíamos duchado, hacía frío pero nos habíamos vestido.
- ¿Les contaron de los diez que murieron? - preguntó de repente el Barra.
- Dejá de joder, Barra. Dejá de joder- le dije yo.- Dos veces al año contás la misma historia.
- Si- dijo Durand- Además, todos en Atlético Oeste conocemos la historia de los diez que murieron. Fue hace mil años.
- Setenta y cuatro años.- corrigió Barra- Y fué acá mismo, en los vestuarios. Murieron en el incendio. Como era un sótano, apenas seis lograron salir. Había un braserito a querosen, que explotó. Fué lo único  que se supo.
- Que historia de mierda- contestó Durand- Dejá de contarla.
Entonces empezó el ruido. Juro que al principio no lo oí, mezclado con el sonido dela ducha cinco y la ducha siete, que goteaban. Era como un crepitar, como un ruido blanco, pero mezclado con voces. Voces sin palabras. Murmullos.
Creí que era yo solo, y me quedé quieto, como esperando. Entonces Durand me preguntó:
- ¿Qué? ¿Vos también lo oís?
- Si- dije yo- Alguno se debe haber olvidado una radio.
Buscamos la radio por todos lados, pero no encontramos ninguna. El ruido crecía.
- Bueno, vámonos- decidió Barra- Si algún boludo se olvidó una radio acá que la busque mañana. Si se la afanan, que después no se queje.
Estuvimos de acuerdo. Fuimos hacia la puerta. Antes no se cerraba la puerta del vestuario, quedaba siempre abierta, pero una tarde, después de un histórico triunfo tres a cero contra Sportivo Acebal, vinieron a reportear del canal de la universidad de nuestra ciudad y salimos la mitad de nosotros en vivo y en pelotas. Desde ese día, cerramos la puerta, sin llave, claro. La llave que tiene Durand es la de la entrada del club, por calle Schultze. Pero esta vez la puerta del vestuario estaba cerrada como con llave.
- No sabía que esta puerta tenía llave- dijo Durand.
- Yo tampoco- dije.
- Esperá que llamo al manager del club.- nos dijo Barra. - Un segundo. Che, esto es raro, mi celular está descargado.
- El mío también- observó Durand.- ¿El tuyo, Tauri?
- Se me rompió hace tres días el celu.
- Ah- dijo Barra.- Que macana, che.
- Decímelo a mí.
Nos quedamos callados. El ruido - que antes era tenue- era cada vez más fuerte. Voces, voces que no decían nada. Susurraban. Era como si un fuego estuviera hecho de voces pero no de palabras. Como si un fuego estuviera hecho de voces pero no de palabras. ¿De donde saque esa metáfora, pensé?
- Está haciendo calor- observó Barra.
- Si, es más bien raro, estamos en pleno julio.
- Vamos a seguir buscando la radio, ya que estamos acá al pedo- propuse.- Cuando no volvamos a nuestras casas, nos van a buscar.
El Barra y Durand estuvieron de acuerdo. Nos dividimos. Yo en los lockers, el Barra y Durand en las duchas. No sé por que no fuí con ellos. El ruido seguía; no me gustaba ese ruido. Y hacía mucho calor. Tuve que sacarme la campera.
- Acá no hay nada- dijo el Barra.
- Fijate arriba de las duchas o en las sillas. Entre las sillas- dijo Durand.
Yo abrí los cuatro o cinco lockers. No encontré nada. Un porro a medio fumar -del cinco seguro-, una tarjeta membresía del Club del Vino, diez medias sueltas, dos calzoncillos rotos y una colección de Olé. Igual, fui concienzudo: dí vueltas las medias, sacudí los calzoncillos, revisé con cuidado entre los Olé y entonces me di cuenta de que no oía más a Durand ni a el Barra.
- ¿Qué pasa, chicos? ¿Se están besando?
Pensé que me iban a putear. Pero nada. Voy para las duchas, me dije. Aunque por ahì se están besando de verdad, y no sé que voy a hacer en ese caso.
Ni Durand ni Barra estaban en las duchas. Grité sus nombres. Eran gritos débiles. El ruido de esas voces como de fuego era más fuerte. Pero ahora distinguía las palabras. Algunas palabras: hoy nos fue mal pero la próxima, hoy nos fue mal, pero la próxima, si se la afanan, que no se queje, si se la afanan, después que no se queje, si se la afanan, después que no se queje.

El cuento de las comadrejas.

En su última película, El cuento de las comadrejas, Campanella utiliza toda su capacidad de oficio y casi cada referencia cinemátográfica posible: es una historia que cruza películas de divas en decadencia como Sunset Boulevard y ¿Quién mató a Baby Jane? con lo mejor de una cuento de comedia negra escrito por Roald Dahl. La mezcla, en este caso, que suena inverosímil escrita, en la película es excelente. Una gran elección de casting, los más viejos ya consagradísimos (Oscar Martinez, Luis Brandoni, Marcos Mundstock, Graciela Borges -haciendo una parodia de sí misma-) y los dos jòvenes, Nicolás Francella y, sobre todo, Clara Lago, que se carga el papel solita de la mala, mala, mala,  y está perfecta; no hay papel más difícil en toda la película que el de Barbara Otamendi, el papel de Clara Lago, y la actriz lo compone sin desbordes, pero tampoco sin medias tintas; el equilibrio justo entre la femme fatale y la ambiciosa sin escrúpulos. El cuento de las comadrejas es una historia muy divertida sobre ancianos, sobre la decadencia y la muerte, sobre el precio de la fama y, aunque nadie lo crea, sobre el precio de una casa en ruinas. Varios de los mejores chistes que he oído en los últimos años están en la historia, tirados como al pasar. Y el final tiene un aire decadente y encantador, como la mansión entera, como el santuario de la diva olvidada, como el gallinero donde entran comadrejas.

sábado, 25 de mayo de 2019

Miguel Bonasso.

No sé si está entre los más viejos de todos, pero si no está le pega en el palo. Lo cual no es importante. Miguel Bonasso escribió varios de los mejores libros de investigación periodística que he leído nunca: Recuerdos de la muerte, Don Alfredo, El palacio y la calle (probablemente el mejor libro escrito nunca sobre esa tragedia colectiva y personal que fue el año 2001, el año de los muchos presidentes, el año en que gente murió en Plaza de Mayo, el año en que no sabíamos si el país seguiría existiendo). Cuando veo que mucha gente usurpa el título de periodista por haber escrito tres notas sobre Moda y Sociedad -con errores de gramática y prácticamente una Publicidad no Tradicional- suspiro y recuerdo que siguen existiendo buenos periodistas argentinos: pocos, repartidos en diversos paìses, mal pagos, casi ilustres desconocidos para el pùblico masivo, pero siguen siendo muy buenos. Y entre los mejores, sin duda, está Miguel Bonasso.

Haellstrmom.

Durante la noche, solo podìa verse una estrella y una luna. Y'stroum había encontrado los diamantes durante la tercera noche después de la erupción del volcán y los había llevado hacia lo que quedaba del pueblo. Eran diamantes grandes y en bruto; Ber`oumir cuando los vió recordó que los diamantes antes se tallaban, y se hacían joyas con ellos. Ya no. De lo que había sido un gran planeta, con continentes, leyendas, historias, bibliotecas y monumentos, solo quedaban tres islas. Donde vivían ellos, Haellstrmom, era la más grande. Si uno se sumergía en el océano, aparecían las estatuas mezcladas con los corales y las manta rayas. Todos sabían nadar en la isla, pero Y´stroum odiaba el mar. Desde niño le había tenido miedo a las estatuas y a los peces. A la noche, durante la noche, solo se veían una estrella y una luna. De día, la otra luna brillaba apenas, un manchón rojizo, como de sangre. Hay más estrellas y más lunas y más planetas en otro lado, le había dicho Ber`oumir, muy lejos, pero seguramente los planetas son desiertos.
Los cuatro diamantes refulgían al fuego. Y´stroum se quedó mirándolos. Ya el viejo Cyan le había advertido sobre el peligro de las piedras brillantes: te hechizan, le habían dicho, se apoderan de tu alma. Aléjate de ellas. Debes ir a nadar, a buscar peces, a buscar leña seca o excremento de gaviotas para prender el fuego. Debes cosechar fruta. Sabes, le había respondido Y´stroum, nadie me dice que tengo que hacer. Y son diamantes, probablemente los últimos de las islas.
Esa noche el fuego casi se había consumido. No hacía frío, pero había viento. Algo de viento, no demasiado. Y´stroum se tapó con su cobija y pensó en su poblado: en la última erupción del volcán la mitad de la gente había muerto. Dos, tres años más y todos morirían. Ya nada quedaría de ellos. La otra luna, la que no se veía nunca de noche, se reflejó en la piedra transparente. Y entonces ocurrió lo que Cyan le había advertido; hubo un chispazo, un relàmpago y luego una gran oscuridad.
Cuando despertó, era gigantesco. Sus manos eran garras iridiscentes y sentía un hambre voraz. Olío sangre. Era un hilo de sangre, delgada, que corría muchas leguas mas abajo, pero la olió igual. Y´stroum se desperezó y empezó a volar. La sangre provenía de una cabra que Nyara, la tercera esposa de Ber´oumir, terminaba de matar; Y´stroum descendió en picada y la tomó, y la arrojó al aire y la devoró, ante la mirada espantada de Nyara que comenzó a gritar Hullmerio, Hullmerio. Creo que quiere pedir socorro, pensó Y´stroum. Es extraño, antes comprendía esas palabras.

jueves, 23 de mayo de 2019

Martin Rechimuzzi.

El año pasado fuí a ver el espectáculo de El Cadete. El Cadete es un buen personaje televisivo; pero lo divertido del espectáculo es Randall Lopez, el personaje de Martin Rechimuzzi. Es imposible no odiar a Randall Lopez; es el contrapunto ideal de El Cadete, su nemésis y quién termina adoctrinandolo al mejor estilo Clockwork Orange. En el programa de Malena Pichot y la Señorita Bimbo, al contrario, Martin Rechimuzzi es la voz de la razón -para lo cuál no cuesta demasiado esfuerzo-; es el amigo feminista deconstruído que les dice a las chicas, paren, paren, no pueden hacer chistes sobre esto, es un programa de radio, estudié sociología y desde que estoy con ustedes mis compañeros de secundaria y mis compañeros de universidad en las reuniones de egresados me llaman feminazi y si uso una remerita con algo de verde me tiran huevos. No tiene mucho éxito. Desde acá me solidarizo con el sufrido sociólogo Martin Rechimuzzi; años de Foucault y de Levi Strauss y de Simone de Beauvoir, para terminar teniéndole miedo a sus compañeras de trabajo. Después dicen que los hombres no sufren.

La inseguridad ejercida desde el Estado.

Cada vez que se invoca al Primer Mundo en materia de seguridad, deberíamos preguntarnos ¿qué Primer Mundo? ¿Francia, Holanda, Suecia, Finlandia, Estados Unidos, España? Los números de personas asesinadas por error o por abuso de poder de parte de la Policía (federal o provincial) o gendarmería o servicios penitenciarios desde que regresó la democracia son tan altos que, sumándolos a todos, probablemente superen a la cantidad de desaparecidos durante la dictadura militar. A eso habría que sumarle la cantidad de veces que se descubrió que dentro de los altos mandos policiales (repito, federal o provincial) se participaba directamente en delitos: secuestros, robos, narcotráfico, proxenetismo, o se recibían coimas para liberar zonas. Lo único que prometen muchos políticos es mas "mano dura" y menos garatismo. No, lo que se necesita no es más mano dura y menos garantismo, sea lo que eso signifique: lo que se necesita es que la policía no sea corrupta, que sea eficiente, que prevenga delitos, que ante una situación límite como una toma de rehenes o un secuestro sepa como actuar. Siempre que ocurren casos de abuso de poder de parte de la policía, se lo justifica de alguna manera. No hay justificativo para abusar de poder. No hay justificativo para asesinar por la espalda a otros seres humanos. No hay justificativo para aceptar coimas. No alcanza con separar del cargo a los policías. Un policía, supuestamente, tendría que ser una persona lo suficientemente templada y preparada para actuar en situaciones límite, y eso tendría que tenerlo siempre en claro: no que algunos policías sean corruptos, otros sean honestos, otros tengan problemas con las drogas, otros tengan problemas de violencia, otros tengan problemas con el alcohol, otros sean buenos para investigar homicidios y otros sepan tirar con puntería y otros no. Un policía es un trabajador del Estado autorizado a utilizar un arma reglamentaria y responsable de prevenir crímenes y de investigar cuando un crimen ya ha ocurrido: no pueden seguir muriendo personas debido a los "excesos policiales". No son excesos. Son delitos cometido por policías. Ser policía no es seguir las leyes y el reglamento policial cuando a uno le parece y cuando no no; desgraciadamente es lo que ocurre en este país. Un policía tiene que estar muy capacitado y constantemente evaluado, tanto física como psicológicamente, porque es, como un médico de emergencias, como un bombero, una trabajador que actúa en situaciones límites. No digo que tenemos que exigir policías que no se equivoquen nunca; pero no se puede aceptar que la policía no sigan su propio reglamento, ni acepten evaluarse psicológicamente, ni acaten a veces las leyes y otras no, porque están a cargo de la seguridad. Si los que están a cargo de la seguridad aceptan coimas, liberan zonas, disparan a mansalva, amenazan y torturan ¿por qué nos quejamos de la inseguridad?

Inquietantes debates televisivos.

En Argentina la palabra "polémica" se usa para cualquier cosa. Es usual leer luego de una derrota tres a cero de Independiente contra Racing: la "polémica derrota de Racing en el clásico", cuando perder tres a cero un partido de futbol no amerita demasiado debate: lo perdiste, te hicieron tres goles, vos no hiciste ninguno, no es que después los jugadores, los técnicos y el árbitro van a coordinar una mesa redonda para debatir si el primer gol por ahí no tendría que haber entrado pero entró de carambola y en el tercero el matungo del defensor podría haber corrido un poco más, pero que querés si somos todos unos muertos y el árbitro va a decir, si, fue un penal lo del minuto cuarenta y dos pero no lo cobré, juguemos el partido de vuelta. Se perdió el partido por paliza y punto.
Cada vez que Florencia de la Vega aparece en televisión y habla - o alguien habla acerca de ella- siempre se la relaciona con la palabra polémica. Nunca entendí por qué. Florencia de la Vega jamás ocultó lo que es. Nunca tuvo una doble vida. Siempre se supo que era transexual. Es más, es una mujer con una vida muchísimo más estable y normal que la que tienen la mayoría de las otras mujeres que aparecen en la televisión: desde hace años tiene la misma pareja estable, se casó formalmente, tiene dos hijos. Si Florencia de la Vega hubiera nacido biológicamente mujer, sería criticada desde el feminismo por su aburguesamiento. Como nació biológicamente hombre, pero decidió ser mujer, trabajó como mujer desde jovencita y llegó a ser una persona bastante reconocida dentro del mundo del espectáculo, todo sin nunca negar que era transexual, cada declaración o acción de Florencia de la Vega lleva revestida la palabra "polémica". No entiendo bien cuál es la polémica. ¿Les parece "polémico" que no se prostituya, sino que quiera trabajar como cualquier ser humano normal y vivir de su trabajo y tener familia e hijos? Ninguna de las mujeres -muchas supuestamente emponderadas y feministas-  que critican a Florencia de la Vega por lo que es se animaría a decirle enfrente de cámara a otra mujer que mejor no busque trabajo formal ni estudie ni tenga novio y mejor se dedique a la prostitución porque así le va a ir mejor; a Florencia de la Vega se lo dicen implícitamente al decirle que "nació hombre". Es casi divertido ver a mujeres que han hecho de relatar sus encuentros sexuales con hombres solteros, casados, viudos y separados en cámara prácticamente una carrera escandalizarse y quejarse de otra mujer a la que no se le conocen mayores escándalos y cuya vida privada es tan aburrida como la de Maru Botana, con el único argumento de que nació "biológicamente" hombre. Bueno, todos nacimos biológicamente, incluso los seres humanos que nacieron por fertilización in vitro. Si uno no elige algo, es como va a nacer; otros lo deciden por nosotros, siempre. Me preocupa un poco que mujeres adultas se comporten como chicas de tercer año de la secundaria y expongan ese comportamiento al público televisivo, en cualquier horario. ¿Cómo se le explica a un chico o a un adolescente que no debe hacerle bullyng a sus otros compañeros de escuela, que no debe discriminar a los otros por ser gordos, por ser flacos, por ser estudiosos, por no ser estudiosos, por usar zapatillas rosas siendo hombre o por jugar a los soldaditos siendo mujer si en la televisión se está discriminando abiertamente a alguien porque es transgénero amparándose en la libertad de expresión y en la condición de "haber nacido mujer biológicamente"? Uno puede pensar lo que quiera acerca de los transexuales. Ahora, Florencia de la Vega jamás ocultó que era transexual, trabajó toda su vida, se casó, tuvo dos hijos y sigue trabajando como muchas mujeres; ¿desde que feminismo, desde que tipo de pensamiento feminista, puede atacarse eso públicamente? Atacar a Florencia de la Vega públicamente porque "no nos gusta como es" o "es demasiado soberbia" es el ejemplo del machismo en la mente de las mujeres, el patriarcado en su máxima expresión: ser mujer es maravilloso, ser madre es maravilloso, todas somos maravillosas pero no sabemos bien por qué.

miércoles, 22 de mayo de 2019

Cuando solamente quedan restos.

Macbeth es una obra clásica, pero no todos la conocen. Argumentalmente, quizás, no tiene mucho sentido. Macbeth y Banquo escuchan la profecía de las Weird Sisters, las Parcas de la mitología griega: le anuncian a Macbeth que será barón de Cawdor y que luego será rey y le anuncian a Banquo que no será rey, pero será padre de reyes. Cuando las brujas desaparecen, un mensajero le anuncia a Macbeth que fue nombrado barón de Cawdor. Lord Macbeth le cuenta la profecía a su esposa, Lady Macbeth y Lady Macbeth decide que, siendo que fue verdad que su esposo es barón de Cawdor, debe asesinar a traición al rey, Duncan, y coronarse el mismo como rey. Convence a su esposo, matan al rey Duncan, culpan a inocentes y también persiguen y logran matar a Banquo, convencidos de que toda la profecía de las brujas es verdad, pero el hijo de Banquo se salva. Macbeth vuelve a consultar a las brujas y estas le dicen que se cuide de Macduff; Macduff huye y se une a Malcom, el hijo del rey asesinado.  Macbeth, en represalia, asesina a la mujer y a los hijos de Macduff. Malcom y Macduff, con su ejército atacan el castillo de Macbeth y lo vencen. Macduff mata a Macbeth y Malcom recupera el trono. No hay nada lógico en Macbeth, nada que haga sentido: lo que quieren Macbeth y su señora esposa es el trono de Escocia a cualquier precio, lo que quieren Malcom y Macduff y Fleance -el hijo de Banquo- es venganza por la traición y los asesinatos. En la época medieval, si un rey moría en batalla al ser derrotado era aceptada, generalmente; ahora, la muerte a traición era castigada con la aniquilación del traidor y del ejército del traidor, para que la traición no prosperara.
Juego de Tronos sigue, durante todo el transcurso de la serie, exactamente la misma falta de lógica. Cersei Lannister quiere el trono y no le importa casarse con Robert Baratheon, al que desprecia, para conseguirlo. A Twynn Lannister solo le interesa que su casa siga siendo la más temida y poderosa de los Siete Reinos. A Daenerys Targaeryen solo le interesa vengar la muerte de toda su familia y recuperar el trono, aunque no recuerda nada de Westeros; siempre fue una reina mendiga, hasta que su hermano la casa a la fuerza con Khal Drogo. A Ned Stark solo le interesa proteger a su viejo amigo, el rey, y proteger además un secreto familiar que le pesa terriblemente. A Cathelyn Stark solo le interesa proteger a su familia, incluso de un bastardo al que odia y desprecia como Jon Snow. A Robert Baratheon -lo más parecido a un rey sensato que hay en toda la serie- solo le interesa seguir vengándose de los Targaryen, a los que odia profundamente aún cuando el Rey Loco y su hijo mayor y su nuera y sus dos hijos ya hayan sido asesinados hace mucho tiempo y los dos sobrevivientes de la dinastía están en el destierro y en la miseria. A Jaime Lannister solo le interesan su hermana y su familia, incluso su hermano menor, Tyrion, pequeño, inteligente, sarcástico y rechazado por el resto. Nada de lo que ocurre durante todo el resto de la serie tiene un sentido lógico, sino que es pura tragedia: Daenerys viendo como Vyseris, su hermano y el único que la cuidó durante toda su infancia, es coronado en oro por su marido, Petyr traicionando a Ned Stark después de haberse fingido su amigo, Catelyn liberando a Jaime a cambio de la promesa de que le regresarán a sus dos hijas, Robb Stark y Cat asesinados a traición en el castillo Frey durante una boda, Joffrey  envenenado en su propia boda, Tyrion asesinando a su padre luego de que el padre lo condenara a muerte, Cersei complotando contra Maergery Tyrell y enviándola a prisión y luego terminando prisionera y obligada a caminar desnuda enfrente de todo King´s Landing, Stannis quemando vivos a sus consejeros por consejo de Melissandre. Las pasiones humanas por sobre la razón humana: por eso el final de la serie es terrible, pero a la vez tranquilizador. Los Stark terminan vengandose; es una venganza cruelísima y terrible, y probablemente el reinado de Bran el Roto no sea tan pacífico como lo publicita Tyrion. En el medio de la historia, han desaparecido la casa Tyrell, casi toda la casa Lannister, la casa Clegane, la casa Dorne, la casa Frey, y tienen que nombrar lord a un bastardo para que la casa Baratheon siga existiendo. Sansa Stark pidiendo que el Norte vuelva a ser un reino independiente no es un capricho de niña adolescente; es la venganza final del Norte. Mataron a nuestro Lord, traicionaron a nuestro Rey, asesinaron a nuestra Lady, incendiaron Invernalia, mataron a nuestro maestre, decapitaron a nuestros lobos: Ahora la bandera Stark flamea sobre todo Westeros. Costó fuego y sangre y muchos muertos; pero nosotros no empezamos la guerra, solo la concluímos.

martes, 21 de mayo de 2019

El peso de las palabras.

