Diario de Germán.
No sé que hacer. La grasa del choripán me manchó la camisa Lacoste. Yo me quiero morir. Javier se mató de la risa, y Karen y Amalia también. Me encantó el viaje y me gustó el acto, aunque había mucho bombo. Karen me dijo que se enteró de lo que me pasó, y que Gretel fue a hacer lío a la casa de ella, y dijo un par de cosas más acerca de mi ¿ex? ¿actual? prometida que no voy a reproducir acá. Y dijo que tengo que hablar urgente con la Peco, que hace tres días que llora. Eso me dejó un poco culpable.
Lo mejor del día fue que conocí a una chica. Se llama Aldana y estudia Filosofía en la UBA. Me abrazó durante el acto y yo la abrazé también. Está bastante bien. Es casi más linda que Gretel, aunque no tan linda como Patricia. No es exactamente kirchnerista, me contó después, sino que milita en la FEDE.
- ¿Que es la FEDE?- le pregunto yo como un boludo.
- La Juventud Comunista- me contesta ella.
O sea, me puse medio de novio con una comunista. Le di mi número de celular, pero no le dije nada que vivía en Recoleta. Ni que soy del PRO. Me dio un poco de vergüenza.
- El sábado, si querés- me dijo- podemos ir a ver a Kevin Jonhansen.
Yo le dije que sí. Esto es como vivir una doble vida. Por un lado estoy comprometido con una chica del PRO, que sabe que vivo en un tres ambientes de Recoleta y por el otro lado voy a salir con una comunista, que según parece vive en La Boca, en una pensión. Es una doble vida. Me siento miembro de la CIA, miembro de la KGB, miembro del FBI. ¿Y si Gretel me ve con esta chica? Todo el castillo de mentiras se va a desmoronar. Aldana se va a enterar que soy rico, que soy un burgués y me va a odiar. ¿Puedo vender mi departamento e irme a vivir a un monoambiente en San Telmo? Mis viejos me matan; el depto me lo compraron ellos. Por lo menos tengo que cambiar el auto. Aldana no va a querer salir con un chico que tiene un auto importado. Aunque por ahí no se da cuenta. No notó la camisa Lacoste, el pantalón Armani ni el perfume que llevo. Tengo que comprar urgente ropa en Once, e ir a un supermercado a comprar Axe. Puedo rayar mi auto y doblarle un poco la antena. Ya tengo todo planeado. James Bond es un poroto al lado mío.
- ¿Te gusta Kevin Jonhansen?- me pregunta ella. Creo que si quiero la beso.
- Me encanta- No tengo ni puta idea de quién es Kevin Jonhansen. ¿Será un DJ? ¿Será un gurú? ¿Será un filósofo, como Jose Pablo Feinmann?
- Kevin Jonhansen es cantante- me dice Amalia dos horas después, cuando volvemos a su departamento. - Down with my baby, La Procesión, no sé si te suena.
- No, no me suena- le contesto yo.
- Germán es un marciano- le contesta Karen- Escucha solamente a Vivaldi y a Mozart. Es de las escasas personas que últimamente van al Colón sin celular. Oh, la Kultur, la Kultur. Lo tuyo es glorioso, Germán. Pasas de una del PRO a una comunista. Tus viejos se van a matar de la risa.
- Todavía sigo comprometido con Gretel- les contesto yo, con mi mejor cara seria.
- Anda- dice Javier. - Yo ví como la mirabas a la chica y no te culpo. Está re buena.
- Bueno- les digo yo- sí, es linda. Pero yo soy rico y ella es pobre. Y encima es comunista.
- Te va a expropiar todo- me dice Amalia.
- Claro- la sigue Karen- además es fama que los comunistas se comen al primer hijo crudo. Mejor hacete una vasectomía.
- Lo nuestro es imposible- la sigue Javier y se mata de la risa- Las diferencias de clase son insalvables. Y te vas dando un portazo.
Me pongo colorado mientras los otros tres desgraciados se ríen de mí.
- Yo les aviso- digo al final, para por los menos hablar último- yo voy a seguir siendo del PRO.
- Entonces vas a tener que tener dobles servilletas en el casamiento: algunas amarillas y otras rojas, con la hoz y la guadaña- me dice Karen.- Y de música de fondo Queen y la Internacional. Yo eso no me lo pierdo.
viernes, 28 de febrero de 2014
Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia
Diario de Amalia
Terminé de resumir el apunte a las dos de la mañana. Gracias Javier. Gracias Cristina. Gracias Precios Cuidados. Me desperté a las ocho de la mañana con un humor de perros, me tomé tres tazas de café y encaré otro apunte de seiscientas páginas. Y entonces suena el timbre. Es Karen.
- Hola- les digo yo- Que tal.
- ¿Que pasó entre Gretel y Germán?- me pregunta Karen.- Gretel cayó el otro día en mi casa y me hizo un escándalo. Que soy una botona, que que me tengo que meter en su vida. Yo no entendía nada. Mi mujer se largó a llorar por culpa de ella, y yo ahí la eché. Gretel fue siempre igual, yo, yo y yo, pero no me voy a bancar que una malcriadita me venga a gritar en mi casa. Se fue re ofendida. Por lo que me importa, obvio, pero yo a German lo quiero mucho. ¿Que hizo ella?
- No sé si te puedo contar. Yo a German recién lo conozco.
- Contame. Vos sabés que no soy de andar hablando al pedo.
- El otro día salimos Patri y yo con Germán y Alberto. No sé como, pero en un momento, por algo que dijo Patricia Germán se dio cuenta de que Gretel se acuesta con Julián.
- Uy, Dios mío. Con razón.
Karen se sienta en el sillón y suspira.
- Pero igual es una boluda. ¿Por que piensa que la que conté todo fui yo? ¿Se piensa que le quiero sacar el novio? Si yo soy lesbiana. Es divina. Ella le mete los cuernos al novio antes de casarse, el novio se entera, se enoja con ella y me echa la culpa a mí. La pobre Peco se piensa que nosotras tuvimos una historia, hace tres días que apenas me habla. Yo la voy a matar, la voy a buscar a San Isidro o al Patio Bullrich o a Cancún y le voy a sacar las ganas de hacerse la pelotuda.
Karen enojada es peligrosa. La Peco es diferente; la Peco es un amor, es tranquila y hogareña. Karen es una chica de uñas largas y cuando usa esas uñas mejor retraerse.
- Karen, mejor no lo hagas- le digo yo.
- Mirá, no sé. Pero esta pendeja ya me estufó. Además, es tan boluda que se acostó con Julián. De todos los hombres del mundo elige al peor. Yo lo bancaba porque era novio de Patricia, pero te juro que cada vez que nos miraba con esa sonrisita irónica me daban ganas de matarlo. Y cuando se apareció en nuestro baby shower...
- No me hagas acordar. Todavía tengo las cuatro cajas de pañuelos que vació la Patri.
- Germán hizo bien. Voy a ir a hablar con él, lo voy a llevar a mi casa, y entre los dos le vamos a explicar todo a la Peco. Y mejor si no se casa. Con Gretel, por lo menos.
- No des consejos. Por ahí Germán sigue enamorado.
- Mirá, Germán estaba enamorado. Germán también estaba enamorado de mí, pero cuando yo me enamoré de la Peco le dije que había conocido a otra persona, y después el conoció a la Peco y siguió siendo nuestro amigo. Eso Gretel nunca se lo bancó. Porque es una boluda a cuadros. Yo no voy a dejar que uno de mis mejores amigos se case con una tilinga. Además, tengo que resolver mi matrimonio.
- Yo tengo que estudiar. Tengo final de Constitucional.
- Ah, sí, sí, disculpame. Gracias por contarme.Ahora voy a lo de Germán.
Y entonces vuelve a sonar el timbre de mi casa y ¿quiénes son? Javier y Germán. Los dos con cara de alegría, los dos frescos, los dos felices. Javier saluda a Karen, me da un beso y me dice:
- Hola, gordi. Hoy hay acto en La Matanza. A las tres de la tarde. Germán va a venir conmigo y quiso invitarte a vos también. Vos sabés, aire fresco, choripanes, cerveza, mucha murga. Eso es vida.
- Justo le decía a Karen que tengo que estudiar.
- No seas tan aburrida- me dice Karen.- El día está hermoso. Es propiamente un día peronista. Dale, yo también voy. De paso charlo con Germán.
- ¿Vos no sos del PRO?- le pregunta Javier.
- Por supuesto- dice Karen.- Pero tengo que hablar muy seriamente con Germán.
- Cosas de mujeres- le digo por lo bajo a Javier- No se te ocurra meter la política en esto o vas a salir muy seriamente lastimado. Y no es metafórico.
Terminé de resumir el apunte a las dos de la mañana. Gracias Javier. Gracias Cristina. Gracias Precios Cuidados. Me desperté a las ocho de la mañana con un humor de perros, me tomé tres tazas de café y encaré otro apunte de seiscientas páginas. Y entonces suena el timbre. Es Karen.
- Hola- les digo yo- Que tal.
- ¿Que pasó entre Gretel y Germán?- me pregunta Karen.- Gretel cayó el otro día en mi casa y me hizo un escándalo. Que soy una botona, que que me tengo que meter en su vida. Yo no entendía nada. Mi mujer se largó a llorar por culpa de ella, y yo ahí la eché. Gretel fue siempre igual, yo, yo y yo, pero no me voy a bancar que una malcriadita me venga a gritar en mi casa. Se fue re ofendida. Por lo que me importa, obvio, pero yo a German lo quiero mucho. ¿Que hizo ella?
- No sé si te puedo contar. Yo a German recién lo conozco.
- Contame. Vos sabés que no soy de andar hablando al pedo.
- El otro día salimos Patri y yo con Germán y Alberto. No sé como, pero en un momento, por algo que dijo Patricia Germán se dio cuenta de que Gretel se acuesta con Julián.
- Uy, Dios mío. Con razón.
Karen se sienta en el sillón y suspira.
- Pero igual es una boluda. ¿Por que piensa que la que conté todo fui yo? ¿Se piensa que le quiero sacar el novio? Si yo soy lesbiana. Es divina. Ella le mete los cuernos al novio antes de casarse, el novio se entera, se enoja con ella y me echa la culpa a mí. La pobre Peco se piensa que nosotras tuvimos una historia, hace tres días que apenas me habla. Yo la voy a matar, la voy a buscar a San Isidro o al Patio Bullrich o a Cancún y le voy a sacar las ganas de hacerse la pelotuda.
Karen enojada es peligrosa. La Peco es diferente; la Peco es un amor, es tranquila y hogareña. Karen es una chica de uñas largas y cuando usa esas uñas mejor retraerse.
- Karen, mejor no lo hagas- le digo yo.
- Mirá, no sé. Pero esta pendeja ya me estufó. Además, es tan boluda que se acostó con Julián. De todos los hombres del mundo elige al peor. Yo lo bancaba porque era novio de Patricia, pero te juro que cada vez que nos miraba con esa sonrisita irónica me daban ganas de matarlo. Y cuando se apareció en nuestro baby shower...
- No me hagas acordar. Todavía tengo las cuatro cajas de pañuelos que vació la Patri.
- Germán hizo bien. Voy a ir a hablar con él, lo voy a llevar a mi casa, y entre los dos le vamos a explicar todo a la Peco. Y mejor si no se casa. Con Gretel, por lo menos.
- No des consejos. Por ahí Germán sigue enamorado.
- Mirá, Germán estaba enamorado. Germán también estaba enamorado de mí, pero cuando yo me enamoré de la Peco le dije que había conocido a otra persona, y después el conoció a la Peco y siguió siendo nuestro amigo. Eso Gretel nunca se lo bancó. Porque es una boluda a cuadros. Yo no voy a dejar que uno de mis mejores amigos se case con una tilinga. Además, tengo que resolver mi matrimonio.
- Yo tengo que estudiar. Tengo final de Constitucional.
- Ah, sí, sí, disculpame. Gracias por contarme.Ahora voy a lo de Germán.
Y entonces vuelve a sonar el timbre de mi casa y ¿quiénes son? Javier y Germán. Los dos con cara de alegría, los dos frescos, los dos felices. Javier saluda a Karen, me da un beso y me dice:
- Hola, gordi. Hoy hay acto en La Matanza. A las tres de la tarde. Germán va a venir conmigo y quiso invitarte a vos también. Vos sabés, aire fresco, choripanes, cerveza, mucha murga. Eso es vida.
- Justo le decía a Karen que tengo que estudiar.
- No seas tan aburrida- me dice Karen.- El día está hermoso. Es propiamente un día peronista. Dale, yo también voy. De paso charlo con Germán.
- ¿Vos no sos del PRO?- le pregunta Javier.
- Por supuesto- dice Karen.- Pero tengo que hablar muy seriamente con Germán.
- Cosas de mujeres- le digo por lo bajo a Javier- No se te ocurra meter la política en esto o vas a salir muy seriamente lastimado. Y no es metafórico.
jueves, 27 de febrero de 2014
Sobre la complejidad del feminismo en el siglo XXI
Es cierto lo que decimos todas: nuestras abuelas la tenían más fácil. El sueño de la mayoría de ellas era casarse con un hombre, tener hijos; alguna más arrojada era maestra (generalmente era señorita para toda su vida) o monja (porque curiosamente el destino religioso era una liberación intelectual para muchas mujeres). Las mujeres más atrevidas, que marcaron un camino, llegaron a ser médicas o abogadas o arquitectas, a pura fuerza de voluntad. Era muy difícil, para esas mujeres, ser profesionales y al mismo tiempo formar una familia. Algunas lo hicieron, pero casi siempre pertenecían a las clases altas.
Nuestras madres, en cambio, salieron a trabajar. La visión del trabajo es diferente para los hombres que para las mujeres; las mujeres sabemos (desde que nacemos) que el trabajo de la casa es nuestro porque así lo han impuesto leyes extrañísimas y patriarcales desde que el mundo es mundo. Incluso (esto se lo robo a una autora humorística inglesa) lo hemos adornado con una gran mística: nos imaginamos que la ropa debe lavarse de una determinada manera, porque sino nuestros ancestros nos castigarán con crueldad. Ni hablar de los hijos; un padre ausente no es nunca escandaloso, mientras que una madre ausente nos parece el colmo de la crueldad. El feminismo intenta romper con esa cultura del encierro, pero parece un poco difícil cuando casi cualquier mujer a la que entrevistan responde cuando le preguntan cual es su sueño: casarme y tener hijos. Lo cual es muy lindo, nadie lo niega, pero habría que avisarles a esas mujeres que los hijos no vienen con un manual de instrucciones. Que un hijo es un ser extraño y diferente a uno, que no piensa como uno, que no va a resolver la vida de nadie, que va a hacer su propio camino y que (sobre todo) no puede vivir en deuda eterna con la madre porque ella le haya dado la vida. Las mujeres deberíamos estar convencidas o mejor irnos convenciéndonos, de a poco, que un hijo (o varios) no es un destino, es una elección. Una elige ser madre, y de ahí en adelante se aprende. Me parece que los hombres y las mujeres que se escandalizan con las mujeres que no quieren ser madres, por decisión propia, están muy equivocados. No hay nada peor para un hijo que una madre que no quiso tenerlo. Los hijos se dan cuenta de todo, y sobre todo presienten mucho la falta de amor materno. Otro error que a veces cometemos las mujeres es tener hijos pensando que van a llenar todos los vacíos. Los hijos no son objetos y además son menores; sobreprotegerlos con la carga de decirles: "Vos sos mi vida", es volverlos nuestra descarga a todos nuestros problemas. Los problemas de adultos son problemas de adultos; es mejor resolverlos antes de decir "Voy a tener un hijo". La visión patriarcal del mundo (es triste decirlo) reside principalmente en las mujeres; criamos hombres y mujeres con una visión del mundo en la cual los hombres deben ser eternamente protegidos por mujeres criadas para proteger a los hombres y para engendrar. Los hombres mayores de edad pueden protegerse solos. Si se equivocan, deben pagar por sus errores. Sino siempre vamos a vivir en el siglo XIX, y vamos a ser eternas heroínas de Jane Austen a la pesca del conde indicado. Asumamoslo como mujeres; el hombre ideal no existe. No existe el esposo ideal, no existe el principe azul. No existían tampoco en otros siglos, es cierto, pero creo que ahora las mujeres nos estamos despertando a la dura realidad de vivir sin espejismos románticos.
Nuestras madres, en cambio, salieron a trabajar. La visión del trabajo es diferente para los hombres que para las mujeres; las mujeres sabemos (desde que nacemos) que el trabajo de la casa es nuestro porque así lo han impuesto leyes extrañísimas y patriarcales desde que el mundo es mundo. Incluso (esto se lo robo a una autora humorística inglesa) lo hemos adornado con una gran mística: nos imaginamos que la ropa debe lavarse de una determinada manera, porque sino nuestros ancestros nos castigarán con crueldad. Ni hablar de los hijos; un padre ausente no es nunca escandaloso, mientras que una madre ausente nos parece el colmo de la crueldad. El feminismo intenta romper con esa cultura del encierro, pero parece un poco difícil cuando casi cualquier mujer a la que entrevistan responde cuando le preguntan cual es su sueño: casarme y tener hijos. Lo cual es muy lindo, nadie lo niega, pero habría que avisarles a esas mujeres que los hijos no vienen con un manual de instrucciones. Que un hijo es un ser extraño y diferente a uno, que no piensa como uno, que no va a resolver la vida de nadie, que va a hacer su propio camino y que (sobre todo) no puede vivir en deuda eterna con la madre porque ella le haya dado la vida. Las mujeres deberíamos estar convencidas o mejor irnos convenciéndonos, de a poco, que un hijo (o varios) no es un destino, es una elección. Una elige ser madre, y de ahí en adelante se aprende. Me parece que los hombres y las mujeres que se escandalizan con las mujeres que no quieren ser madres, por decisión propia, están muy equivocados. No hay nada peor para un hijo que una madre que no quiso tenerlo. Los hijos se dan cuenta de todo, y sobre todo presienten mucho la falta de amor materno. Otro error que a veces cometemos las mujeres es tener hijos pensando que van a llenar todos los vacíos. Los hijos no son objetos y además son menores; sobreprotegerlos con la carga de decirles: "Vos sos mi vida", es volverlos nuestra descarga a todos nuestros problemas. Los problemas de adultos son problemas de adultos; es mejor resolverlos antes de decir "Voy a tener un hijo". La visión patriarcal del mundo (es triste decirlo) reside principalmente en las mujeres; criamos hombres y mujeres con una visión del mundo en la cual los hombres deben ser eternamente protegidos por mujeres criadas para proteger a los hombres y para engendrar. Los hombres mayores de edad pueden protegerse solos. Si se equivocan, deben pagar por sus errores. Sino siempre vamos a vivir en el siglo XIX, y vamos a ser eternas heroínas de Jane Austen a la pesca del conde indicado. Asumamoslo como mujeres; el hombre ideal no existe. No existe el esposo ideal, no existe el principe azul. No existían tampoco en otros siglos, es cierto, pero creo que ahora las mujeres nos estamos despertando a la dura realidad de vivir sin espejismos románticos.
Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia.
Diario de German.
Tengo que escribirlo. No tengo con quién hablar: si hablo con mi viejo o con mi vieja, va a ser un escándalo. Con mis amigos no va a ser un escándalo, pero como también son amigos de Gretel, no van a ser muy parciales (salvo tal vez Karen y la Peco, pero con lo del embarazo no las quiero molestar). Con mi hermano mayor es imposible: lo único que me va a decir es te lo dije, te lo dije varias veces y encima fue con Julián. Después va a rememorar los tres meses de borrachera y depresión que siguieron a su primer divorcio, después va a abrir una botella de whisky y después se va a ir a dormir.
Por suerte conocí a Javier. Es un poco denso con lo del kirchnerismo, pero fuera de eso escuchó todos mis problemas. Me dijo que a él le había pasado una vez algo parecido, no igual, en quinto año de la secundaria. Y que pensó que nunca iba a poder superarlo, pero que después había entrado a la facultad y había conocido otra gente. Entre esas otras gentes está Amalia. Por las dudas, no le dije nada del otro novio, pero me parece que él lo sabe.
- Pasa que Amalia no piensa lo mismo que yo- me dice. - No es que sea mala mina, es muy buena, me ayuda a estudiar y todo eso. Pero no piensa como yo. Yo creo en el proyecto de nuestra presidenta y ella no. Para ella todo es diferente que para mí.
- Te entiendo- le digo.
- Que se yo, yo a veces, te digo, pienso en salir con otras chicas. He estado con otras, además de Amalia. Pero pienso en salir con una chica más parecida a mí. Pasa que todavía no la encuentro.
- Quizás no te convenga. Mirá lo que me pasó a mí, Gretel era igual a mí y me engañó.
- No, no me parece. Gretel era igual a vos en la superficie, pero me parece que tu hermano tenía razón desde el principio.
- Pasa que suspender el casamiento es un quilombete.
- ¿Y ella que dice?
- Me dejó trece mensajes en el contestador. Más o menos iguales. Todavía no la llamé.
- Cuando me pasó en quinto la chica me dijo lo que seguro te dice Gretel a vos. Que estaba confundida. Confundida las pelotas. Tenía dos novios más al mismo tiempo.
- ¿La seguís viendo?
- Sí, a veces. Se casó con el dueño de la remisería de mi pueblo. Tiene un hijo. Por ahí es feliz.
- A mí me pasó con Karen. ¿Sabés de Karen? Se casó con la amiga de Amalia, la Peco, hace poco. Salía con ella y un día me dijo que no quería salir más conmigo. Que había conocido a otra persona.
Y dos semanas después la vi en un boliche abrazada a la Peco. Pero seguimos siendo amigos.
- Sí, me imagino. Yo si consigo otra novia no voy a dejar de ser amigo de Amalia.
- El otro día me invitó a salir Patricia, la amiga de Amalia.
- ¿Patricia? ¿De en serio?
- Sí, pasa que... Qué se yo... Además es la ex de Julián.
- Sí, cierto. Que arte que tiene Julián para el enganche.
- Te voy a contar algo, pero no se lo cuentes a nadie.- le digo yo- Patricia lo engañó a Julián con el padre.
Javier se echa a reir y empezamos a servir el arroz en los platos.
- Patricia es así. No es mala mina, pero odia a los hombres en general. Aprecia a un par en particular.
- ¿A que hombres?
- A mi, por ejemplo- y Javier sonríe, mientras abre una cerveza.- Patricia fue mi novia antes de que yo saliera con Amalia. Pasa que la canse un poco con lo de la presidenta, la presidenta. Pero no dudo que engañara a Julián con su padre. Eso es puro Patricia- dice y parece que recordara algo- puro Patricia.
Tengo que escribirlo. No tengo con quién hablar: si hablo con mi viejo o con mi vieja, va a ser un escándalo. Con mis amigos no va a ser un escándalo, pero como también son amigos de Gretel, no van a ser muy parciales (salvo tal vez Karen y la Peco, pero con lo del embarazo no las quiero molestar). Con mi hermano mayor es imposible: lo único que me va a decir es te lo dije, te lo dije varias veces y encima fue con Julián. Después va a rememorar los tres meses de borrachera y depresión que siguieron a su primer divorcio, después va a abrir una botella de whisky y después se va a ir a dormir.
Por suerte conocí a Javier. Es un poco denso con lo del kirchnerismo, pero fuera de eso escuchó todos mis problemas. Me dijo que a él le había pasado una vez algo parecido, no igual, en quinto año de la secundaria. Y que pensó que nunca iba a poder superarlo, pero que después había entrado a la facultad y había conocido otra gente. Entre esas otras gentes está Amalia. Por las dudas, no le dije nada del otro novio, pero me parece que él lo sabe.
- Pasa que Amalia no piensa lo mismo que yo- me dice. - No es que sea mala mina, es muy buena, me ayuda a estudiar y todo eso. Pero no piensa como yo. Yo creo en el proyecto de nuestra presidenta y ella no. Para ella todo es diferente que para mí.
- Te entiendo- le digo.
- Que se yo, yo a veces, te digo, pienso en salir con otras chicas. He estado con otras, además de Amalia. Pero pienso en salir con una chica más parecida a mí. Pasa que todavía no la encuentro.
- Quizás no te convenga. Mirá lo que me pasó a mí, Gretel era igual a mí y me engañó.
- No, no me parece. Gretel era igual a vos en la superficie, pero me parece que tu hermano tenía razón desde el principio.
- Pasa que suspender el casamiento es un quilombete.
- ¿Y ella que dice?
- Me dejó trece mensajes en el contestador. Más o menos iguales. Todavía no la llamé.
- Cuando me pasó en quinto la chica me dijo lo que seguro te dice Gretel a vos. Que estaba confundida. Confundida las pelotas. Tenía dos novios más al mismo tiempo.
- ¿La seguís viendo?
- Sí, a veces. Se casó con el dueño de la remisería de mi pueblo. Tiene un hijo. Por ahí es feliz.
- A mí me pasó con Karen. ¿Sabés de Karen? Se casó con la amiga de Amalia, la Peco, hace poco. Salía con ella y un día me dijo que no quería salir más conmigo. Que había conocido a otra persona.
Y dos semanas después la vi en un boliche abrazada a la Peco. Pero seguimos siendo amigos.
- Sí, me imagino. Yo si consigo otra novia no voy a dejar de ser amigo de Amalia.
- El otro día me invitó a salir Patricia, la amiga de Amalia.
- ¿Patricia? ¿De en serio?
- Sí, pasa que... Qué se yo... Además es la ex de Julián.
- Sí, cierto. Que arte que tiene Julián para el enganche.
- Te voy a contar algo, pero no se lo cuentes a nadie.- le digo yo- Patricia lo engañó a Julián con el padre.
Javier se echa a reir y empezamos a servir el arroz en los platos.
- Patricia es así. No es mala mina, pero odia a los hombres en general. Aprecia a un par en particular.
- ¿A que hombres?
- A mi, por ejemplo- y Javier sonríe, mientras abre una cerveza.- Patricia fue mi novia antes de que yo saliera con Amalia. Pasa que la canse un poco con lo de la presidenta, la presidenta. Pero no dudo que engañara a Julián con su padre. Eso es puro Patricia- dice y parece que recordara algo- puro Patricia.
martes, 25 de febrero de 2014
Dios y la patria
El otro día Steve Coogan dijo, en una entrevista televisiva, que los ingleses y los norteamericanos reaccionan diferente en cuanto a las religiones y la política. En Norteamérica es muy común que se invoque a Dios en cualquier discurso político; en Inglaterra, eso es un escándalo. En Argentina pasa lo mismo; Borges una vez dijo que solo los ingleses entendían la idiosincracia argentina. Al revés, probablemente también; los argentinos entendemos el espíritu inglés, y sino leer el Adan Buenosayres y al citadísimo Borges, que sabía más de Hume y de Francis Bacon que de La Paternal. Cada vez que un ministro, un diputado, un concejal recitan la repetidísima frase "O si no que Dios y la patria me demanden", los argentinos en general nos agarramos la cabeza porque la han repetido hasta el cansancio durante casi un siglo y medio, Argentina sigue siendo una pequeña bomba explosiva siempre y Dios y la patria nunca demandaron. Los conceptos abstractos en la política real sirven de bien poco; la gente, en abstracto, tampoco existe. La idea de la patria difiere según quien la pronuncie: para Videla era una cosa, para Alsogaray otra, para Menem otra, para Nestor Kirchner otra, para Mauricio Macri seguramente otra. Me parece que antes que mencionar la patria en cada discurso (o la provincia o el suelo natal) la mayoría tendrían que conocerla mejor, no dejarse llevar por los lugares comunes que se repiten en muchos medios (oficialistas, independientes, pertenecientes a un gran holding, eso no es en realidad relevante). Me parece que muchos de los conceptos que aparecen en los debates políticos indican más pobreza intelectual que otra cosa; un político está obligado a leer, a conocer, a argumentar, incluso a aceptar cuando su argumento es inválido la derrota. Eso es la democracia; la idea de que todos pensemos iguales y seamos felices dejemosla a Huxley y su Brave New World.
Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia
Diario de Amalia
Tocan el timbre. Es Javier: viene con su impronta de la Cámpora. Remera celeste, cuadernos del Nestornauta, libro de Horacio González y de Ricardo Foster.
- Te invito a salir- me dice.
- ¿A donde?- le pregunto yo, un poco emocionada.
- Al Carrefour de Avellaneda y al Disco de Palermo. Estoy en lo de Precios Cuidados.
- Uy, no sé- le digo yo. No es precisamente mi idea de una salida.- Tengo final de Constitucional en dos semanas y el titular es un ogro.
- Si, ya sé, ya sé- me contesta Javier- Además es radical. Pero tenemos que apoyar al modelo contra el embate de las grandes multinacionales que intentan voltearlo. Te prometo que no vamos a tardar tanto.
- Bueno, está bien- le digo yo. - Pero mirá que tengo que resumir el apunte de Hernández Heredia antes de mañana.
- Te comprendo- me dice Javier.
Hay piquetes por todos lados. Tardamos como tres horas en llegar a Avellaneda. En esas tres horas, Javier trata de sonsacarme por quién van a votar mis amigos (en realidad quiere confirmar que mis amigos van a apoyar al elegido de Cristina en el 2015).
- Mirá, no sé. Algunos de mis amigos son radicales, otros del Fap. Un par son de izquierda. Algunos apoyan al PRO.
-¿Quiénes apoyan al PRO?- me dice con el tono que otro hubiera usado si yo le hubiera dicho que mis amigos admiran a Charles Mason.
- Karen, por ejemplo.
- ¿Karen? No puede ser. ¿Sabe Karen todo lo que nuestra presidenta hizo por la comunidad homosexual?
- Bueno, que querés que haga.
En el super de Avellaneda Javier comprueba que no está el yogurth de 4,50. Se enfurece. Encara a un repositor (el repositor tiene barba, mide dos metros y debe pesar más de ciento diez kilos).
- ¿Por qué no está el yogurth de 4,50?- le pregunta al repositor.
- Que se yo.. Preguntale al gerente.
- ¿Y donde esta el gerente?
- Que se yo. Se debe haber ido a su casa. Hoy juega Quilmes.
- Entonces- y ahi Javier apunta con un dedo al urso- encima que se va a su casa a disfrutar del futbol gratis que tiene gracias a la gestion de nuestra presidenta, tu gerente ¿no puede controlar los precios contra la avidez de los grandes oligopolios que hacen plata a costilla del pueblo trabajador?
Javier es asi. Cuando lo conoci, cuatro años atras, era un chico tranquilo, de pueblo. Ahora es todo gracias al plan quinquenal Nestor cumple, Cristina dignifica.
- Perdonelo- le digo al urso.- Pasa que su padre fue un militante peronista que fue encarcelado durante la dictadura. Quedo muy traumado. Siempre reacciona asi.
- Ah- contesta el muchacho.- Mi papa tambien era peronista. Murio hace tres años. Un ataque al corazon.- Casi se le pianta un lagrimon.
- ¿Porque le dijiste eso de mi papa?- me reta Julian mientras nos alejamos. - Sabes que a el la politica no le va ni le viene.
- El tipo te estaba por meter una trompada- le digo- Ademas, tenemos que irnos a Palermo.
En el super de Palermo las cosas estan mas tranquilas hasta que veo, a lo lejos, por el mismo pasillo a German, cargando una canastita de plastico azul. Nos saludamos con la cabeza.
- ¿Quien es?- me pregunta Javier.
- Un amigo de Karen.
- ¿Es del PRO?
- No se- le digo yo.- Preguntale.
Y en ese momento, German se acerca a nosotros.
- Perdon que los moleste. ¿Saben como se cocina el arroz?
Tengo que decirlo:para mi el arroz no se cocina. Siempre tuve mucama. Ahora, si quiero comer arroz, lo como en la rotiseria. Ademas, vivo a dieta. Mi desayuno es un yogurt Ser, mi almuerzo es un yogurt Ser con cereales, mi merienda es un pote de gelatina y mi cena es una ensalada de rucula y queso. Patri siempre me dice que estoy loca.
- Tres partes de agua por una de arroz- le contesta Javier. ¿Como lo sabe?- Tenes que lavarlo antes de ponerlo en el agua y no lo revuelvas mucho porque suelta almidon. Diez a quince minutos de coccion. Y te conviene elegir esta marca, que esta en el programa precios cuidados.
- Ah- dice German.- Yo no estoy acostumbrado a cocinarme, pasa que ando en problemas con mi novia y si salgo a comer afuera por ahi me la encuentro. Lo del precio mucho no me preocupa, porque yo con la Mastercard Gold estoy juntando millas de viaje.
- Si, claro. - dice Javier.- Pero hay que cuidar los precios populares, porque las masas trabajadoras sufren ante el expolio de las multinacionales. ¿De que partido sos?
Ahi German se pone colorado, me mira y musita:
- Del PRO.
Y justo en el momento que yo premonizo la hecatombe, ocurre el milagro. Javier agarra a German del brazo, se pone junto a el en la linea de la caja y dice:
- Mira, si queres podemos ir a tu departamento a explicarte como se cocina el arroz. Yo aprendi gracias a un gastronomico de la Matanza, que dio unas clases sobre cocina popular muy interesantes. Tambien se hacer locro y empanadas tucumanas.
Apenas salimos a la calle, Javier se me acerca y me dice:
-¿Te molesta si me voy solo con el? No te enojes, pero creo que tengo un par de argumentos sobre Mauricio Macri, Esteban Bullrich, y Pinedo que creo van a convencerlo para la causa nacional.
Ademas, vos tenes que estudiar.
Yo estoy a punto de enojarme, pero recuerdo el apunte que tengo que resumir (trescientas paginas) y acuerdo con el. Se pierden ambos en la noche, Javier gesticulando y German algo cabizbajo.
Si alguien me hubiera dicho esta mañana que a la tardecita uno de mis novios se iria con el hermano de mi cita del otro dia a cocinar arroz, me le hubiera reido en la cara. Pero asi son las cosas. Estoy bastante convencida de la heterosexualidad de Javier y puedo afirmar casi con seguridad que este cambio de comportamiento se debe a su fervor militante. O eso espero.
Tocan el timbre. Es Javier: viene con su impronta de la Cámpora. Remera celeste, cuadernos del Nestornauta, libro de Horacio González y de Ricardo Foster.
- Te invito a salir- me dice.
- ¿A donde?- le pregunto yo, un poco emocionada.
- Al Carrefour de Avellaneda y al Disco de Palermo. Estoy en lo de Precios Cuidados.
- Uy, no sé- le digo yo. No es precisamente mi idea de una salida.- Tengo final de Constitucional en dos semanas y el titular es un ogro.
- Si, ya sé, ya sé- me contesta Javier- Además es radical. Pero tenemos que apoyar al modelo contra el embate de las grandes multinacionales que intentan voltearlo. Te prometo que no vamos a tardar tanto.
- Bueno, está bien- le digo yo. - Pero mirá que tengo que resumir el apunte de Hernández Heredia antes de mañana.
- Te comprendo- me dice Javier.
Hay piquetes por todos lados. Tardamos como tres horas en llegar a Avellaneda. En esas tres horas, Javier trata de sonsacarme por quién van a votar mis amigos (en realidad quiere confirmar que mis amigos van a apoyar al elegido de Cristina en el 2015).
- Mirá, no sé. Algunos de mis amigos son radicales, otros del Fap. Un par son de izquierda. Algunos apoyan al PRO.
-¿Quiénes apoyan al PRO?- me dice con el tono que otro hubiera usado si yo le hubiera dicho que mis amigos admiran a Charles Mason.
- Karen, por ejemplo.
- ¿Karen? No puede ser. ¿Sabe Karen todo lo que nuestra presidenta hizo por la comunidad homosexual?
- Bueno, que querés que haga.
En el super de Avellaneda Javier comprueba que no está el yogurth de 4,50. Se enfurece. Encara a un repositor (el repositor tiene barba, mide dos metros y debe pesar más de ciento diez kilos).
- ¿Por qué no está el yogurth de 4,50?- le pregunta al repositor.
- Que se yo.. Preguntale al gerente.
- ¿Y donde esta el gerente?
- Que se yo. Se debe haber ido a su casa. Hoy juega Quilmes.
- Entonces- y ahi Javier apunta con un dedo al urso- encima que se va a su casa a disfrutar del futbol gratis que tiene gracias a la gestion de nuestra presidenta, tu gerente ¿no puede controlar los precios contra la avidez de los grandes oligopolios que hacen plata a costilla del pueblo trabajador?
Javier es asi. Cuando lo conoci, cuatro años atras, era un chico tranquilo, de pueblo. Ahora es todo gracias al plan quinquenal Nestor cumple, Cristina dignifica.
- Perdonelo- le digo al urso.- Pasa que su padre fue un militante peronista que fue encarcelado durante la dictadura. Quedo muy traumado. Siempre reacciona asi.
- Ah- contesta el muchacho.- Mi papa tambien era peronista. Murio hace tres años. Un ataque al corazon.- Casi se le pianta un lagrimon.
