jueves, 20 de septiembre de 2018
Todd Haynes
Es elegante para filmar; tiene ese algo Hitcockiano, esa capacidad que tenia el gran director inglés de hacer de cada trama algo más que eso, volverla un juego de espejo en grandes mansiones victorianas. Su película Carol, basada en una novela de Patricia Highsmith, es un romance apasionado entre dos mujeres sin el final trágico esperado, sobre todo si se piensa que está situado en la década del 50. La década del 50 fué la del gran quiebre en Estados Unidos; todo era fantástico y maravilloso y sin embargo los poetas beatniks ya estaban escribiendo, el rockanroll nacía, el feminismo afinaba sus lápices, aunque el maccartismo arreciaba muchos se opusieron a él. Y esto lo hicieron sobre todo porque el maccartismo fue muy injusto: los rusos y los norteamericanos habían sido aliados en la II guerra mundial y sin esa alianza nunca hubieran podido ganar la guerra. Además, es muy poco probable que un país como Norteamérica, que solo tenía minorías oprimidas (los negros, las mujeres, etc) se vuelva comunista. Los países que eligen la revolución como camino es en donde la mayoría es oprimida y muy pocos tienen privilegios (la Rusia de los zares, la China de Mao, hasta la Bolivia de Evo Morales). En los países donde los derechos humanos básicos están garantizados, hay pocas probabilidades de revoluciones.
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