Todas las madres pasamos por el temible
momento de el nene no me come, y el otro peor aún, solo quiere papas
fritas y coca cola. Es muy triste, pero es así. Y nosotras, con
nuestra mejor buena voluntad, seguimos los consejos de
nutricionistas, y les hablamos de las bondades del hígado, de los
repollitos de Bruselas y de la chía. A lo que nuestros hijos nos
responden con terribles berrinches de niños muy malcriados, y
escupen todo, o, con suerte, se lo dan a los perros. Con suerte. Sino
tenemos que comernos nosotros esa porquería.
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