El otro día leí un extracto del libro de Beatriz Sarlo La Intimidad Pública. Es muy crítica sobre la maternidad actual, lo cuál es doloroso para todos nosotros. Lo cuál no excluye que sea cierto. La maternidad actual (y la paternidad actual) parece ahistórica. Un niño es siempre una bendición, en una familia de clase alta, de clase media, de clase baja. Si todo fuera tan idílico, no hubiera habido una marea feminista de chicas de quince a treinta años pidiendo por el aborto legal, seguro y gratuito. Un hijo es cualquier cosa menos una bendición; un hijo es un conflicto. Un conflicto legal, sentimental, económico, de todo tipo. No soluciona nada, ninguno de tus problemas existenciales. Por más que le saque fotos en Instagram o te niegues a que le saquen fotos. Eso digo (soy así de directa y cruda) para despojar para siempre todas las ilusiones sobre la belleza de la maternidad. Quizás esto resuene duro en ciertas clases sociales; las mujeres que viven en villas miserias, y tienen que estar cuidando a cinco hijos de narcotraficantes, policía, gendarmería y una sociedad que los discrimina por portación de cara quizás sepan mejor de lo que hablo.
Otro punto que toma Beatriz Sarlo, y que tiene que ver mucho con el anterior es que los romances son cada vez más escandalosos. No voy a dar nombres. Caso típico: un chico y una chica, medianamente famosos y lindos, generalmente el chico con un poco más de plata que la chica, se enamoran y tienen un hijo. Por un tiempo, todo bien. Pero pasa que los dos están acostumbrados andar con otras personas, a la vida de soltero, y la verdad es que la vida de casados es un poco aburrida, la joda se acabó, los chicos en una discoteca no quedan bien, la marihuana adelante de ellos es un poco inapropiada. En un momento dado hay que dejarlos con la abuela y volver a la vida de soltero. Y en la disco hay tentaciones e inevitablemente uno de los dos termina engañando al otro. Y como la vida pública hoy en día está llena de celulares, es casi imposible que eso no salga a la luz. Y entonces la gran tragedia pública: el o ella me engañó con otro/a. Paseo por todos los canales de aire y los del cable también, por las dudas. Y entonces el gran tema: los hijos. La cuota alimentaria. La madre generalmente tiene la custodia, así que generalmente la cuota alimentaria le corresponde a ella. Y eso es correcto. Pero a veces el padre no le pasa la cuota alimentaria correspondiente o le pasa menos de lo que ella piensa que le corresponde (es cierto que muchas veces las mujeres pensamos que los hombres ganan cifras estratosféricas; trabajo a la par de muchos hombres, sus sueldos son tan malos como los míos y sus problemas concretos son casi iguales). Y la solución que encuentran estas mujeres madres casi famosas es ir a un programa de televisión a decir que su ex marido o ex pareja es malo porque no le pasa dinero para sus hijos. Y el programa de televisión va a hacer mucho rating, pero lamento decirle a esas madres tan corajudas (y a las que son de estratos sociales más bajos y las imitan) que el que va a decidir cuanta plata les va a dar o no para sus hijos es un juez en lo civil, abogado de por medio. O sea, madres que aman tanto a sus hijos: mejor asesorense bien legalmente, porque el día de mañana sus hijos les van a recordar que hablaron mal de su padre solamente por una cuestión económica. Es una cuestión de jerarquía, simplemente; una cosa es un maltrato físico o psicológico de un padre o una madre hacia un hijo,que es grave; otra cosa es el abandono del lugar materno o paterno, que también es grave pero no tanto; y otra cosa mucho más menor es cuanta plata el padre puede pasar por mes. Las mujeres, es cierto, tenemos generalmente sueldos paupérrimos, pero muchos hombres también.
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