domingo, 16 de septiembre de 2018

Mefisto

Mephisto, de Istvan Szabo, debe ser la mejor película existente sobre la relación entre el arte y el poder. Y es genial, y eso lo hizo uno de los hijos del gran Thomas Mann, darle la encarnadura de un actor al personaje de Mephisto. De un actor que al principio es liberal y tiene una amante negra. ,Y es amigo de todos sus amigos, dramaturgos y otros actores e intenta prosperar en su carrera. Pero, bueno, en la Alemania nazi una amante negra está mal visto. Asi que la amante negra ya fue. Y algunos de sus amigos son comunistas y otros son judios y otros son ambas cosas, y si uno quiere ser un gran actor mejor no juntarse con esa gente. Mejor juntarse con la gente apropiada, los que usan esvásticas. Que son muchachos maravillos y super amigos entre sí, lástima que su idea del Parnaso sea matar a todos los que no sean arios. Pero bueno, todo no se puede, y en un momento dado puedo protagonizar el Fausto de Goethe, en el hermoso papel de Mefisto. Y entonces Goebbel dice, muchacho, si, tu eres un gran actor, haremos grandes cosas juntos y te lleva a un anfiteatro y te quedas solo, y entonces ves en tu mente Auschwitz y Stalingrado y Paris diezmada por los tanques invasores y dice, yo no hice nada, no hice nada, solo soy un artista. Es el pacto fáustico que generalmente se les ofrece a los artistas; ser los bufones de la corte real, siempre los Hop Frog de los grandes reyes.

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