- ¿Porque le dijiste eso de mi papa?- me reta Julian mientras nos alejamos. - Sabes que a el la politica no le va ni le viene.
- El tipo te estaba por meter una trompada- le digo- Ademas, tenemos que irnos a Palermo.
En el super de Palermo las cosas estan mas tranquilas hasta que veo, a lo lejos, por el mismo pasillo a German, cargando una canastita de plastico azul. Nos saludamos con la cabeza.
- ¿Quien es?- me pregunta Javier.
- Un amigo de Karen.
- ¿Es del PRO?
- No se- le digo yo.- Preguntale.
Y en ese momento, German se acerca a nosotros.
- Perdon que los moleste. ¿Saben como se cocina el arroz?
Tengo que decirlo:para mi el arroz no se cocina. Siempre tuve mucama. Ahora, si quiero comer arroz, lo como en la rotiseria. Ademas, vivo a dieta. Mi desayuno es un yogurt Ser, mi almuerzo es un yogurt Ser con cereales, mi merienda es un pote de gelatina y mi cena es una ensalada de rucula y queso. Patri siempre me dice que estoy loca.
- Tres partes de agua por una de arroz- le contesta Javier. ¿Como lo sabe?- Tenes que lavarlo antes de ponerlo en el agua y no lo revuelvas mucho porque suelta almidon. Diez a quince minutos de coccion. Y te conviene elegir esta marca, que esta en el programa precios cuidados.
- Ah- dice German.- Yo no estoy acostumbrado a cocinarme, pasa que ando en problemas con mi novia y si salgo a comer afuera por ahi me la encuentro. Lo del precio mucho no me preocupa, porque yo con la Mastercard Gold estoy juntando millas de viaje.
- Si, claro. - dice Javier.- Pero hay que cuidar los precios populares, porque las masas trabajadoras sufren ante el expolio de las multinacionales. ¿De que partido sos?
Ahi German se pone colorado, me mira y musita:
- Del PRO.
Y justo en el momento que yo premonizo la hecatombe, ocurre el milagro. Javier agarra a German del brazo, se pone junto a el en la linea de la caja y dice:
- Mira, si queres podemos ir a tu departamento a explicarte como se cocina el arroz. Yo aprendi gracias a un gastronomico de la Matanza, que dio unas clases sobre cocina popular muy interesantes. Tambien se hacer locro y empanadas tucumanas.
Apenas salimos a la calle, Javier se me acerca y me dice:
-¿Te molesta si me voy solo con el? No te enojes, pero creo que tengo un par de argumentos sobre Mauricio Macri, Esteban Bullrich, y Pinedo que creo van a convencerlo para la causa nacional.
Ademas, vos tenes que estudiar.
Yo estoy a punto de enojarme, pero recuerdo el apunte que tengo que resumir (trescientas paginas) y acuerdo con el. Se pierden ambos en la noche, Javier gesticulando y German algo cabizbajo.
Si alguien me hubiera dicho esta mañana que a la tardecita uno de mis novios se iria con el hermano de mi cita del otro dia a cocinar arroz, me le hubiera reido en la cara. Pero asi son las cosas. Estoy bastante convencida de la heterosexualidad de Javier y puedo afirmar casi con seguridad que este cambio de comportamiento se debe a su fervor militante. O eso espero.
lunes, 24 de febrero de 2014
Los muchachos del Pro no saben bailar cumbia
Diario de Germán
Atribulado, el martes (el lunes no fui a trabajar) convoqué a un consejo sentimental con el personal de mi empresa. Solo una de ellas es casada; el resto de ellas es soltera y enseguida se solidarizaron con mi condición de prometido engañado por su futura novia. Dos de ellas no la quieren mucho a Gretel, a la tercera le es indiferente; a la casada le parece que Gretel es buena chica, pero muy joven para casarse. A la quinta le parece que yo habré hecho algo para que Gretel me engañara, pero no me extraña porque se la pasa leyendo libros de Julia Kristeva y de Simone de Beauvoir.
- ¿La trataste mal en algún momento?- me pregunta con cara de reconvención.
- Un día le dije que no me gustaban sus aros- le contesté yo.
- Típico de un pensamiento patriarcal- me contesta. - Las mujeres necesitan libertad para existir, no vivir bajo el pensamiento machista dominante.
- Bueno- dice la casada, con voz un poco cansada (tiene un bebé de doce meses que no la deja dormir nunca)- pero si ese fuera el problema la pobre tendría que habérselo dicho. Además, el tal Julián no parece la mejor elección: cada mes una mina nueva, según la propia ex novia. Germán no será un santo, pero el otro...
- Según Patricia el problema de Julián es que es artista. O eso cree él, según la misma fuente, que no es muy generosa con sus cuadros.
- Yo salí con un escritor una vez- dice una de las promotoras.- Me volvió loca. Lo tuve que dejar. Se pasaba todo el día escribiendo en una máquina de escribir. De las viejas, de las Olivetti. Yo le dije que le compraba una compu y ahí nos peleamos.
- ¿Ves? Típico pensamiento de hombre. Seguro que vos le aportabas ideas para sus tramas..
- ¿Yo? No. A mi no me gusta leer. Leo a veces a Paulo Coelho y a Osho, porque traen muchas metáforas zen y porque los libros me los regaló mi madrina.
- ¿Y el libro sobre fotografía de Susan Sontag que te regalé?
- Bueno, la verdad es que no lo leí. No tengo tiempo. Disculpá, pero después que salgo de este trabajo tengo que ayudarla a mi mamá con el almacencito.
- Así nunca te vas a superar, nena.
- No me digas nena. Tengo un año menos que vos.
- Y yo ya estoy terminando mi tesis de Letras.
- Pero yo tengo dos trabajos.
No sé para qué convoco consejos sentimentales con mis empleadas. Siempre pasa lo mismo. Termina siendo una asamblea sobre el mundo femenino. Cuando les conté que me iba a casar, todas me felicitaron con mucha alegría, pero fue igual. La casada me contó que difícil era cuidar a un bebé de noche, y otra contó que su hermano se había casado tres veces, y la otra que su novio nunca se decidía por el casamiento. La chica de Letras contó que su pareja, que se llama Ariel, no es muy proclive al casamiento y que ella está de acuerdo, pero por razones distintas a las de él. Ahí empezó a disertar sobre tribus primitivas donde el poder reside en la mujer y todas la escucharon y yo me fuí a completar unos formularios.
- Pero ¿tendría que perdonarla o no? ¿Tendría que casarme con ella o no?
- Qué se yo- dice la casada. - Para mí tendrías que hablar con ella y preguntarle si te quiere a vos o a Julián o a ninguno de los dos.
- Hablar con ella... Es medio difícil...
- ¿Por qué?
Entonces tragué saliva.
- Porque no sé que decirle. Si la cosa hubiera sido al revés, yo creo que ella no me hubiera perdonado. O me hubiera perdonado muy a la larga. ¿Por qué tengo yo que perdonarla? Me engañó un poco antes del casamiento, y encima con el mismo tipo que le sacó la esposa a mi hermano. Lo último es un poco imperdonable, la verdad. Ella sabía quién era Julián cuando se acostó con él. Por ahí lo hizo a propósito, para lastimarme.
- Puede ser- dice la estudiante de Letras. Todas la miran.
- Bueno, yo digo.. Germán tiene un punto. Si la hubiera engañado con otro tipo, podría ser por amor. Ahora, justo con Julián. Que sé yo.
- Y entonces ¿que hago? ¿Suspendo el casamiento? Va a ser un escándalo.
- Mirá- dice la casada- si yo me hubiera enterado que mi marido, antes de casarse, me metió los cuernos hubiera suspendido el casamiento. No hubiera devuelto los regalos, claro, pero hubiera suspendido el casamiento.
- ¿No hubieras devuelto los regalos?- le pregunta la que lee a Osho.
- Y, no... El silloncito que me regalaron mis tíos de Junín es divino y las tres alfombras de Deco son divinas. Hacen juego con todo. No sabés como me quedó el living. Y el cuarto del bebé lo pinte todo de verde pastel y rosa fuerte.
- Que lindo- dicen todas.
Agradecido por la ayuda del consejo femenino, me fuí a mi oficina a calcular cuanto debo de Ingresos Brutos y de Ganancias.
Atribulado, el martes (el lunes no fui a trabajar) convoqué a un consejo sentimental con el personal de mi empresa. Solo una de ellas es casada; el resto de ellas es soltera y enseguida se solidarizaron con mi condición de prometido engañado por su futura novia. Dos de ellas no la quieren mucho a Gretel, a la tercera le es indiferente; a la casada le parece que Gretel es buena chica, pero muy joven para casarse. A la quinta le parece que yo habré hecho algo para que Gretel me engañara, pero no me extraña porque se la pasa leyendo libros de Julia Kristeva y de Simone de Beauvoir.
- ¿La trataste mal en algún momento?- me pregunta con cara de reconvención.
- Un día le dije que no me gustaban sus aros- le contesté yo.
- Típico de un pensamiento patriarcal- me contesta. - Las mujeres necesitan libertad para existir, no vivir bajo el pensamiento machista dominante.
- Bueno- dice la casada, con voz un poco cansada (tiene un bebé de doce meses que no la deja dormir nunca)- pero si ese fuera el problema la pobre tendría que habérselo dicho. Además, el tal Julián no parece la mejor elección: cada mes una mina nueva, según la propia ex novia. Germán no será un santo, pero el otro...
- Según Patricia el problema de Julián es que es artista. O eso cree él, según la misma fuente, que no es muy generosa con sus cuadros.
- Yo salí con un escritor una vez- dice una de las promotoras.- Me volvió loca. Lo tuve que dejar. Se pasaba todo el día escribiendo en una máquina de escribir. De las viejas, de las Olivetti. Yo le dije que le compraba una compu y ahí nos peleamos.
- ¿Ves? Típico pensamiento de hombre. Seguro que vos le aportabas ideas para sus tramas..
- ¿Yo? No. A mi no me gusta leer. Leo a veces a Paulo Coelho y a Osho, porque traen muchas metáforas zen y porque los libros me los regaló mi madrina.
- ¿Y el libro sobre fotografía de Susan Sontag que te regalé?
- Bueno, la verdad es que no lo leí. No tengo tiempo. Disculpá, pero después que salgo de este trabajo tengo que ayudarla a mi mamá con el almacencito.
- Así nunca te vas a superar, nena.
- No me digas nena. Tengo un año menos que vos.
- Y yo ya estoy terminando mi tesis de Letras.
- Pero yo tengo dos trabajos.
No sé para qué convoco consejos sentimentales con mis empleadas. Siempre pasa lo mismo. Termina siendo una asamblea sobre el mundo femenino. Cuando les conté que me iba a casar, todas me felicitaron con mucha alegría, pero fue igual. La casada me contó que difícil era cuidar a un bebé de noche, y otra contó que su hermano se había casado tres veces, y la otra que su novio nunca se decidía por el casamiento. La chica de Letras contó que su pareja, que se llama Ariel, no es muy proclive al casamiento y que ella está de acuerdo, pero por razones distintas a las de él. Ahí empezó a disertar sobre tribus primitivas donde el poder reside en la mujer y todas la escucharon y yo me fuí a completar unos formularios.
- Pero ¿tendría que perdonarla o no? ¿Tendría que casarme con ella o no?
- Qué se yo- dice la casada. - Para mí tendrías que hablar con ella y preguntarle si te quiere a vos o a Julián o a ninguno de los dos.
- Hablar con ella... Es medio difícil...
- ¿Por qué?
Entonces tragué saliva.
- Porque no sé que decirle. Si la cosa hubiera sido al revés, yo creo que ella no me hubiera perdonado. O me hubiera perdonado muy a la larga. ¿Por qué tengo yo que perdonarla? Me engañó un poco antes del casamiento, y encima con el mismo tipo que le sacó la esposa a mi hermano. Lo último es un poco imperdonable, la verdad. Ella sabía quién era Julián cuando se acostó con él. Por ahí lo hizo a propósito, para lastimarme.
- Puede ser- dice la estudiante de Letras. Todas la miran.
- Bueno, yo digo.. Germán tiene un punto. Si la hubiera engañado con otro tipo, podría ser por amor. Ahora, justo con Julián. Que sé yo.
- Y entonces ¿que hago? ¿Suspendo el casamiento? Va a ser un escándalo.
- Mirá- dice la casada- si yo me hubiera enterado que mi marido, antes de casarse, me metió los cuernos hubiera suspendido el casamiento. No hubiera devuelto los regalos, claro, pero hubiera suspendido el casamiento.
- ¿No hubieras devuelto los regalos?- le pregunta la que lee a Osho.
- Y, no... El silloncito que me regalaron mis tíos de Junín es divino y las tres alfombras de Deco son divinas. Hacen juego con todo. No sabés como me quedó el living. Y el cuarto del bebé lo pinte todo de verde pastel y rosa fuerte.
- Que lindo- dicen todas.
Agradecido por la ayuda del consejo femenino, me fuí a mi oficina a calcular cuanto debo de Ingresos Brutos y de Ganancias.
La muerte de un rey 18º parte
y si ves que mi verde se quema
llueve tu llorosa pena
y el verde nuevo se hará
Lalo de los Santos
Amparo. Montauk. 2016.
Ya sabe decir yogurt y leche, dijo Oregon.
Es muy buena niña, dijo Amparo.
Sí, dijo Rodrick. Se habían hecho muy amigos; Oregon y Rodrick eran dos muchachos tímidos, a los que les gustaba la poesía y la filosofía. Amparo cocinaba croquetas de pollo y tarta de zapallitos e iban los tres a la playa, con Eliza como mascota, y entre los cuatro eran una pequeña cofradía secreta, aparte del resto.
No voy a ver más a Pauline, les dijo Rodrick de pronto.
Se casa en agosto de este año. Va a viajar a Europa después, dos meses, creo. Luego trabajará como asistente de su padre, aunque es probable que le traspapele todas las cosas.
Deberías hablar con ella, le dijo Amparo.
No puedo, dijo Rodrick. Si el hombre con el que se fuera a casar fuera malvado o mentiroso o si ella no estuviera tan enamorada de él.
Tiene razón, Amparo, dijo Oregón. Los hombres tenemos nuestro orgullo, aunque las mujeres no lo crean.
Además, viajaré con ustedes, siguió Rodrick. Sin mi, el viaje sería muy difícil. ¿No es cierto? Sin querer, el tonto de Rodrick descubrió una proteína que alarga la vida de los enfermos terminales.
Nadie piensa que eres un tonto, Rodrick, dijo Amparo. Eres tan bueno que a veces pareces tonto, pero no lo eres para nada.
¿Cómo será el nuevo planeta? preguntó de pronto Oregón.
Parecido a la Tierra, según Enrique, según Sarar.
Podemos esperar a que anochezca y ver si podemos verlo, dijo Amparo.
Se necesita un telescopio muy poderoso para verlo, dijo Rodrick.
Planeta, dijo Eliza. Se estaba comiendo un caracol lleno de arena.
No, eso no, dijo Amparo.
Perdóname, Rodrick, sé que lo que te pedimos es terrible, pero Eliza estaría ya muerta si no fuera por tí.
Yo tampoco me lo hubiera perdonado, fue la respuesta de Rodrick.
Siempre me parecieron fascinantes los insectos, sabes. Y ahora saber que uno de ellos está alargando la vida...
¿Por qué no quisieron publicar tu paper en la revista? le preguntó de pronto Oregon.
La ciencia se maneja en base a hipótesis, no en base a certezas. Mi trabajo de investigación no estaba completo. El jefe de la revista me dijo que era muy interesante, pero que necesitaba dos o tres años más de trabajo.
¿Y ahora?
Ahora es imposible publicarlo. ¿Cómo le explicaríamos al mundo que la mezcla milagrosa que puede ser usada para salvar vidas necesita dos litros de plasma por día para salvar a una niña de catorce kilos y a una mujer de sesenta y cinco kilos? Eso me hace acordar que la semana que viene les toca a ustedes donar sangre: a tí el lunes y a Amparo el miércoles.
Iremos, dijo Amparo. ¿Cómo está Pauline, el insecto, digo?
Engordando en base a nuestra sangre, fue la respuesta de Rodrick.
Sangre, dijo Eliza. Croqueta de sangre.
llueve tu llorosa pena
y el verde nuevo se hará
Lalo de los Santos
Amparo. Montauk. 2016.
Ya sabe decir yogurt y leche, dijo Oregon.
Es muy buena niña, dijo Amparo.
Sí, dijo Rodrick. Se habían hecho muy amigos; Oregon y Rodrick eran dos muchachos tímidos, a los que les gustaba la poesía y la filosofía. Amparo cocinaba croquetas de pollo y tarta de zapallitos e iban los tres a la playa, con Eliza como mascota, y entre los cuatro eran una pequeña cofradía secreta, aparte del resto.
No voy a ver más a Pauline, les dijo Rodrick de pronto.
Se casa en agosto de este año. Va a viajar a Europa después, dos meses, creo. Luego trabajará como asistente de su padre, aunque es probable que le traspapele todas las cosas.
Deberías hablar con ella, le dijo Amparo.
No puedo, dijo Rodrick. Si el hombre con el que se fuera a casar fuera malvado o mentiroso o si ella no estuviera tan enamorada de él.
Tiene razón, Amparo, dijo Oregón. Los hombres tenemos nuestro orgullo, aunque las mujeres no lo crean.
Además, viajaré con ustedes, siguió Rodrick. Sin mi, el viaje sería muy difícil. ¿No es cierto? Sin querer, el tonto de Rodrick descubrió una proteína que alarga la vida de los enfermos terminales.
Nadie piensa que eres un tonto, Rodrick, dijo Amparo. Eres tan bueno que a veces pareces tonto, pero no lo eres para nada.
¿Cómo será el nuevo planeta? preguntó de pronto Oregón.
Parecido a la Tierra, según Enrique, según Sarar.
Podemos esperar a que anochezca y ver si podemos verlo, dijo Amparo.
Se necesita un telescopio muy poderoso para verlo, dijo Rodrick.
Planeta, dijo Eliza. Se estaba comiendo un caracol lleno de arena.
No, eso no, dijo Amparo.
Perdóname, Rodrick, sé que lo que te pedimos es terrible, pero Eliza estaría ya muerta si no fuera por tí.
Yo tampoco me lo hubiera perdonado, fue la respuesta de Rodrick.
Siempre me parecieron fascinantes los insectos, sabes. Y ahora saber que uno de ellos está alargando la vida...
¿Por qué no quisieron publicar tu paper en la revista? le preguntó de pronto Oregon.
La ciencia se maneja en base a hipótesis, no en base a certezas. Mi trabajo de investigación no estaba completo. El jefe de la revista me dijo que era muy interesante, pero que necesitaba dos o tres años más de trabajo.
