a Mariana D. hija de Etchecolatz
Una de las frases típicas de los malos padres es "Todo lo que yo hago lo hago por mis hijos". Ante esa frase, yo siempre pienso en mis padres. Mis padres jamás me la dijeron. E hicieron miles de cosas por mí, que yo ahora les agradezco. Es más, cuando mi propio hijo se porta como un mal educado con ellos, como típico nieto adolescente, yo le digo que se calle la boca y que se acuerde que la abuela lo cuidaba cuando yo tenia que trabajar.
Hay vínculos de padres e hijos que de alguna manera se pueden reparar. La ausencia, a veces. El ocultamiento, a veces. Pero la violencia ejercida con crueldad desde un padre o una madre o desde ambos hacia un hijo, ese vinculo es irreparable. Un padre que le pega a su hijo de cuatro años es un ser sádico, y también si le pega a la madre diciéndole que sino le va a pegar a los hijos. Una madre que permite que su hija de siete años sea manoseada por su padrastro, porque si no el padrastro se va a ir y se van a quedar sin comer, tiene muy graves problemas psicológicos e indudablemente no esta en condiciones de tener hijos. Por eso yo pienso que la adopción tiene que pensarse mas desde las necesidades del niño que desde las necesidades del adulto. Muchos adultos, en esta época mas que en otras, piensan que el hijo es un juguete. Y es un sujeto y un sujeto vulnerable.
Por eso pienso que a veces es necesario matar al padre o a la madre, al menos psicológicamente. Cuando ellos pensaron en nosotros, quedémonos con lo mejor que nos dieron, si nos dieron algo bueno. Si nunca nos dieron algo bueno, nos quedamos huérfanos de padre. O de madre. Es la única manera de crecer.
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