Las palabras pesan. No es lo mismo decir “hizo una mala elección” que “sufrió una derrota histórica”. El periodismo de los últimos cien años ama darle demasiado peso a las palabras. Ocurre lo que ocurre cuando se le da demasiado peso a algo, sin anclaje en la realidad: las palabras pierden valor. En el Wall Street Journal una periodista llamada Mary Anastasia O´Grady acaba de quitarle todo peso a una palabra tan densa como suicidio al decir que la visita de Axel Kicillof a Lopez Obrador, presidente de México, demuestra que el presidente (electo y en elecciones legítimas, tan legítimas como las que llevaron a Donald Trump a la presidencia) mexicano Lopez Obrador “coquetea con el suicidio”. No comprendo exactamente cuál es el mensaje. En EE.UU recibieron hace pocos días a Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, también electo legítimamente, que es abiertamente homofóbico, racista y misógino y ningún diario argentino ni brasilero ni del resto de Latinoamerica se ha atrevido a publicar que el gobierno de Estados Unidos “coquetea con la homofobia, el racismo y la misoginia” por este hecho. Una cosa es una visión política. Cualquier periodista puede tenerla y tiene derecho a tenerla.  Los diarios argentinos, viralizando esta noticia publicada en el Wall Street Journal, como si fuera verdad revelada, son algo patéticos. Durante muchos años en el Wall Street Journal y en muchos otros diarios norteamericanos se escribieron notas ponderativas a los gobiernos argentinos y a como seguían las directivas económicas que “los mercados” dictaban. Las personas en Argentina, mientras los diarios en Norteamérica publicaban esas notas, estaban muy mal: hiperinflación, recesión, desocupación, pobreza, miseria. Un periodista serio para escribir acerca de México tiene que ir a México e investigar como se vive allí. Un periodista en serio para escribir acerca de Lopez Obrador tiene que informarse acerca de quién es Lopez Obrador e intentar entrevistarlo. Un periodista en serio para escribir acerca de Axel Kicillof tendría que leer un par de sus libros y reportajes que le han hecho. Si no no es periodismo. Es literatura. Si es buena, o mala, depende del punto de vista del lecto

Adoptar a Chimbote.

Odio a los perros. Es un odio que mantengo desde que soy niña. Debo decir que, desgraciadamente, no es recíproco: los perros me aman. Basta que vaya a una plaza, playa, parque o cancha de basquet y algún perro sin dueño o con dueño aparezca y quiera que le haga mimos. Los toco con repulsión y me siguen. Este odio me ha deparado desgracias varias en mi vida familiar, amistosa y amorosa: en la vida familiar, cuando le dije a mamá o Bartolo y Danila (sus dos caniches toy) o yo, mamá dijo que ya era hora de que me independizara y me fuera a vivir a una pensión. Creí que el resto de mi familia me apoyaría: desgraciadamente todos estuvieron a favor de Bartolo y de Danila. Claro, a mí no me quedan tan bien los chalequitos ñoños ni me siento y doy la patita. En cuanto a amistades, perdí a mi mejor amiga de la escuela secundaria cuando le sugerí sacrificar a Bombo, su insoportable y gordo Golden Retriver. No sale tan caro, le dije, y es un animal, no se va a dar cuenta. No solo perdí a mi mejor amiga: en cuanto mi novio de esa época se enteró de mi frase me cortó sin explicaciones. Sobreviví como pude al ostracismo y eventualmente, conseguí nuevas amigas, y nuevos novios, todos alérgicos al pelo de perro.
Hace tres años que vivo con Osmar y con Durandia. Alquilamos una casa en barrio Belgrano. Podría pagar ahora todo el alquiler -hace seis meses me ascendieron y cobro el quintuple que ellos- pero me gusta convivir con ellos; con Osmar somos casi amigos, Durandia es demasiado caótica para ser mi amiga pero puedo convivir con su caos. Tres semanas atrás Durandia apareció con unas fotos:
. La vieja del kiosco está dando en adopción los cachorros de su cocker spaniel. Parece que se la agarró un cuzquito de la calle y salieron una especie de monstruitos peludos, negros y con las orejas largas.
- Siempre quise adoptar una mascota- dijo de pronto Osmar.
- Yo también- repitió Durandia.- Me encantan los perritos. ¿Qué opinás, Gri?
Sé que es necesaria un poco de hipocresía en esta vida. La utilizo siempre que puedo.
-Un perro... Es algo caro. Además no estamos nunca.
- Los perros no son caros- dijo Osmar. Casi le pego- Además, yo pago el alimento.
- Yo pago el veterinario- se ofreció Durandia.
Los odié a los dos. ¿Por qué de pronto tanta generosidad? ¿No hay en el mundo niños hambrientos que alimentar, poetas famélicos a quienes publicarles sus obras completas, arbolitos de naranja que necesitan ser plantados? No pude decirlo.
Respiré aliviada cuando durante los seis días siguientes no se volvió a hablar de los monstruos que la perra de la vecina había parido. En el séptimo día regresé del trabajo y encontré una caja de cartón en la cocina. Adentro había algo que se movía y gimoteaba. Pensé que era una rata mutante y empecé a gritar.
Durandia acudió ante mis gritos.
- ¿Que te pasa, loca?
- Hay una rata en una caja de la cocina.
Durandia se empezó a reir.
- No, pelotuda, no es una rata. Es Chimbote. Nuestro perrito.
¿Nuestro? Durandia siempre estuvo medio loca. Si algún día se compra una guitarra ¿va a decir que es nuestra guitarra? Cuando se compra una cartera en el shopping ¿dice que es nuestra cartera? Esa cosa peluda y negra que reptaba en la caja de cartón no era, definitivamente, nada mío.
Antes de que pudiera decirle nada se abrió la puerta de entrada y entró Osmar con una bolsa de Carrefour, repleta. Osmar nunca hace las compras. Ni solo ni con nosotras. Se pierde en el supermercado. Compra cosas irrelevantes y caras, como líquido para pisos plastificados -que no tenemos- y salsa de tomate de dos litros importada de Italia. Ver a Osmar con una bolsa del Carrefour es más chocante que verlo teniendo sexo con su novia, cosa que, por otra parte, tanto Durandia como yo hemos visto varias veces. No sé por qué no pone una traba en su puerta.
- ¿Donde está Chimbote? ¿Donde está el perro más lindo del mundo?- se acercó a la caja y levantó la cosa. Casi vomito.
- Compré comida para cachorritos- nos dijo- Ahora le damos.
Tuve la esperanza de que la cosa reptante rechazara la comida. Si no quiere comer van a devolverlo. No ocurrió. De entre los pelos negros se abrió una boca asquerosa y rosada y una lengua aún más asquerosa y rosada empezó a devorar la comida que estaba  en el dedo de Osmar.
- Le compré ropita y un platito y ya hablé con el vete de acá a la vuelta para desparasitarlo. ¿Estás contento, cierto, Chimbote? ¿Estás contento? ¿Querés darle de comer, Gri?
Sacudí la cabeza, en un claro no.
- Dale, no sabes lo que es. Es el animal mas lindo del mundo. No cierto, Chimbotito. Papá te compró ropita y mañana te llevamos al veterinario.
¿Papá? ¿Y Durandia y yo que eramos, las madres de esa cosa peluda? Soy muy joven para ser madre, quería decirles, no lo he pensado todavía, y si algún día soy madre no voy a compartir la maternidad con un hombre que se pierde en los supermercados y derrocha dinero y mucho menos con Durandia, que cuando se le acaba la ropa limpia en vez de lavarla va a su casa natal y le roba la ropa a alguna de sus hermanas menores. Ninguno de los dos encajaba en mi ideal de paternidad responsable.
Por supuesto, no dije nada de eso. Dije:
- Está bien.
Lo alcé, suplicando que no ocurriera lo que siempre ocurría. Pero ocurrió. Apenas estuvo en mis brazos, esa asquerosa cosa peluda y negra no solo devoró lo poco que quedaba de alimento, sino que luego se acurrucó y se quedó dormido, contento. Durandia, un poco celosa, quiso alzarlo.
- Vení conmigo, Chimbotito.
La musaraña gigante empezó a gemir muy fuerte apenas Durandia lo agarró. Como si alguien lo estuviera matando.
- Calmate, calmate- decía Durandia. Osmar lo agarró e intentó calmarlo. Inútil. ¿Cómo un cuerpo tan pequeñito podía hacer ruidos tan agudos y fuertes? Era aterrador.
- Agarralo de nuevo, Gri.
Previsiblemente, apenas lo alcé el bicho regurguitó, se puso panza arriba y se quedó dormido.
- Bue- dijo Osmar- se ve que prefiere estar con vos. Lástima, pensaba hacerlo dormir conmigo.
- Si, yo también quería lo mismo- dijo Durandia con algo de rencor- Siempre pensé que no te gustaban los animales. Los perros, por lo menos.
Respiré hondo y sonreí.
- Amo los perros- contesté.

