domingo, 9 de septiembre de 2018

En la política la puntilla no sirve de nada.

Es encantador ser encantadora. Es una virtud femenina, quizás la primera, que nos inculcan. Vos sos nena, te dicen, no corrás, si querés jugá con las muñecas y lee. Fui educada así por mi abuela, que fue durante muchos años mucama de casas ricas y no salí tan mal. Es decir, algo pude hacer con mi vida.
Ahora, en la política estas virtudes "femeninas" son inútiles. Y pongo por ejemplo a la gobernadora Vidal. Va a la casa de los pobres y les pregunta cómo está. Eso no es hacer política. Eso es propaganda. Ya es gobernadora, ahora tiene que pelearse con el presidente de la Nación, aun siendo de su mismo signo político y exigir que la provincia que ella gobierna esté mejor, que los hospitales y escuelas estén mejor, que haya plata en los comedores, ponerse a trabajar en serio en el impuesto inmobiliario y cobrarselo a los que viven en un country y alquilan cuatrocientas casas en La Matanza. Si al presidente no le gusta, que mal por el presidente. Tus votos lo llevaron a él a la presidencia. Pero parece que esa fuerza aguerrida existe solamente para decir que los pobres solamente necesitan jardines de infantes; a propósito, tampoco han construído muchos en Buenos Aires. Más bien cierran escuelas rurales.

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