sin griego
sin lenguas vernáculas
con demasiado inglés
y aprendemos chino mandarín
a como dé lugar.
Miramos a Kuan-yin
y a su mascota el Conejo de Jade.
Ese nombre se le ha puesto
a este pájaro interestelar
que ha salido en busca de agua.
Esta tarde aluniza y
ni media chispa incendiará la pradera.
Elvira Hernández
Lermoune Filland, Aro
No sé, pensó Lermoune, porque soy la única de los Mil que no se cambió el apellido ni se puso un sobrenombre. Hasta Melinda es ahora La Dama Blanca del Alba. Maldita sea mi padre haitiano, que insistía tanto en su ascendencia. Ahora ya es tarde, sigo siendo Lermoune Filland. Hasta Indigo me llama así, aunque hay mas ironía que respeto, y eso que soy la mejor cocinera de Aro, de lejos. ¿Que necesitas, Indigo? Estoy cocinando.
Van a encontrar la máquina los hombres del rey. Lisbeth les dijo quienes eran los custodios.
Siempre dije que era una idiota, dijo Lermoune.
Ya lo sé, dijo Indigo. ¿Puedes salir de la cocina y venir aquí? Hay cosas más urgentes que tus guisados.
Es una pieza de caza, Indigo, y va a quemarse.
Me tienes harta. ¿Por que no te casaste con L' Ansal?
Es una repostera de cuarta y no sabe ni hacer una sopa.
Dios santo, ven acá, antes de que te arrastre de los pelos.
Lermoune resopló. Pero le dejó el mando de la cocina a una de sus ayudantes. Indigo era la muchacha más amable y bondadosa que conocía, pero si ella amenazaba con ir hasta la cocina y arrastrarla de los pelos, lo haría. Y su amante la ayudaría y el resto de los habitantes de Aro se divertirían con el espectáculo.
Cuando entró en la choza de Indigo, estaban también Will y el Turco.
Hola, Will, dijo.
Hola, Lermoune, respondió el. Lamento interrumpir tu cocina.
Bueno, creo que hoy hay cosas mas urgentes.
En eso estamos todos de acuerdo.
Mi plan es este, dijo Indigo. Si nos quedamos acá, aunque construyamos armas, nos sitiaran y nos mataran. La única alternativa es huir. Huir lo más lejos posible.
¿En qué? preguntó Lermoune.
En carros.
Esta gente aún no ha descubierto los rodillos siquiera, dijo Lermoune.
Tampoco sabían cocinar hasta que tu les enseñaste.
Es buena idea, pensó Lermoune.
Es muy difícil y arriesgado, dijo Will. El Turco piensa igual que yo. Lo mejor sería un combate.
Lermoune sacudió la cabeza.
Son demasiado pacíficos para combatir. Hay solo cuatro personas en esta aldea que tienen el espíritu necesario y están en esta habitación.
Entonces concuerdas conmigo, dijo Indigo. Por favor, lo único que te pido, olvidate de tus ollas, de tus platos, de tus semillas, de todo. Serás una gran cocinera siempre, en Turdum o en las mazmorras del rey. Mucho mejor que L Ansal, aunque mejor que no me oiga.
Siempre lo supe, contestó Lermoune.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario