Sueño con serpientes
con serpientes
de mar
con cierto mar ay
de serpientes
sueño yo
Silvio
Rodriguez
José
Cabrales Ruiz, La Habana, 2020
Terminó de trabajar y se sentó a
tomar un café. Trabajaba mas horas de la que debía, eso era cierto.
Pero no quería regresar a su casa. Porque allí estaba la habitación
de su hija.
Había muerto de un ataque al corazón
tres meses atrás, en San Francisco, donde había ido a estudiar esas
inverosímiles carreras norteamericanas que el no entendía mucho.
Algo relacionado con la musicología antropológica. Lo único que
sabía era que el cuarto de su hija siempre estaba lleno de maracas y
de palos de agua, de semillas, de bongoes y olía a patchulí. Y ella
era pura risa e ieva ieva que chevere azuquita y los hombres se daban
vuelta para mirarla. Pero ahora estaba muerta.
Mientras tanto el estudiaba los
conductos neuronales del hipotálamo en un laboratorio. No podía
hacer otra cosa. No sabía hacer otra cosa. Su mujer se había ido
hacía siete años atrás, seducida por un gringo de Miami, Ambos
habían estado juntos en el funeral y ella había llorado y le había
contado que dos semanas antes su hija había viajado a visitarla y
habían comprado lencería y que aún la tenía guardada.
No habían vuelto a hablarse.
Estamos cerrando,le avisó el bedel.
No quería volver a su casa. Se llevó
la computadora y se sentó a tomar un ron y a mirar las estrellas en
un barcito. Abrió la laptop y, para distenderse, entró en una
página de divulgación. Se hablaba de astronomía, de la tierra
plana, de elefantes. Había una sección de anuncios muy locos y uno
que le llamó la atención: especialistas en conductos neuronales del
hipotálamos, se necesitan.
Yo, se dijo.
Había un mail de referencia.
Escribió: modestamente soy unos de los
mejores especialistas en conductos neuronales del hipotálamo. José
Cabrales Ruiz.
¿Estás dispuesto a viajar a Turín en
48 horas?
Si, les repondió.
Tendré que pasar por mi casa a buscar
las fotos de mi hija, pensó.
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