La muerte de un rey. 71° parte

                                                                                   ando en conversación con los difuntos
                                                                                   y escucho con mis ojos a los muertos
                                                                                                        Francisco de Quevedo


                                                                       Gaspar, bosque cercano a Termón

Es la peor idea que Sarar ha tenido nunca, dijo Gaspar.
Además ¿están todos de acuerdo?
No. Tiffany quiere arrasarlos. Melinda creo que también, respondió Loug. Dión está con nosotros, ¿lo sabías? Antes de caer prisionera, fue a verlo.
¿Y Henry y Leonore?
A ninguno de los dos les agrada el Rey. Henry está viniendo hacia aquí, Leonore va hacia el palacio...
Gaspar se sentó sobre un tronco. Vivía desde hacía treinta años con una mujer que había encontrado apaleada al costado del bosque; cuando pudo curarla de sus heridas, la mujer nunca pudo explicarle porque o quién la habían golpeado hasta casi matarla. Tal vez ni siquiera ella lo sabía. Tenía cinco hijos con ella. Ni la mujer, ni sus hijos sabía que era uno de los Mil. Aunque pronto lo sabría; una noche, un par de meses atrás, le había preguntado porqué no tenía ni una arruga más ni una cana más que las que tenía cuando se habían conocido. ¿Cómo se lo diría? Ocurre que soy uno de los Mil, y no moriré, y nuestros hijos tal vez tampoco, aún no lo sabemos, pero tú sí, tu morirás. Ya le había ocurrido lo mismo poco después del comienzo de la guerra, una mujer mestiza, impetuosa, a la que le encantaba que él le hablara de la proporción aúrea en los objetos. Una niña habían tenido, Lerina, que ahora era la esposa de uno de los nietos de Tiffany. La madre de Lerina, al menos, pensó, sabía que era uno de los Mil; cuando cumplió cuarenta se marchó de mi lado y no regresó. Envejecía. Yo no envejecía con ella.
A tí te pareció maravilloso cuando Sarar te lo propuso ¿no es cierto? le preguntó a Loug. Un nuevo planeta por descubrir y envejecer lentamente.
Ya no recuerdo, respondió Loug sonriendo. Tenía el corazón roto en esos momentos, sabes, mi amante joven me había abandonado y odiaba mi trabajo y odiaba mi vida. Cualquier cosa que no fuera estar en el planeta Tierra me hubiera resultado maravillosa.
¿Lo extrañas?
¿Al planeta o a mi amante?
A ambas cosas, supongo.
Sí. Claro. Es raro, en la Tierra siempre me consideré un espíritu libre. Imagínate, mis padres murieron cuando era muy joven, mi hermana se casó al poco tiempo, trabajaba de fotógrafo, mi vida sentimental era, bueno, accidentada, viajaba muchísimo, era prestigioso, bah, prestigioso y rico. Y era bueno en lo que hacía. Y sin embargo aquí vivo en Termon, no me he movido, no me he aventurado: cuando Sarar, Rodrick y Tiffany me contaron lo del plan y mi parte en el plan y el nuevo planeta, me imaginé explorándolo todo, registrando, conociendo. Eso no me ocurrió. Creo que una parte de mí murió en el planeta Tierra. Las cosas que había amado, están allí. Estaban allí. Aquí soy feliz, y soy inmortal, pero muchas noches sueño que le digo a Sarar que no, que no lo ayudaré o, que lo ayudaré y guardaré el secreto, pero que no iré con ellos. Como Penny y Ludmila.  Pero, bueno, no me quejo. Fue mi decisión. Pero tu también abandonaste cosas en el planeta Tierra.
Claro que abandoné. Una exesposa que ya no quería hablar conmigo y un hijo de un primer matrimonio que me odiaba y nunca quiso responder mis llamados. No lo culpo. La última vez que me había visto había sido a los cinco años, cuando le alcancé apurado un camión de ambulancia gigantesco, comprado en Toy´s Joy Bright, para su cumpleaños. Veintisiete años después quería "rehacer el vínculo". La última vez que lo llamé me atendió mi nieta, de tres años, a la que jamás ví en mi vida y me dijo que su papá no quería hablar conmigo y que dejara de llamarlo y que era un derk. Creo que quiso decir idiota, pero no sabía pronunciar la palabra. Por eso cuidaba mucho de Rodrick, ¿sabes? Me imaginaba que era mi hijo. Claro, no lo es. Si fuera mi hijo, no sería ni la millonésima parte de inteligente que es Rodrick.
Siempre tuve una duda, dijo de pronto Loug.
¿Una sola? Se nota que no eres científico.
¿Porqué Rodrick aceptó?
Oh, ocurre que... Sabes, tienes razón. Mirame, estoy diciendo que Rodrick era como mi hijo, y nunca le dije nada. ¿Sabías que Pauline sabía del plan y de la máquina desde mucho antes de unírsenos? ¿Sabías que una tarde Amparo regresó llorando a los gritos, con un ataque de nervios, que Oregon, Penny y Tiffany estuvieron al lado de ella, y que casi se derrumba todo el plan esa tarde? ¿Sabías que la que resolvió la situación fue Melinda, dándole una cachetada y preguntándole si quería estar enterrando a Eliza en cuatro, cinco meses? Oregón se enfureció con Rodrick esa tarde, le dijo que estaba arriesgando la vida de su hija y la vida de Melinda, y el pellejo de todos ellos al contárselo todo a una desconocida, y fue Amparo -recuerdo, Amparo con la mejilla arrebolada por la cachetada de Melinda y aún llorosa-, la que empezó a empujar a Oregon, y Oregon la miró desorientado porque Amparo jamás discutía ni peleaba con él excepto por cosas como si había o no comprado desodorante de ambientes, empezó a empujarlo muy fuerte y a decirle que no se metiera con Rodrick, que Rodrick estaba dejándolo todo por culpa de ellos dos y de Eliza, y que si oía una palabra más contra Rodrick pediría el divorcio, se iría a vivir con sus madres, y el vería a su hija solo los fines de semana, y luego se encerró en su dormitorio, donde Eliza dormía.  Rodrick quedó temblando. Amparo no le volvió a hablar a Oregon por dos meses enteros. Creo que lo que ocurrió después, tanto después, cuando entraron a la Máquina durante la batalla que comenzó la guerra, empezó a ocurrir en ese momento .Rodrick me lo  contó dos días después de que ocurrió, porque no podía creer que Amparo se hubiera enojado con Oregon por defenderlo. La única conclusión a la que llego es que fuí tan mal padre de mi hijo científico imaginario como de mi hijo real de carne y hueso; yo también sabía que estábamos pidiendo de Rodrick más de lo que un pobre supergenio de la Ivy League puede dar.
Hacen bien Pauline y Rodrick de huir siempre de nosotros también, dijo Loug.
Creo que sí, arriesgó Gaspar.

lunes, 20 de mayo de 2019

De bastardos, inválidos y cosas rotas

La última escena de Got es puro homenaje a toda la historia de la serie: Jon -que no deja de ser Snow nunca del todo- internándose en el Norte, con Fantasma, el único lobo huargo domésticado que queda y el resto de los salvajes, castigado por asesinato, nuevamente en la Guardia de la Noche: el destino de su padre si no lo hubieran decapitado. En el medio ocurrió de todo, pero el último capítulo de Juego de Tronos tiene un aire de coda, como todos los finales de temporada de la serie, solo que este es el final de verdad.
Tyrion fue siempre, no sólo el preferido de muchos, sino uno de los héroes secretos de la serie. Lo más cercano a un ser humano común y corriente que hace cosas heroicas. Que termine como Mano del Rey, presidiendo un Consejo que está formado por Sir Davos, Brienne de Tarth, Sam y Bronn (excelente broma: todos amamos a Bronn, el mercenario leal, si tal cosa existe, y todos queríamos que tuviera un castillo) es lo mejor del final, porque todos pensamos que Tyrion fue una gran Mano del Rey.
El último dragón no murió. Si murió la última Targaryen que podía reclamar el trono y el trono desapareció, y la escena donde Drogon intenta revivirla y luego se la lleva deja abierta la leyenda: ¿donde van los dragones? ¿porqué renacieron con Daenerys? ¿volverán algún día? En la oscura magia de Westeros todo puede suceder.
Y Bran, el niño que amaba trepar, el que casi muere por culpa de su curiosidad y de la impetuosidad amorosa de Jaime Lannister, termina como rey. El, claro, ya lo sabe. Porque Bran no es más Bran Stark. No es un inválido. No es Google. Es el Cuervo de Tres Ojos y, como dice Tyrion, es la memoria de la historia de Westeros. Sabe que Arya se irá (¿alguien podría imaginar a Arya envejeciendo bordando en un castillo?) y sabe que Sansa querrá ser la Reina del Norte. Mejor, dice Tyrion, que Bran no pueda tener hijos, los hijos y los legados solo nos han traído problemas hasta ahora. Si usted lo dice, Mano del Rey, por algo será.

domingo, 19 de mayo de 2019

La conjura contra América

De entre los grandes escritores mundiales de finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI, a uno de los que más rescato es a Phillip Roth. Y no tanto por El Lamento de Portnoy, o La Mancha Humana. Son novelas que leí y disfruté, pero no son novelas excepcionales dentro de lo que es la literatura norteamericana. La Mancha Humana es mucho menos "transgresora" a nivel literario que Lolita, de Nabokov o A Sangre Fría, de Truman Capote. Pero la para mí gran novela de Phillip Roth, donde se gana el respeto del lector, es La conjura contra América. Es una novela entre familiar, histórica y ucrónica; imagina su infancia -algunos años de su infancia- en una Norteamérica durante la segunda guerra mundial donde un presidente pronazi llega al poder gracias a las elecciones. Narra la historia de su familia, describe a su padre, y a su madre, a su hermano y a sus vecinos; es un ejercicio de ficción terrible, porque muchas veces se ha criticado a Roth justamente por su descripción de la madre judía; la madre judía que aparece en La conjura contra América tiene tantos defectos como la madre de El lamento de Portnoy, que fue una de sus primeras novelas. Y sin embargo tanto el padre como la madre que aparecen en La conjura contra América están revestidos de un heroísmo sencillo que tira por tierra cualquier crítica que Roth formulara hacia su madre -y que tanto escándalo hiciera en la academia literaria norteamericana. Si, parece decir el último Roth -murió diez años más tarde, pero ya era un hombre viejo cuando publicó La conjura contra América- mi madre tenía todos los defectos de una madre judía de clase media americana, y di cuenta de ellos en mis libros, pero revisitada en mi memoria tenía muchas cualidades que nunca percibí, hasta ahora. Hay algo pesadillesco y triste en La conjura contra América, como en toda ucronía; hay un final, que no contaré, pero que no es exactamente feliz, aunque algunos puedan pensar que sí. Hay quizás una crítica que se hace el propio Phillip Roth acerca de sus primeras novelas, más poderosa que la crítica de cualquier especialista en su literatura porque se la hace a él mismo. Mi madre y mi padre, parece ser el subtexto de La conjura contra América, si, eran middle class, si, eran conformistas, si, eran algo pacatos. Ahora que los describo desde mi vejez, parece decir Phillip Roth, sin embargo ¿no hubo algo heroico en ellos?

