a Inés Acevedo
Hay una escena en Boyhood que me parece preciosa. Es cuando el hijo habla con sus amigos acerca de su (aparente) falta de perspectiva en esa edad que es la adolescencia y de pronto reflexiona "Mi madre tiene cuarenta y tampoco sabe que hacer con su vida". Ese es exactamente el punto. La madre, que ya tiene dos hijos, un master, un departamento, una vida académica excelente, está tan desorientada cómo él.
Y quizás eso lo hace sentir más seguro. Si su madre está desorientada, el también tiene derecho a estarlo. El también tiene derecho a no saber si quiere ser cocinero o fotógrafo o guinista de sit coms. Me di cuenta en esa escena que los padres no lo sepamos todo está bárbaro. Porque entonces el hijo va a ser mejor que nosotros. A ellos no les interesa nuestra orientación sexual, ni nuestros partidos políticos, ni nuestros gustos musicales. Les importa que estemos ahí. Que aunque la novia lo deje, estemos ahí. Que aunque se le muera la bisabuela, estemos ahí. Eso le importa a nuestros hijos. Que estemos, rotos, enteros, reconstruidos, deconstruidos. Que estemos.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario