miércoles, 12 de septiembre de 2018

Bret Easton Ellis o el fetichismo de la mercancía.

Tengo dos libros de Breat Easton Ellis: Less than Zero y American Psycho. La primera es muy buena y triste, la segunda es excelente. Sus personajes son todos horribles; brokers de la New York ochentera a la que lo único que realmente les importa es la marca de su pantalón Dolce & Gabanna. Los personajes más desagradables de la historia de la humanidad, porque, por ejemplo, Hannibal the Cannibal, tiene la ventaja de estar loco, y por lo tanto ser un poco épico. Corre el riesgo de que lo atrapen, lo maten. En cambio, en American Psycho todos son narcisistas. Todos se juzgan y juzgan a los demás en base a la ropa, el auto, los restaurantes, las universidades. Una Roma decadente sin Virgilio, ni Julio César ni Séneca. Mientras, en el mundo exterior, las guerras y los exterminios siguen existiendo.
Siempre pensé a que se refería Marx cuando hablaba del fetichismo de la mercancía. Es una expresión complicada: el fetiche está más cerca de la magia o del sexo que de la economía. Pero en American Psycho está muy claro que es el fetichismo de la mercancía. Ni siquiera es la mercancía en si misma. Yo puedo tener un Anais Anais, pero no soy un Anais Anais. Ellos (esos brokers en el fondo algo patéticos discutiendo acerca de restaurantes donde una ensalada está muy ,muy sobrevalorada) son en sí mismos el epítome del fetichismo en la mercancía. Si Marx los hubiera visto, les habría sacado fotos y los hubiera pegado como foto ilustrativa. Una vez que se sacaron la camisa Lacoste, el pantalón Dior, el boxer también Dior, el cinturón Klein y el reloj Rolex son el vacío mismo en un departamento mal hecho que cuesta una fortuna porque así lo decidió la sección arquitectura de The Economist.

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