Escasa ficcion y mucha no ficción

Hace dos años se comenzó a dar una telecomedia destinada a los chicos llamada Fanny la Fan. No tuvo mucho rating y a las pocas semanas la levantaron. A nadie lo sorprendió. A nadie lo sorprendió porque es lo que se viene haciendo desde hace veinte años o más: se pone una ficción al aire, se prueba si tiene "rating", a veces solamente un programa. Si no funciona se lo levanta. Aún las ficciones que funcionan bien (la última que seguí por teve abierta fue Educando a Nina) son programadas de una manera que parece faltarle el respeto al televidente: empiezan a una hora y un mes después empiezan más tarde. Se ponen demasiados cortes comerciales indiscriminadamente. Por eso concretamente no sigo ficción televisiva en TV abierta: es casi imposible seguir una telenovela, un programa para chicos, una miniserie para adultos; además los autores de novelas y de ficción desaparecieron reemplazados por equipos de guionistas y eso se nota. Se nota sobre todo para el televidente: los personajes aparecen y desaparecen según si levantan el rating o lo derrumban. No es la idea de una ficción. A la buena ficción no le interesa demasiado el rating; por eso es buena ficción. Si uno ve Ozark, en Netflix, uno ve Ozark para disfrutar la historia y las actuaciones; y además no tiene cortes publicitarios. No digo que la televisión argentina se vuelva una dama de caridad y no venga propaganda: digo que la buena historia, la que engancha al televidente realmente existe previamente al rating y que, sin una buena historia, no tiene mucho sentido sentarse a ver una pantalla de televisión. Lo otro que ocurre es que desde hace treinta años la televisión argentina ha ido haciéndose cada vez más paupérrima. Antes los programas de chimentos eran pocos, los periodistas de espectáculos eran personas con cierta noción de hasta donde podían hablar y hasta donde no, los periodistas deportivos eran personas que hablaban de deportes, los periodistas políticos hablaban de política, y los periodistas policiales hablaban de casos policiales. Pero lentamente todo terminó mezclándose y hoy en día es difícil encontrar un programa en la teve abierta donde no se hable acerca de todo. Y cuando digo todo quiero decir todo. Y todo el que opina en ese programa opina acerca de todo. Sea modelo, actor, conductor, médico, abogado o exfutbolista. Obviamente, los programas son muy malos; pero los televidentes argentinos ya nos hemos acostumbrado a que la televisión argentina es muy mala y sabemos que si queremos ver televisión de calidad tenemos que poner el canal Encuentro, Film & Arts, Axn, Fox, HBO, Cinemax o Europa Europa. Nadie que quiera ver ficción de calidad prende la televisión argentina, porque incluso cuando la hacen, la hacen a cuentagotas y como diciéndonos valoren el esfuerzo de que hacemos esta gran producción, la ponemos a las diez y media de la noche. Miren que suerte que tienen que nuestro canal piensa en ustedes, parece decirnos. El resto del día, ya sabemos lo que hay: programas sobre todo. Si hay una declaración política de Anibal Fernandez a todo el mundo se le va a preguntar acerca de esa declaración política, y todo el mundo va a contestar; si hay un escándalo con Florencia Peña, todos los periodistas, los panelistas y los entrevistados van a opinar acerca de la vida de Florencia Peña; si pierde Velez por goleada y el árbitro no cobró un penal, al otro día todo el mundo es experto en fútbol y en arbitraje y opinarán acerca del arbitro, aún no siendo hinchas de Velez Sarfield. Hace treinta años las personas eran famosas por si mismas: Juan Alberto Badía era famoso porque hacía un programa de televisión los domingos, Alberto Migré era famoso porque escribía telenovelas. Ahora la gente es famosa en la televisión porque es el primo del concuñado de la exnovia de alguien que fue famoso. Hay personas que se han hecho famosas por ser fans de otras personas y salir en la tele gritando sus nombres; hay personas que se han hecho famosas por pelearse con otras personas en Twitter. Todas ellas salen en televisión. Todas ellas opinan sobre todo. Todas ellas, claro, saben muy poco sobre algo en concreto porque es posible ser periodista de chimentos, periodista de policiales, o periodista de política, si uno estudia, trabaja y se prepara; lo que es imposible es ser especialista a la vez en arbitraje de futbol, la vida de Florencia Peña y el pensamiento político de Anibal Fernandez. Pero la famosocracia argentina televisiva es así, se prenden las cámaras, todos sonreímos y le damos para adelante. Bueno, también generalmente, así sale.

La muerte de un rey. 70° parte

                                                                              usualmente, solo flotan cuerpos
                                                                              a esta hora
                                                                                                       Luis Alberto Spinetta.

                                                                        Gaspar L´Heroux, Cincinatti, 2021

¿Por qué el  trabajo de vigilar a Aquitania y a Ron? Pero Lermoune Filland y Melinda y William ya le habían dicho: si queremos que esto salga bien debes vigilar a esos dos inútiles. En cualquier momento se escapan y abren sus bocazas. Vigilalos. Soy un científico, había respondido Gaspar.
Yo soy escritor, le dijo Will, y anciano. Melinda tampoco puede, pesa solo ciento diez libras. En cuanto a Lermoune, ya lo ha dicho: no va a vigilar más a Ron, que pasa cada cinco minutos de alabar su comida a criticar que tiene demasiada sal. Ya lo hemos decidido: no más caviar Beluga, y si se quiere morir de inanición que se muera.No creo que ocurra, pero si ocurre, mala suerte, lo enterraremos en algún lado. Aquitania se hace el dócil, pero está todo el tiempo que no lo vigilamos buscando maneras de desatarse. Lermoune ha propuesto cortarle cuatro dedos, dos de cada mano; solución drástica, pero no tan mala como pensamos al principio.
Pero ¿por qué yo?
Bueno, eres grandote, dijo Will. Y tienes cara de malo.
Así que allí estaba, pensó Gaspar, bostezando y observando a Ron y a Aquitania. Los dos dormían. Tenía puesto el televisor sin sonido y mientras lo observaba, repasaba los cálculos que permitirían finalizar la máquina. Rodrick es demasiado bueno como científico, ha hecho casi todo el solo. Leonore y Jose y los otros lo hemos ayudado, pero Rodrick es mejor que todos nosotros juntos. Amparo me contó lo de Pauline, pero cuando quise hablar con Rodrick me dijo que Pauline es historia del pasado. Algo de razón tiene Pauline, pero quién puede retroceder ahora... Aunque podríamos, claro.
Sube el televisor, dijo Ron Vermin.
No lo haré.
Subelo.
Casi por inercia, Gaspar le hizo caso. El televisor mostraba cuatro cuerpos incinerados sacados del agua, en Italia y la periodista decía: cinco hombres más murieron baleados en un laboratorio de drogas en el medio de la Provenza. Detuvieron a diez personas más, hombres y mujeres. Al parecer, un ajuste de cuentas entre narcotraficantes.
No fue un ajuste de cuentas, dijo Ron. Eran mis ayudantes.
Pensé que creabas solo tus drogas.
Oh, sí, dijo Ron. Las creaba solo. Pero no las producía solo. Ustedes los mataron. Tenía cinco medidas de seguridad diferentes para que ni la DEA, ni Interpol, ni los otros traficantes llegaran a mi laboratorio. Y ustedes me secuestraron.
Si no te hubieras metido donde no debías no te hubiera pasado nada.
Todos ustedes son unos maleantes. Me obligan a comer los horribles guisos de Lermoune Filland.
En eso te equivocas, le respondió Gaspar. Todos los mediodías Lermoune me cocina tallarines o ternera a la parmesana, o tortilla de arvejas, mis favoritos. Los guisos horribles los cocina especialmente para tí. Y para tu amiguito Julio.
Eres un coñazo, Ron, dijo Julio Aquitania. Pero por culpa de tí estoy aquí así que
Ahora, dijo Ron.
Ambos se levantaron. De alguna manera se habían desatado. Ron tenía una especie de trincheta de plástico en la mano.
Eres científico y alto y barbudo, pero no eres muy ágil, dijo Ron. ¿Te crees que no he peleado contra hombres más grandotes que tú?
Avanzó hacia él.
Gaspar se levantó de la silla y retrocedió dos pasos. Se cayó al suelo, solo. Ambos hombres se desconcertaron. Gaspar aprovechó para sacar el cuchillo que Will le había dado y cortarle a Ron el tendón de aquiles del pie derecho. Ron aulló. Julio Aquitania intentó inmovilizar a Gaspar, pero Gaspar lo agarró de una mano y le cortó el meñique. Luego le sujetó la otra mano y le cortó el meñique y el anular. Mientras ambos gritaban -maldita sea, los vecinos, pensó Gaspar- ató cuidadosamente a ambos y tiró a la basura los tres dedos de Aquitania. Tiró un poco de whisky barato sobre las heridas de ambos. Y llamó a Lisbeth.
Cuando llegó la policía Lisbeth y Gaspar estaban sentados cómodamente en el sofá, mirando la televisión.
- Los vecinos han denunciado gritos.
- Oh, no es nada- dijo Gaspar- Estaban pasando el partido de los Yanquis y mi esposa decidió cambiar de canal para ver Desperate Housewives en un momento crítico.
- Siempre te alteras por estas cosas, mi cielo.
- Debería tomar clases de manejo de ira.
Apenas se fue la policía, Gaspar abrió el closet, donde estaban Ron y Julio amordazados, ensangrentados y atados.
¿Tres dedos? dijo Lisbeth. ¿Hacía falta cortarle tres dedos?
Oh, dijo Gaspar, Lermoune tenía razón. Son insoportables. No los maté por lástima. A propósito, Vermin, Ron, ¿sabías que viví durante cinco años en uno de los barrios más peligrosos de Nueva Orleans y que tomé clases de defensa personal después de que me asaltaran tres veces? Apuesto a que no lo sabías. Deja de llorar. Tendremos que cauterizar las heridas y renguearas el resto de tu vida. Mejor que no vuelvas a gritar.
Creo que sería buena idea disolver los tres dedos de Aquitania en ácido, dijo Lisbeth. Hay ácido sulfúrico en el laboratorio ¿cierto?
Por supuesto, respondió Gaspar.







Penumbra del puerto

El agua, que nos llega a las costillas
ha decidido ser de camalotes y de ahogados.

Los barcos vuelven o se herrumbran,
en los barrios se prenden luces

nadie regresa

del todo del sueño.

Solo los gatos de los tapiales
quieren seguir siendo gatos
y ninguna otra cosa.

Volveremos
como peces hundidos en la historia
de nuestros muertos
a los que velamos
solo cuando
nos ahogamos.

Daniel Salzano.

Escritor, poeta y compositor, según su breve biografía, fue y es uno de los mejores de la Argentina. Probablemente si no fuera gracias a Juan Carlos Baglietto no lo hubiera conocido: pero Juan Carlos Baglietto es, desde que empezó, no solo uno de los mejores cantantes argentinos, sino uno de los más preocupados por cantar y contar buenas canciones. No le importa si la canción es de Joaquín Sabina -a quien conoce todo el mundo- o de Daniel Salzano -a quien pocos conocemos y admiramos-; si la canción es buena Baglietto la canta igual. Aquí, una de las letras más hermosas de Daniel Salzano, dedicada a sus hijos: Salzanitos.

