lunes, 10 de septiembre de 2018

Problemas hurbanos

Ya dije que me gusta mucho la ciudad de Buenos Aires, porque es realmente cosmopolita, a diferencia de la (muy) pueblerina Rosario. Hace dos o tres años atrás se publicó en La Nación una nota acerca de la urbanización de las villas miserias en la Ciudad de Buenos Aires. Los comentarios de los lectores ante una (por fin) buena noticia bordeaban el lamento patético. Hechos desde computadoras que valen cien veces lo que una cena en una villa miseria.
Cada vez que voy a Buenos Aires me impresiona la gente viviendo en las calles. Familias enteras. Gente joven. Gente vieja. Hombres solos. Mujeres solas. Ya sé que es una de las ciudades más caras del mundo, pero ese lujo ¿sirve para algo si hay gente en la calle? La solución más fácil pareciera ser meterlos en camiones y llevarlos a hoteles malsanos. Eso es tapar el sol con las manos. La gente que vive en las calles lo hace por razones diversas, pero principalmente porque en las calles se siente mejor, más protegida, menos encerrada que en un hotel de mala muerte. Y vive en Buenos Aires porque es una ciudad rica y la basura es de mejor calidad. Tan simple como eso. Es un ejemplo terrible a los chicos el que les damos; hay niños de primera (los nuestros) y niños que se pueden bancar el frío polar de julio porque nacieron literalmente abajo de un puente.

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