domingo, 2 de septiembre de 2018

Otras madres

Mi madre de verdad tuvo una infancia, una adolescencia y una juventud muy duras. Recién ahora estoy empezando a comprenderla. Y a apreciar todo lo que me dió. A veces me imagino que hubiera sido de mi vida si hubiera tenido otra madre, una mujer irónica e inglesa y cabezona (por lo testaruda), que fumara tanto como yo y a la que le gustara el té y los hombres y los libros, a veces en ese orden y a veces no.
Me imagino que le hubiera pegado a más de uno de mis novios. Me imagino sin ningún tipo de vergüenza a esa madre ucrónica. Me la imagino orgullosa de su nieto. Me la imagino orgullosa de su hija soltera a los cuarenta, con su casita y su hijo, su trabajito de empleada pública, su troskismo, su feminismo ya casi sin causa, sus muñecas de porcelana y su paraíso de biblioteca de Babel. Me la imagino fumando y preguntando porque en un país lleno de trigo hay chicos pidiendo puerta por puerta. A ella, a esa madre ucrónica, que no existió porque no pudo, le dedico este post.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario