jueves, 13 de septiembre de 2018

Germany

Amo Alemania. Y no la amo por sus filósofos herméticos, sino por los hermanos Grimm. Cuando yo tenía seis o siete años mi abuela le encargó a uno de sus hermanos, que vendía libros, un libro de cuentos de los hermanos Grimm ilustrado con acuarelas. Yo a veces no me acuerdo lo que hice hace dos semanas atrás, pero puedo contar completo el argumento de Rapunzel, La Cenicienta, Blancanieves, Caperucita Roja, La Muerte Madrina, hasta los cómicos como los de la cocinera Margarita. Según Chesterton, el mejor libro salido de Alemania era el de los cuentos de hada de los hermanos Grimm; era escandaloso ante un país que ha dado a Goethe. Pero nunca me he animado a leer a Goethe, aunque si a Gunter Grass, que era un genio y un poeta, y sus libros duraran durante muchos años (su juventud en justamente las juventudes hitlerianas es una muestra de que un hombre es algo más que la suma de sus actos). Así que tengo que coincidir con Chesterton: el mejor libro que han escrito los alemanes lo escribieron dos hermanos, recopilando historias que la gente había inventado por ahí.

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