domingo, 23 de septiembre de 2018

El atentado a la Embajada de Israel (1993) y el de la AMIA (1994)

En el año 2001 EEUU sufrió el peor atentado en su historia. Murieron miles de personas, y los terroristas fueron unos pocos suicidas islámicos entrenados. Es decir, se le hizo un gran daño a un país con muy poco.
Acá en Argentina tuvimos dos atentados masivos en los 90, a menor escala pero no menos lesivos a nivel memoria. Si todavía pueden explotar las bombas contra los civiles inocentes, pensamos todos, estamos igual que hace veinte años. Y encima nunca se encontró a los culpables. Pero tampoco hubo nunca voluntad política ni judicial para encontrarlos.
Partamos de un principio: las guerras en el mundo son la constante, no la excepción. Es posible que luego de nuestra participación en la guerra del Golfo los países árabes se hayan considerado de alguna manera humillados y hayan querido vengarse de nosotros. Que país, sinceramente, no lo sé. Puede haber sido casi cualquiera: desde afuera para nosotros los musulmanes son algo homogéneo, aunque ellos no se perciben así.
Ahora, es imposible hacer un atentado en un país extranjero solamente con deseo de venganza. Alguien tiene que llevarlo a la práctica. Y sinceramente, a mí me suena un poco raro que un turco, un sirio, un iraní, un paquistaní, pase por la frontera argentina con cincuenta kilos de trotyl y nadie se de cuenta. Por más distraída que a veces esté la gendarmería, no es algo que se ve todos los días.
Y lo que pasó después confirma que los dos atentados fueron hechos con complicidad política (y en la política incluyo a los servicios de inteligencia, que siempre operan, y son el Gran Hermano argentino; basta ver la parodia de los cuadernos Gloria fotocopiados) y judicial. Hubo demasiado cajoneo, demasiado ocultamiento de pruebas, demasiados videocasettes convenientemente borrados, demasiado todo para que fuera casualidad. Hay un juez que todavía está en ejercicio que fue apartado de la causa del encubrimiento a la AMIA porque consideraron que no era imparcial. Eso es gravísimo, acá, en EEUU, en Francia y en China. Si un juez no puede ser imparcial en una causa que intenta investigar a quienes hicieron posible un atentado donde murieron casi un centenar de personas, yo me pregunto por la calidad de la justicia argentina. O sea, tienen tantos privilegios, por lo menos podrían pagar impuesto a las ganancias como hacen los camioneros. Ademas, yo cuando quiero saber algo sobre alguien o algo entro a la grandiosa Wikipedia: he averigüado cosas así sobre los elfos silvanos, las culturas guaraníes y Kenneth Branagh. Una persona pública, demasiado pública, que en esta época en Wikipedia tiene solo una pequeña entrada de cuatro o cinco párrafos y cuatro enlaces me resulta muy, muy rara.
Por eso, yo pienso que el atentado a la Embajada de Israel y el de la AMIA todavía se pueden resolver. Solamente hay que seguir el rastro más lógico (Mossad dixit): el del dinero. Los codiciosos no pueden dejar de ser codiciosos, como los alacranes no pueden dejar de ser venenosos, porque, como en la vieja historia rural: está en su naturaleza.

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