viernes, 14 de septiembre de 2018

La homofobia en Brasil

Aquí, en Argentina, hay mucha homofobia. No hay ningún jugador de futbol gay, porque es cosa de machos. No hay casi actrices lesbianas, y las que hay se tienen que bancar improperios terribles. Es mucho más probable que un gay o una travesti o una lesbiana sean asesinados que un heterosexual. Los heterosexuales podemos estafar a nuestra abuelita, pero nuestra sexualidad encaja en el canon occidental, che. Somos gente bárbara. Es una ironía, por las dudas.
Ahora, siempre me sorprendió que un país como Brasil, que tiene el carnaval más sorprendente del mundo, fuera tan homofóbico. Hasta Jorge Amado era homofóbico, detalle que no le perdono a pesar de sus libros. Siempre pienso que la homofobia es el odio, en el fondo, a uno mismo. A no permitirse ser. La heterosexualidad es tan terrible y tan dolorosa como la homosexualidad, porque lo que está en juego siempre no es en realidad el objeto del deseo, sino el objeto del afecto. No aquello que queremos ser, sino aquello a lo que queremos. Por eso siempre me pareció escandaloso los padres que reniegan de sus hijos porque estos son homosexuales. Son tus hijos. Te quieren. Te quieren aunque a veces les hayas gritado porque no se levantaban para ir a la escuela o aunque te hayan visto con una amante en un motel. No puede ser que vos no los puedas querer a ellos porque ellos quieren tambien, a otra persona. Y, es cierto, la sociedad, la imagen, lo que diran en la escuela, en el trabajo, en el subte, las vecinas. Es medio ilógico. Si tu hija no le contó a tu mujer que te vio a vos saliendo de un motel con tu secretaria, cuando podría haber ido corriendo a contarselo a su mama, y bueno, pensa si no podes sobrevivir a las burlas y a los chistes de egresados si tu hija te dice que se enamoró de su compañera de profesorado. Porque es indudable que tu hija te quiere. Por eso pienso mas a la homofobia como un odio hacia uno mismo, a no permitirse ser el padre que uno quiere ser realmente, o la madre, porque a veces las mujeres somos peores aun en estos trances, en dejar de pensar en el que dirán, porque como decia Bonavena, en la paternidad especialmente, cuando estás en el ring hasta el banquito te sacan.
Por eso a mi Brasil me hace acordar a esas casas sureñas de antes de la Guerra de Secesión. Todo bien con los esclavos mulatos, que hagan sus bailes y sus canciones, mientras que no se metan con nuestros privilegios de señoritos sureños. Porque ahí hacemos la Guerra Civil.

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