¿Y ahora?
Ahora es imposible publicarlo. ¿Cómo le explicaríamos al mundo que la mezcla milagrosa que puede ser usada para salvar vidas necesita dos litros de plasma por día para salvar a una niña de catorce kilos y a una mujer de sesenta y cinco kilos? Eso me hace acordar que la semana que viene les toca a ustedes donar sangre: a tí el lunes y a Amparo el miércoles.
Iremos, dijo Amparo. ¿Cómo está Pauline, el insecto, digo?
Engordando en base a nuestra sangre, fue la respuesta de Rodrick.
Sangre, dijo Eliza. Croqueta de sangre.
La muerte de un rey 17º parte
Todos saben que vivo,
que soy malo; y no saben
del diciembre de ese enero.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
que soy malo; y no saben
del diciembre de ese enero.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
Cesar Vallejo
Dion. Oasis de Dion.
Nunca te he visto de cerca, le dijo Dion a Sarar.
Yo sí, el día que te escapaste de nuestros calabozos.
Entre los nativos y los mestizos corre la leyenda de que le has vendido el alma al demonio de estas tierras.
Quizás, contestó Dion y se rió.
¿Crees en eso? le preguntó un rato después.
Claro que no. O sí. Yo soy un demonio para ellos, contestó Sarar. No puedo morir, no tengo cuerpo humano, mis hijos son monstruos venenosos.
Pero eres un hombre.
Era un hombre, en un planeta muy lejano. Ahora soy Sarar, el primer general.
Dejaste que Eliza se marchara.
No podía hacer otra cosa. Yo soy el responsable de su inmortalidad.
Ya lo sé.
Creía que era lo mejor para ella, para Amparo, para Oregon. Amparo estaba desesperada.
Oh, he escuchado los relatos de los dos generales muertos.
Aún no éramos generales entonces. Solo queríamos sobrevivir, conseguir un nuevo planeta, salvarnos de alguna manera. Amparo quería salvar a Eliza, Lisbeth quería salvar a su madre.
¿Y tú?
Yo quería salvar mi alma.
Era un asesino, Dion.
Había matado a mucha gente. Pensé que si Eliza se salvaba...
Ahora Eliza me odia y me ama al mismo tiempo. Una vez que nos equivocamos, nos equivocamos para siempre. Me equivoqué al pensar que una vida eterna sería un bien preciado. La máquina funciona en base a vidas humanas. El costo para los inmortales es demasiado elevado. Además, el día que la vida se acabe en este planeta ¿qué haremos?
La muerte es ahora esa extraña cosa que nos ocurre a nosotros, fue la respuesta de Dion.
¿Quieres saber el día que empecé a rebelarme? Tenía cinco años, y mis tres hermanos habían sido elegidos para ser sacrificados en el rito del invierno. Como todos los esclavos, no sabemos exactamente quién es nuestra madre (nuestro padre siempre es algún cortesano del rey, si no el rey mismo). Yo también debería haber sido sacrificado, pero tuve la inteligencia de rozarme contra las ropas de un esclavo enfermo. Los niños pestilentes no son lo suficientemente buenos para el dios del invierno según las leyes del rey. Pasé dos meses con fiebre, tiritando, sin que nadie me atendiera salvo una vieja esclava del harén, estragada por las pústulas de enfermedades venéreas. Sobreviví. Entonces entendí que un mestizo está hecho para ser esclavo para comodidad del rey. Si los ritos del invierno son tan importantes ¿por que no sacrifican a sus propios hijos? El día que descubrí eso hice otro experimento. Mi función era entretener, como un mono disfrazado, a las herederas. Tomé unas hierbas venenosas del jardín y las puse en la copa de una de ellas. A la noche murió entre convulsiones y dolor. Así que también soy un asesino; a diferencia de ti, no siento culpa, no escucho por las noches los gritos de dolor de mi muerta. Nunca fui tan feliz como cuando descubrí que nuestros amos también morían sin la protección de sus dioses. Solo tenía seis años.
viernes, 21 de febrero de 2014
La muerte de un rey 16º parte
Gaspar. New Orleans, 2016
slade of hand or twist of fate
in a bed of niles she makes me wait
U2
Se dió cuenta que nunca volvería la tercera vez que oyó tocar en el piano With or without you. Ni siquiera le molestó; durante años habían sido Mr y Ms Leroux, los doctores más prestigiosos de Louisiana, un matrimonio fiel y casi morganático. Todo cambió cuando a él le otorgaron el Premio Naciona de Ciencias. Todo empezó a resquebrajarse. La doctora Leroux empezó a irse más seguido a Africa y la India, a no contestar sus llamados, a omitir sus mails, a volverse cada vez más y más invisible hasta casi desaparecer. Era inevitable, pensó él, siempre le he sido fiel, siempre la he amado, pero ella ya no. La última carta, desde París, hablaba de nervios y de melamina y de funciones vitales. Abajo decía con amor, pero era casi un gesto, una costumbre.
Un mes después le había llegado la invitación de Sarar. No lo conocía, pero Melinda sí. No le había impresionado especialmente el hombre; era delgado y nervioso y más bajo de lo que esperaba. Para él sus únicos héroes eran los saxofonistas a la Charlie Parker; hombres negros y gordos, como su primer tutor en la Facultad de Medicina. Después conoció a Amparo, a Eliza y a Oregon. Ellos tampoco lo impresionaron, pero le cayeron bien. Sobre todo Amparo: era igual (o casi) a su hija menor. "Puede que en realidad sea tu hija biológica" le dijo ella bromeando "¿donaste esperma en algún momento?".
Nunca, le contestó él.
Si no hubiera sido por Melinda, nunca lo hubieran convencido. Pero la olvidada princesa de los Hamptoms fue dulce y severa al mismo tiempo: piensa en mi hija, que quedará huérfana. Piensa en Amparo. Piensa un poco, este descubrimiento es casi milagroso. Yo estaba muriendo y estoy aquí, viva. Sí, terminó diciéndole. Viajaré con ustedes. Ella nunca regresará.
Aún, sin embargo, esperaba un milagro.
Trabajar con Rodrick no era difícil: el muchacho era callado y bondadoso como pocos en el mundo científico. De vez en cuando contestaba el celular y se marchaba afuera del laboratorio; con el tiempo aprendió que el nombre de la muchacha era Pauline y no mucho más. Quiero casarme con ella, le dijo un día, pero es imposible; está por comprometerse con Harrison Kennedy. Si mi mujer llamara con tanta frecuencia como lo llama esa chica que está por comprometerse, se dijo Gaspar para sus adentros, jamás hubiera aceptado la oferta de Sarar. ¿Cómo es? le preguntó. Rubia, delgada, parecida a Reese Whiterspoon.
Igual a Reese Whiterspoon, corrigió Rodrick.
Piensa que soy un genio porque leí Harry Potter a los siete años, agregó.
Con eso basta, a veces, le respondió Gaspar, y siguieron midiendo proteínas y calculando densidades de materia orgánica.
slade of hand or twist of fate
in a bed of niles she makes me wait
U2
Se dió cuenta que nunca volvería la tercera vez que oyó tocar en el piano With or without you. Ni siquiera le molestó; durante años habían sido Mr y Ms Leroux, los doctores más prestigiosos de Louisiana, un matrimonio fiel y casi morganático. Todo cambió cuando a él le otorgaron el Premio Naciona de Ciencias. Todo empezó a resquebrajarse. La doctora Leroux empezó a irse más seguido a Africa y la India, a no contestar sus llamados, a omitir sus mails, a volverse cada vez más y más invisible hasta casi desaparecer. Era inevitable, pensó él, siempre le he sido fiel, siempre la he amado, pero ella ya no. La última carta, desde París, hablaba de nervios y de melamina y de funciones vitales. Abajo decía con amor, pero era casi un gesto, una costumbre.
Un mes después le había llegado la invitación de Sarar. No lo conocía, pero Melinda sí. No le había impresionado especialmente el hombre; era delgado y nervioso y más bajo de lo que esperaba. Para él sus únicos héroes eran los saxofonistas a la Charlie Parker; hombres negros y gordos, como su primer tutor en la Facultad de Medicina. Después conoció a Amparo, a Eliza y a Oregon. Ellos tampoco lo impresionaron, pero le cayeron bien. Sobre todo Amparo: era igual (o casi) a su hija menor. "Puede que en realidad sea tu hija biológica" le dijo ella bromeando "¿donaste esperma en algún momento?".
Nunca, le contestó él.
Si no hubiera sido por Melinda, nunca lo hubieran convencido. Pero la olvidada princesa de los Hamptoms fue dulce y severa al mismo tiempo: piensa en mi hija, que quedará huérfana. Piensa en Amparo. Piensa un poco, este descubrimiento es casi milagroso. Yo estaba muriendo y estoy aquí, viva. Sí, terminó diciéndole. Viajaré con ustedes. Ella nunca regresará.
Aún, sin embargo, esperaba un milagro.
Trabajar con Rodrick no era difícil: el muchacho era callado y bondadoso como pocos en el mundo científico. De vez en cuando contestaba el celular y se marchaba afuera del laboratorio; con el tiempo aprendió que el nombre de la muchacha era Pauline y no mucho más. Quiero casarme con ella, le dijo un día, pero es imposible; está por comprometerse con Harrison Kennedy. Si mi mujer llamara con tanta frecuencia como lo llama esa chica que está por comprometerse, se dijo Gaspar para sus adentros, jamás hubiera aceptado la oferta de Sarar. ¿Cómo es? le preguntó. Rubia, delgada, parecida a Reese Whiterspoon.
Igual a Reese Whiterspoon, corrigió Rodrick.
Piensa que soy un genio porque leí Harry Potter a los siete años, agregó.
Con eso basta, a veces, le respondió Gaspar, y siguieron midiendo proteínas y calculando densidades de materia orgánica.
Un gran secundario
Nunca fue un galán, ni un perdedor; en realidad, nunca o casi nunca fue un protagonista. En casi todas las películas que lo ví era un actor secundario, pero de esos que se comen la película. Jack Palance fue una de esas leyendas de Hollywood que una tiene suerte de ver envejecer bastante bien. En las tardes de mi infancia me sentaba a ver, todas las tardes, con mi hermano "Believe or not" de Ripley. El programa era una bizarreada increíble, casi como los programas de Guiness, pero Jack Palance lo volvía espectacular. Era ya un hombre grande, la trasmisión obviamente llegaba doblada (en esa época ni se soñaba con subtítulos), pero había que ver la cara y la expresión de Jack cuando se cerraba el programa. Podía estar hablando de como los Borgia se envenenaban entre ellos o de cuanta sal consumía el americano promedio en un año; siempre daba miedo. "Aunque usted no lo crea" decía Jack y sonreía y los niños nos quedábamos temblando.
Un aire de familia. Samuel
La boda fue casi perfecta, aunque la madre de Samuel siempre dijo que con lo gastado en ella podían comprarse diez gallinas y dos cerdos en buen estado de salud. Al resto de los asistentes los gastos no le importaron demasiado, principalmente a la familia de Hannah, porque tenían un poco más de dinero (y cinco hijas casaderas). La única discusión importante surgió cuando hubo que definir si la iba a realizar el rabi del pueblo o solo el juez de paz. La familia de Samuel eran estrictamente ortodoxos en la mayoría de sus rituales, mientras que la familia de Hannah era liberal y con ciertas tendencias socialistas que hacían que en el lugar se murmurara de ellos en voz baja. "Si existe Dios" solía decir el padre de Hannah en un suspiro "que nos salve del invierno". Excepto por esos deslices impíos, todos apreciaban al profesor Goldberg, que sabía más de Heráclito, de Platón y de Cicerón que de la Torah. Finalmente arreglaron que el rabi participara de la boda, principalmente porque era primo tercero de ambas familias y solo tenía veinticinco años. Era la primera boda que oficiaba, se equivocó varias veces y se emborrachó al final, pero fuera de eso todos sintieron que lo había hecho muy bien y le dieron palmaditas en el hombro y la más pequeña de las hermanas de Hannah le dió un beso. Se casaron tres años después.
El casamiento hizo feliz a Samuel e infeliz a Hannah. Tuvo que ir a vivir con su suegra, que tenía teorías sobre todo (desde como cultivar patatas hasta como despiojar niños), y la obligaba, noche y día, a cocinar latkes y latkes hasta que el mero olor de uno la hacía vomitar. Por la tarde, mientras Samuel trabajaba en la imprenta del pueblo, iban las dos a lo de sus hermanas solteronas y costureras, que recordaban historias decimonónicas, de mujeres abandonadas por sus novios o por sus esposos, de novios o esposos muertos en la guerra, de fantasmas de niños muertos, de demonios judíos, del viejo rabí muerto que era mucho mejor que ese chiquilín caprichoso y enamoradizo que había ahora. Pronto Hannah quedó embarazada, y todo fue mucho peor; ahora su suegra y el coro de hermanas opinaban sobre el futuro bebé, sobre si sería niña o niño, sobre si sería sano. Algunas noches, Hannah deseaba huir de allí; si no lo hacía, era porque se sabía cobarde, como casi todas las mujeres. No conocía más seguridad que la de una lumbre y algunos cuartos.
El casamiento hizo feliz a Samuel e infeliz a Hannah. Tuvo que ir a vivir con su suegra, que tenía teorías sobre todo (desde como cultivar patatas hasta como despiojar niños), y la obligaba, noche y día, a cocinar latkes y latkes hasta que el mero olor de uno la hacía vomitar. Por la tarde, mientras Samuel trabajaba en la imprenta del pueblo, iban las dos a lo de sus hermanas solteronas y costureras, que recordaban historias decimonónicas, de mujeres abandonadas por sus novios o por sus esposos, de novios o esposos muertos en la guerra, de fantasmas de niños muertos, de demonios judíos, del viejo rabí muerto que era mucho mejor que ese chiquilín caprichoso y enamoradizo que había ahora. Pronto Hannah quedó embarazada, y todo fue mucho peor; ahora su suegra y el coro de hermanas opinaban sobre el futuro bebé, sobre si sería niña o niño, sobre si sería sano. Algunas noches, Hannah deseaba huir de allí; si no lo hacía, era porque se sabía cobarde, como casi todas las mujeres. No conocía más seguridad que la de una lumbre y algunos cuartos.
jueves, 20 de febrero de 2014
Robocop version XXI
Hay películas que valen por su final y hay películas que valen por su comienzo. La última versión de Robocop arrasa en sus primeros minutos: la escena donde los drones atacan a un grupo islamico empobrecido y suicida es tan espectacular que lo que sigue nos parece menos cruel (aunque no lo es). Su director es brasileño, y probablemente sabe de como la lucha de clases en los países en vías de desarrollo va militarizándose cada vez más. El resto de la historia los que tenemos una cierta edad la conocemos de memoria, porque la Robocop original fue una de las películas emblemáticas de los años 80. La otra fue Blade Runner, de Ridley Scott. Hago aquí una pequeña disgresión: es indudable que Robocop fue una idea original de Paul Verhoven, pero su espíritu es tan cercano al de Phillip K. Dick que da miedo. El futuro, dice la Robocop siglo XXI, ha llegado para quedarse y seremos vigilados por el Gran Hermano, pero también por la CIA, los servicios rusos, la Coca Cola, la RAE y Movistar. La seguridad interna y externa ha desaparecido por completo; estamos a merced de gente que no se sabe bien que quiere, excepto vendernos armas, celulares, botellas de coca y relojes Swatch.
Anne Hathaway
Las princesas Disney a veces tienen buena fortuna artística y a veces no: hay ejemplos de los dos casos y son ilustrativos de lo que la fama hace con los niños actores cuando crecen. Anne Hathaway es el mejor ejemplo de una princesa Disney que se transforma, sin carroza ni hada madrina, en una gran actriz. Hay que verla cantando en "Los Miserables", en un rol dificilísimo para una chica joven, y dando no solo el tono justo de voz sino la expresión exacta. Cuando me enteré que iba a ser Gatúbela en la última película de Batman me conmocioné un poco, porque para mi Gatúbela era Michelle Pfeiffer en la impecable "Batman Returns" de Tim Burton. Sin embargo, la actriz pudo con el personaje, le dio carnadura propia, lo hizo creíble y diferente de su predecesora. En "The Devil wears Prada" se bate actoralmente contra Meryl Streep, que desde Manhatan es el ícono de casi cualquier actriz que se precie (la otra, pero en un tono diferente, es Diane Keaton) del mundo hollywodense. Y Anne Hathaway está a la altura del duelo. Es, en cierta manera, la heredera de Julia Roberts: no son hermosísimas en el sentido convencional, pero sonríen y se ganan el corazón de los cinéfilos.
miércoles, 19 de febrero de 2014
La muerte de un rey. 15° parte
en el centro de la maraña
Dios araña
Alejandra Pizarnik
Sarar. Oasis de Dion
No iras, Eliza, dijo Sarar. Melinda opina que no debes ir, Enrique opina que no debes ir, yo opino que no debes ir.
Dion opina que si, le respondio Eliza. Van a encontrar la maquina.
No es probable. Conoces a Pauline a y a Rodrick.
Si atrapan a Pauline, Rodrick cae. Si atrapan a Rodrick, Pauline cae. Es muy probable que los encuentren a los dos. Los nativos se han expandido hasta el delta, Rilench y Arguil tienen espias en todas partes. Pauline es el punto débil de Rodrick y es tan ingenua...
La culpa la tuve yo cuando deje que ella entrara a la nave.
La culpa la tuve yo por no morirme cuando debia, fue la respuesta de Eliza. Somos los Mil, somos inmortales ahora. Ire hasta donde esta el Rey...
¿Que haras allí? Unirte a Lisbeth y al resto. Ya sabes lo que le ocurrió a Enrique cuando quiso parlamentar con ellos. Yo lo vi; le sacaron el ojo de la órbita y le machacaron el pómulo con un martillo. Enrique volvio con nosotros. El esta en contra de la Maquina, como tu, como Pauline, como Lisbeth. De que sirve, Eliza. Son implacables. Ellos defienden su vida contra nosotros. Somos monstruos para ellos y lo sabes. Llevan años torturando a Jorginho. Pregúntale a tu amigo Dion que tan amables son con sus esclavos.
Llevare conmigo a Argan y a Enrique, dijo Eliza. Soy la ultima general, ya se, pero supuestamente no tenemos orden jerárquico.
Le prometí a tus padres que te cuidaría.
Le prometiste a mis padres que no moriría y bien que lo has logrado. Lo tuyo ha sido el triunfo de tus deseos, Sarar. No le dijiste nada de sus pobres vidas.
