Hace un par de posts hable de la serendipia, esas casualidades felices en las que uno debe creer porque sino la vida sería muy aburrida. Una de las serendipias de mi vida fue haber conocido a Fernando Fernán Gómez a través de Enrique Jardiel Poncela, escritor español de teatro mayormente, autor de excelentes comedias del 30 y del 40. En uno de sus libros cuenta que le faltaba un actor joven para un papel menor, pero importante, y que apareció este tal Fernando y le pareció excelente. El muchachito tendría diecisiete, dieciocho años.
El mismo hombre murió en el 2007, ya por supuesto viejo. Y pude verlo actuar en dos películas deliciosas: una es Todo sobre mi madre, y la otra la hermosa y tristísima, La lengua de las mariposas. Sombrero para un actor mayor.
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