Mis hijos serán: trompetistas o no serán nada,
les prohibo cirujanos, arquitectos,
mucho menos banqueros, hombres de la bolsa,
serán trompetistas, maravillas desde chicos,
en el zapato de reyes la corchea,
en el otro zapato el de las fucsias,
después les compro, la vida,
les doy almanaques de caballos,
les compro aparatos con cosquillas.
Los pongo contra el cielo,
les explico de Dios y de Louis Armstrong.
Mis hijos serán descalzos, herrabundos, detenidos,
palpados de uno o mas amores,
les encontrarán, es claro, la trompeta,
andarán por tiovivos con palabras giratorias,
tendrán amigos, enemigos, ex-amigos,
tendrán que empeñar su palabra, su café,
pero no empeñarán nunca su trompeta, les diré,
pues una trompeta es una trompeta,
les regalaré una gamuza de gamuza,
les haré escribir Biz, en los retretes,
eso haré, eso serán,
y aquí va mi testamento,
les dejo un repertorio de tristezas,
usenló... solo de vez en cuando,
el día de mi muerte vayan todos al entierro,
lleven sacos colorados, lleven la trompeta,
toquen Rosamadreselva,
o algún otro blues,
pero cuidado, lleven las bufandas,
en los cementerios se muere de amor,
y de frio,
y yo, los amo tanto.

sábado, 18 de mayo de 2019

Medios y política in the pendiente.

Los dueños de los medios en nuestro país no son periodistas. Ni buenos, ni malos. No son periodistas, punto. Mucho no les interesa el periodismo. Les interesa la publicidad. Tampoco les interesa demasiado "el país". Les interesa el país en tanto puedan vender publicidad. Mucho menos les interesa contratar buenos periodistas. SI les interesara contratar buenos periodistas Cristian Alarcón y Martín Caparrós tendrían progamas en la televisión abierta. Les interesa la publicidad.
EL problema es cuando los dueños de medios (sea Daniel VIla, sea Hector Magnetto, sea Mario Pergolini, sea Marcelo Tinelli -a quien incluyo a pesar de que no sea exactamente dueño de medios, sino dueño de contenidos: de todas maneras, todos los que tenemos más de treinta años sabemos que el que decide todo en la televisión argentina es, siempre, Marcelo Tinelli- sean otros menos conocidos pero probablemente mas ilustres) pretenden que ellos quieren expresar lo que quiere el pueblo argentino. Y, parece muy loable, pero ya a esta altura medio imposible. Pongo por ejemplo a Tinelli: Tinelli le parece un tipo bárbaro, un muchacho de barrio solamente a alguna gente de arriba de cuarenta. Lo mismo pasa con Mario Pergolini: a casi nadie lo que dice Pergolini lo interpela demasiado. No es que están viejos: escucho muchas veces a Ernesto Tennembaum a la mañana, que tiene más o menos la misma edad que ambos, y es mucho más interesante escuchar a Ernesto Tennembaum porque es buen periodista, pero además porque no insiste en identificarse con el oyente de radio. Cuando vemos a Maria O´Donell haciendo televisión, Maria O´Donell nunca entra en el juego idiota de que ella es como nosotros: Maria O´Donell sabe que estudió Ciencias Políticas, sabe que tiene muchos años de periodismo encima y sabe que la gente que la mira -mucha o poca- espera que sea más inteligente que ellos, no menos inteligente. Sin embargo el juego en los medios masivos, tanto en radio como en televisión sigue siendo: yo soy como ustedes, solo que aparezco en radio o en televisión.
Marcelo Tinelli quiere proponerse como candidato. Está, en todo caso, en su derecho. A su favor debo decir que hemos tenido presidentes mucho peores ; en su contra debo decir que está muy bien querer ser político, pero no se le ve mayor plataforma electoral. Propuesta política. Sector hacia el que va a dirigir sus políticas. Posiciones acerca del aborto, la ampliación de derechos de la minorías, presupuesto estimado para salud pública, presupuesto estimado para educación pública, políticas para el incentivo de la producción local, etc. Es decir, todas esas cosas farragosas y complejas de la política. No digo que si Marcelo Tinelli fuese votado haría un mal gobierno. Digo que si Marcelo Tinelli quiere que lo voten, al menos podría proponer una plataforma de gobierno.
Mario Pergolini, en su programa de radio, es otro caso interesante de empresario de medios porque es lo antipolítico. Supuestamente. Lo más cercano a la política que puede encontrarse en su programa son quejas hacia Guillermo Moreno porque no le dejaba importar máquinas de algo. Muchas quejas, varios días seguidos. Varios oyentes incluso están sensibilizandose con el tema y juntando firmas para que, si vuelve el peronismo, Guillermo Moreno no sea secretario de Comercio así Mario Pergolini puede comprar maquinas de algo. No se entienden muy bien de que son las maquinas porque es difícil entender cuando Mario Pergolini habla, y generalmente lo tienen que traducir los otros integrantes de su programa, que no serán empresarios de medios pero, al menos, hablan de corrido y sin furcios.
En cuanto a el resto de los empresarios, que son menos visibles mediáticamente, de todas maneras ejercen ese influjo de patrón de estancia en sus medios. La política es, para el establishment mediático argentino, esa cosa incómoda a la que recurrimos para que nos tire unos mangos de publicidad pero a la que boicoteamos apenas podemos, porque hay muchas medidas políticas que nos perjudican, pero también porque sabemos que hablar en contra de los políticos en general da buen rating. O buen share. Y está muy bien que la gente no le crea a los políticos, dicen los dueños de medios; nos tienen que creer a nosotros, que somos como ellos. O somos casi como ellos. Nosotros no sabemos de política, somos apolíticos, pero entendemos cuando la política quiere escupirnos el asado y eso no se lo vamos a permitir, porque los únicos que podemos escupir el asado somos nosotros.
Tengo pocos argumentos para defender al cien por ciento de los políticos de nuestro país. Hay algunos a los que rescato más que a otros. De todas maneras, me parece que incluso el concejal que propuso una plaza para la zona oeste de nuestra ciudad y logró se votara y que esa plaza se hiciera, hizo mucho más por "la gente"  que mucho de los dueños de medios en este país. Lo único que hicieron los medios, desde los ochenta hasta ahora, es mostrarnos que todo lo que hacían los políticos estaba mal. Lo cuál no es cierto.

Fernandez Fernandez

- Che, pero ¿te parece?
- No, sí, seguro.
- ¿Te parece que algún lector de nuestro diario sabe de la consigna Cámpora al gobierno, Perón al poder? Porque si eso es cierto, no es muy buena noticia. ¿Para qué publicamos suplementos juveniles y para qué ofrecemos descuentos a festivales de rock? Pasaron cuarenta y seis años desde la asunción de Cámpora. Las personas que tenían veinte años en esos momentos ahora tienen...
- No uses la calculadora de tu celular, es medio triste. Tienen sesenta y seis años. Bocha de años.
. No, eso es crueldad. Yo tengo sesenta y siete y aún me siento joven.
- ¿Cómo fué tu última visita al cardiólogo y que te recomendó que no comieras?
- Hace tres semanas y me prohibió las papas fritas y la Coca Cola.
- Era una pregunta capciosa. Los jóvenes no van al cardiólogo y el cardiólogo no les prohibe comidas. Comen todas las papas fritas y toman toda la Coca Cola que quieren. Es una de las cosas buenas de ser joven.
- Bueno, me siento joven.
- Por dentro, sí, ese discurso ya lo conozco. También lo recita Mick Jagger. Por afuera, te digo, no se le nota tanto.
- Bueno, pero dame la razón en algo, che, los jóvenes no van a entender mucho cuando lean la comparación Campora al gobierno, Perón al poder con Fernandez-Fernandez.
- No, es cierto. Los que la entiendan ya están cerca de la edad en que están excusados de votar. Por la presión, el colesterol, el reuma...
- Y, bueno, esos son nuestros lectores.
- No me jodas. Yo pensé que le hablábamos a la juventud.
- Che, el editor del suplemento joven tiene cuarenta y dos divorcios encima y cuatro pibes.
- Ah, con todos los quilombos que hay en el diario ¿querés que echemos a más gente?No seas malo. Además, el hijo más grande es adolescente. Al menos está en contacto con la juventud maravillosa.
- Bueno, si quisiéramos que la juventud entendiera un poco lo mala que es la fórmula Cristina Fernández vice, Alberto Fernandez presidente tendríamos que poner que son ambos drogadependientes como Charly García y Diego Maradona.
- ¿En que año vivís? ¿En 1994? Los chicos ni saben quién es Charly. Y a Diego Armando tampoco lo conocen mucho que digamos; es solamente el latiguillo de sus padres cuando juegan al Fifa, vos ahora lo elegís a Messi pero no sabés lo que era el Diego.
- Y entonces ¿que ponemos?
- ¿Alberto Fernandez-Cristina Fernandez esa fórmula tan mala como Vegeta y Goku cuando se fusionaron?
- ¿Quién es Vegeta?
- No, tenés razón. Vamos a compararlos con Cámpora y con Perón , nomás. Alguno entenderá.