Fueron ellos los que quisieron entrar a la Maquina por ti.
Aun lo recuerdo, Sarar.
Entonces hubo un silencio. El medio hombre pareció un hombre completo, por un momento.
No me haces sentir muy bien.
No. Tu fuiste egoista, mis padres fueron egoístas, Lisbeth fue egoísta, Melinda fue egoísta, yo fui egoísta. Ahora nuestro planeta de origen esta extinto, somos inmortales y los nativos y los mestizos nos odian. Todos menos Dion, que ha aceptado ayudarme. El y la primera heredera. Iré con ella también. Si puedo retrasar que encuentren la maquina dos o tres siglos, aunque tenga que pasarlos en los aposentos de Arguil como Lisbeth, lo haré.
Es una lastima que no hayamos tenido tiempo de bautizarte, dijo Sarar. Te hubiera puesto Stone de nombre.
Pondre a dos de mis hijos a tu servicio. Mnemosine y Hecubo.
De algo servirán, repuso Eliza.
La Dama Blanca te envia saludos y dice que si puedes rescates a Lisbeth.
Esta bien, dijo Eliza en un suspiro. Quizás ya no la necesiten.
Dios araña
Alejandra Pizarnik
Sarar. Oasis de Dion
No iras, Eliza, dijo Sarar. Melinda opina que no debes ir, Enrique opina que no debes ir, yo opino que no debes ir.
Dion opina que si, le respondio Eliza. Van a encontrar la maquina.
No es probable. Conoces a Pauline a y a Rodrick.
Si atrapan a Pauline, Rodrick cae. Si atrapan a Rodrick, Pauline cae. Es muy probable que los encuentren a los dos. Los nativos se han expandido hasta el delta, Rilench y Arguil tienen espias en todas partes. Pauline es el punto débil de Rodrick y es tan ingenua...
La culpa la tuve yo cuando deje que ella entrara a la nave.
La culpa la tuve yo por no morirme cuando debia, fue la respuesta de Eliza. Somos los Mil, somos inmortales ahora. Ire hasta donde esta el Rey...
¿Que haras allí? Unirte a Lisbeth y al resto. Ya sabes lo que le ocurrió a Enrique cuando quiso parlamentar con ellos. Yo lo vi; le sacaron el ojo de la órbita y le machacaron el pómulo con un martillo. Enrique volvio con nosotros. El esta en contra de la Maquina, como tu, como Pauline, como Lisbeth. De que sirve, Eliza. Son implacables. Ellos defienden su vida contra nosotros. Somos monstruos para ellos y lo sabes. Llevan años torturando a Jorginho. Pregúntale a tu amigo Dion que tan amables son con sus esclavos.
Llevare conmigo a Argan y a Enrique, dijo Eliza. Soy la ultima general, ya se, pero supuestamente no tenemos orden jerárquico.
Le prometí a tus padres que te cuidaría.
Le prometiste a mis padres que no moriría y bien que lo has logrado. Lo tuyo ha sido el triunfo de tus deseos, Sarar. No le dijiste nada de sus pobres vidas.
Fueron ellos los que quisieron entrar a la Maquina por ti.
Aun lo recuerdo, Sarar.
Entonces hubo un silencio. El medio hombre pareció un hombre completo, por un momento.
No me haces sentir muy bien.
No. Tu fuiste egoista, mis padres fueron egoístas, Lisbeth fue egoísta, Melinda fue egoísta, yo fui egoísta. Ahora nuestro planeta de origen esta extinto, somos inmortales y los nativos y los mestizos nos odian. Todos menos Dion, que ha aceptado ayudarme. El y la primera heredera. Iré con ella también. Si puedo retrasar que encuentren la maquina dos o tres siglos, aunque tenga que pasarlos en los aposentos de Arguil como Lisbeth, lo haré.
Es una lastima que no hayamos tenido tiempo de bautizarte, dijo Sarar. Te hubiera puesto Stone de nombre.
Pondre a dos de mis hijos a tu servicio. Mnemosine y Hecubo.
De algo servirán, repuso Eliza.
La Dama Blanca te envia saludos y dice que si puedes rescates a Lisbeth.
Esta bien, dijo Eliza en un suspiro. Quizás ya no la necesiten.
La muerte de un rey 14º parte
...mi Dios no juega dados, quizás
esté a mi favor
Redondos.
Raschid, Córcega, 2016
- Hola, Enrique- le dijo Raschid, mientras le abría la puerta. Detrás de Enrique venía un muchacho esmirriado y moreno, vestido de blanco. Le hizo recordar a su padre, a su padre llevándolo a visitar el templo de los monos en la espesura de la selva, cercana a la aldea donde había nacido. Después habían tenido que irse, escapándose de la deforestación y de las pestes. Habían terminado viviendo en Grecia, hasta que su padre murió de un aneurisma y lo adoptó su maestra de escuela. Su maestra tenía casi setenta años; había sido partisana durante los años de Mussolini. "Eres un geniecillo de la botella" le decía siempre "como lo de los cuentos de las Mil y una Noches". Ella descubrió que Raschid tenía una facilidad terrible para las matemáticas y gastó sus últimos ahorros en matricularlo en la Universidad de Turín, donde al principio trataron de despreciarlo, pero al advertir que el muchacho moreno sabía más de fractales y de ecuaciones que muchos doctorandos fueron callándose la boca. Su madre adoptiva murió a los noventa años, orgullosa como pocas de que su geniecillo de la botella tuviera más diplomas y premios de los que podía colgar en la pared. Raschid aún la recordaba, y aún tenía su cama pequeña, diminuta y su fusil de partisana en el departamento de Córcega.
- Hola, Raschid. ¿Has hablado con Sarar?
- Yo le digo Francisco. Nunca le digo Sarar. Lo conozco desde pequeño, no lo olvides. Además, odio esa historia de la música punk.
- Yo también- dijo Enrique d´Oliveira.- ¿Sabes a quién le ha solicitado ayuda para este proyecto? A Melinda, la viuda de John Drake Ellington.
- Melinda tiene más dinero que Sarar, tu y yo juntos. Y no es idiota.
- No, por lo menos en lo que respecta a sus finanzas. Corren rumores de que ha vendido todo lo que tiene para ayudar a Sarar.
- No puede ser.
- El otro rumor que corre es peor. El rumor es que Melinda está muriéndose de cáncer terminal desde hace tres o cuatro año. Tiene un heredera, su hija, una adolescente.
- ¿Y que pinta en eso Francisco?
- Hay otros rumores. Estoy abonado a dos revistas científicas de la Ivy League. Soy amigo del director de una de ellas; me ha dicho que hace seis meses atrás uno de los investigadores juniors, un tal Rodrigo, le presento un trabajo que el rechazô porque no estaba completamente fundamentado. Rodrigo era uno de los mas prometedores estudiantes del campus, especialista en Biotecnologia. Ha desaparecido desde hace cuatro meses. No me quiso decir sobre que era el paper; pero seis meses atrás le envié un mail a Sarar avisándole que había encontrado un nuevo planeta, muy parecido a la tierra, con un continente similar a la original Pangea. El otro dia me entere que te habia contactado a ti, su amigo de la juventud, y luego supe que había hablado con Gaspar Leroux, Travis D'Onhofrio y con Leonore Blanchot. La creme de la creme en neurocirugía, química inorgánica y teoría de las cuerdas. Pero todavía no ganaron el Nobel, sin embargo. Ahora, la frutilla del postre. Sarar es padrino de Eliza, una niña de dos o tres años que fue diagnosticada con un mal que ni siquiera tiene nombre y que según todos los médicos que han consultado, la mataría en dos o tres meses. Ya paso un año y medio desde el diagnostico y la niña aun no murió. Como no murió Melinda, que estaba terminal. ¿Puedes sumar todo y te da algo?
Raschid se rió. Recordó nuevamente a su padre y a su madre adoptiva, el hindu fugitivo y la maestra partisana. Recordó a Francisco como había sido de muy joven; arrogante, cruel y al mismo tiempo cariñoso. Recordó el templo de los monos en lo profundo de la selva. Recordó un cuento de Saki, el de un niño ingles de pocos años que odia a su tutora y que le pide un favor al dios de los hurones, Sredni Vashtar.
- Todo es posible cuando lo quiere Sarar- le respondió a Enrique.- Tendré que llamarlo asi a partir de ahora.
esté a mi favor
Redondos.
Raschid, Córcega, 2016
- Hola, Enrique- le dijo Raschid, mientras le abría la puerta. Detrás de Enrique venía un muchacho esmirriado y moreno, vestido de blanco. Le hizo recordar a su padre, a su padre llevándolo a visitar el templo de los monos en la espesura de la selva, cercana a la aldea donde había nacido. Después habían tenido que irse, escapándose de la deforestación y de las pestes. Habían terminado viviendo en Grecia, hasta que su padre murió de un aneurisma y lo adoptó su maestra de escuela. Su maestra tenía casi setenta años; había sido partisana durante los años de Mussolini. "Eres un geniecillo de la botella" le decía siempre "como lo de los cuentos de las Mil y una Noches". Ella descubrió que Raschid tenía una facilidad terrible para las matemáticas y gastó sus últimos ahorros en matricularlo en la Universidad de Turín, donde al principio trataron de despreciarlo, pero al advertir que el muchacho moreno sabía más de fractales y de ecuaciones que muchos doctorandos fueron callándose la boca. Su madre adoptiva murió a los noventa años, orgullosa como pocas de que su geniecillo de la botella tuviera más diplomas y premios de los que podía colgar en la pared. Raschid aún la recordaba, y aún tenía su cama pequeña, diminuta y su fusil de partisana en el departamento de Córcega.
- Hola, Raschid. ¿Has hablado con Sarar?
- Yo le digo Francisco. Nunca le digo Sarar. Lo conozco desde pequeño, no lo olvides. Además, odio esa historia de la música punk.
- Yo también- dijo Enrique d´Oliveira.- ¿Sabes a quién le ha solicitado ayuda para este proyecto? A Melinda, la viuda de John Drake Ellington.
- Melinda tiene más dinero que Sarar, tu y yo juntos. Y no es idiota.
- No, por lo menos en lo que respecta a sus finanzas. Corren rumores de que ha vendido todo lo que tiene para ayudar a Sarar.
- No puede ser.
- El otro rumor que corre es peor. El rumor es que Melinda está muriéndose de cáncer terminal desde hace tres o cuatro año. Tiene un heredera, su hija, una adolescente.
- ¿Y que pinta en eso Francisco?
- Hay otros rumores. Estoy abonado a dos revistas científicas de la Ivy League. Soy amigo del director de una de ellas; me ha dicho que hace seis meses atrás uno de los investigadores juniors, un tal Rodrigo, le presento un trabajo que el rechazô porque no estaba completamente fundamentado. Rodrigo era uno de los mas prometedores estudiantes del campus, especialista en Biotecnologia. Ha desaparecido desde hace cuatro meses. No me quiso decir sobre que era el paper; pero seis meses atrás le envié un mail a Sarar avisándole que había encontrado un nuevo planeta, muy parecido a la tierra, con un continente similar a la original Pangea. El otro dia me entere que te habia contactado a ti, su amigo de la juventud, y luego supe que había hablado con Gaspar Leroux, Travis D'Onhofrio y con Leonore Blanchot. La creme de la creme en neurocirugía, química inorgánica y teoría de las cuerdas. Pero todavía no ganaron el Nobel, sin embargo. Ahora, la frutilla del postre. Sarar es padrino de Eliza, una niña de dos o tres años que fue diagnosticada con un mal que ni siquiera tiene nombre y que según todos los médicos que han consultado, la mataría en dos o tres meses. Ya paso un año y medio desde el diagnostico y la niña aun no murió. Como no murió Melinda, que estaba terminal. ¿Puedes sumar todo y te da algo?
Raschid se rió. Recordó nuevamente a su padre y a su madre adoptiva, el hindu fugitivo y la maestra partisana. Recordó a Francisco como había sido de muy joven; arrogante, cruel y al mismo tiempo cariñoso. Recordó el templo de los monos en lo profundo de la selva. Recordó un cuento de Saki, el de un niño ingles de pocos años que odia a su tutora y que le pide un favor al dios de los hurones, Sredni Vashtar.
- Todo es posible cuando lo quiere Sarar- le respondió a Enrique.- Tendré que llamarlo asi a partir de ahora.
Ana Katz
He visto solo dos películas de Ana Katz, "Una novia errante" y "Los Marziano", pero esas solas dos muestras me bastan (y me sobran) para darme cuenta de que dentro de unos años se hablará de las películas de la Katz como en los años ochenta se hablaba de las películas de la Bemberg. No porque su filmografía sea parecida, sino porque se nota en ambas el trazo autoral, la mirada puesta en un foco, la elección y la dirección de actores, el guión bien construído. Quizás estas dos últimas cosas provengan de su trabajo en el teatro, pero no es lo mismo dirigir teatro que cine; Ana Katz sabe dirigir a la cámara, no deja que el actor o la actriz se coma la escena, tiene liviandad y peso al mismo tiempo (sobre todo en "Los Marziano", comedia dramática familiar con un cierto dejo, salvando las épocas, de "Esperando a la carroza"). En ese sentido su filmografía es parecida a la de Daniel Burman, otro director que ve algo más allá de lo cotidiano. Hay grandes directoras mujeres hoy en día en el cine argentino y por suerte se las reconoce, como no pasaba en otras épocas. Pero Ana Katz abre un camino interesante; la de la directora mujer que no piensa que porque es mujer todo está dado y establecido, sino que con sus películas deben plantear mas preguntas que respuestas.
lunes, 17 de febrero de 2014
El sonido y la furia en Faulkner
A mediados del siglo XX Faulkner era furor; todos le debían algo, sobre todo los latinoamericanos (sino leer las crónicas de Onetti y de García Marquez). Tenía el prestigio del Nobel, era norteamericano, provenía de una familia sureña. Luego fue borrado, muy suavemente, por los vientos de las novedades literarias y de cierta crítica especializada. Lo cual nos lleva a pensar que ambas son horrorosas caras de una misma moneda, la de la mediocridad no visionaria (es perdonable que alguien sea un mediocre, siempre que tenga la suficiente conciencia de sí mismo como para no creerse un genio por repetir conceptos de otros). La verdad es que Faulkner toma el sur norteamericano como escenario y ahí crea (y recrea) los recuerdos y las mitologías pre y post Guerra Civil. La Guerra de Secesión tuvo un efecto muy extraño en US: en el Norte, su importancia fue diluyéndose muy pronto (porque el norte era protestante, industrial, abierto a la inmigración y al progreso). En cambio, en el Sur aún se encuentran sus huellas; para los sureños fue siempre un escándalo que hombre que no eran caballeros e incluso, algunos que habían sido sus esclavos, les ganaran la guerra. Faulkner recoje perfectamente el guante del Sur vencido, pero lo hace de un modo particular, dándose cuenta (como también lo hizo Mark Twain) que los que iban a terminar venciendo, a pesar del KKK y de los linchamientos, eran los antiguos esclavos que sus antiguos amos amaban y detestaban al mismo tiempo. No hay más que leer "El sonido y la furia", para ver que la desintegración de la muy blanca familia patricia que la protagoniza es paralela al emponderamiento de sus criados negros y mulatos. Estos saben que hacer con sus vidas, estos inclusive toman decisiones sobre las vidas de sus antiguos esclavistas, que ahora que lo han perdido casi todo no saben bien que hacer salvo suicidarse o fugarse o emborracharse. Los viejos esclavos, parece decir Faulkner, están protegiendo a sus viejos amos, sienten lástima por ellos, sabe que son solo niños que creían que eran ricos y ahora, que deben valerselas por sí mismos, descubren que son pobres.
Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia
Diario de Amalia
Estuvimos hasta las cuatro de la mañana charlando con Alberto y Germán, hasta que la lluvia paró. No la pasé tan mal como pensaba. Hasta Patri estaba al final de buen humor; le dijo a Germán que lo más probable era que Gretel en realidad estuviera enamorada de él y no de Julián. Claro que Germán le dijo que ya mucho no le importaba. Ahí Patri se quedó callada y las dos nos miramos. Hemos estado las dos en la misma situación, de querer aconsejar a los hombres sentimentalmente, y al final nos pasa lo mismo. Nos terminamos callando, porque los varones parecen vivir generalmente en un limbo sentimental propio, exclusivo y cerrado al de las mujeres (a nosotras nos pasa lo mismo).
En lugar de eso, hablamos de política. Aunque su padre era radical y su madre socialista, Patri no tiene partido político definido. Alberto cree que va a votar a Sergio Massa o a Macri, si se postulan para presidentes. Germán es del PRO. Cuando me tocó el turno a mí, dije que me gustaba la forma de pensar de Pino Solanas, pero que en las tres últimas elecciones había votado en blanco.
- La culpa la tienen tus novios- me dijo Patri, riéndose.
- Callate, no los metas en esto.
- Ahora les cuento. Uno es de la Cámpora. Nestor y Cristina, un solo corazón. El otro es de un desgaje troskista (ya ni me acuerdo cuál) del PO.
- ¿Tenés dos novios?- me pregunta Germán.
- No exactamente- le digo yo- Son mi salvaguarda para cuando mi madre me quiere presentar a alguien, mayormente. Desde que cumplí dieciséis años mi mamá (doble apellido, colegio inglés, mucho botox, hacete la idea) anda a la pesca de alguno de los hijos de sus mejores amigas (son peores que mi mamá) para presentármelo. He sobrevivido hasta esta maravillosa edad a treinta citas con Franciscos, Juan Joses y Martines, la mayoría de apellido vasco o portugués, que se han criado en countries cerca de Pilar o de Tigre. Mi madre siempre quiso lo mejor para mí.
- Yo tengo doble apellido- dice Germán.
- Todos tenemos doble apellido, Germán- dice Patricia.- Algunos pronuncian el segundo apellido como si fuera algo relevante y otros no. La he acompañado a alguna de esas citas y la verdad es que los muchachos eran medio embole. Lindos, la mayoria, pero medio embole.
- Además- sigo yo- me voy a recibir dentro de poco, me voy a dedicar a Penal, y la verdad es que hoy en día los divorcios son tan rápidos que casarse no tiene mucho sentido.
- Es lo que yo pensaba, pero cuando se lo decía a Gretel me miraba como resentida- me contesta Germán. Aunque sea del PRO, y tenga doble apellido, no me cae tan mal como debería.
- Que se le va a hacer- dice Patricia.- Hoy en día estamos jodidos todos en el terreno sentimental: los solteros, los casados, los divorciados, los con hijos, los sin hijos.
- Brindemos por eso- dice Alberto.
