Si Cristo hubiera sido políticamente correcto, no lo hubieran cruxificado. Es así, aunque le duela a las feministas, a los ateos, a los judíos, a los negros, a los gays, a las lesbianas, a las travestis, a los transexuales, a los hombres y a las mujeres cristianos, católicos, evangélicos, cuáqueros, etc. Sospecho que al papa Francisco y a su verdadera grey esta afirmación le gusta, porque es cierto que un hombre que murió ya hace dos mil años y sigue gravitando sobre nuestras vidas no puede haber dicho nimiedades del estilo "Estamos mal, pero vamos bien". Su discurso era revolucionario, realmente revolucionario.
Cuando era realmente chica leí a Giovanni Pappini. Era un reaccionario. Era realmente un re-
accionario católico. Terrible. Apoyaba a Mussolini. Sin embargo, el encuentra, en sus escritos, precedentes de la actitud de Cristo en Julio César. En un hombre que aparentemente, era todo lo contrario que la imagen canónica de Cristo. Julio César era un bon vivant, un general romano acostumbrado a los lujos y a los excesos, a la poesía, a los hombres y a las mujeres, es decir, un epicúreo. Y sin embargo Pappini observa, y esto es genial: el sabía que lo iban a matar y no impidió que lo mataran para que no muriera más gente. Permitió su sacrifició. Sabía que iba a morir. No le importó. Le importaban más sus soldados que él. En este hombre aparentemente opuesto al asceta Jesucristo Pappini encuentra un reflejo.
Yo pienso que Jesucristo no era un asceta. Juan el Bautista si lo era. No Jesucristo. Primero de todo, hoy en día morir a los treinta y tres años es morir joven, pero en esa época eras ya viejo. Probablemente tenías hijos. Y una esposa. Y además una tradición judaica, que es pesada en sentido de herencia histórica. En el antiguo testamento uno encuentra de todo. Yo creo que Cristo era algo más cercano a un filósofo, alguien imbuído en el pensamiento del cambio de milenio, que encontró en los Diez Mandamientos de las Tablas algo importante. Que era un decálogo de buena conducta en general, menos por un mandamiento: No Matarás. No matarás porque tu prójimo es igual a tí. No matarás porque el general romano, el ladrón, el asesino, el avaro, el usurero, el samaritano, el filisteo, el hipócrita, el heredero de Herodes, e incluso el César son iguales a los miembros del pueblo elegido. Por eso eligió pescadores y carpinteros entre sus primeros discipulos: porque sabía que si le hablaba a los grandes guardianes del Templo, sería inútil. Ellos creían sagradamente en los diez mandamientos, y veían en cualquier duda a un hereje. Todos somos herejes, según la ley cristiana. Todos somos pecadores. La santidad no existe, porque es imposible. Dios perdona todo, porque es Dios. No sé si existe. Pero pienso como Borges: si Dios dejara de pensar en mí, yo me disolvería en el aire. No existiría. Yo no creo en Dios, soy atea; afortunadamente, el no comparte esa creencia.
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