Deshonestismo

Hay una observación de Borges que no por ser amarga deja de ser verdad: el argentino prefiere pasar por deshonesto a pasar por tonto. Mucho no nos importa si quién está en el gobierno es corrupto (aunque los grandes diarios hagan titulares acerca de la corrupción), manipulador o directamente asesino -como desgraciadamente ocurrió varias veces en la historia. Votamos -o aceptamos dictaduras - pensando en nuestra viscera mas sensible, el bolsillo; y así nos va. Uno de los pueblos con mayor nivel educativo del mundo siempre está a merced del dólar, de los mercados internacionales, del efecto tequila, del riesgo país. Indignarnos, eso sí, nos indignamos de nuestros malos gobiernos, a los que votamos. Por eso, cuando muchos argentinos recurren a la antipolítica, al decir Macri que desastre, como hace veinte años se decía Menem que desastre, digo que no. Macri siempre fue de derecha. Los argentinos que votaron a Macri sabían que era de derecha. Prefirieron tener un gobierno de derecha. Daniel Scioli les parecía de izquierda. O de derecha, pero no tan de derecha como Mauricio Macri, que puede parecer a ojos de muchos un empresario exitoso, aunque si uno revisa su historia familiar el empresario exitoso definitivamente no fue él, sino su papá, y el es el hijo, en todo caso, de un empresario exitoso. Y no dejo de recordar que durante todo el gobierno de Nestor Kirchner y de Cristina Fernandez, muchas de las críticas eran sobre la ampliación de derechos, más que sobre la restricción de libertades: la Asignación Universal por Hijo, el matrimonio igualitario, las netbooks para estudiantes secundarios, las paritarias anuales, la jubilación de amas de casa. Lo que molestaba era que otros tuvieran derechos, y lo que se criticaba era que no se podía comprar (muchos) dólares o viajar a Punta del Este. Por eso, no me preocupa demasiado si Macri es reelecto y pienso: si a la dictadura militar no le hubiera ido tan mal económicamente y la plata dulce hubiera seguido unos cuantos años más ¿alguna vez se hubiera juzgado a militares y paramilitares por la desaparición de miles de personas? La respuesta, en el próximo número.

viernes, 17 de mayo de 2019

Dead to Me

Las comedias producidas por Netflix son muy buenas. No solo son inteligentes, sino que siempre se preocupan porque las encabecen muy buenos actores: no it girls, ni el chico guapo del momento, sino actores que van a dar la talla. Dead to Me es una comedia sobre el duelo y sobre la amistad femenina y tiene dos grandes actrices de comedia: Christina Applegate y Linda Cardellini. La trama es bastante sencilla: Christina Applegate es una viuda con dos hijos, sostén económico de su familia, cuyo marido murió en un accidente de tránsito y Linda Cardellini es una chica de cuarenta, algo errática, que se hace amiga de ella en un grupo de ayuda de personas que perdieron familiares cercanos. Las cosas que les ocurren son divertidas y a la vez trágicas: la escena donde Christina Applegate descubre que su hijo le robó un revolver a su abuela y lo lleva en la mochila es una gran manera de tratar con humor temas densos y casi imposibles de narrar de una manera sencilla, especialmente para la sociedad norteamericana, aunque todos los que hemos sido padres y madres adolescentes sabemos que no es, exactamente, la mejor edad para ellos ni para nosotros. Las dos mujeres juntas son Thelma y Louise en un suburbio norteamericano; y también hay algo de poesía visual y narrativa que generalmente, en la comedia ácida norteamericana, no aparece. Hay un secreto que el personaje de Linda Cardellini guarda, y que es el secreto que probablemente destruya esa amistad; la tensión del personaje que compone Linda, entre la culpa, el alivio y el miedo, hace que sea uno de los mejores personajes de comedia, o al menos uno de los menos estereotipados, de los últimos años.

Censurar a une artiste.

El viernes pasado fui a  ver a Susy Shock. Es una gran cantante y su banda es excelente; el percusionista, en particular, me pareció uno de los mejores que he escuchado en Rosario. Pero el resto de la banda también es excelente y las canciones son muy buenas; no ví demasiada política en sus canciones, o por lo menos debo decir que las letras de Susy Shock son mucho menos políticas que las de Fito Paez o Luis Alberto Spinetta; sus lecturas sobre el escenario de textos propios, ni siquiera le llegan a los tobillos a la belicosidad de cualquier declaración del cantante de La Berisso, que definitivamente son más masivas. Hoy me entero que en San Pedro la Comisión Directiva de la Biblioteca decidió prohibir "las manifestaciones religiosas y políticas" y sugerirle a Susy Shock que cambiara el contenido de su show. Repito: vi el viernes pasado el espectáculo de Susy Shock y es muchísimo menos escandaloso y más apropiado para niños que Los Angeles de la Mañana o Showmatch.
Ahora ¿para cuándo la quema de libros, querida Comisión Directiva de la Biblioteca? No sean tímidos. Si les parece que el show de Susy Shock es "demasiado" para una biblioteca de San Pedro y que sus socios se quejaron (varios, parece, y anónimos en su mayoría, sino hubieran juntado firmas): ¿porque no buscan entre sus estantes libros donde aparecen homosexuales, lesbianas, o mejor aún, libros escritos por homosexuales y lesbianas y, directamente, los queman? Porque si Susy Shock les parece, a ustedes y a sus socios, demasiado incómoda y que habla demasiado de religión y de política, les sugiero que quemen la mayoría de sus libros, excepto claro la Biblia y el libro de Doña Petrona. Si uno está a favor de la censura, bueno, debe estar a favor de la censura, y al menos no disimularlo. Pero creo que ese no es el verdadero problema de la biblioteca de San Pedro: el problema es que a la Comisión Directiva de la Biblioteca de San Pedro si el que hiciera un espectáculo fuera el cantante de la Berisso, que en dos o tres oraciones en un recital habló en contra de los veganos, los homosexuales, los transexuales y los integrantes de su propia banda, no lo hubieran censurado, diciendo que representa "la voz del pueblo argentino" (?). Esto es la Argentina cultural que tenemos: una cantante es censurada previamente por sus canciones y sus poemas, y otro cantante (a quién no tengo el gusto de haber escuchado, ni, sinceramente, estoy demasiado tentada de hacerlo) es defendido cuando hace declaraciones de dudoso buen gusto con la justificación de que representa "el sentimiento popular del pueblo argentino".










jueves, 16 de mayo de 2019

El nuevo orden progresista.

Desconfío de los nihilistas. Desconfio la metafora del tango: todo tiempo pasado fue mejor, porque además de no ser cierta muchas veces, aún siendo cierta, es imposible volver al pasado. Hay una cierta tensión actual en todo el mundo entre muchas personas, que viven bastante mejor que hace ocho décadas atrás, que piensan que este es el peor de los mundos posibles porque la conexión a Internet tiene pocos megas. O porque no pueden comprarse una oferta por Mercado Libre. El capitalismo de las últimas cinco décadas vende libertad; la gente la compra, ilusionada, sin darse cuenta que si hay algo que no puede comprarse, justamente, es la libertad. Es común escuchar a la gente quejarse de gobiernos democráticos: están recortando nuestras libertades, dicen, cuando las obligan a pagar algún impuesto o cuando son multados por pasar límites de velocidad en las rutas. Queremos de vuelta ser libres. Pero ¿en que momento fue libre esa gente? ¿Cuando no pagaba impuestos? ¿Cuando pasaba límites de velocidad y no eran multados? Su concepto de la libertad, si por libertad entienden no pagar impuestos y manejar irresponsablemente, es tan mínimo que ni siquiera merece ser considerado seriamente. El orden del progresismo parece ser: te daremos todas las libertades que tu piensas que mereces, y, mas aún, si en algún momento eres un irresponsable, te justificaremos y te comprenderemos porque mereces ser libre porque eres un ser humano. La realidad es que en la mayor parte de los estados democráticos modernos los derechos civiles están (al menos en el papel) garantizados y ya nadie piensa, o son una minoría, que los negros deben ir a otras universidades que los blancos o que una mujer no puede ser ingeniera civil porque es mujer. Que era el pensamiento dominante hace cincuenta años atrás, no hace tanto. Y todos esos derechos civiles traen aparejadas obligaciones: obligaciones que quizás no nos gusten, pero que son necesarias porque cuando las personas empiezan a creer en el nihilismo de que las leyes no son necesarias, y que su aplicación es opresión, no se vuelve a un socialismo utópico que nunca existió completamente: se vuelve a lo peor del fascismo y el stalinismo. Al pensamiento que equipara pueblo con masa, en el cual solamente tienen razon algunos elegidos a quienes los sigue mucha gente violenta y mucha gente mas por conveniencia, y que cualquier voz disidente, aunque sea sensata, es acallada, porque no piensa como el resto. Todos esos fenómenos históricos que se apoyaron en la voz de los que más gritaban y los que pegaban más fuerte, terminaron generalmente en dictaduras sangrientas y derrotas. En todo caso desde el orden progresista, que reclama diversas libertades para todo el mundo, debería preguntarse: ¿a quien nombramos cuando decimos "todo el mundo"? ¿Por que hay tanta gente que cuestiona tan duramente las libertades que nosotros generosamente estamos "reclamando", no solo en nombre nuestro, sino en nombre de personas que no conocemos? Pensar que todo el mundo quiere ser progresista o pensar que el que no adhiere a postulados progresistas es una especie de monstruo dictatorial conservador ¿no es en fondo tan totalitario como postular que todos los alumnos deberían recibir clases de catequesis en horario escolar? Hay muchas personas conservadoras en el mundo occidental y sus puntos de vista merecen ser escuchados con tanto respeto como se escucha a una persona que tiene pensamientos más liberales.