Estuvimos hasta las cuatro de la mañana charlando con Alberto y Germán, hasta que la lluvia paró. No la pasé tan mal como pensaba. Hasta Patri estaba al final de buen humor; le dijo a Germán que lo más probable era que Gretel en realidad estuviera enamorada de él y no de Julián. Claro que Germán le dijo que ya mucho no le importaba. Ahí Patri se quedó callada y las dos nos miramos. Hemos estado las dos en la misma situación, de querer aconsejar a los hombres sentimentalmente, y al final nos pasa lo mismo. Nos terminamos callando, porque los varones parecen vivir generalmente en un limbo sentimental propio, exclusivo y cerrado al de las mujeres (a nosotras nos pasa lo mismo).
En lugar de eso, hablamos de política. Aunque su padre era radical y su madre socialista, Patri no tiene partido político definido. Alberto cree que va a votar a Sergio Massa o a Macri, si se postulan para presidentes. Germán es del PRO. Cuando me tocó el turno a mí, dije que me gustaba la forma de pensar de Pino Solanas, pero que en las tres últimas elecciones había votado en blanco.
- La culpa la tienen tus novios- me dijo Patri, riéndose.
- Callate, no los metas en esto.
- Ahora les cuento. Uno es de la Cámpora. Nestor y Cristina, un solo corazón. El otro es de un desgaje troskista (ya ni me acuerdo cuál) del PO.
- ¿Tenés dos novios?- me pregunta Germán.
- No exactamente- le digo yo- Son mi salvaguarda para cuando mi madre me quiere presentar a alguien, mayormente. Desde que cumplí dieciséis años mi mamá (doble apellido, colegio inglés, mucho botox, hacete la idea) anda a la pesca de alguno de los hijos de sus mejores amigas (son peores que mi mamá) para presentármelo. He sobrevivido hasta esta maravillosa edad a treinta citas con Franciscos, Juan Joses y Martines, la mayoría de apellido vasco o portugués, que se han criado en countries cerca de Pilar o de Tigre. Mi madre siempre quiso lo mejor para mí.
- Yo tengo doble apellido- dice Germán.
- Todos tenemos doble apellido, Germán- dice Patricia.- Algunos pronuncian el segundo apellido como si fuera algo relevante y otros no. La he acompañado a alguna de esas citas y la verdad es que los muchachos eran medio embole. Lindos, la mayoria, pero medio embole.
- Además- sigo yo- me voy a recibir dentro de poco, me voy a dedicar a Penal, y la verdad es que hoy en día los divorcios son tan rápidos que casarse no tiene mucho sentido.
- Es lo que yo pensaba, pero cuando se lo decía a Gretel me miraba como resentida- me contesta Germán. Aunque sea del PRO, y tenga doble apellido, no me cae tan mal como debería.
- Que se le va a hacer- dice Patricia.- Hoy en día estamos jodidos todos en el terreno sentimental: los solteros, los casados, los divorciados, los con hijos, los sin hijos.
- Brindemos por eso- dice Alberto.
viernes, 14 de febrero de 2014
Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia
Diario de Germán
¿Vos me estás metiendo los cuernos con Julián? le pregunto a Gretel. La boluda se larga a llorar y al principio lo niega todo, pero después me empieza a confesar que sí, que esto del casamiento la asusta un poco, que se encontró por casualidad con Juli un día en la calle (lo llama Juli, es lo peor de todo) y el le dijo que estaba muy linda, que si quería posar desnuda para él en el atelier. Y ella posó desnuda y aunque el cuadro le pareció horrible igual se acostó con el, dos o tres veces, no se acuerda bien, aunque quizás fueron más. Yo te quiero, mi amor, sos el amor de mi vida y yo entonces le corto y me largo a llorar como un pelotudo y luego entro al pub y le digo a Alberto que me tengo que ir y Alberto asiente y yo, el y las chicas nos vamos, y aunque se rien como unas tontas cuando salen del pub sabemos que ellas también entienden y entonces, para completar todo, se larga a llover. Una tormenta de verano espantosa.
- ¿Donde vamos?- le pregunto a Patricia.
- Vamos a mi casa, queda cerca. ¿Que pasó?
- Julián se está acostando con mi novia- le contesto.
- No sabía que tenías novia. El otro día no me dijiste nada- me contesta ella.
- Se llama Gretel. Me estoy por casar con ella- No quiero llorar, no quiero.- Es muy linda, muy buena, tiene una boutique..
- Y te metió los cuernos- la remata ella.
- Sí- contesto yo.
- A veces pasa- me responde ella.- Los hombres se sienten culpables, las mujeres no. Las mujeres lo hacemos por amor. A veces. A veces no.
- ¿Vos le metiste los cuernos a Julián?- le pregunto.
- A los dos meses- me contesta ella. - Con el padre.
Yo me empiezo a reir y ella también y entonces Alberto y Amalia nos pregunta (con su mejor cara de amargados) que es tan divertido y yo les cuento.
- ¿Con el padre de Julián? - le pregunta Alberto a Patricia.
- Sí, es lindo tipo. Además es re bueno. Me llevó al hipódromo, al cine. Es mucho más amable que el hijo, te digo. Es viudo, además.
- Que karma con ese hijo.
- Es lo que pensé yo. Yo se lo dije, vos te estás ganando el cielo. Que querés que haga, me dijo. La finadita me dijo que lo cuide al Juliancito en su lecho de muerte. Todavía le digo Juliancito, y los padres de las chicas que abandona enseguida me llaman para putearme a las cinco de la mañana. Yo ahí le dije, esperame cinco minutos, y despues nos acostamos. Me pidió que no le contara nada a Juliancito. Yo no le conté nada, porque soy buena mina. Pero igual lo dejé. El me pidió que no lo dejara. Que le hacia falta alguien como yo.
- Hiciste bien en dejarlo- digo yo.
- ¿Vos sos del PRO?- me pregunta ella.
- Sí, sí- le contesto, mientras entramos a su departamento. Es horrible, como todos los departamentos de esta zona.
- No entiendo bien, concretamente, porque lo dejaste a Julián- dice Alberto, mientras se seca los zapatos con un trapo.
- Quería tener hijos conmigo- le contesta Patri.
- Claro- dice Alberto.
Amalia y yo nos miramos. Están los dos locos. Es lo más romántico que nadie le ha dicho nunca a una persona y la boluda esta se queja.
Patricia nos mira a los dos.
- Yo ya pasé por esa- nos dice.- Desde que mi viejo la dejo a mi vieja. Es la historia de nunca acabar. No me gustan los chicos, odio los chicos, no quiero ser madre. Me gusta mi vida de soltera.
- Yo odio la vida de soltero- dice Alberto.
- Vos sos divorciado- le contesta Patricia.- Eso es otra historia. Vamos a hablar de otra cosa. Vamos a hablar de los muchachos del PRO. Vos sos del PRO, Germán. Contá que grandes planes tiene Macri para la Ciudad de Buenos Aires mientras tomamos una botella de vino y picamos unas pizzas viejas.
¿Vos me estás metiendo los cuernos con Julián? le pregunto a Gretel. La boluda se larga a llorar y al principio lo niega todo, pero después me empieza a confesar que sí, que esto del casamiento la asusta un poco, que se encontró por casualidad con Juli un día en la calle (lo llama Juli, es lo peor de todo) y el le dijo que estaba muy linda, que si quería posar desnuda para él en el atelier. Y ella posó desnuda y aunque el cuadro le pareció horrible igual se acostó con el, dos o tres veces, no se acuerda bien, aunque quizás fueron más. Yo te quiero, mi amor, sos el amor de mi vida y yo entonces le corto y me largo a llorar como un pelotudo y luego entro al pub y le digo a Alberto que me tengo que ir y Alberto asiente y yo, el y las chicas nos vamos, y aunque se rien como unas tontas cuando salen del pub sabemos que ellas también entienden y entonces, para completar todo, se larga a llover. Una tormenta de verano espantosa.
- ¿Donde vamos?- le pregunto a Patricia.
- Vamos a mi casa, queda cerca. ¿Que pasó?
- Julián se está acostando con mi novia- le contesto.
- No sabía que tenías novia. El otro día no me dijiste nada- me contesta ella.
- Se llama Gretel. Me estoy por casar con ella- No quiero llorar, no quiero.- Es muy linda, muy buena, tiene una boutique..
- Y te metió los cuernos- la remata ella.
- Sí- contesto yo.
- A veces pasa- me responde ella.- Los hombres se sienten culpables, las mujeres no. Las mujeres lo hacemos por amor. A veces. A veces no.
- ¿Vos le metiste los cuernos a Julián?- le pregunto.
- A los dos meses- me contesta ella. - Con el padre.
Yo me empiezo a reir y ella también y entonces Alberto y Amalia nos pregunta (con su mejor cara de amargados) que es tan divertido y yo les cuento.
- ¿Con el padre de Julián? - le pregunta Alberto a Patricia.
- Sí, es lindo tipo. Además es re bueno. Me llevó al hipódromo, al cine. Es mucho más amable que el hijo, te digo. Es viudo, además.
- Que karma con ese hijo.
- Es lo que pensé yo. Yo se lo dije, vos te estás ganando el cielo. Que querés que haga, me dijo. La finadita me dijo que lo cuide al Juliancito en su lecho de muerte. Todavía le digo Juliancito, y los padres de las chicas que abandona enseguida me llaman para putearme a las cinco de la mañana. Yo ahí le dije, esperame cinco minutos, y despues nos acostamos. Me pidió que no le contara nada a Juliancito. Yo no le conté nada, porque soy buena mina. Pero igual lo dejé. El me pidió que no lo dejara. Que le hacia falta alguien como yo.
- Hiciste bien en dejarlo- digo yo.
- ¿Vos sos del PRO?- me pregunta ella.
- Sí, sí- le contesto, mientras entramos a su departamento. Es horrible, como todos los departamentos de esta zona.
- No entiendo bien, concretamente, porque lo dejaste a Julián- dice Alberto, mientras se seca los zapatos con un trapo.
- Quería tener hijos conmigo- le contesta Patri.
- Claro- dice Alberto.
Amalia y yo nos miramos. Están los dos locos. Es lo más romántico que nadie le ha dicho nunca a una persona y la boluda esta se queja.
Patricia nos mira a los dos.
- Yo ya pasé por esa- nos dice.- Desde que mi viejo la dejo a mi vieja. Es la historia de nunca acabar. No me gustan los chicos, odio los chicos, no quiero ser madre. Me gusta mi vida de soltera.
- Yo odio la vida de soltero- dice Alberto.
- Vos sos divorciado- le contesta Patricia.- Eso es otra historia. Vamos a hablar de otra cosa. Vamos a hablar de los muchachos del PRO. Vos sos del PRO, Germán. Contá que grandes planes tiene Macri para la Ciudad de Buenos Aires mientras tomamos una botella de vino y picamos unas pizzas viejas.
Los muchachos del Pro no saben bailar cumbia
Diario de Amalia
Llega el gran día (para Patricia). Tarda dos horas en salir del baño, se cambia veinte veces de ropa, se pone treinta litros de Anais Anais. Al pedo: siempre que salgo con Patri, yo salgo perdiendo y ella gana, y esta cita es la mejor prueba. A ella le toca el solterito del PRO y a mi me queda el amargado divorciado de Alberto, que parece que encima tiene un pibe. Ya sé que la amistad entre mujeres es algo sagrado, pero pobre de mí. Voy a tener que escuchar anécdotas del hijo toda la noche, quejas de las ex mujeres, mientras va emborrachándose y extraviándose y al final va a querer acostarse conmigo. A pesar de que me hayas defendido cuando tenía doce años y desde ese camión me gritaron gorda ("que gritás, gilún" contestó la Patri, y desde ese momento fue mi mejor amiga), en este momento la odio.
Llegamos al pub, que está entre Palermo Hollywood y Palermo Soho. Patricia entra con su mejor aire de valkyria desterrada; yo entro deseando que en algún momento suene la alarma antihumo del local y aparezca la Metropolitana, los Bomberos, la Guardia Civil o Gabriela Michetti diciendo que el lugar es peligroso y tenemos que irnos todos.
Ellos ya están sentados, adelante de una botella de whisky. Está vacía por la mitad. Las cosas empiezan mal, pero Patri no se da cuenta de nada. Entonces se agacha (porque la muy guacha encima es alta) y me dice, por lo bajo: le escribí un Face a Julián diciéndole que tengo una cita con Alberto.
- ¿Vos estás loca?- le digo yo en voz alta.
- Estaría loca si no le escribiera nada. Además, una cita con Germán al idiota ese no le dolería nada. En cambio, con Alberto... Cuanto querés que te juegue que en media hora se aparece en el pub con Monique. O con otra.
Nos sentamos a la mesa y pedimos dos Manhattan. Otra que Samantha y Carrie. Empezamos a hablar de boludeces (trabajás, estudiás, que películas de Oliver Stone te gustan). Así pasa media hora, casi clavadas y entonces, por la puerta, entra Julián con Monique.
Se dirige directamente a nuestra mesa.
- Hola, que tal.- dice él.
- Hola- dice la francesa. Sin acento.
- Hola- dicen Patricia y Germán. Alberto y yo no saludamos.
- ¿Puedo sentarme con ustedes?- dice Julián.- Es bueno encontrarse con tan viejos amigos.
Yo estoy a punto de clavarle la botella de whisky en la cabeza, pero la hija de puta de la Patri me mira y le dice:
- No, mi amor. Justo estábamos diciendo que este bar está ideal para que vos cuelgues tus cuadros. Los que me mostraste el otro día, en tu casa. Andá a hablar con el dueño del pub, seguro que te da una mano.
Julián se pone rojo. Es evidente que su falta de honor a la hora de andar con minas no es uno de sus puntos débiles, pero sí lo es su escaso talento artístico. Empieza a balbucear unas extrañas palabras, que esconden una puteada inmundísima dirigida a todos nosotros (sobre todo a Patri, que se le va a hacer). Abraza a Monique y se va hasta la barra, donde pasa toda la noche mirándonos con ojo crítico y bebiendo vodka.
- Que se joda- dice Patricia y todos nos matamos de la risa. - Se ha mandado tantas. Hace seis meses que salgo con él, no se por qué, porque solo me llevó media semana comprobar que es un idiota. Hijo único, que querés que te diga. La carrera de contador es muy difícil, voy a estudiar pintura en el atelier de no se quién. Vos no entendés mi filosofía de vida. Mi primera novia me arruinó la vida, la segunda también, la tercera era una loca desquiciada que quería que consiguiera un trabajo... Si te quiero es porque sos mi amor mi cómplice y todo, me mandaba siempre por Face mientras yo estaba trabajando en la gerencia del banco.
Entonces Germán, que no ha dicho casi nada en toda la noche, pregunta:
- ¿Eso te mandaba?
- Es la frase de cabecera de Julián para el enganche- dice la Patri, y entonces Germán, su cita del PRO, sale del pub corriendo. Todos nos miramos. Vuelve a los quince minutos, todo colorado.
- Tenemos que irnos, Alberto.
-¿Por qué? - pregunta su hermano.
- Acabo de hablar con Gretel. Tenemos que irnos- casi está llorando, pobre chico. Patri y yo nos miramos (ni idea de quién es Gretel), pero nos da tanta lástima que le decimos que sí, que se vaya.
Yo suspiro un poco aliviada (con mucho disimulo), y salimos todos del bar junto. "Vamos a reirnos cuando salgamos por la puerta" me ordena la Patri, y yo le hago caso y cuando salimos del bar nos reímos como locas ante la mirada odiosa y alcoholizada de Julián.
Llega el gran día (para Patricia). Tarda dos horas en salir del baño, se cambia veinte veces de ropa, se pone treinta litros de Anais Anais. Al pedo: siempre que salgo con Patri, yo salgo perdiendo y ella gana, y esta cita es la mejor prueba. A ella le toca el solterito del PRO y a mi me queda el amargado divorciado de Alberto, que parece que encima tiene un pibe. Ya sé que la amistad entre mujeres es algo sagrado, pero pobre de mí. Voy a tener que escuchar anécdotas del hijo toda la noche, quejas de las ex mujeres, mientras va emborrachándose y extraviándose y al final va a querer acostarse conmigo. A pesar de que me hayas defendido cuando tenía doce años y desde ese camión me gritaron gorda ("que gritás, gilún" contestó la Patri, y desde ese momento fue mi mejor amiga), en este momento la odio.
Llegamos al pub, que está entre Palermo Hollywood y Palermo Soho. Patricia entra con su mejor aire de valkyria desterrada; yo entro deseando que en algún momento suene la alarma antihumo del local y aparezca la Metropolitana, los Bomberos, la Guardia Civil o Gabriela Michetti diciendo que el lugar es peligroso y tenemos que irnos todos.
Ellos ya están sentados, adelante de una botella de whisky. Está vacía por la mitad. Las cosas empiezan mal, pero Patri no se da cuenta de nada. Entonces se agacha (porque la muy guacha encima es alta) y me dice, por lo bajo: le escribí un Face a Julián diciéndole que tengo una cita con Alberto.
- ¿Vos estás loca?- le digo yo en voz alta.
- Estaría loca si no le escribiera nada. Además, una cita con Germán al idiota ese no le dolería nada. En cambio, con Alberto... Cuanto querés que te juegue que en media hora se aparece en el pub con Monique. O con otra.
Nos sentamos a la mesa y pedimos dos Manhattan. Otra que Samantha y Carrie. Empezamos a hablar de boludeces (trabajás, estudiás, que películas de Oliver Stone te gustan). Así pasa media hora, casi clavadas y entonces, por la puerta, entra Julián con Monique.
Se dirige directamente a nuestra mesa.
- Hola, que tal.- dice él.
- Hola- dice la francesa. Sin acento.
- Hola- dicen Patricia y Germán. Alberto y yo no saludamos.
- ¿Puedo sentarme con ustedes?- dice Julián.- Es bueno encontrarse con tan viejos amigos.
Yo estoy a punto de clavarle la botella de whisky en la cabeza, pero la hija de puta de la Patri me mira y le dice:
- No, mi amor. Justo estábamos diciendo que este bar está ideal para que vos cuelgues tus cuadros. Los que me mostraste el otro día, en tu casa. Andá a hablar con el dueño del pub, seguro que te da una mano.
Julián se pone rojo. Es evidente que su falta de honor a la hora de andar con minas no es uno de sus puntos débiles, pero sí lo es su escaso talento artístico. Empieza a balbucear unas extrañas palabras, que esconden una puteada inmundísima dirigida a todos nosotros (sobre todo a Patri, que se le va a hacer). Abraza a Monique y se va hasta la barra, donde pasa toda la noche mirándonos con ojo crítico y bebiendo vodka.
- Que se joda- dice Patricia y todos nos matamos de la risa. - Se ha mandado tantas. Hace seis meses que salgo con él, no se por qué, porque solo me llevó media semana comprobar que es un idiota. Hijo único, que querés que te diga. La carrera de contador es muy difícil, voy a estudiar pintura en el atelier de no se quién. Vos no entendés mi filosofía de vida. Mi primera novia me arruinó la vida, la segunda también, la tercera era una loca desquiciada que quería que consiguiera un trabajo... Si te quiero es porque sos mi amor mi cómplice y todo, me mandaba siempre por Face mientras yo estaba trabajando en la gerencia del banco.
Entonces Germán, que no ha dicho casi nada en toda la noche, pregunta:
- ¿Eso te mandaba?
- Es la frase de cabecera de Julián para el enganche- dice la Patri, y entonces Germán, su cita del PRO, sale del pub corriendo. Todos nos miramos. Vuelve a los quince minutos, todo colorado.
- Tenemos que irnos, Alberto.
-¿Por qué? - pregunta su hermano.
- Acabo de hablar con Gretel. Tenemos que irnos- casi está llorando, pobre chico. Patri y yo nos miramos (ni idea de quién es Gretel), pero nos da tanta lástima que le decimos que sí, que se vaya.
Yo suspiro un poco aliviada (con mucho disimulo), y salimos todos del bar junto. "Vamos a reirnos cuando salgamos por la puerta" me ordena la Patri, y yo le hago caso y cuando salimos del bar nos reímos como locas ante la mirada odiosa y alcoholizada de Julián.
jueves, 13 de febrero de 2014
Tom Hanks
Ni por "Forrest Gump", ni por "Despedida de Soltero", ni por "Philadelphia". Ni siquiera por "La Hoguera de las Vanidades". Mucho menos por "Naúfrago". Me di cuenta que Tom Hanks era un gran actor, algo más que el muchacho bonito y delgado y bondadoso hasta el extremo aún en la parranda, cuando lo vi actuar en "Punchline". Puede que la película no haya sido un éxito, pero es un gran fracaso (quizás eso sea la moraleja de toda la película). El comediante novato que busca el éxito a costa de todo y termina, después de enamorarse de Sally Field, lanzando un monólogo ácido y cruel sobre la sociedad contemporánea. "Yo no odio, yo soy un estilista del odio" cierra la diatriba y por supuesto casi pierde el certamen. Lo gana al final, pero es una victoria pírrica; su cara en el final de la película lo dice todo. Hizo luego películas maravillosas y mediocres, como todos los actores; aún Nicholas Cage, al que todos los críticos odian, hizo lo mismo. Pero es indudable que Tom Hanks tiene el pathos del actor, lo que suele llamarse presencia escénica. Una lo ama o lo odia según a quién este representando y eso es invalorable.
La vida de Agustín Tosco 4º parte
1946
Las patas en la fuente, dice mi viejo, todo por el aguinaldo, todos pusimos las patas en la fuente de Plaza de Mayo. Mi viejo se mata de risa y mi vieja también, ahora con el aguinaldo le vamos a comprar una camisa nueva a Agustincito y pantaloncitos largos, ya es hora. Yo me pongo colorado y mi vieja me besa. "Anda a ver unas vistas con tus amigos" me dice, una de Sandrini o una de la Eva. Me gusta ir al cine y la verdad es que estoy un poco enamorado de la Eva Perón, aunque sea la mujer del General. La vi en "La cabalgata del circo", que linda la chica, tan rubia y esos ojos oscuros. Ninguna de acá es así, ninguna tiene ese aire de princesa del pueblo. Las chicas con las que salimos son modestas de todo percal, les gustan Agustín Magaldi y los boleritos cubanos y escuchan radioteatros. Quieren casarse con algún príncipe, pero acá todos somos torneros o mecánicos o almaceneros o albañiles o hijos de torneros. Alguna más afortunada consigue un doctor de la docta Córdoba; el resto escucha valsesitos de Strauss mientras cosen el ajuar. Ninguna es como la Eva; hasta mi viejo está un poquito enamorado de ella, y mi vieja lo carga. "Está con el General, es Primera Dama, mirá que te va dar bola a vos" le dice y mi viejo se rie por lo bajo y le da un beso a mi mamá.
Las patas en la fuente, dice mi viejo, todo por el aguinaldo, todos pusimos las patas en la fuente de Plaza de Mayo. Mi viejo se mata de risa y mi vieja también, ahora con el aguinaldo le vamos a comprar una camisa nueva a Agustincito y pantaloncitos largos, ya es hora. Yo me pongo colorado y mi vieja me besa. "Anda a ver unas vistas con tus amigos" me dice, una de Sandrini o una de la Eva. Me gusta ir al cine y la verdad es que estoy un poco enamorado de la Eva Perón, aunque sea la mujer del General. La vi en "La cabalgata del circo", que linda la chica, tan rubia y esos ojos oscuros. Ninguna de acá es así, ninguna tiene ese aire de princesa del pueblo. Las chicas con las que salimos son modestas de todo percal, les gustan Agustín Magaldi y los boleritos cubanos y escuchan radioteatros. Quieren casarse con algún príncipe, pero acá todos somos torneros o mecánicos o almaceneros o albañiles o hijos de torneros. Alguna más afortunada consigue un doctor de la docta Córdoba; el resto escucha valsesitos de Strauss mientras cosen el ajuar. Ninguna es como la Eva; hasta mi viejo está un poquito enamorado de ella, y mi vieja lo carga. "Está con el General, es Primera Dama, mirá que te va dar bola a vos" le dice y mi viejo se rie por lo bajo y le da un beso a mi mamá.
Matthew McConaughey
La verdad es que siempre salió en las revistas como el más sexie del mundo, pero yo nunca lo ví así hasta que vi la serie "True Detective". Allí, Matthew McCounaughey está impecable: un amor de detective, al que dan ganas de adoptar, tanto en su versión noventera como en su versión año 2012. En este mundo hay mujeres botineras, raqueteras, faranduleras, rockeras; mi debilidad fueron siempre los detectives a lo Marlowe, esos que se apasionan con un crimen y buscan la respuesta aún a costa de su hígado y de sus huesos. Hay que verlo contestando las preguntas de los periodistas que lo interrogan, mientras bebe y fuma como un cosaco. Con esta serie y con la última película de Scorsesse Matthew McConaughey se redime de tantas comedias románticas fallidas, porque en Hollywood últimamente solo existe en happy end, que todos sabemos tan irreal. Sobre todo en Norteamérica, que libra guerras internas y externas, que la están desvastando hasta los huesos desde hace tantos años; tanto mesianismo, tanto amor por las armas, tanta masacre. Somos en realidad así, parece decir el último Matthew, somos mucho más Faulkner que Disney, mucho más Poe que Sex and the City. Gran lección para todos los imperios del mundo: et in Arcadia ego.
Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia
Diario de German.
Me llama Patricia. Patricia. Me quedo mudo unos segundos, cuando me invita a salir (una cita doble, ella con Amalia, yo con Alberto). Le digo que sí y corto el teléfono. Me voy a casar y acepto una cita doble. Pero Alberto necesita recomponerse; además, desde el baby shower, es otra persona. Hasta lo oí silbar. Que se le va a hacer; Gretel está imbuída en los planes del casamiento. Me sacrifico por mi hermano (otra no me queda).
Lo llamo a Alberto.
"Hola" dice mi hermano.
"Soy yo, tu hermanito del alma. Adiviná quién me llamó..."
"Son las dos de la mañana, pelotudo. Estoy durmiendo con el televisor prendido en Cartoon Network"
"Me llamó Patricia para invitarnos a salir"
"Me estás cargando"
"Es de en serio"
"Para, para... Ella ¿con quién?"
" Con Amalia"
"No está mal. ¿Patricia quiere salir conmigo?"
"No, idiota. Quiere salir conmigo- no le dije nada del casamiento. La que te toca a vos es Amalia".
Hay un silencio en la línea y se escucha Samurai Jack de fondo.
"Bueno, está bien. Es bastante linda. Se parece a Julieta Venegas"
"Grande, Alberto. Arreglé para pasado mañana a las nueve. Arreglate, olvidate de Adela, de Juancito, de todo..."
"Y vos olvidate de Gretel".
"Si se entera me mata. Aunque cada vez me estoy sintiendo más lejano de ella. Solamente me llama por celular o me manda mensajes por Whatts App."
"¿Cuando te llama por celular, que suena de fondo?"
"Nada".
"Te está metiendo los cuernos" me dice Alberto.
Otra vez la puñalada trapera. Por qué, por qué. Un hermano con dos matrimonios fallidos es peor que una hermana con tres matrimonios fallidos y seis hijos.
"Es muy simple" dice mi hermano. "Si te estuviera llamando desde lo de la wedding planner, lo del chef, la modista o el cura, se escucharían ruidos de fondo. Cuando no suenan ruidos de fondo ¿sabés por que es? Porque la guacha está en el baño del departamento del turro que la enganchó, después de rogarle media hora que no haga ruido porque tiene que llamar al gil del novio. Las minas son todas unas turras y Gretel es turrísima".
"No hables así de mi futura esposa" le digo yo, con mi mejor voz de adulto.
"Preguntale a tu querida amiga Karen. Quedamos para pasado mañana a las nueve" y me corta. Que amargo que es, el hijo de puta.
Me llama Patricia. Patricia. Me quedo mudo unos segundos, cuando me invita a salir (una cita doble, ella con Amalia, yo con Alberto). Le digo que sí y corto el teléfono. Me voy a casar y acepto una cita doble. Pero Alberto necesita recomponerse; además, desde el baby shower, es otra persona. Hasta lo oí silbar. Que se le va a hacer; Gretel está imbuída en los planes del casamiento. Me sacrifico por mi hermano (otra no me queda).
Lo llamo a Alberto.
"Hola" dice mi hermano.
"Soy yo, tu hermanito del alma. Adiviná quién me llamó..."
"Son las dos de la mañana, pelotudo. Estoy durmiendo con el televisor prendido en Cartoon Network"
"Me llamó Patricia para invitarnos a salir"
"Me estás cargando"
"Es de en serio"
"Para, para... Ella ¿con quién?"
" Con Amalia"
"No está mal. ¿Patricia quiere salir conmigo?"
"No, idiota. Quiere salir conmigo- no le dije nada del casamiento. La que te toca a vos es Amalia".
Hay un silencio en la línea y se escucha Samurai Jack de fondo.
"Bueno, está bien. Es bastante linda. Se parece a Julieta Venegas"
"Grande, Alberto. Arreglé para pasado mañana a las nueve. Arreglate, olvidate de Adela, de Juancito, de todo..."
"Y vos olvidate de Gretel".
"Si se entera me mata. Aunque cada vez me estoy sintiendo más lejano de ella. Solamente me llama por celular o me manda mensajes por Whatts App."
"¿Cuando te llama por celular, que suena de fondo?"
"Nada".
"Te está metiendo los cuernos" me dice Alberto.
Otra vez la puñalada trapera. Por qué, por qué. Un hermano con dos matrimonios fallidos es peor que una hermana con tres matrimonios fallidos y seis hijos.
"Es muy simple" dice mi hermano. "Si te estuviera llamando desde lo de la wedding planner, lo del chef, la modista o el cura, se escucharían ruidos de fondo. Cuando no suenan ruidos de fondo ¿sabés por que es? Porque la guacha está en el baño del departamento del turro que la enganchó, después de rogarle media hora que no haga ruido porque tiene que llamar al gil del novio. Las minas son todas unas turras y Gretel es turrísima".
"No hables así de mi futura esposa" le digo yo, con mi mejor voz de adulto.
"Preguntale a tu querida amiga Karen. Quedamos para pasado mañana a las nueve" y me corta. Que amargo que es, el hijo de puta.
Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia.
Diario de Amalia
Me la traje a mi departamento a la Patri porque no podía parar de llorar. Aguantó como una diosa todo el baby shower, pero apenas tomamos el taxi se largó y parecía un chaparrón.
- No te pongas así, Patri- le decía yo.
- ¿Tenés algo de vino en tu casa?- me dijo ella. El taxista nos miró por el espejo retrovisor. El vestido rojo de la Patri estaba muy arriba.
- Sí, creo, algo tengo- dije yo para salir del paso. Le tapé las piernas con mi chalina; pobre Patri, ese Julián es un guacho. Encima, al lado nuestro en el baby shower estaban dos tipos: uno, un tal Alberto, que parecía muy divertido con la situación y el otro, el hermano, más joven, con cara de vergüenza. Patri estaba re enojada por la cara de diversión de Alberto y tenía ganas de seguir puteando (se tomó dos litros de Baron B). La Karen se me acercó en secreto y me dijo que la tranquilizara a mi amiga.
"¿Sabés por que se ríe Alberto?" me dijo. "Yo salía con el hermano menor, German, cuando el se casó con Marta Azcúenaga. Una chica hermosa, pero una pelotuda. Julián le hizo trabajo fino; le empezó a mandar cartitas de amor antes de que se casara, toda la onda. Alberto ni se daba cuenta, estaba re enamorado. A los dos o tres meses del casamiento en la Catedral la Marta Azcúenaga se fue con Julián. Le duró tres semanas, que es lo que le duran todas las minas a Julián. Alberto quedó hecho pelota: después se casó con Adela Fernández, amiga nuestra, muy buena mina, pero fue un desastre. Patri hizo bien en dejarlo a Julian, es un hijo de puta. No puedo creer que haya venido acá a florearse como un pelotudo con una minita nueva."
Cuando llegamos a casa y después de dos vasos de whisky le conté la historia a la Patri y ella se tranquilizó un poco. "Hace cosa de una semana" me contó "me mandó una fotito por Face. Aun te sigo amando, toda la bola. Ya me tiene podrida".
"Pero sí, Patri" le digo yo. "Vos eras la más linda del baby shower. El hermano de Alberto, German, te comía con los ojos".
- ¿De en serio?- me pregunta ella, entre hipos.
- Claro, claro. Además, creo que es del PRO.- No estoy muy segura, pero me parece altamente probable. Perfume 212 de Carolina Herrera.
- ¿La Karen tendrá el teléfono?- pregunta ella. Ya está bien del todo.
- Seguro, si salió con él.
- Podríamos arreglar una cita doble. Podríamos. Dale...
-¿Doble? ¿Quién con quién?
- Yo con Germán y vos con Alberto.
Hay un cuento de Adolfo Bioy Casares que se llama "Una guerra perdida". Lo leí cuando era chica. Así me siento yo cuando hablo de amores con Patricia; es siempre una guerra perdida. Me avine a sus planes.
Me la traje a mi departamento a la Patri porque no podía parar de llorar. Aguantó como una diosa todo el baby shower, pero apenas tomamos el taxi se largó y parecía un chaparrón.
- No te pongas así, Patri- le decía yo.
- ¿Tenés algo de vino en tu casa?- me dijo ella. El taxista nos miró por el espejo retrovisor. El vestido rojo de la Patri estaba muy arriba.
- Sí, creo, algo tengo- dije yo para salir del paso. Le tapé las piernas con mi chalina; pobre Patri, ese Julián es un guacho. Encima, al lado nuestro en el baby shower estaban dos tipos: uno, un tal Alberto, que parecía muy divertido con la situación y el otro, el hermano, más joven, con cara de vergüenza. Patri estaba re enojada por la cara de diversión de Alberto y tenía ganas de seguir puteando (se tomó dos litros de Baron B). La Karen se me acercó en secreto y me dijo que la tranquilizara a mi amiga.
"¿Sabés por que se ríe Alberto?" me dijo. "Yo salía con el hermano menor, German, cuando el se casó con Marta Azcúenaga. Una chica hermosa, pero una pelotuda. Julián le hizo trabajo fino; le empezó a mandar cartitas de amor antes de que se casara, toda la onda. Alberto ni se daba cuenta, estaba re enamorado. A los dos o tres meses del casamiento en la Catedral la Marta Azcúenaga se fue con Julián. Le duró tres semanas, que es lo que le duran todas las minas a Julián. Alberto quedó hecho pelota: después se casó con Adela Fernández, amiga nuestra, muy buena mina, pero fue un desastre. Patri hizo bien en dejarlo a Julian, es un hijo de puta. No puedo creer que haya venido acá a florearse como un pelotudo con una minita nueva."
Cuando llegamos a casa y después de dos vasos de whisky le conté la historia a la Patri y ella se tranquilizó un poco. "Hace cosa de una semana" me contó "me mandó una fotito por Face. Aun te sigo amando, toda la bola. Ya me tiene podrida".
"Pero sí, Patri" le digo yo. "Vos eras la más linda del baby shower. El hermano de Alberto, German, te comía con los ojos".
- ¿De en serio?- me pregunta ella, entre hipos.
- Claro, claro. Además, creo que es del PRO.- No estoy muy segura, pero me parece altamente probable. Perfume 212 de Carolina Herrera.
- ¿La Karen tendrá el teléfono?- pregunta ella. Ya está bien del todo.
- Seguro, si salió con él.
- Podríamos arreglar una cita doble. Podríamos. Dale...
-¿Doble? ¿Quién con quién?
- Yo con Germán y vos con Alberto.
Hay un cuento de Adolfo Bioy Casares que se llama "Una guerra perdida". Lo leí cuando era chica. Así me siento yo cuando hablo de amores con Patricia; es siempre una guerra perdida. Me avine a sus planes.
miércoles, 12 de febrero de 2014
Sobre el arte queer y otras novedades del mundo intelectual
Partamos de un principio: la homosexualidad es tan vieja como el hombre. Lo novedoso de estos últimos cuarenta o treinta años es su visibilización. Antes estaba tapada con tabúes, pastillas, leyes y closets del tamaño del Imperio Austrohúngaro. Aún hay gente que sigue diciendo que Manuel Puig o María Elena Walsh eran grandes artistas, "lástima que fueran gays". Es un prejuicio mayormente femenino, que los hombres adoptan por pereza. A las mujeres los gays y los curas nos desesperan porque no podemos casarnos con ellos, porque para cualquier mujer, aún la más inteligente y desprejuiciada, aún existe el mandato de ser "la mujer de". La verdad es que el arte queer (más aún que sus estudios) han dado muestras sobradas de la capacidad comunicativa de una comunidad que estuvo invisibilizada durante siglos. Queen, Morrisey, Scissors Sisters, en la música, el citado Manuel Puig en el terreno de la literatura, tantos actores y actrices que son verdaderos, como el gran Pepito Cibrián, que desde que era un crío apostó por la comedia musical argentina cuando todos se reían de él. En el terreno de las artes plásticas ni hablar; sin el arte queer no hubiera habido vanguardias en los finales del siglo XX. No se puede llevar nunca el arte al terreno de la moral, porque allí el artista pierde siempre. Y cuando pierde el artista, los que realmente amamos el arte, sabemos todo lo que se pierde. Juzgar a alguien por su condición sexual queda para las religiones, que ya sabemos todo lo que han hecho a favor de la humanidad. Siempre hay alguna Guerra Santa que hay que librar en base a algún versículo; yo prefiero leer "Boquitas Pintadas", o "El beso de la mujer araña", o pensar en el gran José Bianco, que escribió "Sombras suele vestir" mientras era secretario de Victoria Ocampo.
