domingo, 2 de septiembre de 2018
Un anillo
Ayer le compré un anillo a un hombre de Senegal. El anillo es de una belleza incomparable (si uno ve realmente lo que venden los senegaleses se da cuenta que lo ofrecen como frutas exóticas, como dulces para niños). Es de acero y la piedra es probablemente cuarzo o malaquita, está trabajado con amor y esmero. Admiro a los orfebres y a los miniaturistas, a esas personas que aman las cosas templadas y logran que no se quiebren ni se malogren. Buenaventura sobre todos ellos; felices los felices, diría Borges.
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