jueves, 6 de septiembre de 2018

Primer amor

Tenía yo entonces trece años y no permitiré que nadie diga que es la edad más hermosa de la vida. Era fea, como lo son todas las niñas de trece años. Un día lo conocí; tenía una compañera preciosa, Caro, y sabía de cosas de las que yo no sabía como Fito Paez, Seru Giran, y política (viscicitudes de una niña troska). Un día cantamos juntos "Yo vengo a ofrecer mi corazón" de Fito Paez. Lo admiraba mucho y estaba inútilmente enamorada de él.
Lo encontré un par de años después. Estaba amargamente cambiado. Se burló de mis amigas (imperdonable) y dijo de mí "las nenas crecen". Lo peor que oí en mi vida.
Un año después volví a encontrarlo. Estaba mejor. Explicaba a la gente como ser titiriteros y esas cosas.
No volví a verlo. Pero sigue estando ahí. Lo leo los domingos e intento leer sus libros, a veces lo escucho en la radio. Sigue siendo el muchacho del que me enamoré a los trece y eso está bueno. Sé que es lo más feliz que puede, y esa extraña dialéctica me hace feliz a mí también. Se enamoró definitivamente de una mujer que lo quiere, y tiene hijos a los que adora.
Creo que él también es feliz en mi felicidad, que es esta casa proletaria, la terracita, los gatitos, las tres perras, el hijito parrandero (que linda edad) y el sol que amanece por la mañana. Y las historias que intento contar que son las mías y las de otros también. Buena suerte.

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