Pedro Almodovar
Primero quiero aclarar una cosa: como no soy Joaquín Sabina, nunca quise ser una chica Almodovar. Nunca quise ser la Saura ni Victoria Abril en "Atame". Pero uno de mis más nítidos recuerdos de la infancia es mi madre enfureciéndose y yéndose al cine a ver "¿Qué he hecho yo para merecer esto?". Yo nunca la ví; es más, siempre le tuve miedo a esa película. Si ví, cuando tenía doce, con mi madre, que me metió de contrabando en el cine (porque si con mi padre comparto muchas cosas, de mi madre heredé la pasión por los libros y por el cine) "Mujeres al borde de un ataque de nervios". Hay películas y películas; hay películas que uno ve porque las pasan por la tele y es sábado a la noche y algo hay que hacer y hay películas que queman la cabeza para siempre. "Mujeres al borde" fué una de ellas. De más grande (cuando ya entraba al cine solita) ví "La flor de mi secreto". "Quiero escribir novela rosa y me sale negra" dice Marisa Paredes en un momento, y en ese momento oscuro está toda la soledad de la mujer en el mundo. Al cine se va a pochoclear, a pasar un buen rato (no está mal), pero también se van a ver películas de alguien. De Coppola, de Scorsesse, de Woody Allen (otro que entiende a las mujeres como nadie), y de Pedro Almodovar. "La piel que habito", el último film de él que ví, es una obra maestra del horror genético; es erótica y terrorífica a la vez, como solo los españoles saben hacerlo (y a veces también los mexicanos). Ojalá hubiera más directores como el gran Pedro en Argentina, mujeres u hombres; las mujeres nos sentiríamos mucho más acompañadas.
Ars
El viento
en un acto de amor oscuro
volteará lo que quede de las casas.
Se desparramarán
los libros, los almanaques,
las agendas
olvidadas.
Encima de las fotos
(ya difusas)
pastarán los dorados caballos,
enormes,
eternos.
en un acto de amor oscuro
volteará lo que quede de las casas.
Se desparramarán
los libros, los almanaques,
las agendas
olvidadas.
Encima de las fotos
(ya difusas)
pastarán los dorados caballos,
enormes,
eternos.
Horacio
Ser o no ser, dijo él, y yo me pregunto, como Rosencrantz y Guilderstein, contar o no contar. Todos murieron menos yo, y yo sobreviví para que el drama sobreviva en mi boca. Si no la historia sería una perpetua repetición de viento y de nada; arena, nieve, venenos, mujeres y hombres locos y enamorados. Soy Horacio y a la vez soy Homero. Las guerras ocurren en países lejanos ahora. Ahora estamos en paz. Yo ahora soy un viejo y recuerdo. Siempre recuerdo. Entonces mis nietos me preguntan y yo les digo, sí, yo conocí a Hamlet y a Ofelia y a Laertes. Y mientras les cuento la historia soy un poco ellos y ellos sobreviven en mí.
martes, 11 de febrero de 2014
La muerte de un rey. 13º parte
En la vida todo es ir a lo que el tiempo deshace;
sabe el hombre donde nace
y no donde ha de morir
Juan Antonio Correjter
Pauline. Delta de Siam.
Despierta, Rodrick, dijo Pauline. Están buscando la máquina.
Rodrick se desperezó. Quiénes, preguntó.
Todos, contestó Pauline. Los Mil (Eliza, claro, pero también Sarar y Melinda), el rey, ayudado por Lisbeth, Rilench, Dion.
Maldita sea, pensó Rodrick, estoy otra vez en esa pesadilla. Tengo veinte años y Amparo llora enfrente mío y yo pienso en Pauline y digo que sí y luego...
Que vamos a hacer, dijo él.
Escapar, no nos queda otra, Rodrick. Estamos otra vez entre el diablo y el ancho mar azul. Después de un instante ambos se rieron con ganas. Eran sobrevivientes.
Eliza nunca va a revelar nada, si nos encuentra. Nos adora y lo sabes, dijo Pauline.
Oh, sí, fue la respuesta de Rodrick. Al menos eso creo.
En cuanto al resto. La tentación es tan poderosa. Sarar, oh, es el más peligroso.
Ni me lo digas. Cada vez que lo veo tiemblo. Y Melinda...
Por Dios, dijo Pauline. Sacó el rosario que siempre llevaba en su bolsillo. Tendría que rezar, dijo ella. Rodrick le acarició el cabello.
Tu sabes mejor que yo que es inútil, le dijo.
Pauline sonrió. La tristeza le sentaba mejor que la alegría, se dijo Rodrick.
Donde podemos ir, pensaron ambos.
Henry construyó un refugio hace trescientos años, cerca de aquí. Si los mapas no mienten. Ahora debe estar rodeado de yunga, pero, a fuerza de machetazos.
Rodrick sopesó las palabras de la quinta general. Podría ser, podría ser. Ambos se sintieron un poco sureños perdidos en una cuento de Lovecraft.
¿Hay mestizos en ese camino?
Claro, repuso Pauline, claro que hay. El delta está poblado de mestizos y de tribus que no responden al rey ni a los Mil.
Si nos atrapan...
Siempre han sido bondadosos con nosotros, repuso Pauline. Uso el I Phone y los encanto con música... Los Aristogatos. Nunca me hubiera imaginado que una película de Disney tuviera tanto efecto.
Quizás porque aquí solo están Titán y Plato, son los únicos gatos que existen en este planeta.
Quizás. Espero que Melinda los cuide. Ella prometió...
Nosotros también prometimos y no cumplimos, dijo Rodrick.
Era demasiado el sacrificio que nos estaban pidiendo, dijo Pauline. Hicimos bien en romper nuestra promesa. Ser inmortales no significa carecer de ética.
Borges dixit, repuso él. Empezó a desarmar el campamento. Pauline embaló la máquina, con una mueca de disgusto, como un gesto repetido tantas veces. Por suerte confío en Rodrick y en Eliza, se dijo ella. Por suerte.
sabe el hombre donde nace
y no donde ha de morir
Juan Antonio Correjter
Pauline. Delta de Siam.
Despierta, Rodrick, dijo Pauline. Están buscando la máquina.
Rodrick se desperezó. Quiénes, preguntó.
Todos, contestó Pauline. Los Mil (Eliza, claro, pero también Sarar y Melinda), el rey, ayudado por Lisbeth, Rilench, Dion.
Maldita sea, pensó Rodrick, estoy otra vez en esa pesadilla. Tengo veinte años y Amparo llora enfrente mío y yo pienso en Pauline y digo que sí y luego...
Que vamos a hacer, dijo él.
Escapar, no nos queda otra, Rodrick. Estamos otra vez entre el diablo y el ancho mar azul. Después de un instante ambos se rieron con ganas. Eran sobrevivientes.
Eliza nunca va a revelar nada, si nos encuentra. Nos adora y lo sabes, dijo Pauline.
Oh, sí, fue la respuesta de Rodrick. Al menos eso creo.
En cuanto al resto. La tentación es tan poderosa. Sarar, oh, es el más peligroso.
Ni me lo digas. Cada vez que lo veo tiemblo. Y Melinda...
Por Dios, dijo Pauline. Sacó el rosario que siempre llevaba en su bolsillo. Tendría que rezar, dijo ella. Rodrick le acarició el cabello.
Tu sabes mejor que yo que es inútil, le dijo.
Pauline sonrió. La tristeza le sentaba mejor que la alegría, se dijo Rodrick.
Donde podemos ir, pensaron ambos.
Henry construyó un refugio hace trescientos años, cerca de aquí. Si los mapas no mienten. Ahora debe estar rodeado de yunga, pero, a fuerza de machetazos.
Rodrick sopesó las palabras de la quinta general. Podría ser, podría ser. Ambos se sintieron un poco sureños perdidos en una cuento de Lovecraft.
¿Hay mestizos en ese camino?
Claro, repuso Pauline, claro que hay. El delta está poblado de mestizos y de tribus que no responden al rey ni a los Mil.
Si nos atrapan...
Siempre han sido bondadosos con nosotros, repuso Pauline. Uso el I Phone y los encanto con música... Los Aristogatos. Nunca me hubiera imaginado que una película de Disney tuviera tanto efecto.
Quizás porque aquí solo están Titán y Plato, son los únicos gatos que existen en este planeta.
Quizás. Espero que Melinda los cuide. Ella prometió...
Nosotros también prometimos y no cumplimos, dijo Rodrick.
Era demasiado el sacrificio que nos estaban pidiendo, dijo Pauline. Hicimos bien en romper nuestra promesa. Ser inmortales no significa carecer de ética.
Borges dixit, repuso él. Empezó a desarmar el campamento. Pauline embaló la máquina, con una mueca de disgusto, como un gesto repetido tantas veces. Por suerte confío en Rodrick y en Eliza, se dijo ella. Por suerte.
Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia
Diario de Germán
Me llama mi mamá para decirme que Karen va a hacer un baby shower y que si puedo ir con Alberto. Por qué con Alberto, le preguntó yo. Está medio deprimido, la boluda esa se fue con el nene un mes a Miami y no tiene que hacer. Está bien, digo yo, para no discutir. Cuando mi hermano está deprimido dan ganas de matarlo, no de cuidarlo; Ernesto Sábato es un poroto al lado de él. Lo llamo por teléfono y lo convenzo de ir. Enseguida me llama Gretel.
- Hola, my love- Gretel siempre habla mezclando palabras en inglés- Ya tengo los votos matrimoniales. Me los mandó un contacto del Facebook. "Si te quiero es porque sos mi amor, mi complice y todo, y en la calle codo a codo somos mucho más que dos". ¿No es divino?
- Si- le contesto yo. No tengo ganas de decirle que ese poema lo escribió Benedetti y lo cantaron Sandra y Celeste hasta el cansancio. Además ¿quién es ese contacto de Facebook?- Es muy lindo. Karen va a hacer un baby shower el sábado. ¿Vas a ir? Yo sí.
- Voy a ver- me contesta, un poco seca. Gretel odia a Karen, no porque sea lesbiana, sino porque yo un día le conté que fue mi primer amor. Desde entonces hay entre ambas una guerra filosa y aceitada, de la que me mantengo sabiamente apartado.
Bueno, llega el sábado. Me baño y me cambio, consigo que Alberto se bañe y se cambie (ya pasó los treinta), y vamos en taxi a Villa Crespo con un set de perfumes Petit Enfant. Nos recibe la Pecosa, la mujer de Karen, que es la que está embarazada.
- Hola, mis amores.- Nos da un beso en cada mejilla. Le damos el regalo- Gracias, gracias. No hacía falta, realmente. El bebé va a tener de todo. Además, estamos tan contentas. - Ahí aparece Karen, que le da un beso a la Pecosa y nos sonríe.
- Sí, estamos felices- reafirma ella.
- Además- dice la Pecosa- están todas mis amigas de la secundaria. Alberto, dale, las chicas siempre te levantaron el ánimo.
- Más o menos- refunfuña Alberto. Y entonces Karen grita "Julian" y Alberto pone una cara terrible, porque por la esquina, con un enorme oso de peluche y acompañado de una pelirroja despampanante viene Julián. "La puta que los pario" dice mi hermano por lo bajo y yo ruego que esto no termine en un duelo criollo.
- Hola- dicen Julián y su novia. Es un muchacho bastante lindo, pero tiene una cara de garca terrible. La Karen, que nunca se da cuenta de nada, dice "Julian, Alberto, German" y se queda mirando a la compañera de Julián, que todavía no tiene nombre ni apellido.
- Es francesa- dice Julián- No habla una palabra de español, la mujer ideal.
Yo quiero que me trague la tierra. Estamos todos ahí, en la puerta, y entonces aparecen dos chicas. Una bajita, morena y delgada (bastante parecida a Julieta Venegas, muy linda) y la otra una castaña divina con un vestido rojo infartante y zapatos de taco alto. Cuando lo ven a Julián la más linda se pone pálida y se queda quieta unos minutos.
-Hola, Patri- dice él, sonriendo.
- Hola y la puta que te parió- dice la que probablemente se llame Patricia.- Me dejás porque sos bisexual, porque yo no te comprendo (me corneaste con todas las mujeres del país, eso sí lo comprendo), buscas tu vocación de pintor, de artista, y te aparecés dos semanas después con una boluda parecida a mí que se llama ¿cómo te llamás, querida?
- Monique- contesta la francesa, que parece que si entiende algo de castellano.
- Me puse mi mejor vestido y los zapatos Laboutine que me llevaron tres meses de sueldo para venir acá. Para sobrellevar el duelo de haber perdido al gran Julián- se saca los dos zapatos y apunta con el taco de uno de ellos a Julián. No quisiera estar en sus zapatos. - Andate de acá o te mato, Julián. Anda a pasarla bien con Monique a un telo y dejate de joder.
- Sos una guacha- dice el otro, casi llorando.
- Andate- casi le grita Patricia y Julián, en un rapto de heroísmo masculino, le deja el oso a Karen, agarra por el brazo a Monique y se va por donde vino. Apenas se va Patricia se larga a llorar y la otra chica (que parece que se llama Amalia) la consuela.
- Disculpame- dice la Pecosa.- No tenía ni idea..
- No, disculpame vos a mí. Vos no tenés la culpa..
Alberto y yo nos miramos. ¿Tenés ganas de irte? le digo en voz baja. Ni loco, me contesta él. Desde mi primer divorcio que no me divierto tanto. Casi tengo ganas de reconciliarme con Adela, con eso te digo todo.
Me llama mi mamá para decirme que Karen va a hacer un baby shower y que si puedo ir con Alberto. Por qué con Alberto, le preguntó yo. Está medio deprimido, la boluda esa se fue con el nene un mes a Miami y no tiene que hacer. Está bien, digo yo, para no discutir. Cuando mi hermano está deprimido dan ganas de matarlo, no de cuidarlo; Ernesto Sábato es un poroto al lado de él. Lo llamo por teléfono y lo convenzo de ir. Enseguida me llama Gretel.
- Hola, my love- Gretel siempre habla mezclando palabras en inglés- Ya tengo los votos matrimoniales. Me los mandó un contacto del Facebook. "Si te quiero es porque sos mi amor, mi complice y todo, y en la calle codo a codo somos mucho más que dos". ¿No es divino?
- Si- le contesto yo. No tengo ganas de decirle que ese poema lo escribió Benedetti y lo cantaron Sandra y Celeste hasta el cansancio. Además ¿quién es ese contacto de Facebook?- Es muy lindo. Karen va a hacer un baby shower el sábado. ¿Vas a ir? Yo sí.
- Voy a ver- me contesta, un poco seca. Gretel odia a Karen, no porque sea lesbiana, sino porque yo un día le conté que fue mi primer amor. Desde entonces hay entre ambas una guerra filosa y aceitada, de la que me mantengo sabiamente apartado.
Bueno, llega el sábado. Me baño y me cambio, consigo que Alberto se bañe y se cambie (ya pasó los treinta), y vamos en taxi a Villa Crespo con un set de perfumes Petit Enfant. Nos recibe la Pecosa, la mujer de Karen, que es la que está embarazada.
- Hola, mis amores.- Nos da un beso en cada mejilla. Le damos el regalo- Gracias, gracias. No hacía falta, realmente. El bebé va a tener de todo. Además, estamos tan contentas. - Ahí aparece Karen, que le da un beso a la Pecosa y nos sonríe.
- Sí, estamos felices- reafirma ella.
- Además- dice la Pecosa- están todas mis amigas de la secundaria. Alberto, dale, las chicas siempre te levantaron el ánimo.
- Más o menos- refunfuña Alberto. Y entonces Karen grita "Julian" y Alberto pone una cara terrible, porque por la esquina, con un enorme oso de peluche y acompañado de una pelirroja despampanante viene Julián. "La puta que los pario" dice mi hermano por lo bajo y yo ruego que esto no termine en un duelo criollo.
- Hola- dicen Julián y su novia. Es un muchacho bastante lindo, pero tiene una cara de garca terrible. La Karen, que nunca se da cuenta de nada, dice "Julian, Alberto, German" y se queda mirando a la compañera de Julián, que todavía no tiene nombre ni apellido.
- Es francesa- dice Julián- No habla una palabra de español, la mujer ideal.
Yo quiero que me trague la tierra. Estamos todos ahí, en la puerta, y entonces aparecen dos chicas. Una bajita, morena y delgada (bastante parecida a Julieta Venegas, muy linda) y la otra una castaña divina con un vestido rojo infartante y zapatos de taco alto. Cuando lo ven a Julián la más linda se pone pálida y se queda quieta unos minutos.
-Hola, Patri- dice él, sonriendo.
- Hola y la puta que te parió- dice la que probablemente se llame Patricia.- Me dejás porque sos bisexual, porque yo no te comprendo (me corneaste con todas las mujeres del país, eso sí lo comprendo), buscas tu vocación de pintor, de artista, y te aparecés dos semanas después con una boluda parecida a mí que se llama ¿cómo te llamás, querida?
- Monique- contesta la francesa, que parece que si entiende algo de castellano.
- Me puse mi mejor vestido y los zapatos Laboutine que me llevaron tres meses de sueldo para venir acá. Para sobrellevar el duelo de haber perdido al gran Julián- se saca los dos zapatos y apunta con el taco de uno de ellos a Julián. No quisiera estar en sus zapatos. - Andate de acá o te mato, Julián. Anda a pasarla bien con Monique a un telo y dejate de joder.
- Sos una guacha- dice el otro, casi llorando.
- Andate- casi le grita Patricia y Julián, en un rapto de heroísmo masculino, le deja el oso a Karen, agarra por el brazo a Monique y se va por donde vino. Apenas se va Patricia se larga a llorar y la otra chica (que parece que se llama Amalia) la consuela.
- Disculpame- dice la Pecosa.- No tenía ni idea..
- No, disculpame vos a mí. Vos no tenés la culpa..
Alberto y yo nos miramos. ¿Tenés ganas de irte? le digo en voz baja. Ni loco, me contesta él. Desde mi primer divorcio que no me divierto tanto. Casi tengo ganas de reconciliarme con Adela, con eso te digo todo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)