miércoles, 15 de mayo de 2019

El minuet

Eramos pocos en la sala. El intendente y su mujer, el viejo Dracmar y sus dos hijos, con sus esposas, la bibliotecaria y Nida, su mejor amiga, Julio Otranto, el viejo profesor de piano (estaba jubilado hacía cinco años y casi sordo, había dejado de dar clases por la artrosis), la familia Vermia en pleno, Barbie Durand, la chica que daba tercer grado en la primaria del pueblo y no se perdía ni un solo evento cultural ("este pueblo es lo más parecido a un desierto" me había dicho una noche después de las comparsas) y yo. Yo más que nada porque el intendente me había invitado y como revisto el cargo de Coordinador de Eventos me había parecido de mal gusto no asistir. La música clásica no me gusta -creo que no le gustaba a nadie de los que estábamos allí, excepto a Julio Otranto y a Barbie- pero dos horas de aburrimiento no son un precio tan alto en esta vida. Supuestamente, los músicos eran buenos: una orquesta de cámara de Mar del Plata, con muchas giras en Europa.
El hijo mayor de Dracmar parecía nervioso. A nadie en este pueblo le agradaban el viejo Dracmar ni sus dos hijos, ni siquiera a sus esposas. Los Dracmar siempre habían sido estancieros, desde que un bisabuelo bajó de una balsa en Santa Fe. Los tres hablaban de una manera extraña: un poco como criollos, un poco como prusianos, un poco como caciques. Había algo en ellos que repelía y por eso, quizás, habían empezado los rumores cuando Nélida había aparecido ahogada entre las totoras. Nélida era la hija bastarda del padre del viejo Dracmar y una criada media guaraní que trabajaba en el casco de la estancia; Nélida heredó los rasgos de su padre y el trabajo de su madre. Fue criada en la estancia durante diecinueve años. Dicen, los que la conocieron viva, que era muy bella: tenía los ojos azules, la nariz aguileña, los pómulos altos y el pelo cobrizo dorado. Era orgullosa y parca. Su madre murió cuando ella tenía diez años, pero Delmira, la cocinera de la estancia, la adoptó como protegida. A la madre del viejo Dracmar que una bastarda de su marido trabajara en la cocina no le molestaba: al, en aquel momento, joven Dracmar sí. Muchas veces, cuenta, la insultaba o le hacía hacer trabajos humillantes. La muchacha no protestaba.
Cuando Nélida apareció ahogada en la laguna nadie supo quién había sido, y tampoco se investigó demasiado. Solo dos hechos desataron murmuraciones: Delmira renunció a los dos días de encontrado el cuerpo, dejando a la estancia sin una de las mejores cocineras del país, y, a los tres años, la madre de Dracmar se ahorcó en su cuarto. El padre de Dracmar murió de neumonía poco después y Dracmar heredó la estancia y la fortuna de su padre. Se casó con una porteña, tuvo dos hijos, casó a sus dos hijos con profesoras del pueblo, enviudó. Nadie tenía nada en particular contra Dracmar, solamente no nos agradaba. Ni él, ni sus hijos.
De todas maneras, no entendía que hacían Dracmar y sus hijos en la sala. Siempre habían sido refractarios a todo lo que fuera cultura: les gustaban los cuchillos, los rebenques, las espuelas, la doma de caballos y la caza de liebres. Las mataban de varios tiros en la laguna y no las comían: extendían sus cuerpos al sol y sacaban fotos. Quizás, por eso, el nerviosismo del hijo mayor. ¿Los habría invitado el intendente? Podía ser: Massola, ex militante del Partido Intransigente, ex militante del Partido Radical, ahora afiliado al Movimiento Regional Entrerriano, tenía entre sus ideas modernizar este pueblo perdido y bastante chúcaro, donde la mitad de los niños de la escuela hablaban en guaraní y que se inundaba cada cinco años, con dos o tres muertos cada vez. Integrar al viejo Dracmar quizás era parte de los planes de Massola; invitarlo a un aburrido concierto de cámara era, tal vez, una primera forma de integrarlo. Porque el viejo Dracmar y sus hijos habían ido era un misterio, al menos para mí. 
Empezó el concierto. Una suite para violín, una sonata y un minuet. Casi todos los que estábamos allí desconocíamos que en los conciertos de música clásica no se aplaude apenas acaba cada movimiento, sino cuando termina la obra completa y aplaudíamos igual La orquesta sonaba bien, afinada; el primer violín, que fue el único en el que me fijé la cara, tenía la piel clara, los ojos cerrados y el pelo largo, negro. Como era natural, casi no hablaron. Al principio se presentaron con breves palabras: luego empezaron a tocar, y todos empezamos a dormirnos, excepto Julio Otranto y Barbie Durand. Pero antes de empezar la última obra, el minuet, el primer violín habló:
- Este minueto es una obra clásica de Hans Purcell. Fue hecho por el encargo de un diuk - creo que el primer violín quiso decir duque pero lo pronunció mal, pero recuerdo perfectamente que lo pronunció diuk, no duque-, un diuk de Antandro que fue encarcelado injustamente, acusado de haber ahogado a una de sus siervas en una laguna cercana a su castillo. Durante tres años estuvo encarcelado el diuk, e incluso su cárcel llevo a la muerte a su señora esposa, pero luego se descubrió que era inocente y salió en libertad. Para celebrar su libertad le encargó a Purcell que compusiera este minueto. Es una de sus obras más conocidas. Por favor, disfrutenla.
Ninguno de nosotros la disfrutó demasiado. La mayor parte siguió en un sopor, y cuando los músicos dejaron de tocar y aplaudimos, todos los sentimos levemente aliviados. La próxima vez, pensé, que Massola me obligue a venir a uno de estos hechos culturales, voy a mandarlo a la mierda. Me levanté, el intendente y yo le entregamos una plaqueta al primer violín, dijimos un par de palabras de compromiso y los músicos se marcharon.
En la entrada de la sala estaban Julio Otranto y Barbie, discutiendo. Julio Otranto parecía destemplado: hay muchas cosas que destemplan a Julio Otranto, debo decir. Los perros en su vereda. Las moras que caen sobre su vereda. Los niños que dejan cáscaras de naranja en su vereda. Las vecinas que se ponen a chusmear en su vereda. Los novios que se ponen a besarse en su vereda. Cada quince días la municipalidad recibe una carta de queja de Julio Otranto, cosa que disfrutamos mucho y se las respondemos todas. Medidas para prohibir los perros, las moras, los niños, las vecinas chismosas y los novios aún no se nos han ocurrido, aunque el siempre tiene sugerencias. Pero esta vez el motivo de discusión no eran las veredas, sino Hans Purcell.
- No conozco ese minueto- decía Otranto.
- Bueno, señor Otranto- decía Barbie- no tiene la obligación de conocer toda la obra de Hans Purcell.
- No le permito, señorita Durand- dijo con severidad Otranto- Mi colección de música clásica es una de las más completas de la República Argentina. Tengo ochenta y cinco años y soy profesor de piano desde los quince. No creo que ese minueto sea de Hans Purcell y si lo es, no es uno de los más conocidos, como dijo negligentemente el primer violín.
Barbie alzó las cejas, encogió los hombros y me miró, buscando ayuda.
- Claro- dije yo- no todo el mundo tiene la obligación de ser un exquisito en música clásica como el profesor Otranto.
- Claro-me siguió Barbie, aliviada.
- Celebro que apoyen mi punto de vista. A propósito ¿han recibido en la municipalidad mi última carta? Hace dos días terminaron las clases de la secundaria y los alumnos llenaron mi vereda de hojas rayadas y cuadriculadas cortadas en cuadraditos. Yo, mi hija y mi nieta estuvimos una tarde entera barriendo.
- Ya la hemos recibido, profesor Otranto- fue mi respuesta- y pronto la contestaremos.
El y Barbie se fueron al ratito, porque el novio de la nieta de Julio, que es amiga de Barbie, los pasó a buscar en el auto. Me encontré solo con Massola y le comenté:
- Medio aburrido el concierto, pero buena idea la de invitar al viejo Dracmar y familia. Igual es raro que hayan venido.
Massola se empezó a reir.
- Si, el concierto fue un plomo. Pero ¿de donde sacás que yo invité al viejo Dracmar? Ni se me hubiera ocurrido. Lo invito a veces a algunos actos, y no viene. Vamos, lo conocemos al viejo Dracmar desde que somos chicos ¿quién lo invitaría a un concierto?
- No sé, se me había ocurrido.
- Poca gente, che, una lástima.
- Si, cierto
Al otro día me desayuné con la noticia en la municipalidad. ¿Te enteraste lo que pasó, dijo la coordinadora de Talleres de la Comunidad? El viejo Dracmar y sus dos hijos. Se mataron en la ruta. Las dos nueras están graves, pero zafan.
Pobre viejo, pensé. Pobres hijos. Aunque mejor por ahí mejor morir así que de cáncer o ahogado. No sé porqué pensé en morir ahogado; por ahí porque al lado de la ruta están las zanjas llenas de aguas y de totoras y de garcitas, que son una belleza. Hay gente que se ahoga ahí, a veces, más seguido de lo que a uno se le ocurriría.
- Bueno, publiquemos en las redes sociales una nota de condolencia. En el periódico del pueblo también.
Pasaron los meses. Las nueras del viejo Dracmar, como dijo la coordinadora, zafaron. Una quedó con una placa en la cadera, a la otra le cuesta un poco hablar. Ninguna de las dos recuerda esa noche y están pensando en mudarse a Córdoba, con sus hijos. Un día, en el acto inaugural del año escolar, me encontré con Barbie. Estaba comiendo sanguchitos y tomando Coca Cola e impidiendo que el hijo menor del intendente se peleara con una de sus compañeras.
- Massola, portate bien, que está un amigo de tu viejo. Hola, che, vos sabés que hace rato que quería hablar con vos. Me pasó algo raro. ¿Vos sabés que yo colecciono los programas de las actividades culturales que se hacen en este pueblo?
- No, ni sabía- dije riéndome- Tenés razón, este pueblo es lo más parecido que hay a un desierto cultural.
- Contamelo a mí. Si no fuera por lo de mi viejo, yo ni habría vuelto de Avellaneda. Extraño los shoppings, los cines, el amontonamiento de gente en los bondis. Pero ¿cómo contactaron a la orquesta de cámara que vino esa vez, la noche antes que la muerte de los Dracmar?
- Ni idea, che.
-Bueno, creo que yo fuí la única que guardó el programa. Me gusta coleccionarlos, que se yo, cada una tiene sus manías. El otro día lo encontré en el placard, mientras ordenaba la ropa. Vi ese especial sobre la magia del orden y me agarró la loca. La cosa es que se me dió por googlear en el celu el nombre de la orquesta de cámara. Orquesta de Cámara Paganini, de Mar del Plata. Lo que es estar al pedo.
- ¿Y que pasó?
-No existe ninguna Orquesta de Cámara Paganini en Mar del Plata. Ni en toda la provincia de Buenos Aires. Ni en toda la Argentina. En cuanto al minueto, es triste para mí decirlo pero el viejo loco de Julio Otranto tiene razón: no es un minueto de Henry Purcell. Revisé por todos lados, Wikipedia, You Tube, sitios de música clásica. Me pasé horas escuchando minuetos de Henry Purcell, repitiendo, buscando. ¿No es raro?
- Lo raro es que Julio Otranto tenga razón en algo. Que no te oiga.
Barbie se rió.
- En lo de las moras también. Mirá, el otro día pasé con esta blusita por su vereda y mirá como me quedó la bambula clarita. ¿Con que saco esta mancha? Massola, dejá de hacer llorar a Jessica, hace el favor. Es la piel de Judas este pibe.
Cuando volví a encontrarme con el intendente le pregunté quién le había dado la idea de traer a la Orquesta de Cámara Paganini de Mar del Plata a nuestro pueblo. Me miró extrañado.
- No sé, creo que de mi Facebook. Me apareció el anuncio y no me pareció mala idea; no cobraban caro, en realidad cobraban mucho más barato que otras actividades de ese tipo. Ni pedían hotel ni catering. Medio raro, sabes que todos los artistas que la Muni contrata casi siempre piden esas cosas. ¿Por qué?
- No sé, la Barbie, la maestra de tu nene dice que no existe ninguna Orquesta Paganini.
- Esa es una loca bárbara- minizó Massola.
Me fui de la Municipalidad. Me fuí caminando hasta mi casa, que queda en las afueras del pueblo. Mi hija, que es compañera de la secundaria de una de las nietas del viejo Dracmar, me esperaba en la puerta, enloquecida.
- La mamá de Quinquin y Quinquin se mudan a Córdoba, al final. Y mirá lo que me regaló, una caja llena de bijouterie vieja, cosas medio oxidadas, pero mamá dice que si las pulo van a quedar bien. Mirá lo que es esta pulsera. ¿Puedo usarla en el cumpleaños de quince de Daiana? Y mirá este relicario, con una foto. ¿No es lindo, lindo?
Abrí el relicario, miré la foto. Di vuelta el relicario, leí grabado el nombre José Antonio Dracmar, el nombre del padre del viejo Dracmar. Volví a mirar la foto. Mostraba a un hombre de piel muy clara, ojos cerrados, y pelo largo, negro. Un hombre con cara de violinista.