jueves, 20 de septiembre de 2018
Japón
Empecé a amar a Japón por dos cosas: Akira Kurosawa y Hokusai. La ola, ese grabado del mar que solo los que son grabadores saben que es casi perfecto y la película Rapsodia en agosto, me hicieron pensar muchas cosas sobre como el pasado gravita sobre todas las personas. Rapsodia en agosto la ví muy chica gracias a mi madre: una de las cosas que le agradezco es que siempre me consideró, aún cuando era chica, una persona y me hablaba de libros y me llevaba a ver películas. Me hizo, sin saberlo y porque ella lo es, una mujer medianamente culta. Es decir, una persona que sabe apreciar el arte, e intenta diferenciar el arte bien hecho del que está hecho a los ponchazos y porque si. Se lo agradecí mucho cuando estudié Bellas Artes. El grabado La Ola lo vi en los libros, y me encantó la historia de Hokusai, sobre todo porque parecía contada por Borges. Un hombre que ha vivido muchas vidas y que, cuando sabe que la muerte se acerca, decide dibujar y grabar, para no olvidar lo que vió
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